En esta ocasión tenemos a Maxwell y toda la sección XIII del Vaticano, espero que les guste :D, la imagen no sé de quien sea, me la encontré en una pagina y no decía el autor, no se ve muy bien las letras pero dice: I´m sexy and I know it XD. Bueno espero que este cuento les guste :3, los dejo para que lean.


Gregory tenía problemas para dormir y se encontraba dando vueltas en la cama, pero el motivo de su insomnio no era el miedo, ya se estaba acostumbrando a vivir en la tétrica mansión y a los ruidos extraños que se solían escuchar. No, esta vez, la razón de sus desvelos era que mañana sir Integra lo llevaría a un almuerzo al cual asistirían importantes nobles y magnates de Inglaterra y estaba muy nervioso.

—¿Qué me voy a poner? ¿Les causaré una buena impresión? ¿Y si olvido los modales que me enseñó sir Integra?—. Pensaba.

—Otra vez no puedes dormir ¿eh?—. Dijo Seras apareciendo de repente.

—No—. Ya se había acostumbrado a las apariciones repentinas de la señorita Seras. —No sé qué ponerme para el almuerzo de mañana.

—Mmm… sabes, me recuerdas a un arzobispo que era muy vanidoso y siempre gastaba mucho dinero en nuevos y extraordinarios trajes.

—¿Ah sí? ¿Quién es ese arzobispo?

—Es el protagonista de un cuento que se llama:

"El Traje Nuevo del Arzobispo"

Había una vez en un reino muy lejano, un arzobispo que se daba sus aires de grandeza, era muy ególatra y presuntuoso que pensaba que se merecía lo mejor por el simple hecho de existir. Y para demostrar su grandeza se mandaba a hacer finos trajes para cada ocasión especial… como un almuerzo con importantes nobles y magnates, por ejemplo. Para ello contrataba a los mejores sastres del reino.

Pero el arzobispo ya había contratado a todos los sastres reconocidos del reino, y él quería algo novedoso, algo que nadie haya visto nunca en su vida y mandó a poner en la plaza de todo el reino un letrero que decía "se solicita excelente sastre para confeccionar el traje del arzobispo".

Mientras tanto unas costureras muy pobres, que habían sido desterradas del reino vecino por ser unas timadoras, se encontraban en la plaza de este reino buscando refugio. Hasta que una de ellas llamada Heinkel vio el letrero donde se solicitaba un sastre, y de inmediato vieron la oportunidad de hacer una nueva estafa. Fueron al castillo del arzobispo y solicitaron una audiencia con él, diciendo que venían por el letrero.

—Pero ustedes son unas pordioseras, si fueran buenas costureras al menos sabrían remendar sus ropas—. Decía el arzobispo con tono despectivo.

—Pero señor somos viajeras solitarias, si viajáramos con nuestros trajes finos nos asaltarían en el camino, por eso venimos con nuestras peores fachas para simular pobreza; sólo que acabamos de llegar y vimos el letrero en la plaza, supusimos que por ser para usted no habría tiempo que esperar y preferimos venir aquí cuanto antes, e lugar de vestirnos de manera más presentable—. Habló Heinkel apelando a la vanidad del arzobispo.

—Así es señor, somos unas reconocidas costureras muy buscadas en distintos reinos por nuestras habilidades para la costura—. Prosiguió Yumie, la otra costurera, con la mentira; cuando lo cierto es que eran buscadas en todos los reinos por embusteras.

El consejero del arzobispo llamado Anderson, que era un hombre inteligente y leal no estaba muy convencido con la explicación de las señoritas, así que les pidió que hicieran una demostración de su trabajo y las llevó al taller de costura del castillo. Allí las costureras fingieron tomarle las medidas al arzobispo para la confección de su nuevo traje.

Una vez que se quedaron solas, metieron en sus bolsas todas las cosas de valor que había en el castillo, y cuando Anderson fue a verlas, ellas rápido ocultaron sus bolsas.

—¿Y bien? ¿Dónde está el traje?

—Es que es una sorpresa y queremos que el arzobispo sea el primero en verlo—. Justificó Yumie.

—Está bien, iré por el arzobispo—. Respondió no muy convencido, aunque convendría traerlo para que vea la ineptitud de las costureras y las corriera.

Unos minutos después llegó el consejero con el arzobispo. Las costureras sólo le mostraron un perchero vacío. —¿Dónde está mi traje?

—Aquí está señor—. Habló Heinkel. —Este traje está hecho con una fina y costosa tela que sólo pueden ver las personas inteligentes, los tontos verían un perchero vacío, ¿usted ve un perchero vacío?—. lo miró fijamente.

—Me sorprende que usted no pueda verlo—. Comentó Yumie.

—Eh… sí… claro que puedo verlo… es... un lindo traje—. Decía el arzobispo dudando de su coeficiente.

—Pero señor…

—¿Apoco no puede verlo?, mira Heinkel él si es tonto—. Se burló Yumie señalando a Anderson

—No... no soy tonto… ¡claro que puedo verlo!

El arzobispo fingió ponerse un traje invisible y las costureras simularon arreglar el traje para que "le entallara mejor" con una aguja sin hilos, les costó todo un mundo no reírse en la cara de ese par de tontos que habían caído en su engaño. Cuando terminaron de arreglar el traje, el arzobispo les pagó fingiendo estar contento con su trabajo y les pagó dos costales llenos de monedas de oro uno a cada quien.

Al día siguiente, el arzobispo se vistió únicamente con su bóxer, ya que llevaba supuestamente encima el traje invisible. El arzobispo siempre solía hacer entradas únicas, para asombrar a los demás como si se tratara de una divinidad; de manera que el arzobispo bajó en un plexiglás con aire triunfante y portentoso... y en ropa interior. Lejos de causar un —¡Oh!— Colectivo de admiración, se escucharon puros Ja-Ja-Ja.

—¡Mira, el arzobispo está semidesnudo!, jajajaja—. Murmuraban todos y esa reacción provocó que el arzobispo ya desconfiara de lo que llevaba puesto, o mejor dicho de lo que no llevaba puesto y comenzó a cubrirse con ambas manos.

—Oh que sexy (*-*)—. Comentaban las señoras.

Fiu fiuuu—. Silvó Pip en la mente de Seras.

El sujeto que giraba la manivela para que el plexiglás descendiera se carcajeó de tal manera que hasta soltó la manivela por sujetarse el estómago, provocando que el arzobispo cayera al suelo; las risas de los espectadores aumentaron y se lo comieron vivo… en sentido figurado.

El consejero Anderson, se quitó el saco para cubrirlo y lo sacó del lugar. El arzobispo nunca más volvió a creerse la gran eminencia, ni tampoco dejó que los comentarios de los demás lo hicieran cambiar de opinión. Y colorín colorado este cuento ha acabado.

Gregory se estaba riendo del arzobispo semidesnudo, que gran ridículo habría hecho, pero de pronto tuvo una duda. —¿Y qué pasó con las costureras?

—Ah bueno, el arzobispo mando a toda la policía a buscarlas y las encontraron cuando estaban huyendo hacia otro pueblo. Yumie fue descuartizada con uno hilos casi invisibles y a Heinkel le dispararon en la quijada aunque no la mataron pero si le volaron toda la mejilla y jamás volvió a estafar.

A Gregory se le espantó la risa quedando traumado por la imagen mental de una persona siendo descuartizada y otra persona sin mejilla, y de inmediato se arrepintió de haber hecho aquella pregunta.


Bueno nuevamente Gregory quedó traumado, trataré de subir cuentos el viernes o el sábado, nos vemos en el próximo cuento :D