Capitulo cinco.
¿Esto es real?
-¿Me he quedado dormido? –preguntó Louis.
-Sí, y te perdiste la película –acaricié su cabello, aún no se levantaba de mi regazo, eso me agradaba.
Miré la hora en mi celular, y junto a eso vi unas siete llamadas de Alice, cinco de Bella y dos de Edward.
-¿Qué? –dijo al ver mi ceño fruncido.
Le mostré el móvil.
-Son muy molestos –suspiré frustrada.
-Solo se preocupan por ti –estiró el brazo y tocó suavemente mi mejilla. Cerré los ojos ante el contacto.
-Lo sé… pero no quiero soportar ahora su preocupación. Aún estoy enfadada con Edward –él rió. -¿Y ahora qué? –pregunté malhumorada.
-Nada… solo me das ternura cuando te enfadas.
-Oh sí, de seguro soy súper tierna. No querrías verme enojada enserio.
-Tal vez sí.
-No sabes lo que dices –contesté fríamente, pensando en lo que podría suceder si me descontrolaba con el cerca.
-Quiero conocerte –dijo.
-Me conoces, Louis.
-Pero sé que me escondes algo –susurró. Lo miré sorprendida. -¿no me dirás nada?
-Yo… no sé qué decir.
-¿Entonces estoy en lo cierto?
-Sólo evita pensar en eso cuando mi familia está cerca –advertí, de repente muy asustada. ¿Qué pasaría si Edward se enterara de esto? Nos iríamos.
Como lo que sucedió con Gabrielle. Se involucró más de lo que debía con un mortal, él descubrió lo que éramos. Y pagó el precio. Muerte. Nunca entendí porqué llegaron a eso, se que había algo mas, pero nunca lo dijeron, y no lo iban a decir ahora, algo que sólo sabían Gabrielle, Carlisle y Edward.
Una oleada de tristeza y pánico me invadió al pensar que tal vez Louis podría ocupar el lugar de aquel chico.
-¿Por qué? –preguntó confundido.
-No puedes saberlo, sería peligroso para ti –el pensamiento de que tal vez Edward tenía razón no tardó en llegar -… oh, Dios, por favor, no quiero que nada malo te pase.
-Valerie, -dijo levantándose –no pienses en eso, estaremos bien, ambos –me miró a los ojos con la preocupación impregnada en ellos.
-Prométemelo –rogué.
Me estudió.
-Está bien –susurró en medio de un suspiro. Lo miré esperando más –lo prometo.
-¿¡Hay alguien en casa!? –gritó Harry entrando de repente. –Oh… ¿acabo de interrumpir algo?
¡Diablos! ¿Por qué se esfumaban todos mis sentidos vampíricos cuando estaba cerca de él? Era casi imposible no haber escuchado las pisadas de Hazza.
-Eemm… no. De todas formas ya me iba –dije observando a ambos.
-¿No te quedas? –me preguntó Harry.
-No, lo siento, mi familia debe estar preocupada. Me escapé hace unas horas.
-Oh…bueno. Suerte –me deseó mientras subía las escaleras.
-¿De veras tienes que irte?
-Sí, Lou.
-No pienses en lo que estuvimos hablando hace unos minutos. Olvídalo.
-Está bien –suspiré –trataré.
-Enserio, no quiero perderte una vez que te encontré –en cuanto dijo eso sentí una inmensa ternura. Pronto comprendí mis palabras. No podría alejarme de él.
-No lo harás –le prometí. Me acerqué y, no sé porque, besé la comisura de sus labios.
Escapé en cuanto pude.
Genial. ¿Ahora a dónde iría? ¿A mi casa? No lo creo.
Volví a sentir mi garganta arder, sólo podía, y quería, hacer una cosa.
Cazar.
Corrí lo más rápido que pude hasta los montes Olympic. Liberando el monstruo que tenía adentro y hacía bastante estaba escondido.
-¡Valerie, Dios santo!, al fin has llegado, ¡son las cinco de la mañana! –rugió Edward apenas pasé la puerta principal.
-¿Qué? ¿Ahora también tengo un horario que cumplir?
-No juegues, no estoy para eso ahora.
-Nunca estás para nada. Sólo para darle cariñitos a Bella y Nessie. No me quiero imaginar como las controlas a ellas si así lo haces conmigo -¿¡por qué dije eso!? Esto iba a acabar mal. Todo por mi culpa. ¿Qué demonios me estaba sucediendo? ¿No podía simplemente ignorarlo e irme a mi cuarto, y fingir que dormía, cómo hacía siempre?
