Bueno les traigo una adaptación de un libro que termine de leer hace poco, los personajes pertenecen a Isayama y la idea es de Nancy Kilpatrick


Capítulo 10

La sirvienta volvió a aparecer con otra bandeja al día siguiente, nada más ponerse el sol. Hanji había dormido agradablemente hasta bien entrada la tarde, a pesar del caos y de los acontecimientos del día anterior. Se sentía renovada y hambrienta, y seguía comiendo aún cuando Levi entró.

Él se sentó frente a ella y la observó. Aquella noche Hanji se sentía más fuerte, no tan vulnerable. Siguió comiendo sin apresurarse, tomándose su tiempo. Él podía esperar. Cuando terminó, dejó el tenedor y el cuchillo, se limpió la boca y se reclinó en el asiento.

Los minutos pasaron. Ninguno de los dos habló. Ella se sirvió un té en una taza de porcelana china azul y blanca, y dio un sorbo. Los minutos siguieron transcurriendo. Hanji se sentía observada, era como si él la estuviera analizando con un microscopio, como si la examinara de cerca. Sin duda buscándole defectos.

— He decidido que te quedes aquí hasta que nazca el niño. Después te irás, pero el niño se quedará.

Hanji dejó la taza y el plato en la mesa.

— No quiero tener al niño. Te lo he dicho, quiero abortar.

— Lo que tú quieras es irrelevante.

— ¿Otro ultimátum? O lo hacemos a tu modo, o me matas, ¿no es eso?

— Sí, a mi modo.

— ¿No te cansas de controlar el universo? Debe ser tedioso tener que hacer siempre el papel de Satán.

Se sentía valiente. No estaba dispuesta a soportar sus chorradas patriarcales.

— Ese es el trato. Te quedas, tienes al niño y te vas. Eso es todo.

— ¿Y qué saco yo de ese trato?

— Tu vida.

— Quizá eso ya no sea suficiente para mí.

— No recuerdo haberte dado a elegir.

— Me escaparé. O abortaré.

— Intenta una de las dos, y te encadenaré a esa cama durante ocho meses.

Hanji se quedó callada. Él la había puesto entre la espada y la pared, y los dos lo sabían.

— ¿Por qué quieres a ese niño? Ni siquiera crees que sea tuyo. ¿Quieres beberte su sangre?

— Eres una estúpida. Me sorprende que aún no hayas provocado a nadie lo suficiente como para que te mate.

— Siempre amenazando... ¿por qué? Tienes poder; tanto físicamente como en los demás sentidos. Pero te comportas como un niño con un martillo de juguete: tienes que machacarlo todo a tu alrededor.

Levi se puso en pie y se acercó a la ventana. Le daba la espalda. Recogió la cortina a un lado para mirar fuera.

— Puedes hacerlo por las buenas o por las malas, a mí me da igual — dijo él, añadiendo mientras se daba la vuelta — Pero lo harás, eso te lo garantizo.

Hanji se mordió el labio inferior, preguntándose adonde quería llegar a parar.

Entonces, como si le leyera el pensamiento, él explicó:

— Por las buenas el plan es el siguiente: te quedas aquí, te comportas de un modo civilizado, te cuidas, siempre dispuesta para mí como la otra vez, y dentro de ocho meses tienes al niño. Al día siguiente te vas.

— ¿Y por las malas?

— Lo mismo, excepto porque yo uso la fuerza. Y eso no te va a gustar.

Levi caminó hacia la puerta y la abrió. Luego añadió:

— Piénsalo. Y hazte un favor.

Acto seguido se marchó.

Minutos después Hanji intentó forzar la puerta. Estaba cerrada.

. . .

Hacia media noche Levi volvió y la llevó escaleras abajo.

Mikasa, Eren y Erwin esperaban en el salón, sentados en un sofá junto a la chimenea. Levi tomó asiento en una silla frente a ellos.

— Siéntate a mi lado, Hanji — dijo Erwin, dando un golpecito sobre el sofá.

Ella se sentó y miró a su alrededor. Los cuatro la observaban atentamente.

— Queremos hablar contigo acerca de lo que está ocurriendo. Me imagino que tienes que estar confusa — dijo Erwin.

Hanji exhaló y dejó caer los hombros. Otra vez se sentía cansada. Y deprimida. Pero era bueno que Erwin se mostrara tan amable, de otro modo quizá hubiera intentado hacer una tontería. Casi sentía deseos de suicidarse.

— Lo que te ocurre, tu embarazo, es muy, muy poco frecuente. En realidad es algo extraordinario.

Mondo weirdo — dijo Mikasa.

