TW= Relación Menor/Mayor de edad consensuado
Conexiones I ¿Después qué?
Tras unas horas de lo ocurrido con los hombres de Nobunaga, los agentes honorarios le prometieron al grupo que ellos iban a estar en contacto para mantenerlos informados. Taito, por su parte, logró hablar con Grace, quien solamente le dijo que había perdido su celular, pero se lo habían devuelto al poco tiempo.
El ambiente se sentía pesado alrededor de Yamada, ya que exigió a los demás que no lo molestaran porque se dedicaría a indagar con su información para tener una idea sobre los de Nobunaga y su motivo de conseguir las reliquias, mostrando una nueva faceta para el sacerdote, quien lo vieron con una seriedad más estricta. Sus amigos acataron la petición de Taito y él se encerró en la habitación.
En sus horas de investigación le llegaron emociones negativas, se sentía inútil por no haber detenido a esos sujetos, en especial que contaba con un Pokémon de gran potencia, aunque su inexperiencia fue clara, él se tragó su orgullo y buscó la forma de evitar de pensar en ellos. Sacó su tableta y empezó a buscar información de lo que le habían dicho los de Nobunaga, ya que solamente tenía una idea vaga de esos objetos sagrados.
La puerta de su habitación se abrió lentamente y con cuidado, a lo que el muchacho apagó la pantalla de su dispositivo para tomar un respiro.
—Sé que eres tú Montero, ¿Qué deseas?
—¿Cómo supiste que era yo? — Comentó la adolescente en voz baja.
—Strife abre la puerta a todo volumen… Maestra Montero pide permiso y luego entra sin que le haya dado permiso y tú entras con sigilo… por alguna extraña razón…— Explicó Yamada sin voltear a ver a la chica. — Vuelvo a preguntar, ¿Qué deseas?
—Vengo a checar cómo estás, nada más. — Alicia entró al cuarto y se sentó en la cama del chico, haciendo que Quilava se hiciera a un lado de la cama.
—Eso… es raro viniendo de ti…— Taito finalmente volteó a ver a la adolescente. — ¿Quién te dio permiso?
—Sí los demás lo hacen, ¿por qué yo no? — La joven empezó a acariciar la cabeza del de fuego y este se recostó sobre el regazo de la morena.
—Podías ser la excepción…
—Te ves raro con el cabello suelto, ¿Los sacerdotes suelen tenerlo así? — Taito se amarró el cabello y le enseñó cómo oculta su cabellera con su palillo. — Oh ya… ¿Por qué los sacerdotes son respetados aquí? — La pregunta no incomodó al joven, pero hizo que él viera la hora en su reloj, la cual marcaba 1:48 de la mañana, por ello regresó a observar a la chica.
—No viniste a saber cómo estoy, ¿verdad? — Preguntó el muchacho al ver cómo Alicia estaba jugando con sus dedos, a lo que ella respondió negando con la cabeza.
—Vine a… pedirte… disculpas…—Dijo la adolescente sin mirar a Taito mientras seguía jugando con sus dedos.
—¿Maestra Montero te obligó? — Alicia respondió con un quedo 'sí'. — No hay nada que disculpar, no pasa nada.
—Te abofeteé varias veces, ¿no estás molesto? — La chica finalmente volteó a ver a Yamada y él negó con la cabeza.
—Me hiciste entrar en razón, por eso no hay nada que disculpar. — El muchacho volteó a ver sus manos, las cuales estaban vendadas por lo ocurrido en esa noche, pero Alicia notó que le costaba moverlos, así que se levantó para tomarle de las muñecas con fuerza y el joven hizo una mueca de dolor.
—Ponerte vendas no hace todo el milagro, mira. — La adolescente le alzó las manos para restregárselo en el rostro de Taito. — Haz ejercicios de muñecas, ponte una de esas cremas naturales, yo qué sé, pero haz algo… ¿Sabes qué? Quédate ahí, yo lo haré porque parece que el próximo líder de un clan no sabe cuidarse solo. — La chica levantó a Quilava para después irse a la puerta de la habitación.
—Sé cuidarme Montero, no es necesario…— Yamada fue interrumpido por la chica con un siseo enojado.
—Quédate… ahí…— Tras una mirada enojada, él alzó sus manos y dejó que la morena hiciera lo suyo.
La adolescente no tardó en regresar con unas pomadas. Ella le pidió que se sentara en la cama para que le cediera la silla. Él se quitó las vendas y Alicia vio lo mal que se encontraban, aunque la forma en cómo las vendó y cómo las costras fueron tratadas, ella se calmó un poco.
La joven colocó la pomada y no fue grata la forma en la que la joven daba los masajes. La brusquedad en sus movimientos le provocaba más dolor que alivio, en varias ocasiones le pidió que le bajara la intensidad, aunque ella lo tomó como un desafío y empezó a aplicar más fuerza.
—Mañana volveré a darte otro masaje, no quiero que mi supuesto estudiante esté de flojo. — La forma en la que habló la adolescente sonó a amenaza para el joven.
—Estoy bien, no te molestes. — Taito apretó el puño con lentitud para mostrarle a Alicia su mejoría.
—Tú hazme caso… — La joven empezó a empujar con el dedo al próximo líder de clan. — Mañana saldrás de aquí, regresarás a hacer ejercicio o haz el intento y después te daré otro masaje así o más fuerte si es necesario. ¿Me di a entender?
—Sí…
Tras esa imposición, la adolescente dejó la habitación para que él pudiera descansar. Taito se recostó tratando de asimilar lo que acaba de ocurrir, pero el dolor en sus manos le dificultó pensar en otras cosas.
A la mañana siguiente, una cosa estuvieron agradecidos Mónica e Ion, Yamada al fin salió de la habitación para reincorporarse en las actividades diarias.
En esa noche el muchacho estaba haciendo ejercicios de manos y muñecas. Con movimientos lentos él pudo ganar mayor movimiento a comparado de horas atrás, pero no podía con el ardor de sus manos debido a que Alicia usó sus nudillos para masajearlo, él creyó que ella estaba desquitándose con él, no obstante, empezó a sentir esa mejoría.
Una vez más la chica entró a la habitación sin permiso de Taito y sin saludarlo, ella se sentó en el borde de la cama con los brazos cruzados.
—Oh claro, adelante, toma asiento y siéntete cómoda. — Dijo Yamada con cierta molestia en su voz.
—Mónica me pidió que me disculpe por ser muy brusca contigo. — Resopló la adolescente. Al no oír una respuesta, ella volteó a ver al muchacho y vio cómo él estaba moviendo con mayor facilidad sus manos.
—No comprendo cómo funcionó, pero… debo agradecerte. — Contestó el joven con una sonrisa
—Ok…— Alicia movió a Quilava para que ella se acostara en la cama, pero el de fuego prefirió bajarse del mueble. — Yo creo que ya estamos en confianza… ¿Puedo preguntar varias cosas sobre tu vida personal?
