Harry Potter y su mundo mágico pertenecen a J.K. Rowling. Yo sólo poseo imaginación, que es gratis.
Capítulo noveno
1 año, 3 meses y 14 días para el vigésimo quinto aniversario de Draco Malfoy (viernes 20 de febrero de 2004)
- Estúpida sangresucia. Sólo te lo voy a decir una vez: ¡Déjanos a mi familia y a mí en paz!
- ¡Malfoy!
- ¡¿Te has vuelto loco? ¡Suéltame ahora mismo! – le gritó Hermione, mientras trataba de girar la mano inmovilizada en la espalda con la que sostenía a duras penas la varita.
- No pienso soltarte hasta que no tenga la certeza de que has captado el mensaje – Draco se inclinó sobre ella y le masculló al oído entre dientes – No te vuelvas a acercar a mi madre.
- ¡Engorgio!
De la varita de Hermione salió un maleficio que dio de pleno en el rostro del joven mago, que de la sorpresa retrocedió soltando involuntariamente a la bruja. Hermione aprovechó para darse la vuelta y apuntarle a su vez con la varita.
- ¿Qué me has hecho, necia?
Draco, rascándose compulsivamente la mejilla izquierda, que se le estaba hinchando por momentos, apuntaba a Hermione de nuevo. Ambos estaban a menos de un metro de distancia, retándose con miradas asesinas y blandiendo amenazadoramente las varitas.
- Lo que te mereces – le contestó Hermione con determinación - No sé cual es tu problema, pero la próxima vez que me maltrates te voy a denunciar al Ministerio. No paras de manosearme ¿Ya no tienes miedo de mis gérmenes muggle?
Draco aún mas furioso dio un paso más hacia ella, y Hermione elevó la varita hacia su cara, que tenía el carrillo izquierdo ya totalmente inflado. La bruja hubiera encontrado la situación graciosa sino fuera por la mirada de absoluto odio que el mago le dirigía, y con la repugnancia con que parecía que le escupía cada palabra.
- No tengas ninguna duda de que me aborrece tocarte. Eres escoria y siempre lo serás, sangresucia, por mucho que trates de corregirlo arrimándote a los que son superiores a ti.
- Si te refieres a tu madre, siento decepcionarte. Es ella la que parece desesperada por buscar mi compañía.
Draco soltó un bufido, y adoptando su característica mueca de arrogancia le dijo:
- Ni en tus sueños, sucia. ¿Crees que no sé que le fuiste lloriqueando por que había sido un dragoncito malo que no había querido compartir mis juguetes contigo? – Con desprecio añadió - Ir a chivarte a mi madre… Tus maniobras son patéticas, Granger. No trates de hacerte la slytherin, no tienes la "sangre" que hay que tener.
Hermione estaba fuera de sí de ira. En esos momentos hubiera sido capaz de olvidar que las maldiciones imperdonables son imperdonables por algo. Plantándole cara con la cabeza muy erguida, también porque el mago era más alto que ella, le espetó.
- Si es que eres estúpido. Si quieres que te deje en paz, lo único que tienes que hacer es dejarme consultar los libros de Snape.
- Ya tuviste tu oportunidad y la desperdiciaste – apuntó Draco con descaro.
- ¡No me dejaste ver los auténticos libros con los que trabajaba Snape! – exclamó Hermione exasperada.
- No sé de que me estás hablando. Tuviste todo el tiempo del mundo de examinar las estanterías – y condescendiente añadió - No es mi culpa que no encontraras lo que estabas buscando, a lo mejor no sabes buscar.
- O a lo mejor no estaban allí porque tú los estás ocultando. De todas formas ya no te necesito, Malfoy – le dijo jactanciosa - Harry ha hablado con Westfalia Savage para conseguirme una orden de registro del Wizangamot. Una palabra mía y los aurores se precipitarán sobre la casa de Snape sin que te de tiempo a decir "Merlín".
- ¿Amenazas Granger? No van a encontrar nada y tú lo sabes – con su arrogante sonrisilla añadió - Porque no hay nada que encontrar.
- Puede ser, pero durante dos semanas vas a tener que sufrir como te ponen la casa patas arriba, y no creo que te guste la idea, pareces muy apegado a la antigua vivienda de tu padrino ¿es donde te escondes ahora? – Hermione le dedicó una de sus sonrisillas maliciosas.
- Cuidadito con lo que insinúas, Granger. – Draco volvió a endurecer la mirada - Y no te atrevas a amenazarme de nuevo.