— Según la leyenda, solo una vez cada mucho tiempo uno de nosotros puede reproducirse a través del parto — continuó Erwin — Un macho puede inseminar a una hembra mortal. Parece que al revés es imposible.

Dios mío, pensó Hanji. ¿Una hembra mortal? Todos ellos se creían dioses. Estaban seriamente enfermos.

— Ocurre cada pocos cientos de años — continuó Erwin — tan poco a menudo, que cuando de hecho se produce nos cuesta creerlo. Ninguno de nosotros existía cuando ocurrió la última vez. Y yo soy el único aquí que ha oído hablar de la leyenda.

— El hijo divino — dijo Eren.

Un niño demoníaco, pensó Hanji.

— ¿Y por qué ocurre? — dijo ella, al tiempo que se preguntaba por qué les seguía la corriente a esos locos.

— Nadie lo sabe — contestó Erwin — Lo único que sabemos es que las condiciones tienen que ser buenas, tanto en relación al macho como a la hembra, al momento, al equilibrio químico, las circunstancias, quizá incluso la luna. Sencillamente, no lo sabemos. Pero lo que sí sabemos es que ese niño es muy especial para nosotros.

— ¿Será... es decir... beberá sangre, o lo que sea que seáis vosotros?

No podía creer que estuviera diciendo eso. Lo cierto era que toda la conversación parecía irreal.

— El niño será medio mortal, medio inmortal. Se decidirá según qué influya más en su vida, sea niño o niña.

— En otras palabras — añadió entonces Eren — si el niño es criado por mortales, probablemente vivirá una existencia mortal y morirá de muerte natural. Si es criado por los de nuestra especie, lo más probable es que sea inmortal. En cualquier caso, debe decidir justo antes de la pubertad. Si decide ser inmortal, su vida se detendrá a la edad que desee.

— Comprenderás, Hanji — siguió diciendo Erwin — que debido a la rareza del caso, queremos que el niño se quede con nosotros, adonde pertenece naturalmente. Y como de todos modos tú no lo quieres, queremos hacerte una propuesta.

Hanji se sentó cómodamente a escuchar. Sus discursos parecían tan lógicos, que tenía que repetirse en silencio que estaba tratando con locos. Pero no podía evitar la sensación de sentirse rodeada de buitres, listos para acabar con ella hasta dejar los huesos limpios. Y para comerse también al feto, nada más sacarlo de su cuerpo.

— Quédate con nosotros hasta el final del embarazo. Nosotros cuidaremos bien de ti, te ayudaremos en todo lo que podamos. Y cuando el niño haya nacido podrás marcharte libremente, sin preocupaciones y sin reproches. El niño vivirá rodeado de amor, tendrá más del que necesite. Tú habrás terminado y podrás comenzar tu vida de nuevo.

— ¿Y el virus? Probablemente él también lo tendrá.

— Nuestras células han mutado — dijo Eren — Puede que el niño desarrolle anticuerpos, o puede que no, no lo sabemos. Esa es otra de las razones por las que debe quedarse con nosotros. Si se queda consumirá solo sangre, reforzando así las células que tenga como las nuestras, que son inmunes a las enfermedades mortales.

— ¿Y qué tipo de peligros correré yo?

— Nadie aquí te hará daño.

Hanji miró a Levi. Él cruzó los brazos sobre el pecho en un gesto a la defensiva, con aires de suficiencia.

— Me refiero al nacimiento — explicó — Si no va a ser un niño normal, no puede ser tampoco un nacimiento normal.

Erwin se agitó en el asiento muy ligeramente, pero Hanji lo notó.

— Será difícil, ¿verdad? Puedo morir en el parto.

— Nadie conoce los peligros que conlleva — dijo Erwin — Tal como te he dicho, es la primera vez para nosotros cuatro. Hemos mandado mensajes a nuestra comunidad. Si alguien sabe algo, estaremos en contacto.

— ¡Estupendo! Así que queréis tenerme aquí encerrada, como una prisionera...

— Como una prisionera no — dijo entonces Mikasa — Podemos ser una gran familia... todos.

— Sí, claro — contestó Hanji — Excepto porque yo soy la única que no puede salir.

— Serán solo ocho meses — le recordó Erwin.

— Sí, al final de los cuales quizá muera dando a luz a otro chiflado, probablemente a un asesino genéticamente programado. ¡Gracias, pero no, gracias! — exclamó Hanji, poniéndose en pie — No pienso hacerlo. Y no podéis obligarme. Podéis torturarme o encadenarme a la pared, pero no lo haré. Me dejaré morir de hambre si es necesario, y si me obligáis a comer, vomitaré. O lo mataré sin piedad. Ya estoy harta de tantas intimidaciones.