—Que directa…— Taito se recostó a lado de la chica. — Supongo que sí tienes cierto derecho de saber quién soy en realidad…— Él volteó a verla. — ¿Qué quieres saber?
—¿Por qué ocultabas tu verdadera identidad? Si de todos modos andabas haciendo rituales usando tu verdadero apellido, además que te involucrabas con la gente y por eso te respetan.
—Me respetan porque soy un sacerdote, no porque sea el próximo jefe de clan. — Taito soltó un suspiro. — Todas las personas que deciden vivir en Bodhi, deberán adoptar el apellido de la familia que te acogió. Por eso se me hizo fácil pasar por alguien ajeno a la familia verdadera ¿Te imaginas cómo estarían todos si supieran mi linaje?
—Tiene sentido eso, pero no logro comprender por qué eras el asistente de Elm.
—Mi deseo de estudiar en el extranjero era a lo mejor un mecanismo de mi mente para huir de mi destino. — Respondió el joven con vergüenza.
—¿No quieres ser un sacerdote? — La morena se sentó en la cama.
—No quiero tener la vida de mi padre. — Esa respuesta captó la atención de la adolescente y ella le pidió si podía saber más de eso. — Mi padre tiene 65 años, hasta hace poco fue cuando decidió retirarse y dejarme el título como líder de clan. —El chico cerró los ojos para refrescar su memoria. —Su vida ha sido monótona. Levantarse, trabajar en los escritos, rituales en algún lado de Johto, estudio y meditación, repite. Él me comentó una que otra historia de sus viajes, pero en todos mis años de vida, solo lo vi hacer eso…
—Tú podías ser la excepción. — Lo dicho por la joven fue negada por Taito.
—Ese es la vida del jefe del clan Yamada… Mi padre, mi abuelo, mi bisabuelo, mi tatarabuela…. Todo aquel que tenga la sangre Yamada deberá tener esa rutina por el resto de su vida. — Taito se quedó en silencio y Alicia volvió a acostarse a un lado de él.
—¿No me habías dicho que tienes una hermana? ¿No puede ella tomar tu rol? — La pregunta fue respondida con un 'no' cansado.
—Mamá Judith es mi tercera mamá… por ende Diana es mi hermanastra, bastante difícil que tome mi lugar. Además, ella será la próxima Señora Kimono debido a que Haruno se jubilará pronto y ella la eligió para entrenar a una nueva generación…así que soy yo a fuerzas. — Respondió con un suspiro agotador.
—Ajá… ¿Tu ex prometida no puede meter mano? ¿O de plano la tienes que ignorar porque tus padres te lo prohibieron?
—Nunca me prohibieron hablar con ella, solo nos dijeron que lo nuestro no es viable. Diana y yo lo intentamos varias veces, pero se descubrí que ella no puede concebir. — La respuesta de Taito dejó en silencio a Alicia por varios segundos, ella se limitó a verlo mientras asentía con la cabeza. — Juro por Arceus que ella y yo no tenemos ninguna relación sanguínea, esto fue plan de mis padres.
—Quiero creerte maldito enfermo, lo digo en serio…— Comentó la adolescente y después colocó sus manos en su rostro para soltar un largo suspiro. — Lo dejamos por hoy, enfermo…
La adolescente se levantó de la cama y le dijo que lo visitaría la próxima noche para seguir preguntándole más acerca de su vida. Aunque lo que extrañó al muchacho fue ver que la chica se le quedó mirando el cabello, pero de inmediato negó con la cabeza y salió de la habitación. Ante esa situación, Taito se pasó sus dedos por su cabello y sintió los nudos en su cabellera.
Con un mensaje de voz al celular de la chica, Yamada le pidió si ella le gustaría que le cepillara el día siguiente, favor que aceptó con bastante alegría, o eso entendió el muchacho al ver los diferentes emoticones de sorpresa y sonrientes que mandó la adolescente.
A la noche siguiente, ella llegó con un peine y otros accesorios para el cabello. Al ver esas cosas, Taito se negó a decir algo y dejó que la morena hiciera su trabajo.
—No es por ofender, pero… — Taito soltó un pequeño quejido. —¿Sabes usar bien el peine?
—Mi hermana y yo le huimos al cepillo, pero siempre quise peinar a alguien. — Respondió la chica y el muchacho soltó otro quejido. — No es para tanto, chillón… ¿Cuándo fue la última vez que te cortaste el pelo?
—Hace dos años aproximadamente, se me hizo más fácil amarrarlo que ir constantemente con el peluquero… que es un Mr. Mime que le tiemblan las manos…— Contestó el futuro líder entre risas. — Y no digo nada de su dueño…— Alicia dejó escapar una ligera carcajada.
—Oye, ¿puedo seguir preguntando sobre ciertas cosas de tu familia? — Taito accedió a la petición. — ¿Puedo ver de cerca el anillo? Quiero saber qué son y por qué llegan a quemar.
—Tiene dos funciones. — El muchacho se quitó su accesorio para dárselo a la joven. — La primera es para identificar a qué familia perteneces y qué rango tienes dentro de la familia. El anillo cristalino es para los líderes, los de oro para los que cumplen con actividades importantes y el de plata para el resto de la familia o aquellos que tengan una bendición de la familia.
—Como eres sacerdote tienes el de oro, vale, entiendo… Supongo que cuando tomes el cargo se te dará el de cristal. — El joven asintió.
—Aunque mi padre me dijo que la primera prueba es aguantar al anillo de cristal, me dijo que arde apenas hace contacto. — Relató Taito.
—¿Por qué arden los anillos?
—Según manifiesta tus miedos y dudas, mi papá no me ha contado una razón en específico. Supongo que tiene algo que ver también con tus acciones. — Alicia no agregó nada a la plática.
—Una última cosa porque ya es tarde. — La adolescente se levantó de la cama y caminó hacia la puerta. — ¿Nosotros estaremos a salvo? — La pregunta incomodó a Taito y él se quedó mirando sus manos por unos segundos.
—Yo… haré todo lo que pueda para que estén seguros. — Yamada le sonrió a la chica. — Debo hacer valer mi título, ¿verdad?
—Te creo…— La chica le devolvió la sonrisa. — Mañana regreso. — Alicia cerró la puerta.
—Espera, ¿qué?
El silencio en la habitación de Taito dejó al chico pensando a qué se refería. Aunque recordó que no le pidió que le regresara su anillo, por ello quiso ir tras ella, pero la puerta de su habitación quedó anclada con una silla que colocó la adolescente del otro lado. Él quiso llamar a los demás, pero él lo reconsideró al saber que Mónica e Ion lo cuestionarían el motivo, y decir que estaba a solas con una adolescente tras haberla invitado no era una opción viable.
