Harry Potter y su mundo mágico pertenecen a J.K. Rowling. Yo sólo poseo imaginación, que es gratis.


Capítulo decimocuarto

1 año, 2 meses y 9 días para el vigésimo quinto aniversario de Draco Malfoy (madrugada del 27 de marzo de 2004)


A las dos de la madrugada, la segunda planta del Hospital de San Mungo se encontraba sumida en un inquietante silencio. Los ingresados de esta planta dormían el terapéutico sueño reparador que provocaban las pócimas suministradas por los sanadores, y tan solo se oían de vez en cuando pasos pertenecientes a alguno de los miembros del Hospital, realizando la ronda nocturna y comprobando el estado de los enfermos en situación más delicada. Al final del pasillo se situaba la sala de espera, una estrecha pieza sin ventanas y con tres banquetas de madera alineadas contra las paredes. Durante la noche solía estar vacia, ya que los enfermos de la segunda planta no lo eran de gravedad, y se encontraban principalmente recuperando las fuerzas antes de recibir el alta y poder marcharse a sus respectivos hogares. Pero esa noche la sala de espera contaba con dos ocupantes: Narcisa Malfoy y su hijo Draco.

Ambos se sentaban muy tiesos, uno al lado del otro, y en estricto silencio. Cualquiera que echara un vistazo desde la puerta podría haberlos confundido con estatuas, tal era la rigidez que emanaba de la postura y de sus facciones. No parecería que estuvieran ansiosos por recibir noticias de las pruebas que estaban realizando a Lucius Malfoy. Madre e hijo llevaban horas esperando, y sólo quien los conociera bien podría ser capaz de interpretar el semblante tenso y la vacua mirada de Narcisa como síntomas de preocupación, y el gesto de hastío de Draco como culpabilidad y angustia.

A Lucius Malfoy lo habían ingresado la mañana del jueves con una angina de pecho. Leve, pero debido a su historial de problemas cardiacos, los sanadores habían preferido mantenerlo en observación durante 24 horas. Narcisa había avisado con urgencia a su hijo esa noche cuando el sanador, que comprobaba que el veterano mago se mantenía estable, se había dado cuenta que su pulso estaba peligrosamente por encima de lo normal, con lo que habían intervenido con premura para estabilizarlo.

Al poco de llegar a San Mungo, Draco se había encontrado con su madre en estado de histeria, o al menos, lo más parecido a la histeria que una Black mostraría en público. Los medimagos y sanadores habían sacado a Narcisa de la habitación de su marido sin miramientos, y no se habían tomado la molestia de darle explicaciones. Draco estaba furioso, y en su intento de lograr que alguien se dignara a informarles de qué es lo que estaba pasando con su padre, se había topado con Theodore Nott, de guardia esa noche en el Hospital. Su antiguo compañero había indagado por él, y al poco había puesto a Draco al corriente de todo. Le había asegurado que su padre no corría peligro, la angina de pecho había sido muy leve y habían reaccionado a tiempo, con lo que ahora estaba perfectamente recuperado. Pero la subida de tensión, dado sus antecedentes, no era buena señal a largo plazo. Así que una medimaga especialista en cardiología estaba en esos momentos realizándole una serie de pruebas para descartar, con ciertos hechizos muy avanzados, que su padre no sufría de alguna anomalía latente que hubiera podido pasar desapercibida. Su padre tenía el corazón frágil, era un hecho, pero si mantenía una vida sana y evitaba las situaciones de stress o tensión, con las pócimas que se tomaba regularmente, no tendría porque sufrir un nuevo ataque.

El que a su padre le diera la angina de pecho justo después de su enfrentamiento con él no le había pasado desapercibido a Draco, y le estaba causando una angustiosa sensación de culpabilidad de la que no lograba desprenderse.

Narcisa, tras un ligero suspiro, miró alrededor de la espartana estancia y le comentó a su hijo:

- Voy a decirle a tu padre que en cuanto llegemos a la Mansión haga una donación a San Mungo para que acondicionen mejor las salas de espera. Es indignante que se tenga tan poca consideración con las familias de los pacientes, y que nos obliquen a permanecer en estos cuchitriles mal acondicionados e incómodos, y encima no se nos permite aliviar la situación con un poco de magia.

Draco no la contestó, ni tampoco hizo amago de mostrar que estaba pendiente de su conversación. A los pocos segundos, Narcisa volvió a intentar entablar un diálogo con su hijo.

- ¿Cuánto tiempo lleva la medimaga con tu padre en la habitación? Tu amigo dijo que sólo sería un momento.

- No lo sé, madre, unas cuatro horas, pero lo que Theo dijo es que esos hechizos eran complejos y que podían ser tediosos. No nos inquietemos más de lo necesario. Padre está estabilizado y su vida no corre peligro. Sólo quieren asegurarse que no le vuelve a subir la tensión.

Narcisa suspiró de nuevo y mirando con tristeza a su hijo observó:

- Draco, hijo mío, por mucho que no queramos admitirlo, tu padre no está bien. No estaríamos aquí si todo fuera normal…

- Madre, nos han asegurado que no corre peligro – contestó el joven molesto - y tu misma me has dicho que antes de que descubrieran que se le había disparado la tensión estaba en perfecto estado y preguntando cuando le daban el alta. Un poco menos de tragedia no nos vendría mal.

- Esta vez ha podido ser sólo un susto, pero la próxima vez… el corazón de tu padre está enfermo – y añadió bajando la voz - Tenemos que hacernos a la idea de que va a desaparecer definitivamente uno de estos días…

- ¡Por Merlín! – exclamó Draco escandalizado - ¡Cualquiera que te oiga pensaría que ya le tienes organizado el velatorio!

- Pues claro que no, Draco – se apresuró a añadir Narcisa - no seas impertinente. Lo que quiero que entiendas es que la posibilidad de que te encuentres a la cabeza de esta familia está más próxima de lo que imaginas, de lo que todos imaginamos. No quiero presionarte, hijo, soy la mejor situada para entender que el apellido Malfoy es una carga muy pesada, pero voy a hacer que tu padre, en cuanto salgamos de aquí, empiece a delegar algunas funciones en ti, y de que te explique de una vez la complejidad del legado y los secretos de esta familia… no creo que sea razonable esperar, como él pretende, a que cumplas los 25 años y estés casado…

Draco miró a su madre de soslayo al oirla mencionar su futuro estatus marital.

