Sakura caminaba en silencio junto a Shizune. La ausencia de palabras durante el trayecto hacia el hospital se volvió preocupante. O al menos eso creyó Haruno. Nunca habían sido tan silenciosas las dos. La tensión percibida por la más joven era como si dos hermanas hubieran discutido por querer usar la misma prenda, al mismo tiempo, y al final nadie la usó.
Aún tenía que acomodar su vida, y no quería lanzar al mundo la noticia de una relación con el Hokage cuando ella aún no decidía qué era lo que buscaba con él. No había modo de que Shizune supiera sobre lo ocurrido, pero Kato tampoco era una tonta.
—Shizune-senpai —pronunció Haruno sin dejar de mirar al frente.
—¿Sí?
—¿Estás enojada?
La joven Kato suspiró y cerró los ojos. Ya era suficiente para ella tener que soportar los desastres y malas decisiones de Tsunade, el trabajo en el hospital y la incertidumbre respecto a su Kakashi, como para venir a rematar con las impertinencias de alguien que decía estar cansado de la vida. Ella también lo estaba.
—Sí, Sakura. No es mi obligación ir a sacarte de tu departamento para que cumplas con tu deber. Sin embargo lo hice —cogió una bocanada de aire—. Pensé que habías madurado. Lo que presencié esta mañana fue completamente infantil. ¿Qué tienes que decir?
La cara de Sakura se ensombreció por un momento. No le gustó que Shizune quisiera sermonearla. Primero Kakashi, y ahora ella. Era un fastidio.
—Nada en particular. Solo quiero que me dejen en paz. No tengo porqué dar explicaciones a las personas sobre lo que hago o dejo de hacer. ¿Por qué siempre tienen que estar fijándose en lo de los demás? Que si ella esto, que si él el otro… ¡Ya basta!
Shizune apretó la mandíbula y parpadeó repetidas veces. No quería perder la paciencia así que inspiró hondo y resopló. Era como presenciar un acto de rebeldía típica en los adolescentes. Y sí, era cierto: Sakura no tenía por qué rendir cuentas a nadie. Mucho menos a ella.
—¿Sabes? También a mí me disgusta tener que vivir cumpliendo expectativas —replicó la pelinegra a modo de confesión. Sakura la miró por el rabillo del ojo. Para ella, Shizune siempre le había parecido un poco más tradicional, alguien a quien le pesaba salir de su zona de confort.
—Si eso te disgusta, ¿por qué lo haces?
—Creo que una vez que estamos dentro del guión, y que has asumido tu papel, es difícil deshacerte de él. Además, somos adultas, o ¿acaso temes tomar riendas de las responsabilidades que eso conlleva?
Sakura meditó su respuesta. La palabra «miedo» se había repetido en su cabeza últimamente con más frecuencia. Pero ¿miedo a qué? Frunció la boca.
—No es eso. ¿Acaso no estás harta de la forma de vida que llevas? —respondió con evidente frustración. Le molestaba no saber exactamente con qué sentirse fastidiada.
—Y-yo… —titubeó la pelinegra—. No estoy segura de saber qué sería de mi vida si me despido del modo en que la conozco.
—Es natural la incertidumbre. Pero, nunca se sabrá si los cambios nos gustarán hasta que los probemos. No obstante, si al final eliges conservar la vida que has construido, no tendría por qué importarle a los demás. —Se encogió de hombros. No sabía por qué solía dar consejos de esa clase en momentos donde ella misma sentía duda.
Nadie dijo nada más, a pesar de que Shizune tenía curiosidad por preguntar sobre Kakashi. Pero permitir que Sakura supiera lo suyo con el Rokudaime era inadmisible. No quería ser la causante de generar controversias ni nada por el estilo, «la discreción ante todo, Shizune». Sin embargo, su cuerpo no pudo evitar ser invadido por una oleada de celos. Su mente, como la de cualquier persona que siente el derecho de posesión por antigüedad, le hacía pensar en Sakura como una amenaza. Arrugó el ceño esforzándose por no evidenciar su malestar. Pasó saliva.
Las kunoichi se limitaron a seguir caminando en completo silencio hasta llegar al hospital.
