Hoy toca cuento, espero que con este se rían mucho, había pensado en poner como Hansel y Gretel a Integra y Girlycard pero pensé que las dos se verían como niñas, luego pensé que fuera Integra y la versión niño de Vlad, pero los dos me parecen muy serios y el niño Vlad me parece muy triste y no sería un cuento muy gracioso. Y por fin me decidí hacerlo con Walter niño y Girlycard y así como se llevan de mal pensé que sería genial XD
Bueno los dejo para que lean :D
Gregory se perdió en la mansión, era tan grande que aún no podía aprendérsela de memoria después de dos semanas de estar en la mansión Hellsing, casi todos los pasillos eran iguales: largos, con puertas a ambos lados, y cuadros en las paredes. Era difícil ubicarse y más con las luces apagadas, tenía miedo y tenía la horrible sensación de que las personas en los cuadros lo miraban y que alguien lo seguía.
—Hola Gregory—. Saludo Seras. —¿Qué haces en el tercer piso? ¿Estás explorando la mansión?
—No señorita Seras, es que me perdí, no creí que ya estuviera en el tercer piso.
—Ah, no te preocupes; sabes, a mí me tomó alrededor de un mes para ubicarme en la mansión, seguido me perdía: quería ir a la oficina de la sir y terminaba en la biblioteca o en el salón de juntas. Hasta quería dejar un rastro de migas de pan para no perderme al igual que aquel cuento.
—¿Que cuento?
—Ah es una historia muy interesante de dos niños que se pierden, ven te la contaré en lo que llegamos a tu cuarto—. Gregory le tomo la mano. —Este cuento se llama:
"Walter y Girlycard"
Había una vez un señor llamado Arthur que tenía dos hijos: un niño llamado Walter y una niña llamada Girlycard. El señor era muy pobre y estaba desesperado porque tenía que lidiar con sus hijos que eran muy latosos y caprichosos. Así que resolvió ese asunto llevando a sus hijos a pasear por el bosque.
El señor paseó con sus hijos hasta que se hubieron internado en lo más profundo del bosque, los llevó a la orilla de un río y entonces les dijo: —Niños no pueden meterse al rio a nadar si no tienen su traje de baño, pero no se preocupen, ahorita voy a la casa por ellos y en seguida vuelvo con ustedes ¿eh? No se muevan de aquí y no se vayan a meter al río—. Dicho esto corrió y corrió mirando atrás de vez en cuando para cerciorarse de que no lo siguieran sus hijos. Al llegar a su casa se sintió muy aliviado de haber perdido al fin a sus malcriados hijos.
—Nos ha abandonado ¿verdad?—. Preguntó Girlycard.
—Sí, pero por fortuna yo ya me imaginaba que algo así pasaría y deje un rastro de migas de pan para poder llegar a casa—. Respondió Walter.
Siguieron el rastro de migas hasta un par de metros porque vieron con tristeza que los pajarillos se habían comidos todo lo demás del caminito de migas.
—Ay que menso eres Walter, ¿no pudiste dejar un rastro de algo que no fuera comestible?
—¿Y qué me dices de ti? Yo al menos tuve esa idea pero tú ni ayudas ni nada, es más si no fuera por mí todavía seguirías en el río esperando a que volviera papá.
—Eres un inepto, nadie deja migas de pan.
—Tú eres una estúpida por no pensar también en algo para regresar a casa.
Finalmente, después de tres largas horas de insultarse mutuamente, decidieron volver sobre sus pasos por donde según recordaban que habían caminado; naturalmente eso supuso otra discusión:
—No, es por el lado izquierdo.
—¿Eres tonta o qué? es por el derecho.
Finalmente le dieron por el lado izquierdo ya que anteriormente Walter había elegido el camino a seguir, y así lo hicieron para hacer más democrática la cosa: primero decidía uno y luego era el turno del otro. Sin embargo, eso sirvió únicamente para evitar las pelas pero no para llevarlos a casa y sólo se perdieron más.
Discutieron nuevamente por ello culpándose el uno a la otra, hasta que les llegó un olor delicioso de un pastel horneándose y corrieron hacia el olor; llegaron sin contratiempos y frente a ellos vieron una casa maravillosa: era una casa pequeña pero hecha de todo tipo de galletas y chocolates, el marco de las ventanas estaba cubierto de merengue y el pomo de la puerta era un cupcake, el caminito de la casa era de panqueques, el techo de la casa estaba glaseado. Todo era muy delicioso y los niños abrieron los ojos con ilusión.
