El "ratito" extra de seguir remoloneando se convirtió en dos horas más, la mañana convirtiéndose casi en mediodía. Como ya habían hecho las compras para reponer las provisiones de Xeno, no tenían apuro ni obligaciones pendientes, excepto cambiar las sábanas de la cama, limpiar un poco la casa y volver a poner el sofá y la mesa baja en su lugar. Se dieron un último buen baño caliente, intercambiándose en ir adelantando esas tareas mientras el otro se bañaba, dejando lo del sofá para hacerlos juntos. Se hizo un poco tarde, pero Stan cocinó algo rápido con los ingredientes extra que le habían sobrado del día anterior. Comieron de la olla una vez más, no sólo para facilitar la limpieza sino como broma interna de cómo habían empezado allí.

- No tenemos que preocuparnos por caminar con el estómago lleno, esta vez vendrán a buscarnos en coche.

- Oh… No me hubiera molestado caminar.

- Ni a mí, llevamos casi la mitad del recorrido hecho. Pero Xeno insistió en darnos esa comodidad, y no estaría mal ya que tú no tienes el calzado apropiado para andar entre la nieve que queda, no vaya a ser que te enfermes justo ahora.

- Está bien, tienes razón. ¿Cuándo llegarán?

- Alrededor de las cuatro de la tarde, en media hora. Dejamos esto limpio y no hay más que hacer.

Los dos ya estaban vestidos normalmente, Stan con el traje-uniforme completo, y Kohaku con su vestido, abrigo y sandalias. Habían guardado hasta las cobijas, por lo cual luego de limpiar los trastes se quedaron sentados en el sillón hasta que pasaran a recogerlos. El soldado le tapó las piernas descubiertas a la joven con el saco de su traje, lo cual ella le agradeció y se acurrucó junto a él.

- Me gustó nuestra estadía forzada –Dijo Kohaku, suspirando.

- A mí también. Será raro volver a la normalidad, por más contradictorio que parezca.

- Te entiendo, sí.

- Oye… Creo que tengo que confesarte esto antes de regresar. Xeno sabe que algo empezó a pasar entre nosotros. Obviamente no diré nada de lo de anoche, pero sabe que hubo unos besos. Digamos que por eso fue que no dijo nada de que pasáramos un día extra aquí.

- ¡Ah! –Exclamó, sonrojándose– Bueno, no será el único, ¿no? Si empezamos a vernos más seguido por fuera de nuestras tareas, dejará de ser un secreto.

- ¿Me estás diciendo que vamos a tener citas? –La provocó, con una sonrisa seductora– Tú me diste nuestro primer beso, me gustaría ver que planearas esa cita también.

- ¡No sé nada de citas! –Negó Kohaku apenada– El único tipo de citas que conozco o vi son de paseos o algo así. Te aburrirías.

- No te creas que eso es muy distinto al tipo de citas que teníamos en el mundo moderno. Agrégale comida y ya era el tipo de cita más común.

- ¿Entonces estaría bien algo así? ¿Caminar por algún lugar con paisaje bonito, y comer algo mientras?

- Suena perfecto –Aceptó con una deslumbrante sonrisa, y se acercó a ella con actitud acaramelada– Y no iría a una cita contigo con la idea de distraerme de ti, todo lo contrario.

- Oh… Claro –Asintió con una sonrisa tímida.

- Estaré a la espera de tu invitación.

Stan le guiñó el ojo, y le tomó la mano para entrelazar sus dedos para animarla. Se quedaron así un rato más, hasta que oyeron ruidos en la calle y se levantaron, sabiendo que venían a buscarlos. Kohaku cargó una bolsa con las sábanas a lavar de Xeno y como no tenían nada más que llevar, salieron juntos.

El viaje en el coche fue silencioso, no duraría más de veinte minutos, por lo que se quedaron mirando relajadamente por las ventanas. Como la rubia había dejado su mano apoyada en el asiento, al costado de su cuerpo, Stan con mucho disimulo acercó su mano, de forma que sólo sus meñiques se rozaran. Kohaku notó el contacto y lo miró de reojo, percibiendo una fina sonrisa en los labios del estadounidense, que seguía mirando por la ventana. Eso le hizo sentir un cosquilleo divertido y tierno, y acercó milimétricamente su dedo para que se toque con más seguridad, la más mínima y disimulada caricia. También sonrió coqueta con eso, haciendo su parte en fingir mirar la ventana sin más.

Cuando finalmente llegaron, la aldeana se sorprendió de ver allí ya esperando a Ruri y a su padre. Los dos tenían una expresión ansiosa, y su hermana mayor apenas esperó a que ella saliera del coche para correr y darle un abrazo.

- ¡Kohaku! ¡Al fin vuelves! ¡¿Estás bien?!

- Ruri, sí, tranquila –Calmó a su hermana devolviéndole un afectuoso abrazo– Gracias a la casa de Xeno de camino, no sufrimos el temporal más que por la demora en volver, estamos bien.

- Qué alivio. Cuando tardaste tanto en regresar y supimos que el avión ya había llegado, nos preocupamos tanto. Xeno nos dijo que estaban a salvo, pero igual…

- ¿Tú también, papá? –Preguntó en tono burlón y alzando una ceja, mirando a su padre– Tantos años que viví a la intemperie, y te vienes a preocupar cuando estaba refugiada en una casa.

- Lo sé, hija, pero fue una tormenta de nieve muy fuerte –Miró de reojo a Stan con sospecha– Y estuviste ahí varios días recluida a la fuerza y a solas con…

- Stan me cuidó muy bien, es un hombre muy confiable –Lo interrumpió, y miró con una sonrisa a su compañero y algo más– Se ocupó de mantenerme abrigada y nos alimentó con comida deliciosa. Creo que, si yo hubiera estado sola por mi cuenta, hubieras tenido más que preocuparte.

- Ah, ¿sí? –Inquirió sorprendido.

Ruri notó la breve mirada que compartieron los dos guerreros, había una calidez que acompañaba sus sonrisas, no habían sido muchas las ocasiones de ver esa expresión en su pequeña hermana. Se acercó a Stan y se inclinó frente a él, sonriéndole.

- Gracias por cuidar tan bien de mi hermana, Stan.

- Fue un placer –Asintió él, imitando la breve inclinación– Y a pesar de tener que cuidar los recursos y vivir frente al fuego y bajo múltiples mantas, no lo pasamos nada mal, ¿no, Kohaku?

- No, nada mal –Coincidió, tratando de contener una sonrisa pícara y el sonrojo, el maldito lo había hecho adrede, sin afectarse en lo más mínimo.

- Bien, me quedo tranquilo –Concluyó Kokuyo– Volvamos entonces. Kohaku, ¿quieres venir a cenar con nosotros hoy?

- Sí, claro, papá.

Stan entendió que lo que seguía para Kohaku era su reencuentro familiar, por lo que simplemente se despidió de ellos e hizo su camino. No miró para atrás, aunque en un momento pudo sentir el peso de una mirada encima, y sonrió para sus adentros. Le hubiera gustado despedirse de otra forma de ella, más con las promesas de citas y de que empezara un vínculo más personal y romántico, pero habría tiempo de sobra. Sin embargo, hubo una sensación amarga extra que no esperaba sentir, una pizca de soledad, y el saber que nadie iría a buscarlo a él de esa forma, ni se preocuparían así. Él era el fuerte y el que todo lo podía, su gente no dudaba de que estaría bien.

La tarde pasó, cada uno con sus ocupaciones, volviendo a la rutina, y durante la cena familiar Kohaku se sorprendió de sí misma cuando no pudo dejar de pensar en Stan, preguntándose si estaría solo, si estaría comiendo algo calentito también. Le hubiera gustado invitarlo, pero sabía que sería un poco raro e incómodo para su familia, que no tenían un trato confiado con él más allá del respeto mutuo. Estuvo así de distraída toda la velada, mientras tranquilizaba a su hermana contándole lo que había sido de esos días de refugio. No dio los detalles de la cercanía con el soldado, aunque sí se encargó de dejarlo bien parado con sus actitudes de ayudarla a entrar el calor. Cuando volvió a su cabaña y se acostó, no pudo conciliar el sueño por un buen rato.

Estaba calentita con su vestido de piel y las mantas, y sin embargo sentía un poco de ese "frío por dentro" que había mencionado Stan dos noches antes. Pudo identificarlo como soledad, no tenía nada que ver con el frío del ambiente. Su cama era pequeña, entraba sola y justa, y a la vez se sentía vacía y grande. ¿Tanta diferencia había hecho mella en ella la compañía y calidez de Stan? Kohaku tuvo su respuesta de inmediato, al recordar justo el momento pasado en el que Stan le había expresado haberse sentido "frío por dentro". Finalmente entendió aquel sentimiento, la cercanía e intimidad que había compartido con Stan por tan solo unos días, habían resultado para ella de gran importancia y significado, sabía que no solo por haberse acostumbrado, lo extrañaba honestamente, con su corazón.

La rubia se removió en la cama hasta sentarse, ya era bastante tarde, todo estaba a oscuras y en completo silencio, pero el sueño estaba lejos de llamarla. Aquel frío interior seguía expandiéndose en ella, comenzaba a provocarle cierta desesperación, no era algo que podía controlar, a pesar de que ella no era de controlarse ni de reprimirse, y entendió que sólo había una forma de resolver esa sensación. Abandonó la cama de un salto, rápidamente buscó uno de sus abrigos para cubrirse y dio paso a dirigirse hasta una de las ventanas de su habitación, más silenciosa al abrirla que la puerta a veces chirriante.

La luz de la luna iluminaba lo suficiente como para distinguir el ambiente nocturno, todo despejado y en absoluta calma, aunque igual trató de ser sigilosa para no llamar la atención. Quitó el seguro de la ventana y con sumo cuidado la abrió para asomar más su vista y mirar de lado a lado, impulsó su cuerpo hacia arriba y se trepó por el borde para ponerse de pie con la intención de saltar desde ahí, lo había hecho tantas veces que era algo natural y fácil para ella. Saltó y aterrizó con destreza, sonrió confiada y de inmediato se echó a correr en dirección hacia donde se ubicaba la casa de Stan. Evitó ir por la calle principal y optó por tomar un atajo por los callejones entre las casa y edificios vecinos, mientras corría hacia su destino su sonrisa se ampliaba más, era tanta su emoción que no le importaba tanto la sensación de la helada brisa que percibía sobre su rostro, nariz y mejillas.

Al cabo de unos minutos llego al sitio donde se encontraban una fila de casas un poco más grandes que la suya, y en un estilo mucho más parecido a la casa de descanso de Xeno, en ese "barrio" se habían acomodado la mayoría de los estadounidenses que se habían establecido en la zona. Lo bueno era que, si alguien la veía llegar, tampoco haría un comentario ni preguntaría, en especial porque Stan era de los que todavía inspiraban un respeto un tanto intimidante, nadie iba a ser chismoso con su vida.

