CAPITULO II
Es domingo, son las once de la mañana y me acabo de despertar. Ayer llegué a casa pasadas las dos de la mañana, tras despedirme de mi Diosa, los otros dos Cullen, los Hale y de Jacob y sus amigos. Aun con sueño me levanto de la cama y me dirijo al baño. Antes de entrar a ducharme, suena el mi móvil y tengo que volver corriendo a mi dormitorio chocando con algún que otro objeto por el camino.
— ¿Sí?
— Bella, soy Alice Cullen
— Buenos días
— Se que es domingo y que puede que tengas planes. Si no vas a hacer nada quizás quieras venir con Rose y conmigo a Port Angeles— me dice rápidamente
— Claro que me apetece, me has ahorrado tener que estar todo el día aburrida en casa sin hacer nada— contesto alegre
— En veinte minutos te pasamos a recoger, iremos en el coche de mi hermana
Una vez cuelgo el teléfono corro a la ducha, donde de no ser por la cortina me habría roto el cuello. En un abrir y cerrar de ojos vuelvo a estar fuera y ya en mi habitación. Me visto con unos tejanos ajustados medio rotos, una camiseta negra en la que en rojo pone Kiss me y encima una chaqueta. Antes de que pueda plantearme si la ropa que me he puesto es demasiado informal, o no, escucho como llaman al timbre.
— Ya bajo— digo cogiendo mi bolso con las llaves de casa, el móvil, el monedero, el paquete de tabaco y el ipod.
— Buenos días, Bella
— Hola Alice— contesto sonriéndole mientras mi mirada se dirige al precioso deportivo rojo en el estaba apoyado Rosalie
— Le gusta llamar la atención de los hombres— bromea la menor de los Cullen— Hoy conseguirá mínimo un par de números de tíos que babeen al verla— dice con una sonrisilla pilla, aunque a mi me entran más ganas de llorar tras sus palabras que de reír.
Arrastrando mis pies me dirijo hacia el coche, donde empieza mi infierno particular con una Diosa de cabello rubio.
— Bella
— Rosalie, bonito coche— observo acariciando el lateral
— Es mi mayor capricho, me dejé gran parte de mis ahorros en esto al terminar el instituto y comenzar en la universidad de Seattle. Este año he vuelto a Forks para trabajar en el hospital
— ¿Eres doctora?— pregunto sentada en el asiento del copiloto, y preguntándome cuantos años tendrá
— Abogada, terminé este verano con honores
— Nuestra pequeña Rose, a sus 22 años, fue la primera de su promoción. Emmett no ha querido seguir estudiando después del instituto, es más un hombre de acción que de hincar codos— comenta Alice desde el asiento trasero— ¿Cuántos años tienes Bella?
— Acabo de cumplir los 18. Este año trabajaré aquí en Forks y el año que viene me pagaré la universidad en Seattle, quiero estudiar económicas— declaro intentando mirar fijamente para delante y no mantener mi mirada fija en Rose
— Un buen partido serás— dice mi Diosa poniéndose las gafas de sol— el chico que logre que te fijes en él se llevará a una joven brillante; no como Jasper con mi hermana, pobrecillos tanto él como Edward— bromea a la vez que la pequeña de los Cullen le da un suave golpe en la cabeza
— La chica, no el chico— aclaro yo, sabiendo que el no decir desde un principio que me gustan las mujeres es una completa tontería
— Creo que a mi Jasper lo vas a hacer inmensamente feliz, por fin podrá con alguien hablar de chicas— dice Alice— ni Rose, ni Edward, ni Emmett, ni yo podemos tener ese tipo de charlas con él, a todos nos van los tíos. Le vas a caer incluso mejor de lo que ya le caías— comentó riendo la pequeña duende— y a nosotras nos vas a venir perfecta para opinar sobre como nos queda la ropa.
Estoy a punto de decirle a Alice que no me gusta ir de compras pero su hermana mayor me hace un movimiento con la cabeza para que no lo haga. El resto del trayecto pasa en silencio, con la música de la radio llenando el ambiente que se ha creado entre las tres, uno tranquilo y que nunca había sentido con personas que conozco desde hace menos de 24 horas.
