El sol se coló por su ventana y le dio de lleno en el rostro, molestándole, obligándola a darse la vuelta y enterrar la cara en la almohada, odiaba despertarse de esa manera, con la claridad del día… ¿la claridad del día?... un momento, ¿qué hora era? Buscó el reloj algo cegada por la luz y vio que apenas quedaban 15 minutos para el comienzo de las clases. Rachel se levantó con rapidez, cogiendo lo primero que pilló en el armario y encerrándose en el cuarto de baño, para salir, segundos después, sin peinar ni nada, solo con la ropa puesta. Se apresuró a colgarse la mochila en la espalda y bajó corriendo las escaleras, tropezando en el penúltimo escalón y sintiendo que a su corazón se le escapaban los latidos. ¿¡Pero cómo había podido olvidarse de poner el despertador! Se había saltado su rutina de ejercicios matutinos y no había desayunado nada. Cuando aparcó el coche a la entrada del instituto el lugar se le antojó desierto, ¡todo el mundo estaba ya dentro! No quiso mirar el reloj de su muñeca izquierda y se dirigió a la carrera hacia su primera clase de la mañana, por suerte, Español, con el Sr. Schuester.
- ¿Se puede? – Preguntó agitada, tras haber tocado a la puerta.
- Sí Rachel, pasa. – Dijo Will, sin pedirle explicaciones, el aspecto de la chica lo decía todo.
Rachel se sentó en la última fila, junto a Jacob Israel… el único sitio libre, desgraciadamente. Tina siguió su camino desde la primera fila y la saludó cuando la vio sentada. Kurt la miraba con una ceja alzada y el pervertido que le había tocado como vecino, no le quitaba sus lujuriosos ojos de encima. Fue una hora lenta, pesada y horrible. Cuando el timbre sonó se desplazó tranquilamente hacia la salida, donde se encontró con Tina, que la esperaba.
- Hola. – Le dijo con una sonrisa.
- Hola. – Respondió Rachel sin saber muy bien cómo actuar… nadie solía esperarla al salir de las clases para acompañarla a ningún sitio.
- Creí que el Sr. Schue no te dejaría entrar…
- Yo también, seguro que si hubiese sido otro no lo habría hecho… yo no me habría dejado entrar, desde luego.
- Oye no seas tan dura contigo misma, es la primera vez que llegas tarde a clase... habrá… habrá sido por algo importante. – Tina no se metía en vidas ajenas pero estaba preocupada por Rachel. No estaba feliz, tampoco triste, solo parecía cansadísima y ausente… no sabía si preocuparse más o dejarla… ¿querría Rachel que estuviese pendiente de ella?
- Ojalá, así al menos no me sentiría tan mal… anoche no puse el despertador y esta mañana me levanté MUY tarde. – Decidió confesar, sin inventar ninguna historia que pudiese justificar su retraso.
- Hola chicas. – Saludó Mike, tomando de la cintura a su novia y regalándole un sutil beso en los labios. - ¿Qué tenéis ahora?
- Lo mismo que tú, amor, Historia. – Respondió Tina, dejándose abrazar.
Rachel observó la escena con algo de envidia… ojalá ella pudiese estar así con Finn… Iba a ponerse melancólica cuando vio a Sam recogiendo libros en su taquilla. Puck tenía razón, Sam había quedado peor que él. El rubio lucía dos grandes moratones, uno en el ojo derecho y otro en la mejilla izquierda, más varios cortes esparcidos por todo el rostro… Puckerman sabía cómo defenderse.
- Dios mío como está Sam… - Comentó la morena una vez hubieron pasado junto a él.
- Es verdad, pobrecito… ¿ha tenido algún accidente? – Dijo Tina.
- Sí… bueno, algo así, ¿no os habéis enterado? – Objetó Mike, mirando hacia atrás con compasión. – Se peleó con Puckerman.
- ¿Por qué? Creía que eran buenos amigos. – Se extrañó Tina. Sabía que el chico del mohawk y Sam habían hecho buenas migas después de que el primero se disculpara con el segundo por hacer según que comentarios sobre su boca.
- Es que Puck atacó a Quinn. – Dijo Mike como de pasada.
- ¿¡Qué! – Exclamaron Rachel y Tina, mirándose la una a la otra, ¿sería por lo que Quinn le había dicho a Rachel?