Las masculinas manos revolvían el contenido de su maletín ninja. Le frustraba tener que hacer una misión que no le correspondía, pero eran órdenes del Hokage. Hizo un mohín mientras las gotas de sudor bajaban por su sienes. Su misión consistía en infiltración y espionaje, algo en lo que Tenzō era bastante bueno.
—Yamato-taichō —dijo la voz de su compañero a través de la radio inalámbrica.
—Te escucho —respondió con aburrimiento y fastidio. De verdad, Kakashi pudo enviar a otros ANBU.
—Desde mi posición, es posible observar que todo lo que se pensaba sobre el señor feudal, es una farsa. No hay necesidad de seguir ocultándose.
—Entonces la misión es un pedazo de mierda —profirió Tenzō y apagó la transmisión de radio— Maldita seas, Kakashi —murmuró. ¿Cuál era su problema?
El usuario del Mokuton se reunió con su compañero para regresar a la aldea. Se sentía un tanto decepcionado de la misión y de la actitud de Kakashi. Era como si este último quisiera a Sakura para él solo, y eso, definitivamente no le gustó. Resopló. Regresar a Konoha le tomaría al menos un día. Ya tendría tiempo para pensar en cómo actuar.
No era que el ANBU quisiera el afecto y atención de Sakura a la fuerza, pero al menos quería la oportunidad de conversar con ella a solas, ¿eso era mucho pedir?
Por supuesto que no. Pero Kakashi era egoísta, y cuando se proponía obtener algo, se empecinaba en lograrlo. Justo como lo hizo aquella noche en el departamento de Sakura.
Saltaba vertiginosamente entre los árboles, sintiendo el viento alborotando su cabello. La máscara ANBU le estorbaba pero no podía retirarla, aspecto que lo llenó aún más de frustración, ¿qué haría cuando encarara a Kakashi? ¿Sería capaz de hacerle algo, siquiera? Tenzō tenía un lado cruel, como cualquier shinobi, pero buscar problemas con el Rokudaime, por un asunto tan —irrisorio y minúsculo— como él lo consideró, sería una completa estupidez que le valdría su rango, y él no se arriesgaría a perder tanto.
A Sakura le daba el sol en la cara mientras comía su bentō. Arrugó el entrecejo, fastidiada de que la luz solar se colara por las rendijas de la cortina de su oficina en el hospital. Se levantó de su silla y se dispuso a acomodar las cortinas.
Tiró de una esquina de la tela, logrando que ésta se corriera de más y permitiera un vistazo del exterior. Una figura masculina, perteneciente a ANBU se hallaba parada en una de las ramas del árbol frente al hospital, observando desde la sombras, hacia su ventana.
—¿Y ahora qué? —preguntó en voz alta, irritada.
Abrió la ventana y echó un vistazo.
—Sakura. —La llamó.
—¿Acaso te han enviado a vigilarme o algo por el estilo? —preguntó, dejando ver un ápice de irritación.
—Nada de eso —respondió el ANBU—. He venido por cuenta propia, Sakura. —Y entonces, reconoció aquella voz. Era Tenzō.
Haruno rodó los ojos y dejó escapar un suspiro. Aún no olvidaba el plantón que le dejó aquella vez, en el restaurante.
—¿En qué puedo ayudarle, Yamato-taichō?
—Vengo a ofrecerte una disculpa por lo de esa vez. —Se aclaró la garganta—. Me gustaría remendarlo, invitándote a comer, ¿qué dices?
—¿No se te ocurre otra cosa más que hacer invitaciones a comer? —preguntó con tono sarcástico.
El ANBU sintió las mejillas arder. ¿A dónde más podría llevar a una mujer como Sakura? Apretó la boca antes de hablar.
—Iremos a donde tú quieras, cuando tú quieras…
Sakura resopló. No era que le desagradara Tenzō, pero estaba segura en no tener un interés en él que no fuera amistoso. Era cierto que aclarar las cosas de tajo era la mejor manera de ser congruente y evitar futuros inconvenientes, pero Sakura no fue capaz de rechazarlo, a fin de cuentas, sólo era una comida: conversaría con él, le diría que no tenía interés alguno en seguir aceptando invitaciones y quizás de esa manera él ya no la acecharía. O eso es lo que ella pensaba.
