Harry Potter y su mundo mágico pertenecen a J.K. Rowling. Yo sólo poseo imaginación, que es gratis.


Capítulo sexto

1 año, 3 meses, 23 días y 8 horas para el vigésimo quinto aniversario de Draco Malfoy


La salita era un monumento al buen gusto. Orientada hacia el sur, dos grandes ventanales cubiertos por cortinas del más fino material dejaban entrar la claridad de la excepcional tarde de febrero. El resto de la sala estaba decorado en tonos pasteles y azul pavo real. Ni sencillo, ni recargado. Ningún detalle parecía haber sido elegido al azar, todo era armónico y acogedor. Hermione pensaba que hasta el polvo, si lo hubiera, complementaría el resto de la pieza.

El único elemento discordante era el imbécil de rasgos pálidos que con aire aburrido la miraba fijamente despatarrado en el coqueto diván. Hermione prefería ignorarlo, lo que era difícil, porque a pesar de su pretendida indiferencia, con su postura y su comportamiento el joven mago parecía estar haciendo todo lo posible por irritarla. Pero ella no iba a darle el gusto.

Sentada en el borde de un sillón francés, con las manos sobre el regazo y la espalda muy tiesa, la gryffindor trataba de copiar la grácil pose de Narcisa Malfoy. "No es justo", pensaba. La elegancia de la veterana bruja era innata; su porte, sus gestos, su distinción, su belleza,… Hermione tenía que hacer un esfuerzo para igualarla en buenas maneras, y la presencia incómoda de Malfoy no es que ayudara precisamente.

Narcisa le dirigió una beatifica sonrisa y dejando la taza de té sobre el platillo que sostenía con gracia en la mano izquierda le comentó:

- Srta. Granger, disculpe la ausencia del Sr. Malfoy. A mi marido le hubiera encantado acompañarnos esta tarde, pero tenía unos asuntos urgentes que atender. Me ha pedido que le excuse en su nombre, y espera poder disfrutar de su compañía en otra ocasión.

Hermione le devolvió la sonrisa y le contestó:

- Por supuesto Sra. Malfoy, entiendo que puedan surgir imprevistos. A mí también me hubiera gustado mucho saludarlo – mintió Hermione alargando la mano para coger un pequeño bocadillo de la mesa. Antes de alcanzar su objetivo Narcisa la detuvo:

- Si me permite la sugerencia, Srta. Granger, le recomiendo los pastelitos de coco, son una especialidad de Trushy, la elfa doméstica encargada de la cocina. Las galletas de limón también son excelentes, y verá…

Draco entonces chasqueó los dedos y un elfo doméstico apareció en la salita con un "pop". Sin desviar la mirada de Hermione le dijo indolente:

- Puth, una copa de firewhisky y una pasta de pistacho.

El elfo se acercó a la mesa y le alcanzó lo requerido al joven. Con una exagerada reverencia desapareció. El mago ni se movió un milímetro de su cómoda posición en el diván, ni dejó de examinar a la gryffindor tampoco. Con un movimiento apático se llevó la pasta a la boca.

Mientras Narcisa seguía conversando con Hermione:

- … yo siempre he preferido empezar por lo dulce y luego terminar con algún bocadillito salado, ya sé que no es lo correcto, pero ¡qué le voy a hacer!, soy una golosa irremediable…

Hermione la sonreía dando pequeños bocados a su pastelito. No le interesaba en lo más mínimo la conversación de la Sra. Malfoy, pero trataba de prestar atención y así ignorar al estúpido caprichoso niño rico que medio tumbado en el diván a su izquierda la crispaba con su mera presencia. La pobre Hermione no sabía como meter baza y sacar el tema de la biblioteca, así que hasta que encontrara el momento adecuado seguiría fingiendo interés e incluso participando del parloteo insustancial de la anfitriona.

- … ¿Entonces van muy a menudo a pasar los fines de semana a Ilfracombe? – le preguntó Hermione.

- No, no – negó Narcisa – desde hace ya unos años no hemos vuelto a ir. Ya ve, Srta. Granger, con la salud de mi marido, y como Draco hace tiempo que perdió interés en acompañarnos…

El susodicho volvió a chasquear los dedos y de nuevo el elfo doméstico apareció en la sala.