- … aunque yo siempre estaré a tu lado para lo que necesites, el contar con una compañera idónea te haría la tarea más soportable. Cuanto antes decidas casarte y fundar una familia, verás como todo irá mejor – volviéndose hacia a él le dijo con dulzura - No soy insensible y entiendo que te doliera todo lo que pasó con la pequeña de los Parkinson, pero de eso ya hace más de dos años, Draco. Aunque si te soy sincera… tu mismo has tenido que darte cuenta a estas alturas que aunque la bruja podía resultar moderadamente aceptable como futura Sra. Malfoy,… era una joven pasable, no te lo niego, y en su momento su familia muy recomendable, pero estoy convencida de que la vida te depara a alguien mucho mejor,… Piénsalo hijo mío – sonriéndole con cariño añadió - ¿seguro que entre tus conocidas no hay una bonita joven que cumpla los requisitos impuestos por tus ancestros, y que te resulte grata su compañía? Claro que sí. Alguna bruja inteligente, responsable, recatada, que sepa ganarse el respeto de los que la rodean, con ventajosas amistades y conexiones, que haya sabido hacerse un nombre por ella misma y sea admirada por nuestra sociedad. Valiente y con carácter, compasiva, digna de asumir su papel como futura Sra. Malfoy… Tu Padre y yo no hemos querido imponerte ninguna candidata porque creemos que debe ser tu elección, cariño. Y quiero que sepas que ambos valoramos tu juicio, y que con los tiempos que corren… nos hemos hecho a la idea de que para volver a poner a esta familia en el lugar que le corresponde vamos a tener que aceptar a una bruja distinta a la que hubiéramos elegido si Harry Potter no hubiera vencido al Señor Tenebroso... - con precaución añadió – …y por los orígenes de tu futura esposa… lo importante es que sus acciones la hagan digna de ti y de nuestra familia, no que tenga el mejor apellido, o que se haya criado en un círculo distinto al nuestro. Los tiempos han cambiado, hijo, y sólo buscamos tu felicidad.

De todo el discursito de su madre, a Draco le daba la impresión de que estuviera tratando de venderle un ejemplar de Hermione Granger. Idea bien absurda, ya que sabía que aunque estuvieran con la soga al cuello, tanto Lucius como Narcisa Malfoy, preferirían morir a ver a su hijo relacionado de por vida con una sangresucia.

En ese momento oyeron ruidos de pasos y cierto alboroto fuera de la sala de espera. La puerta se abrió de golpe y Lucius Malfoy apareció como un tornado. La imagen hubiera resultado grotesca, sino fuera por el manifiesto rostro de furia y la mirada de determinación. El mago estaba descalzo, y bajo la capa mal puesta sobre los hombros lucía el gorrito y el camisón blancos típicos de los pacientes del Hospital, que además le llegaba por encima de las rodillas, con lo que dejaba ridículamente al descubierto sus rubias y huesudas pantorrillas.

- ¡Narcisa! - vociferó al entrar con unas zancadas en la sala, y al ver a Draco añadió - ¡Ah!, hijo, tu también estás aquí. Mejor. Nos volvemos a la Mansión.

Los dos se habían puesto de pie con un impulso al verlo, y se dirigían hacia él con preocupación, cuando por detrás de Lucius apareció una enojada bruja bajita con gafas y túnica verde de sanadora.

- ¡Sr. Malfoy! ¡No le voy a repetir más veces que usted no está en condiciones de abandonar su habitación!

El interpelado se dirigió hacia la medimaga y le contestó insolente.

- Sanadora Lee, le recomiendo que baje la voz, no querrá despertar al resto de los pacientes.

- Si ahora mismo no vuelve a su habitación – le apostilló la sanadora entre dientes - pienso avisar a los magos de la seguridad para que le acompañen por la fuerza.

- No se atreva a amenazarme – le advirtió el ex–mortífago - Me encuentro en perfecto estado y no voy a permanecer un minuto más en este lugar. Los hospitales son para los enfermos, y es evidente que yo no lo estoy.

Mirándole con desprecio, la medimaga añadió:

- Muy bien. Afín de cuentas se trata de su vida. Pero si decide abandonar San Mungo contra el consejo médico lo hará bajo su cuenta y riesgo. Tendrá que firmarme este pergamino.

La sanadora sacó del bolsillo de la túnica un conjunto de pergaminos y dirigiendo la varita sobre uno de ellos pronunció un hechizo que lo hizo agrandarse e iluminarse durante un breve instante para luego extendérselo al perplejo mago.

- ¿Pero que es esta sandez? – preguntó Lucius Malfoy con indignación sin coger el pergamino - Me voy porque quiero ¿Qué es lo que pretende?

- Lucius… - le suplicó Narcisa sin entender bien cual era el problema y mientras le agarraba suavemente del brazo.

- O lo firma o llamo a la seguridad – volvió a decirle con firmeza la sanadora - Son las normas del Hospital, si quiere abandonarlo contra el aviso de sus sanadores, firmará este pergamino de exención de responsabilidades.

- Durante muchos años fui miembro del Consejo de Administración de San Mungo y es la primera vez que oigo hablar de algo semejante ¿Desde cuando se coerce a los pacientes con estas majaderías?

- Desde que Hermione Granger parece tener un interés personal en acosarnos con denuncias absurdas y sin fundamento de la parte de pacientes ignorantes de las complejidades de la disciplina de la medimagia. Tenemos que curarnos en salud, Sr. Malfoy.

A Lucius Malfoy se le desinfló ligeramente la indignación cuando advirtió complacido que su hijo había reaccionado sorprendido, levemente, pero indiscutiblemente ruborizado, al oír el nombre de la joven bruja.

- En ese caso… - Lucius le arrancó de las manos el pergamino a la medimaga y empezó a leérselo- ... qué tontería. No soy un experto en leyes, pero estoy seguro que a pesar de este documento podría denunciarles si así me pareciese… pero aquí lo tiene – le dijo tras utilizar su varita y plasmar su firma - No se imagina el placer que me produce perderla de vista. Espero no volver a cruzarme con su persona en mi vida.

- El placer es mutuo, Sr. Malfoy – contestó con desprecio la medimaga - y le puedo asegurar que no volverá a verme "en vida", ya que siendo la experta en problemas cardiacos de San Mungo, y con su actitud, sé que la próxima vez que nos encontremos será cuando tenga que certificar su defunción.

- Cuidado con sus palabras, sanadora, lo que acaba de insinuar puede interpretarse de muchas maneras ¿Qué diría su temible Srta. Granger si la oyera maldecir de esa forma a un paciente? – Lucius pronunció esta última frase burlón, y mirando de reojo a su hijo. Esta vez no hubo reacción al oír el nombre de Hermione Granger, pero con la primera vez había bastado para poner al patriarca de los Malfoys de muy buen humor.


