Harry Potter y su mundo mágico pertenecen a J.K. Rowling. Yo sólo poseo imaginación, que es gratis.
Capítulo segundo
Los inicios: segunda parte (25 de mayo de 2002)
Con pasos apesadumbrados Narcisa se dirigió de nuevo al sofá y se dejó caer en él suspirando.
- ¡Solo 28! Y ni siquiera sabemos cuantas de esas chicas son aún vírgenes. Me siento tan mal por el pobre de mi hijo.
- La cuestión de la edad no la hemos todavía tenido en cuenta. Tenemos que eliminar a las que son demasiado jóvenes que no están en mayoría de edad para comprometerse. Soy partidario de olvidar también a las dos que tienen más de 27 años. Sinceramente, una bruja sana que a esa edad esté soltera, y lo que es más, sea virgen…
- ¡Lucius!, precisamente son las dos que yo miraría en primer lugar. Puede que sean tímidas, o mejor aún, discretas y recatadas y que hayan tenido la decencia de esperar a estar casadas antes de lanzarse alegremente a intimidar con algún mago.
Lucius sonrió de forma pícara a su esposa.
- Te engañas a tí misma, querida, deben ser dos buenas solteronas. Además, no sólo pienso en el bienestar de Draco al sugerir que no las tengamos en cuenta, también en el tuyo. No creo que te resultara cómodo que tu nuera fuera prácticamente de tu misma generación…
Narcisa miró a su esposo agradablemente sorprendida por el piropo. Es cierto que a sus 46 años, Narcisa aparentaba como poco diez años menos, y disfrutaba de cada ocasión en que su "juventud" y belleza quedaban resaltadas.
- Al menos, querido, no las eliminemos hasta saber cuantas de las candidatas son todavía vírgenes ¿Has pensado en como nos vamos a enterar?
- Por supuesto.
Lucius rebuscó en el paquete que trajo la lechuza ly mostró a su esposa un extraño sobre oscuro. Era demasiado pequeño para contener algún pergamino de tamaño normal, y desde luego no estaba hecho de papiro. Depositándolo encima de la mesa lo apuntó con su varita y susurro un conjuro. Al instante el extraño sobre empezó a agrandarse y se transformó en una especie de maletín de sanador.
- Esta maleta, Narcisa, contiene las "marcas de sangre" de todas las candidatas de la lista de Flint – le dijo a su mujer orgulloso.
Narcisa se levantó del sofá de un saltó y se dirigió hacia la mesa.
-¡Lucius! ¡Es imposible! ¿Cómo has conseguido robarlas del Ministerio?
- Ts, Ts, Ts – amonestó a su esposa – me decepcionas, querida. Los Malfoys no roban. Los Malfoys obtienen, ganan, compran, intercambian, pero no roban. En el caso presente es un mero préstamo. Como te dije, los empleados del Ministerio aún parecen estar muy dispuestos a colaborar con nuestra familia, bajo la adecuada motivación, por supuesto. Pero debemos tener mucho cuidado. Estas muestras son los únicos ejemplares que posee el Ministerio, así que mi contacto tendrá que reponerlas antes del lunes.
- Lucius, deberíamos llamar a Draco. ¿No crees que le gustaría estar aquí y ayudarnos a elegir a su futura esposa?
- No. Tu hijo ya ha demostrado su eficiencia en esta cuestión. Su comportamiento expresa con claridad lo que le importa el futuro de esta familia. Desde el incidente con la Srta. Parkinson todavía no le he visto ni un ápice de interés en asentar la cabeza y ponerse a buscar una esposa conveniente.
- Aún está dolido. No seas tan duro con él. Necesita tiempo.
- Pues tiempo es precisamente lo que no tenemos. No, Narcisa. Se acabaron las tonterías y mi paciencia – Lucius se dirigió a su esposa y le señaló con la varita la mesa del despacho – Tenemos aquí todo lo que necesitamos y esta noche tú y yo vamos a decidir el futuro de esta familia. Gracias a las "muestras de sangre" tenemos sangre de las brujas y podremos averiguar si son aún vírgenes. Después usaremos el révélateur de malfoi y decidiremos cuál es la más idónea. Luego nos iremos a dormir, y mañana me encargaré de tomar las medidas necesarias para que la unión de nuestro hijo y la chica tenga lugar ineludiblemente en menos de tres años.
