Harry Potter y su mundo mágico pertenecen a J.K. Rowling. Yo sólo poseo imaginación, que es gratis.
Capítulo tercero
3 años y 2 días para el vigésimo quinto aniversario de Draco Malfoy (3 de junio de 2002)
Hermione se giró en la cama de nuevo, estiró el brazo hasta alcanzar el despertador sobre la mesita de noche y comprobó que aún eran las dos de la madrugada. Volvió a girarse y cerró los ojos con pesadez. Parecía que la migraña era ahora más intensa.
No entendía nada. Antes de acostarse se había tomado una poción contra la fiebre y otra para el dolor de cabeza, pero este maldito catarro le coleaba desde hacia un par de días y parecía que fuera a más. Odiaba estar enferma. Era una pérdida de tiempo y se ponía de muy mal humor, porque aunque para pequeñas molestias y enfermedades corrientes la magia era mucho más eficaz que los productos farmacéuticos, tampoco es que las pociones fueran milagrosas.
Ahora se encontraba peor. Ya no tosía ni le picaba la garganta, y hacía unas horas la fiebre le había bajado, estaba segura, entonces ¿por qué tenía esta sensación de estar ardiendo? Todos los poros de su cuerpo estaban en erupción, sudaba pero tenía escalofríos, y el dolor de cabeza era ahora más agudo, aunque diferente. Era más bien una sensación de confusión, como si estuviera en un estado de vigilia inducida.
¡Cómo echaba de menos a su madre! O a alguien que pudiera acompañarla durante la noche, y le preparara un té con leche caliente y miel, y la arropara, y la reconfortara, y le susurrara palabras cariñosas… Estaba muy orgullosa de ser una mujer independiente y autosuficiente, pero a veces… a veces la compañía que proporciona un ser familiar no venía mal. Y a veces era bonito soñar.
Y si se ponía a soñar despierta sus pensamientos volarían hacia Charlie Weasley. ¿Pero qué tenían los hermanos Weasley? ¿Qué tenían que los hacían tan atrayentes para su libido? Primero fue Ronald. Aunque si era sincera consigo misma, su relación con Ronald no estuvo nunca muy basada en la atracción sexual. Era más bien una profunda amistad que, debido al roce diario y a las hormonas adolescentes, durante un breve espacio de tiempo dio lugar a algo más.
Hermione había estado colada por él desde el 4º curso, idealizándole como si se tratara de su príncipe azul y fantaseando sobre lo que serían sus vidas si fueran una pareja. Tras la batalla de Hogwarts sus sueños se cumplieron. Al final estaban juntos, pero la realidad no parecía concordar con sus fantasías.
Los primeros meses tras la batalla fueron frenéticos. ¡Había tanto por hacer! Y la sociedad mágica no les dejó respirar, ya que ellos eran los héroes, la cara vista del triunfo de la luz y de los nuevos tiempos. Se les requería para todo, y debían estar presentes en todas partes: desmantelando la red de los mortífagos, ocupándose de animar a los heridos, ayudando moralmente a reconstruir familias, acudiendo a actos y funerales por los caídos, juntando fondos para reconstruir Hogwarts, dando entrevistas,… Hermione y Ron casi no tuvieron un momento de intimidad.
Cuando todo empezó a calmarse un poco y llegó el momento de disfrutar de la normalidad por la que habían luchado, la situación se complicó. Hermione y Harry decidieron terminar sus estudios y volver a Hogwarts. Harry necesitaba los EXTASIS para entrar en el programa de formación de Aurores y Hermione ni se lo planteó y se lanzó de lleno en cuanto McGonagall instauró un curso especial acelerado para los alumnos de 6º o 7º año que, por ser de origen muggle o no haber podido acudir a Hogwarts el último curso, querían completar su formación y realizar los EXTASIS. Ron en cambio decidió que sus 6 años de estudios habían sido más que suficientes, y prefirió ponerse a trabajar con George en Sortilegios Weasleys.
