Capitulo 4 final

―Excelente punto, y me gustaría pasar más tiempo discutiéndolo, pero creo que nuestro tiempo ha terminado por hoy. Lo retomaremos aquí la próxima semana.

Kagome estaba sentada en su escritorio, paralizada mientras el Profesor Inuyasha Taisho estaba delante de la clase, haciendo anotaciones, cepillando el pelo de sus ojos. Juntó sus libros en una pila ordenada, escuchando los sonidos de los últimos estudiantes al irse. El sonido de la puerta al cerrarse se oyó de trasfondo, el único movimiento provenía de Inuyasha en el frente del aula. Juntando los apuntes en una pila desordenada, enrollando los diagramas, borrando el pizarrón… todo el tiempo ella lo observó, estudiando el corte de sus hombros sobre su ancha espalda, la anchura de su posición. Los escalofríos proliferaron a través de su piel cuando él envolvió la mano alrededor de la parte trasera de la silla y la meció en su lugar en el escritorio. Tenía manos fuertes. Firmes y seguras.

Estaban a mediados de noviembre y durante dos semanas Kagome se había preguntado si había tomado la peor decisión de su vida al negarle a Inuyasha su identidad. La mayoría de las veces, llegaba a la conclusión de que había hecho lo correcto poniéndole fin a la sesión. Aunque nada pudiera subsanar su traición, era lo más cercano a respetar su elección que podía ofrecerle después de los hechos. Pero cuando se detenía a observar la forma en que su cuerpo se movía, cuando se acostaba en la cama por la noche desveladamente retorciendo las sábanas en nudos con pura frustración, esperaba que las cosas fueran diferentes. De alguna manera, eran diferentes. Inuyasha había estado preocupado las semanas anteriores, distante. Lo había encontrado mirándola, sólo para luego alejarse murmurando acerca de alguna falla imprevista en su beca. Tal vez sus propias expectativas eran las que habían cambiado. Kagome buscaba indicios de la pasión que habían compartido, cuando, en su corazón, sabía que Inuyasha no estaba preparado para atravesar ese camino con ella o por ella.

Sango tenía su propia perspectiva acerca de la situación. Al conocer el intenso placer que Kagome experimentó como sub, Sango la instó a asistir a una fiesta BDSM con Miroku y con ella y encontrar a otro dom. Pero ella no podía imaginarse con nadie más. La vulnerabilidad de estar en las manos de alguien requería mucha confianza, y había un sólo hombre en el mundo a quien se la daría. Sólo uno con quien se sentía tan apasionada, que la mera idea de servir a sus necesidades la hacía mojarse y prepararse. En su mente, ella le pertenecía a Inuyasha.

A nadie más.

Su profunda voz la sacó de su ensueño.

―Kagome, ¿tienes un momento para hablar conmigo… en privado?

―Por supuesto, Inuyasha. ―Levantándose silenciosamente, ella caminó hacia la parte trasera del aula y volvió el cerrojo. Todo movimiento en el frente de la habitación se había detenido. Inuyasha clavó los ojos en ella―. He querido hablar contigo desde hace algún tiempo, pero sigo sin encontrar las palabras.

Había una gravedad en su voz que la dejó pasmada. Una tensión en sus ojos que a ella no le gustaba. Tal vez Inuyasha sólo quisiera discutir su investigación o la beca. O tal vez estaba a punto de abordar la relación entre ellos, intentado cortarla por completo.

Apretando los labios, tomó un profundo aliento para estabilizarse y se aclaró la voz.

―Por favor, cualquier cosa que sea, puedes decírmelo. ―Y repentinamente, se percató de que no importaba lo que Inuyasha dijera, era hora de que ella fuera honesta con él. No lo dejaría alejarse de ella sin pelear, sin decirle la verdad sobre sus sentimientos y sus deseos. Se conocía a sí misma mejor de lo que incluso se había conocido antes, y tenía con Inuyasha la deuda de la gratitud.

―Kagome, has estado trabajando como mi auxiliar durante años. Antes de eso, fuiste mi estudiante, y una de las más brillante y más prometedoras que alguna vez he tenido. Me has asombrado más cada año con tu mente y… simplemente con tu persona. Confío en ti con mi trabajo, como mi amiga… y porque confío en ti, voy a hablarte acerca de una parte de mi vida que abiertamente no comparto con muchas personas.

Su expresión era atormentada, y Kagome quería empujarlo en su contra y besar el pequeño surco entre sus cejas.

―Tienes mi discreción.

―Ya sé eso. He conocido a alguien.

Los ojos de Kagome se movieron alrededor del cuarto, buscando algo donde anclarse, cualquier otra cosa que no sean esos ojos dorados taladrando dentro de su alma. No quería que él viera el dolor. Obviamente Inuyasha no iba a intentar fingir que no había habido algo entre ellos, y reconociendo eso, estaba suavizando el golpe diciéndoselo por sí mismo, asegurándose que ella no se enterara a través de alguna otra fuente.