El joven esperó a la mañana para que Alicia le diera libertad para continuar con las actividades diarias, no obstante, ella no estuvo presente en el entrenamiento y ni en la hora de la comida. Al preguntarle a Mónica, ella respondió que la chica quería entrenar por su cuenta y que quería conocer el lugar, solamente le pidió que constantemente le dijera dónde andaba, cosa que ella cumplió.
Una vez más llegó la noche y Taito esperó si la chica cumplía con su promesa, al escuchar cómo la puerta de su habitación se abrió con lentitud, él dejó lo que estaba haciendo para atender a Alicia y pedirle que le devuelva el anillo. Su grata sorpresa fue verla con bocadillos y bebidas en mano, de los cuales le entregó a Taito una cajita de galletas junto con un vaso de té dulce.
—Gracias, pero, ¿De dónde son? — Cuestionó el joven a la chica.
—¿Qué no puedo apoyar a la economía local? — Respondió Alicia con una galleta en la boca y Taito soltó un suspiro.
—¿Qué deseas saber esta noche?
Ante esa pregunta, ella sacó el anillo de su bolsillo y lo colocó en su dedo anular izquierdo. Al ver eso, Yamada esperó que la adolescente se quitara el accesorio a los segundos como la última vez, pero quedó intrigado de ver cómo la adolescente no estaba haciendo muecas de dolor.
—Explica esto genio. — Dijo la morena con la boca llena de galleta.
Taito le pidió un segundo y prendió su tableta para buscar información. Él se levantó de su asiento para caminar de un lado a otro analizando el archivo. La morena veía a Yamada cómo se detenía para voltearla a ver, pero de nuevo siguió caminando en la habitación.
—¿Puedo saber qué hiciste antes? — Finalmente Taito preguntó a la adolescente.
—Pues, me lo puse en la mañana y… me empezó a arder un poco, pero me fui acostumbrando hasta el punto de olvidarme de que lo tenía puesto. — Respondió Alicia ya acostada en la cama, a su vez, ella señalaba de un lado a otro con sus manos conforme iba explicando. El Pokémon de fuego se movió en busca de las galletas que trajo la adolescente. —Después lo volví a hacer y pues… ya no me quemó… ¿Significa que puedo hacer lo que tú haces? ¿O realmente no sabes tu historia? — Finalizó la adolescente al dar un mordisco a otra galleta.
—Debo admitir que es lo segundo…
—Mínimo lo admites…
—Mi padre no me ha comentado nada y los papeles antiguos solo lo maneja él, ya que transcribe lo que puede. — Explicó Taito al sentarse en el borde de la cama.
—¿Qué escribe? —Alicia se levantó para sentarse a lado del muchacho para ver la pantalla de la tableta.
—Antiguos documentos de leyendas, mitos, investigaciones, cómo hacer rituales, lo que te podrías imaginar de lo que hace un sacerdote o una Miko. — El joven se quitó los lentes para descansar la vista de su tableta. — Él pasó los documentos del antiguo japonés al actual… Yo digitalizaba lo que él me permitía, así que no sé qué tanto me falte — El joven soltó un suspiro. — Bueno, esto puede significar dos cosas. — Taito se volvió a levantar. — Una, los anillos pueden ser objetos que no miden solamente tus capacidades y…
—TL; DR nerd. —Exigió la adolescente al echar su cuerpo a la cama y el muchacho giró sus ojos.
—Significa que los anillos no son exclusivos de mi clan y de ningún otro. — La adolescente le hizo una señal para que continuara. — Lo otro es que tengas algo que ver con una de nuestras familias.
—Yamada, cariño…— Alicia se volvió a sentar. — ¿Tú crees que tengo descendencia asiática cuando tengo un nopal en la frente?
—No necesariamente debes ser asiático para ser jefe de clan. — Taito buscó una foto que guardaba en una carpeta privada para mostrárselo a su compañera. — Ella es Ivana Akechi, proveniente de Portugal y es la actual jefa de los Akechi. El de aquí es Mont Watanabe, proveniente de Sudáfrica, igual que Ivana, él es el líder de ese clan.
—¿Cómo surge eso?
—Cuando fallece un líder, su pareja toma el rol hasta que su progenitor tome su lugar, en caso de que no se presente o si no hubo hijos, la pareja o la mano derecha del líder tomará la rienda de la familia. — Explicó Taito en lo que buscaba una foto de su madre.
—Cómo todos adoptan el apellido, las personas piensan que siguen siendo la familia verdadera…
La asunción de Alicia fue corroborada por el muchacho, quien le mostró una foto familiar y lo primero que vio fue al hombre que estaba en medio estaba abrazando a su familia. La jovencita de tez blanca sonreía plenamente mientras abrazaba a un infante Taito, a lado de ella estaba una mujer de tez blanca que sonreía a más no poder, aunque la adolescente le surgió la duda de las vendas que la madrastra tenía, pero decidió no preguntar al ver cómo el muchacho veía con nostalgia la fotografía.
—Son guapas tu madre y tu hermana…— La morena pasó sus dedos sobre las integrantes de esa familia. — ¿Dónde quedó la genética contigo? — Continuó la chica para no hacer pesada la situación.
—¿Qué parte no captaste de que son mi madrastra y hermanastra? — Taito le quitó la foto con molestia, algo que calmó a la adolescente por ver a su alumno algo sonriente. — Por el momento ella es la actual líder hasta que yo tome el rol, y ella es española.
—Visto así tiene algo de sentido…— La adolescente salió de la cama. — Ya es tarde, mañana vuelvo…
—¿Cómo que mañana vuelves? — La pregunta fue ignorada. — Montero, te estoy hablando.
—Bye. — Respondió con dulzura.
—Dame mi anillo, ¡Montero!
—Pero me queda mejor a mí que a ti. Mira. — La adolescente le alzó el dedo de en medio, pero más que molestarse, Taito extendió su palma y con la mirada le exigió que entregara el accesorio. — Con esa actitud, no. — El joven tomó un gran respiro.
—Montero… ¿Puedes darme tu mano?
—Yamada…—La morena empujó con suavidad al joven y después se llevó sus manos a sus mejillas. — Sé que estás buscando esposa, pero primero invítame a cenar…
—Sabes que no hablo de eso.
—Ah, Ok…— La chica se cruzó de brazos y apartó la mirada. — No soy suficiente para ti… Anda, vete con tu hermana y tengan hijos deformes. — Alicia exageró en su forma de hablar.
—La endogamia no funciona así y lo de ella y yo era homogamia. —Explicó Taito con desgane.
—Por supuesto, dime tonta por no saber diferenciar dos cosas claramente fáciles de reconocer. — La adolescente llevó su mano a su pecho para reforzar su sarcasmo, después soltó un largo suspiro. — No me haré del rogar, eres tú quien debería de rogar por mi tesoro, ¡por mi amor! Pero no… Prefiero ser una mujer libre de ataduras arrogantes de un… mísero patriarca…
—Me puedes decir qué estás…—Alicia interrumpió a Taito al sacudirlo.