Este no era el momento para rebelarme, no ahora, que estaba Louis en medio, cualquier cosa haría que nos separásemos. Me odié por haber contestado de ese modo.
¿Qué estaría haciendo ahora Louis? Durmiendo, por supuesto. ¿Soñaría conmigo, tal vez?
Uhm, Edward aún estaba ahí.
Me miró sin comprender. Oh diablos, había leído mis pensamientos.
-¿Valerie?
-¿Qué? –respondí con ferocidad.
¡Deja de hacer eso!
-¿No te estarás… enamorando? –estaba al tanto que toda mi familia ahora estaba escuchando esta conversación.
-No podría –contesté a la defensiva. –No pude haberlo hecho en tan poco tiempo… -susurré –Además, parece que contigo es imposible –volví a mi postura defensiva.
-Por supuesto. –dijo secamente.
Eso derribó el pequeño y casi transparente muro que había construido. ¿Cómo era capaz de decirme eso? No podía prohibirme amar a alguien. Tal vez, como él pensaba, no teníamos alma, pero tenía derecho a ser feliz, creo.
Él tenía a Bella. No podía prohibirme tener a Louis.
¿Tener a Louis?
-Edward, ¿Qué estás diciendo? –preguntó Esme, con su siempre maternal tono, interrumpiendo al escuchar lo que su hijo había dicho.
-¿Eso es lo que quieres? ¿Tenernos a todos como prisioneros? Claro, tú ya has encontrado la felicidad, ahora que nadie se atreva a encontrar la suya –le dije con rabia e impotencia. Sabía que no podría hacer nada.
Yo apenas había llegado a esta familia, ellos estaban unidos desde hacía bastante.
-Valerie –siguió advirtiendo Esme.
-No, deja que diga lo que tiene que decir –susurré.
-No quise decir eso. –Dijo Edward, miró a Esme haciéndole saber que todo estaba 'bien' –No me voy a arriesgar a perder la familia que hemos construido.
-¡Mataste al chico del cual Gabrielle estaba enamorada! ¿¡Así será de ahora en adelante!? ¿¡Ni las chicas ni yo vamos a poder tener lo que Alice, Jacob, Carlisle, Rosalie y tú tienen!? –grité, esta vez dejando ver a un vampiro enfadado. No pude evitar pensar en Louis. Dijo que le gustaría verme en este estado. Jamás dejaría que eso pasara.
Mis ojos, ahora negros como el carbón, recorrieron la sala. Todos estaban aquí, preparados para frenarme. Relajé mi postura, al ver que realmente parecía amenazadora. Pero también podía ver en cada mirada comprensión.
-¡No sabes nada! ¡Él no era humano! –me gritó de vuelta.
-¡Aun así! ¿¡Acaso puso en riesgo 'nuestra familia!?
Su mirada, aún fuerte, se calmó al ver que tenía razón.
-No lo iba a permitir –susurró.
Miré a mi amiga, que observaba con nostalgia la escena.
-¿Cómo permitiste que te hicieran eso? ¿Cómo permitiste que te robaran a la única persona que habías amado en casi un siglo? –le pregunté en un hilo de voz.
-Yo… sólo me he resignado. No pude tener lo que quise en ese momento. Ahora no hay vuelta atrás, por más que me duela decirlo –me respondió de igual forma.
-Edward… tú no permitirías que te quiten a Bella… ¿Por qué se lo hiciste a ella? ¿Acaso no nos contaban siempre como se unieron para derrotar a los Vulturis?
-Admito que tal vez cometimos un error –dijo mirando a Carlisle. –Pero no sabremos como estaríamos ahora de no haberlo hecho. Y me alegra.
-No me voy a alejar de Louis, ni de ninguno de mis amigos. Tú fuiste lo suficientemente cobarde para alejarte de Bella cuando creíste que ibas a enamorarte, pero yo no soy así, y no lo seré jamás.
-Valerie… -interrumpió.
-¡No! ¡Déjame terminar! –Interrumpí yo -…luego la dejaste otra vez, sabiendo que te amaba. No estuve ahí, pero no es necesario estarlo para saber que fuiste un idiota. Y cuando creíste que ella había muerto, decidiste morir también. Aún más idiota. –sus ojos reflejaban un dolor profundo, pero no iba a frenar –es decir, ¿por qué? Ella habría muerto de cualquier forma, todos años de sufrimiento… ¿para luego matarte? Ella habría muerto de cualquier forma, por TÚ culpa, porque TÚ habías decidido no convertirla. TÚ habías declarado su muerte. Tú fuiste así de estúpido, pero yo no quiero repetir la historia.
Silencio.
