Harry Potter y su mundo mágico pertenecen a J.K. Rowling. Yo sólo poseo imaginación, que es gratis.
1 año, 3 meses y 23 días para el vigésimo quinto aniversario de Draco Malfoy (miércoles 11 de febrero de 2004)
Hermione entró en su despacho en el Ministerio y dando un portazo se dirigió a su mesa dejando caer los documentos que llevaba entre los brazos con aire contrariado.
¡Qué impotencia! No llevaba nada bien que sus investigaciones se hallaran en punto muerto. Pero tenía que tener razón, no había otra solución posible. Había buscado por todas partes, en todos los libros y manuscritos de pociones y criaturas mágicas a su alcance; en nuevas y antiguas ediciones; le había consultado al viejo profesor Slughorn (una pérdida de tiempo, el hombre estaba ya senil), a la familia Bobbin (propietarios de la compañía de boticas más importante del mundo mágico); había visitado bibliotecas, centros de documentación mágicos, colecciones privadas; había examinado cada libro de Obscurus Books; indagado en el depósito de Libros de Artes Oscuras del Ministerio (que había triplicado su volumen desde las requisiciones a las familias que habían apoyado a Voldemort) … y no había encontrado nada de nada.
En su estado de frustración no se dio cuenta que alguien había abierto la puerta de su despacho y la miraba apoyado en el marco con las brazos cruzados.
- Hermione, estoy seguro que sea lo que sea, la pobre pluma no tiene la culpa.
Hermione levantó la cabeza del pergamino en el que estaba listando sus últimos fracasos y al ver al apuesto auror se dirigió a él con sorpresa y una sonrisa:
- ¡Harry! ¿Cuándo has vuelto?
Harry entró en el despacho y se acercó a su mesa mientras le contestaba:
- Ahora mismo. Trevor y yo acabamos de dar el parte a Westfalia Savage. Es casi la hora de comer ¿te hace un sándwich en Delia's?
- Claro que sí. Pero ¿al Londres muggle? - Hermione levantándose del sillón se acercó a coger el abrigo del perchero mientras le decía - Si acabas de llegar de la misión debes estar cansado. Tendrás ganas de ir a casa, te has pasado los últimos 4 días fuera de Inglaterra, Harry, ¿no prefieres que comamos en la cantina o en el Callejón Diagon?
- No, no. Prefiero ir a algún sitio en el Londres muggle. Es que hay algo que hace tiempo te quiero comentar.
Hermione le miró con curiosidad mientras salían de su despacho camino del Atrio. Conversando sobre nimiedades, tomaron la salida de visitantes, una cabina telefónica situada en uno de los callejones alrededor de King's Cross. Luego transformaron sus túnicas en ropa más acorde con la City, y se adentraron en el ajetreado Londres muggle.
Eran ya más de las 12 cuando se instalaron uno enfrente del otro sobre un banco de Barnard Park, cada uno con su respectiva bolsa de cartón de Delia's, y empezaron a degustar su almuerzo. El día era frío pero no estaba nublado, así que Hermione se alegró un poquito de poder disfrutar de algunos rayos de sol. No le gustaba mucho abandonar el Ministerio para almorzar, porque le hacía perder tiempo, tiempo que podía estar empleando en continuar comiéndose la cabeza con su falta de ideas sobre el nuevo caso.
Pero era agradable pasar un momento relajada con su viejo amigo. Seguro que le vendría bien desconectar un rato. Además, con Harry no sufría de ninguna de sus anormales reacciones hacia el género masculino, y ambos tenían trabajos tan absorbentes que los momentos como éste eran raros.
- ¿Qué te tenía con tan mal humor en el despacho? – le preguntó Harry antes de darle otro bocado a su sándwich.
- Mi nuevo caso – le contestó Hermione limpiándose la boca con una servilleta – Un auténtico enigma. No hay prácticamente pruebas y me encuentro sin ideas después de escudriñarme el cerebro durante el último mes. Además, tengo la sensación que soy la única que se lo toma en serio – dándole un sorbo a su refresco continuó – Esta mañana Amos Diggory me ha puesto de los nervios, ¡ese hombre tiene agua en vez de sangre! Ha tenido la flema de soltarme que debería olvidar el tema hasta que se produjera alguna novedad, y centrarme en otros casos más importantes ¡Ja! Y mientras ¿qué? ¿no se hace nada? ¿dejamos que sigan matando inocentes?
