N/A: Gracias por tus comentarios "IsisLes5" :), me alegra que te gustase el capítulo anterior y lo que pasa es que Puck se tiene que dar cuenta de lo que siente por Rachel, le va a costar un poquito, pero el drama comienza en este capítulo así que las cosas empiezan a agilizarse ;).
- Tengo el solo más alucinante que podáis imaginar. – Fardó Mercedes durante Matemáticas, sentada entre Rachel y Kurt. – Ni siquiera vosotros podréis superarme, por cierto, ¿qué vais a hacer?
- Dúos. – Respondieron los dos al mismo tiempo, con resignación.
- Bueno, no importa, seguro que os supero, aunque estéis los dos juntos…
- Tranquila, hacemos dúos, pero separados. – Dijo Kurt, copiando sin ganas las ecuaciones de la pizarra. No se molestaban en modular el tono de voz, total, la clase era un caos. El profesor dormitaba en la mesa, al inicio del aula, mientras los alumnos hacían de las suyas.
- ¿Y eso? – Preguntó Mercedes extrañada, ¿por qué no se lucirían?
- Mr. Schue. – Respondieron a coro de mala manera.
- Ah… ¿y con quien vais a cantar? – Volvió a preguntar aún más confusa, ¿no era que el Sr. Schue les había dejado elegir libremente con quien y que trabajar?
- Finn. – Respondió Kurt.
- Puck. – Respondió Rachel.
- Uf… - Frustrado, Kurt tiró el bolígrafo sobre la mesa y se volvió hacia sus compañeras. – No sé qué hacer con él.
- ¿Con Finn? – Inquirió Mercedes, por su parte, Rachel trató de resolver los problemas de Matemáticas antes de enfrentarse a los de la vida real, solo escuchar el nombre de "Finn" la hacía temblar, aquel día, no sabía muy bien por qué, estaba más sensible de lo habitual.
- Sí… ayer estuvimos toda la tarde en internet, le enseñé todos los musicales que existen y no se decidió por ninguno. Dice que todos son demasiado "homo" y que él es el Quarterback del equipo del colegio y bla, bla, bla… en serio, no sé qué hacer.
- La verdad es que es difícil… hacer un dúo de dos chicos, y más con Finn… y de musicales… muy difícil.
- Mercedes, cariño, con eso no me ayudas.
- Tal vez si lo retas o haces una apuesta con él…
- Explícate.
- Finn es un hombre simple, y muy competitivo, solo prométele algo que verdaderamente sepas que quiere y seguro que conseguirás que haga lo que te apetezca.
- Interesante…
Kurt dejó que su mente vagase a la semana anterior y recordó un episodio que vio sin querer… tal vez aquello le sirviera.
Mercedes sonrió en su fuero interno sabiendo que esa semana sería la mejor. Estando separados, Kurt y Rachel no presentaban una gran amenaza, con lo cual, era su oportunidad perfecta para lucirse. El resto del Club no le preocupaba, y tenía una canción tan impresionante que el instituto entero se estremecería con su voz, sería su gran momento.
Rachel había hundido la cabeza en su libreta y garabateaba números sin sentido mientras escuchaba la conversación. ¿Qué podría ser tan importante para Finn como para prestarse a hacer un dúo con Kurt? Vale que ahora eran hermanos, pero Finn siempre sería Finn, eso ella lo sabía muy bien, de ahí que, en el fondo, aunque en su cabeza se había prometido eliminarlo de su vida, en su corazón seguía latiendo la esperanza de recuperarlo porque… seguro que él aun sentía algo por ella, aunque fuese algo débil… pero si el sentimiento aún estaba ahí tendría una oportunidad, y no la dejaría pasar.
El timbre sonó y los tres se separaron, Mercedes fue a Química, Kurt a Inglés y Rachel a Historia, cada uno sumido en sus particulares pensamientos.
La hora del Club Glee no se hizo esperar y todos se reunieron en la sala del coro. Mr. Schue entró más animado que de costumbre y comenzó con unos ejercicios de vocalización. Esta vez notó algo raro, faltaba intensidad… los miró de uno en uno y vio que Rachel andaba distraída, al igual que Sam. No quiso parar el ejercicio, así que solo los observó, creando una nota mental en la cual rezaba: "Tutoría especial con Berry y Evans".