Hermione se estaba cansando del tenso intercambio de insultos. Y además sabía que Malfoy tenía razón. Los aurores ya habían registrado la casa de Snape tras la muerte de Dumbledore sin encontrar nada de interés. La bruja había estado ojeando los informes, y no se mencionaba ninguna habitación para pociones u otras bibliotecas. Pero tenía claro que el slytherin le estaba ocultando algo. Así que optó por ser práctica y superar su odio racional hacia el rubio. Bajando la varita le dijo conciliadora.
- Malfoy, yo sólo quiero los libros de Snape. Luego te prometo que no vas a volver a verme el pelo. Te aseguro que tengo las mismas ganas que tú de terminar con esta historia.
Draco la estudió durante unos segundos. Con ese enjambre de cabellos que le colgaban de la cabeza, la expresión más humilde y el rostro menos crispado, le parecía que la bruja parecía rendirse resignada, ¿o le estaba ofreciendo más bien una tregua? ¡Pero se había atrevido a lanzarle un hechizo! la muy… Se lo iba a hacer pagar. Caro. Aunque su estatus actual de persona non grata imposibilitaba que pudiera devolverle el maleficio, si no quería acabar en Azkaban. No, iba a ser más sutil, ¿no la tenía bajo su control con el tema de los libros de su padrino? Estaba seguro que el registro de los aurores no daría ningún fruto. Solo él, o más bien su sangre, podía acceder a la parte de la casa oculta en el subsuelo. Pero por lo que sabía de Granger, vehemente testaruda sangresucia, si lo de los aurores no funcionaba sospechaba que seguiría acosándole de una manera u otra, hasta conseguir los libros. Y tampoco es que le entusiasmara pasarse el resto de su vida con la mosquita de Granger zumbándole alrededor.
Una idea le pasó por la cabeza, y con menos agresividad le preguntó.
- ¿Qué es lo que estás buscando?
A Hermione el cambio de tono le cogió por sorpresa.
- De verdad que no te lo puedo decir – le dijo extrañada - Es secreto profesional.
- Y yo no te voy a dejar ensuciar otra vez mi casa – Draco bajo inconscientemente la varita – Mis libros, mis condiciones. Dime que es lo que buscas y tomaré una decisión.
Hermione lo observó unos instantes antes de contestarle. Estaba muy cerca del mago, casi podía sentir su aroma, su calor corporal. A pesar de la ridícula hinchazón colorada del lado izquierdo de su cara, y su actitud más cooperativa, seguía pareciéndole el mismo déspota altanero de siempre. Pero ahora podía estudiar bien las esculpidas facciones de su rostro (más bien del lado derecho de su rostro) que siempre habían estado tensas por el pasional odio que sentía hacia ella. Y los ojos. A tan corta distancia el inmutable gris de sus ojos no era uniforme. Alrededor de la pupila podía ver translucidos matices ¿verdeazulados? ¿o eran verdemiel? En cualquier caso, esa pequeña imperfección de su iris humanizaba su expresión, aunque siguiera siendo enigmática.
Con un suspiro, Hermione le contestó desviando la mirada.
- Necesito encontrar alguna pista sobre los usos mágicos de los gusamocos.
Hermione esperó la carcajada, el insulto, la humillación, una reacción. Pero no llegó nada. Al volver la vista hacia él, Draco se limitaba a observarla impasible, esperando que dijera más.
- Verás. Y no me digas que sirven para espesar pociones porque eso evidentemente ya lo sé. Lo que trato de descubrir es si tienen algún otro uso para cualquier tipo de poción, porque no se me ocurre para que otra cosa puedan servir.
- ¿De donde te viene el interés? – le preguntó Draco curioso.
- No puedo decirte mucho más, Malfoy. Te repito que es secreto profesional.
- Pues o elaboras o no vas a conseguir nada.
Con otro suspiro Hermione siguió hablando.
- Últimamente alguien parece muy interesado en recolectar gusamocos en cantidades formidables.
- Alguien ha podido encontrarlos suculentos y se los está cocinando - comentó Draco mordaz - o por fin se han descubierto sus ventajas para la elaboración de perfumes.
- Muy gracioso, Malfoy.
- ¿De cuantos gusamocos estamos hablando? – Preguntó el mago ya más en serio.
- Pues la "cosecha" sucede cada dos meses y medio o tres meses, desde hace casi dos años, aunque la última vez fue hace ahora más de cuatro meses… son batidas muy bien planificadas, en una sola noche a todos los gusamocos de alguna zona rural los desentierran y los matan – con reserva añadió - Alrededor de 3000 o 4000. En cada ataque.
Los ojos del mago se agrandaron de la sorpresa.
- ¡Tantos! ¿Qué es esto? ¿Los magicultores se han lanzado a por una campaña de exterminio?