― ¿Cuándo? ―Incluso esa sola palabra era demasiado para decir sin percibir el pequeño temblor en su garganta.

―Hace unas pocas semanas. Pasé la noche con ella y ahora la veo por todas partes. No puedo dejar de pensar en ella. La manera en que camina, la forma en que huele, cómo sonríe o se muerde los labios cuando está nerviosa. ―Una media sonrisa se inclinó a través de su cara cuando se estiró hasta ella y rozó el pulgar en contra de su boca―. Como estás haciendo ahora mismo.

Inuyasha se rió suavemente, sacudiendo la cabeza.

―Desde el momento en que la vi, todo en ella me atrajo. Todo me hizo quererla. Era una desconocida para mí, y entonces ya no lo fue. Y al final, me di cuenta de la razón por la que ella era tan perfecta, era porque ella eras tú.

Kagome se quedó sin aliento. Dio un paso atrás, inestable sobre sus talones. La mano de Inuyasha la atrapó del codo y la empujó de regreso contra él. Se quedaron mirándose, los ojos trabaros en el otro, hasta que ella se obligó a que las palabras atraviesen sus renuentes labios.

― ¿Cómo? ¿Cuándo lo supiste? ¿Por qué no me dijiste nada?

― ¿Cómo? Suerte. ―Él sacudió la cabeza dirigiéndole una desaprobadora mirada a su manera―. Fui a la fiesta porque pensé que tú podrías estar allí. Cuando vi el libro que tenías de literatura erótica y entonces vi tu reacción, algo me dijo que eras nueva. Pensé que podrías asistir a la fiesta y si lo hacías… ―hizo una pausa, tomando un profundo aliento mientras movía el músculo de su mandíbula―,…no podría permitir que otro hombre te toque. No podría soportarlo.

Sus rodillas se volvieron débiles con su admisión y ella sintió que si no fuera por la mano de él en su brazo, ya se habría caído.

―Me asustaste como el infierno, Kag. Casi no te reconocí, habías hecho un meticuloso trabajo disfrazándote. Pero incluso así, con el pelo diferente… ―extendió la mano y frotó algunas hebras entre sus dedos―,…los ojos diferentes, ―arrastró el pulgar a través de sus cejas―,…cuando vi a esa sexy gatita al otro lado del cuarto, mordiéndose el labio entre sus dientes, me volví loco de necesidad. Eres la única persona que alguna vez me ha afectado de este modo. Después de eso, era como si no tuvieras máscara. Sabía que eras tú, la que había deseado por tanto tiempo. Fue el momento más difícil de mi vida mantener el control, mantener la fachada de que éramos desconocidos, pero esas eran las reglas del juego.

Su corazón estaba corriendo a toda velocidad, su garganta seca. Ella había estado muriendo y él lo había sabido todo el tiempo.

― ¿Por qué me estás diciendo esto ahora? ¿Por qué esperaste durante dos semanas?

―Tú lo terminaste. La palabra de seguridad. No sabía con seguridad si tú sabías que era yo. Infierno, pensé que tal vez elegiste usar la palabra de seguridad porque no querías saberlo. Te he alejado tantas veces que no te podría culpar por no tener interés. ―Él suspiró, entrecerrando los ojos ligeramente―. Y entonces recordé algo. Tú y Sango estaban juntas. Ella había estado intentando obligarme a ir a la fiesta. Prometiéndome a una nueva y ansiosa sub. Ella nos juntó. Tú sabías quién era yo, lo que quería, en lo que te estabas metiendo. ¿Así que por qué tú retrocederías a último momento, a menos que porque no te haya gustado lo que experimentaste?

― Inuyasha, ―ella exhaló una súplica―, te quise durante tanto tiempo. Habría hecho cualquier cosa para estar contigo. ―Inclinó la cabeza con vergüenza al confesar su manipulación―. Pensé que si las circunstancias nos juntaban, si el anonimato violaba las fronteras académicas, no habría ninguna razón para que no estemos juntos. Pensé que era la única manera en que podría demostrarte que yo podía ser lo que necesitabas. ―Tragó para pasar el nudo de culpa en su garganta―. Pensé que, como mínimo, podría poder tener sólo una noche contigo, finalmente saber cómo era. Fui tan egoísta. Lo veo ahora.

Inuyasha le asió firmemente la barbilla entre sus dedos y le inclinó la cara hacia arriba para encontrarse con su inquisitiva mirada.

―Tuviste tú noche, y algún tiempo para reflexionar sobre ella. ¿Así que qué aprendiste?

El calor corrió hacia sus mejillas y fue todo lo que ella pudo hacer para no apartar la mirada, pero le debía la verdad.