- Otra pasta y una servilleta – le ordenó Draco con su habitual tono de voz.

El elfo doméstico le alcanzó de la mesa lo demandado y desapareció. No pasaron ni unos segundos y el rubio volvió a chasquear los dedos. Esta vez al aparecer el elfo ni le habló. Se limitó a extender el brazo y a esperar con impaciencia a que la sumisa criatura le cogiera de la mano la servilleta que acababa de llevarse a los labios y desapareciera. Mientras, las dos brujas parecían haber olvidado su presencia.

-… y además la veranda es de lo más agradable en invierno. Seguro que si la viera pensaría como yo, Hermione, porque ¿no le molesta que la llame Hermione, verdad? Yo le ruego me llame Narcisa, ¡Sra. Malfoy es tan formal! Pues la veranda la tenemos protegida con un cercado de rosales que no son …

Draco le dio un trago a su firewhisky y volvió a clavar su mirada en Hermione. No sabía a que estaba jugando su madre, ¡invitar a la asquerosa sangresucia! Y lo peor, obligarle a él a estar presente y "comportarse". Si el único medio para volver a ser respetados era relacionarse con la insoportable sabelotodo, mejor emigrar a las Antípodas.

"Mírala" pensaba Draco con asco "toda tiesa y remilgada". Era una miniMcGonagall, sólo le faltaba el moño. El mago nunca le había prestado mucha atención en Hogwarts. Siempre la había contemplado como un elemento más del Trío del Infierno, la ñoña sangresucia empollona con el arbusto en la cabeza. No había perdido ni un segundo de su tiempo en mirarla dos veces. Ahora en cambio la estaba estudiando a fondo, no tenía otra cosa mejor que hacer de todas formas, y además parecía que su escrutinio la estaba poniendo de los nervios. Perfecto.

Se la notaba forzada, sentada en una posición demasiado rígida, como si sufriera de hemorroides. Conversaba con su madre fingiendo interés, Draco veía claramente que todo era apariencia ¿Para qué había venido? ¿Por qué había aceptado la invitación? Sabía que despreciaba a su familia tanto como ellos a ella, y no es que le molestara en lo más mínimo.

Se sentía incomoda por algo, deducía Draco, porque con un gesto nervioso no paraba de colocarse un mechón de pelo imaginario detrás de la oreja. Tenía orejas muy pequeñas. Bueno, casi todos los rasgos de su cara eran pequeños. Las orejas, la nariz, la boca, la barbilla,…eso le daba un aspecto infantil, ingenuo, si hasta tenía pecas alrededor de la nariz, ¡qué mona! Desde luego su rostro contrastaba con su persona, porque bajo esa dulce apariencia se escondía la bruja más insufrible de la historia. Los ojos, los ojos era lo que la traicionaban. La mirada de esos grandes ojos pardos y ligeramente almendrados reflejaba exactamente su cargante personalidad, que desde luego era todo menos angelical.

Bajo un punto de vista crítico (y si uno olvidaba que era capaz de hablar) su semblante, su piel, su figura,… había que reconocer que podía pasar por bonita. Bonita si no se tenía en cuenta tampoco la pelambrera de malas hierbas de su cabeza, y dentro del canon de belleza sangresucia, por supuesto. Pero podría entender que alguien pudiera encontrarla atractiva, si ese alguien estaba dispuesto a rebajarse al standard muggle. No recordaba que Potty o el "avispado" de Weasley se hubieran relacionado sentimentalmente con ella. Tampoco es que hubiera prestado atención a la vida amorosa del Trío de Oro. Pero ahora se preguntaba si alguno de ellos se la habría tirado, o los dos. A lo mejor más que los Trillizos Asexuados eran un ménage à trois… Imposible, pensó Draco, se la veía muy santurrona. Seguro que era frígida, todo falsa modestia y melindres. O a lo mejor todo lo contrario, con estas brujas con apariencia de mojigatas nunca se sabía. Puede que fuera una pervertida con gustos sadomaso. Sí, tenía toda la pinta de una dominadora. Un momento. ¿Qué hacia pensando en la sexualidad de Granger?

Asustado de sus propios pensamientos le dio un trago largo a su firewhisky y de nuevo chasqueó los dedos.