—Ojalá cuando haya una luna nueva, que la luz de Cresselia nos vuelva a dar esa emoción de volvernos amar. Pero ahora…— La morena tomó las mejillas del muchacho y las presionó con fuerza. —Solo te diré adiós, aunque me llevo ese dulce recuerdo de cuando me hiciste tuya.
—¿Qué carajos estás diciendo? — Intentó decir Yamada, pero la chica le dio un último apretón de mejillas para finalmente soltarlo.
—Adiós… Para siempre…— La adolescente cerró la puerta de la habitación con lentitud para darle el final dramático.
—¿Qué le picó a esa mocosa? — Se dijo Taito al sobarse las mejillas. — Ya hasta hablo como Grace… Espera…— El muchacho tomó la manija de la puerta y al girarla se dio cuenta que ella lo encerró de nuevo. — Esa hija de…
El chico empezó a tomar bocanadas de aire para calmarse, pero se dio cuenta de una hoja de libreta estaba en el suelo. Al tomarlo, le dio la vuelta y fue recibido por un dibujo de una mano alzándole el dedo de en medio, para rematarlo, dicho dedo tenía un anillo. Al ser derrotado de esa forma, se limitó a irse a su cama, no sin antes limpiar las migajas que dejó Quilava, quien estaba acostado boca arriba tomando bocanadas de aire debido a la gran cantidad de galletas que se comió, aunque una sonrisa en su rostro no molestó a su entrenador.
Lo mismo ocurrió al día siguiente con ellos dos, él esperó a que Alicia le diera libertad, pero ella se fue por su cuenta. Así que tuvo que esperarla a que cayera la noche para pedirle que le devuelva el anillo, aunque faltas no le hacían para regresarle la broma.
Ya de noche, él se fue a dormir temprano por el cansancio del ejercicio de ese día, su cuerpo le cobró factura por no haber hecho nada fuerte hace días. No obstante, cuando apenas había conciliado el sueño, él empezó a sentir cómo su cuerpo se movía de un lado a otro. Él no sabía si era parte de su sueño o si estaba temblando, pero no le quiso dar importancia porque le pesaba más el sueño.
—Yamada… Amor… Mi cielo…
—¿Huh?
—Mi vida… Mi niño… despierta…
Con una última sacudida fuerte, el joven finalmente se levantó con prisa para buscar sus anteojos. Lo primero que vio fue a Alicia con una sonrisa, aunque se sorprendió de verla bien arreglada, del tiempo que llevaban viajando juntos nunca la había visto con vestido, en especial con una prenda que resaltaba su delgada figura. Él notó que la morena llevaba unos toques de maquillaje, aretes algo llamativos por las piedras azuladas que combinaban con su vestido. Lo que no podía parar de ver era el rojo carmín en sus labios.
Un aroma cítrico agradable levantó un poco los ánimos del joven, haciendo que se levantase y se quedó sentado en la cama. Este conjunto impresionó al sacerdote, más que nada por el cambio de look radical de la joven.
—Hice una reservación en un restaurante y quieren que vaya con mi esposo. — Comentó la chica con una sonrisa.
—¿Y quieres que te lleve? — Taito se frotó sus ojos, pero razonó lo que dijo la chica. — ¿Qué esposo?
—Ay mi cielo…— La adolescente comentó con ternura, pero le dio un manotazo fuerte en el hombro del chico. — Sé que ustedes son reservados en su vida privada, pero no para negar a su mujer. — Yamada se quedó en silencio.
—¿Qué?
—Dije… Que te pongas guapo y que me lleves a Mahogany a un restaurante donde quiero ir a cenar… Con… Mi… Esposo…— Alicia se acercó bastante al próximo líder de clan.
—¿Por qué se escucha como amenaza?
—Hazlo…— Taito se levantó de la cama con rapidez y se fue al clóset. En lo que buscaba una playera, él se detuvo para analizar lo que estaba haciendo.
—¿Por qué te estoy haciendo caso? — El muchacho se regresó a la cama ignorando los insultos de su compañera.
—Vale, entonces me quedo con el anillo y buscaré a un hombre que me acompañe. — La adolescente se dio media vuelta. — Si algo me pasa será tu culpa y te carcomerá la conciencia. — El joven lanzó un largo quejido y se volvió a levantar.
—Lo haré… No por ti, si no por lo que me podría hacer Maestra Montero si se entera de lo que haces. — El muchacho sacó una playera semi informal, aunque la mirada asesina de Alicia le decía que no era lo apropiado para ese lugar. — Sabes, ahora entiendo cuando la gente se refiere a 'Terrorista emocional'.
—¿Insinúas que hago chantaje emocional? — La muchacha se cruzó de brazos. — Aparte, Mónica sabe que ambos saldremos, le dije hace unas horas.
—Sin mi autorización…— Alicia asintió a lo dicho por Taito. — Celebi… dame la templanza que necesito en mi corazón…— Susurró el joven al ver cómo su 'cita' eligió la playera por él.
Una camisa azulada de manga larga fajada en un pantalón de vestir grisáceo. Taito sacó sus mocasines y le dio una boleada rápida. Agarró su cabellera y se hizo un chongo que fue sostenido con el palillo de madera. Finalmente, el joven se roció su perfume con un aroma similar al de Alicia, aunque este dejaba un aire maderado.
Ambos salieron de la habitación y se encontraron con Mónica e Ion, quien estaba jugando en la consola mientras que la maestra estaba perdida en su celular. Al oír los pasos de los chicos, ellos dos voltearon a velos con seriedad al dejar sus aparatos en la mesa.
—La quiero devuelta a la medianoche jovencito. — Comentó Ion usando una voz más grave.
—Ja… Ja… Ja…— Respondió Taito con apatía.
—Solo tráela a una buena hora, sin desviaciones ni nada. — La joven mujer uso su voz de profesora al igual de amenazarlo con la mirada.
Yamada aseguró la seguridad de Alicia, aunque su forma de expresarse no dio la confianza necesaria a Mónica, no obstante, ella les dijo que disfrutaran de su salida. Con el supuesto permiso que obtuvieron, ambos se subieron a la motoneta de Taito y partieron a Mahogany.
A la llegada del pueblo, Alicia le dijo que era afuera de la ciudad, y para guiarlo le pidió su celular, ya que ella se había quedado sin datos. Cuestionándose de lo que dijo la chica, se limitó a seguirle la corriente para no tener problemas ni con ella ni con su hermana.
Al ver las luces cálidas del restaurante, el joven se estacionó enfrente del lugar y al quitarse el casco, varios trabajadores llegaron corriendo para atender al próximo líder del clan Yamada. Esto provocó que el muchacho volteara a ver de reojo a la chica, pero se aguantó su enojo y dejó que los meseros cumplieran con su trabajo.
