Capitulo seis.

Tiempo.

No tuve la intención de apurarme para llegar a mi casa, ahí habría solo problemas.

Caminé pensando en lo que había sucedido, sonreí.

¿Así se sentía ser feliz?

He de admitir que la felicidad que sentí en ese pequeño momento no era mucha comparada con el dolor que sentía ahora, aunque estaba amortiguado por la sensación que tenía en el estómago.

Sonreí otra vez, recordando el sabor de sus labios, que según mis recuerdos humanos, era a menta.

Mi celular sonó indicándome una llamada, y tuve la mínima esperanza de que su razón fuera que nos quedábamos aquí.

-¿Hola? –contesté con pocas ganas.

-Valerie, sé que estás viniendo, pero me obligaron a llamarte –dijo Alice.

-Dime.

-Apúrate, tienes que empacar tus cosas, sabes que lo haría por ti, pero aún estoy con las mías.

Suspiré.

-Ya voy –murmuré a velocidad vampírica y le corté, sin darle tiempo a responderme.

No pensaba ir más rápido que el paso humano.

-¿Y ahora qué? –contesté mi móvil creyendo que era Alice.

- …pensamos que tal vez querrías despedirte de nosotros, aunque sea por teléfono, ya que te has ido tan rápido y sin avisar –susurró una voz conocida.

-¿Zayn? –Pregunté –oh, lo siento, creí que… no importa.

-Te vamos a extrañar –me dijo Niall.

-También voy a extrañarlos, chicos. No quiero irme, pero no me dejan otra opción.

-Si quieres volver…llámanos y con gusto te ayudaremos –ahora era Harry.

-Lo haré –reí.

-No digas que te llamamos, ¿sí?

-Claro, Liam… ¿Louis está por ahí? –pregunté con un tono extraño.

-No, lo siento… se ha encerrado en su cuarto, sólo salió para decirnos que te irías.

-Oh…bueno –susurré con la voz quebrada. Escuché suspirar a alguien, creo que fue Niall.

Estaba llegando a mi casa, por lo que seguramente todos habían escuchado la mitad de la conversación.

-Recuerda mandarnos algunos mensajes de texto.

-Sí. Debo irme. Los quiero.

-Nosotros también. No te preocupes por Louis. Pronto saldrá y nosotros lo distraeremos. –con eso cortaron.

Miré la enorme casa blanca por unos minutos antes de entrar.

-¡Jacob! ¡Deja eso quieto! –gritaba Nessie corriendo detrás de su novio.

-Valerie, es mejor que vayas a empacar tus cosas –dijo Edward. Lo miré sin ningún destello de remordimiento, ni alegría, nada. Él no merecía ninguno de mis sentimientos, no valía la pena.

-Bien –respondí vacía.

-No me culpes por esto, luego entenderás que es lo mejor.

Ni siquiera me molesta en dirigirle la mirada mientras subía las escaleras.

-No creo que eso sea posible, ni en un millón de años.

Entré a mi cuarto y me senté en la cama.

Acostúmbrate a la idea, no los volverás a ver.

Un jadeo se escapó de mi garganta. ¿Por qué me costaba tanto despedirme de ellos? ¿Qué tenían de especial?

¿Por qué me hacían querer no separarme de ellos nunca?

Me paré, y con un suspiró comencé a guardar mi ropa en una de las maletas que me había dejado Alice.

Miré por última vez los árboles del bosque que rodeaban mi casa antes de subirme al auto.

No sé para qué viajábamos en coche si podíamos correr más rápido.

-¿A dónde vamos? –pregunté.

-Al norte de Canadá, Carlisle tiene una casa en un pequeño pueblo de esa zona –respondió Rosalie desde el asiento trasero tomando la mano de Emmett.

Miré sus manos entrelazadas por unos segundos, para luego dirigir mi mirada hacia la ventanilla.

Esme manejaba en silencio.

-¿Alguna vez volveremos?

-Seguro que si…luego de algunos siglos –me contestó Emm, remarcando la última parte de la frase, dándome a entender que ni Louis ni los chicos estaría vivos para ese momento. Mi estómago se revolvió y una tristeza inmensa se apoderó de mí.

-Lo siento, Valerie –susurró Esme –juro que traté de evitarlo –dijo amorosamente.

-No te preocupes, no fue tu culpa –la reconforté tratando de sonreír, pero pareció más una mueca.

Cerré mis ojos dejando que pase el tiempo. Así sería de ahora en adelante.

Sentí como el auto frenaba, abrí mis ojos para ver que estábamos frente a una casa rodeada de nieve. Tenía grandes ventanales y estaba pintada de un amarillo claro.

Los otros autos ya estaban estacionados, por lo que supuse que ya no podría elegir mi cuarto.

Al entrar mi sorpresa fue grande cuando los vi a todos ahí sentados, debía admitir que la casa era muy bonita, también tenía un piano, como la de Forks.

