Harry Potter y su mundo mágico pertenecen a J.K. Rowling. Yo sólo poseo imaginación, que es gratis.


Capítulo decimotercero

1 año, 2 meses y 10 días para el vigésimo quinto aniversario de Draco Malfoy (viernes 26 de marzo de 2004)


Hermione terminó la intervención agradeciendo su atención a los miembros del Wizengamot presentes en la Sala. Con dignidad, y muy satisfecha de sí misma, se sentó en el banco junto a su defendido, el Sr. Umfraville, y se preparó a escuchar la exposición de la acusación. Eran casi las seis de la tarde, la vista del caso se estaba prolongando e intuía que no iban a terminar hasta altas horas de la noche.

Arrancando la esquina de un pergamino, escribió un rápido mensaje y se volvió para entregárselo a un compañero del Departamento, sentado tras ella en los bancos reservados a los empleados del Ministerio. En susurros le pidió que se lo enviara urgentemente a Draco Malfoy, a la Mansión familiar de Wiltshire. Era materialmente imposible que llegara a las ocho a la casa de Snape. Debía prevenirle de que tendrían que cambiar la cita para otro día.

Y le fastidiaba tener que cancelar, porque de verdad que quería ver a Malfoy. Aunque la mera idea de "querer ver a Malfoy" la hacía dudar de su salud mental. Pero es que se estaba recomiendo por dentro de ganas por saber como había conseguido recuperar su varita, e intacta.

Con la ayuda de Beth había lanzado un prior incantato sobre la misma, para rastrear que no le hubieran dado un uso fraudulento, y estaba aliviada y profundamente agradecida al rubio slytherin tras confirmar que estaba indemne. Le hubiera molestado tener que adquirir una nueva, pues a pesar de su precedente propietaria, la varita se había adaptado muy bien a ella, y no le apetecía cambiarla.

Sabía que Malfoy no sólo quería verla para explicarle como había recuperado la varita. Si se citaba con ella es porque debía tener novedades sobre el caso de los gusamocos, quizás incluso la fecha del próximo Mercado del Alquimista. No había dejado de darle vueltas a la cabeza a las aventuras vividas con el rubio el día anterior… por el caso de los gusamocos, por supuesto, no por Malfoy en sí mismo. Bien que el mago ocupara gran parte de esos pensamientos… la culpa la tenía la fijación que parecía haber desarrollado el slytherin por su caso, y por irritarla, y por su empeño en autoinvitarse a cada paso que daba.

Hermione era una mujer racional y muy reflexiva, y tenía mucha confianza en su propio entendimiento, así que no iba a engañarse a sí misma a estas alturas. La realidad era que estaba empezando a desarrollar una desconcertante fijación en el joven. No podía negarlo. Pero es que no entendía como había llegado al punto en el que Malfoy se hubiera introducido en su vida de esa manera. Y no sólo era por los gusamocos, o por el interés que Narcisa la profesaba… Malfoy había pasado de ser un intencionadamente ignorado conocido, un simple mal recuerdo de su adolescencia, a ser algo más.

Ahora lo veía con otros ojos, y estaba empezando a conocerlo, de alguna manera. Ya no era sólo el "asombroso hurón botador", vanidoso príncipe de la Casa Slytherin, cobarde e integrista ex–mortífago, arrogante heredero sangrepura, su pesadilla personal durante los años escolares. También era el mago inteligente y perspicaz que la estaba ayudando a resolver el caso de los gusamocos, el mago cuyos comentarios sarcásticos la hacían sonreír, el mago cuya determinación y convicción en sí mismo la inspiraron seguridad durante todo el episodio vivido la noche del bar clandestino, el mago cuya gélida mirada la intrigaba, el mago al que pertenecían las firmes y masculinas manos que la alzaron por encima del muro en Exmoor, el mago cuya presencia la perturbaba, y que inundaba sus sueños,…

No, no, no. No podía ser que se sintiera atraída por Draco Malfoy ¿verdad? ¡Oh!, Estúpida Hermione. Esto sí que podía ser un problema. Porque su lado más racional la advertía de que en ningún caso era una atracción sana, o que pudiera ser correspondida. Malfoy podría ser atractivo (a quién iba a engañar, los modelos masculinos de Dolce & Gabbana matarían por tener su apariencia), era enigmático, interesante, con unas maneras que la intrigaban y que la incitaban a querer conocerlo mejor…

