Bueno les traigo una adaptacion de un libro que termine de leer hace poco, los personajes pertenecen a Isayama y la idea es de Nancy Kilpatrick


Capítulo 3

Hanji escuchó un clic. La puerta de la derecha se abrió y Levi subió al coche. Ella se deslizó al extremo opuesto para alejarse todo lo posible de él. Levi la miró un momento. A la escasa luz del interior, sus ojos grises brillaban. Su mirada la estremeció.

Por un segundo, mientras él cerraba la puerta, la luz de una farola había incidido justo en su mano. Tenía los dedos delgados, las uñas cortas y bien cuidadas, y sus movimientos eran precisos. Hanji oyó la puerta delantera abrirse y cerrarse. Levi cogió el teléfono, marcó tres números y habló en francés. Nada más colgar el coche arrancó.

Él se reclinó cómodamente en el asiento, estiró las piernas y apoyó el brazo izquierdo a lo largo del respaldo. La miró. Y luego hizo un movimiento tan rápido que Hanji no pudo reaccionar. La agarró del brazo y la atrajo hacia sí.

Si pensaba matarla, lo habría hecho mucho antes, en el cul de sac. Así que quedaba la violación. Había leído que la mejor defensa en ese caso era correr, luchar o, si eso fallaba, cooperar para evitar daños mayores y esperar la ocasión de escapar. Pero no veía el modo de huir del coche. Él parecía sorprendentemente fuerte; si luchaba, lo más probable era que se hiciera más daño aún. Así que de momento, trató de conservar la calma.

Él agarró un mechón de su cabello y la hizo echar la cabeza atrás. El coche avanzaba por una calle iluminada con farolas, creando una secuencia fija de luz y oscuridad. Y cada vez que la luz entraba por la ventanilla, Hanji veía su rostro. Parecía más lleno en ese momento, menos hambriento y salvaje.

Levi desató el pañuelo de su cuello, le desabrochó el abrigo poco a poco y luego abrió el escote de su vestido, dejando el cuello al descubierto. Ella sintió su corazón acelerarse, estaba muerta de miedo. La mano de él, de pronto tan cálida como antes fría, se deslizó por dentro de su sujetador. Sus dedos acariciaron el pezón izquierdo hasta que se puso erecto.

— ¿Cuánto tiempo hace... — se apresuró ella a preguntar — que no estás con una mujer?

Él hizo una pausa antes de contestar:

— Mucho. Demasiado, quizá.

Él la miró de un modo extraño.

— ¿Qué vas a hacerme?

Sus labios se curvaron en una maliciosa sonrisa antes de decir:

— Lo que me apetezca, Hanji, lo que me apetezca.

Levi se abalanzó sobre ella y comenzó a besarla en la boca profundamente clavándola al asiento. Ella estaba muy tensa, pero él la tenía agarrada de tal modo que no podía escapar. Así que Hanji se concentró en conservar la calma y prepararse para actuar. Era la única opción.

Ella alzó una mano y rozó su rostro con las puntas de los dedos. Su piel estaba caliente, suave, sedosa. Apartó delicadamente el rostro de Levi, consciente de que cualquier movimiento brusco daría lugar a una respuesta agresiva. Y, quizá por su modo de hacerlo, él se apartó.

— Quiero hacer un trato contigo — dijo ella, apenas sin aliento.

Él echó la cabeza atrás y comenzó a reír. Las luces delanteras de un coche con el que se cruzaron iluminaron momentáneamente el interior. Los dientes de Levi reflejaron la luz. Fue solo un segundo, pero Hanji se sorprendió al ver lo afilados y largos que eran sus incisivos.

— ¿Y qué crees que tienes para ofrecerme? — preguntó él, divertido.

— Mi cuerpo. Tú lo quieres, y yo puedo dártelo.

— Será mío me lo des o no.

— Ya lo sé — contestó ella con un susurro.

Levi soltó su cabello sin dejar de mirarla. Su expresión era inquisitiva, así que Hanji aprovechó la ocasión.

— No creo que te acuerdes de cómo se le hace el amor a una mujer — dijo ella, manteniendo el tono de voz susurrante y sosteniendo su mirada.

Había interpretado esa escena antes o si no era exactamente la misma, una muy similar. Podía improvisar el guión.

Por un segundo él pareció serio, enfadado. Pero de pronto se echó otra vez a reír.

— Tienes agallas, eso desde luego. Va a ser todo un placer acabar contigo.