1 año, 2 meses y 9 días para el vigésimo quinto aniversario de Draco Malfoy (noche del sábado 27 de marzo de 2004)

Draco, apoyado sobre la repisa de una ventana y con una copa de champán en la mano, miraba a su alrededor con apreciación. Su situación era estratégica para observar a todo el que entraba o salía de la Mansión. La planta baja había sido remodelada mágicamente para la ocasión; las salas ampliadas y redecoradas, cada una bajo una temática distinta: época romana, selva amazónica, Transilvania,… incluso una estancia simulaba el ambiente depravado de unas mazmorras medievales. La música de Los Trasgos sonaba mágicamente procedente del suelo, haciendo que el parqué vibrara a ritmo de la batería, y las hechizadas lámparas de velas del techo creaban juegos de color muy sugestivos. Copas de champán y cócteles flotaban junto con bandejas de exquisitos canapés por encima de las cabezas, y los excitados jóvenes magos y brujas que se apiñaban por las estancias lucían orgullosos sus mejores galas. El conjunto de invitados era un escaparate de clase y abolengo, allí se encontraban concentradas la flor y nata de las nuevas generaciones sangrepuras inglesas, y pronto la fiesta declinaría en una inmensa bacanal, Draco estaba seguro de ello. Allí no iba a encontrar ninguna futura esposa, la que estuviera "inmaculada" iba a dejar de serlo al terminar la noche. Indiscutiblemente los Pucey sabían organizar un evento, no que se los fuera a reconocer.

Era la fiesta de compromiso de Adrian Pucey y su prometida, Ursulla Medtly, y aunque Draco no estaba de humor para fiestas, como era comprensible tras los últimos acontecimientos familiares, había tenido que acudir. Su madre le había recordado que los Puceys eran una vieja familia sangrepura que no habían sufrido del ostracismo de la sociedad mágica por su relación con el Señor Tenebroso, con lo que era prudente estar en buenos términos con ellos. Además, había prometido a Millicent Bulstrode que se encontraría con ella allí.

La bruja no había parado de acosarlo con lechuzas desde la fatídica midday party de San Valentín en casa de los Patil. Le aseguraba que necesitaba hablar con él de algo importante. Draco había estado muy ocupado con el caso de los gusamocos, y con Granger, y es cierto que llevaba semanas descuidando a sus amistades. Aunque tampoco le había dado mucha importancia a la urgencia de lo que Millie tenía que contarle. La conocía demasiado bien, y sabía que su problema tendría que ver con algún nuevo "desamor".

Millicent Bulstrode era una vieja amiga. Posiblemente la única bruja a la que pudiera considerar en términos de amistad. No se habían tratado antes de empezar la escolaridad en Hogwarts porque los Bulstrode no pertenecían al círculo de familias sangrepuras con las que se relacionaban los Malfoys, pero sabía quienes eran por su madre, pues su tío bisabuelo Cygnus Black I se había casado con una de ellos.

Los Bulstrode eran una antigua familia de origen mágico que nunca habían tenido mucha fortuna ni habían sido importantes. El padre de Millie, Herbert, era un ejemplo de mago mediocre y mezquino al que habían llegado muchas familias "puras" con sus matrimonios endogámicos, como los Goyles, los Crabbes, y tantos otros. La madre de Millie era una bruja mestiza asustadiza y sin mucha personalidad, no era un secreto que se habían casado al quedarse ésta embarazada de Millie, y que Herbert Bulstrode había sido siempre muy cruel con su esposa, recordándole durante toda su vida su condición de mestiza. Draco entreveía que el maltrato no sólo había sido psicológico.

Tras la vuelta del Señor Tenebroso, Herbert Bulstrode había entrado a formar parte de su ejército de mortífagos, como mero sicario, siendo apresado tras la batalla de Hogwarts. Había permanecido encarcelado en Azkaban hasta su muerte, acontecida hacía unos dos años a causa de un ataque cardiaco. Millie despreciaba a su padre, odiaba como maltrataba a su madre y como la ignoraba a ella y al resto de sus hermanos, así que Draco intuía que la encarcelación del patriarca de la familia, y su posterior fallecimiento, habían causado cuanto menos respiro en el seno de la familia.

Definitivamente el de su amiga no había sido un hogar feliz. Tenía tres hermanos más pequeños que ahora estudiaban en Hogwarts, y puesto que su madre era una sombra de mujer, como consecuencia del maltrato sufrido por parte de su marido, la joven bruja se había tenido que ocupar de criarlos.

Draco le tenía mucha estima. Millicent era una bruja inteligente, con la cabeza muy bien amueblada y una leal compañera. Su amistad había surgido desde el momento en que se encontraron por primera vez en la sala común de Slytherin, era de este tipo de personas con las que uno conecta sin saber bien porqué, no como su relación con Blaise Zabini, que se había forjado más bien a lo largo de los años, pasando de ser meros conocidos a buenos camaradas.

Millie no era una joven agraciada. Era bajita y de tipo fortachón, con las espaldas muy anchas y apenas formas femeninas. Su rostro era vulgar y no tenía el refinamiento de las sangrepuras de más alcurnia que poblaban la Casa Slytherin en Hogwarts. Además, a pesar de su carácter fuerte y su sentido común, su corazón era un blanco muy fácil. Era una romántica, y tenía tendencia a encapricharse de magos guaperas y narcisistas a los que solo importaban las apariencias, con lo que terminaba sufriendo una decepción tras otra, además de ponerse en ridículo en innumerables ocasiones. Draco no paraba de aconsejarle que se buscara más bien un mago afable y honesto, un buen tipo a lo hufflepuff, que supiera apreciar sus cualidades y que la quisiera de verdad. Pero aunque no se consideraba un experto en psicología femenina, sabía que definitivamente de eso tendría que darse cuenta ella solita. Había mucho de complejo en la forma en que se inundaba de grotescos hechizos de belleza, y cómo se vestía ridículamente con túnicas que difícilmente sentarían bien a las brujas con cuerpos más esbeltos que el suyo.

Y sobretodo debería dejar de intentar formar parte del frívolo grupo de devora-hombres integrado por Pansy, Daphne y resto de alimañas. Millie nunca podría ser ese tipo de bruja. Y relacionándose con ellas sólo estaba consiguiendo debilitar aún más a su ya frágil ego. Aún se acordaba de los años en Hogwarts en los que su amiga se había enamorado de Blaise Zabini, y como las harpías, estaba seguro de ello, la habían animado con esa obsesión, asegurándola que tenía posibilidades. Y la pobre no había parado de escribirle cartas de amor anónimas, de dejarle regalos sobre la cama de su dormitorio, para que luego un día sus "amigas" expusieran cruelmente sus sentimientos delante de Zabini y de toda la sala común, y se echaran unas risas a su costa.

