Capítulo séptimo

1 año, 3 meses y 22 días para el vigésimo quinto aniversario de Draco Malfoy (jueves 12 de febrero de 2004)


El jueves 12 de febrero de 2004, a las 15 horas y 1 minuto, Harry y Hermione se aparecieron en Canning Town, en la esquina de la calle de las Hilanderas. Canning Town era un suburbio situado en la orilla norte del Támesis. Antiguo barrio industrial, era una de las zonas más deprimidas de Londres, aunque el Gobierno muggle había empezado recientemente a invertir para rehabilitarlo. Draco les estaba esperando enfundado en un oscuro abrigo de piel que le cubría toda la túnica, así creía que los muggles no se fijarían en él. Abotonado hasta la barbilla y con el cuello levantado, se apoyaba en la pared con gesto de indiferencia. Al verlos aparecer, apretó los labios con desprecio.

- Vaya Granger, ¿Miedo a quedarte a solas con el temible lobo feroz?

- Nunca Malfoy – le contestó la bruja con firmeza - Harry ha venido conmigo porque me está ayudando con mis investigaciones.

Draco se apartó de la pared y con elegancia empezó a caminar hacia ellos. La más lograda de sus sonrisitas de menosprecio lucía en su rostro.

- Seguro – le dijo con sarcasmo - El amigo Potter es conocido en el mundo mágico por sus extensos conocimientos bibliográficos. Te va a servir de gran ayuda, teniendo en cuenta que dudo que sepa que los libros sirven para algo más que para equilibrar las patas de las mesas.

- Malfoy – contestó Harry molesto – Cállate. Creo que no tenemos mucho tiempo, así que llévanos a la casa de Snape y terminemos cuanto antes.

- Me has quitado las palabras de la boca, Potter. Pero antes, hay un par de cositas que espero os queden muy claras – elevando la mano izquierda a la altura de la cara de Hermione les mostró el dedo índice - Primero, cuando entremos iremos directamente a la salita y allí permaneceréis las dos horas. Nada de deambular por la casa – señaló entonces el dedo medio - Segundo, os limitareis a consultar los libros. No os quiero fisgoneando por el resto de la sala – Luego sosteniendo el anular añadió - Tercero. Aunque me veo forzado a permanecer con vosotros para asegurarme de que no robáis nada, ni me habléis, ni me miréis. Yo no existo. ¿Está claro?

- Estas disfrutando con esto, ¿verdad Malfoy? – le dijo Harry con animosidad dando un paso hacia él.

- No puedes hacerte idea – le contestó Draco gallito acortando la distancia - Es el súmmum del placer, teneros a los dos contaminando mi casa…

- Bueno, basta ya – les paró Hermione sintiendo que la cosa podía llegar a más. Draco la miró un momento y dándose la vuelta dobló la esquina y a grandes pasos echó a andar por la calle. Harry y Hermione marcharon detrás.

La calle de las Hilanderas estaba formada por un conjunto de casas adosadas de ladrillos, típicas de antiguo barrio industrial inglés. Las casas de la acera derecha se encontraban en desnivel, más bajas a causa de su cercanía con el río. La calle no estaba muy concurrida a esas horas, tan sólo se veía algún que otro viandante. Hermione se fijo en como Harry ojeaba alrededor con interés, suponía que se preguntaba cual habría sido la casa de sus abuelos, o que trataba de imaginarse a su madre siendo niña con su tía Petunia.

Llegaron al final de la calle, donde frente a un solar con una antigua chimenea industrial en ruinas, se encontraba el número 16. Draco subió el par de peldaños frente a la puerta y discretamente sacó su varita del bolsillo y murmuró un hechizo. Luego giró el pomo y empujándolo hacia adentro se introdujo en la casa. Hermione le siguió inmediatamente detrás, y la puerta estuvo a punto de estampársele en la cara. La bruja no había esperado que Draco tuviera la educación de dejarla pasar antes, como un caballero, pero sí al menos de sostenerle la puerta. "Demasiado pedir del príncipe de los hurones", pensó.