Una mujer llevó a los dos a la mesa que estaba ya arreglado. Por exigencia de Taito, ambos fueron tratados como cualquier cliente más, aunque el mesero que los atendió seguía refiriéndose a él como 'Señor', pero para no arruinar el momento, se tuvo que aguantar las ganas de corregirlo, en especial que Alicia lo veía molesta por esa actitud.
Una cena en la terraza con pocas luces permitió a los dos ver la belleza de las montañas que se veían al oeste del lugar. La adolescente se levantó de su asiento y a lo lejos vio un pasillo lleno de luces, a lo que le preguntó a su compañero de qué iba ese evento en Mahogany.
—Es la feria del Día de la Montaña. — Respondió el muchacho.
—¿Podemos ir? — Alicia preguntó entusiasmada. — Venga, vamos...
—No creo que tardemos mucho tiempo ahí... — Taito llamó al mesero para hacer el pago de la cuenta y con prisas ambos fueron al centro de la ciudad para disfrutar de la feria.
El pasillo estaba repleto de luces anaranjadas que recorrían más allá de las escaleras hacia un pequeño templo. En este lugar no podían faltar los puestos de comida repletos de dulces tradicionales y caramelos importados de Kanto, a su vez, se podía oler un aroma a frito, pero sin llegar a ser agobiante.
En su caminata, varios de los trabajadores reconocieron a Alicia y fueron llamados para que probaran los regalos que con mucha alegría se los entregaban. Estos gestos fueron bien recibidos por la joven, aunque Taito sonreía para no mostrar su indiferencia de los agobios de las personas a su alrededor, quienes logró escuchar que querían que les diera bendiciones o darles unos talismanes. Ante tal atosigamiento, agradeció con una reverencia y jaló con cuidado a su compañera para que continuaran la caminata.
—¿Por qué eres así? — Preguntó algo molesta con el caramelo en la boca.
—Me siento algo asfixiado con tanta gente alrededor, necesitaba algo de aire...
—Entiendo que no te guste que te anden regalando cosas, pero para eso eres un sacerdote, sirves a la gente, lo mínimo que puedes hacer es aceptarlos.
—Señores Yamada. — Un anciano se acercó a la supuesta pareja. — Sé que no es mucho, pero les ofrezco este regalo. — El hombre les entregó una caja y la adolescente tomó el regalo. Al abrirlo, sus ojos se abrieron de la sorpresa.
—Es... tan hermoso... — Alicia tomó con cautelo el collar de plata con zafiros incrustados, pero Taito la detuvo.
—No podemos aceptar esto. — El muchacho volvió a detener a la joven quien tenía ganas de irrumpir. — Esto es de alguien más, ¿verdad? — La pregunta entristeció al anciano, una justificación para Alicia para regañar a su compañero.
—De mi difunta esposa... — Respondió el señor. — Ella se veía hermosa con ese collar, pero no tiene caso dejarlo ahí abandonado, por eso quiero que lo tenga su amada mujer.
—Será un honor que yo...
—Será un honor si me permite hacerle un ritual para curarle las dolencias. — Interrumpió Taito. — Es lo mínimo que puedo hacer. — El joven liberó a su Heracross y a su Hoppip. — Vayan por mi caja que está en la motoneta. — Él les hizo entrega de una llave.
Las dos criaturas asintieron y fueron en dirección al vehículo del sacerdote. Pasado unos minutos, Heracross llegó corriendo con la caja en sus brazos mientras que el de planta la sobrevolaba. Taito agradeció el trabajo de los dos y les permitió seguir fuera de sus dispositivos para que los acompañaran a la casa del anciano.
Al llegar, Taito abrió su caja de herramientas, de ella sacó una botella de sal junto con un rosario, seguido sacó una botella azulada la cual se le hizo entrega al anciano, quien rápidamente entró a su hogar para sacar cinco tazas de sake y les hizo entrega a sus invitados para después servirles al ras.
El joven juntó sus manos y empezó a orar.
"Llamas liberen
Penurias olviden
Fuerza avante."
El joven continuó con su canto y después de la cuarta repetición, él abrió la botella de sal para tomar un puñado y soltarlo frente a la casa del anciano. Tras una quinta repetición del canto, el muchacho dio un fuerte aplauso para después tomar sake, los demás hicieron lo mismo. Heracross hizo una mueca de disgusto por el sabor y se lo dio a Hoppip quien se veía más a gusto con la bebida.
—Espero que su corazón y alma vayan relajándose señor. — Taito hizo una reverencia.
—Se lo agradezco de todo corazón, pero me haría más feliz ver a su mujer portar el collar de mi esposa. — Ante esa petición, el joven abrió la caja del accesorio y lo colocó en cuello de su amiga.
La joven observó lo radiante que era el collar, en especial que hacía juego con su vestimenta, ella sabía que jamás se podría pagar algo así, pero al saber de la carga emocional que lleva consigo este accesorio, ella le aseguró que estará en buenas manos y además de darle unas palabras de conformidad. Con una ligera reverencia, ambos partieron camino de regreso al festival.
Al ver que los Pokémon de Taito estaban disfrutando de la feria, Alicia sacó a su Excadrill para que conviviera con los demás, aunque lo primero que hizo fue molestar a Heracross para que tuvieran un combate, pero ella lo ignoró para seguir jugando con Hoppip, así que se cruzó de brazos refunfuñando y los siguió por detrás con la esperanza que sí acepte un combate.
Los dos chicos terminaron el recorrido y fueron a la laguna que estaba cerca para continuar con su salida. El joven se dio el tiempo para explicar los orígenes de la ciudad, al igual de comentarle la importancia que ha tenido el lugar con las familia de Bodhi.
—Oh… Ser carpintero aquí te da beneficios por parte de las cuatro familias…— Dijo en completo desinterés la adolescente, pero aprovechó el momento para poner su mano en el bolsillo trasero de Taito, acción que no molestó al muchacho. —Entonces aquí nacieron los que construyeron lo altares…— Alicia apretó con fuerza y el joven de inmediato le sacó la mano del bolsillo, actitud que provocó unas risas en la chica. —Ya puedo corroborar que mi hermana sí ha hecho su trabajo. — Complementó con una sonrisa pícara.
—No es necesario que me manosees para saber eso…— Expresó Taito con cierta molestia, pero la joven pudo notar el ligero sonrojo de sus mejillas.
—Ay…— La chica resopló con disgusto. — ¿Qué no puedo tocar a mi esposo?
—No somos nada.
—Pero podrías pretender… Mónica me dijo que ya estoy en edad de explorar mi sexualidad. — La joven empezó a jugar con sus dedos. — Si me lo pides bien… podría darte permiso de que hagas lo mismo. — Alicia le alzó las cejas para continuar con su juego.
—¡No! — Contestó de inmediato el muchacho.
—¿Temes que te denuncie porque tocaste a una menor? Porque también puedo denunciarte de que te has quedado mirándome…— La morena le dio unos codazos ligeros para seguir incomodando, pero el joven se cruzó de brazos y apartó la mirada. — Yamada… ¿me has mirado lascivamente?