Draco no se incluía para nada en el grupo de magos superficiales y ególatras a los que repulsaría una relación sentimental con Millicent por su falta de atributos físicos. Y no es que pudiera imaginarse encontrarse alguna vez en esa situación. Millie no era su tipo, eso era todo. Él estaba por encima de las mezquindades porque era sencillamente su amigo, y gracias a Merlín, tampoco Millie había sentido nunca ningún enamoramiento hacia su persona. Pero se tenían un cariño sincero, era de los pocos seres humanos en los que podía confiar. Es más, si el yugo del legado de los Malfoys estuviera a punto de caerle sobre la cabeza, preferiría que sus padres lo casaran con Millie a que fuera con alguna muñequita cabezahueca sangrepura a lo Daphne Greengrass, con la que estaría tirándose los trastos a la cabeza tras el primer aniversario de boda, y en cuanto sus instintos sexuales se hubieran aplacado.

- ¡Draco!

El joven se dio la vuelta y vio acercarse a Millicent con un cóctel en la mano. Se veía que se había esmerado para la ocasión, aunque el resultado desde luego no era el que pretendía. Estaba grotesca.

- Hola Millie – le contestó Draco incorporándose de la repisa - Muy original tu vestido.

- ¿Tu crees? – le preguntó la bruja incierta mientras se miraba a sí misma - Es nuevo, me lo compré el otro día con las chicas. Queríamos estrenar todas algo para la fiesta. Aunque no estoy muy segura de que el color me siente bien, pero Daphne dice que su modista le ha asegurado que el amarillo canario es la tendencia de esta temporada – poniéndose seria añadió - Draco, tengo que hablar contigo de Brutus.

Brutus era uno de los hermanos de Millicent, el mayor. Tenía 17 años y cursaba el último año en Hogwarts. Todos los hermanos de Millie se parecían mucho a ella físicamente, pero a diferencia de ésta, habían heredado la total falta de intelecto de su progenitor. No eran malos chicos, tan sólo mentalmente limitados.

- ¿Qué le ocurre?

- Estoy muy preocupada por él. Es su comportamiento. Ya sé que es un adolescente y demás, pero cuando estuvo en casa estas Navidades… Él y Briand son los que han llevado peor la encarcelación de papa, y no les culpo. Por lo que he oído el ambiente en Hogwarts debe de ser un infierno para los slytherins, y más si están emparentados con algún mortífago – con resentimiento, y agarrando una nueva copa de champán que se balanceaba sobre su cabeza añadió - y McGonagall no está haciendo nada para prevenirlo, aunque no es que esperara que lo hiciera. Pero aún así, no es excusa para su actitud estas Navidades…si vieras como nos trató a todos, y especialmente a mama. Tuve que enfrentarme en serio con él un par de veces, porque de verdad que se pasó de la raya.

- Debe de estar resentido. Ahora que tu padre ha muerto a lo mejor está tratando de ocupar su lugar o algo así – Draco no tenía ningún interés en ponerse a analizar los problemas de la adolescencia de Brutus, bastante había tenido con la suya propia – Millie, no soy bueno para este tipo de psicologías.

- Mi padre murió hace ya dos años – le contestó Millicent molesta - No tiene nada que ver con él. Además, no es sólo la típica actitud rebelde de la edad. Aquí hay algo más. Tenías que haberlo visto. Tenía el rostro demacrado, como si durmiera mal y estuviera permanentemente cansado. Estaba inquieto, irascible. Saltaba por todo, y todo le molestaba. Si la comida no estaba suficientemente salada, si Briand y Agustus estaban haciendo demasiado ruido, si la ventana estaba cerrada, si estaba abierta… ha sido insoportable. Y estaba ansioso por algo, no paraba de juguetear con la varita o con lo que tuviera entre las manos, no era capaz de permanecer dos segundos sentado o en la misma posición. Y eso que lo hemos visto muy poco. No ha parado de salir a todas horas, no sé a donde ni con quién. Pero más de una vez lo he pillado vomitando por las mañanas. Y cuando le pregunté por sus idas y venidas, se me puso muy violento.

- ¿Crees que está metido en algún lío?

- Sí. Definitivamente… - la mirada de la bruja se separó de la de Draco y con voz entrecortada le confesó - Pasó algo la mañana en la que se fueron de vuelta a Hogwarts.

Sintiendo la emoción en el tono de voz de su amiga, Draco no la presionó y esperó a que alcanzara otro cóctel y volviera a retomar el hilo de la historia.

- Yo estaba en la planta baja ayudando a preparar el equipaje de Briand y Augustus. A Brutus no se le veía por ninguna parte. Mama ya se estaba poniendo nerviosa así que subí a su habitación a buscarlo. Cuando trate de entrar me encontré con que había puesto protecciones. Draco – le dijo con vehemencia - en mi casa jamás nadie ha tenido necesidad de conjurar protecciones en las habitaciones, ni siquiera cuando mi padre vivía entre nosotros. Me enfadó mucho así que las desactivé y entré en su cuarto. No estaba allí, todo estaba en desorden y ni siquiera había empezado a preparar el equipaje. Me fijé, sería por instinto, en una extraña bolsa púrpura que sobresalía por debajo de la cama, y la cogí para investigar. Dentro había un frasco vacío y un puñado de galeones y joyas pertenecientes a mi madre. ¡Nos estaba robado! ¡A su propia madre! Le esperé y en cuanto apareció le monté una escena. El muy…- Millie continuó entre dientes - se atrevió a negarme que las hubiera cogido, asegurándome que mama se las había dado. ¡Pretendía que se las devolviera!, y cuando me negué, ¡se atrevió a golpearme!

Draco no estaba nada cómodo con el giro que estaba tomando la conversación.

- Se fue a Hogwarts con las joyas, y no puedo entender como mama lo permitió. Mi madre me aseguró que sí que era cierto que se las había dado, pero ella había estado tan sorprendida como yo al enterarse de que las tenía. Sé que sólo lo dice para calmarme, lo sé, y porque no quiere que nos peleemos. ¡Por Merlín! ¡No necesita las joyas para nada! No tiene novia, y si estuviéramos pasando necesidad y tuviéramos que venderlas, mama me las hubiera confiado a mí.

-¿Saben algo Briand o Augustus? ¿le has preguntado a alguno de sus amigos?

- Briand no se entera de nada aunque le pase por delante de las narices, y Augustus es muy pequeño, bastante tiene con superar su añoranza de casa en su primer año en Hogwarts. No sé quienes son sus amigos ahora, porque en las breves cartas que envía a casa se limita a formalidades y a pedir dinero. Creo que alguien debe estar chantajeándole, o se ha metido en deudas, o no sé qué. Draco – le imploró la bruja - mi hermano siempre te ha admirado. Eres su modelo. ¿No podrías hablar con él?

- Millie – contestó el joven incómodo - no sé yo porque se confiaría en mí, o porqué tendría que escucharme.

