Mientras las pisadas de Puck se oían cada vez más lejanas, Tina no sabía qué hacer con Rachel. No eran las mejores amigas, no hablaban mucho, pero ambas se respetaban, nunca se insultaron ni se miraron mal, jamás. Tal vez si Tina fuese un poco más abierta y Rachel un poco menos protagonista habrían tenido más contacto. Sin embargo… era inhumano ver a una persona tan destrozada como estaba Rachel y no sentirse conmovida. Quería decirle algo que la reconfortara, pero no era muy dada a las palabras… bueno, al menos tendría que intentarlo.
- Ra… Rachel… puedes… ¿te puedes levantar? – Le preguntó con suavidad, separándose un poco de ella. Pero Rachel no se movía, al menos ya no temblaba. – Rachel… estoy aquí, ¿vale? Estoy contigo… todo… todo va a estar bien, pero… necesito que te levantes, aún queda la otra mitad del día de clases y… mierda, ¿qué más dan las clases? Joder, Rachel no… no te puedo ver así, ¿vale? ¡No puedo! ¡Maldita sea! Ni a ti ni a nadie, pero tú… ¡Dios, eres Rachel Barbra Berry! No te puedes caer de esta manera porque… si tú, siendo tan fuerte como eres, te caes entonces, ¿qué nos queda al resto? – Rachel elevó lentamente la cabeza ante aquello, Tina nunca decía palabrotas y acababa de soltar unas cuantas.
Cuando la chica gótica vio la expresión de Rachel deseó haberla dejado echa un ovillo. El rostro lo tenía empapado en lágrimas, candente, la mirada vacía y algo extraviada, las cejas fruncidas por el dolor, los labios entreabiertos y curvados hacia abajo, ¿no era que ella siempre sonreía? Estaba, definitivamente, rota. Tina se levantó y le tendió una mano… aquel gesto era nuevo, nunca le habían tendido una mano amiga. Se apoyó en ella y se levantó, tambaleándose levemente, no había notado lo exhausta que estaba. Se acercó al grifo para lavarse la cara y se topó con su reflejo, fue solo un instante, porque se asustó al no reconocerse.
Tina tenía algo de razón… ella era fuerte, ¿no? ¿Por qué se había roto de esa manera, tan rápido? Prefirió no pensar y se concentró en el agua cayendo sobre la porcelana blanca del lavabo. Mientras se refrescaba, un golpe hizo que las paredes retumbasen y ambas miraron hacia la puerta… todo seguía en silencio, solo había sido un golpe… Tina le sujetó el pelo a Rachel mientras esta seguía dejando que la fría agua empapara su rostro, quería quitarse las marcas del dolor, realmente quemaban.
Al salir del baño el timbre sonó y el pasillo se llenó de gente. Tina miró a Rachel y, a pesar de que no lloraba, la encontró afectada, así que pasó un brazo sobre sus hombros y la dirigió hacia un sitio donde sabía que no las molestarían.
Las tres horas que les quedaban de clases las pasaron en la parte trasera del escenario del auditorio, entre la tramoya. Rachel no habló ni una sola vez, se limitó a sentarse en el suelo, con la espalda apoyada en la pared y la barbilla reposando sobre las rodillas, sin expresión alguna en el rostro. Tina, sin saber muy bien por qué, empezó a contarle cosas de su vida. Le explicó lo ajena que se sintió al llegar a un país que no conocía, con gente tan diferente a aquella con la que había crecido. Todo era inmenso y estaba lleno de edificios grandes y pesados, con gente en todas partes, corriendo aquí y allá.
Ella venía de un pequeño pueblo del norte de China, estaba acostumbrada a un ambiente más tranquilo y natural, no tan saturado, no tan explotado. Le contó lo diminuta que se veía frente al resto del mundo, en fin, solo era una niña extranjera, ¿qué tenía eso de especial? ¿Quién era ella?
Al principio le pareció imposible vivir allí más de una semana… pero sobrevivió en aquel lugar tan congestionado dos semanas, y luego tres… entonces pensó que sería capaz de sobrevivir incluso cuatro semanas entre tantos extraños. Así fue como dejó de patalear y llorar por sentirse fuera de lugar, sin saber nunca que decir o hacer para que no la mirasen mal.
Empezó a ir al colegio, ella era muy pequeña y bueno, los niños a esa edad, ya se sabe, no tienen medida. Cada vez que entraba en clase se encontraba con miradas de extrañeza y algún que otro comentario. Su madre le había insistido en que no tenía que hacerles caso: "no escuches, ni mires, solo sigue andando", le había dicho su madre una vez. Y eso era lo que había hecho durante mucho tiempo. No había sido fácil, y hasta que no admitió que nunca se desharía de la sensación de exclusión no pudo respirar tranquila.