—Está bien. Hace mucho que no pruebo unas Gyōzas tan ricas como las hacen en el centro —reveló, con una sutil sonrisa en el rostro—. Hoy a las 7, te espero aquí.
—Gracias, Sakura.
—Ahora, largo de aquí.
Cerró la ventana, y tras ello, las cortinas.
Regresó a su asiento. Aún le quedaban un par de horas para terminar su turno, pero se sentía extrañamente hastiada de ese modo de vida que ella eligió tener. ¿Qué haría? Había llegado a ese punto en que comenzó a cuestionarse sobre la cotidianidad de las vida, la rutina, y todas esas cosas que se pregunta la gente adulta. ¿De verdad amaba consagrar su vida al cuidado de otros? ¿Y si quería ser egoísta al menos una vez? Sí, seguramente la señalarían. Cómo si fuera poco, también tenía que decidir qué hacer respecto a Kakashi. Habían pasado ya unos tres días desde aquella noche en que estuvieron juntos y no sabía nada del Hokage, era como si implícitamente ya estuvieran jugando ese juego que iniciaron ese día, pero no quería ser ella la primera en caer. Que todo eso ocupara sus pensamientos, la hacía sentir irritada y harta. Harta de su vida y de todo. Su mente era un completo caos lleno de incertidumbre.
Resopló. Se llevó un bocado de fruta a la boca y se dijo a sí misma que tendría que intentar no pensar en su antiguo maestro. Quizá era lo mejor para ella, para los dos.
—¿Así que en este lugar venden unas excelentes Gyōzas? —preguntó Tenzō mirando el menú.
—Sí, y qué decir de los postres. Me gustan mucho. —Ojeó su propio menú— ¿Ya escogió, Yamato-taichō?
—Sí. —Bajó el menú para mirarla—. Sakura, quiero preguntarte algo.
La aludida lo miró por debajo de sus pestañas, dividiendo su atención entre el menú y su interlocutor.
—¿Kakashi, te ha insinuado algo?
La joven médico cesó su acción con el menú, lo colocó con cierta brusquedad sobre la mesa y miró a Tenzō, filosamente.
—No sé de qué habla, taichō.
—No soy tonto. Él me envió a esa estúpida misión para tenerme lejos de ti.
—¿Ah sí?
—Y eso es porque es obvio que tiene un interés en ti.
—A veces dice cosas tan tontas, taichō —esbozó una sonrisilla burlona y se acomodó el cabello detrás de la oreja.
Tenzō apretó la mandíbula y cerró su puño. La actitud de Sakura sólo le hacía pensar que ella estaba cubriendo a Kakashi, él estaba seguro de las acusaciones hacia el Rokudaime, pero ¿por qué tanto prejuicio sobre la vida de alguien más? Cerró los ojos. No quería verse a sí mismo como alguien del montón que sólo dedica su vida a señalar las acciones ajenas.
—Olvídalo, eso ya pasó. —Quiso amainar su propio enojo—. De cualquier manera, tú no saldrías con él, ¿o sí?
—Del mismo modo en que estoy con usted, podría estar con él, ¿cuál es la diferencia?
La camarera se acercó a pedir la orden y a ofrecerles unas bebidas. Después de su breve intervención, el silencio invadió el espacio. Sakura tomó su vaso y bebió un poco de agua.
—¿Me estás diciendo que saldrías o aceptarías cualquier insinuación de él?
Sakura rodó los ojos. Aunque Tenzō se esforzara en restarle importancia a todo ese asunto, le era imposible, por los celos, quizá.
—¿Cuál es su obsesión con Kakashi? Desde ese día no hace más que hablar de él. —Se llevó la mano a la barbilla y miró hacia un lado, pensando—. ¿No será que usted está enamorado de él y me ve como una especie de rival? —preguntó, con la firme intención de molestarlo. Dejó ver una sonrisa divertida.