Pero por encima de todo se trataba de Draco Malfoy. Y por eso, nunca, nunca, nunca, esa atracción llegaría a ningún sitio. Tenía que dejar de pensar en sandeces. Su familia, y él mismo, podían dar la impresión de estar haciendo un esfuerzo de apertura hacia la sociedad mágica, y cierto es que ya no parecían "asqueados" de su persona, pero de ahí a olvidar sus viejos prejuicios…. No era una ilusa con la cabeza llena de parajitos como para creer que semejante metamorfosis podía haberse producido de un día para otro. Y de igual modo, ella no pensaba rebajarse a relacionarse con el slytherin. No podía olvidar tan fácilmente a donde les habían llevado los valores que magos como los Malfoys representaban, y en parte seguían defendiendo. Y tampoco pensaba denigrarse a sucumbir a los encantos de semejante seductor, para acabar luego como una cándida.

Cuando el Warlock pronunció la sentencia, con un veredicto favorable a su causa, como estaba segura concluiría, charló durante un rato con su cliente y acordó verse con él el lunes y negociar con la acusación la compensación económica que se le había acordado. Se entretuvo también un rato con el Secretario del Wizengamot, ayudándole a completar los trámites de firmas y el resto de papeleo que finalizaba administrativamente el caso.

Eran más de las diez de la noche cuando abandonó por fin la Sala. Estaba exhausta. Aunque había conseguido descansar el día anterior, tenía el horario cambiado. Se había despertado a las tres de la mañana y después no había logrado pegar ojo. Dando vueltas en la cama durante horas, sus pensamientos habían volado alternativamente entre Malfoy y Harry. En cuanto llegara a su despacho pensaba clasificar los pergaminos sobre el caso en su correspondiente archivador (no le gustaba dejar nada para el día siguiente) e irse rápido a casa a cenar y acostarse. Además, mañana temprano tenía que viajar a Bath con sus padres. Era el 80 cumpleaños de su tía-abuela Gertrude, y su madre la había obligado a pasar el fin de semana con toda la familia.

Sosteniendo los pergaminos con dificultad entre los brazos, alzó torpemente la varita y lanzó un alohomora a la puerta de su despacho. Al abrirse descubrió en el interior al objeto de sus obsesiones.

Draco Malfoy, en su gloriosa arrogancia, se hallaba cómodamente reclinado en el sillón de su escritorio tamborileando compulsivamente con los dedos de la mano izquierda sobre la superficie de la mesa, y mirándola con todo el resentimiento del mundo.

- Malfoy ¿Qué haces aquí? – le preguntó sorprendida.

El mago entrecerró los ojos, y con enemistad le contestó:

- Albergaba la esperanza de que mi mensaje se hubiera perdido por el camino, pero puesto que te veo luciendo la varita de mi malograda tía Bellatrix, no me queda otra opción que deducir que lo recibiste y que, por consiguiente, has decidido ignorarme a propósito.

Hermione entró lentamente en la pieza, y cerrando la puerta tras de sí, se acercó hacia la mesa reteniéndole la mirada. De lo poco que sabía de él, saltaba a la vista que poseía un ego muy susceptible, y estaba segura que a "Su Graciosa Majestad" le había sentado fatal que hubiera cancelado la cita. Pero no era su culpa. A diferencia de él, ella sí tenía otras obligaciones aparte de los gusamocos. Aunque mejor no le decía lo que pensaba de su infantil comportamiento, afín de cuentas había recuperado su varita, y estaba en deuda.

- No te he ignorado – le aclaró conciliadora mientras depositaba los documentos sobre la mesa - te mandé una lechuza esta tarde en cuanto pude para prevenirte de que no podía ir. Llevo todo el día encerrada en la Sala de Juicios del Wizengamot y no hemos acabado hasta ahora.

El joven se recostó en el sillón sin suavizar ni un ápice su acritud.