Al llegar a Port Angeles, Alice me coge del brazo y me arrastra a una calle llena de tiendas, la pesadilla va a empezar aunque cuando siento SU mano en mi hombro realmente nada me importa, como si tengo que pasar el resto de mi vida de tiendas. Demasiado pronto, a mi parecer, separa su mano de mi.
— No sabes donde te has metido— me advierte caminando detrás de nosotras, con su paso provocativo y que logra que varios hombres se giren a verla
— En la boca del lobo— le contesto mientras mis manos son llenadas de ropa entre la que puedo distinguir una minifalda, una camiseta con un escote de vértigo y un vestido que solamente he visto puesto a las estrellas de Hollywood— ¿Piensas que me voy a poner algo de esto?— pregunto a Alice con el ceño fruncido, lo que hace hacer reír a Rose
— Por supuesto que te lo vas a poner, tienes que mostrar bien tus atributos para que los chicos babeen por ti aunque sepan que eres inalcanzables para ellos, y para que las chicas hagan lo mismo— me contesta sonriendo y abordando ahora a su hermana que pone cara de resignación ante aquello
Cada prenda de ropa que Alice le pasa a Rose hace que mis hormonas se disparen un poco más, a este paso voy a tirarme encima de ella. Suspirando profundamente salgo de la tienda, a la acera, donde con los dedos temblando saco un cigarrillo que se me medio resbala de los dedos. Tranquila Bella, tranquila que solamente es una mujer como tú, me digo mentalmente apoyada en el escaparate mientras cierro los ojos y le doy un par de caladas al pitillo para intentar que mis nervios remitan.
— Hola— escucho que me saluda una voz femenina
— Hola
— ¿Tienes fuego?— me pregunta la chica mirándome profundamente
— Claro, claro— respondo pasándole el mechero
— ¿Y cual es tu nombre?
— Bella, ¿y el tuyo?
— Joy, encantada— contesta acercándose a mi y dándome dos besos, justo en el momento en que Rosalie y Alice salen de la tienda
— No se te puede dejar ni dos segundos sola que ya andas ligando— dice Alice— a este paso le vas a quitar el puesto a Rose— bromea ahora la pequeña
Entre Joy, mi Diosa y yo se instala un incómodo silencio. No se si es porque no le ha hecho gracia la broma de su hermana, o que, pero su semblante es completamente inexpresivo.
— Es imposible que yo le quite el puesto a tu hermana, ella es simplemente hermosa y yo soy una más del montón— comento levemente
— ¡Tonterías! Espera a que te cambie la ropa que llevas, te arregle ese pelo y te ponga unos zapatos con tacón— me recrimina Alice a la vez que Kate me da un papel con su número de móvil
— Bella 1, Rose 0— sigue burlándose la menor de los Cullen de su hermana quien pasa completamente de la provocación
Toda la mañana nos la pasamos de una tienda a otra, al final he acabado con unos tejanos nuevos, una minifalda demasiado corta para mi gusto, un vestido al que le faltaba tela se mirase por donde se mirase, y un par de camisetas de las que me gustan a mi.
— No puedo más
— Tranquila que ahora comemos y después vamos al cine
Las palabras de Alice me dejan más tranquila, aunque mi tranquilidad se esfuma tan pronto como ha llegado cuando pienso en una sala a oscuras y Rosalie. Nunca me ha pasado lo que me está sucediendo ahora, el pensar en algo tan inocente y ponerme como una moto, creo que este va a ser un largo año de duchas frías.
— Por hoy terminó el la Alice adicta a las compras— susurra aliviada la mayor de las hermanas Cullen
— Hemos sobrevivido, habrá que celebrarlo— le contesto yo también aliviada
Una vez terminamos de comer, las tres vamos caminando al cine. La película es una de estas románticas sin sentido pero que hacen creer en el amor para toda la vida, aunque todo el mundo sepa que es una utopía, o casi todo el mundo porque Alice si que cree en él.