—¡¿Qué?! Nada de eso. Yo… —Se cubrió la cara con las manos, «pero lo llamó Kakashi a secas»—. Está bien, no hablaré más de él —repuso resignado.
Se sintió un completo idiota. Era evidente que si había algo entre Sakura y Kakashi, ella no lo admitiría con facilidad. Eso y quizás el hecho de que ella era muy lista como para desviar la conversación a cualquier parte que le diera la ventaja a ella. Masticó lentamente su bocado mientras veía con detalle cada movimiento de la mujer delante suyo, ¿y por qué todo esto por una mujer? ¿Seguiría intentando ganarse su cariño o lo dejaría por las buenas? Hizo un mohín.
Al percatarse de su mirada clavada en ella, Sakura le sonrió, como si nada, segura de haber ganado en la conversación. Ahora, probablemente Tenzō tendría menos ganas de querer saber sobre su vida personal. Se alegró para sus adentros.
Era cierto que Kakashi dormía poco. Solía pasar sus noches repasando mentalmente el abismo que había cruzado aquella noche con Sakura. Y es que, las siguientes dos semanas fueron brumosas de algún modo para él. La idea de ocupar las horas trabajando detrás de un escritorio se volvió pesada, tan pesada que terminaba cansado de solo pensarlo.
No se buscaron. No cruzaron sus caminos. Y no era precisamente el azar lo que los mantenía alejados. Aquel reto implícito de ver quién busca a quién se había convertido en una misión clasificada. Sabía de sobra que Sakura era una mujer orgullosa y que, muy probablemente no sería ella quien diera ese paso. La antigua Sakura que va persiguiendo a un hombre había quedado en el pasado. Ella ya no iría tras de nadie, y por supuesto, él no sería la excepción. Quizás ambos sólo habían coincidido en saciar un instinto humano. Quizás sus demonios los habían alcanzado logrando que ambos bailaran toda la noche bajo la premisa del deseo y el erotismo. Y luego estaba la música. Y la sopa miso. Las miradas y las palabras. Por todo eso, Kakashi se sentía idílicamente cercano a Sakura a pesar de que él mismo y su cabeza funcionaban, en todo ese batiburrillo, como un antagonista del intento de relación que querían forjar, o más bien, que él quería forjar. ¿Sería posible para él dentro del mundo ninja tener al fin la tranquilidad soñada? «Probablemente sólo perseguimos sueños inalcanzables. De pronto, sin previo aviso, llega el día de tu muerte y no sabrás si lograste tus sueños…» pensaba mientras se encontraba recargado sobre el respaldo de su silla con la mano en la barbilla y los pies sobre el escritorio. Era como si con la edad, se hubiera vuelto más indeciso e inseguro con las elecciones a tomar. Así terminaba sus días: en la soledad de su habitación, a oscuras con su incesante pensar, sintiéndose acorralado entre el mundo Sakura, y la sordidez del mundo real.
Y transcurría el tiempo. Ni siquiera estaba seguro de que Sakura hubiese desaparecido por cuestiones laborales. Había otros buitres rondando a Sakura como Tenzō. Y Naruto. Y Sasuke. Y un puñado más que desconocía.
Dejó escapar un suspiro que parecía venir del fobdo de su alma, «quizás debas aceptar que sólo fue sexo» pensó, «¿qué puedes ofrecerle tú a ella que no le pueda dar otro hombre, cualquier otro?» Se sintió fastidiado porque la imagen de Sakura lo perseguía día y noche, como un ejército de fantasmas, y lo único que él deseaba era tranquilidad.
Quizá era momento de terminar todo… O de replantearlo.
Debo confesar que me gusta mucho escribir esta historia, y a lo mejor va lento en algunos asuntos, cononpor ejemplo lo de Shizune, pero tengan paciencia por favor. Tuve dudas sobre actualizar, pero al final me gustó cómo quedó.
Espero que lo hayan disfrutado. Y espero poder actualizar más seguido, y no dejarla tan abandonada. Agradezco mucho a quienes leen y apoyan la historia.
Y por supuesto, no pueden faltar los agradecimientos a mi estimada beta, quien se encarga de cuestionar algunos puntos y dar observaciones que son muy útiles
Saludos.