Así que después de Navidades ambos se separaron y mantuvieron su relación a distancia. Hermione le escribía extensas cartas relatándole los nuevos hechizos o lecciones que iba estudiando, además de comentarle cada uno de los libros que había leído recientemente. Ron contestaba con breves reseñas, acompañadas de regalos de productos Weasleys, que se acumulaban en su habitación y terminaba regalando a los otros estudiantes gryffindor. En las breves ocasiones en las que se pudieron reunir casi nunca estuvieron solos. De forma inconsciente ambos buscaban la compañía de Harry, estaba claro que lo que les apetecía era volver a sentirse un trío de amigos de nuevo.
Durante el verano, la tensión entre la pareja en "La Madriguera" era palpable por todos. No paraban de discutir por necedades y el aspecto físico de su relación, con el que nunca ambos se habían sentido muy cómodos, terminó consistiendo en castos besos y caricias recomendadas para todos los públicos. Tras una absurda pelea decidieron mutuamente terminar su "noviazgo". Tardó un tiempo hasta que ambos volvieron a sentirse cómodos en mutua compañía, y más aún en retomar la antigua camaradería. Pero ahora estaban bien. Aunque Hermione no podía dejar de sentirse culpable por su atracción por Charlie. A fin de cuentas, era su hermano.
Todo empezó unos días después de su ruptura con Ron. Hermione había vuelto a "La Madriguera" invitada por Molly. Los Weasleys tenían una gran reunión familiar y querían que estuviera con ellos porque, a pesar de sus problemas con Ron, ella siempre sería considerada familia. Y Molly no perdía la esperanza de que arreglaran sus diferencias. El dragonolista estaba pasando unos días en Inglaterra con los suyos y en algún momento de la velada él y Hermione se encontraron en el porche charlando relajadamente.
Charlie no era un muchacho como lo eran Ron o Harry. Charlie Weasley era un hombre. A pesar de su aspereza, causada por su duro trabajo a la intemperie y estar todo el día rodeado más por dragones que por seres humanos, era un hombre de carácter afable. Apasionado e inteligente, tenía un cierto aire de rebeldía que lo hacía muy interesante. Además, era indiscutiblemente atractivo.
Hermione no había tenido mucha experiencia con chicos, y desde luego no era una coqueta, pero en la tarde noche que pasaron juntos pudo percibir como Charlie flirteaba sutilmente con ella. Lo que era aún peor, no sólo no le halagaron sus avances, sino que se sorprendió a sí misma devolviéndole las atenciones y coqueteando abiertamente con él. Y estaba mal, muy mal. Porque Charlie era el hermano de Ron y hacia menos de una semana que habían terminado su relación.
Desde entonces el corazón se le aceleraba cada vez que coincidían, ya fuera en "La Madriguera" o en el Ministerio. Cuando Hermione estuvo trabajando en el Departamento de Control y Regulación de Criaturas Mágicas, tuvo ocasión de conocerle un poco más, ya que su jefe tenía debilidad por los dragones y organizaba muchas reuniones y encuentros con dragonolistas. A veces creía que lo imaginaba todo, pero al conversar con él comprobaba que el interés era mutuo. El coqueteo sin embargo nunca llevó a nada más. Charlie, al vivir en Rumania, iba y venía como el viento, y Hermione no estaba aún preparada para lanzarse a por esa aventura amorosa, con la ruptura con Ron demasiado reciente.
Todo cambió las Navidades pasadas. Harry había invitado a toda la tropa a pasar las Fiestas en su casa, el antiguo Cuartel General de la Orden del Fénix, que había terminado recientemente de rehabilitar y reformar a su gusto. En la noche de fin de año Hermione se dejó llevar por el espíritu festivo y se permitió unas copitas de más. Así que cuando quiso darse cuenta, ella y Charlie se encontraron envueltos en una sesión de morreo y toqueteo tan apasionado que sólo recordarlo le disparaba la temperatura corporal. En su vida había experimentado tal subidón. Esa misma noche Charlie volvió a Rumania, y desde entonces ambos se escribían a menudo. Hermione era una mujer práctica, sabía que no había nada serio entre ellos y, sobretodo, que era de locos esperar algún tipo de compromiso del aventurero Charlie Weasley.
Su vida en estos momentos era demasiado complicada, su trabajo y sus investigaciones acaparaban todo su tiempo, así que no tenía fuerzas para implicarse en la ardua tarea de buscar su media naranja, por el momento.
Aunque cuando necesitaba echar mano de "ensoñaciones varoniles" que la ayudaran a cubrir sus necesidades femeninas, el semblante de Charlie Weasley era el primero que aparecía en su mente.