La vuelta al pueblo, una vez terminada la película, es relajada sin tener que soportar a Alice hiperactiva por las compras. Antes de volver a encerrarnos en nuestras respectivas casas, las Cullen deciden ir a ver a Emmett y los chicos a Amanecer.
— Mi clienta preferida— grita el hermano de mis dos nuevas amigas mientras me abraza fuertemente
— Jasper, cariño, tengo una buena noticia para ti— dice Alice con su cantarina voz después de separarse de los labios de su novio
— ¿Qué noticia?
— Ya tienes con quien hablar de mujeres, con Bella. Tranquilo que ya no te quedarás aburrido mientras nosotros hablamos de chicos
— ¿Eres...?
— Sí, Jasper. Me gustan las mujeres como a ti, tu novia y su hermana están realmente buenas— bromeo con él guiñándole un ojo y haciéndole sonreír.
— Alice es mía— comenta en tono bromista rodeando con sus brazos el cuerpecito de su chica— si quieres te puedes quedar con Rose, no me importa nada que te quedes con mi cuñada
— Si me proporcionas inmunidad policial durante el resto de mi vida te permito quedarte con mis hermanas, incluso si quieres te las envuelvo en papel de regalo— interviene Emmett
— En papel de regalo es como te tendríamos que haber enviado a Edward, santa paciencia la suya. No me quiero imaginar que le haces para que no te haya mandado ya a tomar viento— contraataca ahora Rose logrando que su hermano se pusiera de morros
— Si yo te contara lo que me hace para que lo soporte, te garantizo cuñada que te tendrías que tapar esas bonitas orejas que tienes. Tú mente no soportaría las perversiones que hacemos tu hermano y yo— declara Edward cogiendo la mano de su chico
Después de esa frase del mayor de los Hale, empieza una graciosa disputa entre él y mi Diosa, que nos logra hacer reír a los demás. Pasada la una, Alice se va con Jasper a casa, Edward se queda conversando con su chico y yo le pido a Rose si puede acercarme a casa.
— Gracias por la invitación de hoy— agradezco bajando del coche y cogiendo las dos bolsas de ropa
— No ha sido nada, me has ayudado a soportar a mi loca hermana obsesionada por las compras— comenta condescendientemente Rose
— Buenas noches— me despido caminando hacia mi casa, cuando mi torpeza se hace presente y me tropiezo
Cierro los ojos y me preparo para estamparme contra el suelo, pero eso nunca llega a suceder porque unos brazos me cogen y lo evitan. Su aroma me intoxica completamente, su tacto quema en mi piel y su presencia me llena por completo.
— Ten más cuidado, no quiero tener que escuchar los gritos de mi pequeña y duende hermana al verte con algún rasguño
— Gra...gracias— logro vocalizar tras abrir los ojos y encontrarme con esos ojos azules verdosos, que me miran fijamente con preocupación— por salvarme de una estrepitosa y avergonzante caida— digo poniéndole un cigarro en el bolsillo delantero de su camisa
— Ya te debo dos— me comenta soltándome y acercándose a su coche para emprender el retorno de vuelta a su casa.
Y allí fuera, en plena noche me quedo estática, viendo por donde se pierde su coche. Si algo tengo claro en estos momentos es que estoy enamorada, completa e irremediablemente, de Rosalie Cullen porque aunque hasta ahora pensara que el amor incondicional a alguien era una utopía, su presencia me ha demostrado lo equivocada que estaba. Camino lentamente los metros que me separan de mi casa y me dirijo directamente al baño, a darme una o varias duchas de agua helada, pensando en ella, mi Diosa de cabellos rubios.
TBC...
Hola de nuevo. Se que es un fic raro pero no suelo escribir cosas muy normales así que me alegro que la gente que se anime a leerlo aunque sea una minoría, este lo escribo porque me apetecía a mi sin esperar que muchos compartan mi gusto por él.
Quiero agradecer a Caaaaaaaaaaaaami y a , por dejar sus comentarios en el primer capítulo.
Un saludo y espero que este segundo capítulo os haya gustado.
Nos vemos