- Es lo que yo pensé al principio. Pero no es eso. Son los propios magicultores los que nos avisan preocupados cuando descubren los montículos de gusamocos muertos apilados en sus terrenos.
- No tiene sentido. ¿Los matan y los abandonan muertos? Entonces no los están usando para nada – Draco mirando a la bruja con suspicacia añadió - Suéltalo ya, Granger.
Hermione incómoda desvió de nuevo la mirada del mago. No le hacía ninguna gracia confiarse a Malfoy. Primero porque era un Malfoy, eso lo decía todo, con lo que sabía que no se podía fiar de él. Y segundo porque le estaba resultando muy confusa su actitud. Parecía mostrar genuino interés, y a nadie había parecido importarle el asunto hasta entonces.
- Cuando los matan – dijo con precaución mirándole de nuevo - a todos les extraen los ganglios cerebroides.
Draco la observó extrañado, y comentó:
- Vaya. Eso si se que es curioso. Lo lógico sería que el interés de los asaltantes estuviera en las babas. A fin de cuentas son las que tienen uso mágico, aunque sólo sea el de espesar. Pero los ganglios cerebroides…. – el mago continuó su reflexión en voz alta, rascándose abstraído la inflada mejilla izquierda y ajeno a la bruja que le observaba atónita - Aunque si lo piensas bien, tiene sentido. Para las babas no tendrían que matarlos, y los ganglios… son el único órgano complejo de la alimaña, con lo que parte de su magia forzosamente debe residir allí. Sin olvidar que para extraer 3000 ganglios… no sé como pueden hacerlo en una sola noche, salvo que sean un grupo muy eficiente y disciplinado… y para molestarse en planificar una operación tan bien organizada, es que les han debido encontrado un valor real a los bichos.
Hermione estaba muy confusa. Cuando había comentado el caso con sus colegas, o con Harry, había tenido que convencerles de la importancia, y explicarles los pormenores muy mascaditos. Pero con Malfoy era distinto. El mago parecía darse cuenta de la gravedad, y estaba verdaderamente interesado. Era innegable que tenía inteligencia y cultura, al menos la suficiente como para saber de lo que le estaba hablando. Aún más curioso, estaba llegando por su cuenta a sus mismas conclusiones.
Además, había bajado la guardia. Y su menosprecio y su arrogancia parecían haberse esfumado… Un momento ¿Estaba teniendo una conversación normal con Draco Malfoy?
- Pero hay algo que no encaja – Draco volvió a mirarla a los ojos - En el supuesto de que se utilicen en pociones, se podría utilizar uno, o a lo sumo dos, ganglios cerebroides cada vez. Pero almacenar tal cantidad,… ¿Quién puede querer elaborar miles de brebajes con gusamocos? A no ser que se trate de algún tipo de pócima de gran consumo que haya sido mejorada, como las que usan los medimagos ¿Has preguntado en las boticas de los Bobbin?
- Por supuesto – le contestó Hermione - No saben nada. Nadie sabe nada. Ni los boticarios, ni San Mungo, ni el Círculo de Maestros de Pociones. Tampoco he encontrado referencias en las bibliotecas públicas, ni en Hogwarts, ni en el Ministerio, ni en colecciones privadas. Y he preguntado a Maestros y Eruditos de fuera de Inglaterra, en países donde también existen gusamocos. Y en cuanto a las Artes Oscuras, te aseguro que no hay ni un solo tomo conocido que no haya examinado.
Draco la escuchaba sorprendido. Desde luego la bruja era concienzuda en su trabajo. Durante unos segundos ninguno de los dos dijo nada. Hermione lo observaba curiosa, y Draco mantenía la vista pérdida por encima de la cabeza de la bruja.
- Debe tratarse de algo nuevo, y el hecho de mantenerlo secreto... Aunque puede que haya algo de verdad en... – Draco volvió súbitamente la vista hacia Hermione. La expresión imperturbable y los ojos calculadores. El Draco Malfoy que conocía estaba de vuelta - Muy bien, Granger. No me busques, ya tendrás noticias mías.
- ¿Noticias tuyas? – le preguntó la bruja sorprendida - Tú has dicho que si te lo contaba me dejarías volver a examinar los libros.
- No, he dicho que tomaría una decisión – le aclaró Draco autoritario.
- ¿Qué decisión? ¿Qué quieres decir? ¿Cómo me voy a fiar de ti?
El joven rubio le dedicó una de sus presuntuosas sonrisitas y dándose media vuelta se adentró en la calleja avanzando a grandes pasos hacia el corazón del Callejón Knockturn.
- Malfoy, ¡Malfoy! ¿En qué hemos quedado? ¡MALFOY!, ¡no he terminado de hablar contigo! – Hermione ya casi había perdido al joven de vista, pero no quería humillarse a seguirle por la calleja - ¡Si no recibo noticias tuyas antes del viernes que viene te juro que mando a Harry con los aurores! ¡Malfoy! ¡MAL-FO-Y!
