Aquí estamos con otro cuento, al principio pensé que este debería ser el último pero después me dije: otro y ya, para que no quede tan simplón este fic. Tuve muchos problemas para relatar este cuento porque no me decidía entre risitos (hilitos) de oro, la princesa y el guisante o el zurrón que canta; la bella y la bestia de antemano estaban descartados por ser muy obvio para esta pareja. En los tres iban a participar Integra y Alucard (y por lo tanto tendría AxI, uno más que otros).
Pero el problema fue que el de risitos no me parecía tan terrorífico para Gregory a diferencia de los anteriores.
el de la princesa y el guisante se me hacía demasiado romanticon, no muy gracioso y nada de terror.
el de el zurrón que canta me pareció muy macabro, nada cómico y nada romanticon. (de por sí el cuento me parece uno de los más macabros).
Finalmente me decidí por el de risitos de oro porque es más cómico y tiene un ligero AxI. Se llama Hilitos porque Integra es lacia y no podía llamarse Risitos y en este cuento Alucard está como Baskerville, ah por cierto el titulo del cuento está incompleto porque no había espacio suficiente, espero que les guste y bueno pues los dejo para que lean.
Gregory estaba desayunando con sir Integra y Seras, era un bello sábado por la mañana: lluvioso y nublado; en un día así se antojaba permanecer en casa viendo películas en pijama, sin embargo sir Integra debía de salir a una reunión de la mesa redonda, pero a pesar de sus prisas, se había tomado la molestia de desayunar junto con Gregory y Seras, pues en la semana casi no veía al niño.
Así pues, siendo un desayuno informal de un sábado por la mañana, estaban los tres comiendo en la barra desayunador, sentados en bancos altos. Seras y Gregory estaban en pijama y la sir estaba formalmente vestida con su traje verde oliva. Gregory había estado leyendo con cierto interés la etiqueta de una botella de aceite que estaba sobre la barra mientras comía, hasta que de repente preguntó. —¿Que significa virgen?
Integra se llenó la boca con comida para no poder hablar y Seras, que ya se había terminado su bolsa de sangre, se vio obligada a responder:
—Es cuando una persona aún no tiene novio y por lo tanto no hace "cosas de novios".
—¿Y qué significa extra virgen?
—¡Es Integra!—. No pudo evitarlo y se rió muy divertida por su broma aunque sabía que le costaría caro. En su interior Pip reía también.
Integra no dijo nada y se limitó a sacar la pistola de su funda y volarle los sesos a Seras, quien fue derribada de su banco por el impacto de la bala, borrándole la sonrisa.
—¡Señorita Seras!—. Se asustó Gregory.
—No te preocupes por ella Gregory, es un vampiro y ya no le duele—. Explicó la sir.
—¡Pero si me duele!—. Decía con lagrimones rodando por sus mejillas y regenerando su cabeza.
—¡Bien merecido te lo tienes maldita sanguijuela!—. Miró su reloj, ya era hora de irse, el mayordomo entró en la cocina diciendo que el auto ya estaba listo. Integra partió sin mucho entusiasmo; ella hubiera preferido quedarse y torturar a Seras por su comentario y de paso, aunque de manera inconsciente, traumar al pobre Gregory que no salía de su asombro al ver la sangre de Seras estampada en la pared y el piso para después volver a la cabeza de su dueña. A pesar de eso, ella se fue.
—Que mal que se haya ido la sir—. Comentó Gregory.
—Sí, ojalá se hubiera quedado para seguir molestándonos; en fin ¿qué quieres hacer?
—¿Podemos ver una película?
—Claro... aunque la sir sólo tiene documentales, pero tiene unos muy divertidos de animales.
—Mmm... No, bueno supongo que no tienen películas de caricaturas ¿verdad?—.
Seras asintió con la cabeza. —Ya sé, ¿te cuento un cuento?
—Está bien—. Pensó que por ser de día no se asustaría... tanto.
—Muy bien, este cuento se llama:
"Hilitos de Oro y los Tres Perritos del Infierno"
Había una vez una niñita llamada Integra que era muy bonita, tenía el cabello lacio y de un rubio tan dorado que parecía que en lugar de cabello tenía un manojo de hilos de oro, por eso todos la llamaban cariñosamente "hilitos de oro". Un día su padre, llamado Arthur, le dijo que cuando fuera al bosque nunca fuera a la cabaña que tiene un pentagrama pintado en la puerta porque esa cabaña pertenecía a tres perros del infierno.
Sin embargo la niña lo que tenía de bonita lo tenía de curiosa y una vez que su padre salió a trabajar, ella aprovechó para salir al bosque a buscar aquella cabaña. —¿Cómo sería una cabaña de tres perros infernales?—. Se preguntaba.
Después de mucho caminar por el bosque encontró la dichosa cabaña que era negra con el techo rojo y en la puerta tenía el pentagrama pintado con sangre. La niña se asomó por la ventana para ver si había alguien ahí; pero la encontró vacía y oscura. Movida por la curiosidad entró en la cabaña y vio tres mecedoras.