- Puth, otra pasta.

- … pues eso mismo pensé yo ¡tonos anarajandos en las enaguas! Si es que ya no saben que inventar en nombre de la moda – Narcisa Malfoy volvió la mirada hacia su hijo y con tono irritado le dijo – Draco, cariño, ¿puedes dejar de marear al pobre Puth? Lo estas volviendo loco a él y a nosotras también. Si quieres una pasta alarga la mano y cógela tu mismo.

Draco se incorporó en el diván incomodo con la amonestación de su madre, y con la media sonrisa socarrona que Granger no se molestaba en ocultar.

- Perdona madre. No era mi intención molestarte. Pero a fin de cuentas viven para obedecer cada una de mis órdenes ¿no?

- Sí cariño. Pero todo tiene un límite, y me está doliendo la cabeza con tanto "pop" – dijo Narcisa llevándose la mano a la sien. Volviendo la mirada hacia Hermione se percató del gesto airado de la bruja - ¡Oh! Lo siento, querida. Se me había olvidado que los elfos domésticos son un tema delicado para ti. Aunque no entiendo bien si te molesta que sean felices sirviendo a sus amos o que lo sean cuando se les castiga.

Ahora le tocó el turno a Draco de sonreírse. "Ahí, Granger" pensó "suelta tu discursito y ponte en ridículo, qué lo estas deseando". Y Hermione no le defraudó.

- En realidad, Narcisa, lo que me molesta es que nadie parezca ser capaz de darse cuenta de la injusticia que supone la esclavitud de unas criaturas inteligentes…

- Ahórrate el mitin, Granger – la interrumpió Draco – Para tu información, todos y cada uno de los elfos domésticos que pertenecen a esta familia sufrieron un ataque de ansiedad cuando se aprobó tu "decretito" pensando que los iban a liberar – y llevándose una mano al pecho continuó - Acompaño en el sentimiento a los infortunados empleados del Departamento de Control y Regulación de Criaturas Mágicas que deben padecerte todos los días.

- Pues para tu información – le contestó la bruja agraviada- te ilustro que mi "decretito" fue aprobado por unanimidad del Wizangamot, y que los elfos domésticos ya han empezado a liberarse amparados por la nueva Ley. Además, yo ya no trabajo para el Departamento de Control y Regulación de Criaturas Mágicas.

- ¿No? ¿Ya te han echado? Por Merlín, Granger. Eres única. Si casi tienen que sobornar a los magos para que trabajen en ese Departamento de mierda, y a ti te han despachado en qué ¿menos de un mes?

- Me fui yo, estúpido – le dijo Hermione, aunque antes de seguir insultándole se obligó a tomar aire mientras se decía a si misma "Contrólate, contrólate, que aún no has conseguido el acceso a la biblioteca. Piensa en los gusamocos, Hermione, los gusamocos" – aunque no he venido aquí para discutir contigo mi carrera profesional.

- ¿No? ¿Para que has venido entonces, Granger? – le preguntó Draco inclinándose intimidatoriamente hacia ella.

Narcisa les había estado observando con fascinación. ¡Que maravilla! La tensión entre los dos era casi corpórea. Pero pensó que ya era el momento de intervenir.

- Pero sigues trabajando en el Ministerio, ¿no, querida?

Hermione apartó la vista del joven Malfoy y dirigiéndose a su madre le contestó:

- Sí. Aunque ahora trabajo como fiscal para el Concilio de la Ley Mágica.

- ¡Ah! Sí. Es cierto. Ahora recuerdo que Lucius me lo había comentado. Creo, querida, que te estás haciendo todo un nombre en el Wizangamot – le dijo Narcisa con una tierna sonrisa y en un tono de voz como si estuviera compartiendo un secreto con ella.