Es lo único que había en la sala, nadie respiraba, nadie se movía, solo los latidos del corazón de Jake, ahora acelerados. Todos esperando la reacción de Edward.
Silencio.
También por parte de él. Sólo miraba sus pies.
Cuando por fin me miró, dijo.
-Nos iremos de Forks –mi mundo se destruyó con esas cuatro palabras –dijiste que aún no estabas enamorada. Y también que no querías repetir la historia. Bien, no lo harás, nos iremos ahora, despídete si quieres, no me interesa, pero vendrás con nosotros. Eres un vampiro y no me arriesgaré a que alguien lo descubra.
-Edward, ¿Qué diablos estás diciendo? –preguntó Nessie, hablando por todos. Bella miraba sin creer a su esposo, no podía asumir que acababa de decir.
Nadie podía. Ni siquiera yo.
…yo había causado esto.
Rompí las promesas que le hice a Louis. No lo podré proteger, y también me iría, él me perdería.
Mis ojos picaron. Añoré poder llorar, ahora estaba sofocada, necesitaba descargarme con algo.
-Valerie… -me llamó en la lejanía una voz conocida. Volteé. –Como lo siento –susurró Lourdes con la voz quebrada mientras me abrazaba.
Pero yo no podía escucharla. No podía entender que había pasado.
¿No volveré a ver a Louis? ¿Nunca más… en todo lo que queda de mi existencia? ¿En toda la eternidad?
Salí corriendo, rompiendo el abrazo de mi amiga.
-Valerie… -alcancé a escuchar, creo que fue Esme, no lo sé.
Los rayos de sol comenzaban a asomarse en el horizonte. Corrí hasta quedar en frente de la casa de dos pisos, la miré por varios minutos.
Me acerqué y toqué timbre desesperadamente.
Gracias a la poca suerte que tenía, atendió la persona a la cual quería… no, necesitaba ver.
-¿Qué demoni…? ¿Valerie?
-Louis –me lancé a sus brazos, lo abracé lo más fuerte que me permitía su cuerpo humano.
Aspiré su aroma.
Acarició mi cabelló, una y otra vez hasta que logré calmarme.
Entramos a su casa, y me quedé parada en el medio de la sala.
-… ¿Qué sucedió? –me preguntó preocupado.
-Perdóname… -le susurré.
-¿Qué?
-Perdóname, por favor –mi voz rota demostraba todo el dolor que sentía.
-Cálmate, cariño, dime que ha sucedido –me pidió una vez más.
-He arruinado todo… y ahora nos iremos, me iré de Forks, y no volveré jamás.
-Es una broma… ¿cierto? –No pude ni siquiera mirarlo a los ojos cuando negué con la cabeza –Valerie, me lo has prometido –trató de convencerme.
-Lo sé… y lo siento tanto –escuché un jadeo, y subí la mirada.
Sus iris celestes, ahora resaltaban más contra sus ojos rojos, tratando de no llorar. Eso rompió mi congelado corazón.
-Por favor… -rogó.
-Juro que si podría llorar lo haría. Perdóname, no sé cómo decirlo. No puedo pedir tu perdón cuando no sé si realmente yo podré perdonarme. Pero es lo único que tengo para decir.
-¿No volverás jamás? –una chispa en sus ojos me reveló que él sabía que nunca más volveríamos a encontrarnos. Tal vez esa era la chispa de la esperanza muerta.
-No.
Mi miró por unos momentos.
Comenzó a acercarse peligrosamente. Algo en mi interior sabía que iba a hacer. Pero no me alejé.
No quería hacerlo.
Observé sus ojos unos segundos, antes de que los míos se cerraran involuntariamente.
Sentí su tibia respiración chocando contra la mía, fría.
Sus labios rozaron suavemente los míos. Se movía con demasiada delicadeza al besarme, haciendo que mi estómago sintiera algo raro.
Mi frío y muerto corazón se entibió por un momento… hasta que se separó.
-Lo siento… no sé porque lo hice…
-¿Te arrepientes? –le pregunté.
-No. –contestó sin dudar.
-Entonces será el mejor momento que recordaremos –me sonrió, aunque sus ojos todavía lucían tristes.
Me fui, y no me detuvo, porque sabía que era lo mejor.
Afuera estaba tan frío comparado a como se sentía su cuerpo.
Miré hacia atrás una vez más. La luz de la sala en la que yo había estado hace segundos ya se encontraba apagada.
Indicándome que él ya no me esperaba.
:'(
Espero que les haya gustado este capitulo aunque sea un poco triste.
Ah, y aviso que ahora voy a tratar de subir caps mas seguido :)
SmallWriter