Harry observó como Hermione se iba irritando por momentos. Advirtiendo que ya no le quedaban patatas, cogió una de la bolsa de la bruja mientras le preguntaba:
- ¿A quién están matando? Imagino que si tienes que tratar con Diggory es que estás defendiendo a criaturas mágicas. ¿A qué auror han encargado el caso? No he oído nada sobre el tema en el Departamento.
Hermione soltó el sándwich que iba a llevarse a la boca y contestó a Harry con pasión:
- Porque el caso que estoy investigando atañe a criaturas mágicas que, como siempre, el Ministerio no considera una prioridad. ¡Parece que ni les interesa! ¡Y estamos hablando de muertes! – suspirando siguió - Y es horrible, Harry, una verdadera tragedia. Desde hace más de un año se han sucedido ataques masivos por toda Inglaterra, se está produciendo un auténtico genocidio delante de nuestras narices. Y son ataques totalmente premeditados, se suceden cada dos meses y medio o tres meses, a este ritmo van a eliminar a las pobres criaturas de la faz de la tierra. Es como si visaran un sector, y en una sola noche, todas las desafortunadas criaturas que se encuentran en la zona son masacradas de forma meticulosa y mecánica, y eso no es lo peor…
- Espera, espera, no me estoy enterando de nada - Harry detuvo su verborrea - ¿alguien está atacando qué criaturas mágicas?
Hermione le miró a los ojos con recelo y contesto vacilante:
- Gusamocos.
…
- Gusamocos – repitió Harry tratando de ocultar una sonrisa.
- Sí, Harry. Y no te rías – le contestó Hermione enfadándose - Ya sé que no son las criaturas más fascinantes de la Tierra, pero como todo ser vivo cumplen su función en el ecosistema. Y sobre todo tienen derecho a vivir, a desarrollar su ciclo vital, y ahora están claramente siendo el blanco de algún complot que…
Harry no pudo contener más las carcajadas. Durante unos segundos se desternilló de risa con ganas. Abrazándose a sí mismo y balanceándose sin poder contener el ataque de risa ni se fijaba en que Hermione le miraba ahora con furia.
- ¡Por Merlín, Hermione! ¡Te has superado a ti misma!
Hermione le golpeó con fuerza en el hombro y le espetó:
- ¡Harry! ¡Es en serio! Los ataques se suceden con una regularidad y un modus operandi que muestran claramente que son intencionados. Además, si me dejaras explicarme entenderías de donde viene mi preocupación.
Hermione esperó a que Harry parara con la risa tonta y se calmara, poniéndose en modo sabiondilla le explicó:
- Como sabrás, los gusamocos son parecidos a los gusanos no mágicos, a diferencia de éstos casi nunca se desplazan y poseen la cualidad de pasar desapercibidos, aunque pueden llegar a medir hasta 25 centímetros. Viven en tierras húmedas, preferiblemente huertas y jardines, ya que su alimentación básicamente consiste en hortalizas de hojas verdes, aunque comen casi cualquier planta de horticultura.
- ¿Y no será que los magicultores están hartos de que se coman sus lechugas? Tiene sentido Hermione, son más asquerosos que los gusanos no mágicos, y las babas que sueltan huelen fatal. ¿No te acuerdas cuando Snape nos hacía utilizarlas para espesar las pociones? Y lo hacía sólo porque los terrenos de Hogwarts estaban atestados de gusamocos y así le salía gratis, porque todo el mundo utiliza cualquier otro ingrediente para espesar que no huela a demonios.
- No tienes razón, Harry. ¡Te digo que los ataques son metódicos y regulares! – Hermione se estaba exasperando - Son los propios magicultores los que han denunciado las muertes al Ministerio. Quien sea que está detrás de los ataques lo tiene muy bien organizado – volviendo a coger el refresco y dándole un breve sorbo continuó – El culpable elige una zona extensa con huertas o plantaciones y durante la noche desentierra a todos los gusamocos y los mata. Y ya sabes lo difícil que es dar con ellos. A la mañana siguiente se los encuentran apilados, muertos y, lo más curioso – Hermione miró fijamente a Harry para estar segura que tenía toda su atención. Entonces le dijo en un tono confidencial - a todos los gusamocos los han rajado con un corte transversal y les han extraído los ganglios cerebroides.
