Lolita y Humbert

-Estas segura de esto? - pregunte atando mi corbata azul alrededor de las delicadas muñecas de mi Ness.

-Si - murmuro muy bajito, mirándome con sus grandes ojos color chocolate. Estaban lascivamente brillantes.

-Bien - suspire levantando sus manos sobre la cabeza, para atar la corbata a la cabecera blanca de hierro, de nuestra habitación con vistas a la Torre Eiffel.

Esa noche podía hacer lo que yo quisiera con aquel divino cuerpo de porcelana. Aun viéndola atada en la cama, vestida con una diminuta y transparente lencería negra, así como con sus altos zapatos plateados que le compre por la tarde...
No podía creer que ella me hubiera pedido esto. No podía creer que ella fuera a cumplir aquella perdida fantasía, que vagamente pensé el primer día en que estuvimos juntos. No sabia ni por donde comenzar a devorar aquel delicioso bufet que era su cuerpo. Tal vez... primero una mordida a las manzanas acarameladas que eran sus senos, saborear su dulzura.

Un gemido suave salio de sus labios, cuando mordisquee sus pezones a través de la fina tela. Continué bajando por sus costillas, su abdomen plano, sus caderas. Mis dientes jalaron el cordoncito lateral que desenvolvía aquel hermoso regalo que pronto degustaría.

-Ah... -jadeo audiblemente-. Me estoy arrepintiendo de esto, monsieur Black- gimió cuando desate el cordón izquierdo igual al anterior.

-Puedo... puedo desatarte... - me estire sobre ella para desatarla.

-No, no lo hagas. Es solo... quiero tocarte... Amo tocarte. Solo quiero que... Esto es todo lo que puedo darte como regalo... de navidad - sus mejillas se colorearon de un rojo intenso.

Ah, mi hermosa princesa de porcelana, no necesito ningún regalo material o físico como este. Toda tu ya eres un regalo de los dioses para mi... Dios, pero que cursi soy de veras!

-Gracias - susurre de todas formas.

Bese sus labios y sus mejillas enrojecidas y comencé de nuevo a bajar por su cuerpo con mis labios. Quería dejar una marca de ellos en su piel perfecta, quería saber que ella andaba por la vida con alguna marca secreta que dijera que era mía. Se enojaría si profano de esa forma su cuerpo?

Si ella decidiera hacerme unas cuantas marcas con sus labios o sus dientes en mi piel, no me molestaría. Siempre y cuando no fueran en un lugar visible... Pero es inverno aquí en París y en casa, Washington... Así que... que me marque en donde ella quiera, pero primero lo primero: mis labios en su... muslo? No, su muslo no...

Removí por completo sus panties transparentes y continué camino abajo, ganándome unos cuantos: Dios, Jake! y Si, así!; haciendo muy feliz a mi persona.

Esto iba por muy buen camino!

Saber que el que yo producía todos aquellos gemidos en Ness era tan bueno como ganar la lotería.

Deje de atormentarla con mi recién descubierta lengua traviesa, para lograr mi objetivo: una pequeña marca en la ingle de mi princesita de porcelana. Succione su sensible piel tal y como había succionado su húmedo, suave y dulce sexo, segundos atrás. No estuve contento solo con esa marquita en su ingle derecha, también marque la piel debajo de su cadera izquierda, ganándome mas gemidos por parte de ella. Marque mi territorio mientras la follaba con mis -y la cito- gloriosos y hábiles dedos.

-Jake... Te... necesito... a ti... Ahora.

-Oh, no. Me permitiste atarte, ahora aténgase a las consecuencias, señorita - murmure con suficiencia.

Ahogo un grito y me miro indignada y un tanto enloquecida.

-Por favor - lloriqueo y se retorció tratando de zafarse de sus ataduras. No le harían daño solo unas marcas rosadas. Creo.

-Por favor, nada preciosa - susurre.
Eso era divertido. Muy divertido.

Me incline a su pecho para abrir su sostén. Era hora de "torturar" sus lindos senos. Ya quería usar esos zapatos plateados como aretes, pero como dije: torturar su cuerpo de esa manera era divertido y extrañamente muy placentero.

.

.

.

.

.

.

.

Sentí como una bola de nieve se estrello contra mi nuca, haciendo que me encogiera por la sorpresa. Oh, esa niña estaba muerta! Di media vuelta con otra bola entre mis manos cubiertas con guantes negros de cuero y alcance a ver unos risos flotando antes de que se escondiera en los arbustos.

La noche anterior una tormenta de nieve había azotado París, cubriéndola totalmente de blanco. Hoy por la mañana Ness quiso ir a jugar con la nieve al Campo de Marte, a los pies de la Torre Eiffel. Claro que no me negué, tenia años sin jugar con la nieve. Así que nos abrigamos hasta los dientes, tomamos nuestras cámaras fotográficas y a jugar en París se ha dicho.

Primero nos tomamos fotografías con el icono parisino y el cielo encapotado de fondo, después hicimos ángeles de nieve como los demás turistas y lugareños. Al estar en una posición horizontal, en la ciudad mas romántica del mundo y con los recuerdos aun muy frescos de la noche anterior, en penumbras en nuestra habitación... Bueno, digamos que las cosas se salieron un poco de control y pasaron de situación familiar a situaciones para adultos en pleno parque. La risa de un niño divirtiéndose con la nieve nos recordó donde estábamos y nos separamos de inmediato, el niño en cuestión le llevo una pelota de nieve a mi Ness y ella la recibió con una gran sonrisa.

Aquel niño me quería hacer competencia con mi hermosa princesa. Yo hice otra bola antes de levantarme de la nieve y también se la di a Ness. El niño me aventó otra bola con todas sus fuerzas.

Quien demonios se creía? Ese mocoso estaba tratando de robarme a mi chica! Así que yo le lance otra, Ness lo defendió lanzándome otra bola a mi, yo le lance una a ella y así es como comenzó nuestra divertida e infantil guerra de bolas de nieve.

Cuando le di vuelta al arbusto donde ella se había escondido, ya no estaba. Donde se había metido? La risa del niño los delato, corrí en su dirección y si, estaban juntos.

Ese niño en verdad quería quitarme a Ness. Corrí tras de ellos entre risas, la atrape por la cintura sin esfuerzo y corrí con ella en mis brazos -como si fuera un ligero paquete- hasta alejarla del niño odioso.

-Estas enojado? - pregunto con las mejillas rojas por la carrera, una vez que la deje en el suelo.

-No. Por que lo dices? - sacudí la nieve de su grueso abrigo negro y mi cabello.

-Por que te lance una bola en la nuca - me hizo un puchero y me miro con sus grandes ojos.

-Estábamos jugando, no? No tenia por que enojarme contigo, pero ese niño en verdad trataba de hacerme competencia. Tu eres mía, ayer te marque - mi voz no sonó como la mía. Sonó salvaje y posesiva.

-Yo no soy asalta-cunas, señor Black. Creo que me confunde con otra persona.

Ahogue un grito, estaba en shock por su insinuación. Bueno no era una insinuación, era la pura verdad.

-Si mal no recuerdo, tu me sedujiste. Fuiste a mi despacho en mi propia casa y me sedujiste con esos enormes ojos llenos de inocencia, Lolita.

-No, no recuerdas mal, profesor Humbert - me guiño el ojo antes de echar a correr.

Solo esperaba que esta Lolita no me abandonara.