— Ya sé que tratas de atemorizarme, pero no hace falta. Puedes tenerme sin problemas, te daré permiso.

Levi tiró de su pelo, forzándola a echar la cabeza atrás.

— Si crees que necesito tu permiso estás muy equivocada.

Hanji se propuso mantener la calma. No dejó de mirarlo a los ojos. No era momento para dejarse llevar por el pánico. Sabía que si tenía una sola posibilidad de salvar la vida, cosa de la que no tenía ninguna garantía, era manteniendo el control, interpretando su papel escrupulosamente y no permitiendo que cundiera el pánico. En caso contrario, sin duda él se aprovecharía de su miedo y lo utilizaría en su contra. Era un maestro de la intimidación.

— Lo único que digo es que puedo darte lo que quieres. Los dos sabemos que puedes arrebatármelo, pero puede que sea más interesante si yo te lo entrego, ¿no te parece?

Él siguió sujetándola del pelo e inclinando el rostro sobre el de ella. Parecía en guardia, imperturbable, lo tenía todo bajo control. Y ella sabía que estaba a un paso de la catástrofe. Tras un instante que le pareció una eternidad, por fin él contestó:

— Oigamos qué me ofreces.

Hanji rozó nuevamente su mejilla. Su piel era casi demasiado suave. De no haber sido la situación tan peligrosa, el contorno de su rostro y la textura de su tez habrían podido parecerle fascinantes. Ella peinó sus cabellos con los dedos, y él pareció confuso.

— Puedo entregarme a ti — dijo ella con voz seductora, agarrando el borde de sus anteojos — Puedo ser cálida y excitante. ¿No te gustaría eso?

— ¿Y? — continuó él preguntando muy serio, agarrándole la mano.

— ¡Suéltame!

— ¿Ahora suplicas?

— No suplico — afirmó ella con voz firme y confiada, disfrazando su miedo — Se trata de un pacto. Los dos sabemos que eres un fetichista: te gusta la sangre. Pero sangre puedes conseguirla de cualquiera, ¿no? Yo te ofrezco algo más, mejor. Mi sangre no tiene nada de especial, ¿no es así?

— Ninguna sangre tiene nada de especial, pero todas son importantes.

— ¿Pretendes decir que te cuesta trabajo conseguirla?

— En absoluto.

— Bien, entonces no es una gran pérdida si no tienes la mía.

Él vaciló, y Hanji intuyó que se había anotado un punto a su favor.

— Dime una cosa. Sobre la Policía. Cuando dices que tienes contactos, ¿qué quieres decir exactamente?

Él soltó su cabello y miró al frente.

— Quiero decir exactamente lo que he dicho.

Hanji decidió bromear con él, ganar tiempo.

— Hay sangre nueva, caliente en la ciudad, ¿eh? Todo el mundo te conoce y te teme. Pero eres lo suficientemente rico como para que te dejen hacerlo que quieras, ¿verdad? Siempre que a ellos los dejes en paz, claro.

— Por supuesto. Por lo general consigo lo que necesito de los turistas. El hombre del muelle tuvo mala suerte, pero no debió meterse donde no lo llamaban. Fue un accidente; murió de un ataque cardíaco. Según la autopsia no tiene más que una pequeña herida en el cuello, y la Policía cree que se la hizo al caer. En el momento de morir había perdido bastante sangre, pero no una cantidad alarmante — explicó él con una mirada desafiante, como si estuviera retándola a contradecirlo — Además, la única testigo parece haber desaparecido.

Hanji no creyó una palabra. Estaba temblando. Pero era cierto que nadie la echaría en falta, comprendió. Estaba por completo en su poder. Fingir que no tenía miedo le exigía un enorme esfuerzo.

Habían abandonado la carretera que discurría paralela al río, cruzado el Pont de Cubzac, y en ese momento viajaban por una autovía de dos carriles. Una señal de tráfico delante de ellos avisaba: "Soulac-sur-Mer, 90 km". Apenas había tráfico.

— Esta es mi oferta — dijo ella al fin — Pasaremos la noche juntos, solos tú y yo. En mi hotel.

— Prueba otra vez — dijo él con una sonrisa sarcástica.

— En tu casa, entonces — contestó Hanji, tratando de bromear — ¿O duermes en una cripta?

— Oigamos el resto de la propuesta — dijo Levi con un gesto de desprecio.

— Bueno, entonces iremos a donde tú quieras. Haré todo lo que quieras sin poner reparos, seré complaciente. Y mañana por la mañana me dejarás irme sin sacarme sangre. Me marcharé de Burdeos inmediatamente, no le contaré nada a nadie, y no volverás a saber nada de mí. Te lo prometo.