- Bueno – la contestó la bruja sonrojándose un poco - es cierto que he empezado con mucha fuerza y que de momento me ha ido todo muy bien. También es cierto que los casos demandan mucho trabajo y estudio, y que no siempre es fácil construir una buena defensa – moviéndose incomoda en el sillón continuó, evitando mirarla a los ojos - Precisamente, me encuentro ahora con un caso en el que estoy un poco perdida, es que me está resultando muy difícil recopilar información… – bajando la vista hacia su regazo siguió hablando mientras se alisaba la falda que ni un almidonado podía dejar más tiesa - y me preguntaba si no considerarías una impertinencia por mi parte pedirte poder ojear algunos de los libros sobre pociones de la biblioteca de la Mansión. Es sabido que la familia Malfoy goza de una de las mejores colecciones privadas de todo el mundo mágico, y supongo que la sección de pociones debe haberse beneficiado de los ejemplares que poseía el difunto Profesor Snape…

Hermione levantó la vista expectante hacia Narcisa Malfoy, pero ésta miraba calculadora entre su hijo y ella. Con reserva la contestó:

- Por supuesto, querida. Más que molestarme lo consideraría un honor el poder ayudarte, y puedes consultar la biblioteca siempre que quieras. Pero me temo que no encontrarás ninguno de los libros de Severus ¿no, Draco?

El rubio, que de nuevo observaba a la joven con interés, no contestó a su madre.

- ¿Qué es lo que de verdad estás buscando, Granger? – le dijo amenazadoramente.

Hermione le miró desafiante. A diferencia de cómo lo recordaba de su tiempo en Hogwarts, Draco Malfoy había cambiado. Notaba que en parte seguía siendo el mismo imbécil perdonavidas que disfrutaba atormentando a los más débiles. Con sus insultos infantiles y predecibles, no había sido más que un mero fanfarrón cobarde, mezquino y malcriado. Pero ahora había algo más, había madurado. Hermione se dio cuenta que en realidad no podía catalogarlo porque no lo conocía. La última vez que pudo juzgar su carácter fue durante su sexto año en Hogwarts, y con todo lo que pasó entonces, y que nunca es que se hubiera interesado en su persona, era difícil deducir en que tipo de mago se había convertido.

Su aspecto sí era distinto. Siempre había sido de tipo esbelto, afilado,… irradiando elegancia con esa insolente seguridad en sí mismo tan suya. Pero ahora se le veía más intratable, más áspero. Su semblante mostraba una dureza que contrastaba con los exquisitos rasgos de su rostro, aunque ya no fueran tan finos. La nariz, y sobre todo el mentón, se le habían afirmado. El cabello rubio blanquecino, absurdamente suave, no lo engominaba hacia atrás como en su adolescencia, o al menos no hoy. Mechas de cabello plateado le caían sobre la frente casi ocultándole los ojos.

Esos ojos de una tonalidad gris tan extraña…hipnotizaban por su inhumanidad. Y no es que fueran inhumanos por ser crueles, o malvados. Tampoco inhumanos por su vacuidad, ya que tenían profundidad, era indiscutible que el mago era inteligente. Eran más bien inhumanos porque no expresaban nada, ni indiferencia. Su mirada no reflejaba emociones, ni sentimientos, menos aún su alma, no reflejaba nada. Además eran unos ojos fríos, muy, muy fríos. Calculadores. ¿Qué ocultaban esos dos iris glaciales? Y eso era lo que la intrigaba. Porque aunque no lo reconociera, sentía curiosidad por el maduro Draco Malfoy.

A Hermione siempre le había fascinado la masculinidad. Todos los magos de los que se había sentido atraída poseían una apariencia muy viril. Viktor Krum, Charlie Weasley, hasta Ronald era de tipo fornido. Podía decirse que la atraían los musculitos, pero era más bien que le llamaban la atención las cualidades físicas, ya que las mentales,… bueno, ella ya poseía cerebro suficiente para dos, y no creía poder encontrar una pareja que la asemejara en intelecto. El slytherin en cambio no entraba dentro de la categoría del tipo de hombre "machote". No, Draco Malfoy era felino. Felino y distante. Y a Hermione los instintos le gritaban que se alejase de él, que el rubio representaba un peligro. Cual era la amenaza que percibía, era incapaz de ponerle un nombre, pero sentía claramente que Draco Malfoy era peligroso, al menos para ella.

Desafiando al mago le contestó con hostilidad:

- No esperarás que comparta contigo el contenido del caso que me ha asignado el Wizengamot, ¿verdad? – Hermione apretó los labios.