Hermione continuó llamándole hasta que ya sólo podía distinguir su negra capa ondeando alrededor de sus exquisitas botas de piel de dragón. Entonces Draco giró una esquina y la bruja lo perdió completamente de vista. Con los puños cerrados y los labios apretados, Hermione dio una frustrada patada al suelo y se dio la vuelta para volver al Callejón Diagon. Era exasperante. Ahora estaba más irritada que tras su encuentro con la Sra. Selwyn.
1 año, 3 meses y 13 días para el vigésimo quinto aniversario de Draco Malfoy (sábado 21 de febrero de 2004)
Ese sábado Hermione se levantó muy temprano. Estaba de muy mal humor, porque había dormido fatal. Y la culpa la tenía su encuentro el día anterior con el estúpido slytherin. Después de una taza de té con miel pudo aclarar sus ideas. Decidió que no merecía la pena dedicarle un segundo más de su tiempo al hurón. Le daría hasta el viernes para "tener noticias suyas", y si no lo hacía, hablaría con Harry para proceder con el registro de la casa de Snape. Problema resuelto.
Además tenía cosas más importantes que hacer. Hizo su compra semanal, arregló y limpió el piso, ya de por sí inmaculado, y por la tarde se relajó en un sillón junto al fuego poniéndose al día de las novedades sobre hechizos, runas y pociones, gracias a las revistas especializadas a las que estaba suscrita, y que había recibido durante la semana.
Por la noche se arregló, y usando la red flú llegó al Caldero Chorreante, donde había quedado con un puñado de gryffindors. Pasó el resto de la noche charlando y bromeando con Harry, Ginny, Neville y Seamus, alrededor de unas buenas jarras de cervezas de mantequilla. Y además no se acordó del rubio ex-mortífago más que unas siete u ocho veces durante la noche.
1 año, 3 meses y 12 días para el vigésimo quinto aniversario de Draco Malfoy (domingo 22 de febrero de 2004)
El domingo se levantó con dolor de cabeza, había bebido demasiado la noche anterior. Pero es que aparecieron Ron, su novia, George, Angelina y Charlie, al que no veía desde el "fiasco", y la situación requirió que ingiriera dos o tres jarras más de lo que era su costumbre. Se bebió una pócima contra la resaca y se preparó para ir a comer a casa de sus padres. Solía ir todos los domingos por la mañana, así disfrutaba de un acogedor brunch en su compañía.
Pasó un día muy agradable con ellos, como siempre. La única nota discordante fue el interrogatorio sentimental al que su madre la sometía todas las semanas. Solía empezar preguntando si tenía noticias de Ron y de su novia, a lo que ella contestaba que sí o que no, pero que desde luego sabía que seguían juntos y que les iba muy bien. Luego le preguntaba por Harry, si seguía prometido con Ginny, a lo que ella contestaba que sí, y su madre mencionaba que no era normal que aún no se hubieran casado, que a lo mejor Harry tenía dudas, a lo que ella añadía que aún eran muy jóvenes y que estaban muy felices como estaban. Después le preguntaba si había conocido a alguien interesante en su trabajo, a lo que ella contestaba que no paraba de conocer a gente, con casos muy interesantes. Y luego su madre pasaba a enumerarle los estupendos y exitosos hijos de sus amistades que estaba convencida Hermione debería conocer.
La novedad de ese domingo consistió en que su madre se puso especialmente pesadita hablándole de una página web de encuentros, "meetic" o algo así, por la que la hija de su amiga Ellen había conocido a un chico estupendo, un banquero, y que ahora se habían hecho novios y estaban pasando una semana juntos de vacaciones en las Islas Seychelles, y que Ellen le había asegurado que Internet era lo que utilizaban los jóvenes muggles de hoy en día para relacionarse.
Normalmente Hermione escuchaba educadamente a su madre durante estas sesiones de consejos no solicitados sobre su vida afectiva, a la espera que terminara de comadrear y cambiara de tema. Pero esta vez encontró interesante lo que le contaba. A través de Internet no existe el contacto físico, con lo que no sufriría de nauseas y ataques de aversión si topaba con algún varón interesante. Lo más desconcertante fue que al llegar a esa conclusión cayó en la cuenta que durante su encuentro con Malfoy en la calleja del Callejón Knockturn, no había sentido ninguno de los síntomas de repulsión habituales, y se habían mantenido a una distancia muy interesante…
1 año, 3 meses y 11 días para el vigésimo quinto aniversario de Draco Malfoy (lunes 23 de febrero de 2004)
El lunes fue un día frenético. Nada más llegar a la oficina Beth, la bruja que realizaba funciones de secretaría en la Oficina de Odo Rabnott, la avisó que el Wizangamot había decidido avanzar el recurso de uno de los procesos que llevaba para el final de la tarde. No es que no estuviera más que preparada para la vista, pero los cambios de última hora la perturbaban. Era una bruja muy metódica. Así que se pasó todo el día enfrascada en informes y pergaminos perfeccionando por enésima vez su defensa.