Narcisa miró a su esposo y asintió. Sabía que no era justo dejar de lado a Draco en la elección de su esposa, que era el futuro de su hijo lo que estaba en juego. Pero al mismo tiempo no podía dejar de maravillarse del cambio sufrido por su marido. El Lucius Malfoy de esta noche era el Lucius Malfoy de antes del retorno del Señor Tenebroso. Éste sí era el hombre con el que se había casado y del que se había enamorado a lo largo de su vida conyugal.
Tras la primera caída de Lord Voldermort, los Malfoy habían logrado salir muy bien parados. Alegando haber estado bajo el imperius, mantuvieron su posición y su estatus en la sociedad mágica sin que sus vidas se vieran afectadas. Ni Lucius ni Narcisa se alegraron del retorno del Señor Tenebroso. Su vuelta suponía que habría conflictos en el mundo mágico. Luchas, guerra, y perder la tranquilidad de su rutina y de su familia. Podían estar de acuerdo con su ideario, pero ya no estaban dispuestos a sacrificar sus vidas ni su bienestar. Creían que a través de la política, el poder social y las influencias se podía enderezar de forma más eficaz la sociedad mágica, y desde luego con menor costo para sus vidas.
El miedo a Lord Voldemort y a su ira contra los "traidores" obligó a Lucius a volver a entrar en sus filas y, aunque tratara de pasar desapercibido y eludir las obligaciones que conlleva ser un mortífago, parecía que el destino estaba en su contra. Todos los pasos que dio fueron para peor. Aceptando la estúpida y sencilla misión de arrebatarle al Niño Potter la profecía del Ministerio se encontró prisionero en Azkaban, su hijo se vio obligado a convertirse en un mortífago y sufrir las consecuencias de una misión imposible, que casi acaba con él, su casa fue tomada por el propio Lord Voldermort y toda la cohorte de mortífagos, y al derrotar Potter a éste último, su familia fue deshonorada por la sociedad mágica a causa de sus alianzas durante la guerra. Aunque gracias a su ambiguo interés por las acciones del Señor Tenebroso, y sobretodo al gesto de su esposa con el Niño-Milagro-Salvador-de-Todo-lo-Salvable-y-Más, sólo tuvo que volver a Azkaban por un par de años.
Pero Narcisa recordaba demasiado bien la vuelta de su marido de Azkaban. Lucius se benefició del reciente armisticio del Ministerio por razones humanitarias. Narcisa y su esposo nunca hablaban del tema, pero la salud de Lucius se había deteriorado tras su primera estancia en Azkaban, consecuencia de la batalla en el Departamento de Misterios. Y luego Lord Voldemort, la guerra, la angustia por Draaco,… un cúmulo de circunstancias que habían terminado por mermar su salud. Sufría de un problema cardiaco que ningún sanador ni conjuro podían ya curar. Era una debilidad con la que tendría que vivir el resto de su vida.
Y Los Malfoys ya no eran nadie. Aunque seguían siendo ricos, a pesar de que el Ministerio les hubiera expropiado gran parte de sus bienes, la mayoría de la sociedad mágica los despreciaba. Narcisa lamentaba haber perdido su posición privilegiada entre la aristocracia de la magia inglesa. Ya casi nadie buscaba su compañía, y los que lo hacían eran tan sólo aquellos de su antiguo círculo social que habían sufrido su mismo destino, aquellos que eran menos que parias. Era preferible perder también el contacto con ellos, sobre todo si querían en algún futuro volver a ser respetados.
Narcisa no lo llevaba nada bien, el no poder pasearse tranquilamente por el Callejón Diagon, o visitar otras mansiones, o formar parte de asociaciones benéficas y de recreo. Pero para Lucius era peor. Trataba de seguir manteniendo su mismo ritmo de vida, con su Club, sus contactos, sus pequeñas conspiraciones para conseguir influencias o negocios rentables... parecía que viviera en permanente negación de la realidad. No se daba cuenta que ya nadie le tomaba en serio, que se aprovechaban de su dinero, que lo veían como un payaso y se reían de él a sus espaldas, que era despreciado por todos. A veces parecía que era consciente y entonces se encerraba un poquito más en sí mismo y en el pasado, y su semblante reflejaba cada vez más su frágil salud y su depresión.