- Bien, ahora pasemos a vuestra tarea semanal, supongo que me diréis que no pero… ¿alguien tiene ya preparado su número? – Preguntó Will, esperando la negativa.
- Yo puedo cantar mi canción Sr. Schue… pero no tengo el atrezo ni nada, no creo que pueda hacer mi actuación perfecta sin eso. – Dijo Mercedes.
- Entonces esperaremos… ¿qué necesitas?
- Pues necesito unos… mejor se lo digo después… es para mantener el suspense, quiero que sea una sorpresa. – Dijo Mercedes, de forma misteriosa, consiguiendo que todos la mirasen.
- Bueno… como quieras… ¿nadie más?
Ninguno respondió, ¿qué esperaba? De un día para otro no se podía hacer un buen número, pero Will veía una falta de compromiso tremenda así que pensó en ponérselo un poco más difícil.
- Bien, como aun estáis procesando vuestros números creo que voy a tener que imponeros otra tarea. – Anunció Mr. Schue viendo como todos empezaban a poner pegas.
- ¿Qué? ¡No, Sr. Schue! Ya es suficiente con lo que tenemos. – Dijo Finn, ¿por qué tenían que interesarse por los malditos musicales?
- Es cierto, recuerde que no solo existe Glee, tenemos asignaturas que atender. – Dijo Artie.
- Sí, y yo tengo que terminar de incubar mis polluelos. – Dijo Brittany completamente fuera de lugar.
- ¡Hey, chicos! Yo dirijo, ¿entendido? Y creo que tengo que indicaros un par de números más, no será gran cosa. Les mandaré uno a los chicos y otro a las chicas y, quien lo haga mejor… tendrá una recompensa. – Añadió el profesor, captando la atención de algunos y recibiendo el desprecio de otros.
- ¿Qué números serían? – Preguntó Kurt.
- Las chicas harían "The celda tango", del musical "Chicago", y los chicos "Greased lightnin'", del musical "Grease". Es algo sencillo, creo que todos conocéis las canciones y la performance se reduce a una coreografía decente. – Explicó Mr. Schue.
- ¿Un tango? Ya quiero ver eso. – Dijo Puck, revisando a cada una de las chicas de arriba abajo.
- Puckerman, cuida tus miradas y céntrate en quien tienes que centrarte, si no ya sabes lo que hay. – Dijo Lauren, estrechando los ojos y mostrando el puño derecho. Ante aquello, Puck tragó saliva y se puso rígido, mirando hacia el Sr. Schue, quien lo observó con compasión.
- ¿No cree que es demasiado, Sr. Schue? – Dijo Rachel débilmente. Todos la miraron extrañados, ¿desde cuándo Rachel Berry intentaba eludir el trabajo? ¿Y por qué no utilizaba ese molesto y agudo tonito de superioridad que tanto la caracterizaba?
- Lo conseguiréis, chicos, pensad en las Regionales, ¡están ahí mismo! Necesitamos lo mejor. – Se escuchó un suspiro de resignación colectivo y Schue supo que los tenía. – Bien, Mike, tú harás la coreografía de los chicos y Brittany, tú harás la de las chicas, ¿habéis entendido todos? – Una vez más la mano de Brittany se alzó. - ¿Sí, Brittany?
- Sr. Schue… me siento confusa… ¿Chicago no era una ciudad? Porque si no lo es… no sé dónde puede haber ido de vacaciones el gnomo de mi jardín. – Dijo una muy preocupada Brittany, Santana puso los ojos en blanco junto a ella y le palmeó la espalda mientras negaba con la cabeza.
- Eh… bueno… creo que tenéis mucho trabajo por delante así que… ¡a por ello! – Y diciendo eso, Will los dejó organizar los números, no sin antes hacer un último llamado. – Rachel, Sam… ¿podéis venir a verme al finalizar las clases?