Él ladeó la cabeza y la miró incrédulo, como si ella acabara de contarle que había cyborgs en la carretera haciendo autoestop. Finalmente dijo:

— Tomaré un poco de tu sangre. Poca cosa, no más de lo que donarías a un banco de sangre. No te afectará, a menos que tú tomes de la mía, cosa que ni remotamente ocurrirá. Es un club selecto, nadie entra sin invitación.

Si le contaba que era posible que tuviera el sida, quizá él se echara atrás. Pero eso acabaría con sus posibilidades de cerrar el trato. Además, le daba vergüenza admitirlo. El hecho de que él se creyera una especie de vampiro resultaba lo suficientemente aterrador como para mantener la boca cerrada. Y no dejar de mirarlo.

Él se cruzó de brazos, y unos segundos después añadió:

— Tu plan tiene dos fallos.

— ¿Qué?

— Crees que harás cualquier cosa que te pida sin poner reparos, pero es fácil decir eso ahora. No creo que estés tan dispuesta a hacer ciertas cosas.

— Las haré, sea lo que sea. Te lo prometo.

Él hizo un gesto incrédulo una vez más.

— ¿Y el segundo fallo? — preguntó ella.

— El segundo es que una noche no es suficiente.

— ¿No te parece un trato justo?

— El problema no es si el trato es justo o no, el problema es lo que yo quiero. ¡Y te aseguro que es lo único que importa!

Levi se estaba impacientando. Hanji sabía que tenía que llevar el asunto con mucha cautela si no quería echarlo todo a perder. Se volvió hacia él, dejando que su pecho derecho le rozara el brazo. Acercó los labios a su oído y puso una mano sobre su pierna. Notaba que estaba excitado a través de la fina tela del pantalón. Hanji acarició la prenda con suavidad.

— ¿Dos noches?, ¿todo el fin de semana? — preguntó en susurros.

Hanji le bajó la cremallera del pantalón y tocó su pene delicadamente con la punta de un solo dedo. Estaba caliente y erecto, la piel era sedosa.

Haciendo un esfuerzo, besó su mejilla y se acercó lentamente a los labios. Los besó también, pero él no respondió. Sin embargo, sí sintió que él le acariciaba el pelo con los dedos. Lamió su labio superior con la punta de la lengua, dibujándolo, y luego volvió al labio inferior, recorriéndolo despacio, con toda la sensualidad con que fue capaz. Él seguía sin responder. No obstante, su pene se iba poniendo cada vez más grande, así que reunió coraje. Su táctica estaba funcionando.

De pronto él le apartó la cara. Parecía furioso.

— ¿Qué eres, una prostituta profesional?

Aquello la dejó estupefacta. Las consecuencias de un rechazo podían ser mortales.

— ... No — respondió en voz baja, vacilante, asustada y a punto de echarse a llorar de pura frustración.

Hubo un momento de silencio y entonces él añadió:

— Está bien. Has conseguido intrigarme. Dos semanas.

Levi se abrochó la ropa. La idea de pasar tanto tiempo con él la ponía enferma, pero ¿qué podía hacer, excepto seguir con la comedia hasta encontrar el modo de escapar?

— Te quedarás en mi casa y te entregarás a mí. La palabra clave aquí, Hanji, es "complaciente". Dentro de quince noches te dejaré de vuelta en la ciudad y tú desaparecerás. De inmediato. Puedo hipnotizarte, pero no lo haré; sería demasiado fácil. Además, probablemente estos días serán los más excitantes de tu aburrida y mediocre vida. Y detestaría tener que arrebatártelos. Pero no te hagas ilusiones. Si tratas de escapar o después, si le cuentas a alguien qué o quién soy, te perseguiré hasta acabar contigo. El resto es cosa tuya, depende de tu imaginación.

— ¿Y no me sacarás sangre?

— ¡De acuerdo!

A treinta kilómetros de la salida a Soulac-sur-Mer el coche dejó la autovía para tomar un camino de grava. Iban en dirección al mar, hacia una enorme casa de piedra. Las luces de la planta baja estaban encendidas, todo parecía brillante, alegre y encantador. Justo antes de que el coche se detuviera Levi la miró.

— Puedo beber tu sangre sin hacerte daño, ya te lo he dicho, así que, ¿por qué eres tan reacia a dejarme hacerlo?

Hanji le dio la espalda y no respondió.


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