Sin dudarlo corrieron hacia la casa y empezaron a comerse todo el chocolate, galletas y panqueques que componían la casa. Hasta que un señor gordo de cabello rubio y con lentes, salió muy enojado de la casa. —Mendigos mocosos, ¿cómo se atreven a comerse mi casa?
Los niños intentaron salir corriendo pero debido a todo lo que habían ingerido no podían ni moverse así que el señor gordo los atrapó sin esfuerzo alguno. Los arrastró hasta el interior de la casa donde tenía un aspecto muy distinto: la casa era de ladrillos mohosos y el piso era de piedra.
—Señor lo siento mucho—. Decía Walter. —Si de algo le sirve, le dejo a mi hermana, pero por favor no me haga nada.
—¡Infeliz!—. Le reclamó Girlycard a su hermano, luego se dirigió al señor. —No lo escuche señor, mejor quédese con él, es muy buen mozo hasta tiene vocación de mayordomo.
—No, quédese con ella.
—No, con él.
—Con ella.
—Con él.
—¡Cállense ya pequeños demonios!—. Gritó el señor gordo que jamás en su vida había conocido a niños tan exasperantes. —Me los voy a comer a los dos.
—¿En qué sentido?—. Intervino Pip preguntando en la mente de Seras.
—Cállate Pip, el niño no conoce el doble sentido—. Le regañó en su mente.
Entonces el señor gordo metió a los dos niños a un caldero gigante con agua y los puso en la chimenea para que hiervan. Ya que esa era la trampa que siempre usaba el señor gordo: atraía a los niños perdidos con su casita de golosinas y como no podían correr de tan llenos que estaban los arrastraba a su casa y los ponía en la olla para cocinarlos, porque en realidad el señor era un ogro malvado.
Los chicos empezaron a hablar en susurros y armaron un plan.
Walter empujó a su hermana gritándole. —Ya ves, todo esto es por tu culpa.
Girlycard lo empujó de regreso. —No, es tu culpa, por ti mi papá nos abandonó en el río.
—No, fue por ti y porque eres una tarada.
—Menso.
—Tonta.
—Torpe.
—Inútil.
—Estúpido.
—Idiota.
Entre empujones e insultos el caldero se iba meciendo cada vez con más fuerza, hasta que finalmente los chicos cayeron al suelo a salvo de las llamas de la chimenea. —¡Mocosos del demonio estense quietos!—. Gritaba el ogro con un cinturón en la mano, dispuesto a aplacar a los chicos. Pero justo cuando el ogro estaba cerca, los hermanos le trabaron el pie provocando que el ogro tropezara y cayera en la chimenea. Rápidamente entre los dos cerraron la portezuela de la chimenea y el ogro ardió en las llamas.
Los chicos se felicitaron por su victoria y salieron de la casita del ogro llevando unos dulces consigo para el camino de regreso a casa. Se subieron a la copa de los árboles para ver qué tan lejos estaba su casa y hacia donde debían dirigirse. Cuando al fin llegaron a su casa, vieron a su padre cómodamente sentado en el sillón individual leyendo el periódico. —Ah… niños… este… ya iba a ir por ustedes pero… no los vi en el río… que bueno que están en casa—. Dijo su padre en cuanto los vio llegar.
Los chicos negaron con la cabeza, por supuesto que no le creían a su padre, pero prefirieron hacer como que no se habían dado cuenta. —Como sea viejo, queremos cenar tenemos hambre—. Ordenó Walter aunque no tenían hambre realmente, sólo era para hacer que su padre trabajara en la cocina. Arthur hizo un gesto de molestia. Y colorín colorado este cuento ha acabado.
Para ese momento, Seras ya había llegado con Gregory a su habitación. —Bien, aquí está tu cuarto, que tengas dulces sueños.
—E… espera, dime ¿de verdad aquel ogro murió quemado?
—Bueno era el villano—. Se encogió de hombros. —Quería comerse a los niños traviesos, en fin es sólo un cuento, no te preocupes—. Le sonrió.
Pero lo que no sabía es que Gregory no estaba preocupado, más bien estaba asustado. —¿Por qué los cuentos de la señorita Seras siempre terminan en muertes horribles?—. Se preguntaba.
Espero que se hayan reído con este cuento, el ogro resulto ser el mayor no quería ponerlo otra vez como villano y quería poner a Hans (aunque a él lo tengo reservado de villano para otro cuento) pero dije nah! el mayor tiene más pinta de ogro... y de reina malvada XD. Bueno nos leemos en el próximo cuento gracias a todos por sus comentarios :3 me alegro que les guste mucho.
Espero sus comentarios con ansias *-*
