los personaje son de SM yo salo los uso un ratitito jajajjaja


Ojos especuladores, atormentados, color chocolate, iluminados por la inteligencia y oscurecidos por los secretos. Reluciente pelo castaño con reflejos rojizos, cortado con precisión hasta la altura de sus hombros. Una silueta esbelta, vital, deliciosamente femenina. Botas sexis de tacones altos y un deslumbrante impermeable negro. Y la dama quería desayunar.

¿Qué fallaba en el conjunto?

Él no era un gurú de la moda, pero confiaba en sus instintos. Y ahora mismo sus instintos le decían que Isabella Swan llevaba las botas, el impermeable y su actitud como un hombre podría llevar un chaleco antibalas. Como armadura para la batalle.

¿De quién o de qué tenía miedo?

¿Y a qué tenían tantas luces encendidas? Había vuelto a comprobar hacía escasos minutos. La cabaña 5 seguía pareciendo a una fábrica de bombillas. Antes, cuando la había acompañado hasta su alojamiento, sólo había podido echar un rápido vistazo, pero estaba seguro de haber visto un par de lamparitas de noche acopladas en los enchufes de la sala. Y luego estaba aquella linterna que llevaba en el bolso.

¿Te asusta la oscuridad, Isabella Swan?

Abandono el intento de terminar el capítulo en que había trabajado toda la semana y apagó el ordenador. Esa noche no podía pensar en el Gran Proyecto. Su mente se había enredado con la enigmática Isabella Swan. Otras partes de su anatomía parecían igualmente interesadas en investigar el asunto. Hacía tres horas que la había dejado en su cabaña, pero aún se sentía inquieto y –de una forma vaga y turbadora- excitado.

Necesitaba salir un poco. En las noches como ésa, noches muy largas, solía dar un paseo para sosegarse. A su regreso se servía una dosis terapéutica del potente coñac francés que guardaba en el fondo del armario, para sosegarse aún más. Esa costumbre no era infalible, aunque solía dar buenos resultados. La mayoría de las veces.

Esa noche, sin embargo, era distinta. Le parecía que un paseo por la orilla del lago y una copa de coñac no servirían de nada.

Quizá su familia tuviera razón, quizá le resultara problemático mantener el tipo, y puede que las cosas fueran a peor, no a mejor, como había empezado a creer. Demonios, puede que sí fuera un lunático, como todos temían. Al menos de una cosa estaba seguro: no había superado su obsesión por los puntos. Siempre que descubría una interesante serie de puntos, le invadía una acuciante necesidad de unirlos.

Mientras veían las noticias de la tarde, Isabella había pulsado el botón de rellamada de su móvil al menos cinco veces. Quienquiera que quisiera ver en Forks no había contestado. Algo le decía que ella no aguantaría mucho más en una espera pasiva. Prácticamente había reconocido que no le gustaba estar allí y que se marcharía tan pronto hubiera resuelto sus "asuntos personales".

Un sonido de coche surgió del sendero que comunicaba las cabañas con la recepción del hotel. Unos faros iluminaron las cortinas brevemente, antes de dirigirse hacia la carretera principal.

Su único huésped abandonaba el barco. ¿Habían obtenido, por fin, respuestas sus llamadas? ¿O se escabullía de la ciudad y su cuenta de hotel? Edward consulto su reloj y tomó nota de la hora: las 22:25.

En Forks no había nada interesante a esta hora de un día laborable de principio de primavera. Al menos, nada que pudiera atraer a una turista de gustos refinados. El café Rio cerraba puntualmente a las nueves. El bar de Hang, el único bar de la localidad, solía permanecer abierto hasta la medianoche, suponiendo que tuviese clientela, aunque a Edward le costaba creer que los encantos de ese antro pudieran seducir a Isabella.

Se acercó a la ventana y siguió con la mirada los hacen gemelos que el elegante utilitario amarillo proyectaba sobre la carretera. Torció a la izquierda, hacia la ciudad, y no a la derecha, hacia la autopista.

Perfecto, no se marchaba sin pagar la cuenta. Iba a reunirse con alguien. Sin embargo, una dama que tiene miedo de la oscuridad no suele salir sola a esas horas, salvo que sea absolutamente necesario. Alguien o algo en la ciudad debían de ser de vital importancia para Isabella Swan.

Edward vivía en Forks desde hacía meses. Era una ciudad muy pequeña, un lugar donde nunca sucedía nada fuera de lo corrient5e. Qué demonios, por eso había decidido mudarse allí. A primera vista, no se le ocurría nadie de la comunidad capaz de asustar a una mujer como Isabella, aunque apostaría a que algo la asustaba.

¿Y por qué demonios tenía que importarle?

Pensó en la mezcla de ansiedad y sombría determinación que había visto vibrar en ella la tarde entera. El sabia reconocer una expresión de coraje descarnado y valentía pura cuando la veía. También sabía lo que es salir de noche para enfrentarse a los malos. Es algo que no se hace a solas, excepto cuando no hay alternativa.

Quizás a Isabella le viniera bien una fuerza de apoyo.

Cogió las llaves y la chaqueta y se dirigió hacia el todo terreno.


Feliz navidad. Espero que la pasen muy bien con su familia.

Este capitulo es cortito pero interesante... antes de año nuevo subiere el siguiente que esta muy bueno...