- Sorprendentemente me decepcionas, Granger. Más que de costumbre, quiero decir. Cuando tengo la deferencia de recuperar tu varita, lo menos que podías hacer era no insultar mi intelecto con el socorrido embuste del "supuesto mensaje de excusa que nunca llegó", y justificar así que te has dado el lujo de darme plantón.

Hermione abrió la boca indignada.

-¡No te estoy mintiendo! Te aseguro que te he mandado un mensaje con una lechuza a Malfoy Manor…

- ¡Por favor! – soltó exasperado Draco dirigiendo su mirada al techo y elevando las manos a modo de plegaria - Eres tan estúpida que me lo voy a tener que creer – mirándola con condescendencia aclaró - No estaba en la Mansión esta tarde, sino en la casa de mi padrino "esperándote" ¿A quién se le ocurre mandar una lechuza especificando una dirección cuando sólo necesitan saber el nombre del destinatario para entregar los mensajes?

- No soy la única que manda mensajes indicando la dirección. Es mucho más seguro así – se defendió la bruja molesta. Cierto que no era la costumbre, pero a ella le resultaba más lógico hacerlo de esa manera, serían sus costumbres muggle.

Draco la miró con incredulidad.

- ¿Tan difícil te resulta ser normal? Pues mira que eficaz tu método. No había nadie en la Mansión como para recibir el mensaje…

- Bueno, no es mi culpa - le cortó Hermione – siento que hayas tenido que estar esperándome, de verdad que no era mi intención – y suavizando el tono añadió – y muchas gracias por recuperar mi varita ¿Cómo lo hiciste?

Draco, luciendo una enigmática media sonrisa, se recostó de nuevo en el sillón, y balanceándose hacia atrás le comentó con tonillo interesante:

- Te mueres de ganas por saberlo ¿verdad? Pero no estoy de humor para contártelo. Ya sabes, a todos nos gusta guardarnos nuestros secretitos - en tono desenfadado añadió – ¿Sabes, Granger? Estaba pensando que con lo curiosona que eres, jugarías de pequeña al "enséñame lo tuyo que yo te enseño lo mío"… - la bruja le miraba con incredulidad, no sabía hacia donde iba el mago con toda esa provocación - ¿no? ¿no hubo intercambio de conocimientos en anatomía humana con algún amiguito muggle para la pequeña Hermione? Lástima, es una forma muy sugestiva de descubrir lo que nos interesa, y muy equitativa. Además, se puede aplicar a muchos aspectos de la vida... – Draco cambió el tono, y con autoridad la interpeló - ¿Qué demonios haces usando la varita de mi tía?

Hermione apoyó la cadera en la mesa, y desviando la mirada del mago pensó en cómo contestarle. Era de esperar. En cuanto había averiguado que era la propietaria de la varita de Bellatrix Lestrange, Malfoy iba a estar en ascuas hasta conocer el porqué. Pero no tenía ninguna obligación de justificarse. No le debía explicaciones a Malfoy, ni a nadie, a ese respecto.

La bruja se volvió bruscamente hacia él y desafiándole con la mirada se decidió por dejarle muy claro que no pensaba entrar en su juego.

- No es ningún secreto, Malfoy. Estoy segura que recuerdas que Harry la recuperó cuando nos escapamos de la Mansión, ya sabes, cuando Bellatrix… - la bruja no continuó. Tras escuchar sus palabras el rubio le había desviado la mirada, y ahora se reajustaba incómodo en el sillón. Las experiencias vividas durante ese año, tanto las positivas como las negativas, eran muy valiosas para ella. La habían ayudado a forjar su personalidad, a madurar y convertirse en la bruja que era hoy en día. Pero veía que a Malfoy recordar esa época le perturbaba ¿por qué? ¿se sentía avergonzado por el papel de su familia? ¿se sentía culpable? Hermione tenía un talante compasivo, y sintiendo su incomodidad, prefirió no profundizar en el tema, aunque no se comprendía a sí misma ¿Por qué tendrían que importarle los sentimientos del slytherin? – No me siento obligada a darte ninguna explicación sobre la varita, Malfoy, pero sí creo tener derecho a saber como la has recuperado.

Draco se levantó del sillón con elegancia, y acercándose hacia ella le comentó sin ninguna malicia.