Todo su cuerpo tembló. Estaba muy alterada, agresiva, se sentía despótica e impulsiva. Sus ojos se desviaron como locos hacia la ventana, y se imaginó precipitándose por ella.

Estaban al nivel de la calle, así que no moriría en la caída. Pero fácilmente podía lanzarse contra el cristal irrompible. Hanji lo oyó romperse en su mente, e imaginó el golpe contra el suelo. Recogería los pedazos rotos a manos llenas y rápidamente, se cortaría las venas de ambas muñecas. Se cortaría también las venas de detrás de las rodillas y se desgarraría el cuello, dando con la arteria apropiada. Estaría muerta en cuestión de segundos, y ellos no podrían salvarla.

— ¡Hey, para! — exclamó Mikasa, agarrando firmemente a Hanji de los hombros y mirándola a los ojos, forzándola a abandonar aquella macabra fantasía y a volver a la realidad — No es el fin del mundo. Te estás poniendo hecha una furia.

De algún modo Hanji supo que Mikasa sabía lo que ocurría en su interior. De pronto se sintió de nuevo agotada, asustada y triste, completamente hastiada. Antes de que pudiera darse cuenta, estaba gritando como un bebé en brazos de Mikasa, llorando a moco tendido.

— ¡No puedo, no puedo hacerlo! No me lo pidáis, ¡no puedo!

Erwin y Mikasa se sentaron con ella. Eren le preparó una taza de té. Todos esperaron a que se la tomara. Todos menos Levi, que permaneció distante. Los tres le hablaban, haciéndole comprender que no estaba sola, que ellos harían cualquier cosa por ayudarla.

Pero Hanji sabía que solo estaban fingiendo, que solo querían hacerle creer que estaban de su parte. La verdad era que no tenía elección.

Después de un rato, Ella al fin dijo:

— No quiero hacerlo, aunque supongo que no me queda más remedio. Pero yo también tengo mis condiciones. Si estáis de acuerdo, prometo no intentar hacerme daño a mí misma ni al bebé.

— ¿Cuáles son esas condiciones? — preguntó Erwin.

Hanji la miró y afirmó:

— Quiero mi libertad. Quiero salir fuera. No pienso pasarme ocho meses encerrada en esa habitación.

— Bueno, ya se nos ocurrirá algo — aseguró él.

— Quiero que me vea un médico con regularidad para asegurarme de que todo va bien.

Ellos se miraron los unos a los otros.

— Será un problema, pero podemos arreglarlo.

— Y necesitaré cosas: ropa, libros, películas, aún no lo sé exactamente.

— Eso es fácil — dijo Mikasa.

Hanji dirigió entonces la vista a Levi. Las miradas de ambos se encontraron.

— Y él tiene que prometer que me dejará en paz.

Hubo un silencio. Erwin habló entonces en voz baja y suave.

— Hanji, te lo dije. En nuestro mundo tú perteneces a Levi. Él tiene la última palabra en esto. Y una de las cosas que sí sabemos sobre estos nacimientos es que el macho debe tener un papel importante.

— ¿Adónde pretendes llegar?

— Tienes que follártelo — explicó Mikasa.

— ¡No! ¡Me niego!

Levi se echó a reír.

— Hanji, permíteme que te lo explique de otro modo — dijo Erwin — El niño que llevas en tu seno sentirá tu influencia automáticamente. Tengo un libro que quizá quieras leer, La vida secreta del niño antes de nacer. Explica, documentándolo con casos, cómo el feto se ve influido por su madre desde antes del nacimiento, mientras está en el útero. También es evidente la influencia del padre, en la misma medida, cuando está presente. En el caso de este niño, y dado que se sentirá dividido entre tu mundo y el nuestro y que queremos guiarlo al nuestro lo más posible, Levi debe tener el mayor acceso a él para que su influencia sea fuerte y clara. Él y el niño deben estar muy vinculados.

— No comprendo adonde quieres llegar a parar — temiéndose que comprendía perfectamente.

Fue Levi quien respondió.

— Quiere decir que tengo que estar contigo todo el tiempo que pueda soportarlo hasta que nazca el niño. Entre otras cosas, mi hijo sentirá mi poder a su alrededor, protegiéndolo. Necesita saber que estoy con él.

— Tómatelo como una aventura amorosa — sugirió Mikasa, que paso el brazo por sobre sus hombros en forma de abrazo.

— Sí, una aventura amorosa sin amor — musitó Hanji.

Y con el diablo por amante.


Yietzelle el capitulo dedicado a ti, ya que con esos "regalitos" a cualquiera le gusta actualizar y también a Talii que ella si al no recuerdo pidió actualización en el hermoso y desconocido grupo "Levihanji fans" mis amores

Muchas gracias por los review