La entrada era un pequeño recibidor en el que apenas cabían los tres. Draco se quitó el abrigo y lo colgó en un perchero situado en la pared. Sin dejarles tiempo a hacer lo mismo, abrió la puerta de la izquierda y les hizo pasar. La salita, rectangular y oscura, estaba totalmente cubierta por estanterías llenas de todo tipo de libros, salvo por una pequeña ventana que daba al frente de la casa, otra en la pared opuesta que daba al minúsculo jardín trasero, y una chimenea encendida en la esquina. El slytherin lanzó un hechizo a la lámpara de velas que colgaba del techo y la estancia se iluminó.

El rubio se dirigió hacía el sillón cercano a la chimenea. Se sentó estirando las piernas y llevándose las manos a la nuca se acomodó. Hermione se quitó el abrigo y dejándolo sobre una silla se instaló en la única mesa de la pieza. Depositó su maletín y empezó a extraer pergaminos. Harry no se había movido de la puerta. Miraba por todas partes observando los pequeños detalles: las pilas de antiguos ejemplares de "El Profeta" y otras publicaciones envejecidas que se acumulaban junto a la ventana, unas fotos y un tintero antiguo sobre la repisa de la chimenea, los diplomas mal enmarcados dispuestos a modo de adorno entre las estanterías, un marco con un lirio blanco seco colgado encima de la chimenea,… Era muy difícil para él describir lo que sentía en ese momento, invadiendo la que fuera esfera privada de Severus Snape. Como si de nuevo se encontrara en su presencia, como si gracias a la legilimancia estuviera indagando en sus memorias.

Una de las pocas cosas de las que Harry se arrepentía era de no haber conocido más a fondo a su antiguo profesor. Snape había sido una figura tan significativa a lo largo de su vida como lo fue la de Dumbledore. Con su ambiguo comportamiento, el Maestro de Pociones había protegido a Harry y a su causa entregando su propia vida, sacrificando su propia dignidad y reputación al lado de Voldemort. Había jugado un difícil papel de espía con el que demostró un coraje y una heroicidad muy por encima de la de todos ellos. Y llevado a cabo el más odioso y al mismo tiempo valeroso acto al matar a Dumbledore. Además, el vínculo que tenía con su madre…

Hermione levantó la vista de la mesa con todos sus pergaminos ya preparados y posó los ojos en Harry. El rostro del joven auror reflejaba su emoción y la riada de sentimientos que le invadían. La bruja simpatizaba con él. Ella misma sentía una mezcla de admiración y remordimiento cuando recordaba a su antiguo profesor. Pero para él tenía que ser emocionalmente más difícil, porque Harry era más compasivo que ella. Porque sabía que su amigo estaba pensando en que le debía más que la vida. Porque sabía que deseaba con todas sus fuerzas que aún estuviera vivo, para poder expresarle toda su admiración y su agradecimiento. Porque una vez liberados de Voldemort, ¡le hubiera gustado tanto conocerlo de verdad!, poder hablar con él, ya sabiendo que tipo de mago era en realidad, explicarle que entendía todo lo que había hecho y porque lo había hecho, confesarle que lo admiraba…

De pronto Draco empezó a hacer un extraño y ruidoso sonido y ambos gryffindors salieron de su ensimismamiento y volvieron la vista hacia él.

El rubio, con una mano puesta sobre el corazón, fingía sonoros sollozos y tenía plasmada una falsa expresión de absoluto desconsuelo. Dirigiéndose a Harry le dijo con sarcasmo:

- ¡Oh, Potter! ¡Me estas haciendo llorar! No quiero ahondar en tu pena, pero ya que mi padrino significaba tanto para ti, puedo buscar en su dormitorio algún calcetín o algún calzón usado y te lo puedes llevar como relicario. Seguro que sostenerlo por las noches en la cama te ayudará a dormir mejor.