- El Maestro vino a buscarme a la Mansión.

Hermione le miró horrorizada.

- ¿Cómo pudo saber que eras tú?

- No le resultó difícil – Draco adoptó de nuevo su tono irritado - Sobre todo teniendo en cuenta que alguien dejó escapar mi nombre antes de salir corriendo de la casa.

Hermione le miró al principio sin comprender, pero de pronto le alcanzó el entendimiento. Con franca desesperación imploró:

- ¡Oh! ¡Dios mío! ¡Dios mío! Malfoy no me di cuenta. ¡Merlín! ¡Merlín! ¡Pero que estúpida soy! ¿Qué te dijo? ¿Qué quería? Tenemos que hablar con los aurores…

Separándose de la mesa, la bruja se situó a escasos centímetros del joven, con las manos juntas en inconsciente gesto de súplica y dirigiéndole una sincera mirada de arrepentimiento.

A Draco, la genuina mortificación de Hermione estaba logrando que se le pasara el enfado. Es más, encontraba gratificante tenerla implorándole en tal posición de humillación, así que decidió castigarla un poquito más. No había nada malo en que se sintiera aún más culpable hacia su persona. Afín de cuentas, era ella la que había metido la pata, aunque si no hubiera sido por su desliz, no hubieran recuperado las varitas al final.

- Ni se te ocurra mencionar nada a los aurores, Granger. Estoy seguro que ya les has debido poner al día de todo lo que necesitaban saber. Pero deja que termine, que aún hay más – adoptando un aire de autosuficiencia añadió - La sanguijuela, sabiendo quien soy, trató de chantajearme. Pero logré aterrorizarle lo suficiente como para que me devolviera las varitas y se esfumara para siempre.

Hermione se apartó de él unos pasos, y mirándole con incredulidad le preguntó:

-¿Estás seguro que el Maestro se va a olvidar del asunto tan fácilmente?

- ¿Dudas de mí, Granger? – le comentó Draco ofendido. Acercándose esta vez él a ella con estudiada lentitud, le clavó sus fríos ojos con malévolas intenciones- ¿No me encuentras suficientemente intimidatorio?

Hermione no es que se lo fuera a admitir, pero cuando adoptaba esa actitud depredadora, lo encontraba algo más que intimidatorio…

- Al menos hemos avanzado algo en el caso – le comentó desviando la mirada para tratar de ocultar su inconveniente sonrojo. Girándose en su posición volvió a apoyar las nalgas contra la mesa.

- ¿Algo? No tenemos nada, Granger, sólo sabemos que el próximo paso es averiguar cuando será el Mercado del Alquimista.

- No, no. Piénsalo, Malfoy. Por eliminación sabemos mucho más – la bruja se relajó, medio sentándose sobre el escritorio. Era mucho mejor discutir sobre los gusamocos que adentrarse en otro tipo de conversaciones con el slytherin, más peligrosas para su integridad moral - Si estás seguro de que las informaciones que conseguiste en el bar clandestino son fiables, y nadie ha oído hablar sobre adquisiciones masivas de ingredientes ilegales, es que no se han producido.

Malfoy avanzó hasta ella y simulando su posición se apoyó a su lado contra la mesa.

- O al menos nadie lo ha hecho por los cauces habituales, tanto lícitos como ilícitos… han podido negociar directamente con algún proveedor de algún país extranjero.

- Sí, pero en ese caso estaríamos hablando de una operación de un nivel de complejidad y secretismo que no concuerda con la dejadez con la que han substraído los ganglios de los gusamocos, abandonando los cadáveres sin ningún cuidado para que los encontremos.

- Puede que tengas razón. Pero en esta operación tiene que andar metido más de un cerebro, y no creo que sean los mismos magos los que se procuren los ganglios y los otros ingredientes. Además, en el caso de los ganglios, estoy de acuerdo contigo en que la negligencia es manifiesta, pero salvo el ejecutor de los ataques, tú, yo y algún que otro empleado del Ministerio, nadie más está al corriente de que se han producido, con lo que las otras partes de la trama no tienen porque saber que tenemos sospechas… Tenemos que jugar con esa ventaja, Granger.

Girándose hacia la bruja le habló con vehemencia.