- ¡Que horror! – dijo Harry fingiendo indignación y con un gesto de asco – ¡el pestazo que deben soltar todos ahí apilados! – advirtiendo la gravedad del rostro de Hermione le preguntó ya más serio - ¿Para que les quitan los ganglios esos?
- Ahí está el misterio. Lógicamente algún mago o bruja le ha encontrado un interés a los ganglios cerebroides de los gusamocos. Indudablemente serviran para algún tipo de poción. Pero por mucho que he investigado en el último mes, no he encontrado ninguna referencia a las propiedades mágicas de los ganglios cerebroides, y en el círculo de Maestros de Pociones nadie ha oído hablar de semejante hallazgo. Quien haya descubierto que pueden resultar un ingrediente útil para algo se tiene muy bien guardado el secreto, con lo que sospecho que su fin no debe ser muy legal. Y todas estas masacres de gusamocos apuntan a que sea lo que sea para lo que los quieren, debe ser muy beneficioso.
Harry se quedó pensativo mirando por encima del hombro de Hermione. Luego se volvió hacia ella:
- Puede que tengas razón y sea un asunto serio.
Hermione le miró con condescendencia y le contestó:
- Sé que tengo razón Harry. Pero no puedo convencer a nadie de nuestro Departamento que se tome en serio la búsqueda del culpable hasta que no demuestre que mi teoría es cierta, con lo que mi prioridad es descubrir cual es la utilidad de los ganglios cerebroides.
- ¿Has buscado pócimas de magia oscura? ¿Maldiciones?
Hermione soltó un resoplido y le contestó ofendida:
- Es evidente Harry, me insultas. De verdad, he mirado por todas partes. Nada de nada. Estoy tan desesperada que voy a empezar a realizar yo misma experimentos con ganglios cerebroides, a ver si doy en el clavo.
- No dudo que hayas mirado a fondo. Te conozco, Hermione – Harry le sonrió - Pero hay un submundo que no conocemos. Hay todavía muchas familias sangrepura que tienen escondido todo tipo de basura de magia negra, en serio. Lo veo a diario en la oficina, es mi trabajo. Te diré que la política del Ministerio de cerrar las tiendas del Callejón Knockturn ha sido lo peor, porque ha creado un mercado negro que es mucho más difícil controlar.
- Lo sé, Harry, y perdona si hoy estoy un poco sensible. Es que me siento frustrada – sonriendo levemente añadió - ya sabes lo mal que llevo no encontrar respuestas.
Harry pensativo desvió la mirada. Ambos permanecieron unos segundos en silencio contemplando el parque que se extendía frente a ellos. El joven auror entonces comentó:
- Sabes, estoy seguro que Snape hubiera podido ayudarte. Era el mejor Maestro de Pociones.
Hermione le miró y frunció el ceño. Las palabras de Harry habían encendido una bombilla en su cabecita y en su mente privilegiada empezó a formarse una idea.
- Puede que aún pueda ayudarme – Hermione se dirigió hacia él con interés - ¿Qué pasó con sus pertenencias? Sé que muchos de los libros y manuscritos que poseía mientras enseñaba en Hogwarts se siguen conservando allí. La Sra. Pince me dejó consultarlos cuando estuve en la biblioteca hace dos semanas. Pero seguro que en su domicilio o en sus habitaciones tenía muchos más.
- No lo sé. No sé quién le habrá heredado – le dijo Harry – que yo sepa no le quedaba ningún familiar cercano. Sus padres ya estaban muertos, no tenía hermanos, aunque – Harry la miró con sorpresa – sí que tenía un familiar. Bueno, algo parecido. Malfoy.
- ¡Malfoy! – exclamó Hermione sin comprender.