Ambos se miraron y luego observaron al Sr. Schue. Afirmaron con la cabeza y comenzaron a trabajar en sus distintos grupos. Las coreografías serían complicadas si querían hacer algo bueno, los chicos lo iban pillando pero las chicas parecía que no podían con ello.
- Girad hacia la derecha. – Indicó Brittany, girando precisamente hacia el lado contrario.
- Britt… eso es la izquierda. – Corrigió Santana, cansada de tanta tontería, llevaban como una hora con los mismos tres pasos. - ¿Por qué nos cuesta tanto sacar esto?
- Estamos saturadas, y Mr. Schue no ayuda nada mandando otra de sus tareas. – Dijo Mercedes, sentándose en una silla.
- Hey, levanta tu culo de ahí y sigue con el ensayo. – Protestó la chica latina, mirando a la gran Diva de mala manera.
- ¡Ya no doy más de mí! – Se quejó Mercedes, sin intención alguna de levantarse. – Además, ni siquiera está Lauren, no podemos hacer el número sin ella, necesitamos 6 chicas.
- Mi mujer no va a hacer el número. – Dijo Puck, apostado en el marco de la puerta.
- ¿Qué quieres, Puckerman? Recuerda que si "tu mujer" te ve espiándonos haciendo este baile TAN caliente, te va a arrancar algo, y no va a ser ese cacho de pelo que te hace parecer una mofeta. – Dijo Santana, tratando de ofenderle lo máximo posible y echarlo de allí.
- López, eres una jodida… - Comenzó Puck sin saber muy bien como insultarla, lo había dejado con la boca abierta, ¿ella también creía que Lauren lo manejaba como quería?
- ¿¡Una qué, Puckerman! ¿¡Qué dices! – Gritó Santanta tratando de provocarlo.
- Oh, vamos, dejad de pelearos, San, tenemos que terminar esto, si no Mr. Schue se enfadará. – Dijo Brittany, dándole al Play del radiocasete y colocando a todo el mundo en sus posiciones.
- Yo no bailo con ese delante. – Sentenció Santana sin moverse del sitio. Las otras comenzaron con el baile y Rachel, para no tropezar con Santana, giró hacia el lado contrario y chocó con Quinn, quien cayó al suelo.
- ¡Berry! – Gritó la rubia, teniendo que levantar por primera vez la cabeza para ver a la pequeña chica, que la observaba con las manos en la boca y los ojos desorbitados por la sorpresa.
- Perdón, Quinn yo… - Intentó excusarse.
- ¿Perdón? Dios Berry, sabía que te costaba mantener el equilibrio con esa nariz tuya pero no pensé que pudieses llegar a ser tan torpe, hazle un favor al mundo y enciérrate en algún sitio donde no puedas dañar a nadie con tu estupidez, ¿cuándo aprenderás a no ser tan imbécil? Y luego te preguntas porque Finn no quiere ni acercarse a ti, ¿quién querría estar con alguien tan horrible como tú? ¡No sabes hacer nada bien, solo eres capaz de causar problemas! – Soltó Quinn con fuerza mientras se levantaba.
Rachel trató de respirar y recuperar la compostura, intentó bloquear su mente, aislar las palabras que acababa de escuchar, pero era demasiado tarde… aquellas palabras habían calado directamente en su interior y la habían dejado noqueada. La sala entera estaba en silencio, hasta Puck había dejado de apoyarse en el marco de la puerta y observaba como Rachel se desmoronaba en cuestión de segundos. Trastabilló al dar los primeros pasos, mientras sus neuronas volvían a contactar entre sí para ordenarle a sus pies que la sacasen de allí lo antes posible.
- Quinn… eso ha sido demasiado… - Dijo Tina, corriendo tras Rachel.
- Más que demasiado, Fabray… - Escupió Puck con desprecio siguiendo el camino de Tina, pero sin correr.
Tina recorrió el pasillo entero a la carrera y llegó a los servicios. Abrió despacio el de chicas y vio que todas las puertas de los retretes estaban abiertas… a excepción de la última, de la cual llegaba un pequeño gimoteo. Se acercó lentamente y trató de empujar la puerta, pero Rachel la había cerrado por dentro.