- Pongámonos en su lugar. Si han dejado de recolectar ganglios cerebroides quiere decir que ya tienen los suficientes, y podemos presumir que uno – Draco levantó su dedo índice - ahora es cuando se van a procurar los otros ingredientes, con lo que ya puedes darte prisa en prevenir a los aurores de que estén especialmente atentos a cualquier maniobra sospechosa. Y dos – volvió a elevar la mano y esta vez elevó el dedo medio - ya han conseguido todos los ingredientes y, o las están elaborando en estos mismos momentos o ya las tienen preparadas. Esta última opción es la que me parece más lógica.

Ambos se quedaron con las miradas fijas el uno en el otro durante unos instantes. Hermione inconscientemente se mordisqueó el labio inferior mientras su cerebro, con su reconocida agudeza, analizaba las conclusiones del mago, y el cerebro de éste se preguntaba si el mordisqueo de la bruja era algún tipo de indicador sexual, del tipo de humedecerse los labios, o arquear la espalda para poner los pechos en vitrina. Es bien sabido que cuando una bruja está hablando contigo de algún tema totalmente anodino, cualquier mago normal, dos veces de cada tres, va a empezar a buscar claves para descubrir si la bruja en cuestión está mandando señales para mostrar que le interesa tener algún tipo de intercambio de fluidos corporales. Y Draco se encontraba en esa disyuntiva.

- Si tu teoría es cierta… - comentó la bruja con gravedad.

- … va a ser imposible descubrirlos hasta que no pongan en circulación las pócimas, con lo que eso significaría.

- Yo también creo que tu segunda opción es más lógica – Hermione negó con la cabeza - No tiene sentido que hayan perdido tiempo en esperar casi un año para tener todos los ganglios que necesitan y después perder no se sabe cuanto tiempo más consiguiendo el resto de los ingredientes de la poción…

La bruja elevó distraída la mano para poner un imaginario mechón de pelo detrás de la oreja. Con la mirada ausente se mordisqueó esta vez el interior del labio.

- Dime qué estas pensando – le inquirió el rubio muy distraído por sus acciones.

Hermione le miró con reserva y empezó a divagar.

- ¿Y si lo que sea que hayan estado maquinando ya está siendo utilizado? ¿Y si al mismo tiempo que han ido agenciándose los ganglios han estado elaborando las pociones y poniéndolas en circulación?

- No tiene sentido. Hubiera saltado ya la alarma, se hubieran descubierto muertes masivas, o intoxicaciones…

- Pues no tiene porqué. Nos hemos centrado en la hipótesis de que lo que tratan de ocultar es alguna pócima nociva…

- Tiene que serlo, de ahí el secretismo de la operación – Draco no sabía hacía donde iba la bruja, pero debía de tratarse de algún tipo de revelación muy importante, porque había dejado de morderse el labio, y de toquetearse el pelo, y de arrugar la naricita.

- Sí, sí. Las motivaciones no pueden ser honestas, te lo concedo. Pero no tienen porque ser "letales". Puede tratarse de algo más sutil, y los efectos producirse a largo plazo…

- No me mantengas en el limbo y di ya de una vez lo que se te acaba de ocurrir – Draco no podía seguir su línea de su pensamiento en esos momentos, acababa de descubrir con fascinación que las pecas alrededor de su nariz eran del mismo tono pardo que el iris de sus ojos.

- Creo que deberíamos empezar a buscar posibles efectos consecuencia de la distribución de las pociones. Si tengo razón, y esas pociones han ido suministrándose desde hace un tiempo, alguien ha tenido que notar algo.

Hermione estaba convencida que acababa de ocurrírsele una prometedora nueva línea de acción. El único problema era que el lugar más indicado para empezar a investigar sería el Hospital de San Mungo, y ella, desde que en los últimos años había defendido a un gran número de magos en sus litigios contra el hospital (ganando la práctica totalidad de los mismos, todo hay que decirlo) era considerada persona non grata por el conjunto del gremio de sanadores y medimagos, con lo que no iban a colaborar con ella voluntariamente. Y puesto que sus ideas no eran más que posibilidades, tampoco podía conseguir apoyo del Ministerio para investigar en el Hospital oficialmente.