Tuvo que anular su cita para almorzar con Luna.
Al llegar por la noche a su casa exhausta se metió en la cama sin cenar, y antes de dormirse repasó mentalmente la jornada. Reparó con satisfacción en que sólo había pensado en Draco Malfoy al llegar a la oficina, tras su conversación con Beth, al almorzar rápidamente en la cantina del Ministerio, mientras Elder Perkins, centenario miembro del Wizangamot, aburría a todos con su exposición ininteligible, al salir del Ministerio,…
1 año, 3 meses y 10 días para el vigésimo quinto aniversario de Draco Malfoy (martes 24 de febrero de 2004)
El martes fue un día muy curioso. Por la mañana se encontró con un hueco en su agenda. Se había citado con Olivander porque necesitaba su consejo sobre el caso de una anciana bruja que acusaba a San Mungo de haber dañado su varita durante una estancia en el Hospital. Pero el encuentro duró menos de lo previsto. Aprovechó entonces para ir a Gringotts y hacer, con unos días de adelanto, su cambio mensual a libras esterlinas de un tercio del salario que le versaba el Ministerio en galeones. El viernes los depositaría en la cuenta que poseía en una agencia bancaria muggle.
En Gringotts se encontró sola en la sala de cambio de moneda muggle, cuando el goblin que la atendía la abandonó para ir a buscar su dinero. La sala era una pequeña pieza adyacente al gran hall central, con dos ventanillas y un par de bancos de madera apoyados contra la pared a cada lado de la puerta, que siempre permanecía abierta.
Hermione esperaba al goblin de pie ante una de las ventanillas, cuando sintió como un escalofrío le recorría la espalda. Tenía la sensación de que alguien la observaba. Girándose hacia la puerta se encontró con la soberbia e imponente figura de Lucius Malfoy, que con ojos calculadores la estudiaba impasible. Hermione le mantuvo la mirada. El ex–mortífago ni se inmutó, y tras unos segundos inclinó ligeramente la cabeza a modo de saludo y se dio la vuelta. Por un instante a Hermione le pareció que en el rostro del mago había aparecido la sombra de una irónica sonrisa, como si estuviera disfrutando de una broma que sólo él conocía.
Esa noche soñó con Draco Malfoy.
Y no fue una pesadilla.
1 año, 3 meses y 9 días para el vigésimo quinto aniversario de Draco Malfoy (miércoles 25 de febrero de 2004)
Tras su sueño con Malfoy se levantó de muy mal humor. Que en las últimas semanas hubiera tenido más contacto con él y su familia que en los doce años que llevaba viviendo en el mundo mágico podía explicar la aparición del joven mago en su subconsciente. Lo que no podía explicar era la naturaleza de esa aparición. Volver a pensar en el sueño la hizo enrojecerse y plantearse seriamente desmemorizarse la noche anterior. Por no hablar del estado de frustración en que la habían sumido las fantaseadas "atenciones" del rubio en el sueño.
Esa mañana recibió un memorándum de la Secretaría del Ministro de la Magia por el que se la requería enviar antes del 19 marzo las sugerencias de invitados para la celebración del sexto aniversario de la victoria contra Voldemort. Todos los años, el Ministerio organizaba un homenaje en Hogwarts el día del aniversario de la batalla final, al que acudían los sobrevivientes y las familias de los que estuvieron presentes en la misma, así como empleados del Ministerio y diversas personalidades. Hermione siempre incluía en su lista de sugerencias a los mismos, pero este año tenía otra idea.
Su breve encuentro en Gringotts con el cabeza de familia la había hecho pensar en los Malfoys por enésima vez, y decidió que sería un acierto incluirlos en su lista. Sabía que siendo sugerencia suya el Ministro Shacklebolt tendría en cuenta su proposición, con lo que no cabía ninguna duda de que se les invitaría. Aquello podía ser un bombazo. Si Narcisa era sincera en su propósito de enmienda… ¡qué mejor manera de demostrar sus buenas intenciones que asistiendo al homenaje a los caídos a manos de sus compinches mortífagos!, sin contar con la oportunidad de festejar la victoria contra Voldemort junto a Harry Potter, la Orden del Fénix y el resto de "traidores de la sangre". Además, los Malfoys no podrían ignorar la invitación o negarse a asistir, porque todos lo sabrían, y su oportunidad de volver a formar parte de la buena sociedad mágica se desvanecería para siempre. Se daba cuenta que con esa invitación los pondría entre la espada y la pared. Pero no le importaba. Ya era hora de que pusieran sus cartas sobre la mesa.