―Antes de esa noche, mi experiencia era… limitada. Pensaba que tenía una idea de lo qué esperar, pero nada podría haberme preparado para la… intensidad. Fue como una explosión de mis sentidos, toda una gama de emociones involucradas en la culminación de una liberación sin precedentes. Fue más liberador que cualquier cosa que alguna vez haya experimentado y todavía, ahora que lo he experimentado, estoy esclavizada. ―Su respiración se aceleró cuando confesó el efecto de su sesión―. Tú me has dominado. A mi corazón y a mi cuerpo. Abriste a mis ojos y a mi cuerpo a un nivel de sensación que nunca había creído posible… pero eso no cambia el hecho de que te traicioné haciendo lo que hice. Lo siento.

Fue ese momento de indecisión, donde el tiempo se detuvo y su destino pendía de un hilo.

Él estrechó la mirada, buscando la de ella.

― ¿Me traicionaste?

―Tú habías tomado tu decisión y, cualesquiera fueran tus razones, yo no tenía derecho a manipularte para estar conmigo. Simplemente no pude evitarlo. ―Kagome tragó saliva, perdida en los ojos dorados detrás de los anteojos. Perdida en el deseo por tenerlo.

La mano de él rodeó su muñeca, arrastrándola en un fuerte abrazo.

―Hmm, supongo que has sido un poquito una mala chica entonces, ¿verdad, Gatita? ―Sus palabras llegaron con una provocación que le pusieron todos los sentidos en alerta.

―Lo siento. Estaba equivocada… mal. No sé qué decir, lo tengo merecido. ―Kagomeharía cualquier cosa, aceptaría cualquier castigo que él considerara adecuado. Cualquier cosa para estar con él otra vez.

Inuyasha se llevó la mano a su mandíbula en ese gesto pensativo.

―Quizás esas nalgadas son pertinentes, después de todo. Y… para demostrar que aprecias la gravedad de tu desobediencia como dices, pruébalo encontrando algo adecuado para tu castigo.

Kagome dio un paso atrás, su corazón acelerado. El control para expresar su arrepentimiento estaba a su alcance. Escudriñó el cuarto que conocía mejor que su propio apartamento, tropezando con el instrumento de su castigo.

Dio un paso más allá de él, esperando que los pliegues de su corta falda bamboleándose con cada paso atrajeran a los ojos del profesor hacia sus desnudos muslos y a la curva de su culo.

Rodeando otra vez su escritorio, Kagome apoyó las manos en la parte superior y se inclinó hacia adelante arqueando sutilmente la espalda. En su mano derecha sujetaba una regla de madera.

―Por favor.

La deliberadamente sumisa pose suscitó la respuesta deseada del profesor.

Aparentemente complacido por su comportamiento, emitió su orden con rudeza.

―Muéstrame lo que es mío para castigar.

Húmeda lujuria se retorció a través de su centro, mojándole la tanga blanca.

―Todo de mí, ―ella contestó, bajando la mirada al escritorio.

Estaba a quince centímetros de su cuerpo, inclinada sobre el escritorio enfrente de él, podía sentir su calor irradiando sobre ella. Su cara era estoica cuando se inclinó por encima para tomar la regla de su agarre.

― ¿Kagome, estás segura que sabes…?

Ella agachó su cabeza entre sus brazos extendidos y entonces lo miró sobre su hombro con ojos que lo invitaban a comprender su bienvenida y a ver dentro de su alma, para saber que él era todo lo que ella quería.

El cambio en su postura fue sutil, pero inconfundible cuando se quito las gafas y se reclinó una distancia infinitesimal. Sus ojos se nublaron con alguna oscura emoción, causándole a ella un profundo dolor entre sus piernas. Estaba aterrorizada y exaltada, y repentinamente quería escaparse del cuarto en lugar de saber con seguridad lo que Inuyasha le daría, pero por el contrario, se mantuvo firme, meciendo sus caderas de un lado a otro.

Su corta falda fue levantada de un tirón y su tanga bajada. Kagome cerró los ojos y se pasó la lengua ligeramente en contra de sus dientes cuando sintió la fuerte mano de Inuyasha acariciar una mejilla expuesta y la plana madera de la regla rozar lentamente entre sus piernas y entonces golpear suavemente en contra de su coño mojado con una provocación insoportable. Otro golpecito y entonces el borde serpenteó hacia arriba entre sus mejillas, raspando su ano, antes de alejarse. La mano en su culo apretó la carne, amasándola con un duro movimiento que la hizo gemir y mecerse hacia atrás… ¡paf!

Gritó, mordiéndose los labios cuando la regla chasqueó en contra de su mejilla con un enérgico contacto.

Su coño se contrajo violentamente y ella se levantó más sobre las puntas de sus pies, invitando a su siguiente azote.