En un instante Harry enfurecido sacó su varita y se lanzó a por él.

- Estúpido mortífago insensible. Te voy a …

- ¿Me vas a qué Potter? – Draco se puso de pie de un salto, también varita en mano, y enfrentándole le soltó con todo el veneno de su voz – Tú eres el hipócrita insensible. Toda tu vida tú y los de tu calaña no habéis hecho otra cosa que despreciarlo, dudar de su lealtad, ridiculizarlo ¿o me lo vas a negar? Ninguno de vosotros lo conocía ni tenía un ápice de interés en hacerlo. Lo dejasteis solo, solo para luchar vuestra causa junto al Señor Tenebroso, y ahora ¿qué? ¿remordimientos? Tarde Potter. Muy, muy tarde. A otro con tu patética congoja, no es más que culpabilidad ¿verdad que te duele deberle tanto? - los dos magos se encontraban ahora uno frente al otro, a apenas unos centímetros de distancia - porque no hizo otra cosa que pasarse años protegiendo tu miserable trasero. Le debes tu despreciable existencia, Potter.

- Me parece que no soy el único en esta casa que debería recordar que le debe la vida a alguien – le soltó Harry con dureza.

Draco dio un paso atrás y su rostro se mostró dolido durante un breve instante. Enseguida se recompuso y le soltó con amargura:

- Vaya con San Potter. Ni yo te creía capaz de algo así. Bonito golpe bajo. Llevaras años deseando recordármelo, ¿verdad? Ya me extrañaba que aún no hubieras encontrado el momento adecuado de echarme en cara lo que pasó en la Sala de los Requerimientos.

Ambos magos se sostuvieron la mirada durante unos segundos. La tensión era tan palpable que ni Hermione se atrevía a intervenir. Harry se apartó entonces de Draco y yéndose hacia su amiga la agarró bruscamente del brazo tirando de ella mientras le decía:

- Vámonos Hermione. No tenemos por qué aguantar esto.

Hermione se soltó de Harry y le dijo en voz baja:

- No, no. Vete tú. Yo me tengo que quedar. De verdad que necesito echarle un vistazo a los manuscritos de Snape.

Harry la miró suplicante y con urgencia le cuchicheo:

- No te vas a quedar tú aquí sola con él. Vámonos. Ya hablaré con alguien en el Ministerio para que nos autoricen volver con una orden.

- Qué no Harry. Ya que estoy aquí me quedo – Hermione bajo la voz aún más y añadió con firmeza - Además, esa no es la solución. De verdad, vete tú. No se va a atrever a hacerme nada, y si lo hiciera sabes que puedo defenderme sola perfectamente.

Tras unos minutos más de discusión en murmullos, que Draco encontró fascinante, Hermione logró convencer a Harry de que se marchara. Éste lo hizo no sin antes amenazar de nuevo a Draco, lo que les llevó a un nuevo intercambio de insultos que terminaron cuando la bruja empujó a su amigo fuera de la salita. Cuando Draco oyó la puerta de la calle cerrarse, se volvió a instalar en su sillón, y con un conjuro se agenció un vaso y una botella de whisky envejecido de Ogden de la cocina. Hermione volvió a la salita y al entrar, Draco le dijo con sorna:

- Al fin solos, cariño.

Hermione se paró en seco y le clavó la mirada con desprecio. Draco con media sonrisa maliciosa se llevó la copa a los labios y dio un trago a su whisky sin desviar los ojos de ella. Era evidente que el slytherin estaba disfrutando de todo aquello, regodeándose en el control que tenía de la situación. Lo que le llamaba la atención a Hermione es que sus fríos ojos siguieran tan impasibles, ni una pizca de jugueteo en ellos, tan imperturbables e inhumanos como siempre. La bruja suspiró y cogiendo uno de los pergaminos que había sacado de su maletín, se dirigió a la estantería más amplia y empezó a buscar los libros que había listado.