Cuando se convenció de que aquello era lo que había, de que no podía hacer nada por remediarlo, fue cuando empezó a vivir. Ella era distinta, de otro país, con otras costumbres, ¿y qué? Seguía siendo una persona y no tenía nada malo. Las miradas empezaron a no importarle, y los comentarios ni siquiera llegaban a sus oídos.
Un día, su tutor le pidió que leyese un discurso, porque: "eres una niña muy aplicada y queremos que representes a esta institución", le había asegurado aquel hombre. Ella se había acostumbrado a su anonimato, casi nunca hablaba en clase, y sacaba grandes notas porque, realmente, no tenía otra cosa en la cual centrarse. Fue en ese momento, en aquella clase vacía, con el discurso en las manos, que Tina empezó la historia de su "enfermedad". No tenía ningún problema para hablar, solo quería seguir sintiéndose a salvo, seguir siendo invisible, aquello funcionaba para ella, ¿por qué cambiarlo?
Así pasó unos cuantos años, pero al aparecer el Sr. Schue y el Club Glee las cosas cambiaron. Cantando no se sentía ajena, ni rara, se sentía bien, se sentía ella. No importaba que no estuviese en su verdadera tierra, estaba en América y… tampoco era tan malo. Se podría decir que despertó y ahora, aunque contaba con diferencias con algunos integrantes del grupo y, aunque, en un principio se sintió fuera, sabía que tenía un lugar allí dentro. Tenía a Mike, que siempre era atento y dulce con ella, a Kurt, que la aconsejaba en todo lo que necesitaba, a Mercedes, que la hacía reír siempre… incluso tenía a Artie, el que fue su primer novio… ¿cuándo hubiese pensado ella que tendría todo eso? Pero no solo tenía eso… también tenía a la grandiosa Rachel Berry, que, a pesar de todo su egocentrismo, sabía preocuparse por los demás, a su manera, pero siempre miraba por los otros, y Tina lo sabía, sabía que ella se daba cuenta de todo y que nunca pretendía hacer daño. Era especial, distinta y había veces que no sabía cómo comportarse, por eso cometía los fallos que cometía pero… ¡era humana! Tenía derecho a equivocarse.
- Rachel… no eres perfecta, nadie es perfecto pero… ¿qué hay de malo en eso? Si no tuviésemos nada que mejorar, si solo fuésemos perfectos… ¿qué emoción tendría vivir? ¿Qué buscaríamos al levantarnos cada día? Realmente… ser perfecto, tiene que ser horrible. – Tina dejó que sus palabras flotasen con el polvo invisible que invadía el ambiente.
- Tal vez… - Musitó la voz ronca de Rachel y Tina la miró con interés, ¿la había estado escuchando todo ese tiempo? La pequeña morena enfocó la mirada en su compañera y elevó levemente la comisura de sus labios. – Gracias.
El timbre sonó anunciando el final del día e interrumpiendo el momento, pero Tina no dudó en sonreír y levantarse antes que Rachel para ayudarla a ponerse en pie. De camino a la salida ambas supieron que una gran amistad acababa de formarse, porque nunca antes Tina había hablado tanto, ni Rachel había permanecido tanto tiempo en silencio.
Cuando la morena puso el pie derecho en el asfalto del aparcamiento recordó que Mr. Schue quería verla al finalizar el día.
- Tengo que hacer algo antes de irme. – Dijo automáticamente, girando sobre sí misma, alejándose de Tina con rapidez.
- ¿Qué? – Preguntó extrañada por la premura de la pequeña chica.
- El Sr. Schue quería hablar conmigo… saldré un poco más tarde.
- Vale… - Quería preguntarle si estaba bien, pero sabía cuánto molestaba esa pregunta y Rachel se veía bastante entera.
- Estoy bien. – Afirmó ante la cara de duda de su compañera. – Nos vemos mañana.
- Hasta mañana. – Sonrió Tina, partiendo hacia su coche.
Mientras Rachel avanzaba hacia el despacho de Will se preguntó si realmente estaba bien. Aun sentía un pequeño resquemor en el pecho, y de vez en cuando, la voz de Quinn le gritaba en su mente que nadie iba a quererla nunca, pero ya no sentía esa angustia que le había impedido respirar, y no era capaz de seguir llorando así que, seguro que no estaba bien pero llegaría a estarlo, y más si sabía que contaba con alguien como Tina.
Estar tanto tiempo luchando por ser el centro de atención y destacar le había impedido centrarse en tener gente a su alrededor. Solo creía que necesitaba a Finn, y más allá de porque estuviese enamorada de él, lo necesitaba para que hiciese el papel de chico perfecto junto a la gran estrella. Tenía que ser perfecta en todo. Tener las notas perfectas, las cualidades perfectas y claro, el novio perfecto, y ese siempre sería Finn. Por muy simple que pudiese llegar a ser en según qué momentos, Finn era el Quarterback del equipo de fútbol, era el chico más apuesto de todo el instituto, era tremendamente popular, era su hombre, por inercia, le pertenecía, el chico perfecto debía estar con la chica perfecta. Pero ella no era esa chica… ella tenía tantos errores, y cometía tantos fallos… pobre estúpida, creyendo que conseguiría a alguien tan impresionante como Finn… ¿pero en qué mundo se creía que vivía?