- Claro, Snape era su padrino. Igual que yo heredé de Sirius a su muerte, al no tener hijos y ser su ahijado, imagino que Malfoy ha podido heredar de Snape… Lo siento, Hermione.
- ¿Por qué lo sientes por mí? – preguntó Hermione extrañada.
- Bueno, es que si Malfoy tiene los libros de Snape, no vas a poder echarles un vistazo. Más aún, creo que siendo el imbécil insensible que todos conocemos los habrá tirado, o vendido, o ni siquiera sabrá que los tiene, porque tampoco es que le fueran a interesar.
- No estoy de acuerdo contigo Harry – le soltó Hermione con convicción - Malfoy tiene muchos defectos, pero era un buen estudiante en Hogwarts. Además, Snape era su padrino y le salvó la vida. No, yo creo que debe conservar sus pertenencias, seguramente sus libros habrán entrado a formar parte de la biblioteca de la Mansión Malfoy, aunque no te niego que sólo sea para rellenar los huecos en las estanterías que han dejado todos los libros de artes oscuras que los aurores han confiscado a su padre.
- Vale, puede que los conserve, pero sé realista Hermione. Salvo que entres en la Mansión sin que se enteren, y no se como lo harías con todas las protecciones que tienen, no vas a poder acceder a la biblioteca. Tampoco tienes nada concreto o contra él como para mandar a los aurores a incautarle los libros. Y desde luego no es que te puedas autoinvitar a la Mansión mañana a tomar el té y de paso, echando mano de tu "amistad" con el imbécil, que te deje usar su biblioteca – le dijo Harry con sarcasmo.
Hermione desvió un momento la mirada de Harry, con una sonrisa maliciosa se puso a juguetear con una patata, al tiempo que le comentaba:
- Tienes razón, no es que me vaya a autoinvitar mañana a tomar el té. Es que me han invitado ellos hoy a las cuatro.
Harry la miró con sorpresa y olvidándose que tenía la boca llena exclamó:
- ¿De qué estas hablando?
- Pues de eso. Narcisa Malfoy me ha invitado a tomar el té en la Mansión hoy a las cuatro. Bueno, en realidad la invitación era para cenar el viernes, pero logré escaparme con algo menos formal…
- ¿Qué? ¿Por qué? – Harry estaba ahora aún mas sorprendido.
- Te lo estoy explicando Harry ¿Te acuerdas de lo que te conté me pasó con ellos en Chez Raymond?
- Sí, sí. Y de verdad que siento haberte dado plantón – se excusó Harry.
- Harry, para ya. No vas a estar disculpándote toda la vida. Pues bueno, acuérdate que te dije que noté a Narcisa Malfoy demasiado cordial con su agradecimiento, me pareció muy falsa. Pues bien, parece que me equivoqué y que sí estaba realmente agradecida, porque al día siguiente me mandó una carta muy correcta y muy amable invitándome a cenar para devolverme el gesto que tuve con ella. Como comprenderás no me apetece nada intimar con los Malfoys, nunca se sabe que se traen entre manos, aunque desde luego Narcisa es lo menos malo del lote – haciendo una pausa Hermione continuó - Así que la contesté excusándome y me volvió a escribir muy cariñosa, esta vez sincerándose conmigo y explicándome que el gesto que tuve con ella le había llegado muy adentro, porque se sienten rechazados por toda la sociedad mágica, aunque dice que no puede culpar a los que les menosprecian, porque entiende que su familia ha cometido muchos errores en el pasado, pero que yo le…
- No me lo puedo creer. Hermione, qué eres inteligente ¿Cómo te puedes tragar esa patraña?