Se detuvo delante de la puerta de la casa, mientras volvía su respiración a la normalidad luego de la corrida, sintiendo un cosquilleo en el estómago porque se había animado a ir hasta allí. Cuando se relajó un poco, dio un par de golpes a la puerta, fuertes, pensando que seguramente él estaría en su dormitorio. Le dio un poco de culpa saber que quizás lo estaría despertando a media noche, pero no creía que el rubio se molestara por ello. Un minuto después, cuando estuvo a punto de tocar otra vez antes de darse por rendida, la puerta se abrió. Stan no dudó en abrirla sin preguntar antes quién era, de seguro estaba ya en la cama ya que vestía una camiseta y unos pantaloncillos holgados, mucho más relajado que con su vestimenta normal. La expresión brevemente intrigada del soldado ante su tardía visita sin aviso cambió a una de total sorpresa.

- Kohaku, ¿qué haces aquí a esta hora? ¿Sucedió algo malo?

- No, perdón por lo repentino y tarde. Pero...Tenía frío... De ese que no se quita con el abrigo.

- Oh.

Inmediatamente luego de la sorpresa inicial al verla y oír eso, Stan sonrió. Dándose cuenta de cuánto podría malinterpretarse, se explicó.

- Perdón, no disfruto de que te sientas de esa forma, sino que yo también confieso que me sentía un poco así, y estaba pensando en ti. Me asombra que hayas venido hasta aquí.

- Sí, bueno... No lo pensé mucho, fue el impulso. No podía dormir.

- Yo tampoco logré hacerlo –Admitió en voz baja– Dormí tan bien contigo, que hoy hasta mi propia cama me parecía desconocida y fría.

- Sí, así mismo me pasó –Miró de reojo hacia dentro– ¿Puedo...?

Antes de que Kohaku alcanzara a terminar lo que estaba diciendo, Stan abrió la puerta de par en par y se hizo a un lado, invitándola a entrar con un gesto de la mano. Ella sonrió en respuesta, avanzando, y ni bien el soldado cerró la puerta, la rodeó por la cintura y le dio un suave beso en los labios, sorprendiéndola, aunque ninguno se alejó rápido.

- Ahora sí, ese es un saludo más apropiado para nosotros, ¿no crees? –Le dijo con voz acaramelada.

- Ah, ¿sí? –Re-preguntó, con una pequeña sonrisa.

- Sí, y es lo mínimo con lo que tendría que recibirte luego de que pasaste frío viniendo hasta aquí –Dijo, completando el abrazo alrededor de la cintura de ella con su otro brazo– ¿Quieres tomar algo caliente primero, para entrar en calor? Ya que ninguno está con mucho sueño todavía.

- Buena idea, gracias.

- Acomódate a tu gusto, también si quieres quitarte el abrigo y buscar algo mío para cubrirte, ropa o manta, siéntete como en casa.

- Gracias, Stan, eso es muy gentil.

El rubio le contestó con una preciosa sonrisa y otro beso en los labios, antes de soltarla y dirigirse a la cocina para hacer la bebida. Preparó un té, ya tenía el agua medio tibia de usarla previamente. Era tan curioso como agradable cómo estaba sintiendo una inmediata paz interior, también había contento, desde que le había abierto la puerta a Kohaku. Como si la hubiera llamado con el pensamiento, allí había aparecido en medio de la noche, todavía no terminaba de creerlo. Él había deseado verla, había estado pensando recurrentemente en ella, recordando que debía estar con su familia teniendo una bonita cena, pero si tenía que ser honesto, no se hubiera atrevido a ir a buscarla, estaba resignado a pasar esa noche solo, y la vería al día siguiente.

Le conmovió que ella sí hubiera sentido un llamado muy fuerte de ir a buscarlo, de no conformarse con el amargo sentimiento de soledad y extrañarlo, y de presentarse allí para preguntarle si podían dormir juntos. ¿Qué tal valiente y decidida era? Qué chica especial, como ninguna otra que había conocido, ya el "nada mal" le estaba quedando corto.

A unos pocos metros de allí, en la otra sala, Kohaku conocía por primera vez la casa de Stan por dentro, nunca antes había entrado. Por más que él le había dado plena confianza de recorrer y ponerse cómoda, no quería ser indiscreta, por lo que se limitó a mirar alrededor tímidamente, se quitó el abrigo y se sentó en un cómodo sofá que había en la sala. Era más blando que el de Xeno, se hundía más en él, no daban ganas de levantarse después, era acogedor. Ya estaba tranquila de que Stan la había recibido bien y bonito, haciéndola emocionar un poco con ese "saludo apropiado para nosotros", y tan predispuesto a besarla de esa forma dulce, a ella todavía le costaba hacer esas cosas, pero las apreciaba y le gustaban.

El rubio se asomó discretamente para ver qué estaba haciendo ella, y cuando la vio ya sentada mirando alrededor con curiosidad, sonrió a medias. Fue a su dormitorio rápidamente a buscar una buena manta pesada y abrigada, y volvió a la sala de estar para aparecer por detrás de la joven y estirarla con un vigoroso movimiento para dejarla caer sobre Kohaku, cubriéndola hasta el cuello.

- Y eso que te dije que te sintieras como en tu casa. ¿Te gusta pasar frío en la tuya?

- No... –Se sonrojó, apenada– Pero no me sentía cómoda con la idea de recorrerla y curiosear sola, perdón.

- Entonces ven, te hago un mini tour mientras se calienta el agua.

- Dejo la manta aquí, por el momento.

Stan asintió, al menos había sido suficiente con el gesto de cubrirla, que ella entendiera su intención y que quería verla relajada y cómoda. Le ofreció su mano cuando se puso de pie, llevándola y mostrándole dónde había cada cosa. No tenía una casa demasiado grande, tenía las habitaciones y el tamaño justo para estar cómodo, él y una persona más, ya que había considerado la posibilidad de estar en pareja con alguien, más allá de las citas ocasionales. Tampoco había sido muy quisquilloso con el diseño, era más de la funcionalidad y comodidad sin abarrotar su espacio. Cuando llegaron al dormitorio, Kohaku se sorprendió de ver la cama grande, apenas un poco más chica que la de Xeno.

- ¿Para qué tanta cama para ti solo? –Preguntó Kohaku.

- Ah, eso no se negocia, no hay nada mejor que estirarme y rodar a mis anchas, si quisiera.

- Tampoco te mueves tanto en la noche.

- Quizás no, pero insisto en que cuando te despiertas por la mañana, no está nada mal extender los brazos y que sigan estando contenidos por el colchón a los lados, y acomodarme como me dé la gana –Y agregó, en voz más baja– Y ya vez que es conveniente para la comodidad de una visitante.

Kohaku trató de omitir el pensamiento de que eso significaba que seguramente no había sido la única "visitante nocturna", ya que le provocó una pequeña punzada, una que nunca había sentido en su vida y no sabía cómo manejarla, por lo cual intentó desecharla. En su lugar, decidió bromear un poco más con él.

- Dices eso, cuando cada día que nos despertamos, más que estirados, estábamos como planta enredadera de tan juntos.

- Mucho mejor plan que despertarse y estirarse solo y frío en medio de la cama, sin alguien con quien compartir el inicio del nuevo día, ¿no? –Retrucó él, astuto, deslizando sus dedos como cosquillas por los costados de ella.

- En eso sí tengo que darte la razón, al menos –Aceptó.

- Ah, el agua debe estar lista. Vuelve al sofá y deja un lugar para mí bajo la manta.

Para corresponderle un poco, Kohaku se puso en puntillas y alcanzó a darle un beso en la mejilla al soldado, lo que lo sorprendió un poco, dejando ver una inocente sonrisa.

- Hazlo otra vez.

- ¿Eh? ¿Por qué?

- Por favor, fuiste demasiado adorable.

Vergonzosa ante esa exposición, lo empujó a un lado y fue a sentarse en el sillón, aunque con una sonrisa en el rostro y mirándolo desde allí. Un breve momento después, Stan llegó con las dos tazas humeantes de té, además de un plato con unas galletas que tenía, solía recibirlas de regalo. Ella le hizo lugar bajo la manta, cubriéndolo primero y aceptando la taza después. Con su mano libre, el rubio la acercó un poco más a él, dejándola apoyada sobre la cadera de ella mientras bebían el té disfrutando silenciosamente de la compañía que tanta falta les había hecho, muy a gusto. Cuando terminaron la bebida caliente, incitado por ese calmo ánimo, le dio un tierno beso en la sien, sosteniéndole la mirada cálida cuando ella lo miró y sonrió, apretando su mano suavemente en la camiseta de él, sobre su abdomen.

- Gracias por venir, Kohaku. La noche está resultando mucho más agradable ahora.

- Yo también estoy contenta de haber venido, y gracias a ti por recibirme.

- Cuando quieras –Susurró, mientras se acercaban ambos para unir sus labios, en cortos y sucesivos besos. Una vez satisfechos, continuó hablando– ¿Vamos a dormir?

- Extrañé esa invitación hoy –Contestó, asintiendo con una sonrisa.

Dejando la manta abrigada allí, se dirigieron al dormitorio, que ya estaba con la cama deshecha ya que Stan había estado intentando dormir previamente. Antes de que Kohaku tuviera el ademán de meterse en la cama, él se adelantó a un detalle.

- No soy como Xeno, no me sacaría de quicio que te acuestes con tu ropa normal, como viniste. Pero si quieres dormir más cómoda, te puedo prestar algo mío.

- Está bien, gracias.

El soldado abrió su armario, tomando una camiseta como la que llevaba puesta y se la dio para que se la pruebe. A diferencia de la muy ajustada camisa de su esbelto amigo, ésta le quedaba hasta grande a la joven, viéndose sólo un poco más ajustada a la altura de los pechos, y sí mucho más tirante alrededor de las caderas y el trasero, quedándole como un vestido corto ya que le llegaba hasta los muslos. Se veía muy bonita y le parecía hasta sensual, o quizás le resultaba mucho más porque estaba vistiendo la ropa de él.

- Estoy cómoda, me gusta.

- Y a mí me gusta lo que veo, te queda perfecta. Es más, te la regalo.

- ¡Ja! ¿De verdad?

- Sí, toda tuya.

- ¡Gracias! No tengo ropa de dormir, así que podría usarla para cuando dormimos juntos.

- Eso también me gustaría verlo, nada mal.

Como él ya estaba listo para dormir, se acostaron de inmediato, apagando la luz del velador que se apoyaba en la mesita de noche. Kohaku tuvo una agradable sorpresa que la hizo sonreír ampliamente, aliviada.

- Oye, tu cama es más calentita que la de Xeno.

- Bien que lo notaste, las sábanas son de franela, un tejido especial para el frío, además de las mantas. Y no sólo la cama mi habitación lo es, porque yo sí tengo calefacción aquí.

- Qué gusto dormir aquí –Dijo contenta, acurrucándose con una sonrisa en el rostro.

- Me alegra que te sientas así, eres bienvenida cuando quieras. Pero esta comodidad no nos va a quitar lo mejor de todo esto, que es...

Luego de cubrirse bien, abrazó a Kohaku y la jaló hacia él hasta chocar sus cuerpos, entrelazando sus piernas. Los dos cerraron los ojos de puro contento, ampliando su sonrisa.

- Así es, para esto vine.