Tras girarse de nuevo entre las sábanas, Hermione entró en un estado de semi-delirio, o al menos eso es lo que creía. Sus pensamientos se volvieron más confusos y el calor de su cuerpo aumento aún más de intensidad. Sintió como los latidos de su corazón se precipitaban. Su respiración se aceleró y tenía dificultad para respirar. Incluso creía oír a su alrededor voces que parecían recitar en susurros una y otra vez las mismas palabras, aunque no lograba descifrar lo que decían o su procedencia. De pronto sintió como si su cuerpo se paralizase, una oleada de frío le recorrió la piel desde la cabellera hasta la punta de los pies, y de un golpe se sumió en la inconsciencia.
A las afueras de Wimbourne se encuentra la antigua Mansión de los Rosiers. Desde que en los años 80 falleció su último propietario, el mortífago Evan Rosiers, el viejo caserón había permanecido cerrado y sucumbía al abandono. Al ser Evan el último y único miembro de su familia, la propiedad, como el resto de la herencia familiar, se quedó sin dueño, de forma que las protecciones y la magia ancestral que residía en ella desapareció. La Mansión pasó a formar parte de los inmuebles del Ministerio, y éste aún no se había decidido a ponerla a la venta, más bien porque una Mansión de tal tamaño no podía estar al alcance de los magos y brujas de hoy en día, y el Ministerio tampoco es que supiera que otra cosa podía hacer con semejante propiedad, que desprendía magia tenebrosa desde la base de sus cimientos.
Los únicos seres vivos que se aventuraban entre sus muros eran los insectos, las alimañas y algún que otro atracador. De vez en cuando, algunas noches, si uno se acercaba lo suficiente, se podían ver luces en distintas ventanas del caserón, y sobre todo escuchar ruidos, risas y música de The Weird Sisters.
Aquella noche sin embargo, del ático de la Mansión, una voz de mujer vociferaba una y otra vez con gritos desesperados:
- ¡Draky!¿Draky?
De pronto, dos muchachos vestidos con lujosas túnicas, que llamaban la atención por el contraste de su piel, se precipitaron por las escaleras de la abandonada Mansión entre carcajadas y empujones. Al llegar a la planta inferior tomaron apresurados el pasillo de la izquierda y se introdujeron a trompicones en la primera estancia que encontraron abierta. Debía ser una habitación para invitados, con una cama convencional sin vestir, una mesita de noche que había conocido mejores tiempos y lo que parecía una cómoda cubierta por una sábana blanca. No había ni cuadros ni ningún otro tipo de decoración. Posiblemente la propiedad había sido desvalijada en varias ocasiones. El chico oscuro cerró la puerta y apuntando con su varita murmuró un Fermaportus. Luego entre risas se dejó caer en el suelo junto al muchacho pálido, le quitó la botella de whisky envejecido de Ogden de la mano y tras darle un trago le dijo a su compañero:
- ¡Merlín!, ha estado muy cerca.
Draco ignoró a su amigo y dejó caer la cabeza contra la pared. Se estaba empezando a marear, seguramente por la carrera y la cantidad de alcohol mágico que ahora recorría su sangre pura.
Blaise Zabini volvió a tomar otro trago de la botella y siguió comentando:
- Aún no me puedo creer lo zorra que ha sido Pansy, y el resto de su banda de niñatas. Atraparnos en este caserón del demonio con Millicent Bulstrode en puro estado de celo y cargadita de amortentia. No sé como la soportas.
Draco sintió un escalofrío recorrerle el cuerpo.
- Zabini, si de verdad crees que lo que la harpía de azabache y su grupo de comadrejas puedan maquinar me afecta en lo más mínimo, es que no me conoces.
Alargó el brazo y le quitó la botella a Blaise. No bebió, pero la levantó y observó su contenido con detenimiento.
- ¿De que taberna inmunda has sustraído este brebaje? Empiezo a creer que tu origen italiano es una invención para hacerte el interesante, pues tus dotes de sommelier dejan mucho que desear. Presagio que antes de llegar a los ¾ de la botella, al menos uno de los dos va a necesitar una visitilla a San Mungo.
Zabini le miró indignado.