- Por supuesto que no – contestó por su hijo Narcisa, observando como los dos jóvenes se retaban con las miradas cargadas de odio – lo que pasa es que Draco siempre estuvo muy apegado a su padrino, y conserva todas sus pertenencias con mucho cariño. Así que no le gusta que se ande hurgando en sus cosas… - Draco miró a su madre indignado, ésta lo ignoró - aunque no es por ti, querida. Además, si le hablas un poco más de lo que estas investigando, seguro que incluso podría ayudarte. Mi hijo era muy buen estudiante, y los Malfoys siempre han sido muy dotados para las pociones – Narcisa la sonrió.

Hermione se volvió de nuevo hacia el mago. "Los gusamocos, Hermione, los gusamocos" se decía. Con una falsa sonrisa y los ojos chispeando de puro odio, le dijo en simulado tono aterciopelado:

- Lo cierto es que me resultaría de gran utilidad poder ojear los manuscritos y las anotaciones del Profesor Snape, Draco.

- Todo lo que pertenecía a mi padrino es mío ahora, Granger. Así que estas hablando de MIS manuscritos y de MIS anotaciones. No esperes que te vaya a dejar la llave de MI casa en Canning Town para que toquetees MIS cosas sin permiso.

- Pues claro que no, cariño, – intercedió Narcisa - ¡cómo va a ir sola a la antigua casa de Severus! Es un barrio poco recomendable para que se pasee por su cuenta una joven bruja decente. Tú la vas a acompañar y así además la ayudas con lo de las pociones, ¿no te parece?

Draco contempló a su madre horrorizado. Ésta lo miraba con LA MIRADA. No es que le estuviera ordenando hacerlo, ya era muy mayor para obedecer sin rechistar a su mama; ni tampoco le suplicaba, los Malfoys no suplican. Su madre simplemente le transmitía todo lo que significaba para ella que colaborara con la sangresucia ¡Pero qué era esto! Alguna broma macabra del destino. Lo rodeaba el surrealismo ¿De verdad creían que iba a doblegarse a colaborar con la sucia gryffindor? … Aunque era incapaz de negarle nada a su madre,…pero no pensaba ponérselo fácil a la petulante sabihondilla tampoco.

- No esperes que te vaya a dejar importunarme durante horas, Granger. Mi tiempo es muy preciado, y no lo pienso gastar haciendo de canguro de una san… - Draco se calló en cuanto sintió el falso carraspeo de su madre a modo de advertencia.

Hermione aliviada ignoró el insulto. Metió la mano en el bolsillo de su túnica y sacó una pequeña agenda muggle. Los dos Malfoys la miraban ahora con curiosidad.

- Por supuesto, Malfoy, el sentimiento es mutuo. Yo tampoco tengo intención de eternizarme en tu compañía ¿Cuándo te vendría bien? – Hermione pensativa ojeaba su agenda mientras le decía - De esta semana tengo libre mañana jueves entre las tres y las cinco, o el viernes por la mañana hasta las once. Aunque si a ti no te importa, a mi no me molesta trabajar el fin de semana.

Levantó la vista hacia el mago expectante. Éste se recostó de nuevo en el diván y mirando al techo con aire aburrido le dijo:

- No va a poder ser esta semana.

Hermione volvió a mirar su agenda.

- El lunes y el martes de la semana que viene sólo puedo liberarme a partir de las siete de la tarde. El miércoles por la tarde lo puedo tener libre…

- Pues yo no puedo la semana que viene tampoco – la interrumpió Draco

Hermione, entendiendo su juego, cerró la agenda y le preguntó exasperada:

- Bueno, pues dime entonces cuando vas a estar disponible, así acabaremos antes.

Draco ni se inmutó, jugueteando con la copa de firewhisky entre sus manos le contestó:

- A ver, a ver que recapacite… ¡Uf! Creo que hasta la tercera semana de mayo no voy a tener ningún momento libre. Ahora que lo pienso... – comentó con falsa sorpresa - ¡tengo una vida social muy sacrificada!

- Mira Malfoy, seamos claros – le espetó la bruja- No voy a dejar el caso en espera hasta que te de la gana de mostrar un poco de madurez y acompañarme por unas míseras horas a la casa de Snape.

- MI casa, Granger, MI casa. Y yo no tengo la culpa de ser un mago muy ocupado.