- Bueno… no me enteré muy bien de porque lo hizo pero, cuando salíamos del ensayo, la empujó contra la pared y la levantó del suelo gritándole muy fuerte cosas que nadie entendió. Quinn se puso a llorar como una histérica. Entonces apareció Sam y empezaron a pegarse. Entre Finn y yo los separamos, pero nos costó bastante. Puckerman también se quedó mal…
Tina y Rachel volvieron a mirarse. Era normal que Sam defendiese a Quinn, era su novia, pero… ¿qué hacía Puckerman atacándole a Quinn? Porque si había sido para defender a Rachel pues… era raro. No eran "amigos", pensaba Rachel, ¿para qué la iba a defender?
Aquel día el Glee Club no tenía ensayo, por lo que, a penúltima hora, Kurt se acercó a Rachel en el pasillo.
- Hoy pareces una persona. – Le comentó poniéndose a su altura.
- ¿Qué… qué quieres decir? – Preguntó Rachel confusa.
- Pues que te has vestido casi bien.
La morena bajó la vista y se observó, llevaba unos vaqueros oscuros y unos zapatos negros con algo de tacón. Arriba se había puesto una camiseta blanca bastante simple cubierta por una chaqueta negra que se ajustaba a su figura. Para ella, aquel look era extraño, nunca lo habría elegido para ir al colegio… pero Kurt decía que estaba bien así que…
- Gracias. – Susurró, encaramándose a su carpeta.
- Me han contado lo que sucedió ayer… sabía que Quinn era un poco zorra pero no creí que fuese tan mala.
- Ya… bueno…
- Quiero que sepas que estoy de tu parte… esa rubia se pasó de la raya. Nadie puede ser tratado de esa manera, ni siquiera tú.
- … - Rachel estaba sin palabras, ¿Kurt también le estaba prestando su ayuda?
- Ahora estás mal, lo entiendo, por eso… quiero que pasemos una tarde de divas. – Al decir aquello la tomó del brazo y le sonrió.
- Y eso… bueno, ¿eso qué es?
- Pues una grandiosa tarde en la que tú, pequeña Barbra, saldrás con Withney, Mercedes y conmigo, Lupone, a ver tiendas, tomar café y disfrutar de la mejor compañía. ¿Qué me dices?
- Pues… no sé… - ¿Podía ir con ellos, en serio? No eran de los que más la criticaban pero siempre estaban compitiendo entre los tres por llevarse los solos y destacar… puede que eso les hiciese iguales, o al menos semejantes. – Tengo que terminar de preparar mi actuación con Noah, y la coreografía del viernes aun no la domino…
- Oh, por favor Rachel, olvídate de todo por una tarde.
- Con Noah tengo que cumplir la hora de ensayo, vamos fatal Kurt y mañana es la presentación.
- Está bien… respetaremos la hora de ensayo con tu caballero de reluciente armadura…
- ¿Caballero de reluciente armadura? ¿Noah?
- Sí, el drama brutal entre Evans y él fue por ti. Puckerman defendió tu honor con uñas y dientes, literalmente, y se enfrentó a la malvada Reina Roja para que retirase sus sucias palabras contra ti, por eso el aprendiz de Bieber llegó a los golpes con él.
- … Noah… ¿Noah me defendió de Quinn?
- Eso he dicho.
Rachel estaba atónita, ¿Puck también se preocupaba por ella? ¡Pero si ni siquiera se preocupaba por sí mismo! ¿Qué narices estaba pasando en el mundo?
- ¿Vendrás con nosotros esta tarde? – Preguntó Kurt parándose en la puerta del laboratorio de Química, su siguiente y última clase del día.
- Vale pero… a las 7 tengo que estar en casa. – Respondió Rachel con algo de inseguridad, no podía evitar pensar que todo era una trampa para hacerle más daño, no era posible que todos se hubiesen vuelto buenos con ella de repente.
- Y allí estarás, no queremos decepcionar a tu príncipe azul, más que nada porque parece capaz de matar por ti. – Dijo Kurt. – Bueno, yo me quedo aquí, iré a recogerte a las 16:00 a tu casa, estate preparada.
- Claro… - Respondió Rachel y vio como el chico entraba en el aula mientras el timbre sonaba y ella comenzaba a dirigirse hacia Literatura, su última clase.
A las 16:00, Rachel estaba frente a la puerta de su casa, vestida con una falda de cuadros en tonalidades grises y una camisa blanca cubierta por un jersey sin mangas con un reno estampado en mitad del pecho, no iba a salir a la calle como aquella mañana, sin mirar lo que se ponía. Cuando pasaron 15 minutos y nadie apareció empezó a sospechar que todo había sido una cruel broma de Hummel, ¿por qué la gente se empeñaba en hacerle daño? Vale que no era la persona más amable del mundo, pero intentaba no molestar a nadie e incluso, a veces, hacía todo lo posible por ayudar a otras personas… entonces, ¿por qué narices tenían que tratarla de esa manera? Con un hondo suspiro comenzó a subir las escaleras hacia su cuarto, al pisar el último escalón, el timbre sonó y ella se giró algo indecisa, ¿sería solo que se habían retrasado? Bajó con lentitud y se atrevió a abrir la puerta, esperando encontrarse cualquier desagradable cosa.
