Llegaron a la casa de Rachel y Kurt y Mercedes se despidieron de ella con un ademán mientras continuaban pinchándose el uno al otro para descubrir cuáles serían sus números. Yendo aun algo desorientada no vio al hombre frente a su puerta y chocó con él mientras buscaba las llaves de la casa en su bolso.
- Perdone. – Se disculpó educadamente, hasta que vio el mohawk girar y los ojos de Puck se toparon con los de ella. - ¿N… Noah?
- Sí, ¿qué pasa? Encima de que llegas tarde te pones a mirarme así… anda y abre la puerta. – Replicó Puckerman, evitando mirarla más de lo debido... sus ojos volvían a verse vacíos y eso lo angustiaba sobremanera, ¡ay, mierda! Otra vez pensando en cómo se sentía Berry, ¿qué le importaba a él?
Rachel lo miró una última vez de arriba abajo, y tratando de disimular su estupefacción abrió la puerta para que ambos entraran en el hogar. Puck llevaba unos zapatos de vestir, pantalones negros clásicos de traje y una camisa blanca, además de la chaqueta de rigor. Sus heridas no eran tan notorias (a excepción del moratón del ojo, que tenía un color tenue, cercano al gris). Parecía que fuese a algún tipo de evento benéfico. Cuando llegaron al cuarto de la chica, esta no pudo evitar volver a quedarse mirando el atuendo de Puckerman… le quedaba bastante bien, si los hombres supiesen el efecto que provocan en las mujeres cuando se visten con semejantes galas, todo el género femenino estaría perdido… porque acabaría actuando bajo su voluntad, sin ningún tipo de objeción.
- ¡Dios, Berry, deja de mirarme de esa manera! Me estás poniendo nervioso… - Le repitió apartándose de ella, pero ¿por qué hacía eso? Ya lo habían mirado antes así y lo siguiente a esa mirada era sexo desenfrenado, ¿por qué si sabía que podía tenerla se alejaba de ella? El sexo, viniese de quien viniese, siempre era un punto de interés para Puck.
- Lo siento, pero… no entiendo porque te has vestido así. ¿Tienes que ir luego a cenar a algún sitio?
- No. Lo he hecho porque en el Club Glee, cuando hay que hacer una presentación con ropa rara siempre nos la ponemos en el último ensayo. Y hoy es nuestro último ensayo para hacer una presentación con ropa… "distinta" a la normal. No me ponía este traje desde el funeral de la tía del primo de mi madre, no sabía si me podría mover con él. Tú… deberías probarte lo tuyo, ¿no crees?
- Sí, pero… no tenemos coreografía ni nada…
- Otra vez con eso… ¡que no tenemos que hacer coreografía! Solo hay que… no sé, dejarnos llevar y esas cosas que siempre dice el Sr. Schue.
- Está… está bien. Espera un momento y me cambio.
Puck se sentó en la rosada cama de Rachel a esperar a que esta saliese del baño vestida para la ocasión. Vio el montón de bolsas que había comprado, ¿por esa estupidez había llegado tarde a su cita con él? Menudo asco. Un momento… ¿"cita"? ¿Cómo que "cita"? Ellos solo habían quedado para ensayar… al igual que el resto de la semana. Y solo estaban trabajando juntos porque el Sr. Schue les había obligado, si no ella estaría preparando su gran solo y él estaría trabajando con Lauren.
Dios, Lauren… lo tenía loco, y no precisamente de amor. Llevaba unos días muy rara, exigiéndole más cosas de lo normal. Él sabía que las mujeres eran caprichosas y que tenía que satisfacerlas si luego quería que lo satisficieran a él pero lo de Lauren empezaba a ser preocupante. Lo último que se le había ocurrido pedirle había sido un ring de lucha libre profesional, para poder instalarlo en su jardín y practicar a diario sus movimientos de lucha… con él… definitivamente aquello no podía terminar bien. A veces se preguntaba por qué estaba con ella, luego la veía y escuchaba alguno de sus insultos e, inexplicablemente, se quedaba atontado y obedecía todo cuanto le pedía… aunque las cosas estaban cambiando… Últimamente ni sus golpes ni sus ofensas le hacían reaccionar, tenía la mente en otra cosa, y no sabía en qué podía… Sus pensamientos quedaron eclipsados por una sola imagen, una imagen que sus ojos le transmitían directamente de la retina al cerebro, dejándola allí tatuada para lo que él pensó que sería la eternidad.