- No Harry, no es que me lo crea. Bueno, no en parte. No es que crea que de pronto son todo arrepentimiento y ya no tengan prejuicios, creo más bien que es todo fachada y que posiblemente esta tarde me vaya a encontrar a una horda de reporteros delante de la Mansión para inmortalizar como los Malfoys están super reformados y se codean con sangresucias. Pero también creo que han entendido de una vez por todas, eso sí, muy a su pesar, que la ideología de magos y brujas sangrepuras está superada, que todo eso ya es historia…
Hermione guardó los restos de su almuerzo en la bolsa de cartón y acomodándose en el banco siguió comentándole:
- Y creo que Narcisa está desesperada por volver a formar parte de la buena sociedad mágica. Debe estar convencida de que si se relaciona conmigo lo va a conseguir. Harry, - la bruja se dirigió a él con vehemencia - sé que me vas a decir que sólo quieren utilizarme. Y tienes razón, pero piensa que hace algunos años hubieran preferido morir a interactuar con alguien con mis orígenes muggles, y en cambio ahora están deseando fomentar mi amistad. Conciben en sus mezquinas mentes la posibilidad de tratarme de tú a tú, aunque sólo sea una fachada. Para mí es ya un avance, un pequeño avance, no te lo niego, pero en la buena dirección. Así que estoy dispuesta a jugar mi parte. Además, sé que mi amabilidad el otro día les sorprendió, ya te conté la reacción de Draco Malfoy, y ¡quién sabe!, si empiezan a relacionarse con magos y brujas de origen muggle…. Es algo que no han hecho nunca, y aunque estén motivados por los intereses más egoístas del mundo, es inevitable que parte de sus prejuicios se derrumbarán, porque tú y yo sabemos que no tienen fundamento, están basados en la pura ignorancia.
- No vas a ir.
Hermione le miró enfadada.
- No me fío de ellos – aclaró Harry - Todo esto huele a encerrona. Estoy seguro de que estaban esperando una oportunidad así para atraparte por algo. Que son slytherins, Hermione, y de los peores.
- Harry, no te pongas infantil – Hermione se estaba enfadando de verdad - Ya no estamos en Hogwarts, somos adultos, nuestro mundo está cambiando y tampoco es que me vaya a pasar nada. La guerra se acabó.
- Eso es discutible.
Ahora le tocó el turno a Hermione de sorprenderse:
- ¿De qué estas hablando?
Harry entonces miró a su alrededor con suspicacia para comprobar que estaban solos. Sacó la varita disimuladamente y manipulándola recitó un muffliato alrededor de ellos.
- ¡Harry! – le amonestó Hermione - ¡Estamos en medio de muggles! ¿Cómo se te ocurre ponerte a lanzar conjuros?
- Cálmate. Nadie se ha dado cuenta de nada, no soy idiota – mirándola muy fijamente le dijo - Pero es que lo que te voy a contar,…tiene que quedar entre los dos.
El auror tenía ahora toda su atención.
- No se como explicártelo. Me pasa un poco como a ti con eso de los gusamocos. Tengo una intuición y la certeza de que tengo razón, pero es demasiado… es demasiado gordo como para que sea cierto.
Hermione, sintiendo la inquietud de Harry, le tomó del brazo para animarlo a seguir hablando mientras continuaba mirándole expectante:
- Verás. La semana pasada, el miércoles, mataron a un muggle en el distrito de Peckham. Ya sabes que es un barrio muy peligroso y que no son raros los crímenes, por eso los magos se supone que ignoran la zona completamente. Y es que al muggle que mataron le lanzaron un avada kedavra. Era un simple muggle, Hermione, un inmigrante bielorruso de unos 30 años, posiblemente un traficante de drogas. Los desmemorizadores llegaron antes que Scotland Yard, alertados de que se había producido uso indebido de la magia ante muggles, pero no fueron necesarios porque los muggles que había en la zona no habían visto nada, solo oído un disparo. La escena que los aurores nos encontramos al llegar después fue al hombre muerto tirado en el suelo cerca de un charco de sangre que no era la suya. El tipo agarraba todavía en la mano derecha una pistola, pero lo peor es que por encima de los edificios del callejón se distinguía claramente… el morsmordre.
Hermione abrió los ojos como platos y se llevó una mano a la boca para ocultar su sorpresa.
- ¡Harry! ¿Cómo es posible? ¿Quién lo ha lanzado? ¿Cómo es que no se ha sabido nada?