- ¡Pero podrías intentarlo!… el fin de semana que viene hay una salida prevista a Hogsmeade y he quedado con él para almorzar en Las Tres Escobas. Tiene interés en aparecer porque sabe que le llevo un paquete de mama. Tú podrías acompañarnos y hablar con él –Millicent miró un instante por encima del hombro de Draco, y en su rostro se desvaneció la desesperación y apareció una mascara de indiferencia – Théodore Nott nos está haciendo señas.

Draco volvió la cabeza y vio al joven sanador dirigiéndose hacia ellos mientras les saludaba con la mano levantada. Theodore Nott era un reservado mago larguirucho y desgarbado, con un rostro afable y cabello oscuro, tieso y alborotado, no muy diferente del de cierto mago en el que Draco prefería no pensar. Antes de que Nott llegara a su lado, Draco le murmuró a Millicent mientras le devolvía el saludo a su amigo.

- No te prometo que vaya a servir para algo, pero iré contigo a Hogsmeade el sábado que viene.

- Millicent, Draco – les saludó Theodore con media sonrisa cuando se reunió con ellos. El joven sanador agarró un puñado de cacahuetes de una de las bandejas voladoras y mirando a su alrededor les comentó - Menuda fiesta ¿eh? Han cuidado hasta el mínimo detalle ¿Os habéis fijado en que todas las lámparas tienen todas trece velas?

- ¿Perdona? – le preguntó Draco sin comprender.

- Las lámparas, que tienen todas trece velas – volvió a repetir Nott elevando la voz, y añadió orgulloso - Lo sé porque me he pasado por el resto de las estancias para comprobarlo.

Draco y Millicent le miraron con extrañeza, aunque el joven sanador lo interpretó como incomprensión, y con toda ingenuidad trato de explicarse.

- Sí, hombre. Ya conocéis el dicho "la mala suerte se anula con mala suerte". Y bueno, la fecha de hoy, al analizarla bajo el sistema octal, ya sé que en aritmancia es más habitual no seguir las pautas de la escuela chaldeana, pero a mi es la que me resulta más atractiva, pues nos da una cifra cuya frecuencia numérica prevé infortunio, y por eso han debido de cuidar que las lámparas tengan todas trece velas, para contrarrestar la mala suerte ¿no os parece ingenioso?

- Muchísimo – soltó imperturbable Millie cruzando una divertida mirada cómplice con Draco - Os veo luego, voy a ir a buscar a Adrian y a Ursulla que todavía no les he saludado.

En cuanto Millie se fue, Nott aprovechó para preguntarle a su amigo.

- ¿Qué tal tu padre? Me enteré que tuvo una salida de San Mungo muy en su línea. Genio y figura hasta la sepultura ¿no?

- Más o menos. Está bien, gracias por preguntar – bajando la voz cambió de tema -¿has averiguado algo sobre lo que te comenté?

Con gravedad, Theodore le respondió en un murmullo, fingiendo estar muy interesado por los grupos de jóvenes magos que conversaban y bailaban a su alrededor.

- Puedo ayudarte. Pero para eso necesito que me digas que es lo que estas buscando. El Mercado del Alquimista funciona así. Para poder ir tienes que ser invitado, por lo que un mercader tiene que estar dispuesto a venderte de antemano lo que buscas. No estás obligado luego a comprárselo a él. Una vez allí podrás hacer negocios con quien te interese. ¡Blaise!

Blaise Zabini se encontraba charlando y bailando animadamente con un par de brujas en el centro de la sala, cuando al oír su nombre dirigió la mirada hacia ellos. Al ver a Draco sonrió maliciosamente, y despidiéndose calurosamente de las brujas se encaminó hacia sus amigos. Con un tonillo de voz, que irritaba particularmente al joven Malfoy, les saludó.

- Qué alegría veros por aquí. Draco ¿donde has dejado a Hermione? ¿No te acompaña esta noche?

- Cierra la boca, Zabini – le contestó Draco amenazadoramente.

- ¿Hermione Granger? – preguntó Nott sorprendido.

- Sí. ¿No sabías que Draco nos tiene abandonados por la princesita de los Gryffindor? – insistió Blaise con malicia.

Con un rápido movimiento, Draco sacó la varita del bolsillo de la túnica y se la clavó amenazadoramente a Blaise en el pecho.

- Mira Zabini. Te lo advierto, deja de…

- ¿En serio? Granger es la bruja con la articulación sinovial más atractiva que he visto en mi vida – comentó Nott mirando a Draco con genuino respeto y admiración.

- ¿Qué? – exclamó Draco.

- ¿De qué estas hablando, Theo? – preguntó Zabini igual de sorprendido, y apartando de su pecho la varita de Draco.

- ¿No os habéis fijado nunca? Yo me di cuenta en el 5º año, un día en la biblioteca en Hogwarts. Granger estaba allí como siempre, ocupando toda la mesa junto a la mía. No llevaba la túnica puesta, con lo que al sentarse la falda se le había subido un poco y dejaba al descubierto todos los músculos isquitibiales – como reviviendo un recuerdo particularmente agradable añadió soñador - En serio, el movimiento de flexoextensión era perfecto, y la cara convexa de la rótula se podía entrever con toda claridad a través de la epidermis. Una auténtica obra de arte de anatomía.

Los otros dos slytherins le miraban sin llegar a creérselo. Blaise divertido, y Draco un poco perturbado al darse cuenta que era evidente que a Theodore Nott se le empinaba el miembro fantaseando, y de qué manera, con el conjunto de huesos y músculos de las extremidades de Granger.

- Es muy difícil encontrar a alguien con unas articulaciones bicondilea y selar tan pulcras – continuaba Nott - Ni siquiera las de Oliver Wood le pueden hacer sombra, que hasta haber visto las de Granger me parecían ser las rodillas más perfectas. No pude dejar de admirarlas durante toda la tarde. Si tuviera la oportunidad de seccionarlas, estoy seguro que la tibia y el peroné...

- Draco. Dime que no he perdido la cabeza por querer asociarme de por vida con este espécimen de tarado – susurró Blaise mientras continuaba mirando a Nott con divertido desconcierto.

Draco no le contestó. Nott acababa de reconfirmar su teoría de que no podía ser sano ser tan cerebrito. El extraño slytherin era el perfecto ejemplo de que un intelecto excesivamente desarrollado lo volvía a uno un ser inadaptado. La mente de los genios no funcionaba como la del resto de los mortales. En Hogwarts sólo Granger, que tampoco podía ser calificada de bruja corriente, había logrado superarle en todas las materias, y Draco estaba seguro que incluso este hecho tan sólo era debido a la animadversión que el claustro al completo, salvo su padrino, profesaba a los slytherins. Draco se consideraba un mago con una inteligencia superior a la media, que no podía compararse en ningún caso con la brillante mente de su amigo, ni posiblemente con la de Granger, hecho del que estaba más que satisfecho. Prefería no resaltar en este punto y conservar su cordura. Con cierta irritación, que no lograba entender porqué le había provocado los comentarios de su amigo, le aconsejó con desdén:

- Nott, te iría mucho mejor en la vida si fingieras al menos ser un poco normal y te concentraras en admirar las tetas de las brujas, como hace todo el mundo.