Con esa determinación, Hermione elaboró su lista colocando en primer lugar el nombre de Lucius y Narcisa Malfoy. A Draco decidió dejarlo fuera, tras ruborizarse de nuevo acordándose de su sueño.
A primera hora de la tarde estuvo en Hogsmeade tomando té con Minerva McGonagall. La flamante Directora de Hogwarts siempre que podía trataba de seguir en contacto con sus ex-alumnos predilectos, sin la pomposidad de Horace Slughorn y su Club Slug. Hermione percibió que andaba un poco preocupada, y al interesarse, la veterana profesora le comentó que los estudiantes siempre andan dando problemas, aunque ya no estuvieran ellos tres en Hogwarts, ni los gemelos Weasley, ni hubiera Señores Tenebrosos o mapa de los medoreadores. Pero parecía que las nuevas generaciones compartían la misma fascinación que ellos por las actividades nocturnas, y la enfermería de Hogwarts seguía con el mismo vaivén de idas y venidas que en su época. La diferencia era que en los últimos tiempos más que gryffindors eran los slytherins los que ocupaban las camillas.
Al volver al Ministerio, estuvo en la biblioteca de la quinta planta recopilando información sobre algunos casos. Sería por hallarse consultando libros, pero su subconsciente la traicionó de nuevo. Sin darse cuenta se encontró fantaseando con los pálidos rasgos del rubio slytherin. Enfadada consigo misma, se obligó a concentrarse en su trabajo.
Se tenía que calmar. A ver si llegaba ya de una vez el viernes y así podría darle luz verde a Harry para proceder con el registro de la casa de Snape. Aunque supiera de antemano que no encontrarían nada. Esa no era la cuestión. Lo que necesitaba era dar por concluida esa línea de acción y así poder centrarse en otras opciones, como tomarse una poción multijugos y visitar al viejo Nott. El viejo mortífago era conocido por haber destacado en la elaboración de pociones, tanto o más que su antiguo profesor. Lo malo era que no sabía en que estado de demencia senil se encontraría el centenario mortífago. Ni como la recibiría en su torre de marfil, a pesar de la poción multijugos.
Tenía poca fe en que Malfoy la contactara. Aunque Hermione sospechaba que si lo hacía, lo haría el viernes a las 12 de la noche menos 1 minuto. El estúpido orgulloso testarudo… se le ocurrió que si le pasaba el listado de libros que quería consultar, le facilitaría una vía de escape a su ego, y ella conseguiría su objetivo. El engreído hurón sólo tendría que enviarle los libros, Hermione los estudiaría, y después se los devolvería en un periquete. No tendrían que verse nunca más, y cesarían sus extraños encuentros con los miembros de la familia Malfoy.
Decidida se plantó en su despacho delante de un pergamino en blanco. Le llevó el resto de la tarde componer un mensaje en el que no pareciera que le estaba suplicando, ni amonestando, ni aleccionando; ni que fuera demasiado petulante, tampoco demasiado riguroso, ni demasiado amigable. Cuando por fin lo terminó, lo envió requiriendo acuse de recibo a la lechuza del Ministerio a la que entregó el sobre. Luego se dispuso a esperar la respuesta en su despacho mientras leía El Profeta.
No tuvo que esperar mucho, a los veinte minutos la lechuza del Ministerio entró por su ventana y depositó su sobre sin abrir. ¡El muy arrogante ni se había dignado a leerlo!
1 año, 3 meses y 8 días para el vigésimo quinto aniversario de Draco Malfoy (jueves 26 de febrero de 2004)
El jueves estuvo toda la mañana en el Wizangamot porque se resolvía el recurso del caso que se presentó el lunes. El Wizangamot le dio la razón, por supuesto. No podía ser de otra manera. Había sido un caso de violencia de género mágico. El Sr. T había intentado librarse de su esposa encerrándola con un demi-vampiro, al que había capturado y que llevaba días sin tomar la poción que le ayudaba a controlar sus instintos, con lo que la sed terminó por nublarle el entendimiento y se había abalanzado a la yugular de la pobre señora. Pero para consternación del Sr. T, el demi-vampiro no había acabado con la vida de su víctima, con lo que la bruja pudo denunciarlo y se descubrió el pastel.