- No sabemos aún quien es el culpable, o los culpables. Pero está claro que debe ser el mismo que mató al muggle. Este caso está clasificado secreto, con lo que la información no ha llegado al Diario el Profeta todavía. El Departamento está volcado tratando de descubrir al asesino, piensan que debe ser algún mago que se ha visto mezclado en algún asunto turbio con el muggle, y que lanzó el morsmordre al matarlo como distracción. Pero yo no me lo creo. Aquí hay algo más,…
- ¿Qué hacías tú allí? – preguntó Hermione curiosa - Tú no formas parte de la Unidad de Acción, tú trabajas en el Comité Interdepartamental de Objetos de Magia Oscura.
- Me llamaron porque como colofón, el muggle llevaba encerrado en el puño de la mano izquierda un broche con el símbolo de la casa Lestrange. Es un objeto de magia oscura. Por lo que hemos averiguado es un broche que permite "hipnotizar" a la persona con la que se conversa, de modo que ésta no consigue usar oclumancia y se vuelve también más receptiva si se le lanza el Imperius. ¿Que hacía el muggle con ese broche? No lo sé, a lo mejor forcejeó con el mortífago o mortífagos que le mataron y se lo arrancó a alguno…
- ¡Harry! – le interrumpió Hermione con determinación - Ya no hay mortífagos sueltos, y los únicos Lestranges vivos están encerrados en Azkaban ¡Voldemort se acabó, está muerto!
- ¿Entonces? ¿Cómo explicas el asesinato? ¿Y el morsmordre? Aquí hay algo más, Hermione, lo presiento – le contestó Harry con pasión.
La joven bruja miró con el ceño fruncido a su amigo y le contestó con un poco de rudeza:
- No sé que es lo que habrá pasado con ese muggle, pero estoy inclinada a pensar que el Departamento tiene razón. Ya no hay mortífagos, Harry. Se acabó, punto final, es un hecho. VOLDEMORT ESTA MUERTO. No es la primera vez que desde que terminó la guerra se ha visto el morsmordre; graffitis en Hogsmeade, panfletos en el Callejón Knockturn,… y no significan nada, Harry, ha sido demostrado, no son más que actos de vandalismo de magos inconscientes, la mayoría niñatos, buscando atención… ¡Oh, Harry! ¿Sientes algo? – le preguntó Hermione con pánico al darse cuenta que Harry se llevaba la mano instintivamente a la frente y se acariciaba la cicatriz.
- No, no. No siento nada, no es eso. Pero creo de verdad que los mortífagos se están organizando de nuevo. No creo que Voldemort haya vuelto. Pero su ideología no se ha evaporado, y quedan magos oscuros. Las artes oscuras no van a dejar de existir porque Voldemort haya desaparecido, siempre habrá magos interesados en ellas. Y no todos los mortífagos están muertos o en Azkaban –puntualizó Harry.
- No, no todos – Hermione estaba de acuerdo con él - Pero los que lograron escapar o librarse en los juicios eran meros esbirros sin importancia. Todo el círculo cercano a Voldemort y los mortífagos más poderosos han desaparecido, ya no son una amenaza.
- ¿Seguro, Hermione? – le preguntó el mago con desdén - ¿Qué me dices de Nott, o Malfoy?
- Harry, ¡estas obsesionado! – exclamó Hermione con exasperación – Lucius Malfoy y su familia cayeron en desgracia con Voldermort. Al final, Voldemort y el resto de mortífagos solo mantenían contacto con ellos para humillarlos. Creo sinceramente que se alegraron tanto o más que el resto de que lograras destruirle. Puede que compartan sus ideas sobre la pureza de sangre, pero te apuesto lo que quieras a que lo último que le interesa ahora a Lucius Malfoy es verse mezclado otra vez en este tipo de cruzadas. Y Nott,… Nott estaba ya muy mayor cuando Voldemort volvió. El mago es un anciano decrépito, carcomido por el odio y encerrado desde hace años en su Mansión, haciéndose daño sólo a sí mismo y a su familia. No hay pruebas que le acusen de que formó parte de los mortífagos esta segunda vez, y menos aún de su élite.
- Por que no se dedicara a ir por Londres matando muggles no quiere decir que no formara parte de ellos. Nott es un mago poderoso y muy, muy inteligente. Fue él quien inventó muchas de las maldiciones que tuvieron aterrorizados a todos en los años 70, y tú lo sabes. ¡Claro que no hay pruebas que le acusen de su relación con Voldemort!, demasiado listo como para mancharse las manos de sangre, pero te juro que lo apoyó, como siempre lo ha hecho.
