Rachel cerró la puerta de su coche y se encaminó al interior del instituto llevando consigo una gran bolsa que contenía su vestuario para la presentación del Club Glee, que tendrían a última hora. Aquel día, cuando se despertó antes de que el despertador la hiciera botar de la cama, supo que sería un día importante, no sabía si para bien o para mal, pero pasarían cosas más que destacables.
Cargada de energía, llegó a su taquilla y comenzó a buscar los libros de su primera clase, Matemáticas, no le solía gustar acudir, pero tenía tantas ganas de vivir aquel día que ni encontrarse con esa primera asignatura a las 8 de la mañana hizo mermar su espíritu. Saber que había gente preocupada por ella, que la respetaba y que no la trataba mal hacía que se sintiera fuerte y más viva que nunca.
- Hola Rachel. – La saludó Tina, portando un par de libros, una carpeta y la sonrisa que se empezaba a acostumbrar a darle a la morena.
- Buenos días Tina. – Le respondió Rachel con el mismo buen humor, lo cual hizo que la chica gótica abriera los ojos con asombro y se enorgulleciera de que su amiga hubiera superado el bache de días anteriores.
- Vaya, estás… radiante. ¿Es por la presentación?
- La verdad es que no lo sé, pero… hoy me siento bien… sí, me siento muy bien.
- Así es como me gusta verte.
- ¿Y tú presentación con Mike, que tal?
- Os vais a sorprender de lo que puede hacer, en serio, es… impresionante.
- ¿Quién es impresionante? – Preguntó Mike, apareciendo tras Tina.
- ¿Pues quién crees? ¡Jacob Israel! Es el hombre más impresionante de este mundo. – Respondió Tina, dejando a Mike con una cara de extrañeza y a Rachel con la mirada divertida.
En ese preciso momento, el muchacho del afro apareció por el pasillo, con unos pantalones de pana y un jersey de rayas. Al llegar a la altura de Rachel, agitó su peculiar cabello, le guiñó un ojo, la señaló, se señaló y formó un corazón con sus manos diciendo en un susurro: "true love".
- Pero creo que le pertenece a Rachel así que… me tendré que conformar contigo. – Dijo Tina intentando contener la risa mientras su amiga se ponía pálida y Mike la miraba un poco mal.
- Por favor, que alguien me diga que eso no acaba de pasar… - Murmuró Rachel apoyando la frente en su taquilla, aburrida de la obsesión de Jacob con ella.
- Chica, no sé de qué te quejas, yo mataría por tener tras de mi a un hombre blanco como él. – Dijo Mercedes, apareciendo junto a ellos.
- ¿Tú también lo has visto? – Preguntó Rachel horrorizada, fue entonces que se dio cuenta de que el pasillo estaba lleno.
- Todos lo hemos visto y… Mercedes tiene razón, es un partidazo, si yo fuera tú ya le hubiera dejado que me pidiera matrimonio. – Añadió Kurt, apoyándose en el hombro de su diva preferida.
- ¿Quién se casa? – Inquirió una voz profunda y grave, que nadie esperaba escuchar a aquellas horas de la mañana.
- ¿¡Puckerman!– Exclamaron todos a coro, mirándolo con extrañeza. Él solo alzó una ceja y miró a Rachel, que lo observaba como si fuese una aparición.
- Noah… ¿qué haces aquí? – Preguntó la morena, lo habitual era que Puck no apareciese por el colegio hasta las 10 de la mañana y en aquellos momentos eran poco menos de las 8, ¡las 8! ¿Cuándo se había visto eso?
- Tengo Matemáticas. – Respondió el chico judío y todos abrieron los ojos desmesuradamente, Puck había rechazado esa clase hacía años. – Anoche… creo que me dejé algo en tu casa… - Añadió, tocándose el mohawk y haciendo que las mandíbulas de los presentes rozase el suelo, ¿qué podía hacer Puckerman en la casa de Rachel Berry POR LA NOCHE?
- … sí. – Dijo Rachel, consiguiendo que todos la observaran aún más estupefactos, pues estaba confirmando las palabras de Puck. La chica volvió a abrir su taquilla y rebuscó en la bolsa de su vestuario, encontrando y sacando la chaqueta del muchacho. – Te la dejaste en mi cuarto. – Concluyó mientras se la entregaba, empeorando la situación.