- Rachel. – Dijo Will, sacándola de sus pensamientos, sonriéndole e indicándole con la mirada que se sentase frente a él, sin darse cuenta había acabado en la puerta del despacho de su profesor. - ¿Cómo estás?
"Jodida", pensó sin querer y se preguntó de dónde había salido esa respuesta tan inapropiada y tremendamente certera.
- Bien… - Susurró sentándose. - ¿He… he hecho algo mal?
- No. – El profesor se extrañó ante la pregunta, ¿por qué estaba Rachel tan apocada? Ya la había visto un poco mal durante el ensayo, por eso la había llamado, pero ahora es que parecía casi destrozada. – Solo quería saber si Puck y tú tenéis ya elegido vuestro musical.
- Sí… haremos "Moulin Rouge".
- Oh, muy buena elección, aunque… pensé que tú elegirías algo más… "épico".
- Quería hacer "El fantasma de la ópera" pero Noah… ya sabe, no es muy de ese tipo de música.
- Bueno, no importa, contigo brillaréis con lo que sea. ¿Cantaréis "Come what may"?
- No, hemos pensado en hacer el Medley del elefante.
Will se encontraba un poco confuso con aquellas elecciones. No es que el rango vocal de aquella presentación fuese nada del otro mundo, y Rachel solía escoger grandes interpretaciones para que su voz luciese lo máximo posible… tal vez el que Puck estuviese con ella le hubiese hecho bajar el listón pero… no, Rachel jamás desaprovecharía una oportunidad para convertirse en el centro de atención… ¿quién narices era esa pobre chica que se observaba las manos con devoción y mantenía la boca cerrada?
- Bien… ¿y qué tal lo lleváis? ¿Habéis empezado ya a ensayar?
- No… tal vez esta tarde empecemos. – Sugirió, sabiendo que eso no pasaría. Con todo lo ocurrido no había visto a Puckerman desde la reunión del Club así que seguramente esa tarde no se verían, y la preparación se retrasaría… puede que ni siquiera llegasen a tener el número listo para finales de semana.
- Rachel… no quiero alarmarte pero… pasado mañana hacéis todos vuestras presentaciones y quiero ver algo bueno, te lo repito, las Regionales están ahí mismo y no estamos preparados, necesitamos algo que impacte, si no volveremos a casa con las manos vacías y Sue presionará al director para que me quiten el poco presupuesto de Glee… no podemos permitirnos perder. – Explicó Will un poco devastado por la situación. El Glee Club había luchado mucho por seguir en pie, necesitaban un empujón más, llegar a las Nacionales (como mínimo), si no Sue se los comería. – Rachel… - La llamó, consiguiendo que levantase la mirada y la enfocase en sus ojos… estaba tan triste… ¿qué le habría pasado? – Eres nuestra mejor cantante, lo sabes, te necesitamos al 100% y… creo que no estás en tu mejor momento… - La chica esquivó la mirada del profesor y asintió levemente… así que eso era de lo que quería hablar el Sr. Schue. La necesitaban, una vez más, para que los sacase del apuro. – Pero yo confío en ti, sea lo que sea lo que te esté pasando quiero que sepas que puedes contar conmigo, ¿vale? – Aquel último interrogante lo dijo mientras le tomaba la barbilla y la obligaba a mirarlo. Estaba tan cansada… en serio, ¿qué le había pasado a Rachel Berry?
- Tranquilo Sr. Schuester… haré que vayamos a las Nacionales. – Dijo ella flojito pero con cierta convicción… tal vez eso le sentase bien, centrarse en estar en plena forma para la batalla de las Regionales, puede que si hiciese eso bien Finn… no, no, no, que tonterías estaba pensando, Finn no iba a estar con ella nunca, ni aunque ganasen un premio internacional gracias a su voz, pero… tal vez se lo agradeciera de alguna manera…
- Eso espero… ¿de verdad estás bien? – Schue quería saber lo que le pasaba, una diva deprimida solo es una cantante más del montón, ahora necesitaba a la Rachel arrogante y pretenciosa.
- Sí, solo… ha sido un día difícil.
- ¿Por algo en especial?
- … no, solo un mal día. ¿Puedo irme a casa?
- Claro… espero grandes cosas de ti Rachel… no me decepciones. – Will no estaba seguro de si la presión de aquella última frase le haría bien a su alumna, pero necesitaba que se sintiera comprometida.
Rachel no le respondió nada, ¿qué más le iba a decir? Se había quedado sin palabras cuando las lágrimas le laceraron la garganta. Lo único que quería era llegar a su casa, tumbarse en su cama y no pensar en nada… al menos durante un par de horas, tal vez luego se preocupase de su número con Puck.