Narcisa de nuevo decidió intervenir. Eran un par fascinante, pero sin un empujoncito no iban a llegar a ningún sitio.

- Pero cariño, ¿Qué tienes que hacer mañana y pasado que no puedas liberarte unas horas para ayudar a Hermione?

- Pues no lo se todavía madre, pero seguro que voy a estar ocupadísimo – le contestó Draco con desfachatez.

Narcisa pensó que la actitud de su hijo estaba llegando al límite de su paciencia.

- Hermione querida, ¿dices que mañana tienes libre entre las tres y las cinco? – al confirmarlo ésta con un gesto de cabeza, Narcisa se dirigió de nuevo a su hijo – Pues arreglado. Draco te esperará a las tres en Canning Town, en la esquina de la calle de las Hilanderas, allí hay un punto de aparición, ¿la casa está en el número dieciséis?

- Sí, el dieciséis – afirmó Draco resignado. Lo que no hiciera por su madre…

- Perfecto – concluyó Narcisa sonriendo abiertamente y uniendo ambas manos con gesto de deleite.

El resto del té pasó sin más incidencias. Narcisa siguió conversando con Hermione sobre temas insustanciales, aunque ésta última, ya más relajada, se permitió desconectar del cotorreo de la Sra. Malfoy y listaba mentalmente los libros que tendría que buscar en casa del profesor Snape. Draco mientras las ignoraba, y era a su vez ignorado, liquidando en el proceso otra copa doble de firewhisky.

Cuando Hermione se excusó para marcharse, Narcisa obligó a Draco a acompañarla hasta la sala adyacente al hall de la Mansión, donde se encontraba la chimenea que conectaban a la red flú cuando lo necesitaban. Antes de despedirse, la Sra. Malfoy logró obtener de Hermione la promesa de un futuro almuerzo para ambas en el Callejón Diagon. Malfoy no le dirigió la palabra al despedirla, y ella a él tampoco.

De vuelta a su oficina, Hermione se tomó una pócima contra el dolor de cabeza ¡Menuda tarde! No sabía que había sido peor, si la Sra. Malfoy con su superficial parloteo (la bruja era una mezcla de su tía-abuela Jeanne y de Lavender Brown), o el insufrible caprichoso de su hijo. En todo caso, al menos ahora existía la posibilidad de avanzar en el caso de los gusamocos, con lo que soportar a los Malfoys había merecido la pena.

En cuanto sintió los efectos de la poción, se puso manos a la obra. Tenía que estar preparada para su visita a Canning Town mañana, porque sabía que Malfoy iba a ponerse difícil y no la iba a dejar examinar los manuscritos a voluntad. Así que se dedicó a listar los capítulos de los libros sobre pociones, criaturas mágicas y propiedades mágicas que podían ser de interés, y que tendría que revisar si encontraba ejemplares en casa de su antiguo profesor. Éste seguramente habría escrito anotaciones interesantes en los márgenes, como hizo con su Manual de Pociones de 6º Curso con el que se topó Harry.

Como siempre, estaba tan concentrada en su tarea que no se dio cuenta que alguien trataba de contactarla a través de la red flú. Era Harry. El joven auror estaba más que preocupado, esperando noticias de Hermione desde las cuatro de la tarde, y ya eran más de las ocho. Su ansiedad se entendía mejor si se tenía en cuenta que cuando Harry se había puesto a conjeturar porqué la bruja no le habría contactado aún, su mente se había llenado de imágenes de mortífagos, maldiciones imperdonables y pálidos imbéciles con el pelo engominado. Hermione le tranquilizó y le relató su encantadora velada en la Mansión Malfoy.

Harry se ofreció, o más bien exigió, acompañarla a casa de Snape al día siguiente. A Hermione le indignaba que su amigo implicara que ella era incapaz de mantener a raya a Malfoy por unas horas. Pero al mismo tiempo…. entendía que para Harry podía ser importante visitar el que fuera domicilio de Severus Snape, que además se encontraba en la misma calle donde había vivido Lily Potter siendo niña. Y por otro lado, sabía que al rubio slytherin le iba a sentar como un rayo el verla aparecer con su Némesis. La posibilidad de enfurecerlo era una tentación demasiado irresistible… Con lo que al final decidió que no era tan mala idea que Harry la acompañara.


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