Rieron suavemente por lo bajo, acariciándose mutuamente con cariño para mejorar aún más la bonita sensación de dormir juntos que tanto habían anhelado. Justo después de que Kohaku hubiera apoyado su cabeza contra el pecho de él, lo que significaba que esa noche simplemente dormirían de forma inocente, Stan quiso compartir un último gusto, al menos.

- Sólo me falta mi besito de las buenas noches, ese es el que garantiza los dulces sueños.

- Ah, ¿sí? ¿Y cómo es? –Preguntó la rubia, siguiéndole el juego, le había resultado muy tierno.

- En la frente alcanza y es bonito, pero si me dejas elegir, me quedo con la dulce sensación de tus labios en los míos.

- Bien, entonces vamos por ese.

Kohaku levantó la cabeza y se estiró para acercarse hasta el rostro de él, depositando el más largo y cariñoso beso que pudo darle. Tuvo que admitir que para cuando lo terminó y se alejó, de verdad se sentía más tranquila y predispuesta a un bonito sueño. Volvió a acurrucarse contra él, al fin sabiendo que en cuanto cerrara los ojos, su cuerpo y su mente sí iban a entregarse a un buen descanso.

- Buenas noches, Stan.

- Más que buena, será la mejor. Que descanses.

Tal como imaginaban, el sueño les alcanzó al poco rato, sus respiraciones volviéndose más livianas. Durmieron de corrido toda la noche, un gran descanso mucho más calentito y cómodo que el de las noches anteriores. Tan profundo lo hicieron, que cuando la mañana llegó, seguían prácticamente en la misma posición y manteniendo el abrazo. Kohaku se despertó primero, el que no fuera su cama también había sido el motivo, y sonrió nomás ver el apuesto y relajado rostro del estadounidense. ¿Era algo normal, despertar con tanta paz interior y a la vez calor en su pecho? Como si no necesitara nada más para ser feliz, si sólo se concentraba en disfrutar del momento y la compañía.

Con ese pensamiento, y aunque le daba pena despertarlo, levantó su mano para acariciarle con suma delicadeza la mejilla, sonriendo con afecto cuando al poco rato lo vio suspirar y frotar su rostro contra la mano de ella, todavía con los ojos cerrados. Lo escuchó hablar, en voz ronca y rasposa, aunque suave.

- No hay forma de que quiera levantarme de esta cama si así empieza el día. Nunca la disfruté tanto como hoy.

- Digo lo mismo, pero lamentablemente tengo que irme lo antes que pueda.

- ¿No puedo secuestrarte? –Murmuró, abriendo sus ojos, poniendo adrede una expresión de cachorrito en ellos.

- No deberías pedírmelo si fuera el caso, pero igual hoy me resistiría con todas mis fuerzas, a mi pesar –Rió ella, que se le había hecho muy difícil la negativa cuando recibió esa mirada– No juegues sucio, ¡esa mirada no vale!

- ¿Qué mirada? Son mis ojos, como siempre –Fingió inocencia, batiendo sus largas pestañas, lo cual lo hizo hasta más atractivo.

- Basta ya... –Advirtió, divertida. Luego miró alrededor, notando una buena ventana por la que podría pasar sin problemas– Stan, ¿cuál es la mejor ventana por la que puedo salir, para que no me vean?

- ¿De qué hablas? –Rió Stan– ¿Planeas escapar de aquí como si fueses una amante prohibida?

- No lo pienso así, pero no creo que sería bueno que me vieran salir de aquí temprano en la mañana, van a saber que dormimos juntos.

- ¿Y cuál es el problema? Vas a salir por la puerta principal a toda honra, como corresponde.

- No, Stan, lo digo en serio.

Ante esa firme respuesta, el rubio parpadeó un par de veces y se quedó estupefacto, hasta que varios pensamientos y cuestionamientos llegaron al fin a su mente, junto con una sensación más pesada en su pecho, arruinando su increíblemente buen humor mañanero.

- ¿Quieres que sea un secreto que estamos empezando a estar juntos? Tú fuiste la que propuso que hubiera un "nosotros", y estabas contenta hasta con la idea de las citas y eso. No me imaginé que lo quisieras hacer a escondidas.

- ¡Lo sé! No quiero que sea a escondidas como dices.

- ¿Entonces? Me falta una pieza en el juego. Anoche entraste por la puerta, no por la ventana.

- Sí, pero no había nadie en la calle. Sólo no ahora, así, que sea una sorpresa que de pronto salgo de tu casa tan temprano. Si mi padre se enterara...

- ¿Cuántos años tienes, Kohaku? No eres una niña ya.

- No, pero prefiero que lo sepa porque yo se lo diga, y no que alguien le haga el comentario de "así que tu hija está de novia con Stanley, felicitaciones".

- Nadie aquí va a hacerlo, mis colegas no son indiscretos.

- Lo imagino, pero no estoy hablando de tus colegas. Stan –Se acercó a él en la cama, abrazándolo más fuerte cuando lo vio de pronto serio y ofuscado– Sólo por esta vez, ya luego veré cómo hacerlo más prolijo. ¿Puede ser?

- Está bien, tampoco voy a obligarte a salir por la puerta –Contestó él, resoplando– Sólo no quiero que te sientas como que estás haciendo algo malo, no hay vergüenza en lo que estamos haciendo.

- Gracias. Perdón, no quise que pensaras que me avergüenza estar contigo. La próxima vez lo haré mejor –Al ver todavía el rostro serio de él, una repentina inseguridad la invadió, quizás le parecía una chiquilla después de esa escena, ya que le había oído ese comentario– ¿Habrá...? Habrá una próxima vez, ¿cierto?

- Hoy empezaste la mañana diciendo algunas tonterías, Kohaku –Suspiró Stan, y luego sonrió a medias, mientras le devolvía el abrazo bajo las mantas– Por supuesto. Y como dijiste hace un momento "de novia con Stanley", no puedo ignorar eso tampoco.

- ¡Así lo dirían los demás! –Se excusó, sonrojada.

- ¿Entonces no quieres ser mi novia?

- ¡No dije eso!

Stan se rió con diablura, y la abrazó con más fuerza, rodando para quedar de espaldas con ella encima suyo. Al menos con esa pequeña broma se había divertido y mejorado su ánimo nuevamente, Kohaku se alborotaba por cualquier cosa. Tenía que admitir que hasta a él se le habían saltado unos latidos cuando pensó en un noviazgo oficial tan pronto, nunca había hecho algo así antes, pero las etiquetas era lo de menos, ellos eran los únicos que sabían lo que pasaba en su relación, lo demás sería sólo para ahorrarse preguntas o comentarios de otros. Tampoco le molestaba el pensamiento de hacerlo por ellos, todo se sentía tan bien y natural con Kohaku.

- La próxima vez no será necesario que tú lo hagas, tranquila.

- ¿A qué te refieres?

- Que yo seré el que se escabulla por tu ventana. Será divertido, nunca tuve que hacerlo antes, pero sé de otros que sí... Aunque por motivos menos inocentes y fieles.

- No tienes que hacerlo, de verdad.

- Ya lo veremos. Por lo pronto, ¿tienes fecha para esa "próxima" vez? –Inquirió, con una sonrisa juguetona.

- ¿Esta noche?

- Oh...

Luego de una nueva sorpresa que lo descolocó, Stan estalló en una carcajada. No se esperaba esa respuesta, ni ese tipo de ansias por empezar a verse tan pronto, aunque de seguro no tenía mejor plan que ese, y no debía extrañarle si la realidad había sido que no habían siquiera pasado un día alejados. Le encantaba la impulsividad y honestidad de Kohaku, no daba ninguna vuelta a las cosas, ella quería algo, y lo iba a buscar.

- Hazme parte de la broma, ¿quieres? No creo haber dicho algo gracioso –Refunfuñó la rubia.

- No, no es tanto una broma, sino que me encantó tu respuesta. De acuerdo, esta noche. ¿Debería entrar por la puerta, o también por la ventana?

- ¡Ja! Si vienes a una hora en la que ya no haya nadie en la calle, puedes entrar por la puerta. Tengo una ventana trasera, pero creo que sería más sospechoso que alguien se colara en mi casa por la noche desde la ventana.

- Es cierto. Ya resuelto eso, ahora vamos a lo rico.

Recortó la distancia entre ellos para besarla, deslizando sus manos por los costados del cuerpo de ella, profundizando el beso apenas fue correspondido. Si bien había estado muy bonita la tranquila noche que habían pasado juntos, no estaba nada mal revivir un poco más de pasión como habían tenido la noche anterior. Pudo sentir cómo Kohaku se iba dejando llevar, buscando más a su vez. Sonrió con picardía e interrumpió los besos.

- Perdona, me distraje. Como decía, vamos a lo rico ¿desayunamos antes de salir?

La expresión de la rubia valió oro, aunque lo había dicho adrede. Siempre tan transparente, Kohaku dejó ver que para ella lo "rico" lo había entendido como ese momento de besos y caricias, siguiendo la intención de él. Por lo cual con esa broma de cambiar a algo que verdaderamente era rico y el adjetivo era más apropiado y tradicional, la hizo lucir con una pizca de vergüenza como si hubiese creído que sólo ella lo había pensado así. Para no jugar a costa de ella con eso, giró su cuerpo para volver a recostarla de lado, y luego dio un impulso extra para quedar él arriba, sosteniendo un poco el peso de su cuerpo para no aplastarla.

- Lo de recién también fue rico, no lo dudes. Pero lo es demasiado, y me temo que, si seguimos con eso aquí, será nuestra tardanza lo que nos delatará, más que salir por la puerta o la ventana.

- Hmm, sí –Murmuró Kohaku, admitiendo para sus adentros que ese breve intercambio fogoso la había hecho olvidar de todo lo demás, incluso su previo apuro– Bien, acepto el desayuno, pero de verdad tiene que ser rápido.

Mientras Stan lo preparaba, Kohaku volvió a ponerse su vestido, doblando cuidadosamente la camiseta regalada para llevársela. Luego de llenarse el estómago rápidamente, Stan salió de su casa para comprobar si había vecinos en la calle, y como sí había algunos, dejó que Kohaku se trepara y saliera por la ventana de su dormitorio. Negando con la cabeza, divertido, vio cómo ella daba el ágil salto y desaparecía de su vista.

La sonrisa la mantuvo tatuada en el rostro durante buena parte del día, lo cual generó la curiosidad de sus colegas, era demasiado raro verlo sonreír a toda hora y sin motivo, mientras caminaba solo. Sólo Xeno se enteró del motivo de aquello, y también mostró su contento de ver a su amigo tan animado como no lo había visto en años. Stan solía tener buen humor y hacía sus bromas, pero su rostro solía verse entre tranquilo y serio, y sus expresiones siempre calmas, por lo cual una sonrisa tan evidente llamaba sin dudas la atención.