El Sr. T. había sido condenado a Azkaban en un juicio precedente, en el que Hermione había defendido al demi-vampiro, presentándole como mero instrumento utilizado por el Sr. T para dañar a su esposa. La sentencia le dio la razón declarando al demi-vampiro una víctima más de las maquinaciones del Sr. T. Pero como todo lo que en el mundo mágico tenía que ver con la sangre, el Wizangamot había sido especialmente quisquilloso, y se había intentado cambiar la sentencia de absolución del demi-vampiro.
A Hermione le enfurecía que al final siempre se volviera a lo mismo; sangre, sangre, sangre. Podía entender que el uso de la magia que envolviera la sangre se considerara de lo peor de las artes oscuras, y que estuviera tan penado como los propios imperdonables. A fin de cuentas, en la sangre residía la magia, con lo que el poder de tales hechizos tenía consecuencias irreversibles y muy peligrosas. Pero en este caso, el único uso imperdonable era el del Sr. T del pobre demi-vampiro.
Tras salir de la Sala de Juicios, accedió a dar una entrevista para el Profeta y explicar su defensa. Por la tarde estuvo ocupada con Odo Rabnott discutiendo el estado del proyecto de Oficina de Consejo de Ley Mágica.
Por la noche Harry la localizó en su casa por la red flú, y estuvieron charlando un rato. Quedaron en verse al día siguiente para almorzar.
Tardó en dormirse y dio muchas vueltas en la cama pensando que al día siguiente era viernes y que vencía su ultimátum a Malfoy, del que no había tenido noticias todavía, por supuesto. Se durmió sopesando los pros y los contras de esperar hasta el lunes para ordenar el registro, o de comentarle ya algo a Harry al día siguiente.
1 año, 3 meses y 7 días para el vigésimo quinto aniversario de Draco Malfoy (viernes 27 de febrero de 2004)
Hermione se pasó toda la mañana muy inquieta, y encima no tenía mucho que hacer, salvo esperar las "noticias" del slytherin. Para ocuparse, ordenó y catalogó sus expedientes y los de medio Departamento. Cuando Harry vino a buscarla la pilló clasificando por tamaño y gama de color los pergaminos sin usar de Beth.
El almuerzo con su amigo no fue agradable. El joven auror la estuvo poniendo al día de su caso de desmantelamiento de la red de compra-venta ilegal de objetos de artes oscuras. Le había llevado meses pero había conseguido lograr pistas fiables. Le comentó sarcástico lo sorprendido que estaban todos en el Departamento de la cantidad de objetos de ancestrales familias sangrepura que estaban circulando últimamente, que si parecía que estuvieran desesperados por conseguir dinero y porqué sería. Hermione ignoró sus torpes insinuaciones a su imaginaria teoría de que los mortífagos se estaban reagrupando de nuevo, y le cambió de tema. No quería enfadarse con él.
Pero fue peor. Al preguntarle por Ginny vio que algo andaba mal. Tras un poco de reticencia, Harry le confesó que andaban algo tirantes. Ginny le estaba presionando para que fijaran ya de una vez la fecha de la boda, y le enfadaba que la bruja no fuera capaz de entender que ahora no era el momento. Cuando Hermione le preguntó porqué no era el momento, Harry se puso evasivo. Cuando le preguntó si habían cambiado en algo sus sentimientos por la pequeña de los Weasley, el joven mago le contestó indignado asegurándola que evidentemente la quería como siempre, pero lo hizo de una forma tan rotunda, y sobre todo tan vehemente, que Hermione vio claro como el agua que su madre tenía razón, y que la relación de Harry y Ginny no era precisamente un camino de rosas.
Su conversación con Harry la tuvo tan preocupada que no se acordó del slytherin ni una sola vez en toda la tarde. Hasta que le sorprendieron unos golpes en la ventana. Pensando que se trataría de una lechuza con correspondencia, se levantó de la mesa y fue a abrir. Nada más hacerlo, una perfecta águila imperial de plumaje marrón oscuro, con una fina banda blanca en el extremo de la cola, entró planeando en el despacho. Con un autoritario graznido se situó encima de su mesa. La orgullosa ave le clavó entonces su mirada binocular y tras soltar un grueso sobre, volvió a echar a volar y desapareció por la ventana.
Hermione no necesitaba leer el remite para saber quién le había enviado la misiva. Al águila sólo le había faltado torcer el pico a modo de sonrisita desdeñosa y lucir una cinta esmeralda al cuello.
Con dedos nerviosos abrió el sobre. ¡Allí había por lo menos 15 pergaminos! Para darle su respuesta de dejarla o no consultar los libros de Snape, no entendía por qué Malfoy había necesitado usar tanto papiro, salvo que los hubiera rellenado de insultos hacia su persona. No sabiendo que esperar, Hermione se puso a leer.