- ¿Rachel? Soy Tina… abre, por favor. – Dijo la chica asiática, esperando una respuesta que no le llegó hasta unos minutos después.
- Vete… por favor, solo… solo vete. – Apenas podía hablar, las lágrimas la estaban matando, literalmente, se le encaramaban con fuerza en la garganta, llegando a oprimirle los pulmones, subiéndole a la cabeza, como un veneno rapidísimo, dispuesto a acabar con su vida.
Y todo porque Quinn había abierto la boca y… porque tenía razón, pensaba Rachel. El problema de su relación con Finn no era él, ni lo que sentían el uno por el otro, maldita sea, ni siquiera era la propia relación... ¡era ella! Ese era el problema. Ella y su afán de protagonismo, ella y su imposibilidad de hacer absolutamente nada bien, ella y… bueno, ella. Realmente no había que darle muchas vueltas, la rubia tenía razón, ¿quién iba a querer estar con una perdedora tan horrible como ella? La angustia se le escapó entre los labios inevitablemente, haciendo que emitiera un gemido lastimero, sacudiendo todo su cuerpo. Se sentía rota, sucia e inservible, quería dejar de existir en ese mismo instante. Finn no la quería porque no se podía querer a alguien tan desagradable como ella. Sintió un pinchazo a la altura del corazón y casi se lo imaginó quebrándose del todo.
Fuera, Tina miraba asustada e impotente la puerta, iba a volver a llamar a la chica cuando escuchó unos pasos a sus espaldas. Puck, más serio que nunca, atravesó el baño entero en un par de zancadas y Tina le dejó colocarse frente a la puerta.
- Rachel, abre ahora mismo. – Exigió Puckerman con rudeza, apretando la mandíbula, haciendo que la sangre huyera de los nudillos de sus manos por la presión extrema que estaba ejerciendo en ellas. ¿Cómo se había atrevido Fabrey? ¿¡Cómo mierda lo había hecho! Rachel era tan vulnerable… y él lo sabía mejor que nadie, no tenía ni idea de por qué, pero lo sabía, y también sabía que la morena que lloraba con fuerza dentro de ese pequeño cubículo no merecía sentirse tan miserable. Mataría a Fabray, estaba decidido, ¿cómo fue capaz de sentir algo por esa perra alguna vez?
- … - Rachel no respondió, ni siquiera lo había escuchado, no quería escuchar nada más, solo desaparecer… si nadie la podía amar, ¿qué sentido tenía seguir respirando?
- R-a-c-h-e-l. – Dijo Puck con dureza, temblando por la rabia de la situación. Estampó un puño contra la puerta y esta se sacudió. – Si no abres tiraré la puerta abajo, no bromeo, lo haré.
- …
Nadie respondió y Puckerman dejó que el otro puño impactara con fuerza contra la superficie de madera, que volvió a retumbar. Tina estaba atónita ante la situación, ¿desde cuándo Rachel era importante para Puck? Él estaba más fuera de sus casillas que nunca.
El chico del mohawk inspiró hondo, cerró los ojos y golpeó con ambos puños la puerta. Se escuchó el pestillo siendo arrancado de la estructura y el repiqueteo de su caída contra el suelo. La puerta se abrió poco a poco y Tina se asomó, encontrándose con una Rachel diminuta, hecha un ovillo junto a la pared izquierda, con la frente apoyada contra las rodillas y el cuerpo temblando violentamente. Ya no sollozaba, solo era capaz de temblar y deshacerse un poco más con cada sacudida.
- Dios mío… - Susurró Tina, poniéndose a su nivel y abrazándola. Estaba helada.
Puck observó la escena desde arriba y casi sintió como el corazón se le detenía. ¿Era aquella Berry? ¿Ese pequeño bulto en el suelo que se estremecía entre los brazos de Tina? Tan débil, tan frágil, ¿estaría Tina apretándole demasiado? ¿Y si se rompía? Puck no pudo soportar la imagen y salió del lugar en busca de aire. Nada más pisar las losas del pasillo el pulso se le reactivó frenético y una nueva idea se conformó en su mente.