Nunca antes el soldado había esperado una noche con tanta ansiedad, y por ese motivo el día le pasó muy rápido. Habían acordado cenar cada uno por su cuenta, y que alrededor de medianoche, cuando la mayoría de la gente ya estaba en su casa en esas tranquilas zonas residenciales, Stan iría a la casita de Kohaku. A diferencia de ella, él no pensaba ser tan secreto y precavido, por lo cual simplemente se vistió con su uniforme y se dirigió caminando tranquilamente, mientras fumaba su cigarro. Como tampoco había ningún curioso asomando en la calle en la que se encontraba la casa de la joven, simplemente se asomó por la ventana del frente de la misma. No tuvo ni que golpear suavemente para avisar su llegada, Kohaku ya lo estaba esperando allí sentada, quién se levantó de un salto y abrió la puerta con mucha lentitud para que no chirríe, ni siquiera lo saludó antes de jalarlo por el brazo para hacerlo entrar rápidamente, y cerrar la puerta con la misma cautela.

- All clear? –Preguntó Stan en broma, ante tanto sigilo– ¿Podemos saludarnos ahora como dos personas normales y para nada sospechosas?

- Perdón, pero que tú hayas venido hasta aquí en realidad me había puesto más nerviosa, no puedo decir lo mismo de la discreción de mis vecinos que la de tus colegas, yo no soy tan intimidante como para que no me hagan preguntas.

- Entonces...

Stan se acercó, apoyando sus grandes manos en los hombros de ella, frotándoselos como para pedirle que se relajara. Cuando la rubia al fin suspiró y mostró su grande y bonita sonrisa usual, él deslizó las manos hacia abajo para abrazarla y se inclinó para darle un beso en los labios, que ella correspondió al ponerse de puntillas.

- Ahora sí. Hola, Kohaku.

- Hola, Stan.

- Sabes, si hubiera podido cenar aquí, esto ya podría considerarse una cita. Voy a tomarla como media, porque igual fue un encuentro acordado y que pasaremos juntos la noche.

- ¡Ja! Es lo justo.

- ¿Así que esta es tu casa? Acogedora –Dijo, mirando alrededor.

- Hmm, me temo que es muy distinta y mucho más sencilla que la tuya, se parece más a las cabañas de la aldea. No tengo sofá ni esas cosas.

- No hay problema, es a tu estilo y con tus costumbres. No vine aquí para opinar sobre tu hogar, vine para estar contigo.

- Oh... –Sonrió más relajada, además de sonrojarse ligeramente por la cálida mirada y lo que dijo él– ¿Pasaste frío? ¿Quieres algo caliente para beber?

- No, estoy bien, gracias. Sólo si tú quieres beber té, te acompaño con otro, pero no suelo beber mucho antes de ir a dormir.

- Entonces podemos ir a la cama, y pasar el rato allí.

- Buena idea.

- Ah, sobre eso...

Con una expresión un poco avergonzada, Kohaku tomó la mano de Stan y lo llevó hasta su modesto dormitorio, que era simplemente una cama individual y un pequeño armario para su ropa, y tenía unos pocos decorados recordatorios de su aldea colgados en la pared.

- Me temo que no tengo tampoco la cama grande y cómoda que te gusta, estaremos muy justos en esta.

- ¿Y eso es un problema porque...? –Preguntó Stan, mostrando que no le afectaba.

- Porque puedes estar incómodo, no podrás ni estirarte ni moverte demasiado, y tú eres alto y grande. Hmm, ¿o pongo unas mantas y dormimos en el piso?

- Por cómo lo veo, es ideal para dormir con este frío, vamos a asegurarnos de estar bien acurrucados y juntitos, ¿no lo crees? –Dijo con voz suave y acaramelada, abrazándola por detrás.

- Sí, eso es cierto –Admitió con una risilla– ¡Ah! ¿Trajiste tu ropa de dormir?

- No... No iba a venir con un paquete de ropa extra si venía en plan sigiloso.

- Y yo no tengo nada para darte, no tengo ropa de hombre aquí, salvo tu camiseta, y yo duermo como siempre.

- No te preocupes, no la necesito. ¿O te olvidaste que pasamos varios días durmiendo en ropa interior?

- Sí, es verdad –Se giró, de pronto bajando la mirada y hablando más bajo– Ay, pero me da pena que hayas venido y tengas que pasar más frío, tampoco tengo esas sábanas abrigadas.

- Kohaku, relájate de una vez, mujer –Insistió Stan, colocando sus manos en las mejillas de ella para que lo mirara a los ojos– De verdad, ya, tranquila. Además... –Cambió su voz a un tono más seductor– Tenemos nuestras formas para entrar en calor y mantenernos así, que recuerde.

Dicho eso, aprovechó lo cerca que estaban para besarla, profundizándolo casi al instante para volverlo más urgente y apasionado, sin separarse hasta haberla dejado casi sin aire.

- ¿Lo ves? Así, por ejemplo. Te aseguro que no pasaremos frío.

Asintiendo con los labios entreabiertos, fue Kohaku la que a continuación colgó sus brazos alrededor del cuello de él, atrayéndolo cuando luego enterró sus dedos en las suaves hebras del cabello del rubio. No dejaba de sorprenderle lo rápido que podían ponerse fogosos con tan sólo unos besos, y Stan no quedaba atrás y ya había bajado una mano para acariciar y jalarle la cadera para pegarla a su cuerpo. Entre besos, jadeos y caricias se fueron dejando llevar, no habían planeado eso, pero no iban a detenerse tampoco.

- ¿Te ayudo a desvestirte para dormir? –Preguntó con picardía Kohaku, llevando sus manos a los botones del uniforme militar.

- Por favor, gracias –Aceptó, para después darle un beso que parecía pretender devorarle la boca, contrastando con la cortesía de las palabras de ambos.

El gemido de la joven se ahogó en la boca de Stan, al tiempo que esa presión hirviente en su bajo abdomen comenzaba a hacer su presencia. Con rapidez, desabrochó hábilmente los botones del saco, y se lo quitó bajándoselo por los hombros. Lo arrojó a un lado, cuando oyó que algo pareció salirse del bolsillo y caer al piso con un sonido más notorio. Interrumpió el beso para mirar alrededor, y entrecerró los ojos cuando encontró el objeto que había caído. Pensaba que había sido la caja de cigarrillos que Stan siempre llevaba con él, pero se sorprendió al ver un desconocido y fino paquetito cuadrado.

- ¿Qué es eso que se cayó? –Preguntó, alejándose de Stan para agacharse a levantarlo.

- Ah, mierda –Murmuró el soldado, incómodo, identificándolo.

- Nunca vi algo así, y está bien cerrado... ¿qué es? –Inquirió, tocándolo y tratando de adivinar por el tacto.

- Eeh... Bueno, es un condón.

- ¿Un qué? –Repitió, confundida.

- Un método de protección moderno para... –No le incomodaba tanto la explicación, como sí hacerlo en ese preciso momento y cuando no lo habían hablado antes con Kohaku, sólo lo había llevado por precaución, no estaba nunca de más– Tener relaciones sexuales.

Los ojos aguamarina de la rubia se abrieron de par en par al oír las últimas palabras, mientras se sonrojaba furiosamente y no se atrevía a moverse ni un milímetro, procesando las palabras. Stan empezaba a sudar frío, no era así como se había imaginado que podría salir el tema, menos con una mujer que no había tenido ese tipo de intimidad antes con un hombre. Una cosa era ese momento apasionado que habían compartido cuando se habían frotado mutuamente, sin quitarse la ropa, un "simulacro" podía decirse. Otra cosa era que Kohaku empezara a pensar que él ya estaba presentándose esa misma noche con la idea de que sucediera, porque tampoco era que iba a trabajar con un condón en el bolsillo. Esperó a la respuesta de ella, tragando duro.

- ¿Esperabas que nosotros... hiciéramos "eso" hoy? –Preguntó en voz baja la joven, sin mirarlo.

- No, no, lo tenía sólo por precaución, por si... –Se excusó rápidamente, hasta que se evidenció con el "por si" – Como ya tuvimos un acercamiento íntimo la última noche en lo de Xeno, y estamos empezando una relación, podía llegar a suceder que nos entusiasmáramos demasiado, y... Kohaku, si salía esa conversación, quería que vieras que estaba preparado de forma responsable, sólo eso.

- ¿Quién los hizo?

- Se los pidieron a los científicos, Xeno y Senku estuvieron de acuerdo, tomó un par de meses, y ya hace más de un año que están en circulación, se venden públicamente.

- Ah, no sabía nada de eso –Reconoció.

- Si no los has necesitado hasta la fecha, se entiende.

"Y tú sí", pensó para sus adentros, otra vez esa sensación amarga que trató de ignorar. Sacudió la cabeza, no era tema suyo, Stan era libre de disfrutar su vida amorosa o lo que fuera. Volvió a mirar el paquetito que tenía en sus manos, sorprendiéndose cuando un segundo después la mano de Stan cubrió su mano y el condón, apartándolo.

- Kohaku, no vine aquí esta noche con esa intención, ni pienso apurarte o presionarte para estar juntos de esa forma, te doy mi palabra. Sé que es muy pronto para ti, y como dije, sólo lo tenía encima por precaución. Olvídalo, y...

- No me molesta, Stan, sólo me sorprendió –Lo interrumpió, mirándolo a pesar de todavía sentir el rostro hirviendo– ¿Puedo ser honesta con lo que estoy pensando? Me gustaría saber luego cómo lo ves tú.

- Por supuesto, sí.

- Normalmente sí diría que es muy pronto. Pero... No sé, lo que estamos empezando a tener tú y yo tampoco creo que sea lo que yo misma consideraba normal. Es decir, en unos pocos días pasamos de compañeros a dormir juntos en la misma cama casi desnudos buscando calor corporal, de ahí a gustarnos y besarnos, y un día después incluso hicimos algo parecido a "eso", y ni siquiera habíamos hablado de estar juntos, novios ni nada. Nunca me pasó algo así antes, sólo tú... Sólo contigo me sentí así. Por todos los dioses, ni bien volvimos a nuestra vida normal, te extrañé a la primera noche, y aquí estamos otra vez, también fue idea mía que fuera tan pronto. Entonces, no sé qué tan apurado o no sea si de pronto queremos hacerlo.

- Comparto lo de que esto es especial, yo tampoco me he sentido tan atraído y pendiente de una mujer en muchos años. Tengo que ser sincero contigo, para mí tener relaciones sexuales con alguien no es una novedad, ni es algo que implique un antes y un después en mi vida. Por supuesto que, si disfruto unos besos o lo que hicimos la otra noche, me encantaría intimar contigo, pero no estoy aquí para eso. Por eso es que estoy bien con lo que sea que tú quieras, tú me dirás si quieres más o menos, antes o después. Ya te lo dije, I'm all in.

Kohaku se quedó pensativa un momento, sopesando cada una de las palabras de Stan. Le aliviaba que él se sintiera parecido, aunque todavía tenía la duda si para ella era más intenso porque era la primera vez que le gustaba un hombre, y tanto, era como una fiebre que no podía apagar. Era impulsiva, lo sabía, así como tenía la certeza de que no se arrepentiría de nada de lo que estaba pasando con Stan, lo hacía por ella misma, y por lo que él le correspondía. Si era honesta con sus sentimientos y ella lo elegía, eso era todo lo que importaba.

Esa realización le aclaró un poco sus pensamientos y tranquilizó su corazón. Respirando hondo, caminó unos pasos para dejar el condón en la mesita junto a la cama, y volvió para quedar frente a Stan, tomándole la mano.