Rachel había abierto la puerta de su baño con timidez. No solía vestir muy elegantemente, ni tampoco muy "normalmente". La tarde con Mercedes y Kurt le había hecho reconocer que tal vez se equivocase un poquito al elegir su ropa… ¡pero es que a ella le gustaba ir así! Además, no se veía de otra manera. Por eso, cuando salió con el vestido que llevaría en la actuación, lo hizo con la cabeza gacha y algo sonrojada. En aquella escena, Nicole Kidman llevaba un vestido rojo que tapaba unos tacones altos del mismo color. La parte de arriba del vestido tenía un gran escote y se le ceñía al cuerpo hasta la cintura, donde caía con un pequeño margen de vuelo, tampoco demasiado. Era un vestido muy revelador, aunque si lo pensaba bien, sus faldas solían cortarse a la altura de la mitad del muslo así que… tampoco dejaba mucho a la imaginación. El maquillaje que había utilizado se reducía a un potente pintalabios rojo escarlata y el pelo lo llevaba sutilmente recogido. Se colocó un mechón tras la oreja derecha y se atrevió a mirar a Puck a los ojos. Este estaba con la boca abierta y los ojos impresionados. Le pareció que nunca había visto nada tan hermoso. Con aquel leve rubor y la postura tímida la comparó con una tierna rosa recién salida del capullo. Rachel brillaba, literalmente y con un resplandor rojo y ardiente, Berry desprendía un candor rojizo que hizo que sus latidos se dispararan… ¡demonios! ¿Por qué se le había desbocado el corazón? Solo era una mujer bien vestida… no, realmente era Rachel Berry despampanante frente a él…
- ¿Y… bien? – Le preguntó en un susurro.
- Estás… igual que la chica de la película. – Uf, casi se le escapa un "preciosa", y no lo iba a decir en tono obsceno, que era de la única forma en la que esa palabra podía salir de su boca.
- Esa era la idea, ¿no?
- Claro… ¿empezamos? – Puck se levantó de la cama y se colocó junto a ella en el centro de la habitación.
- Bien, recuerda que tenemos que centrarnos en la parte de interpretación. Nos sabemos la letra y la música, solo falta actuar. – Cuando dijo aquello lo hizo mecánicamente, dándole la espalda para colocar el CD con la canción en su radiocasete y Puck supo que algo le había pasado… a pesar de estar tan impresionante como estaba y haber ganado unos centímetros con aquellos tacones, se la seguía viendo diminuta… ya que tenía que actuar, lo haría para hacerla sentir mejor... ¿en serio?
- ¿No puedes enamorarte? – Rachel se volvió bruscamente ante la pregunta. – Pero… una vida sin amor… es terrible. – Le hizo entonces un ademán para que continuase con la escena que había comenzado.
- No, tener que estar en la calle es terrible. – Dijo ella concienciada, ya estaban actuando.
- No, el amor es como el oxígeno. – Contestó él con pasión.
- ¿Qué? – Preguntó ella escéptica.
- El amor es algo esplendoroso, el amor nos eleva a nuestra esencia, todo lo que necesitas es amor. – "Este tío era un mamonazo", pensó Puck, pero lo representó de la manera más convincente que pudo… el amor… bah, el amor no era nada de eso, el amor, para él, se reducía al sexo.
- No empieces otra vez con eso. – Pidió Rachel cruzándose de brazos… el amor era una porquería.
P: All you need is love. (Entonó Puck dando un paso hacia ella).
- Una chica necesita comer. – Se quejó Rachel, retrocediendo un paso.
P: All you need is love. (Insistió él volviendo a acercársele).
- Y en la calle no se quiere ver. – Explicó ella retrocediendo de nuevo.
P: All you need is love. (Esta vez acabó a centímetros de ella sonriendo con picardía).
R: Love is just a game. (Dijo ella, y no tuvo que actuar).
Puck presionó el Play en el radiocasete y la música comenzó a sonar.
P: I was made for loving you baby, you were made for loving me. (Cantó dando una vuelta en torno a ella).
R: The only way of loving me baby, is to pay a lovely fee. (Le informó negando con la cabeza).
P: Just one night, give me just one night. (Le pidió de rodillas).
R: There's no way, 'cause you can't pay. (Se negó riendo ante la situación).
P: In the name of love, one night in the name of love. (Insistió con la mano izquierda en el corazón mientras se subía a la cama de ella y se balanceaba, abandonando el colchón sujetándose en uno de los soportes de la estructura).