—No de esa forma… Pero… — La postura del muchacho se afligía al intentar dar una excusa, no obstante, la chica lo detuvo.
—Lo que vayas a decir, te creo. — Taito recuperó el aliento tras oír eso. — Ser vista de manera obscena se siente feo. Ya sabía que me mirabas mientras practicábamos, pero nunca lo sentí vulgar, al contrario, me sentí admirada… aunque…— La muchacha empezó a jugar con sus dedos índices. — Yo también soy culpable de ver a ti y a Ion de forma… atrevida, si se me permite decir. Y hoy lo comprobé…— Alicia le sonrío con gallardía.
—No sé si sentirme halagado o acosado…
—Bienvenido a ser mujer. — Agregó la joven con más calma. — Dime, ¿Te parezco linda, atractiva o sexy? — Ella hizo realizó una pose para intentar resaltar su figura.
—Tóxica.
—Jódete…— Alicia frunció el ceño y dejó caer su cuerpo sobre un banquillo que estaba cerca.
—Pero no puedo negar que hoy te ves bastante linda. — El sacerdote se sentó a lado de ella y la joven se acomodó el cabello para sonreírle por el cumplido dado.
—¿Solo eso? — El muchacho se empezó a ruborizar de la vergüenza por no saber qué decir, ya que solo tartamudeaba, acto que hizo reír a la chica. — Ven, dame tu mano.
Alicia agarró la mano a Taito y lo colocó en su mejilla. La joven sintió cálida la palma de su compañero y bastó con la mirada para que el chico entendiera que le habían dado el permiso de poder acariciarla. Con delicadeza movió su pulgar de adelante hacia atrás por unos segundos. Al sentir lo suave que era la piel de la chica, le regresó a su mente un recuerdo que parecía haber olvidado de su hermanastra cuando ella iba a tomar su primera participación como Chica Kimono.
"Venga, siempre me has apoyado desde hace años, ahora resulta que ya estás muy grande para ese tipo de cosas. Ven. Dame tu mano y hazlo como siempre lo has hecho, quiero que digas…"
—Que todo va estar bien… Que vas a estar ahí para cuidarme…— Continuó la chica aún aferrada a la palma del joven, logrando que Taito regresara en sí. — Eso solía decirme mi papá cuando me sentía triste… Aunque ahora quiero saber si realmente cumplirás con tu promesa.
—Prometo cumplirla...— Susurró con calma el sacerdote. — Todo va estar bien, estaré ahí para cuidarte…— Afirmó el muchacho sin dejar de acariciar la mejilla de Alicia.
—Mas te vale…—Tras unos segundos más, ella soltó la mano de su compañero. — Bueno, sigamos platicando.
Ambos dejaron ese momento atrás y ella empezó a cuestionarlo acerca de su vida en Bodhi, aquella villa donde él creció y viven esas supuestas familias importantes de la región. Alicia mostró interés en cómo ellos mezclan la vida actual con las tradiciones, algo que no era muy impactante para Taito, pero siguió la plática para estar ameno con ella.
Esta vez fue el turno del futuro líder para conocer la vida de Alicia, aunque la primera pregunta incomodó de gran manera a la adolescente. Ella empezó a jugar con sus dedos y él notó varias veces que ella quería empezar a hablar, pero algo la detenía. Para alentarla, él empezó a relatar otro hecho histórico de Mahogany, donde se decía que los viejos carpinteros empezaron un dicho popular para mantener vivo su oficio.
—"Un buen clavo no se doblega, aunque lo intenten." — Alicia se quedó esperando la explicación al mirar fijamente a Taito. — Quiere decir que no dejes que la gente o tus miedos afecten tu convicción. — La chica apartó la mirada y continuó jugando con sus dedos, finalmente tomó un gran respiro para voltear a ver al muchacho y asintió lentamente con la cabeza. —Bien, repito, ¿A qué piensas dedicarte?
—No… No sé qué hacer con mi vida. — La joven se tomó del brazo y Yamada notó el aire desmotivado que traspiraba la chica. — En unos meses cumplo 18 y Mónica me ha estado pidiendo a qué voy a dedicarme al resto de mi vida, pero ella se rehúsa a aceptar mi vocación.
—¿Puedo saber?
—Periodismo. — Respondió con total seguridad al verlo de frente.
—Eso explica bastante.
—Lo sé y… creo que no me he disculpado por eso. — Ella suspiró y alzó la mirada a la nublada noche. — Perdón por meterme en tu vida privada, por juzgarte y por romper la promesa que hice. Lo digo en serio esta vez. — Alicia miró a los ojos al joven y él asintió con una sonrisa.
—Disculpas aceptadas. — Expresó Taito con calma. — Ojalá puedas ejercer tu vocación.
—Hagamos una promesa. — La joven se levantó del banquillo con ánimos. — Yo ejerceré periodismo y tú conseguirás entrar a esa Academia, ¿Lo hacemos? — La propuesta de Alicia hizo que ahora fuera el joven que alzara la mirada al cielo nublado.
—Es complicado…
—¿Cómo que complicado? — La adolescente le jaló las manos para levantarlo. — Lo harás porque lo harás, no hay alternativa conmigo.
—Montero, yo…— Taito se quedó en silencio y vio cómo la chica se cruzó de brazos, al igual de ponerse en una postura desafiante. El próximo líder de clan soltó un suspiro a la par de alejar su mirada. — Yo… lo prometo.
—Dímelo bien. — La joven empezó a alzar su voz y su compañero la volteó a ver.
—Te lo prometo. — Dijo el muchacho con firmeza, ambos se quedaron mirando unos segundos hasta que la adolescente relajó su postura.
—Eso suena mejor. — Ella empezó a caminar y Taito le siguió el paso. — Ya vayamos a casa, ya es algo tarde… De seguro Mónica debe de estar mandando mensajes preguntándome dónde estamos.
Alicia prendió su celular y activó los datos de su móvil, unos segundos bastaron para que el teléfono empezara a sonar desenfrenadamente. Esa acción de la joven preocupó a Taito, ya que empezó a imaginarse lo que Mónica sería capaz de hacerle.
—Ya vamos para la casa…— Dijo la chica mientras tecleaba. — Tenía baja batería y quería guardarla…— Agregó la joven y de nuevo apagó los datos. — Por cierto, ten tu celular, lo apagué.
—¿Puedo saber por qué lo hiciste? — Preguntó consternado el muchacho al prender su móvil. Al cabo de unos segundos empezó a recibir todos los mensajes de voz por parte de Mónica.
—No quería que mi hermana me molestara en mí cita. — Excusó la adolescente. — ¿Qué te va hacer ella? ¿Regañarte? ¿Castigarte?
—Tú dime. —Él le pasó su celular para que oyera los audios y la joven soltó una gran carcajada al escuchar las supuestas amenazas de la profesora.