Para el resto, Lucius podía parecer ser un simple cobarde oportunista, arrogante, snob y mezquino. Pero ella lo conocía bien. Lucius no era ningún cobarde, tan sólo prefería la sutilidad al enfrentamiento directo. Poseía una paciencia infinita y una gran visión de estratega. Era un planificador astuto, un hombre inteligente, ambicioso y orgulloso de lo suyo. Sí, también era vanidoso, manipulador y autosuficiente; su moral y sus principios variaban según sus intereses, y sólo era verdaderamente leal a su mujer y a su hijo, aunque con algunas de sus acciones hasta esta lealtad podía ponerse en duda. Para Lucius Malfoy el fin siempre justificaba los medios. Y en este caso el fin era la continuación de su linaje en las mejores condiciones posibles.
El brillo en sus ojos, su determinación al hablar durante toda la noche, su entusiasmo al estudiar las distintas candidatas… Narcisa no podía dejar de alegrarse, de sentir su corazón estremecerse de placer al ver a su marido rejuvenecer y activarse de nuevo. Lucius tenía un nuevo objetivo, un nuevo desafío al que dedicarse en cuerpo y alma. Y quería compartirlo con ella.
Por todo lo que era sagrado que Narcisa Malfoy Black estaría a su lado ayudándole y apoyándole en cada una de sus maquinaciones.
- Ésta era la última – dijo Narcisa mientras depositaba la "muestra de sangre" en el maletín.
- Pues a ver con que nos hemos quedado – Lucius se levantó de la mesa donde había estado conjurando el virginitas revelio con cada "muestra de sangre" que su mujer le había ido procurando – Cuéntalas.
Narcisa se centró en el pergamino y tras un breve examen le dijo a su esposo pensativa:
- 23. Pero 7 no tienen aún la mayoría de edad.
- ¿Qué hay de mis dos amigas las paladines de la virtud? – preguntó Lucius burlón.
Narcisa levantó la vista del pergamino y amonestó a su esposo:
- Lucius… no seas cruel. Una ya no está en la lista.
- Pues la otra tampoco. Bórrala. Y ahora tenemos que decidir donde vamos a poner el révélateur de malfoi. No tengo ningún interés en que Draco vuelva de sus actividades lúdicas nocturnas y nos descubra. Podemos ir a nuestra alcoba.
- ¡Ah! ¡No! – exclamó Narcisa indignada- con todo la humareda y ese olor… ¡no vamos a poder utilizar el dormitorio en días! ¿Por qué no aquí en tu estudio?
- Por el mismo motivo que no quieres que vayamos a nuestras habitaciones. De todas formas no sabemos cuanto tiempo nos va a llevar… Mejor nos vamos a las mazmorras, o lo que queda de ellas. Avisa a Dinkly de que nos prevenga en cuanto aparezca Draco, y que si pregunta a algún elfo por nosotros que le informen que nos retiramos pronto a nuestra alcoba.
Lucius se levantó del sillón y se dirigió hacia el sofá, alargando la mano hacia su esposa la ayudó a incorporarse y la condujo hasta la puerta.
- Ve. Trae el caldero de oro que yo llevaré todo lo demás. Nos vemos en las mazmorras en unos minutos.
Narcisa, sosteniendo el caldero de oro contra su pecho, descendió las escaleras que conducían a las mazmorras. Su corazón latía a mil por hora. Se sentía excitada como si fuera de nuevo una niña en casa de sus padres inmersa en alguna travesura con Bellatrix y Andromeda. Al llegar al nivel, empezó a recorrer el pasillo de piedra hacia la derecha que se encontraba levemente iluminado por algunas antorchas. Hacía mucho tiempo que no había estado en esta parte de la Mansión, que nunca le había gustado, aunque entendía que era ineludible poseer este tipo de estancias para cuando los tiempos las hacían "necesarias". Enseguida vio la luz que se desprendía con más fuerza de una de las celdas y al mirar hacia el interior vio que en la misma se encontraba ya Lucius.
En una mesa de madera maciza había depositado los pergaminos, una serie de objetos y el maletín. Frente a la misma, estudiaba con el ceño fruncido el listado de las 15 candidatas. Al sentir a su mujer levantó la vista.
- Creo que lo mejor es que me vayas dando unas gotas de sangre de cada muestra y que te abstengas de decirme a quién van perteneciendo, porque visto lo que hay, me resulta imposible tener preferencia por ninguna, más bien al contrario. Sólo con ver los nombres me siento inclinado a no perder el tiempo y elegir cualquiera al azar. Qué desastre. No veo como alguna de estas especies de, de…excusas de brujas pueda ser capaz de aportar nada a la familia Malfoy. De verdad, que desastre. Al menos dejemos las sangresucias para el final, que sean el último recurso en caso de debacle.