- Si te soy sincero, Theo – se aventuró a comentarle Blaise con un poco más de mano izquierda - a mi lo que me atrae de las brujas son otros atributos físicos, como los que expone en estos momentos el espécimen que se pasea del brazo de Greg.

Los otros dos jóvenes miraron en la misma dirección que Blaise y se toparon con la enorme figura de Gregory Goyle que acababa de entrar en la sala acompañado por una voluptuosa bruja del brazo. La bruja en cuestión era una joven más alta que su acompañante, con curvas sinuosas y una larga y sensual cabellera rubia. Vestía un sugerente traje plateado diseñado con la clara intención de acentuar y mostrar todo lo que se suponía debía estar cubriendo.

- Vamos a saludarles – sugirió Zabini con claro entusiasmo. Y los tres se dirigieron hacia los recién llegados.

La pareja los vio y se acercó a ellos. Mientras caminaba, Draco se fijo en que Goyle parecía tener dificultad al andar, cojeando de la pierna izquierda ligeramente. Al encontrarse se pusieron a charlar animadamente, y el grueso mago les presentó orgulloso a su "belleza", que resultó ser una joven bruja alemana llamada Helga que parecía no saber una palabra de inglés. Zabini no perdió tiempo en asumir su papel de caballero siempre dispuesto a acudir al auxilio de las damas, y trató de comunicarse con la joven bruja para que no se sintiera incómoda en un ambiente tan desconocido para ella. Y mientras que los otros tres slytherins comentaban la próxima partida de gobstones, el mago de origen italiano mantenía a Helga entretenida explayando todos sus encantos.

Hacía ya unos años que Draco, Pucey, Nott y Goyle se citaban el primer miércoles de cada mes para jugar unas partidas de gobstones con fuertes apuestas. Ya que Draco se había distanciado de su antiguo "esbirro", desde que ambos terminaron en Hogwarts, tan sólo sabía de él en estas ocasiones. Además, la última vez que habían podido reunirse había sido el primer miércoles de enero, pues para la partida de febrero Pucey y él se habían encontrado solos. Esa fue la noche en que Goyle y Nott habían tenido la desfachatez de dejarles tirados, aunque éste último se excusara a última hora con la supuesta urgencia en San Mungo, que Draco sabía por Blaise que no había existido. La partida del mes de marzo había tenido que anularse también, ya que ni Nott ni Pucey se habían podido librar de sus compromisos, lo que a Draco no le había importado, pues esos días estaba encerrado en la casa de su padrino investigando el caso de los gusamocos.

Draco le echó en cara a Goyle el plantón, y éste pareció ponerse un poco a la defensiva, soltando una excusa poco creíble mientras que parecía no poder evitar mirar de reojo nerviosamente hacia Nott. Aunque el sanador parecía ignorar este hecho, a Draco la actitud de Goyle le resultaba cuanto menos curiosa. Pero más extraña fue la reacción del mago cuando Draco inquirió sobre su cojera. Se mostró aún más evasivo, asegurándole que era debida a una mala caída volando con la escoba, que se le había roto la cadera y que parecía que el hueso no terminaba de fijársele del todo. La mirada que intercambió esta vez con Theodore fue mucho más evidente, y Draco vio con claridad que ambos compartían algún secreto. Pero como buen slytherin, se guardó sus impresiones y fingió no darse cuenta de nada, ya se enteraría de lo que iba todo aquello.

Zabini estaba realizando serios progresos con la bruja de Goyle. Ambos se habían alejado y se dirigían muy juntitos hacia otra de las salas adyacentes, y la tal Helga parecía haber superado su problema con el idioma, pues coqueteaba con el mulato descaradamente. Draco sabía como iba a terminar todo aquello. Greg y Theo estaban ahora inmersos en una acalorada conversación sobre Quidditch, con lo que podían estar discutiendo una media hora más, si añadíamos el cuarto de hora que podía perder Goyle en buscar a la bruja, se llegaba al tiempo suficiente que necesitaba Zabini para darle un rápido repaso a la voluptuosa Helga en alguna recóndita alcoba. En otras circunstancias Draco hubiera aplaudido, e incluso facilitado, las proezas de su amigo, pero, tras los comentarios de éste sobre Granger para ridiculizarlo, decidió fastidiarle el plan. Así que hizo un inocente comentario sobre Helga provocando que Goyle se diera cuenta que había desaparecido, y todo preocupado se despidió de ellos y se fue a rescatarla de las "garras" de Zabini.

Mientras esperaba que volviera Blaise con el rabo "desinflado" entre las piernas, Draco observó con fastidio que las hienas habían hecho aparición en la Mansión. Pansy Parkinson, Daphne Greengrass y Tracy Davies, las tres "joyas" de la Casa Slytherin de su año, cogidas del brazo y sonriéndose pretenciosas, miraban discretamente a su alrededor fingiendo indiferencia. Posiblemente fueran el grupo de brujas más elegantes y con más clase de la fiesta, no se podía negar que eran un regalo para la vista, especialmente Greengrass, con esa apariencia de muñeca de porcelana escandinava, aunque a Draco la estampa de las tres juntitas le traía a la mente la visión de una banda de aves carroñeras. De pronto su mirada se cruzó con la de Pansy, y por mucho que debiera estar acostumbrado después de dos años, no pudo dejar de sorprenderle todo el odio, el resentimiento y el dolor que aún inspiraba en la bruja. Vio como ésta le comentaba algo a Daphne y que las tres se dirigían con ganas de bronca hacia él, al mismo tiempo que Zabini aparecía, claramente contrariado, desde la otra sala.

- Pero mira a quien tenemos aquí - comentó Blaise sarcástico - Demos gracias a Merlín. Las más delicadas y exquisitas deidades han decidido iluminarnos con su "pureza".

Draco sabía que cuando su relación con Pansy terminó fue como si le hubiera declarado la guerra al resto de harpías, y a partir de entonces todas parecían haberse tomado como reto personal hacerle la vida imposible. Bueno, no todas, Millie seguía siendo Millie, pero es que ni en esto la pobre podía ser considera parte del grupo. Zabini, en cambio, parecía haber sido incluido recientemente en la lista negra de las tres brujas, y sin motivo aparente. Conociéndolo, Draco intuía que más de un corazón roto debía andar detrás del repentino odio. Además, su amigo respondía a las pequeñas mezquindades con que las fieras solían "agasajarlo" como si las sufriera en carne propia. Cualquiera diría que el mago italiano había desarrollado un exagerado sentido de lealtad hacia él, aunque Draco prefería no profundizar en las ramificaciones de la amistad con sus antiguos compañeros slytherins.