- Perdón por el retraso, le tuve que pedir a Finn la dirección de tu casa y, Dios nos asista si alguna vez tiene que guiarnos a algún sitio. Gracias a sus estúpidas indicaciones hemos dado ¡tres vueltas a la misma manzana! ¡TRES! Casi estrello el coche por la desesperación. – Decía Kurt, vestido muy chic, ocultando sus ojos tras unas gafas de sol. – Bueno, sal ya, que comienza nuestra "Diva's Afternoon". – Su cara cambió cuando Rachel cerró la puerta. El chico se bajó las gafas y le dio un repaso de arriba abajo con los ojos al descubierto. – Lo de esta mañana solo fue suerte, ¿verdad? – La chica lo observó sin saber que responderle… más que suerte había sido un error. Kurt suspiró. – Creo que tenemos mucho trabajo por delante.
- ¿Qué vamos a hacer? – Preguntó Rachel mientras ambos se dirigían hacia el coche.
- Volverte apta para la visión pública, en serio Rachel… eso que te has puesto es… "demencial", y no en el buen sentido de la palabra… si es que lo tiene. – Él subió al asiento del conductor y ella se montó en la parte trasera del gran coche del joven, pudiendo ver en el asiento del copiloto a Mercedes, quien la saludó muy animada. – Vamos a hacerte un cambio de look.
- Pero a mí me gusta cómo voy. – Replicó abrochándose el cinturón, ¿qué tenían de malo sus conjuntos? A ella le encantaban, estaba segura de que la hacían lucir con clase.
- Y… ese es el problema. Tu visión de la moda es… un tanto… abstracta. Tenemos que modernizarte. – Dijo Kurt, arrancando y poniendo el vehículo en marcha.
- Tranquila… somos expertos en moda, no tendrás un mejor asesoramiento ni aunque contrates a un estilista profesional de alta costura, vamos, mírame a mí, soy pura "fashion dynamite". – Comentó Mercedes, compartiendo un complicado juego de manos con Kurt, algún tipo de saludo secreto.
- La última vez que Kurt me ayudó con mi estilo me hizo vestir como una furcia. – Recordó Rachel, sintiéndose avergonzada por el ridículo que hizo frente a Finn… otro error más.
- Eso fue adrede, para mantenerte lejos de Finn. Pero te recuerdo que ahora estoy de tu parte, se acabó el intentar hundirte… lo de Fabrey fue demasiado para ti… y, ¿qué mejor escusa que una depresión para dejarse convertir en una "fashion victim"? – Se defendió Kurt.
Marcharon en silencio, acompañados por las grandes canciones de Broadway que brotaban unas tras otras del equipo de sonido del coche de Kurt. Rachel y él tenían exactamente los mismos gustos musicales y no es que hubiesen sido muy bien tratados por el resto del mundo, sí, definitivamente podrían ser amigos pero… ¿por qué ahora? ¿Lo de Quinn había supuesto un punto de inflexión para todos? Kurt decía que estaba deprimida pero… ¿desde cuándo estaba deprimida? Si lo pensaba bien, lo de Quinn solo fue la gota que colmó el vaso. Todos los días la insultaban los chicos de Glee, aquellos que se suponía que eran sus iguales. Por los pasillos la rociaban con granizados cada dos horas, con lo que se había visto obligada a tener más de un conjunto de recambio en su taquilla. Y luego estaba el tema de los chicos, bueno, el tema de Finn. La había rechazado tantas veces… tal vez era hora de dejarlo atrás, de olvidarse de él y marcarse un nuevo objetivo, mejor que él, más importante. Sin embargo, cuando apoyó la cabeza contra la ventanilla del cristal y miró hacia el cielo una nube se perfiló como un rostro masculino, algo alargado, de pelo corto, pequeñas pecas casi imperceptibles y unos ojos que su mente coloreó de un marrón suave y extraño, que a veces hasta parecía verde. ¿A quién intentaba engañar? Seguía irremediablemente enamorada de Finn Hudson, y así lo estaría hasta el fin de sus días, por lo que no podría amar a nadie más y acabaría sola y marchita en un apartamento pequeño a las afueras de Nueva York… no, seguro que sería peor, terminaría por vivir en casa de sus padres, rodeada de gatos y sin haber pisado Broadway ni una sola vez… su futuro era… bueno, no existía un futuro para ella, al menos no uno que contase.
