- Te quiero. – Le susurró al oído mientras lo abrazaba por la cintura con fuerza.
- Pues yo no. – Le dijo él, deshaciendo el abrazo.
- ¿Por qué? – Preguntó con los ojos humedecidos.
- Porque eres una perdedora y yo no salgo con perdedoras, lo siento Rachel, nunca vamos a estar juntos. – Le dijo Finn, dándose media vuelta y dejándola sola en mitad del pasillo.
Agachó la cabeza y sintió las lágrimas sobre sus mejillas.
- ¡Berry! – La llamó Santana.
Rachel levantó el rostro y se topó con el frío granizado que la latina portaba, mientras veía con dificultad como pasaba por su lado, riéndose con ganas.
- Te lo dije, nadie te va a querer jamás, ¡perdedora! – Le dijo Quinn, arrojándole otro refresco.
- ¡Perdedora! – Esta vez fue Mercedes la que le roció el rostro.
Uno a uno, sus compañeros de Glee le fueron tirando vasos enteros de frío hielo. Rachel estaba a punto de colapsar, sin poder sentir su cara bajo tanto frío, con la ropa empapada, los ojos inservibles por el colorante de la bebida, el cuerpo estático por la sorpresa y el pánico de tanta humillación.
- Perdedora, perdedora, perdedora, perdedora, perdedora, perdedora, perdedora, perdedora, perdedora... – Coreaban todos a su alrededor, mofándose de ella, señalándola. Y no solo estaban todos los integrantes de Glee (incluido Will), si no todos los estudiantes del instituto, Sue, Beiste, Emma y hasta el director.
- P-E-R-D-E-D-O-R-A. – Gritó Finn con claridad sobre el estrépito y le lanzó el último granizado.
Rachel se incorporó de golpe en su cama, con la respiración agitada y el corazón golpeando en el pecho, tan fuerte, que hasta lo oía… un momento, ¿no era como si los golpes viniesen de fuera? Abandonó el colchón y se observó en el espejo, intentando calmarse. Tenía el rostro cargado de miedo, pero estaba completamente seca, ni rastro de hielo. Volvió a oír los golpes, esta vez viniendo del piso inferior. Alguien tocaba a la puerta. Respiró hondo un par de veces, para recuperar la compostura, y bajó las escaleras. Tomó el pomo de la puerta principal de la casa y lo giró. Se encontró con la espalda ancha de un chico alto, con brazos bien formados, vaqueros ajustados y un mohawk coronándole la cabeza.
- ¿Noah? – Preguntó Rachel extrañada.
Cuando Puckerman se volvió, la pequeña Berry abrió la boca por completo, totalmente estupefacta. Puck (o lo que quedaba de él), lucía un corte bastante feo en la ceja derecha. El labio inferior lo tenía hinchado. Su ojo izquierdo empezaba a verse morado y por encima del cuello de la camiseta se podía apreciar la mitad de un hematoma.
- Berry. – Saludó el chico, ignorando su cara y avanzando hacia ella, haciéndola retroceder e introduciéndose en la casa.
- ¿Qué te ha pasado? – Preguntó la morena mientras cerraba la puerta y lo seguía en dirección a su cuarto.
- El gilipollas de Evans.
- ¿Sam te ha hecho eso?
- Es un cabronazo, el muy capullo… pero yo lo he dejado igual o peor, así que no importa.
- ¿Cómo… cómo que no importa? – Rachel estaba atónita, ¿Sam? ¿Sam Evans había hecho aquello? Cuando llegaron al cuarto de la chica, Puck se sentó en la cama y ella lo observó de frente. - ¿Por qué te ha pegado?
- Porque es un hijo de puta. Ya te lo he dicho, da igual, no quiero hablar de eso.
- … - Rachel no quería insistir porque Puckerman estaba claramente cabreado. - ¿Qué haces aquí?
- ¿Ensayar? – Preguntó el chico con escepticismo, sin mirarla… desde que le había abierto la puerta no la había mirado a la cara ni una vez, le daba miedo lo que pudiese encontrarse.