- Gracias por aclararme tus intenciones, Stan. Como ya sabes, confío en ti, así que creo que será mejor que lo dejemos ser... Si queremos que pase, lo haremos, sino, será para más adelante. ¿Qué te parece?

- Me parece muy bien, coincido completamente– La rodeó por la cintura, aliviado de que había resultado bien esa repentinamente seria charla, y si era posible, admiraba más a Kohaku– ¿Continuamos donde lo dejamos? ¿Qué te parece?

- También me parece muy bien –Asintió ella, sonriendo.

Se acercaron al mismo tiempo uno al otro para reanudar sus besos, al principio más tranquilos que como habían terminado antes, disfrutando esa dulzura de compartirlo desde ese lado tierno del que habían abierto su corazón. Con esa profundidad que a la vez todavía era calma, no olvidaron que estaban desvistiéndose para acostarse a la cama, por lo que las manos de ambos fueron dirigiéndose a las ropas del otro para descubrir sus cuerpos. Kohaku desabotonó la camisa de Stan, quitándosela primero y arrojándola junto al saco, pasando sus manos luego por el firme y tan marcado pecho y abdomen del soldado, acariciarlo allí era un placer ardiente. Él hizo lo mismo, primero deshaciendo el nudo de la cuerda que ella siempre tenía atada bajo sus pechos, y después jalando hacia arriba el vestido completo para quitárselo por encima de la cabeza, dejándola en ropa interior. Stan se sacó sus zapatos ayudándose con sus propios pies, y dejó que Kohaku se encargara de aflojarle el pantalón de sus botones y cierres para bajárselo.

- Por más que me gustó tanto verte con mi camiseta, en este momento prefiero verte así.

- Con el calor que siento ahora, no creo que podría soportar esa camiseta encima.

- Mejor así. Te lo dije, nuestra menor preocupación si estamos juntos es la de pasar frío. Ahora toca probar las bondades de una cama de tamaño justo para nosotros, ya verás cómo funciona también.

Kohaku dejó salir una risilla, le encantaba la habilidad de Stan de hacer que todo pareciera acorde y conveniente, un hombre con humor que sabía ver las oportunidades y hacerla sentir cómoda cualquiera fuera la situación. Dio un salto para treparse a él, para luego llevarlo consigo a medida que se dejaba caer en la cama. El rubio cedió a esa fuerza, sonriendo y cayendo pesadamente sobre ella, apenas alcanzando a apoyar sus manos en el colchón para no aplastarla del todo, aunque no se la veía incómoda con ello. Por el contrario, en cuanto sus cuerpos chocaron juntos, Kohaku lo rodeó con sus piernas, mientras se aferraba a la amplia espalda de él sin dejar de besarlo cada vez más fogosa. No era sólo la pasión, sino la necesidad de querer más con el otro lo que los llevaba a aumentar la intensidad de sus besos, a que sus dedos se hundieran más en la carne en la forma que se acariciaban, perdidos en la más que cálida sensación de sus cuerpos, ya parecían afiebrados de tan ardientes que sentían cada toque.

Stan no dudaba que, si seguían así, estaban en el camino de que compartieran otro momento caliente juntos, ninguno iba a querer detenerse, y honestamente sería muy difícil hacerlo. Le encantaba la fuerza que Kohaku estaba aplicando para atraparlo entre sus piernas, ese pedido implícito de que quería tenerlo tan cerca. Eso lo excitaba muchísimo, lo cual no tardó en reflejarse en su cuerpo, un agradable cosquilleo recorriéndolo a medida que sentía cómo su miembro se despertaba. Acarició el muslo de la joven, subiendo su mano hasta rodearle el trasero, apretándoselo con ganas y aprovechando ese movimiento para jalarle la cadera hacia él y hacer que sus sexos se rozaran a través de la ropa interior.

Kohaku inhaló bruscamente ante la doble sensación, buscando luego los cincelados labios de Stan para besarlos con pasión. Bastó una mirada a los ojos esmeralda del soldado para estremecerse de gusto, la expresión que mostraba era demasiado sensual, con sus ojos entrecerrados y más oscuros fijos en ella con mucha intensidad, viéndose a través de sus largas y tupidas pestañas, y los carnosos labios entreabiertos entre los jadeos y los besos que compartían. Le gustaba demasiado lo que estaba sintiendo, ese placer entre electrificante y ardiente, completamente instintivo que la hacía mover su cuerpo y buscar más. El único pensamiento en su mente era que quería más de eso, y ya tenía una referencia de lo bien que podría sentirse.

Cuando las caricias de Stan llegaron a cubrir sus pechos por encima del sostén, fue un toque tan delicado como sensual, contrastando con un beso abierto y un mordisqueo en su cuello, que la hizo gemir en voz alta sin poder evitarlo. El rubio lo volvió a repetir, del otro lado del fino cuello, que Kohaku al instante ladeó para darle más lugar, le había estremecido por completo lo mucho que le había gustado. Pero le faltaba algo, en ese momento supo que quería sentir las deliciosas caricias de Stan directamente en su piel, todo su ser se lo pedía, por lo que lo soltó del firme abrazo y despegó un poco la espalda del sillón para colar su mano allí y desatarse el moño del sostén, dejándolo más fácil de sacar.

Oyó el suave jadeo del soldado, que entendió perfectamente lo que quería, y lo siguiente fue derretirse de gusto con una sonrisa plasmada en el rostro, mientras él le besaba las clavículas y los hombros alternadamente, tirando con sus dientes de los breteles del sostén para ir bajándoselos. Esa renovada pasión le estaba encantando, ningún pensamiento coherente pasaba por su mente más que desear a ese hombre y los placeres que le estaba dando. Luego de que él recorriera todo el borde superior de la piel de sus senos por encima de la floja prenda que todavía los cubría, finalmente lo vio acercar sus manos para sacar el sostén por completo por sus brazos.

Ese movimiento, y verlo por un momento a él sentado entre sus piernas, su espalda más erguida y cada músculo de su torso entrenado delineándose a la perfección, incluso hasta su bajo abdomen que acababa ocultándose en los calzones, aunque dejando ver un bulto muy notorio que los tensaba demasiado, además de ese rostro tan guapo y sensual que tenía, la dejaron inmóvil por unos segundos. El nivel de su propio deseo la sorprendía, nunca había admirado un cuerpo masculino así, que le provocara un fuego interno que urgentemente necesitaba aliviar, y la única forma parecía ser que él la tocara, aun así sentía que faltaba algo, aunque un rincón de su mente empezaba a susurrarle qué. Tampoco era todo físico, era con él con quién lo quería, con ningún otro.

Tal como pensaba, si apenas un toque sobre sus pechos se había sentido bien, lo que sintió luego cuando Stan volvió a recostarse sobre ella para acariciarla y besarla allí la hizo cerrar los ojos de puro gusto. Además de los tersos labios succionándole la delicada piel por primera vez, pudo sentir la muchísimo más suave, caliente y húmeda lengua de él recorriéndola también, dejándola casi con los ojos en blanco cuando alcanzó su pezón, e instintivamente arqueó la espalda hacia arriba.

- Aaah, Stan... –Gimió, casi jalándole un manojo de cabello sin querer.

- Lo sé –Susurró él contra su piel, mientras seguía con sus caricias, empezando a dedicarle la misma atención al otro pecho– Kohaku...

- ¿Hmm? –Preguntó, no tenía palabras.

- Mírame, por favor –Stan se detuvo para subir hasta quedar a la altura del rostro de ella, mirándola a su vez con intensidad, y le tomó una mano con ternura– Kohaku, confíame tu cuerpo.

La rubia supo al instante lo que quería decir con eso, era lo que estaba comenzando a desear por sí misma, y ya lo estaba haciendo desde que decidió revelar más de su cuerpo para que él lo acariciara. Si había sido casualidad o destino que habían tenido esa conversación antes, no lo sabía, pero incluso se sentía más tranquila y preparada.

- Sí, y más que sólo mi cuerpo. Está bien, no quiero otra cosa ahora. Estoy en tus manos, Stan.

- Eres tan preciosa –Susurró, emocionado por la confianza inmediata, la veía tan clara en los ojos aguamarina.

Stan conectó sus labios para besarla de forma larga, lenta y con suma dulzura, rodeándola en un abrazo. Era preciosa, porque no sólo era bonita o hermosa, era valiosa, brillaba desde el alma, y por sintonía hacía brillar a los que estaban con ella. No encontraba palabras para describir lo que sentía, abrasaba su corazón, una radiante sonrisa brotaba naturalmente. Cuánto tenía que agradecerle a esa tormenta de nieve por haberlos acercado, porque lo demás, había sido simplemente ellos en su esencia, conectando. Y que esa preciosa mujer lo quisiera y le entregara su cuerpo y su corazón sin la menor duda, era algo que lo abrumaba, quería retribuírselo con todo de sí.

Manteniendo el abrazo de un lado y apoyando su codo para sostenerse, le acarició la mejilla con la otra mano, deslizándola para acariciarle el cabello, encontrándose con la cuerda que ataba la coleta. Pensó que debía de ser un poco incómodo estar acostada boca arriba con esa gruesa cuerda atrás, por lo que le preguntó si podía sacársela y soltar su cabello, a lo cual ella asintió. Lo hizo con esa mano, arrojándola a un costado, pero cuando volvió a mirarla se quedó unos segundos asombrado, parpadeando al verla: Se veía aún más bella con ese pequeño cambio, su cabello lacio y rubio cubriendo la almohada.

- Oye, no te ves nada mal así, déjate el cabello suelto más seguido, te queda perfecto.

- Ah, es que me suele molestar para entrenar y todo lo que me muevo.

- Claro, lo tienes medio largo, se entiende. Entonces déjatelo así para mí ahora, y para cuando nos veamos, te ves hermosa.

- Oh, está bien. Gracias –Aceptó el cumplido, mostrando una sonrisa tímida, no solía recibir ese cumplido con frecuencia.

- Es más, déjame verte bien.

Stan se sentó sobre sus pantorrillas mientras la sostenía firme por la espalda y la llevaba con él para sentarla a horcajadas suyo. El movimiento sorprendió a la joven, y se sonrojó un poco cuando vio cómo los ojos esmeraldas la recorrían apreciativamente de arriba abajo, su parcial desnudez se sentía aún más expuesta.

- Toda una diosa guerrera, eh, nada mal –Apreció el soldado, acariciándole un largo mechón de cabello, y colocándoselo por delante.

Como notó que ella parecía apenada por el sensual escrutinio, Stan se acercó para volver a besarla, mientras con la mano que seguía por allí la llevó a acariciarle nuevamente un pecho. Le encantaba la sensación del mismo pesando y llenando su mano, amoldándose gracias a su caída natural por la gravedad. A medida que Kohaku se fue dejando llevar una vez más, también empezó a abrazarlo y acariciarlo, otra dulce sensación. Cuando sus manos llegaron hasta las caderas de ella, pasó su mano por las finas cuerdas de sus bragas, le hacía gracia cómo esas cuerditas estaban en casi toda la vestimenta de ella, en su cabello, su vestido y hasta ropa interior, por más de que ya había ropa más moderna para todas las personas.