Se le ocurrió de nuevo otra idea.

- Malfoy ¿tú no tienes amigos trabajando en San Mungo que podrían ayudarnos? ¿Blaise Zabini?

- No cuentes con Zabini para nada, no me fío de él – le contestó el mago.

- ¿Porqué no? Si lo conoces bien y es tu amigo…

- Por eso no me fío de él - le aclaró Draco con una sonrisilla.

- Tampoco es que tenga que estar al corriente de todos los detalles del caso – insistió Hermione- A mí me parece una buena idea, y no nos vendría mal tener a alguien de confianza en San Mungo. No lo conozco mucho, pero se le ve suficientemente avispado como para ser capaz de discernir si se ha producido algo fuera de lo normal en los últimos tiempos.

Draco reconocía que tenía razón, y sabía que Blaise colaboraría con ellos gustoso. Lo único es que prefería evitar que su amigo se entrometiera más de lo necesario en sus "asuntos" con Granger…

- Veré que puedo averiguar. Lo voy a ver mañana, y a Theodore Nott también. Los dos están en San Mungo terminando su formación de sanadores. Pero no te disperses demasiado. Aún tenemos que averiguar cuando es el próximo Mercado del Alquimista, esa es la pista más concreta con la que contamos.

- Sobre eso… – girándose le dio la espalda - Le he preguntado a Quirrell y no lo vamos a tener tan fácil… tengo por aquí los informes…

Hermione se inclinó sobre el escritorio para recuperar los documentos, que estaban en una pila de pergaminos y carpetas en la esquina opuesta a ella. Cuando tiró de los que la interesaban, el resto de la pila se ladeó peligrosamente hacia un lado, con lo que la bruja tuvo que reclinarse completamente sobre la superficie y estirar los brazos para evitar así que se cayeran al suelo.

Draco había seguido sus movimientos impávido, hasta que la joven se recostó delante de él. Entonces sus ojos se detuvieron hipnotizados en el delicioso trasero que, a escasos centímetros de su persona, se exhibía orgulloso a través de la túnica como una exquisita obra de arte para total deleite de su mirada.

Hermione, aún inclinada sobre el escritorio, miró sobre su hombro al mago mientras empezaba a decirle algo, pero al descubrir hacia donde dirigía su mirada, se calló horrorizada en mitad de la frase.

Draco salió del agradable trance dándose cuenta con mortificación de que Hermione Granger acababa de pillarlo in fraganti chequeándole descadaramente el culo. Mortificación era leve como adjetivo para describir lo que sintió en ese momento. Nunca se había encontrado en una situación más humillante en toda su vida. Y la bruja no se lo iba a dejar pasar, de eso estaba seguro. Tragando saliva levantó su mirada hacia el rostro de la joven esperando la indignación o la burla, pero lo que se encontró lo sorprendió gratamente.

Ni furiosa ni burlona. Granger estaba ruborizada.

Interesante reacción. Muy, muy interesante… ¿no era esa la señal que estaba esperando?

Con la confianza recuperada, en el rostro del joven se moldeó una de sus patentadas sonrisillas, e inclinándose sobre ella le preguntó:

- ¿Los informes?

- Sí. Esto. Sí. – balbuceó la bruja.

Hermione volvió a girar la cabeza hacia la pila y con dificultad trató de recolocar los manuscritos, y evitar así que pudieran caerse de nuevo. Se había ruborizado como una estúpida, y no había sido capaz de reaccionar a tiempo al descarado comportamiento del slytherin, pero ya estaba recuperando la compostura y no le iba dejar pasar su grosería. El problema era que en esos momentos sintió a su espalda a Malfoy, que se inclinaba con su superior talla sobre ella y, sin tocarla, la rodeaba con sus brazos mientras la ayudaba a mantener derecha la pila de pergaminos.

- Deja que te ayude, Granger, pareces tener dificultad – le comentó burlón y prácticamente al oído.