A la media hora, Hermione tenía apilados una docena de tomos sobre la mesa y se encontraba pergamino en mano dando vueltas por el resto de las estanterías. Draco la observaba con asco, dando largos tragos a su whisky, aunque no podía negar que era moderadamente divertido contemplar como estudiaba los libros y como poco a poco se le iba frunciendo el ceño y la naricita, y como su expresión pasaba de concentrada a crispada. Además, Draco sabía muy bien porque la bruja se estaba exasperando.

No tenía ni la más remota idea, ni evidentemente le interesaba en lo más mínimo, saber que andaba buscando. Pero Draco no había dejado de observar con detenimiento todos sus movimientos. Por puro aburrimiento, por supuesto. Y intuía, por los libros que consultaba, que debía andar detrás de los usos en pociones de alguna criatura mágica. No parecía estar buscando una obra rara o especial, la bruja se interesaba más bien por manuales y tratados corrientes que seguro se encontraban en todas las librerías. Siendo además como era la reina de las ratas de biblioteca, lo más probable es que ella misma los tuviera en casa. Así que para estar tan desesperada como para estudiarlos con tanto ahínco es que su caso debía tratarse de un enigma raro y complejo, con lo que suponía tendría depositadas sus esperanzas en que su padrino hubiera realizado algún estudio por su cuenta y anotado sus conclusiones en los márgenes. Si ese era el caso, esperaba que soportara bien el fracaso, aunque lo dudaba, porque ni con la ayuda de felix felicis iba a encontrar lo que buscaba.

Sonriendo para sí, Draco dio otro trago a su copa mientras observaba por el rabillo del ojo como la bruja irritada cerraba de un golpe y con gesto enfadado otro tomo y murmuraba incoherencias incomprensibles. De pronto levantó la vista hacia él y tras dudar un momento le habló:

- Malfoy ¿Dónde están los otros libros de Snape?

- Creía haberte dejado claro que para ti no existo, Granger.

- Si, bueno. Y yo creía que habíamos aclarado que me ibas a dejar examinar todos los libros y manuscritos de Snape, y aquí obviamente no están todos – le comentó la bruja molesta señalando con la mano las estanterías alrededor de la salita.

- No sé de lo que me estás hablando.

- Sí que los sabes – le soltó con impaciencia Hermione. Mirando hacia la puerta le preguntó - Aquí faltan libros ¿tiene más libros en su dormitorio? ¿Dónde está la estancia en la que preparaba las pociones? Porque tiene que haber alguna aquí en su casa, y seguro que debe haber allí más manuales. Lo que hay en esta salita está muy bien pero no hay apenas obras sobre pociones, y eso no tiene sentido. ¿Dónde están los otros libros, Malfoy?

- Te repito que no sé de lo que estas hablando. Y yo que tú no perdería el tiempo, se te está acabando – le dijo el mago con aplomo recostándose con satisfacción en su sillón.

- No me tomes por imbecil, Malfoy. He consultado todos los libros y manuscritos que Snape tenía en Hogwarts y te digo que aquí faltan libros – exasperada Hermione se levantó de la silla y dio unos pasos hacia él. Con una mano en la cadera e inclinando la cabeza ligeramente le dijo - No me puedes hacer creer que en su casa no tuviera ejemplares de las distintas ediciones de "Filtros y pociones mágicas" de Arsenius Jigger o del "ABC de ingredientes y hierbas mágicas para Pociones" de Claudius Strumpf. Llévame a la habitación donde preparaba las pociones – hizo una pausa y con una mueca añadió - Por favor.

Desde su sillón, Draco volvió de nuevo la vista hacia ella y le contestó con flema:

- Debes tener problemas de entendederas, Granger, porque no hago más que repetirme –con más volumen añadió - NO. SE. DE. QUE. ESTAS. HABLANDO. Tú querías consultar los libros de la casa de mi padrino, pues bien, por si no te has dado cuenta, te informo que estás en la casa de mi padrino y consultando sus libros. Sino te…

- ¡ENSEÑAME LA SALA DONDE PREPARABA LAS POCIONES! – le cortó la bruja perdiendo la paciencia y gritándole.