- Si quieres… podemos descansar hoy, eso te ha tenido que doler y… - Comenzó a decir la morena, acercándose a él con preocupación, viendo lo mal curadas que estaban sus heridas.
- Estoy bien Berry, dame las partituras y empecemos con la maldita canción.
- Antes… antes tendría que curarte bien esos golpes, el de la ceja se ve fatal… - Levantó la mano en dirección a la herida y Puckerman saltó como un resorte, poniéndose en pie.
- ¡Te he dicho que estoy bien, joder! – Gritó sin poder evitar encararla. Su rostro estaba cansado, pero ya no parecía tan triste, el único problema estaba en que sus ojos no brillaban como de costumbre… parecían más pequeños y oscuros… ¡mierda! ¿Por qué se fijaba en esas cosas?
- Noah… por favor. – Suplicó ella, no es que fuese una experta en medicina, pero cualquiera sabía que las heridas abiertas se infectan con rapidez.
- … - Puck cogió aire con fuerza y gruñó, sentándose de nuevo en la cama.
Rachel tomó eso como una señal de aprobación y corrió a su cuarto de baño privado en busca de gasas, alcohol, tiritas y algo de vendaje. Colocó todo sobre su escritorio y se volvió hacia Puckerman, con el alcohol y las gasas en las manos. Él mantenía la cara girada hacia la derecha y los brazos fuertemente cruzados sobre el pecho, mostrando sus músculos. La mandíbula se le marcaba en el lateral de la cara y Rachel, a pesar de verlo tan tenso y malhumorado, lo notó ausente y algo… ¿preocupado?
Se acercó a él, suspiró e hizo que volviese la cara hacia ella. Definitivamente, empezaría por el corte de la ceja.
- Esto… va a escocerte. – Le avisó, vertiendo alcohol sobre la primera gasa y tomándole la barbilla con la mano derecha. Al tocar el líquido la herida, Puckerman sintió la piel arder y crispó la expresión, tratando de apartar la cara. – Lo siento. – Se disculpó Rachel, sin soltar su agarre, impidiendo que se moviera.
Cuando la sangre seca desapareció del lugar resultó que el corte no era tan profundo como ella había pensado, así que se relajó un poco y le colocó una tirita, ganándose un gruñido muy molesto. Ignorándolo, la chica continuó con la cura. El labio no estaba tan mal, solo necesitaba un poco de hielo… se estremeció al pensar en el agua congelada. Le tocó con suavidad la zona afectada, sintiendo el calor de la hinchazón y luego dejó que sus dedos resbalasen por el resto de la boca del chico. Ella había probado esos labios, expertos y entregados, siempre porque sí, sin una gran razón, solo por el hecho de sentir, por… ¿la diversión? No, era más por la necesidad del contacto. Que te besen no es lo mismo que te digan que te quieren pero las sensaciones que ambos hechos producen se parecen un poco… aunque claro, las sensaciones que los besos de Noah habían provocado en ella eran bastante diferentes. Se sonrojó al recordar aquello y miró a los ojos al chico, dándose cuenta de que no se había quejado durante la caricia. Él observó los labios de ella, tan carnosos como siempre, haciendo juego con el tono rosado que habían adquirido sus mejillas. Quiso acortar la distancia entre ambos y volver a probar esa boca tan jugosa… pero no lo hizo, ¿por qué no lo hizo? Él siempre hacía lo que le apetecía, sin importarle lo que sus acciones implicasen… ¿por qué no se lanzó sobre Berry? Rachel vio la intención en su mirada y, aunque él no se había movido ni un milímetro no quiso arriesgarse, así que se apartó y sacó algo de hielo de su mini-nevera fucsia. Los batidos de proteínas sabían mejor refrigerados. Envolvió los trozos de agua congelada en una venda y colocó el conjunto sobre la zona dilatada. Puckerman no se quejó, ni siquiera lo sintió, aún estaba pensando porque no era capaz de coger a Rachel por la cintura y tumbarla en la cama para…
- Esto te bajará en un par de horas si lo mantienes en frío. – Dijo ella, rompiendo el silencio y haciendo que él se sobresaltara. – Pensé que podía estar partido pero... – Como no respondía lo miró, y la intensidad con la que la observaba la intimidó, con lo que bajó la mirada y se topó con el golpe que se asomaba tras la camiseta. - ¿Y esto?