Tras los primeros párrafos se quedó atónita. Lo que tenía entre las manos era un impecable ensayo sobre el uso de los ganglios cerebroides de los gusamocos. Escrito con elegante y noble caligrafía, en un estilo directo, concreto y conciso, el slytherin le estaba ahorrado semanas de trabajo.
Hermione continuó leyendo. Con referencias precisas, y argumentando con seguridad cada uno de los puntos, el joven mago explicaba que los ganglios cerebroides eran en efecto el órgano que concentraba la magia de los gusamocos. Estos se diferenciaban de los gusanos no mágicos principalmente en su capacidad por pasar inadvertidos, con lo que la magia que les ayudaba a ocultarse era la que se encontraba en los ganglios. Malfoy describía además cómo a finales del siglo XIII algunos druidas irlandeses descubrieron que se podían usar estos ganglios cerebroides en la elaboración de pócimas y lograr así que parte de los otros ingredientes del brebaje fueran indetectables. Durante el siglo XIV y principios del XV muchos maestros de pociones, con intenciones dudosas, se lanzaron a probar esta teoría en brebajes venenosos o pócimas de magia oscura. Trataban de usar los ganglios para transformar estas pociones en "inocuas", de modo que ni por el sabor, el olor, la textura, o incluso ni con hechizos de identificación o de revelación, se pudieran identificar los venenos o los ingredientes de oscuro uso.
Pero tras siglo y medio de experimentos, la capacidad de invisibilidad de los ganglios sólo parecía funcionar para un tipo muy concreto de angiospermas, que no son más que plantas con mero interés horticultural, con numerosas especies utilizadas en jardinería. El uso de las angiospermas se limita en el mundo mágico a la elaboración de vulgares pociones contra el dolor de cabeza. Y el interés de ocultar que una poción contra la migraña es una poción contra la migraña, no tiene ningún sentido. Por lo que poco a poco se dejó de experimentar con los ganglios cerebroides de los gusamocos y los magos se limitaron a usar sus babas para espesar.
Hermione comprendió entonces porque no había encontrado nada durante sus investigaciones, pues estos experimentos tan sólo estarían documentados en raros manuscritos olvidados de hacía más de cinco siglos, cuando aún no se había inventado ni la imprenta.
Malfoy terminaba el ensayo con unas conclusiones que, aunque fueran meras hipótesis, tenían lógica y eran escalofriantes. El slytherin creía que, en primer lugar, quien quiera que estuviera detrás de los ataques, no estaba experimentando con ellos, esa fase ya la habría superado. En estos momentos ya se habría descubierto que otro veneno o pócima, a parte de las angiospermas, podía disimularse gracias a los ganglios. En segundo lugar, pensaba que teniendo en cuenta que se trataba de "ocultar" algo, y que los ataques habían sido muy bien planificados, forzosamente se trataba de un asunto turbio llevado a cabo por magos disciplinados y oscuros. Tercero, y lo más inquietante, quien estaba detrás de ese descubrimiento estaba ya preparado para utilizarlo, (véase las exageradas cantidades de ganglios que habían adquirido, o el que los ataques hubieran cesado hacía 4 meses. Ya tenían lo que necesitaban). Malfoy afirmaba que muy pronto, si no estaba sucediendo ya, se habrían elaborado cientos de miles de pociones maléficas indetectables.
A Hermione le temblaban las manos. Aquello no podía ser cierto. No sabía que pensar, qué hacer, por donde empezar. Durante una breve fracción de segundo tuvo un momento de soberbia y pensó en su Jefe, en Amos Diggory, en Harry. A ver que iban a decir ahora todos los que la habían mirado con condescendencia. Si ella sabía que tenía razón cuando aseguraba que los ataques a los gusamocos escondían algo serio.
¿Qué veneno o poción querrían ocultar? ¿Contra quién o quienes las iban a utilizar? ¿contra los muggles? ¿las venderían? ¿las habrían puesto ya en circulación? ¿Sabrían algo en San Mungo? ¿Por donde empezar a buscar? Las posibilidades eran infinitas. Pero tenía que centrarse. Tenía que hacerse con los manuscritos que había consultado Malfoy. Fuera lo que fuese que estaban ocultando, podrían descartar al menos las pociones y venenos de los experimentos infructuosos del siglo XIV. Tenía que hablar con Odo Rabnott y con el Ministro Shacklebolt.
Pero lo primero era lo primero ¿Cómo le iba a dar las gracias a Malfoy?
Bueno, no os quejareis. Mil gracias a Aceli y a sus pertinentes sugestiones. Y besotes a todos los que me dejais comentarios.