Draco la asesinó con la mirada. Poniéndose bruscamente de pie se le acercó, e inclinándose amenazadoramente sobre ella le dijo entre dientes y subrayando cada sílaba:

- Nunca. Vuelvas. A. Levantarme. La. Voz. - agarrándola del brazo con fuerza la zarandeó levemente – si no has encontrado lo que buscabas, lo siento en el alma. Recoge tu basura y vete de mi casa. Aquí ya no tienes nada más que hacer.

- Suéltame ahora mismo, Malfoy. Me estas haciendo daño – se quejó Hermione.

Draco la soltó no sin antes presionar con fuerza su brazo en un último apretón, lo que provocó un pequeño grito de dolor por parte de Hermione. De forma anárquica, Draco impaciente recogió los pergaminos desplegados por la bruja sobre la mesa y los metió en el maletín de cualquier manera. Hermione trataba de detenerlo empujándole y tratando de quitarle los pergaminos de las manos mientras le exigía que dejara de tocar sus cosas. Cuando la mesa quedó de nuevo limpia, el joven empujó el maletín contra el pecho de Hermione y ésta lo abrazó de forma instintiva. El mago entonces la agarró por los hombros, le dio la vuelta y enérgicamente la empujó hasta la entrada. Una vez allí abrió la puerta de la calle y, haciendo caso omiso de las quejas y amenazas de la bruja, de un empujón la echó de la casa. Luego cerró de un portazo. Hermione, al salir tan precipitadamente, tropezó con los escalones y dejó caer el maletín. La mitad de los pergaminos se esparcieron por el suelo y la pobre se puso de rodillas y empezó a recogerlos enfurecida. Entonces la puerta de la casa se abrió de nuevo y su abrigo salió disparado cayéndole sobre los zapatos. Antes de que Draco volviera a desaparecer en el interior, Hermione tuvo tiempo de gritarle.

- ¡No te creas que esto va a quedar así, Malfoy! ¡Tú no me conoces!

Indignada, volvió a agacharse a recoger los pergaminos y guardarlos en el maletín mientras su cabecita se llenaba de posibles maldiciones, cada una más cruel que la otra, que pensaba utilizar la próxima vez que se topara con el estúpido niñato mal criado aspirante a mortífago con cara de, de, de,… de ¡ahgg! exasperante repulsivo sonrisitas intolerante y, y, y… ¡y memo! Tras cerrar el maletín, se incorporó con dignidad y sin echarle ni una última mirada a la casa se dirigió con determinación al punto de aparición de la esquina de la calle de las Hilanderas. Si lo hubiera hecho, habría quizás reparado en Draco Malfoy, con la copa de whisky en la mano, que disimulado detrás de una cortina de la ventana de la salita la observaba enigmático.

De vuelta al Ministerio, la bruja era todo aplomo y mesura. Cualquiera que se la cruzara en ese momento no podría imaginarse que unos segundos antes se hallaba frente a la antigua casa de Severus Snape, a gatas, tras haber sido humillada y mortificada por Draco Malfoy. Y no podrían imaginárselo porque al entrar en su despacho a Hermione le brillaban los ojos con deleite y lucía una maléfica sonrisa.

Después de soltar el maletín y el abrigo, la bruja se sentó en su sillón. Cogiendo un pergamino en blanco y tras humedecer la pluma en el tintero con determinación, empezó a escribir una carta a la que encabezó: "Querida Narcisa:…"


Mi maravillosa beta aceli, a la que tanto debo (y los que seguís esta historia también, porque es la que anda detrás mía para que actualice), cree que no tengo porque hacer capítulos tan largos. Es que me enrollo y no paro, aunque a mi éste me parece cortito, quizás debería haber incluido una escena más... Millones de besos y abrazos a todos los que leeis y sobretodo a los que comentáis, el feedback me ayuda un montón.