Estiró un poco hacia abajo la tela de la prenda y vio las grandes dimensiones de aquella marca. Ese golpe sí que había sido duro, parecía que latiese con vida propia. Puck le arrebató la venda helada y la colocó sobre aquella marca, por encima de la camiseta.
- No es nada. – Dijo él, esta vez con más calma. - ¿Tienes la canción preparada?
- Eh… sí, tengo las partituras por… ahí. – Respondió Rachel intentando recordar que había hecho con las partituras que imprimió el día anterior.
- Pues tráelas y dejemos de perder el tiempo.
Aprendieron las letras, ensayaron los tonos y revisaron la escena en Youtube. No tenían que preparar una gran coreografía, solo dejarse llevar y divertirse… claro que ninguno estaba muy por la labor.
- Esto no funciona. – Se quejó Rachel. Estar pendiente de la performance había hecho que olvidase bastante sus problemas, pero ahora estaba molesta por no encontrarse como quería para conseguir una buena presentación.
- Deberíamos dejarlo por hoy. – Dijo Puck, tirando las partituras sobre el escritorio y paseándose por la habitación con las manos tras la cabeza, no estaba centrado y no tenía ganas de seguir con aquella estúpida canción.
- No podemos, tenemos que enseñarle esto al Sr. Schue pasado mañana y no sabemos qué hacer con la coreografía.
- Pero si no hay coreografía, solo hay que… no sé, moverse arriba y abajo y… ya está.
- Noah no podemos enseñar cualquier cosa. – Rachel se dejó caer sobre la cama, intentando pensar en algo que les ayudase… llevaban cerca de 3 horas seguidas y solo les faltaba arreglar la coreografía.
Puck la vio frustrada y dejó que la comisura izquierda de sus labios se elevara (consiguiendo un pinchazo de dolor), Berry volvía a la carga, preocupada por cosas tan poco importantes como una canción.
- ¿Qué? – Preguntó Rachel al ver su mirada, elevándose y estirando el bajo de su falda.
- Nada… creo que me voy a ir a casa.
- Pero… no hemos terminado.
- Pues ya terminaremos mañana. Estoy cansado y tengo hambre, además… es mejor que me vaya, porque acabo de recordar que tus padres no vuelven hasta el fin de semana y verte ahí tumbada me ha hecho pensar en cosas muy sucias… - Dijo, acercándose a ella peligrosamente, susurrando las últimas palabras.
Rachel se tensó al instante y se dirigió con rapidez a la puerta de su cuarto. Puckerman era un gran amante, sabía cómo y dónde tocar, pero no era el momento… no se sentía con fuerzas como para eso y… bueno, era Noah, la última vez que se lió con él se prometió a sí misma que no volvería a pasar.
- Sí… tal vez debamos dejarlo por hoy… estamos… estamos bloqueados y no vamos a poder hacer nada.
- En realidad… podríamos hacer muchas cosas…
La tomó de la cintura e intentó acercarla a su cuerpo, pero ella se liberó de sus manos y salió disparada hacia las escaleras. Puck sonrió en su interior y salió de la habitación con tranquilidad… Berry era tan predecible.
- Bueno ya… ya nos veremos mañana. – Dijo la pequeña con premura, abriendo la puerta de salida y ocultándose tras esta.
- Sí… por la tarde vendré a la misma hora, ¿te parece bien? – Le preguntó en el quicio de la puerta.
- Perfecto. – En cuanto vio que Puck había pisado la calle, cerró la puerta con rapidez.
Puckerman reprimió una carcajada… Rachel podía llegar a ser tan inocente, y eso la hacía muy dulce… un momento, ¿"dulce"? ¿Pero qué mariconadas eran esas? Endureció su mirada para eliminar la confusión de aquel pensamiento y se marchó.
Por su parte, Rachel se quedó apoyada en la puerta durante unos segundos, con el corazón repiqueteando tras sus costillas.