- ¡Eh! ¡No la tomes conmigo! Yo lo encuentro excelente.
- Tanto intercambio salivar con toda bruja que se cruza en tu camino ha debido de afectar tus papilas gustativas, porque este whisky envejecido de Ogden posee la fineza de los licores a 4 sickles que vende la vieja loca del Callejón Knockturn. En serio, me está sentando fatal.
Zabini se levantó del suelo y arrebatándole la botella de las manos a Draco se dirigió hacia la cama.
- ¡Pobre Draco! Podemos añadir a tu lista de desgracias el no soportar más la bebida.
Draco hizo amago de incorporarse pero sintió una punzada aguda en el corazón y la cabeza empezó a dolerle demasiado, así que se quedó sentado en el suelo.
- No sé a qué desgracias puedes referirte, mi vida es un cuento de hadas – le soltó Draco con sorna - Soy Draco Malfoy, Zabini, pura sangre y único heredero de la familia de más alcurnia y que posee más galeones en Gringgots de toda Inglaterra. Gozo de inteligencia, erudición, don de gentes – con un floreteo de su mano y una inclinación de su cabeza a modo de saludo añadió – elegancia… Rasgos finos y aristocráticos. Soy afortunado con el género opuesto y poseo todo el tiempo del mundo y los recursos para hacer de mi vida lo que me de la gana. ¡Oh! Me olvidaba, también luzco un vistoso tatuaje en mi antebrazo que me marca como indeseable, y todo lo anterior es cierto hasta mi vigésimo quinto cumpleaños. Cuando el peso de mi herencia me caiga sobre los hombros y pase a ser un espécimen de Malfoy más, destinado a procrear, y del que se espera emplee su tiempo a maquinar viles acciones cargadas de magia tenebrosa.
Zabini aplaudió a su amigo y se rió con malicia.
- Brillante exposición. A todo esto, ¿Cómo llevan tus padres la caza?
Draco se desabrochó los botones superiores de la túnica y se arremangó las mangas mientras le contestaba.
- Si te refieres a la búsqueda de la inmaculada doncella, supongo que va de miedo. Mis queridos padres llevan un par de semanas muy raros, echándome miraditas y mal conteniendo su excitación. Bueno, mi madre más bien, porque a mi progenitor y mentor no le he visto el pelo últimamente, lo que también es muy extraño, ahora que lo pienso. Me temo que deben andar inmersos en alguna trama maquiavélica para cerrar mi compromiso con alguna ingenua impúber que aún no ha recibido ni su carta de Hogwarts. Pero qué feliz me siento – añadió con sarcasmo.
Blaise Zabini se levantó de la cama y se acercó de nuevo a Draco mientras le preguntaba.
- Se me debe de estar escapando algo Draco porque no lo entiendo. ¿No deberías de ser tú, que eres el que se tiene que casar, el que eligiera a la bruja?
- ¡Oh, sí! Es una sencilla campaña en la que merece la pena que emplee mis exiguas energías. Sobretodo teniendo en cuenta que todas las brujas que conozco no podrían pasar por castas ni bajo los efectos de una poción multijugos. Y las que no conozco… tengo el éxito asegurado sólo con presentarme: "¡Hola! Soy Draco Malfoy. Sí, sí, el mortífago cobarde de los millones de galeones, perdona que te moleste pero ¿eres virgen?"
Zabini soltó otra carcajada y le volvió a ofrecer la botella. Draco la rechazó dándole un ligero manotazo y se desabrochó aún más la túnica mientras se pasaba las manos por los cabellos y cerraba los ojos.
- ¡Por las barbas de Merlín, Zabini!. Te he dicho que no bebo más. No me siento nada bien, me da vueltas la cabeza y además...¿no te parece que hace mucho calor? Estoy ardiendo. A lo mejor tengo fiebre.
Zabini se sentó a su lado y le puso la mano en la frente.
- Pues no te siento más caliente que de costumbre – le contestó con una sonrisa maliciosa - Si es que eres un pupas, Draco. De verdad, deja de lloriquear y tómate lo de la bruja en serio. Es tu futuro. Piensa que si luego te sale rana, para salir del matrimonio tendrás que matarla.
Draco abrió los ojos y miró con incredulidad a su amigo.
