Espero que disfruten el capitulo!
SmallWriter
Capitulo cuatro.
Veinte preguntas.
Correr. Fue lo único que hice durante unos quince minutos.
Frené en un campo, parecía deshabitado, el pasto había crecido por demás. Me adentré, corriendo las malezas que me sobrepasaban en altura con ferocidad, estaba enfadada, ¡Edward era tan terco!
También tenía los nervios a flor de piel, ¿y ahora que sucederá?, me preguntaba a mí misma una y otra vez. Ellos eran mi familia.
¿Por qué eh defendido con tanta voracidad el hecho de querer estar cerca de los chicos?
No lo sé, pero ahora no quería pensar en eso. Dejé divagar mi mente en recuerdos, hasta que me encontré entrando por primera vez a la secundaria de Forks.
Todos esos humanos mirando, algunos con asombro, otros maravillados, los entendía, lo mismo me había pasado cuando desperté y vi a los Cullen, todos sentados, esperándome a mí.
En un principio me extrañó Mark Campbell, tuvo la valentía de estar cerca de mí, de hablarme. Porque a pesar de que a los ojos de los humanos éramos hermosos, hay un instinto en ellos que le dice que somos peligrosos. Y Mark lo ignoró. Totalmente extraño.
Otra cosa fue que Louis se acercó también, y aunque ahora se lo agradeciera mentalmente cada vez que lo viera, también era extraño.
Recordé cuando Lou me presentó a sus amigos, ese día fue genial, había estado todo el día en su casa, se suponía que teníamos que hacer un trabajo de Construcción de la Ciudadanía, pero en lugar de eso hablamos y jugamos hasta que se nos pasó la hora.
-Espera, espera –dijo Lou entre risas. –tengo un juego.
-Dime, estoy dispuesta a escuchar –sonreí.
-Tu siempre dices que quieres saber más cosas de mí y no sé qué –comenzó, asentí –bueno, tenemos veinte preguntas para hacernos a cada uno, no vale decir 'paso' o no contestar. ¿Sí?
Por un momento me preocupé, no podía hacer eso, ¿Qué tal si preguntaba algo que comprometía lo que soy?
-No lo sé…
-¡Oh vamos! ¡No seas gallina! –me retó gritando.
-¿Yo, gallina? ¿YO?
-Sí, ¡tú!
-¡No soy gallina! Simplemente no quiero estar en medio de ti y tus retorcidas preguntas.
-Por eso, le tienes miedo a mis preguntas, eso es ser gallina.
-Claro que no, pídeme cualquier cosa, que baile desnuda, que corra una avenida en ropa interior, ¡cualquier cosa! Pero eso, no. –me miró.
-Bien…sácate la ropa, ¡ahora! –volteé asustada, ¡lo peor es que eso lo había dicho yo! –era una broma, no te asustes tanto.
-Idiota.
Sonrió.
-Sí, pero un idiota apuesto, tu misma lo has dicho -¡ouch! Golpe bajo.
-Apuesto o no, sigues siendo idiota.
-¿Y Valerie? ¡Vamos a jugar!
-¡Que no!
-No voy preguntar nada raro, todos tenemos secretos, si la pregunta te incomoda mucho puedes decírmelo y la cambiaré, ¿sí?
Miré sus ojos azul claro, perdiéndome un momento en ellos.
-Está bien, confío en ti.
-Jamás haré algo para lastimarte –susurró, creo que no pretendía decirlo, ya que se sorprendió tanto como yo al escucharse.
Sin importarme el frío de mi tacto, estiré la mano y toqué suavemente su mejilla. Adoraba estar cerca de él, su cuerpo irradiaba calor, y eso me encantaba.
Esbozó una sonrisa, dejando entrever sus blancos y perfectos dientes, y se sonrojó levemente.
-No me lo creo –susurré divertida.
-¿Qué?
-Te has sonrojado –sonreí.
-Bueno…eso es lo que provocas.
-Oh, entonces soy muy buena provocando cosas.
-Dímelo tú. –sonreí a mas no poder.
-Bueno, empecemos con el juego. Tu primero.
-¿Yo primero pregunto? ¿O respondo?
-Preguntas.
-Bien…una fácil… ¿Cuándo es tu cumpleaños? –oh, oh.
-26 de abril –respondí.
-Debo anotarlo en mi calendario…26 de abril.
-Mi turno… ¿Cómo sería tu chica ideal?
-Interesante… nunca lo había pensado…creo que no tengo un prototipo, que sea espontánea y me haga sentir bien.
-Oh… debo anotarlo en mi diario –reímos –era broma.
-¿Y cómo es tu chico ideal? Físicamente.
Pensé durante unos minutos, y le hice una seña, haciéndole saber que le iba a responder.
-Supongo que… ¿físicamente? –Asintió –Eemm… pelo castaño, suave, tiene que ser suave…y ojos claros…de preferencia celestes –lo miré. Me di cuenta de que lo había descripto, pero pareció no percatarse. Recordé uno de los primeros pensamientos que tuve sobre él, sobre su pelo, y me entraron unas ganas incontrolables de tocarlo, pero no podía, sería estúpido que luego de decirle eso vaya y toque su cabello.