- ¿Sales o te tengo que sacar a rastras? – Preguntó Kurt, al haber abierto su puerta y haberla encontrado ensimismada.
Sin decir nada, Rachel se apeó y vio que se encontraban en los aparcamientos de los grandes almacenes de la ciudad. Entraron y pareció que Kurt y Mercedes se transformaron en un par de monstruos devoradores de tiendas de ropa y complementos. El lugar contaba con dos grandes plantas que se comunicaban mediante escaleras mecánicas, pues bien, los tres (Kurt, Mercedes y Rachel, arrastrada por ambos arriba y abajo) transitaron esas escaleras con premura durante dos horas y media incansables. Rachel les seguía el ritmo a duras penas, siendo juzgada una y otra vez por las prendas que escogía y encontrándose exhausta tras haber entrado en una veintena de probadores con el máximo de ropa permitida en ellos. Las dos divas de la moda no hacían nada más que apremiarla para que se cambiara más rápido o modelara con más gracia, pero ella estaba reventada y no podía ni con su alma. Cuando salieron de la última tienda y le permitieron sentarse dos segundos a descansar se le ocurrió mirar el reloj.
- ¡Dios mío, son casi las siete! ¡Noah estará a punto de llegar a casa! – Gritó para sí misma.
- Tranquila, soy experto en llegar a tiempo a los sitios, siempre y cuando Finn no sea quien me facilite la ruta. – Dijo Kurt.
Entre Mercedes y él, levantaron a Rachel y la condujeron hacia la salida del lugar. Justo cuando enfilaron el pasillo que daba a los aparcamientos alguien cruzó la puerta de entrada, alguien que no deberían de haber visto, alguien que hizo que a Rachel le temblasen las piernas y tuviesen que sostenerla con más fuerza, alguien que hizo a Kurt ocultar la mirada tras sus oscuras gafas y junto a ese alguien, otro alguien que hizo que a Mercedes le hirviera la sangre.
- ¿Qué es esto? ¿Una reunión de Perdedores Anónimos? – Dijo Quinn con mordacidad, enredando su brazo con el de Finn.
- Olvídanos Barbie prefabricada y vuelve al infierno del que te escapaste. – Soltó Mercedes, acelerando el paso y dejando a la rubia con la boca abierta, ¿cómo se atrevía esa infeliz a contestarle?
- Wow Mercedes, muy bien, Withney estaría orgullosa de ti, Lupone lo está, desde luego. – Dijo Kurt con una gran sonrisa, repitiendo el juego de manos con su amiga.
- A mí no me asusta esa animadora de pacotilla, seguro que si le soplase se caería al suelo, solo es una blanca creída que vive pisoteando al resto del mundo, si yo la pisoteara… JÁ. – Añadió Mercedes, agitando su melena mientras los tres subían al coche. – Lo que no sé es que hacía aquí y ¡con Finn!
- Fue mi chantaje. – Respondió Kurt, girando la llave de contacto y poniendo en marcha el motor. – Tenías razón, Finn es muy simple. Es que… pasó algo muy fuerte. La semana pasada la Reina de los condenados besó a mi querido hermano dejándolo más confuso que nunca. Así que me las arreglé para conseguirle una cita con Fabray si me dejaba elegir la canción que interpretaríamos y… francamente, tiene que estar muy desesperado por ella, porque ha accedido a hacer algo que… bueno, jamás pensé que accedería a ello.
- ¿Ves? Te lo dije, más simple que un botijo. ¿Y qué vais a hacer? – Preguntó Mercedes muy interesada.
- Eso, querida, ya lo verás mañana. – Respondió el chico con una extraña sonrisa en los labios.
- Oh, vamos, no seas así, dímelo…
- Primero dime tú que vas a cantar.
- Ah, no, eso es una sorpresa…
- Entonces yo no diré nada…
- Kurt…
Atrás, sin expresión en el rostro, Rachel escuchaba la conversación como si le viniera de muy lejos, se había quedado paralizada al verlos juntos, con Quinn cogida de su brazo… pero el corazón se le había terminado de detener en el momento en el que Kurt dijo aquello de que se habían besado y de que él había estado dispuesto a cualquier cosa con tal de tener a la rubia. Aún la quería, siempre la querría, y ella jamás podría estar con él porque… puestos a elegir, ¿quién escogería a Rachel sobre Quinn?
N/A: IsisLes5 y Perse B.J acertasteis de lleno con los motivos de la pelea xD las cosas se van a liar un poquito más antes de que termine la semana y el siguiente capítulo va a ser de los bonitos... Gracias por leer! ;)