- No me lo puedo creer, Blaise. No todos tenemos la predisposición de tu madre, ¿sabes?
- ¡Eh! No metas a mi madre en esto. Por cierto, ¿sabes que ha roto el compromiso con el vendedor de tapices turco?
- ¿El viejo sangresucia del mercado de Atenas que te provocaba urticaria con sólo oír su nombre? – le preguntó Draco.
- El mismo – le contestó Zabini – Pero no le tenía manía porque fuera un sangresucia.
Draco soltó un bufido y negó con la cabeza. Le quitó la botella a Blaise y se la colocó sobre la frente. Volvió a cerrar los ojos.
- Sabes Draco – le dijo Blaise- si yo fuera tú empezaría a abrir los ojos un poquito. El Señor Tenebroso está muerto. Muerto de verdad. Y la sociedad mágica ha dado un giro de 180º que ya no tiene marcha atrás. No te digo que te hagas super amiguito de todos los sangresucias y traidores de sangre con los que te encuentres, pero trata de ser tolerante. Es por tu bien, en serio. Al menos aparenta un poco. El ostracismo en el que vives te está volviendo un asocial y …
Blaise siguió hablando, pero Draco ya no le escuchaba. La cabeza le iba a estallar. No es que le doliera como si tuviera una migraña, es que parecía sumida en total anarquía. No lograba concentrarse en las palabras de Zabini. Y luego ese horrible calor. Estaba sofocando. Sentía que la piel le ardía desde el interior de la epidermis. Maldito whisky envejecido de Ogden y maldito Zabini.
Y maldita resentida Pansy por haberle embaucado en semejante noche. La bruja a veces era bien obtusa. ¿No le podía entrar en su cabecita hueca que la culpa no la había tenido Draco sino su padre? O más bien la herencia de su familia. Lo que daría por no haber nacido un Malfoy. Un Black hubiera estado bien, en cuanto a tradiciones que más bien parecían maldiciones la familia de su madre siempre había sido más normalita. Por lo demás… no tanto. No había más que echar un vistazo a sus tías: la traidora de la sangre y la demente. Qué familia.
Si hubiera podido nacer de otros padres el peso de su apellido no existiría. Vale, quizás tampoco los galeones, y esos sí que eran una ventaja. Pero no habría tenido que estar marcado de por vida, ni tener tantas ataduras, ni su futuro estar predeterminado sin posibilidad de desviarse ni un centímetro. Podría elegir la profesión que quisiera; ser un jugador profesional de Quidditch, o maestro de pociones, o adivinador, si le diera por ahí. Mejor aún, auror, puesto que al no ser un Malfoy, ya nadie lo señalaría como paria.
Podría casarse con Pansy si le diera la gana. Bueno, ya puestos a fantasear, no tendría ni que haber empezado a salir con Pansy. Y en cambio frecuentar la bruja, o las brujas, que quisiera. Siempre dentro de unos criterios, por supuesto. Pero serían sus propios criterios, no los de sus padres o los de algún ancestro medio chiflado del siglo XII.
Y su vida no sería la mierda que era ahora. Lo único bueno que tenía la situación actual es que no podía empeorarse más. A estas alturas, sólo tenía que esperar con paciencia y en las mejores condiciones posibles, preferiblemente sumergido en alcohol y/o en alguna bruja buenorra, a que sus padres lo casaran de aquí a tres años. Luego le tocaría sufrir su existencia como sucesor de los Malfoy: vida conyugal con la bruja desconocida, procrear, participar en los negocios y secretos familiares con su padre,…
De pronto su temperatura corporal llegó a su punto máximo. En el estado de aturdimiento en el que se encontraba no lograba concentrarse ni en sus pensamientos. Su respiración se hizo errática. Su corazón parecía querer salir de la caja torácica. Sintió que Zabini le hablaba pero no entendía las palabras. Le repetía lo mismo una y otra vez, como recitando. Aunque no parecía la voz de Blaise. Aquello no era buena señal. Tuvo un momento de lucidez y agarró el brazo de Zabini con debilidad, logrando articular unas palabras:
- Blaise, llévame a mi casa. Creo que me estoy muriendo.
Una especie de latigazo helado le recorrió todo el cuerpo, y luego se desmayó.
Millones de gracias a mi super beta, aceli, que es un amor.