R: You crazy fool, I won't give in to you. (Le reprendió ella, dándole un golpe en el brazo y maldiciéndolo internamente por haber pisado su cama).
P: Don't leave me this way, I can't survive without your sweet love, oh baby. Don't leave me this way. (Le suplicó mirándola a los ojos y congiéndole las manos… estaban suaves).
R: You'd think that people would have had enough of silly love songs. (Apartó la mirada y soltó sus manos acercándose a la puerta).
P: I look around me and I see, it isn't so, oh no. (La siguió y se colocó a milímetros de su espalda… se había puesto perfume, muy poco, pero se lo había puesto… ¿para él?).
R: Some people want to fill the world with silly love songs. (Colocó la mano derecha en el marco de la puerta y giró levemente la cara, sintiendo su presencia tras ella, estaba tan cerca…).
P: Well what's wrong with that? I'd like to know. (Susurró rozando su cintura con los dedos, a punto de abrazarla, pero ella, al notar el contacto, dio un par de pasos y salió de la habitación). P: 'Cause here I go again! (Exclamó sobrepasándola y subiéndose al pasamanos de la escalera, comenzando a hacer equilibrios con los brazos).
- ¡NOAH! – Gritó ella, olvidando el papel, temiendo por su vida. No había un gran espacio entre los dos pisos de su casa, pero un par de huesos rotos no se los quitaba nadie si se le ocurría resbalar.
P: Love lifts us up where we belong. (Extendió los brazos y trató de imaginarse volando lejos… al final iba a acabar divirtiéndose y todo con aquella estúpida tarea).
- ¡Noah, por Dios, bájate de ahí! – Le pidió a voz en grito intentando cogerle una mano y hacerle descender, ¿es que se había vuelto loco?
P: Where eagles fly, on a mountain high. (Miró un poco hacia atrás y la vio preocupadísima intentando cazar su mano. Se rió con descaro y dejó que lo alcanzara).
R: Love makes us act like we are fools, throw our lives away, for one happy day. (Se quejó enfadada, empujándole un poco al volver a tenerlo a su misma altura (más o menos…)).
P: We could be heroes! (Le informó feliz, acorralándola contra la pared). Just for one day. (Afirmó intentando tocarla).
R: You, you will be mean. (No se amedrentó y consiguió escapar de él bajando las escaleras, sujetando la falda del vestido para no pisarla).
P: No, I won't! (Aseguró él siguiéndola).
R: And I, I'll drink all the time. (Dejó que una sonrisa se le escapara con aquello, nunca había bebido, ni siquiera con todos sus dramas amorosos).
P: We should be lovers. (La cogió de la mano y la hizo girar sobre sí misma, disfrutando con el bonito vuelo del vestido, realmente estaba espectacular).
R: We can´t do that. (Se recuperó del giro inesperado y se alejó hacia la sala de estar).
P: We should be lovers, and that's a fact. (Se encogió de hombros apoyado en el marco de la puerta de la sala y la vio reír).
R: Though nothing, will keep us together. (Dejó de huir cuando lo vio allí apostado y no le quedó más remedio que elevar las comisuras de sus labios, aquello era tan de Noah…).
P: We could steal time… (Sugirió acercándose a ella con las manos en los bolsillos y la mirada traviesa).
P&R: … just for one day. (Entonaron ambos sin poder dejar de mirarse, con una sonrisa en los ojos). We could be heroes, forever and ever. (Un paso más de él hacia ella…).We could be heroes, forever and ever. (El primer paso de ella hacia él).We could be heroes…
P: Just because I will always love you. (Le colocó un mechón de pelo tras la oreja y dejó que sus dedos rozasen su mejilla).
R: I… (Comenzó, agachando la mirada mientras disfrutaba la caricia).
P&R: … can't help loving… (Continuaron ambos y ella lo miró).
P: … you. (Terminó él, observando el brillo que sus marrones ojos acababan de recuperar… ¿él había hecho eso?).
R: How Wonderful life is… (Le cantó teniéndolo cada vez más cerca… quería tenerlo así de cerca… incluso más, tal vez…).
P&R: … now you are in the world. (Sus narices ya se tocaban, las manos de él estaban sobre su cintura, y los ojos de ella no podían evitar apreciar los dibujos verdes esmeralda que transmitían los de él).
- Me… complicarás la vida… lo sé. – Finalizó la actuación dejando que él bebiese ese susurro.