- Zabini, Nott y Malfoy. Y yo que creía que ésta era una fiesta exclusiva – comentó Pansy con desprecio al llegar a su altura. Daphne y Tracy se situaron a cada lado de la bruja de azabache, con claras intenciones de batallar.

- Si lo es, querida. El que comprensiblemente tú no parezcas estar al corriente de en qué consiste la exclusividad no lo hace menos – le contestó Draco con una de sus sonrisillas.

- Draco, te olvidas de con quien estás hablando - comentó Nott despreciativo, sorprendiendo a Draco con su clara animadversión hacia sus antiguas compañeras - Tienes que limitarte a un lenguaje más sencillo y frases más simples si quieres que sean capaces de comprenderte.

El comentario de Theodore parecía haberlas cogido por sorpresa, quizás porque no esperaban encontrar en el callado mago a otro adversario, o porque de verdad no habían entendido lo que había querido decir. Daphne, cogiendo a su amiga de la mano, le comentó mirándoles con desprecio:

- Vámonos, Pansy. No merece la pena que perdamos el tiempo con el comecoños, el rarito y el cagón.

A Draco le recorrió por el cuerpo un escalofrío de rabia. Esperaba que Greengrass, en su infinita estupidez, no estuviera implicando lo que parecía que estaba implicando en relación a su persona. Acercándose amenazador hacia la rubia platino, y clavándole con intenciones asesinas sus árticas pupilas, le contestó rabioso:

- Greengrass. Un consejo. Cuando trates de ofender, al menos intenta que los insultos se refieran a los que se los diriges.

- Pero Draco – objetó la joven envalentonada, viendo que por algún extraño motivo parecía que su comentario había dado en el blanco – Es lo que eres. Mi hermana Astoria me ha contado que te entran cagaleras cuando te acercas a alguna bruja muy superior a ti. ¿No te dio un apretón y tuviste que salir corriendo con los mojones colgándote del agujero del culo cuando la conociste en casa de las Patil?

- Por Merlín, Greengrass – soltó Zabini asqueado - qué boquita tienes ¿dónde te criaron tus padres, en las tabernas?

Pansy parecía no querer terminar con el enfrentamiento, y dirigiéndose a Zabini con gesto despectivo le contestó:

- No sabía que Nott y tú habíais caído tan bajo como para tomar el "honroso" puesto de Goyle y Crabbe como parejita de guardatraseros de Draco.

- No te atrevas a mencionar a Crabbe, Pansy – le advirtió Draco autoritario, y sosteniéndole la mirada añadió con calculada frialdad- y supera ya de una vez lo nuestro. ¿Es que no tienes amor propio? Si vieras lo patética que resultas…

Desde el día en que terminaron su relación, ninguno de los dos había vuelto a mencionar la ruptura. Así que en cuanto la última palabra salió de su boca, Draco supo que acababa de darle una puntilla mortal a la bruja. Durante un breve instante, la mirada de Pansy mostró dolor, derrota y una desesperación tal, que provocó en el joven mago una pequeña punzada de culpabilidad. Entonces Pansy pareció reponerse y con odio le escupió en la cara. Todo pasó muy rápido, Tracy y Daphne, gritando como posesas, agarraron a Pansy para llevársela de allí, mientras Nott y Zabini se lanzaban a por las brujas varitas en mano. Draco los paró y permitió que las brujas se marcharan. Sacando su varita se lanzó un scourgify sobre el rostro mientras oía por encima de la música los insultos barriobajeros que les dedicaba Daphne al abandonar la sala.

Podía hasta cierto punto entender su rabia. Pansy maldecía su mala suerte, y no pudiendo desahogar su ira contra el verdadero culpable, el destino, se ensañaba con él. Sabía que si de antemano hubiera estado al corriente de las imposiciones a las que estaba sujeto para casarse, hubiera permanecido virgen más que gustosa hasta su matrimonio. O quizás toda esa furia no fuera más que despecho, y se debiera a que había infravalorado los sentimientos que la bruja sentía hacia su persona… aún así, la gente sufría desamores a diario, y lograban superarlo. Y además, su ruptura había estado más que justificada. Pansy debería madurar y asumir que él había estado dispuesto a casarse con ella, pero que no iba a ser un necio y abandonar su apellido y su legado para ser condenado a vivir deshonorado por su familia por seguir con ella. No es que no le había querido como ella esperaba, es que aún estaba por nacer la bruja que mereciera la pena tal sacrificio.

Los tres amigos se llevaron un rato despotricando a gusto contra sus antiguas compañeras, y Theodore poco después se excusó y se marchó, dejando a Draco y Blaise a solas…

- Estás desconocido – le comentó Zabini en falso tono de preocupación - En lo que va de noche sólo te he visto tomarte una copa de champán, ¿qué pasa? ¿le has prometido a Hermione que ibas a ser un buen chico y que no te ibas a exceder con el alcohol?

- Zabini, déjalo ya. Sabes que no…

- Cuanto más tardes en contarme qué es lo que te traes entre manos con Granger, tu agonía será mayor – le cortó Blaise sonriéndole malicioso mientras se llevaba la copa de champán a los labios.

- No hay nada entre Granger y yo – le aclaró Draco hastiado.

- Eso ya me lo había imaginado – comentó Blaise.

- ¿Qué quieres decir? – A Draco le molestó lo que implicaba Zabini con tan drástica negación ¿Por qué no podía imaginarse que Granger y él tuvieran algún tipo de relación? No es que la tuvieran, o que la fueran a tener. A parte de algún que otro encuentro carnal, no pensaba llegar más lejos con la bruja. Era Granger, afín de cuentas. Entonces… ¿por qué le había herido el comentario de su amigo?

- Venga, si estás deseando contármelo…

- Sabes Blaise, creo que voy a salir un rato a tomar el aire. El ambiente está empezando a cargarse demasiado para mi gusto ¿no estás de acuerdo conmigo?

Blaise abrió la boca para contestarle, pero pareció pensárselo mejor. Sosteniéndole la mirada con los párpados entrecerrados le estudió durante unos instantes, luego se sonrió triunfal y asintió con la cabeza. Ambos cruzaron la ya abarrotada sala y pasaron por otras estancias igual de pobladas con magos y brujas en un cada vez más desenfrenado estado de embriaguez. Cuando salieron a los jardines, Draco lideró la marcha hasta llegar a un grupo de matorrales desde los que se percibía la mayor parte de la Mansión. Una vez allí, sacó la varita y recitó una serie de hechizos de protección entre los dos magos. Luego, sin dejar de mirar a un expectante Zabini, se llevó impertérrito la copa de champán a los labios y degustó con lentitud un buen trago.