Narcisa no dijo nada, depositó el caldero encima de la mesa y empezó a extraer las "muestras de sangre" del maletín. Ella también estaba muy desilusionada. De la lista de 15 candidatas sólo había tres sangre puras, y teniendo en cuenta sus familias, casi mejor podían dejarse como última opción. Luego ocho mestizas. Aquí residía su esperanza, pues algunas de ellas podían ser consideradas casi puras, ya que la herencia muggle les venía por parte de algún abuelo o abuela. El problema es que eran jovencitas de familias sin ningún nombre. Y por último las 4 impuras, a las que Narcisa esperaba no tener que recurrir.
Lucius empezó a preparar la poción introduciendo los ingredientes en el caldero de oro de forma metódica y confiada. No había sido un buen amigo de Severus Snape por casualidad. Ambos compartían el amor por este arte, y los Malfoys siempre habían estado dotados de paciencia y gusto por la precisión, necesarios para sobresalir en la disciplina. Además, esta pócima requería mucha maestría.
El révélateur de malfoi era una antiquísima poción inventada por uno de sus más nobles ancestros, Leon de Malfoi. Caballero bretón dotado de grandes poderes mágicos que fue discípulo del Mago Merlín al final de sus días, cuando el Gran Mago se recluyó en el bosque de Brocéliande. Debido a la política de alianzas y a las luchas internas de la época, la sucesión de las familias nobles se encontró afectada de debilidades ligadas a la endogamia, como en la época actual. Leon de Malfoi ideó un sistema para asegurarse que las generaciones futuras pudieran saber de antemano qué uniones sería beneficiosas y aportarían descendencia mágica.
El révélateur de malfoi era una poción por la que al mezclar la "esencia" del linaje (mezcla de la sangre de todos los varones Malfoy desde el caballero bretón hasta Draco) con la sangre de alguna doncella, se revelaba las cualidades más destacables que la bruja aportaría al futuro heredero mágico que naciera de la unión.
Cuando Lucius terminó la poción, extrajo un lujoso frasco de su túnica que contenía la "esencia" del linaje. Miró brevemente a su mujer y vertió una gota dentro del mismo. Al instante el caldero pareció entrar en ebullición y el brebaje doblego su tamaño. De pronto parecía que la habitación se hubiera recalentado y el ambiente parecía cargado de una humedad asfixiante. Depositó el frasco en la mesa y sacando su varita la apuntó hacia el caldero.
- Empecemos. Introduce una gota de sangre de la primera candidata.
Narcisa acercó al caldero la primera muestra y la mantuvo suspendida hasta que una pequeña gota se desprendió y se precipitó sobre el brebaje. Mientras, Lucius realizaba unos gestos con su varita y recitaba en voz alta:
- De la terre, de l'eau, de l'air et du feu; la Terre engendre les dieux. De vos entrailles, ma gente demoiselle, mon lignée sera engendrée. Dévoile-moi vos éléments.
Súbitamente del caldero se empezó a formar una espesa humareda verde que poco a poco fue cubriendo toda la mesa. Lucius se inclinó sobre el mismo expectante y Narcisa miró por encima de su hombro. Pasaron unos instantes y el caldero no mostró nada.
- ¿Por qué no funciona? ¿Habremos hecho algo mal? – le preguntó a su marido.
- No mujer, lo que pasa es que la bruja no será capaz de procrear o no tiene nada que aportar a los Malfoys. ¿Quién era?
- Millicent Bulstrode.
Lucius miró a su mujer con incredulidad y soltó una carcajada.
- Querida, para la pequeña Bulstrode no necesitábamos el révélateur de malfoi.
- Bueno Lucius - le dijo molesta - tú no me has dado ninguna indicación, sólo que fuera usando las "muestras de sangre" sin darte nombres. De todas formas, sólo son 15, así que tampoco nos podemos poner muy exigentes.
Lucius volvió a coger el frasco de "esencia" de linaje y vertió de nuevo una gota en el caldero. Narcisa tomó otra "muestra de sangre" y ambos repitieron el hechizo. Como la vez precedente, no dio ningún resultado.
- ¿Seguro que lo hemos hecho todo bien?
Lucius se estaba exasperando.
- Sí, Narcisa, te repito que sí. ¿Quién era esta vez la lumbreras?
- Iselda Filch.
- ¿Filch? ¿Tiene alguna relación con el squib celador de Hogwarts?
- Sí. Creo que es su sobrina.
- ¡Por Merlín! – exclamó Lucius enfurecido - Menos mal que no ha dado ningún resultado. ¡Que bajo está llegando esta familia si hasta la hemos tenido que tener en cuenta!