Hermione se tensó. Muy a su pesar, era plenamente consciente del masculino torso y de los hombros que la rodeaban a su espalda. Y que parecían estar envolviéndola, pero sin llegar a rozarla. No queriendo dejarse intimidar, se concentró en la pila de pergaminos, pero la distrajo la visión de las pálidas manos del rubio. En ese momento recordó a esas mismas manos presionando en sus muslos desnudos con firmeza mientras la alzaban sobre el muro en Exmoor. Y ese recuerdo la llevó a revivir también la forma en la que el joven la abrazó en el callejón justo antes de que se toparan con Zabini. Y a pensar en la mirada penetrante y felina que seguía cada uno de sus movimientos cuando se quedaron solos en la casa de su padrino…

- Malfoy ¿te importaría apartarte? – le imploró Hermione con un irritado tonillo de voz.

- ¿Porqué? – le preguntó el joven con tono inocente ignorando su petición.

- Es que estás invadiendo mi espacio personal – le aclaró impaciente.

- ¿Y eso te incomoda?

- Es evidente que me incomoda

- ¿Porqué? ¿Me tienes miedo?

- No. Por supuesto que no te tengo ningún miedo.

- Entonces ¿mi cercanía te pone nerviosa? – preguntó Draco juguetón prácticamente murmurándole las palabras al oído.

- Qué tontería – contestó Hermione con una sonrisilla nerviosa - No sé a qué estas jugando, Malfoy, ni quien te crees que eres, pero tú nunca vas a provocar en mí ese tipo de reacciones.

- ¿Estás segura? – continuó Draco ronroneándole al oído, mientras una de sus manos se apartó de los pergaminos para empezar a juguetear con los rizos de la bruja- ¿Porque no soy pelirrojo? Krum tampoco lo era…

- Porque eres un engreído vanidoso egoísta niño rico – Hermione estaba empezando a perder la calma ¿a qué demonios estaba jugando el estúpido hurón? ¿Por qué no se apartaba de ella de una vez?

- ¿Y los engreídos-vanidosos-egoístas-niños-ricos no te ponen nerviosa?

- No – le contestó con firmeza.

Malfoy se inclinó aún más sobre ella mientras le murmuraba:

- ¿Aunque los engreídos-vanidosos-egoístas-niños-ricos te acorralen contra la mesa y te susurren al oído provocando que se te acelere el pulso y te suban los colores a las mejillas?

- Sí. ¡NO! Quiero decir que...

Hermione se giró levemente para mirarlo a los ojos con la intención de dejarle muy claro su argumento, pero se encontró con su rostro a escasos milímetros del suyo… Y la traviesa seducción que se reflejaba en su mirada era definitivamente la de un engreído-vanidoso-egoísta-niño-rico… al que no sabía si podría resistirse.

¡A la porra con todo!

Cerrando los ojos, acortó la distancia entre ambos y presionó con ardor sus labios contra los de Malfoy.

El rubio no tardó ni un instante en reaccionar. Sin despegar los labios de los de la joven, con su abrazó la separó de la mesa y girándola la atrajo contra su cuerpo. Sus labios probaban, acariciaban, jugueteaban…

Hermione estaba en la gloria. La sensación de encontrarse en el firme abrazo de Malfoy, sus sensuales labios explorando con urgencia los suyos, su cálida respiración, su brusco tacto,… elevando los brazos le rodeó el cuello y presionó aún más su cuerpo contra el del mago. Se estaba dejando llevar como una insensata. Y con ganas. La culpa la tenía la frustración sexual latente en su cuerpo desde hacía demasiado tiempo, aunque una parte de su consciencia había dado la voz de alarma al resto de su cerebro, que no dejaba de recordarle que con quien se estaba besando era con Draco Malfoy. Con el auténtico y genuino Draco Malfoy. ¡Oh! ¡Qué importaba! Hacía demasiado tiempo…

Draco maniobró los labios obligándola a apartar los suyos, y el mago aprovechó entonces para introducirse de lleno en su boca.

Las manos del rubio acariciaban con intencionada lentitud la cintura, las caderas y el costado de la joven. Sin presionar demasiado pero con confianza, en delicadas caricias circulares, deleitándose en la suavidad de sus curvas. Al mismo tiempo su boca la devoraba con frenesí… Sí. El joven sabía muy bien lo que estaba haciendo. El contraste entre ambas atenciones estaba volviendo loca de deseo a la bruja, lo que le agradaba inmensamente, ya que encontraba las frustradas reacciones y ruiditos de Granger, provocados por su maestría, muy "estimulantes".