—Típico de ella. — Alicia le devolvió el celular con unas risas. — Aunque supongo que mi propuesta de que durmiéramos juntos queda descartada… Por ahora.
—¡¿En qué estás pensando?! — Taito agitó a la adolescente, pero ella se limitó a reírse.
—¿No que estabas buscando esposa? — La chica se secó una lágrima provocada por la risa.
—Eso no tiene nada que ver.
—Verás…— Ella apartó la mirada y tomó un gran respiro. — Es probable, que tal vez, muy posiblemente, que más o menos definitivamente haya dicho a varias personas que… — Alicia apretó sus labios y empezó a menear su cabeza de un lado a otro. — Que soy la esposa del próximo líder del clan Yamada. — Finalizó la chica encogiéndose de hombros con una sonrisa.
—Montero…— Taito soltó a la adolescente y empezó a caminar de un lado a otro. — Hace unas semanas me pediste que leyera un artículo sobre los diferentes tipos de agresión sexual, porque en una noche puse mi brazo alrededor de tu cuello y me dijiste que eso era un tipo de acoso, por ello te ofrecí disculpas de mi supuesto atrevimiento. —Alicia asintió a lo dicho. — En ese artículo había una palabra clave… ¿Me ayudas a recordar qué palabra era?
—¿Consentimiento? — Taito chasqueó los dedos.
—¿Dónde quedó el mío?
—¡Ahí decía gratis! — La chica llevó sus manos a su pecho para enfatizar su excusa. — Me invitaron a comer, me regalaron postres y ropa, nos invitaron a pasar una noche en una cabaña al norte, entre otras cosillas.
—¡Eso no es excusa de que uses así mí apellido! — Taito se llevó sus manos a su rostro y decidió gritar por dentro para intentar relajarse.
—Bueno, entiendo tu enojo, pero ambos salimos beneficiados.
—La razón por la cual no acepto regalos es para mantener la imagen de humildad. — Explicó el sacerdote mientras frotaba su frente con sus dedos, el joven alzó la mirada y Alicia miró hacia sus lados. — Sabes algo…
—¿Qué?
—Mañana vendrás conmigo a arreglar esto y también le dirás a Mónica lo que has hecho. — Respondió con seriedad.
—Detente ahí. — La joven tomó asiento. — Sí te acompaño con lo de esas cosas, pero no le digas nada a mi hermana…— El silencio y la mirada desafiante de Taito hizo que la adolescente girara sus ojos. — Bien, pero le diré que tú andas buscando esposa y que tú fuiste quien me eligió porque ya estabas desesperado.
—No te va a creer…— El muchacho se cruzó de brazos con aires de grandeza.
—¿A no? — La adolescente igual se cruzó de brazos y usó su mirada más desafiante. —Regresemos a casa y lo primero que diremos será eso. ¿Vale?
—Vale.
Así lo hicieron y Mónica le creyó a Alicia sin dudarlo. Taito tuvo que disculparse por cosas que él no hizo, además de que él estuvo bajo lupa por cualquier movimiento sospechoso hacia la morena, sin contar las horas en las que estuvo bajo pláticas serias con Ion y Mónica sobre los problemas que contrae el abuso a menores y que él, siendo una persona importante, podría conseguir una buena candidata sin tantos problemas. Ellos dos ignoraron por completo a la adolescente, quien sí estaba de acuerdo con lo que se había metido, argumentando que le encantaría vivir del erario público, pero su voz no llegó a los oídos de su hermana.
De lo bueno que pudo rescatar Taito, es que su innecesaria búsqueda llegaría a su fin, solo le quedaba que la acepten.
Un día antes del circuito.
La oferta de pasar una noche en las cabañas en las afueras de Mahogany seguía vigente y el grupo decidió aceptar para tener una nueva experiencia, aunque Mónica e Ion tuvieron que pagar las habitaciones a un menor precio gracias a que tienen amistad con la familia Yamada.
El sacerdote estaba secando su cabello mientras se veía en el espejo, sin embargo, estaba más concentrado en la estrategia que usaría para la competencia. Alicia le tocó la puerta del baño para apresurar al muchacho a que saliera, acción que logró que regresara en sí. Finalmente recogió su cabello y lo amarró con la toalla en forma de turbante.
—Disculpa, solo espera a que se baje la temperatura del baño para que no te afecte Montero. — Comentó el muchacho.
La joven se quedó mirando a su compañero de pies a cabeza. Por primera vez notó los rasgos algo finos de Taito, lo que le llamó la atención de ver a un hombre con esa figura tal vez frágil, pero los ejercicios que su hermana les puso lo ayudaron en tonificar algo sus brazos, aunque no ha cambiado en absolutamente nada, solo era la imaginación de la chica.
Lo que no era parte de su imaginación era los ojos del muchacho, él no mostraba intimidación ni la seriedad de un sacerdote, en ese momento solo era un joven más, un compañero, un amigo, o eso quería interpretar ella. Ambos cruzaron miradas, pero no se dijeron nada, ni uno se sentía incomodado, pero el silencio entre los dos era evidente. Alicia ladeó su cabeza inconscientemente para verlo con detalle y Taito hizo lo mismo.
—¿Pasa algo Montero?
—¿Eh? — La joven se sacudió la cabeza y recogió sus cosas para meterse al baño.
Alicia cerró la puerta con seguro y se recargó su espalda en ella. Empezó a preguntarse de lo que habrá hecho mientras estaba viendo a su compañero. No dejó que eso la carcómase y observó las botellas de crema que había dejado Taito en el baño, fue la excusa perfecta.
—Yamada. — La adolescente llamó y el chico respondió. — ¿Puedo saber de qué son tus cremas? Para ver si me puedes dar un poco.
—La verde es hidratante, la café es humectante.
—Me sorprende que sepas la diferencia entre esas dos… Voy a agarrar, ¿está bien?
—Adelante…
Taito se sentó en la silla frente a la mesa con espejo y sacó su libreta para repasar una vez más su estrategia. Pensó en reutilizar la de su último circuito, aunque rotaría Flaffy, a Quilava y a su Heracross entre los combates, su Slowpoke y su Hoppip a fuerzas tendrían que participar debido a las reglas establecidas.
El toque de las ventanas rompió la concentración del muchacho y recordó que había dejado a su Hoppip para que se tomara alimento de las plantas que estaban a los alrededores, al igual de su Heracross que fue para que estuviera seguro de cualquier peligro hacia el de planta, aunque supo que ella también buscó comida al verla con una sonrisa en su rostro.
Al dejarlos entrar, Taito observó lo bello que se veía el paisaje y decidió quedarse a observar la postal que tenía enfrente. La falta de luz en el área lo hacía un deleite, aunque cabía destacar que las cabañas de Ion y Mónica se veía los focos encendidos, pero era demasiado tenue para romper el ambiente.