Los Malfoys intentaron un par de "muestras de sangre" más sin ningún resultado. En el quinto intentó una palabra se formó sobre la nebulosa humareda verde del caldero…
Beauté
- ¿Belleza? – soltó Narcisa indignada- ¡Qué tontería! No existe ninguna otra familia en toda Inglaterra que pueda rivalizar con nuestra apariencia. No se yo qué es lo que esta simplona de Maeve Peasgood podría aportar a nuestra apariencia.
- Cálmate, mujer – la tranquilizó Lucius divertido – ya sabes lo que dicen de la belleza, que es una mera cuestión de apreciación. De todas formas, tú siempre te estás quejando de que los Malfoys tenemos unos pies con unos dedos demasiado grandes, quizás esta Maeve Peasgood aporté perfección a las falanges de tu futuro nieto – comentó Lucius con sorna.
Narcisa lo miró ofendida y Lucius entonces soltó otra carcajada.
- Míralo por el lado positivo – le dijo ya serio - Al menos parece que esta Maeve Peasgood será capaz de darnos un nieto mágico. Es una mestiza ¿no?
Narcisa rebuscó entre los pergaminos. Y tras encontrar el que buscaba lo examinó unos momentos antes de contestarle a su esposo.
- Sí. Su padre es de origen muggle, pero su madre es pura. Viene de una familia sencilla de magos galeses, totalmente plebeyos – Narcisa siguió leyendo - Trabajan en el Ministerio. Su padre como desmemorizador y su madre es empleada del Departamento de Uso Inapropiado de Artefactos Muggles – torciendo el gesto siguió hablando - Viven en un apartamento en un suburbio popular muggle de Londres. ¡Qué horror! La chica tiene 19 años y ha entrado como aprendiz en una de las boticas de los Bobbin. De lo más vulgar, vaya.
- Bueno Narcisa, la bruja es lo mejor, o más bien, lo único que tenemos por el momento. A ver, prepara otra "muestra de sangre".
Narcisa y Lucius hicieron la prueba con tres muestras más. Sólo una de ellas mostró algún resultado: Orgueil. A lo que Lucius espetó que desde luego, lo que no les faltaba a los Malfoys era más engreimiento.
Tan sólo quedaban 7 candidatas y Narcisa avanzó la mano hacia la muestra siguiente. Pero entonces una idea le pasó por la cabeza y detuvo la mano un instante. "…¿y si?...por probar…" pensó. La mano cambió de rumbo y aferró otra de las muestras de la fila. Con un poco de indecisión, que Lucius no notó, la situó sobre el caldero y mantuvo la respiración mientras esperaba que la gota de sangre cayera al interior del mismo. Al terminar su marido de recitar el conjuro ambos se inclinaron a mirar el interior del caldero, Narcisa con más expectación que su esposo.
De pronto, entre la neblina de la humareda se empezaron a distinguir unas palabras:
Puissance magique
Intelligence
Compassion
Ténacité
Courage
Rouerie
Grandeur
Se hizo el silencio en la celda. Lucius no reaccionó inmediatamente, sino que se quedó mirando el caldero unos instantes que parecieron eternos. Luego levantó la mirada hacia su esposa y su voz traicionó su júbilo.
- ¿Quién…?
Narcisa le sostuvo la mirada aunque estaba empezando a descomponerse. Su incredulidad y desconcierto eran patentes. Con casi un susurro contestó a su marido:
- Hermione Granger.
Ambos volvieron incrédulos los ojos hacia el caldero como si necesitaran verificar de nuevo lo revelado por el hechizo. Después sus miradas volvieron a encontrarse. Narcisa no podía ocultar su aprensión y extrañeza.
La expresión de Lucius sólo revelaba una emoción. Determinación.
Su decisión estaba tomada.
TRADUCCIÓN
Puissance magique : poder mágico (de cantidad, de potencia)
Intelligence : inteligencia
Compassion : compasión, caridad
Ténacité : tesón, constancia, perseverancia
Courage : valor, valentía, bravura
Rouerie: astucia, picardía
Grandeur: grandeza, magnificencia
De la terre, de l'eau, de l'air et du feu, la Terre engendre les dieux. De vos entrailles, ma gente demoiselle, mon lignée sera engendrée. Dévoile-moi vos éléments : De la tierra, el agua, el aire y el fuego la Tierra engendran a los dioses. De tus entrañas, mi doncella, se engendrará mi estirpe. Revélame tus elementos.