La miró de reojo, con un pedido de permiso silencioso para bajárselas y terminar de desnudarla, lo cual ella entendió y asintió. Lo hizo desde esa misma posición en que estaban, y cuando se la bajó hasta los muslos y ya no pudo más porque chocaban contra los de él, la volvió a recostar contra el colchón para terminar su tarea. Luego de arrojarlas a un lado, sintió un tirón en sus calzones, y se sorprendió de ver a Kohaku agarrando el borde de los mismos, con el rostro adorablemente rojo como un tomate.

- Tú también, no quiero ser la única así... –Murmuró, mirándolo a los ojos.

Aunque podía hacerlo él mismo, empujó su pelvis hacia adelante, ofreciéndose a ella.

- Quítamelo, todo tuyo –Dijo con voz grave y sensual.

Sonrió cuando la vio titubear un momento, si era posible se había sonrojado aún más. Pero como sabía que sucedería, la duda fue breve, ya que la vio respirar fuerte como llegando a una resolución, y se ayudó también con la otra mano para bajarlo hasta donde pudo. Lo siguiente fue contener una risa cuando vio su reacción a contemplarlo desnudo por primera vez, sus ojos aguamarina muy abiertos y su boca también entreabierta en sorpresa. Posiblemente sería el primer hombre que veía excitado, además de que él era consciente que superaba el tamaño promedio y podía ser intimidante para algunas mujeres. Cuando la joven se recuperó de la sorpresa, miró a un lado rápidamente, abochornada.

- P-Perdón por quedarme mirando...

- ¿Por qué pides perdón? Puedes mirarme todo lo que quieras, Kohaku.

Cuando ella no volvió a hacerlo, Stan dejó salir una risa suave y grave, y acabó de quitarse sus calzones antes de recostarse sobre ella una vez más, besándole la mejilla para llamar su atención.

- Al menos me gustaría que te animes a tocarme un poco allí, se siente muy bien. Cuando tú quieras, por supuesto, yo también te confío mi cuerpo.

Kohaku le devolvió la mirada, asintiendo. No podía decir que no tenía curiosidad por hacerlo, además que quería poder hacerlo sentir bien a él también, pero todavía se sentía un poco torpe, tenía que volver a relajarse. Lo cierto era que se había puesto un poco nerviosa al verlo, preguntándose si era normal y si se sentiría cómodo tener relaciones por primera vez con alguien tan dotado como él. Tampoco iba a detenerse y rechazarlo por eso, era el cuerpo que tenía y ya, no podía cambiarlo, y suponía que con lo cuidadoso y gentil que Stan era, le hubiera advertido antes si creía que iba a ser complicado para ella. Pero no, él le había pedido que le confiara su cuerpo, y con ello implicaba todo su bienestar, así que debía saber lo que hacía.

Una renovada sorpresa la invadió cuando sintió la mano del soldado serpentear por su cuerpo hacia abajo, acariciando su abdomen, y deteniéndose en su entrepierna. Inspiró bruscamente al sentir el primer toque íntimo, los dedos de Stan acariciando con suma delicadeza la zona, produciéndole numerosas nuevas sensaciones, todas ellas agradables luego de la sorpresa inicial. No podía evitar pequeños sobresaltos de su cuerpo cada tanto, cuando él alcanzaba a tocar algún punto especialmente sensible y placentero. Le daba pena admitir que no conocía mucho cómo complacer su propio cuerpo, normalmente esos temas en la aldea habían estado reservados para las parejas ya casadas o para cuando las jóvenes estaban de novias a poco de hacerlo, pero ella había dedicado más de diez años de su vida desde los dieciséis años a acompañar a Senku y a los demás a salvar el mundo, no había tenido oportunidad, tiempo ni atención de dedicárselo a temas como ese.

- Stan. Quiero confesarte algo.

- Te escucho –Contestó él, atento, dejando de tocarla, pero sin sacar su mano.

- No tuve la oportunidad de hacer o saber algo de esto antes, me refiero a que me toquen así... O Hasta tocarme así mi propio cuerpo, lo siento –Reconoció, apenada.

- No te preocupes, Kohaku, me lo imaginaba, por la otra vez. Al menos ya sabes lo bien que puede sentirse el placer sexual, aunque hayamos hecho algo más superficial. Te prometo que te haré sentir bien y te cuidaré.

- Sé que lo harás, lo estás haciendo, gracias. Lo que quiero decir es que puedes guiarme, daré lo mejor de mí, no quiero que hagas todo tú.

- Qué linda eres, gracias. Primero quiero que te acostumbres a esto y prepararte para que lo que siga sea más cómodo para ti, sólo concéntrate en disfrutar esta noche, ¿de acuerdo?

- Sí, está bien. Hmm, pero así como estoy no alcanzo a tocarte.

- Tengo una idea –Se recostó al lado de ella, de costado y ofreciéndole el brazo que quedaba contra el colchón como almohada, manteniéndose lo más juntos posible ya que tampoco sobraba espacio en la pequeña cama– De esta forma será más cómodo para que los dos podamos tocarnos al mismo tiempo, cuando quieras.

- Oh, es verdad.

Stan acercó sus labios al rostro de Kohaku, depositando varios besos cariñosos mientras volvía a tocarla. Contrario al continuo aumento de intensidad anterior, ese cambio de posición y de actitud lo hizo todo más lento y suave para ambos, serenándolos en vez de excitándolos demasiado. El rubio buscaba acariciar cada centímetro de ella, dedicando un buen tiempo a la parte más carnosa y exterior, así como al sensible botoncito de placer, antes de probar cada vez un poco más hacia dentro, de una forma gradual que no la sobresaltara.

Por su parte, la joven se dejó llevar por la intención que tenía de también conocer y hacer sentir bien a su amante, tanteando y empezando a acariciarlo íntimamente con delicadeza. Le gustaba cómo se sentía, firme y a la vez muy suave, terso, muy agradablemente cálido. Poco a poco le fue pareciendo más atractivo y menos intimidante, de verdad disfrutando de tocarlo, además que le estaba gustando ver cómo Stan también gemía y empujaba su entrepierna hacia ella cadenciosamente, cada tanto susurrándole que lo estaba haciendo muy bien, con una expresión de puro gozo en sus ojos entrecerrados que no dejaban de mirarla. Eso le dio confianza y se animó a tocarlo con más seguridad.

Cuando el soldado sintió que su excitación empezaba a adueñarse de su consciencia, detuvo a Kohaku no sin antes agradecerle, y volvió a impulsar su cuerpo para ponerse encima de ella. La rubia miró de reojo el condón de la mesita, pensando que ya era hora para eso, pero negó con la cabeza y en su lugar la regó de un sendero de apasionados besos desde sus labios hasta su abdomen, devorando la piel de la joven a su paso, pero sin detenerse hasta llegar a su objetivo. Kohaku no alcanzó mirarlo ni a preguntar nada, cuando dejó salir un fuerte jadeo al sentir la boca de Stan entera sobre su entrepierna, algo que no había ni imaginado. Previsor con la reacción de ella, el soldado la había agarrado por las pantorrillas, flexionándoselas hasta apoyarlas contra los muslos, sus grandes manos empujando a la vez hacia afuera para que ella no pudiera cerrar las piernas.

- ¡Aah, Stan! –Gimoteó, abrumada, aferrándose a las sábanas.

- Sé que esto te va a gustar, y mucho –Dijo el rubio, sin despegar sus labios del sensible sexo.

Kohaku luchó contra su respiración contenida fuera de su voluntad, simplemente no podía incorporar aire porque todo si sistema estaba concentrado por la sensación tan intensa y divina. Para todo lo delicado que había sido antes Stan al tocarla, de pronto era inclemente, mientas succionaba con fuerza al mismo tiempo que movía su lengua con suma destreza, desde dibujar círculos, largas lamidas y otras cortas y rápidas que parecían aleteo de mariposa. La rubia se retorcía como pez fuera del agua, sin poder controlar las descargas de placer casi eléctricas que la acometían, anulándola.

Liberándole al fin las piernas, Stan sin embargo no pensaba ser piadoso, y concentró el contacto de su boca sobre el clítoris de ella mientras su mano acompañaba acariciándola en su entrada, hasta que dejó que un dedo empezara a introducirse y salir repetidamente, primero de forma casi superficial, y luego hundirse profundo. Kohaku gemía fuerte, encontrando en esa intrusión un alivio que no esperaba, pero que se dio cuenta que necesitaba urgentemente. Cuando el soldado se percató que ella empezaba a corresponderle y movía sus caderas para buscar más, fue acercando un segundo dedo, repitiendo la provocadora tentación y ese aviso antes de introducirlo también, luego moviendo ambos para ayudar a esa amplitud y flexibilidad interior que necesitaba. Estaba entusiasmado con el hecho de que sentía a la joven muy húmeda y que no la notaba incómoda ni que su interior se resistiera. Sabía que podría parecer una pequeña maldad, pero se detuvo justo cuando el cuerpo de ella empezaba a mostrar algunos espasmos de placer.

- No, Stan... Vuelve, por favor... Dioses... –Protestó, sin poder creer que se había detenido en ese preciso instante.

- Ya lo sé, pero confía en mí, por algo lo hice –Susurró, subiendo por el cuerpo de ella y extendiendo la mano para alcanzar el paquetito del condón.

Demasiado frustrada con la impedida liberación, Kohaku aprovechó que lo tenía encima y lo agarró ya sin vergüenza por el trasero, empujándolo hacia ella mientras elevaba las piernas para tener algo de alivio con el roce directo. Stan jadeó de sorpresa cuando sintió que su miembro rozaba peligrosamente la entrada de ella, esa era una muy mala idea por más de un motivo, y si la rubia se dejaba llevar por su excitación, iba a terminar gritando de dolor si lograba su cometido.

- Kohaku, no hagas más que eso, tengo que ponerme el condón ya mismo. Y déjamelo a mí al principio, luego podrás moverte todo lo que quieras.

- Sólo un poco más, además esa cosa es como si fuese una ropa, ¿verdad? No voy a poder sentirte luego.

Esa última frase anuló toda resistencia de Stan, que ella estuviera lamentando ese detalle, por lo que la dejó seguir con ese frote directo y tan caliente que se sentía divino. Lo más excitante era verla al fin perder su timidez y buscar por sí misma más placer para ambos. Se apoyó obre sus manos dejando su cadera abajo para facilitarle la tarea, además que le permitía verla toda sonrojada y jadeante. Sólo cuando él mismo sintió la necesidad de detenerse al borde de su autocontrol, se dejó caer para susurrarle al oído que ya estaba bien, que no podía esperar para entrar.

Prefería no asustarla anticipadamente avisándole que le podía doler y demás, había una forma en que podía disimularlo mucho y que ella apenas sintiera la molestia, aun con su tamaño. Por lo que intuía de cómo la había tocado tan profunda y ampliamente, dudaba que fuera a sangrar, posiblemente había roto esa membrana en uno de sus tantos entrenamientos, lo cual era un alivio. Se separó de la joven para ponerse el condón, una vez completamente seguro y acomodado volvió a echarse encima de ella, apoyándose en su codo. El gemido de gusto y alivio que le escuchó apenas conectó su punta con el centro de ella le produjo un estremecimiento, en cualquier otra circunstancia lo habría hecho adentrarse de una vez y con pasión.

