Narra Santana
R: Esta noche es perfecta.
S: Y aún queda mucho por delante.
Rachel se coloca encima de mí, me besa el cuello y desata los botones de mi camisa. Yo me desprendo de su jersey también.
Noto su lengua pasando por mi ombligo, y sube y baja por mi barriga y se detiene en mis pantalones. Cambiamos y ahora es ella la que esta a bajo, noto su lengua en la mía, dulce y deliciosa. Es el momento, sé que está preparada y es lo que quiere. Y yo me muero de hacerlo también.
Bajo las estrellas, no se me ocurre mejor sitio en el que estar ahora mismo, y estoy con ella.
Como puedo trato de quitarle el sujetador a Rachel, ella me ayuda y pasa su lengua por mi oreja. Toco su espalda desnuda y le doy besos por el brazo, cada vez más a bajo. Ella me quita a mí el sujetador también. La piel de Rachel cada vez está más caliente. Rachel coge mi mano y la pone en su pecho, es pequeño pero me gusta. Luego yo cojo la mano de Rachel y la pongo en mi pecho. Después vuelvo a bajar con mi lengua por sus curvas y llego a los pantalones, la miro y ella asiente. Desato los botones y lanzo los pantalones lejos, ahora sólo quedan las braguitas. Toco su cintura y su piel se eriza.
S: Tranquila, ¿vale? Contra más nerviosa, más te dolerá, sólo dime si quieres que pare, ¿si? – Rachel asiente.
Procedo a quitarle la última prenda de ropa, noto como poco a poco está más a gusto y más cómoda.
Subo para darle un beso, y mi mano entra en Rachel, ella hace un pequeño gemido que corta con un beso. Juego con los dedos en dentro de ella y cada vez se pone más caliente, su piel arde, me gusta. Cada vez entran más adentro y los gemidos de Rachel cada vez son más grandes y más largos.
S: ¿Te estoy haciendo daño? – Rachel niega con la cabeza.
Sé que le está doliendo un poco, pero no me lo va ha decir, y yo no voy a parar porque se que ella no quiere que lo haga. Le beso el cuello para que cada vez esté menos nerviosa y le duela menos. A medida que mis dedos entran más en Rachel, ella gime más y eso me excita. Y llegamos al último punto, intento hacerlo lo menos doloroso posible, Rachel gime de tal manera que hasta sus padres podrían habernos escuchado. Lentamente retiro mi mano de dentro de ella y la vuelvo a poner en su pecho. Le muerdo un pezón con mi boca y ella vuelve a gemir.
Vuelvo a sus labios y esta vez saben mejor que nunca.
R: Te quiero. – la beso una vez más para que sepa que es correspondido. – Estoy muy cansada, si no fuera por eso, te haría…
S: Shhhh… es hora de dormir.
Cojo mi camiseta y me la pongo. Luego busco el jersey y las bragas de Rachel y se las doy, ella se lo pone. Pero no encontramos sus pantalones.
R: No importa, no los busques, estoy bien así.
Cuando nos queremos dar cuenta está amaneciendo.
S: Rachel, mira, está amaneciendo.
R: Siempre he querido ver la puesta del sol con la persona especial. – se gira y me besa. – hoy ha sido el día más especial de mi vida y todo gracias a ti.
S: Deja de decir eso. – le digo queriendo parecer enojada.
R: Te quiero. Te quiero. ¡Te quiero! – me dice alzando la voz.
S: Y yo a ti.
Rachel se sienta delante de mí, la cojo por la cintura y le hago caricias.
S: ¿Te he dicho lo preciosa que estás hoy? – Rachel se sonroja.
Nos quedamos unos minutos mirando el amanecer en silencio. Después nos estiramos en una manta y se pone encima de mi pecho. Hace bastante frío, así que con la otra manta la tapo.
R: Gracias. – Me da un último beso antes de quedarnos dormidas.