¡Merlín! Si hubiera sabido que Granger era tan encendida no hubiera malgastado el tiempo con tantas dudas existenciales. Toda una paradoja, que fuera la "sangresucia" la que hubiera venido a rescatar a su libido de la forzada abstinencia sexual.

El rubio la empujó con sutileza contra la mesa, y empezó a apartarle con urgencia la túnica esperando lograr un poco más de fricción entre sus cuerpos. Pero de pronto los dos se pararon en seco al escuchar una voz en el despacho.

- Draco. Ven a San Mungo cuanto antes. El estado de tu padre ha empeorado.

Fue lo que vocalizó el patronus con forma de pavo real antes de evaporarse.

Ambos, aún abrazados y jadeantes, se quedaron unos instantes contemplando el punto en el que el patronus de Narcisa Malfoy había desaparecido. Hermione separó ligeramente las manos de la nuca de Draco, lo que provocó que el mago pareciera reaccionar y se apartara bruscamente de ella. Sin dirigirle una sola mirada, cruzó la habitación, se acercó al perchero y alcanzó su abrigo.

- No sabía que tu padre estuviera en San Mungo ¿es algo grave? – preguntó Hermione con sincera inquietud, siguiendo con la mirada cada uno de sus movimientos.

El mago no la contestó, y tras ponerse el abrigo se acercó con rápidos pasos a la chimenea.

- ¿Está abierta a la red flú? – le preguntó imperturbable mientras alcanzaba un manojo de polvos flú de un bote metálico sobre el borde superior de la chimenea.

- Sí – contestó la joven desconcertada - Abrí la conexión ayer cuando creía que no podría recuperar la varita para poder volver a mi casa, y no la he vuelto…

Draco no parecía escucharla. De su perfil, Hermione adivinaba el hermetismo de su rostro, y el gris de sus ojos, que habían brillado como ardientes estrellas hacía apenas unos segundos, le recordaban ahora a un iceberg. Con las mandíbulas tensas, el joven se encontraba sumido en graves pensamientos, de eso estaba segura, pero aún en tales circunstancias el slytherin lograba esconder cualquier sentimiento. No había dolor, ni preocupación, ni congoja. Ni siquiera indiferencia. Malfoy lucía de nuevo su máscara impertérrita.

Draco acercó la mano a las llamas más de lo necesario, por imprudencia o para obligarse a sentir el calor del fuego, Hermione no podía saberlo. Tras echar los polvos en el interior, nombró la dirección con apatía y se preparó a introducirse en las llamas.

Sabía que no iba ni siquiera a despedirse de ella, pero el mago, justo antes de desaparecer, dirigió la vista hacia la bruja durante un breve instante. Esa efímera mirada la dejó con el corazón en un puño. No sabía porqué la había afectado tanto. Pero los ojos de Malfoy, por primera vez, habían destellado con emoción, y de tal intensidad, que habían logrado desgarrarle el alma.

Solo cuando había desaparecido por completo, Hermione se permitió respirar y soltar un sonoro suspiro. Permaneció apoyada contra la mesa, sin moverse de la posición en la que la había dejado el rubio, con la túnica revuelta y las piernas separadas. Asiendo con fuerza el borde con ambos manos zarandeó la cabeza como para obligarse a ordenar sus pensamientos.

¿Qué demonios había pasado?

¡Merlín! ¡Se acababa de besar con Draco Malfoy!

¡Draco Malfoy!

Y menudo beso,… aunque el patronus de Narcisa hubiera puesto un final amargo al momento, partes del cuerpo de Hermione todavía ardían por la experiencia.

Aunque… ¿ahora qué?


Espero que este capítulo sea de vuestro agrado, algo me dice que lo será, y que os deje un buen sabor de boca hasta el año que viene, porque no espereis que actualize hasta enero ¡ME VOY DE VACACIONES! (Y Aceli también, que es la Jefa y Directora de Orquesta de esta aventura) Así que Felices Fiestas a todos y millones de gracias por leer y comentar esta historia. Vuestros mensajes me resultan la mar de útiles.