La miró a los ojos una vez más, vio intensidad y… deseo. Bajó la vista hacia sus labios, observó como el inferior temblaba, separado de su alto gemelo… y no se lo pensó más, solo lo hizo.
Empezó con un toque, labios sobre labios, con poca presión, solo el contacto. Ella cerró los ojos nada más sentirlo y él tomó su cintura entre sus manos con más firmeza. Retiró levemente sus labios de los de ella, muy despacio, dejándole un cosquilleo en la piel maquillada que la hizo estremecer. Hizo que sus frentes se encontraran y suspiró profundamente, terminando de acercar el pequeño cuerpo de Rachel al suyo. Las manos de ella aun colgaban en sus costados. Volvió a mirarla a los ojos, esos ojos marrones tan inmensos y cargados de emoción… por alguna razón necesitaba su aprobación para hacer algo tan simple y "casto" (bajo su punto de vista) como besarla. Por toda respuesta, ella bajó la mirada y humedeció sus labios. Esta vez la supresión de la distancia fue llevada a cabo por ambos. Él capturó su labio inferior y ella se encaramó a su superior. Puck saboreó aquella boca con cuidado, comenzando con pequeñas caricias, notando el colorante que había pintado aquella superficie, atreviéndose a perfilar los suaves carmesí de la chica con su lengua, todo muy despacio. Ella no aguantó más y separó por completo sus labios, dejando que profundizase el beso. Cuando la lengua de él comenzó a jugar con la de ella, con una extraña timidez, Rachel supo qué hacer con sus manos, hasta el momento inertes, y las colocó en la cintura de él, haciéndolas subir despacio por su abdomen, avanzando hasta su pecho, donde se agarraron a su camisa con fuerza. Puck sintió el calor de las pequeñas manos de ella a través del tejido, hubiera deseado que la caricia fuese directa sobre la piel, pero no pudo evitar soltar un pequeño gruñido de placer ante el contacto.
Se degustaron sin reservas, ya conocían la boca del otro, pero el reencuentro de ambas estaba teniendo más efectos de los que esperaban. No querían soltarse, no podían soltarse. No les importaba estar quedándose sin aire, se conformaban con el poco oxígeno que conseguía entrar por sus narices y llegar hasta los pulmones, que trabajaban frenéticos, a resuellos, tratando de mantener el ritmo de latidos desenfrenados al que sus corazones se habían ajustado. Ella sentía repiquetear el de él bajo sus manos, que aun andaban aferradas a su camisa. Él casi oía como el de ella aleteaba bajo aquel vestido tan ajustado que, en otro cuerpo, ya estaría en el suelo pero, ¡maldita sea! ¡Era Rachel a quien estaba besando! No podía tomarla sin más, como a él le viniese en gana… ella lo tenía que dejar. No quería arriesgarse a una negativa y estropear ese momento tan intenso… ¿era eso o… tal vez tenía suficiente con el sabor de su boca y la cercanía de su cuerpo? ¿Desde cuándo le importaba más eso que un buen polvo?
Cuando la necesidad de aire fue cosa de vida o muerte separaron sus labios, con la misma lentitud y dedicación que el resto del proceso, dejando que sus cuerpos temblasen con la primera bocanada de aire, aun solapados el uno al otro.
Ella lo miró a los ojos y se asustó al verlos más oscuros de lo habitual. Sus labios aún estaban separados, recuperando aire, humedecidos por su saliva, la de ella, rojos por su pintalabios y por el ajetreo del beso. Vio entonces como apretaba la mandíbula y cerraba los ojos. Aflojó el agarre de sus manos sobre su camisa y las dejó extenderse sobre su pecho, sintiendo como este subía y bajaba con rapidez. Tenía el torso perfectamente perfilado, músculo a músculo, le gustaría tanto poder tocar su piel y comprobar la firmeza que parecía tener… oh, Dios, mío, ¡se moría por arrancarle la camisa y volver a devorar su boca! ¿Pero en qué estaba pensando? Que era Puckerman, por Dios… el mismo Puckerman que se había acostado con la plantilla femenina del instituto al completo… el mismo Puckerman que le había tirado centenares de granizados día tras día… el mismo Puckerman que abusaba de todos cuantos se cruzaban en su camino… el mismo Puckerma que… Abrió los ojos y la miró más calmado… ¿se había tranquilizado sin siquiera intentar tocarle el trasero? Porque sus manos seguían sobre su cintura, ahora sin ningún tipo de presión. Aquella mirada era tan rara… y más viniendo de Puckerman… "No", pensó, "no me está mirando Puckerman… me mira Noah".