Llegó rápido y rudo, el ruido haciendo eco con su ahogado gemido a través de la silenciosa sala de conferencias. El aire fresco rozaba su piel caliente hasta que Inuyasha cubrió el lugar punzante con la palma de su mano.

―Nunca me traicionarás otra vez, ¿está claro, Gatita? ―¡Paf!

―Agg, sí. Nunca más. ―Su clítoris latía y ella desesperadamente quería frotarlo.

―Nunca más, ¿qué? ―¡Paf!

Su aliento salía en jadeos mientras se mecía hacia atrás pidiéndole más.

―Nunca más, Amo.

Fuertes manos agarraron sus caderas desde atrás, hundiéndose en su carne y haciéndola girar alrededor. Cara a cara, se miraron uno al otro por una fracción de segundo. Y entonces su boca encontró la de ella en un salvaje apretujón de labios, dientes y lenguas. Inuyasha hizo un puño en su pelo, tirándole bruscamente la cabeza hacia atrás, chupando y mordiéndole el cuello mientras ella gemía, presionándose en contra de él.

Cada parte de su ser ardía por él, este hombre era el más increíble amante y el más brillante filósofo que ella podría haber encontrado. La sensación de sus rudas manos corriendo sobre su cuerpo la hacían mojarse y suplicar por más.

―Por favor, te necesito. Nunca he necesitado a nadie de esta manera.

La palma de su mano acarició hacia arriba de su muslo, debajo de su falda y arrancó sus bragas con una torsión feroz.

―Dios, te he necesitado. En todas partes que miraba, Gatita, te veía. Eres todo lo que quiero. ―La agarró por la parte trasera de sus muslos y la levantó de un empujón encima del borde de su escritorio―. Abre las piernas―. La orden la dejó a Kagome lista para correrse en el lugar. Se levantó la falda y abrió las piernas, pasándose las manos por sus muslos interiores y subiendo para separar los labios de su coño para él. Él gruñó. Abriendo su bragueta, liberó a su polla dura como una piedra y la empujó dentro de sus mojadas profundidades. Su coño se deslizó sobre él, ávidamente abrazando cada centímetro hasta que estuvo asentada hasta la empuñadura. Su clítoris se rozaba contra él, satisfaciendo el palpitante dolor dentro de ella, mientras él molía más profundo. Metió la mano debajo de su delgado suéter, encontró su pecho y lo apretó con rudeza. Tirando del apretado pezón, se deslizaba adentro y afuera de su mojada hendidura aterciopelada.

―Habría esperado, ―gruñó en contra de su cuello―, hasta que terminaras el programa de postgrado. Habría tres años mas esperado, pero te habría hecho mía.

Kagome apretó las piernas alrededor de su cintura, obligándolo a profundizar más dentro de ella.

―No podía esperar, ―ella jadeó, sintiéndolo estirar sus paredes interiores, marcándola con cada empuje.

Él aceleró el ritmo, ahuecando su culo con las manos.

―Y aquí yo pensando que habías sido domada, salvaje impetuosa gatita. Creo que te has ganado por ti misma otro castigo.

Ella gimió, deslizándose de un lado a otro por encima de él, frotando su clítoris en su contra con cada profundo empuje, contrayéndose, apretándose, recibiendo cada centímetro de él una y otra vez. Jadeó, más cerca.

―Dime, ―le imploró.

Inuyasha empujó, más profundo, más duro, llenándola completamente y estirándola más allá. A través de los dientes apretados, él se esforzó para liberar las palabras.

―Estarás atada a mí para siempre. Nunca renunciaré a ti.

Para siempre. Su cuerpo se apretó como un puño alrededor de su polla, su coño contrayéndose brutalmente en contra de su ingle cuando se corrió. Él gruñó, rigidizándose, agarrándole el trasero mientras se corría en su interior al tiempo que tiraba su cabeza hacia adelante propinandole una mordida en el cuello que inclusive atravez de la ropa ella esta segura que dejaria marca. Kagome lo abrazó más cerca, sus piernas cerradas a su alrededor, sus paredes interiores ordeñándole cada gota de su caliente semen. Jadeaba, descansando la cabeza en contra de su pecho.

El cielo.

―Estoy atada a ti, pero no porque mi nombre figure en algún papel ni por ninguna cadena sujetándome. Estoy atada a ti porque te amo, ―le dijo, estrechando aún más su abrazo.

Él respondió con un beso en su sien, apretando su agarre.

―Entonces he estado atado a ti desde el día en que nos conocimos.

Fin

Gracias a todas las que siguieron el fic y espero que le aya gustado. sin mas que decir me despido...espero que dejen sus Riview de si les agrado el final...es para ver si saco otro fic bueno mejor sin presiones demen tiempo y vere si les mando otro igual de deprabado que este ;) jejeje