- Bueno, desembucha de una vez – le dijo su amigo impaciente.

Cuando hubo terminado su copa, Draco circunspecto declaró con seriedad:

- Blaise. Tengo un encarguito para ti. Tómatelo como quieras, como un favor personal, que no pienso devolverte, o como el único acto altruista que vayas a realizar en tu vida. Quiero que a partir del lunes, en cuanto empieces tu turno en San Mungo, abras bien los ojos y dediques cada minuto de tu tiempo en el Hospital a observar y retener todo, te repito, todo, lo que se salga de lo normal en el día a día de San Mungo, por muy banal que te parezca. Cualquier pequeña coincidencia, cualquier detalle ridículo, cualquier dato extraordinario que te haya comentado otro sanador. No te tienes que preocupar de que tenga o deje de tener sentido. Y lo más importante, no debe ser algún fenómeno aislado, sino que debe haberse repetido más de una vez en los dos últimos años. Me da igual que parezca ser una broma macabra entre sanadores, o que algunas de las decrépitas ancianitas que tratas se quejen de que sus mininos hayan dejado de querer frotarse entre sus piernas, o que de pronto les haya dado a todos los padres primerizos por ponerles a sus recién nacidos nombres de pila que empiecen por X, o que haya habido un mayor porcentaje que de costumbre de magos con eyaculación precoz. Lo que quiero que retengas es el dato curioso, extraño, ya tenga grave importancia médica o sea la anécdota más inocente del mundo. Y te advierto que está en tu máximo interés, como en el de todo el mundo mágico, que te tomes en serio lo que te acabo de pedir, y que más te vale emplear tus fabulosas dotes perspicaces, y tus reconocidas tendencias fisgonas, lo mejor que sepas. Recuérdalo bien, Blaise. En los dos últimos años.

Zabini le había estado escuchando sin interrumpir. Al principio con desconcierto, y poco a poco, a medida que Draco avanzaba con su "petición", el semblante de Blaise pasó de la incredulidad a la suspicacia. Cuando Draco terminó, el joven sanador tardó unos segundos en encontrarle sentido a lo que acababa de escuchar. Pero enseguida su rostro se tensó, y con preocupación le preguntó:

- Esto tiene que ver con Granger ¿no?…

Como respuesta Draco asintió con la cabeza.

- ¡Merlín! – exclamó Zabini llevándose las manos a la cabeza, y apartándose de su amigo opinó con inquietud - ¡Por las barbas de Merlín! ¿En que especie de trama de locos andáis metidos? Granger es la niña mimada del Ministerio, Draco, el cerebro del Trío de Ases, si tiene alguna patata caliente entre las manos sabe que cuenta con todo el jodido Departamento de aurores pendientes de una miradita suya para lamerle los pies – y con preocupación añadió - ¡y es a ti a quien ha tenido que acudir para que le ayudes!… no te ofendas, pero es que, es tan inverosímil que tu puedas, y quieras, ayudarla… salvo que sea algo tan, tan,…qué prefiera confiarse en ti a alguno de sus amiguitos… tiene que ser algo bien gordo… ¿qué demonios está pasando? Esto no me gusta, Draco. Tiene muy, muy, muy mala pinta... – con tono acusador añadió - ¿Para que me metes a mí en el embrollo?

- Eres tú el que quería conocer de mis idas y venidas con Granger, Blaise – le contestó Draco con autosuficiencia.

- Pues ya no quiero saber nada – le soltó Zabini muy en serio.

- Demasiado tarde. Además, tampoco es que te haya metido en nada ¿no? Sólo te he pedido que estés alerta. No te compromete a mucho ¿verdad? Ni siquiera sabes porque estamos al corriente de que algo se está cociendo. Eso sí, no hace falta que te recomiende que seas discreto, y que no menciones el asunto con nadie. Tú limítate a tener los ojos y los oídos bien abiertos.

- ¿Y que me dices del olfato?… - añadió Zabini sonriendo levemente.

- O del tacto… - continuó Draco, satisfecho de la tácita aceptación de su amigo.

- Esta última línea de acción siempre me ha parecido la más adecuada a la hora de realizar concienzudas indagaciones – agregó Zabini burlón, habiendo recuperado su frívolo talante, y antes de pasarle el brazo por el hombro a su amigo y conducirle de vuelta a la Mansión.

Draco complacido pensó en cómo la vida parecía volver a sonreírle. Estaba seguro que iban por el buen camino en el caso de los gusamocos, y tenía grandes expectativas puestas en el reconocimiento que le esperaba una vez Granger y él lograran resolver el caso. Y encima, tras su último encuentro con la bruja, había quedado demostrado que su fobia al contacto femenino se había evaporado.

En un principio había barajado la idea de buscarse esa noche una bruja sexy y dispuesta a ayudarle a aliviar la tensión acumulada en los últimos días, pero al final decidió no eternizarse mucho tiempo más y volverse a casa.

Los especímenes femeninos a los que había echado un vistazo no habían terminado por convencerle. A la mayoría ya las conocía, incluso a más de una íntimamente. Y no lo podía negar, aún no había terminado de explotar a gusto el filón Hermione Granger. Del tórrido beso que habían compartido le quedaba una libido insatisfecha, pues lo poco que había tenido tiempo de saborear le había dejado con ganas de descubrir que más tenía la bruja por ofrecerle. A pesar de ser quien era, la bruja le atraía, era un hecho. Granger era...Granger. En los momentos en que lograba contener sus tendencias de marimandona y sabihondilla encontraba muy placentera su compañía, ¡y era tan fácil y gratificante sacarla de sus casillas...!

Sus instintos no podían haber malinterpretado la disposición de la bruja. Había respondido favorablemente a sus avances. Bueno, más que favorablemente, había respondido entusiasta. Estaba seguro que no se negaría a mantener relaciones con él. Si añadíamos que, teniendo en cuenta quienes eran ambos, la bruja no esperaría de Draco Malfoy una relación sentimental en serio, y que estaba en su interés, tanto o más que en el del mago, el que sus posibles encuentros no llegaran a ser del dominio público, Draco tenía el plan perfecto. Entrando en un discreto y placentero affaire con Granger, el joven podría "cubrir" sus necesidades, mientras continuaba con la búsqueda de su futura esposa.


¡Feliz Año!

He tardado un poco más de lo previsto en actualizar, pero es que las vacaciones me han relajado más de la cuenta. Mi beta Aceli ha vuelto también con fuerza renovada, porque me ha ayudado horrores con mis dudas existenciales en este capítulo. Como sé que algunas sois un poco impacientes... en el próximo capítulo habrá más Dramione, prometido.

No me canso de repetir que vuestra fidelidad y vuestros comentarios me alegran el día. Millones de gracias.