Ayudándose con una mano, se limitó a continuar ese frote repetidas veces contra el hinchado y sensible botoncito de placer, a veces dejando que también todo el largo fuera el que recorriera ese roce, lo cual hizo que Kohaku lo abrazara por el cuello. Sólo cuando notó que ella empezaba a buscar más instintivamente, se alineó con su entrada y repitió el movimiento de forma superficial, sin entrar, empujaba mínimamente haciendo un poco de presión sobre el sexo, y volvía atrás. Poco a poco, en algunos empujes sí buscó entrar apenas unos milímetros, y a partir de entonces se mantenía en ese nivel, no menos de una quincena de veces cada vez.

Estaba muy concentrado en ella, a la vez que disfrutando mucho ese primer contacto íntimo, sintiendo ese cosquilleo excitante y caliente recorriéndolo a partir la punta de su miembro como una onda expansiva. Incluso a través del condón podía sentir muy bien las divinas sensaciones de ese placer, cómo lo recibía y rodeaba con una deliciosa compresión la parte más sensible de su sexo, así como lo era la de ella, que lo hacía ya gemir sin contener su voz.

Por más fuerte que fuera el deseo e impulso instintivo de moverse con más vigor e introducirse en lo más profundo de Kohaku, le gustaba mucho también esa lentitud y "provocación", sentir cada centímetro de ambos encontrándose y fundiéndose juntos, mirarla y degustar con sus ojos cada expresión de ella de conocer esas sensaciones por primera vez, con él. Además, eso iba a ser mucho mejor que hacer una embestida única y larga, que de seguro iba a dolerle mucho más y no compensaría con una buena sensación, tenía que lograr que la balanza del placer y del dolor se inclinara mucho más seguido a la primera, para así a la joven le resultase más agradable acostumbrarse a su generoso tamaño y tenerlo dentro, mientras su cuerpo cedía y se excitaba naturalmente. Iba a hacerlo perfecto para ella.

Eso era lo que había alcanzado a planear, al menos, aunque estaba ignorando la impulsividad de su querida amante. Era casi una lucha para Stan controlar esos milimétricos movimientos cuando ella ya se había entregado a las sensaciones y buscaba por sí misma aliviar su fuego interno. Podía darse cuenta de los momentos en que Kohaku sentía una molestia, porque la oía sisear o inspirar bruscamente, a la par que sus dedos se hundían con fuerza en la espalda de él. Lo bueno era que no lo estaba deteniendo, aunque no sabía si lo hacía por temeraria, o porque de verdad no le molestaba tanto, tenía que comprobarlo.

- Kohaku, ¿cómo te sientes con esto? No te apures, hazme caso esta vez.

- Bien, pero... –Gimió largamente– Siento como si me estuviera quemando por dentro.

- ¿Quieres que me detenga, y descansas un poco?

- No, por favor, no. Me gusta... Te quiero...

- Dios, me estás matando –Sonrió con resignación, esa mujer no podía ser tan adorable y excitante al mismo tiempo– Te quiero, y te quiero dar todo, pero dame un minuto más. O a ti misma, más bien, ¿de acuerdo?

Kohaku asintió con fervor, tratando de tranquilizarse. Le desesperó un poco que Stan reanudara sus movimientos con aún más lentitud, era casi una dulce tortura. De alguna forma sus plegarias internas fueron oídas, cuando el soldado al menos la consintió bajando una mano y tocándola en ese punto sensible que la derretía de placer, con lo cual redujo bastante la urgente necesidad que sentía de buscarlo ella. Sin embargo, unos segundos después dejó salir de pronto un gemido agudo que la dejó boquiabierta e inmóvil. Stan se había pegado a ella enteramente, abrazándola con fuerza, incluso dejando que buena parte del peso de la mitad inferior de su musculoso cuerpo se recostara encima. Y había algo más, una presión interna que era muy intensa y casi molesta, juraba que podía sentir el miembro de Stan en ese punto tan dentro de ella.

- Ooh, Stan... Te siento... Demasiado profundo –Gimió, sobrepasada por la intensa sensación.

- Sí... Lo estoy –La miró con una pasión que parecía transformar en llamas doradas sus ojos esmeraldas, y le susurró con voz grave y demasiado sensual para su propio bien– Kohaku, I'm all in, en todos los sentidos, me tienes entero, siénteme.

- Eso estoy haciendo, ¡aaah! –Lo abrazó con fuerza, mientras trataba de acostumbrarse a ese nivel tan profundo de unión– No se siente tan mal ahora, pero me gustaba más antes.

- Lo sé, pero quería hacerlo –Gimió, besándola apasionadamente, disfrutando todo lo que pudo ese momento, antes de salir un poco– ¿Mejor?

- Oh, sí, gracias...

- Cuento con que esto será fuerte, pero se sentirá muy bien, justo lo que querías.

- ¿Eh? ¿Qué...?

No alcanzó a preguntar, cuando Stan volvió a bajar una mano para apoyar unos dedos con más firmeza sobre ese botoncito erógeno tan rico en sensibilidad. Moviéndose cadenciosamente dentro de ella, sus dedos sin embargo no eran tan lentos, y en su lugar se dedicaron a acariciarla sin descanso en círculos y jugando con la presión. Cuando al fin sintió que podía moverse cómodamente dentro de ella, salió casi por completo, abandonando también el toque con su mano, para dedicarse a estimularla sólo en esa primera parte y con mucho más ritmo.

- Aaah... –Gimió Kohaku, encontrando más intensidad de placer curiosamente dentro de esa liviandad más tolerable.

Cada tanto Stan volvía a introducirse mucho más profundo una vez, sólo para volver a salir para quedarse con poco más que la punta de su miembro dentro. La rubia no terminaba de decidir qué prefería más, era un extraño alivio cuando lo sentía dentro, y quería abrazarlo para que no volviera a separarse, pero a la vez se derretía de gusto con lo otro. Cuando empezó a sentir nuevamente ese pulso de placer creciendo en su bajo abdomen, se aferró a los brazos del soldado. Sin embargo, temió haberse dado a entender equivocadamente, cuando él de pronto salió por completo.

- No, no, espera, era al revés, Stan –Rogó– Por favor, se sentía muy bien...

- Y te vas a sentir mejor, no seas impaciente –Rió suavemente.

Kohaku no podía saber lo que él tenía en mente, ni seguirle el ritmo, además de que él se veía tan natural y confiado que decidió dejarle hacer. Lo que no se esperaba era que él se moviera hacia abajo con rapidez para volver complacer a base de besos y rápidas lamidas ese punto externo tan sensible que le hacía temblar el cuerpo entero. Y si antes había sido más bien dulce y dedicado, en ese momento estaba decidido a no tener piedad. Por más que ella se retorciera de placer o sus piernas intentaran cerrarse involuntariamente alrededor de la cabeza de él, Stan no se detenía, hasta que volvió a llegar al punto en que su cuerpo se ponía rígido y expectante, anticipando la oleada del clímax.

Sin embargo, cuando ya su cuerpo empezaba a temblar sin vuelta atrás, el rubio de pronto se detuvo. Kohaku estuvo a punto de mirarlo con reproche y ruego, sin entender por qué volvía a hacer eso, pero no llegó a hacerlo ya que Stan demasiado rápido volvió a acomodarse entre sus piernas y se empujó para entrar, haciéndola gemir sonoramente y que todo su cuerpo se estremeciera desde la cabeza hasta los pies. Una vez dentro, el soldado se echó sobre ella de forma que sus sexos estuvieran conectados por dentro y por fuera, y comenzó a moverse en un rápido vaivén sin separarse.

- Oooh, S-Stan... Por favor sigue... No se te ocurra... alejarte otra vez –Gimoteó, aferrándose con fuerza a él.

- No, ya logré lo que buscaba –La calmó, antes de besarla profundamente.

Si el clímax de la vez anterior había sido intenso para Kohaku, el actual lo estaba siendo muchísimo más, sus cuerpos unidos y fundidos completamente. Era un placer que la ahogaba y estaba apoderándose de su cuerpo y su mente, y Stan no se detuvo hasta que sintió sus fuertes temblores y espasmos, acompañándola entonces en quietud mientras le besaba el cuello para dejarla respirar en cuanto pudiera hacerlo, disfrutando lo fuerte que lo comprimía el interior de ella, tampoco creía poder moverse por más que quisiera. Cuando al fin el orgasmo terminó de atravesarla, Kohaku quedó temblando como una hoja y con la vista perdida, creía que se había quedado sin fuerzas.

Stan esperó un minuto más, acariciándole con suavidad el pecho y la cintura, mientras le regaba el rostro de besos. Cuando Kohaku volvió a recuperar todos sus sentidos, la joven le mostró la más brillante y hermosa sonrisa llena de calidez, lo dejó boquiabierto por unos segundos, el corazón le martilló con fuerza contra el pecho. Probó volver a moverse, muy poco, al principio costó porque el interior de ella seguía un tanto comprimido y la oyó jadear, pero sabía que si seguía un poco más, volverían a la fluidez de antes. Ya más tranquilo de que la había hecho acabar, se concentró en seguir a su ritmo para buscar su liberación, no quería alargarlo demasiado, estaba bien para una primera vez juntos, y en especial de ella.

Disfrutando aún más de esa cercanía cariñosa más que de una intención vigorosa y salvaje, mantuvo un ritmo cadencioso e íntimo mientras se miraban con los ojos entrecerrados, compartiendo largos besos y caricias, sus cuerpos moviéndose a la par, hasta que sintió que su clímax se acercaba. Sólo entonces le avisó a su dulce amante con un susurro que iba a ir más rápido y fuerte, y la respuesta de ella fue rodearlo con brazos y piernas y también buscar corresponderle con su propio vaivén para recibirlo y acompañarlo en cada embiste. Stan gemía extasiado, simplemente era la mejor sensación de su vida, en ese momento.

Tranquilo de que estaría dejando sus fluidos en el condón, se empujó unas últimas veces con mucha profundidad, al fin colmando su organismo entero con ese inmenso placer. Disfrutó enormemente el hecho de ser contenido por el caliente, húmedo y apretado interior de Kohaku, aunque en su mente quería sentir dejarse ir en ella sin el maldito condón de por medio, pero sabía que lo primero era la responsabilidad. Continuó jadeando hasta que la gloriosa sensación del clímax fue disminuyendo, todavía sosteniendo su peso en parte de sus rodillas y sus brazos.

Le derritió por completo que Kohaku le hiciera a un lado con un toque tierno los mechones que caían sobre su frente, acariciando luego su rostro y con la otra mano recorriendo su espalda. No quería salir de ella ni separarse, y parecía que no era el único, por lo cual disfrutó unos minutos más de ese ambiente tan dulce y afectuoso.

- Así que de esto se trataba, al final lo hicimos... –Murmuró la rubia, y sonrió con picardía para decirle al oído– "Nada mal".

- Me estaría quedando corto el "nada mal", pero sí. Gracias, Kohaku, por confiar y entregarte a mí de esta forma.

- Me alegro de haberlo hecho, me gustó mucho, y se sintió bien contigo.