Se sentó en la primera que era la más grande—Esta es muy grande para mí—. De un saltó se bajó de esta y se pasó a la mediana. —Esta mecedora está muy ancha no alcanzo a recargar mis brazos en las coderas—. Después se pasó a la pequeña. —¡Esta mecedora es perfecta!—. Dijo contenta y empezó a mecerse tan fuerte que la rompió, trató de arreglarla pero no pudo, decidió dejarlo como estaba, total no planeaba quedarse mucho tiempo.
Después se pasó al comedor y decidió probar lo que había en la mesa: bolsas con sangre médica. Había tres bolsas y probó la primera: —Esta sangre es de tipo A, no me gusta—. Luego probó la segunda. —Esta sangre es de tipo B, tampoco me gusta—. Finalmente probó la tercera. —esta sangre es de tipo AB ¡sí me gusta!—. Y se la bebió toda.
*Gregory hizo una cara de asco*
Recorrió la casa hasta que llegó a la recamara y vio tres ataúdes.
Se metió a uno y dijo: —Este Ataúd está muy duro.
Luego se pasó al segundo y dijo: —Este ataúd está muy blando.
Finalmente llegó al tercero. —¡Este es perfecto!—. Y se quedó profundamente dormida de tan cómodo que estaba.
En ese momento llegaron los tres perros del infierno, los cuales eran de pelaje negro y con ojos rojos como carbones encendidos, cuando entraron notaron todo muy raro y olfatearon el lugar. —Alguien se sentó en mi mecedora—. Dijo el perro más grande.
—Alguien también se sentó en mi mecedora—. Comentó el perro de en medio.
—Alguien se sentó en mi mecedora y la rompió—. Confirmó el más pequeño.
Siguieron buscando que más había de raro y entraron al comedor.
—Alguien probó de mi sangre—. Afirmó el grande.
—Alguien también probó de mi sangre—. Aseguró el de en medio
—Alguien se bebió toda mi sangre—. Se lamentó el pequeño.
Pasaron a la recamara y abrieron sus respectivos ataúdes.
—Alguien se acostó en mi ataúd.
—Alguien también se acostó en mi ataúd.
—Alguien sigue acostado en mi ataúd y es una niña muy bonita—. Comentó el pequeño.
Hilitos de Oro se despertó al escuchar tantas voces y vio a los perros del infierno parados enfrente de ella. A los perros les pareció más bonita ahora que había abierto los ojos.
—Y lo que sigue es clasificación C+—. Intervino Pip.
—Pip cállate es un cuento para niños.
—Ah pero ya quisiera Alucard que fuera clasificación C+.
—¡Cállate ya!
En fin, como iba diciendo los perros la miraron con cara de hambre pues siempre se comían a los intrusos y suponían que la niña tendría un exquisito sabor. Hilitos de Oro se vio acorralada y habló para distraerlos mientras se le ocurría algo para escapar. —Yo...yo soy Hilitos de Oro y... y... ¡ay pero que perritos más lindos!—. Empezó a acariciar al perrito más pequeño y este movió la colita encantado.
Los otros perros también reclamaron atención y se sentaron moviendo sus colitas acercándose a la niña para que los acariciara, ladraban para que les hiciera caso. Hiitos de Oro les acarició detrás de las orejas y los perros movieron sus colitas y sacaron la lengua muy contentos. El perro grande y el mediano se colocaron a los lados de la niña mientras el más pequeño se subió a su regazo—Mi papá nunca me compró un perro... pero vengan conmigo yo los cuidaré—. Los perritos ladraron en respuesta.
Llegaron los cuatro a la casa de Hilitos de Oro y vieron que el padre de la niña ya había llegado a la casa. —Hija ¿dónde estabas?
—Papi me encontré con estos perritos... por ahí, ¿me los puedo quedar? ¡Son tan lindos!—. Integra los abrazó y los tres movieron sus colas.
—¡¿QUÉ?!—. Arthur puso el grito en el cielo pero finalmente no pudo negarle a su hija que conservara a los tres perritos, sin sospechar que eran los perros infernales de aquella cabaña; vivieron felices y los perros siempre cuidaron celosamente a su ama. Y colorín colorado este cuento ha acabado.
Gregory pensó que este cuento no era tan aterrador como los anteriores, aunque se alegraba de que los perros no se hayan comido a la niña. También pensó que si él llegaba a la mansión con tres perros Integra sería capaz de echarlos a los cuatro a la calle así sea un frío invierno. Sin duda más que los monstruos y villanos que Seras le contaba, sir Integra sería la persona a la que más le tenía miedo y lo peor del caso es que ella es real.
Otro de los problemas que tuve con este cuento fue el final: hay versiones en los que los osos se comen a la niña y esa fue la idea principal que tuve, pero el final me pareció muy simple. otro final del cuento es que la niña se escapaba por la ventana y para este fin había pensado que Integra les lanzara o una pelota que andaba por ahí o su zapato para despistar a los perros y en lo que ellos iban corriendo detrás de aquel objeto ella escapaba pero igual me parecía sin chiste. Me convenció un poco más (aunque no del todo) el final que le di. Pero bueno si Gregory no se traumó con el cuento si se llevó una fuerte impresión al ver a Integra dispararle a Seras.
Espero sus sugerencias y que les haya gustado, nos vemos en otro cuento.