Él trató de hablar varias veces, sin querer soltarla aun… ¿debería de explicarle que no se había podido contener y evitar el beso? Al fin y al cabo, ella le había correspondido, ¡y de qué manera!
- … yo… eh… bueno… yo… - Mierda, estaba tartamudeando como un imbécil, "vamos Puckerman ¡reacciona!, solo es Berry", intentó animarse, "no, joder, no es Berry… es Rachel, y lo único que quieres es volver a besarla… ¡serás gilipollas!". – Había un beso al final de la escena. – Soltó de golpe, lo primero que se le vino a la mente.
- … ah… claro… - Contestó ella. No era precisamente lo que esperaba que le dijera… tampoco es que tuviese claro que le podía decir, aparte de: "¿subimos arriba?", no sabía que más esperar de Puckerman.
Se separó de ella y se sorprendió al sentir el frío del ambiente chocar contra su cuerpo al no tener el calor del de ella… era como coger hielo con las manos desnudas… dolía… menuda mariconada.
- Creo que estamos listos para la presentación. – Sentenció, incapaz de mirarla.
- Sí… totalmente. – Respondió ella abrazándose a sí misma, ¿por qué hacía tanto frío?
- Pues… entonces… ¿lo hacemos así?
- Sí…
- Aunque… casi mejor si el beso no…
- S… Sí… el beso… el beso será demasiado… co… como… exagerado y…
- No. Es… parte de la actuación… tendremos que volver a hacerlo… - "Muy sutil Puckerman…", se reprendió mentalmente, ¿qué hacía vacilando? Si lo que quería era besarla otra vez, ¿qué mierda hacía buscando escusas tan patéticas? – Pero tal vez… con menos… intensidad. - ¿Qué cojones acababa de soltar por la boca?
- Claro. – Afirmó ella… gracias a Dios que él había propuesto eso. El beso quedaría muy bien al final de la presentación pero si lo hacían tal y como lo acababan de hacer tendrían que censurarlo, y ninguno de sus compañeros tenía más de 18 años para poder verlo.
- Bien… pues… ya está… yo… yo me voy. – Sin pensarlo y con el ceño fruncido por todas las estupideces que estaba sintiendo se dirigió a la puerta.
- Es temprano. – "Rachel, ¿pero qué haces?", se reprendió a sí misma, sin saber por qué iba a decir lo que estaba a punto de decirle. – Si te quieres quedar a cenar… o algo.
Él se volvió y la miró. Ese "o algo", sabía muy bien lo que significaba. Se imaginó la escena con claridad. No le respondería con palabras, solo la besaría con urgencia y la guiaría rápidamente hacia su habitación. Le quitaría ese endiablado vestido y dejaría que lo desnudara y… bueno, si iba muy despacio, él mismo se arrancaría la ropa. Entonces tendría la mejor experiencia que pudiese imaginar con una mujer y añadiría a su lista de desvirgamientos el nombre de Rachel Barbra Berry. Tal vez cuando terminasen se quedase con ella hasta que se durmiese… luego se vestiría y saldría de allí. Al día siguiente se mirarían de manera incómoda y harían una presentación horrible…
- No, hoy tengo que volver pronto a casa, puede que otro día. – Le contestó, y en su fuero interno, quiso arrancarse el mohawk de la desesperación que tenía encima por haber dicho semejante subnormalidad… y por el calentón que se había instalado en su entrepierna tras imaginar todas y cada una de esas escenas. Abrió la puerta y salió al exterior… realmente hacía frío.
- Vale. – Aceptó ella, quedándose apoyada en la puerta. Sonriéndole, sin poder evitarlo. Puede que se hubiese negado a lo obvio porque no quisiese nada con ella, pero algo le decía que lo había hecho por respeto y eso le hacía recuperar un poco de la fe que había perdido en el ser humano (más concretamente en el género masculino). – Nos vemos mañana.
- Hasta mañana. – Puck descendió los escalones de la entrada de la casa de Rachel y comenzó a andar con las manos en los bolsillos y la mirada clavada en el suelo. Muy a su pesar, alzó la comisura izquierda de sus labios. Aquella noche no tendría diversión, le esperaban horas muy aburridas pegado a la videoconsola del salón, y todo porque él había querido… lo que pasaba es que a la mañana siguiente, a primera hora, asistiría después de años a Matemáticas, Rachel estaría allí, y él sería capaz de contar los minutos que faltaban para que ese momento llegase.