Finalmente, Stan salió de ella, se quitó el condón y le hizo un nudo para cerrarlo antes de arrojarlo al piso. Volviendo la atención a Kohaku, se echó a su lado y la abrazó, ella girándose de costado al instante para pegarse a su pecho y devolverle el abrazo, mirando con una sonrisa esos ojos esmeraldas tan bonitos y cálidos. Soltó una risilla, cuando decidió confesar algo que le había causado tanta curiosidad como frustración.

- Pero casi me sacaste de quicio, la otra vez no me hiciste desear tanto. ¿Por qué lo hiciste?

- Ah, eso es porque había muy pocas posibilidades de que tuvieras un orgasmo en tu primera vez si me dedicaba a la penetración, por eso fui alternando y probando con lo que sí suele funcionar, como la otra vez. Pero tampoco quería dejar pasar la oportunidad de sentirte acabar alrededor mío, así que pude hacer ambas.

- ¡Ja! Tú siempre puedes –Acotó ella, riendo.

- Cuando das todo de ti, es así como funciona. Tú también logras todo lo que te propones, porque te entregas sin dudarlo y confías con todo tu corazón –Rozó su nariz con la de ella, y le dio un beso en los labios– Por eso quedamos tan bien tú y yo.

- Ya lo creo.

Kohaku lo miró con atención, le veía la mirada un tanto perdida, adormilada, y sonrió para sí misma cuando lo vio suspirar largo y sereno con una sonrisa en el rostro.

- ¿Dormimos ahora, así como estamos?

- Por favor, sí. Buenas noches, Kohaku.

- Igual para ti –Se estiró para darle un beso en la mejilla– Que descanses, Stan.

El sueño de esa noche continuó largo y sin interrupciones, los dos entrelazando sus cuerpos desnudos y tan cálidos en ese abrazo, no había ni una brisa fresca que los molestara. Cuando despertaron por la mañana, fue igual de sereno y feliz encontrarse de la misma forma, acariciándose largamente y con suavidad, no querían levantarse de allí. Luego de compartir unos besos que los despertaron más, Stan miró por la ventana, notando el rayo de luz medianamente intenso, y frunció el ceño, mirándola con picardía después.

- Oye, creo que nos pasamos un poco esta vez... Deben ser las nueve o diez de la mañana.

- Y me siento como si pudiera dormir medio día más –Murmuró Kohaku, acurrucándose contra él.

- Cosita remolona, extrañaba esto. Pensaba que tú también eras tempranera y disciplinada.

- Lo soy, pero hoy es un caso especial, después de lo de anoche.

- Qué lástima que sólo traje un condón, porque podríamos darnos lo buenos días de una forma que de seguro nos despertaría –Susurró con voz acaramelada, mordiéndole el lóbulo de la oreja mientras empujaba tentadoramente su entrepierna hacia ella.

- ¡Ja! Suena bien para otra vez, aunque no sé, quedo demasiado relajada, y... Oye, dices que no podemos, y te estás "despertando".

- Ah, sí, es así. ¿Puedes culparme? Te tengo desnuda en mis brazos y estamos hablando de eso.

- Sí, ¡¿pero tan rápido?! –Rió, sonrojada.

- Ignóralo. Hmm, o no. Si quieres, podemos...

Pero Stan no terminó su frase, cuando escucharon un par de fuertes golpeteos en la puerta principal, que los hizo saltar de la cama.

- ¿Qué...?

- ¿Esperabas a alguien? –Preguntó Stan, nervioso, buscando su ropa con la mirada.

- ¡No! Y no suelo tener visitas aquí, eh...

Otra vez el golpeteo resonó, más fuerte, hasta que una voz potente y masculina se pronunció.

- ¡Kohaku! ¿Estás ahí?

- Esa voz... –Los ojos de Kohaku se abrieron de par en par, y miró a Stan horrorizada– ¡Mi padre!

- ¡¿Tu qué?! ¡¿Qué demonios hace aquí?!

- ¡No lo sé, es raro que venga! ¡Dioses, esto es malo! ¡La casa no tiene traba, y si entra y nos ve!

- Oh, mierda, mierda... No hay tiempo que perder –Miró alrededor, frustrado– No tienes lugar donde pueda ocultarme hasta que se vaya.

- ¡Perdón! ¡Ah, la ventana! ¡Sal de aquí por ahí!

- ¿Así, desnudo? –Rió nervioso, para colmo todavía su miembro estaba medio excitado– Ya me había hecho a la idea de que iba a salir por la ventana hoy, pero no de esta forma. ¡Rápido, ponte tu vestido y ayúdame a recoger mi ropa! Si tu padre la ve...

- ¡Kohaku, si estás, permiso, voy a entrar! –Exclamó Kokuyo.

- ¡Mierda!

Stan alcanzó a cubrirse con los calzones mientras Kohaku se ponía el vestido sin ropa interior ni nada debajo, abrió la ventana y en un apuro agarró la ropa de Stan y la lanzó hecha un bollo por la ventana. El soldado la miró indignado, ya no le quedaba otra opción que salir de la casa en paños menores, qué dignidad la suya. Alcanzó a saltar por la ventana en el preciso momento en que Kokuyo entraba por la puerta, dejando a Kohaku con el corazón a mil y chequeando que no hubiera más evidencia de que Stan estaba en la casa, ocultando su ropa interior debajo de la cama.

El soldado tuvo que reunir su ropa lo más rápido que pudo, la tremenda fuerza de Kohaku había lanzado las prendas a más distancia de la esperada, y él sólo pudo rezar que ninguna mirada indiscreta alcanzara a verlo así.

- Esto no puede estar pasando –Rió nervioso Stan, echándose el pelo para atrás luego de ponerse algo de la ropa como pudo, y saltar ágilmente al tejado para esconderse y terminar de arreglarse allí.

Dentro de la casa, Kohaku alcanzó a correr hacia la entrada, evitando que su padre viera su dormitorio con la cama deshecha o algo que se les hubiera pasado por alto.

- ¡Papá! ¡¿Qué haces aquí?!

- Oh, así que aquí estabas, ¿por qué no contestabas?

- Estaba... en el baño –Mintió.

- Ah, perdona –Se excusó el padre, mirando a un costado. Luego frunció el ceño, mirándola extrañado– Tan alterada, y con el cabello así... ¿Por qué lo tienes suelto?

- Eeh... Me estaba alistando para salir, ¡y si estoy alterada es porque entraste a mi casa!

- Avisé que iba a entrar, en esto de las puertas y las casas cerradas es algo que no me termino de acostumbrar, en la aldea no era así, no había tanto protocolo.

- Ya, olvídalo... –Resopló, queriendo cambiar de tema– ¿Por qué viniste?

- Porque fue raro no verte por la mañana, siempre te veo en movimiento apenas sale el sol. Pregunté y tampoco nadie te había visto, pensé que podías estar enferma, justo después de esos días fríos que pasaste y quizás necesitabas ayuda. ¿Te sientes bien?

- Sí, papá –Se apenó por sentirse enojada, y normalmente no le hubiera molestado tanto, pero la necesidad de privacidad era algo que últimamente estaba comenzando a valorar– Sólo me quedé dormida, parece que todavía no recuperé mi descanso.

- Debe ser eso, sí. Bueno, si estás bien me retiro, Ruri también se estaba preguntando por dónde andabas, le diré que no se preocupe.

- Sí, gracias... Nos vemos luego, papá.

En cuanto Kokuyo se fue, Kohaku se apoyó pesadamente contra la pared, aliviada de que su padre fuera tan inocente y se creyera sus excusas sin preguntar más.

- ¡Oh, Stan! –Exclamó en voz alta, tenía que ver qué había pasado con él.

Volvió rápido al dormitorio, desvistiéndose otra vez para ponerse la ropa interior primero, y cuando estuvo presentable se ató el pelo en su típica coleta y se asomó por la ventana, buscándolo.

- ¿Stan? –Preguntó, en un susurro fuerte.

- Aquí arriba.

Sonriendo nerviosa, Kohaku se aseguró que no hubiera nadie antes de saltar con agilidad para subirse al tejado, donde encontró a Stan sentado, ya vestido con su uniforme completo, negando con la cabeza, divertido.

- La próxima vez que arrojes mi ropa tan lejos, te juro que te voy a robar las bragas y vas a tener que cuidarte de cómo caminar para que no se te vea nada.

- ¡Perdón! –Se disculpó, sonriendo con culpa– Estaba desesperada y no calculé mi fuerza. ¿Te vio alguien?

- Por suerte no, tenemos un dios aparte. ¿Qué quería tu viejo?

- Se preguntó si estaba enferma, porque notó mi ausencia.

- Buena intención, pero qué viejo guardabosques, no te da un día de descanso.

- Más bien soy yo la que parece que tiene una rutina tan predecible, que preocupo cuando hago algo distinto. Voy a tener que cambiar eso.

- En fin... –Suspiró, y estalló en una carcajada, rodeándole la cintura a la joven y subiéndola a su regazo– Un buen susto y un recuerdo inolvidable. Ahora puedo ser parte del club de los que huyen en ropa interior de la casa de una señorita.

- ¿Eso sucede a menudo?

- En este nuevo mundo debo ser el primero, pero sí, hay muchas graciosas anécdotas parecidas de parejas "en trampa" del siglo XXI, o jóvenes que tenían que esconderse en el ropero para evitar que el padre de la chica los mate por haber profanado a su hija.

- No entendí lo de la trampa, pero el nuestro sería el último caso, con bastante precisión –Sonrió nerviosa.

- Bueno, a continuar el día, por ahora se acabó la diversión. Creo que lo mejor será que nos veamos en mi casa, así al menos ya tienes la excusa de que estabas fuera por la mañana.

- Sí, tienes razón, será lo mejor –Lo abrazó por el cuello, acercando sus rostros con una expresión coqueta– ¿Cuándo?

- Dicen que esta noche hará frío, y mañana también, y por los próximos meses que dure el invierno, así que...

- ¿Cada noche que haga frío? ¡Ja! Para compartir calor corporal, claro, ya sabes...

- Por supuesto, no estaría nada mal. Te estaré esperando.

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Buenaaas! Ahora sí, hasta aquí llegó la historia que iba a ser un one-shot, y pasaron cosas xD, muchas cosas, parece. Así de intensos y perfectos juntos son esta parejita preciosa, los amo jaja, mil y un posibilidades para que se desarrolle su amor en los multiversos!

Me hizo mucha gracia que con el capítulo especial del manga de hoy, justo se mencione esta táctica de "calor corporal" con la que empecé esta historia, y un par de años después del final del manga. Qué telepatía, dice... jaja. Ah, y novedad, gracias a la idea de una amiga que ama Stanhaku, voy a escribir luego un "one-shot" como secuela de este fic, o alusión a este, tomando prestada la idea del manga de que esta parejita sufra otro accidente climático/tecnológico y aprovechen su experiencia con la táctica del calor corporal, wuuu!

En fin, mucho texto, así que como siempre muchas gracias por leer, apoyar y dar amor, y un placer para mí compartir todo este paquete hermoso de emociones, amor, risas y ricura.

Hasta la próxima, buena semana!