-Chicos, tenemos que decirles algo –dijo Carlisle.

Todos lo miramos.

-¿Qué sucede? –preguntó Jake.

-Verán…como somos un clan con demasiados integrantes no podemos vivir todos en el mismo lugar, ya que llamaríamos mucho la atención. Con Esme nos encargaremos de encontrar otras casas, no muy lejos de aquí. Pero ahora debemos les diremos con quienes convivirán.

-¿Y cómo haremos hasta que encontremos las demás casas? –preguntó Jasper.

-Estaremos aquí –dijo Esme con simpleza.

-Bien, nosotros –refiriéndose a él y Esme –estaremos con Gabrielle –ella sonrió complacida. –Alice y Jasper con Stephanie y Jacob –este último miró a su novia –Lourdes y Jade con Emmett y Rosalie –abrí mis ojos, ¿eso significaba que…? –y Edward y Bella con Valerie y Nessie.

-¡No! ¡Yo no viviré con él! –salté.

-Vale, creo que así podrán arreglar sus cosas –explicó Carlisle con paciencia.

-¿Y quién dijo que quería hacerlo? No olvidaré jamás lo que hizo –Edward miró hacia abajo.

-Valerie…

-No, Valerie nada –interrumpí –si quieres que viva con él tal vez lo soporte, pero no me pidas que actúe como si nada hubiera ocurrido porque eso no pasará –suspiró.

-¿Por qué te importan tanto esos humanos para hacer todo este maldito escándalo? –preguntó Edward alzando la voz.

-Ellos me hacían sentir viva otra vez –susurré -¿y tú porque te fijaste en Bella si a pesar de todo era una mortal más?

-Yo la noté por su esencia…y el hecho de que no pudiera leer su mente –respondió mirándola con adoración.

-Bueno, yo no necesité eso.

-Creo que deben desempacar sus cosas, ustedes vivirán aquí –intervino Esme.

Me senté en el sillón al lado de Jasper. Bella y Nessie subieron las escaleras con sus maletas en silencio, como estaba ahora toda la habitación.

Me hice un ovillo tratando de contener mis emociones.

Siete meses, siete meses habían pasado desde que dejé Forks. Aún seguía como empecé, en mi habitación, con los ojos cerrados, hecha un ovillo en la cama.

Mi corazón que antes estaba muerto, ahora no tenía ni siquiera algún rastro de emoción, era como una piedra.

Jasper me lo había confirmado, era como si no existiera.

Y es que así me sentía, solo dejaba que el tiempo pase. Todos habían retomado su vida. Como hacíamos siempre que nos mudábamos, pero para mí no era una de esas tantas veces.

¿Louis que habrá hecho?

De seguro tenía una novia. Todos la tendrían.

No pude evitar pensar que otra chica había besado los labios que yo besé. ¿Esto que sentía que era? ¿Celos? Tal vez, sentía que sus labios me pertenecían, que él me pertenecía. Aunque hubo una mínima posibilidad de que sea así, ya no estaba.

Lo había dejado. Rompiendo las promesas que le había hecho.

La puerta de mi habitación se abrió, dejando ver a Jasper y Edward.

-¿Y ahora qué? –susurré.

-Valerie, por favor, ven con nosotros a la escuela.

-Has comenzado a sentir cosas de nuevo…aunque no entiendo por completo de donde salió eso –dijo Jazz.

-Oh, mira que bien, felicítame –respondí con sarcasmo, sin moverme.

Él suspiró.

Edward se fue dando un portazo.

-Sé que es difícil… -murmuró Jasper sentándose a mi lado en la cama –pero también sé que Louis no hubiera querido que estés así, y menos por su culpa.

-Él no hubiera querido que yo me fuera –susurré tristemente.

-Debes seguir con tu vida, como lo habrá hecho.

-Es mejor así, solo tiene unos pocos años para vivir comparados con la eternidad que a mí me espera.

-Está bien –contestó rindiéndose –cuando quieras hablar, sabes que estoy aquí.

Asentí con apreciación.

-Gracias Jazz –él sonrió sintiendo que verdaderamente apreciaba lo que hacía.

En cuanto estuvo fuera de mi cuarto me senté, mirando todo a mí alrededor. Deseé más que en otro momento poder llorar. Necesitaba descargarme con algo.

Observé la ventana por unos segundos, y sin que mi cerebro me autorizara, mi cuerpo saltó hacia fuera de la casa.

Corrí hasta un bosque cercano, donde me adentré y ahí golpeé con ira un árbol hasta destrozarlo.

'Perdóname, perdóname'

Repetía una voz en mi interior. Quería correr hasta Forks y mirarlo, aunque sea por unos minutos. Solo para saber si se encontraba bien.

Pero no podía, porque una vez que lo viera, no podría irme.


Hola!

Como están?

Yo bien, y con hambre, así que me voy a comer.

Espero que hayan disfrutado el capitulo.

Nos vemos.

SmallWriter