El ruido de las criaturas eran relajantes, pudo reconocer algunos de ellos por la forma en la que emitían su llanto, ya sean los Hoothoot esperando a que la luz de la luna sea más intensa o los Ariados que se mueven entre las ramas en la espera de su próxima presa.
—¿Hay algo allá afuera?
El joven se dio media vuelta para ver a su compañera, pero no tardó un segundo para darse la vuelta completa al ver a Alicia solo con la toalla en su cuerpo y con otra se estaba secando el cabello.
—¿Pasa algo?
—Solo… termina de… arreglarte. — Tartamudeó Taito.
—No hay nada de malo, soy consciente de lo que estoy haciendo.
—Y creo que ese es el problema. — A pesar de la inconformidad de Taito, la chica se acercó para abrazar a su compañero por la espalda. — ¡Déjame! Estás mojada. —Enunció el muchacho al tratar de zafarse.
—Dime así cuando estemos en la cama. — Ella se aferró más a él y notó lo nervioso que se estaba poniendo. — No temas, estoy vestida si eso te preocupa, aunque si me lo pides...
—No.
—Está bien...
Con cuidado soltó a su compañero y le pidió disculpas, él dijo que no había ningún problema, aunque se fue a la mesa para regresar con sus estrategias para la competencia. Alicia se acostó en la cama y se entretuvo en su celular. Entre ratos alzaba la miraba para ver si llamaba la atención de Taito, pero él siguió metido en su libreta al igual de estar mirando su celular al observar sus videos de entrenamiento y de la competencia pasada.
La chica volvió a observar con detenimiento a su compañero. Ya con el pelo suelto se ve completamente distinto, su imagen de chico estudioso era innegable. Cuando cambiaba de página se acomodaba los lentes y de vez en cuando soltaba un suspiro, a veces de cansancio y en otras ocasiones de molestia, no obstante, se calmaba tras darle unas caricias a su Heracross que seguía despierto por la cantidad de comida que ingirió.
Cuando terminó, el joven apagó la lámpara y buscó en el closet una sábana para dejarla en el sofá que había en la habitación. Guardó a su Pokémon para que no provocara ruido a lo largo de la noche. Se acercó a la mesa para dejar sus pertenencias para finalmente irse a acostar en el mueble.
—Buenas noches, Montero. — Taito se cubrió con la sábana y le dio la espalda.
—Igual. — Alicia hizo lo mismo, pero no lograba conciliar el sueño.
Pasaban los minutos y la adolescente se movía de un lado a otro, algo le incomodaba, pero desconocía el qué. Finalmente se levantó de la cama para buscar su celular y poner un video para ver si así podía lograr ganar sueño. Era claramente que eso no era el motivo, ya que entre ratos veía a Taito.
Por muy tonto que fuera esa idea, no perdía casi nada si lo intentaba, a lo mucho un regaño, así que dejó que terminara el video para que asegurara que el joven estuviese por lo menos adormilado. Cuando llegó el momento, dejó su móvil y se acercó a él con mucha cautela.
—Yamada…— La joven movió al sacerdote con suavidad. — Ven a la cama, es mejor que duermas bien.
Con un quejido, él se levantó y dejó que Alicia lo guiara. Él se acostó y se movió hacia el lado izquierdo de la cama. La chica se fue al lado derecho para acostarse, ella se quedó mirando lo fácil que le fue a Taito a conciliar el sueño, aún así, ella continuó observándolo con la esperanza que le transmitiera el mismo cansancio. Con clara obviedad que no fue así, Alicia se dio media vuelta y se acomodó en su lado de la cama.
La joven continuó con su insomnio, así que continuó navegando en internet para encontrar algo con lo que podía ayudarle. Al estar observando un reportaje, ella empezó a sentir cómo Taito rodeó su brazo con su cintura. Esto incomodó un poco a la adolescente, al igual de enojarla, pero tuvo que calmarse al sentir que él no aplicaba nada de fuerza, al igual que razonó que esto, en gran medida, es su culpa.
Se dio media vuelta con cuidado y vio que seguía dormido.
—Solo fue involuntario…
Pensó si quedarse así o tener un poco de iniciativa y hacer el siguiente movimiento. Tras una buena decisión, la joven se movió lo suficiente para llevar sus piernas con la de su compañero. Su piel era suave, lo cual no era gran sorpresa por las cremas que ocupa. Después acercó su cuerpo para ser ella la que rodeara con sus brazos a su compañero.
—Más te vale que cumplas con tu palabra. — Susurró la joven.
—Te lo prometo. —Respondió el muchacho. Respuesta que alegró oír Alicia, pero cayó en sí y se alejó de él lo más rápido posible.
—¿Desde cuándo estás despierto? — Preguntó temerosa.
—Desde que te me encimaste. —El joven se sentó en la cama y la chica hizo lo mismo. — Soy de sueño algo ligero.
—No malinterpretes esto.
—¿Puedo preguntar algo? — Alicia accedió a la petición. — ¿Por qué?
—Necesitas estar bien para el evento de mañana, dormir en el sofá puede lastimarte.
—Te lo agradezco, pero…— Taito con la mirada señaló a la cama, a lo que la joven soltó un suspiro.
—A veces he deseado experimentar cómo se siente sentir la protección de un hombre en quien confío plenamente. — Explicó la joven sin mirar a su compañero.
—Me complace saber que tengo tu confianza. — Dijo el sacerdote con una sonrisa. — Prometo no romperlo.
—Yo sé que no lo harás, lo que hemos pasado estos días… pues…— Alicia empezó a jugar con sus dedos. — Pues… pienso que no estaría mal… Intentarlo.
—Pienso que no sería mala idea. — Taito se cruzó de brazos a la par de cerrar los ojos. — Viéndolo desde el punto de vista que me dista aquella vez… De evitarme seguir buscando… Lo único que puedo decir es que necesitaremos hablarlo, y bastante. — El sacerdote bajó sus brazos para mirar a su compañera. —No es de "quédate ahí y pon una bonita cara." Tendrás varias responsabilidades, algunos labores sociales y pues… —El muchacho se quedó en silencio observando a la adolescente.
—Ah… claro… Hijos…— Alicia apartó la mirada. — Eso podríamos hablarlo después. Por ahora….— Ella volvió a ver a su compañero y le tomó la mano. — ¿Sí lo intentamos?
Taito apretó la mano de su compañera y le sonrió. Ambos se quedaron mirando por unos segundos con una sonrisa en el rostro. Al cabo de unos segundos, los dos se acostaron sin apartar la mirada. La chica se dio media vuelta y se cubrió con la sábana, no obstante, ella le agarró el brazo para ponerlo en su cintura. El muchacho se acercó y buscó la manera de acomodarse mientras tenía a Alicia en sus brazos. Taito le deseó buenas noches a su compañera y ella le hizo lo mismo.
A la mañana siguiente los dos evitaron mirar a Mónica y negaron cualquier contacto físico, aunque ambos acordaron en decirlo, solo necesitan saber cuándo.