- ¿Has hablado con alguien más de esto? ¿Algún miembro de la Orden? ¿Con Ginny? – Hermione le preguntó con aprensión.
- No. Con nadie. No soy estúpido. Sé que no me van a creer. Pero Hermione, tú tienes que creerme – la mirada de Harry era de súplica - Vale que no sea una amenaza como la del propio Voldemort, pero esto no se ha acabado todavía. ¡Tienes que creerme!
- Harry… - le imploró Hermione.
Ambos permanecieron en silencio, el almuerzo ya olvidado. Harry apoyó los antebrazos sobre sus piernas y dejó inclinar la cabeza en gesto de derrota. Hermione suspiró al cabo de unos instantes y se volvió a dirigir a él:
- Es ya tarde. Tengo que volver a la oficina porque quiero revisar un informe antes de ir a la Mansión Malfoy. Y tú deberías irte a casa también.
- ¿Vas a ir de verdad? – le preguntó Harry levantando la cabeza.
- Sí. Voy a ir. – le aseguró Hermione con firmeza - Si va a hacer que te sientas mejor, te mandaré un mensaje vía flú al volver a casa. Y te prometo mantener los ojos muy abiertos y la varita preparada por si acaso.
Luego se levantó del banco y le puso la mano en el hombro mientras que le sonreía y le decía con dulzura:
- No te obsesiones más, Harry. Seguro que el Departamento tiene razón y no es más que un mago que se ha metido en algún lío. No hay nadie que quiera resucitar el pasado. Ve a casa y descansa.
El mago asintió con la cabeza.
Hermione se alejó hacia la entrada del parque. Allí busco una esquina desierta y se apareció en el callejón con la cabina telefónica. Mientras caminaba de vuelta a su despacho iba pensando en lo que su amigo le había contado. Sentía desasosiego por él. Durante la mayor parte de su vida Harry Potter había vivido marcado por un sino: el del Niño que Vivió. Toda su existencia ligada al destino de Lord Voldemort, a sobrevivirlo y a derrotarlo. Siendo aún tan joven e influenciable era lógico que hubiera terminado por creer que su futuro estaba ya decidido y por resignarse a que las fuerzas del destino o sus mayores (léase Dumbledore u otras figuras carismáticas de su vida) decidieran su vida por él.
Hermione no pensaba que Harry hubiera querido ser un auror. La prueba es que aún siéndolo trabajaba en la Oficina del Departamento que menos tenía que ver con las supuestas funciones de los aurores. Pero al acabar la guerra todos daban por sentado que Harry entraría en la Academia de Aurores, que Harry trabajaría en el Ministerio, que Harry viviría en Grimmauld Place, que Harry se casaría con Ginny, … y Harry no iba a decepcionarlos.
Lo que más la apenaba es que aún complaciendo a todo el mundo, no pareciera que fuera capaz de superar el pasado, de desprenderse del lastre de ser "El Elegido", y que el recuerdo de Voldemort y los mortífagos siguieran acechándole.
Al llegar al despacho se centró en su informe y dejó de lado las divagaciones. Cuando quiso darse cuenta eran ya casi las cuatro, así que se dirigió apresuradamente hacia los servicios de su planta para acicalarse lo mejor que pudo. No es que tuviera especial interés en impresionar a Narcisa Malfoy, pero tampoco quería darle ninguna excusa para pensar que las brujas de origen muggle no conocían la etiqueta, o no sabían como comportarse correctamente en todas las situaciones sociales.
La Sra. Malfoy le había indicado en su carta que la red flú estaría abierta para ella desde las cuatro menos cinco, así que cogiendo un poco de polvo flú lo lanzó en la chimenea de su despacho y pronunció la dirección que jamás pensó vocalizaría voluntariamente:
- Mansión Malfoy.
La estupendísima Aceli es la que revisa y corrige todas mis tonterías. Un aplauso muy fuerte para ella.
Mil gracias a todos los que leeis y sobre todo a las que comentais esta historia, no os podeis hacer idea del apoyo que supone.
Capítulo quinto