-Bueno, tercera pregunta.
Escuchamos la puerta de la entrada abrirse, y luego risas y voces que se me hacían conocidas, pero al mismo tiempo no. Por supuesto, eran sus amigos.
Me miró.
-Hora de presentarte –dijo, y se levantó.
-¿Qué? –pregunté asustada.
-Vamos, no es para tanto –al momento que dijo eso ya estábamos bajando las escaleras. Todos voltearon a vernos.
-¡Chicos! Ella es Valerie –creí que se lo tomarían mal, como mi familia, pero fue todo lo contrario, tal vez no era tan malo como decía Edward el hecho de juntarme con ellos.
-¿Qué tal? Soy Liam –dijo uno de los chicos de pelo castaño.
-H-hola –respondí un poco nerviosa.
-¿¡Vas happenin!? Zayn –se presentó el otro castaño. No era tan intimidante como creí.
-¿Cómo estás? Soy Niall –el rubio me tendió la mano, y dubitativamente la estreché.
El chico de rulos se acercó, primero miró a Louis, que estaba detrás de mí, percibí un asentimiento de su parte.
-¡Hola! Mi nombre es Harry –dijo sonriente, haciendo que se marquen los hoyuelos de sus mejillas.
-Hola –respondí esta vez más segura.
Al terminar de recordar me di cuenta que solo quería ir a un lugar.
Volví a Forks lo más rápido posible.
Una vez en frente de aquella casa, toqué timbre.
Escuché unos pasos desde adentro yendo a la puerta. Niall me atendió.
-¡Valerie! –sonrió.
-Hola Niall, ¿Cómo estás? –dije mientras entraba al tibio lugar.
-Bien, ¿y tú?
-Muy bien –la sonrisa que tenía se ensanchó cuando lo vi bajar las escaleras.
-Hey Val –saludó. Se acercó y me besó la mejilla.
-Hola Lou –contesté, no sé porque un poco nerviosa.
Niall que miraba la escena sin borrar la sonrisa del rostro, dijo.
-Creo que me voy con los chicos, vengo cerca de las seis. ¡Adiós! –y sin más se fue, dejándonos solos, lo supe porque solo se escuchaban los latidos del corazón de Louis.
-Y… bueno, ¿Qué haces aquí?
-Edward y yo peleamos, así que no se me ocurrió otro lugar al que ir…pero si te molesta puedo irm… -estaba diciendo, pero él me interrumpió.
-¡No!...no me molesta –me sonrió, solo a mí, esa idea me encantó. -¿Por qué pelearon? –preguntó curioso.
-Es que… -dudé.
-Si no quieres decírmelo, no lo hagas.
-No, creo que tienes que saberlo –susurré.
-¿Qué sucede? –preguntó ahora más preocupado.
-Edward cree que no debemos estar juntos.
-… ¿Estar juntos?
-Sí, eso, que no esté contigo ni tus amigos, cree que terminaré mal.
-¿Quiere que te alejes de mí? –pude ver tristeza en sus ojos cuando dijo eso.
-Sí –contesté directa.
-¿Y lo harás?
-No lo sé… no quiero hacerlo –susurré con la voz quebrada. Sabía que no podía llorar.
-Depende de ti, Vale.
-Por ahora no quiero pensar en eso, vine para estar contigo, no para pensar en alejarnos.
-Está bien. ¿Qué quieres hacer?
-¿Miramos una película? –pregunté.
-¡Claro! ¿Cuál quieres? Están allí –señaló la mesa del televisor.
-¡Esta! –dije mostrándole la tapa.
-¿One Day?... Pero es triste, y casi siempre me duermo en la mitad –se quejó.
-Bueno, entonces tú duerme y yo la miro, ¿sí?
-Trataré de mirarla también, pero no prometo nada.
Puso la película en el DVD.
Ambos nos sentamos en el sillón que estaba en frente del plasma. Una vez que me acomodé y One Day empezó, Louis puso su cabeza en mi regazo, lo miré, primero sorprendida y luego sonriente.
Hice lo que siempre, desde que lo conocí, quise hacer. Acaricié su cabello.
Era tan o aún más suave como creía.
'Pareces psicópata, Valerie. Obsesionada con el cabello de un chico' dijo una voz en mi cabeza. Pero no me importó, porque por un momento creo que fui feliz.
Cuando la película ya iba por la mitad o un poco más, la respiración de Lou se acompasó.
Reí.
-Creo que no podré alejarme –susurré divertida. –Eres muy tierno, ¿te lo había dicho? –dije en el mismo tono.
Suspiró y se removió incómodo. Se puso mirando para mi lado. Observé su rostro durante unos minutos.
¿Cómo fue que terminé así contigo?
Viéndolo dormir extrañé poder hacerlo. Creo que era lo único que añoraba de mi vida humana, el sueño. Poder escapar de los problemas aunque sea por unas horas.
Concentrarme en su respiración no fue la mejor decisión que pude haber tomado.
Pensar en eso y en los latidos de su corazón me dio mucha sed. Mi garganta ardió.
Pero se fue tan pronto como pensé en que depende de un mal movimiento mío el hecho de que muera.
-Siempre te protegeré.