Todos estaban más que perplejos con el trato de los dos, con la manera en la que se miraban y con el extraño gesto que tuvo Puckerman. Cuando el chico cogió la chaqueta se preocupó por rozar las manos de Rachel y colorearle las mejillas, mientras él solo era capaz de regalarle una sonrisa amable. ¿Qué narices pasaba entre esos dos?
- ¡PUCKERMAN! – Gritó Lauren en el oído de su novio mientras le daba una "suave palmada" (entiéndase el sarcasmo) en mitad de la espalda.
- Lauren… ¿qué…? – Comenzó a decir Puck, extrañado de que Lauren estuviera allí, si él solía considerar una hora adecuada para su incorporación a las clases las 10 de la mañana, para la chica eso era como madrugar, hasta las 12 no se dejaba caer por las aulas. El caso es que Puckerman se quedó sin habla, al igual que todos los presentes, cuando se fijaron en el atuendo de Ms. Zizes: cuero, negro, mucho cuero, y complementos con pinchos intimidatorios, la vestimenta habitual de toda estrella de rock que se precie. - ¿Qué te has puesto?
- Soy yo en modo "Rock and Roll", Puckerman, voy a quemar el escenario. – Diciendo aquello los observó a todos con los ojos repintados de negro entrecerrados.
- Pero… Glee es a última hora, ¿por qué has venido ya así vestida? – Preguntó Puck con cautela.
- Porque me sale de las narices, además, fíjate el pánico que creo con mi sola presencia. – Todos miraron en derredor y se dieron cuenta de que la gente dejaba un buen margen de distancia en torno a Lauren, que asintió con la cabeza satisfecha. - ¡Vámonos! Quiero ver la cara del viejo de Matemáticas cuando nos vea entrar por la puerta. – Cogió a Puck por la camiseta y lo arrastró junto con ella lejos del grupo.
- Puckerman es un bruto pero Lauren da auténtico miedo. – Dijo Tina viendo como la peculiar pareja desaparecía.
- Jamás pensé que se dejaría doblegar de esa manera… será verdad eso de que la música amansa a las fieras. – Comentó Kurt.
En ese momento sonó el timbre y se dirigieron a sus respectivas clases. Rachel caminó junto a Kurt y Mercedes en dirección al aula de Matemáticas sintiendo aun el roce de Puck sobre sus manos, ¿lo habría hecho sin querer? Mientras tomaba asiento vio a Lauren en primera fila, admirando su manicura negra, a su lado, Puckerman la observaba con el ceño fruncido. Le preguntó algo y la gran chica lo acribilló con la mirada haciendo que el muchacho se sentase recto en su asiento y evitase el contacto visual con su novia. Era extraño, tenían razón, Puckerman y Zizes, Zizes y Puckerman… Noah y Lauren… a Rachel no acababa de gustarle como sonaban esos dos nombres juntos. No tuvo mucho más tiempo para pensar en ello pues el profesor apareció, y tras limpiar un par de veces sus gafas y colocarlas con dedos temblorosos sobre el puente de su ajada nariz tuvo que admitir que Lauren Zizes y Noah Puckerman estaban sentados frente a él, en su clase de Matemáticas, a las 8 de la mañana. Dándole un profundo trago a su petaca secreta, de espaldas a los chicos, comenzó a escribir la tarea del día en la pizarra, pensando que cuanto antes se sentase y dejase que los efectos del alcohol hiciesen su trabajo, antes eliminaría de su mente la imagen de los dos alumnos problemáticos mirándolo como si fuera una fácil y apetecible presa.
- … ¿y Sam dijo eso? – Murmuró Mercedes a Kurt, haciendo que Rachel se interesase por la conversación.
- Sí… no sabes cómo se puso Quinn, aquello era mejor que Gossip Girl. – Respondió Kurt con emoción.
- ¿Pero él como se enteró? – Preguntó Mercedes, sin entender aun como se habían podido llegar a liar tanto las cosas.
- Pues porque mi hermano es muuuy inteligente y… - Comenzó a explicar el chico adicto a Vogue y Rachel no aguantó la curiosidad.
- ¿De qué habláis? – Quiso saber con timidez.
- Ah… está bien, lo contaré desde el principio. Verás, ayer por la tarde, cuando te dejamos en tu casa, Mercedes y yo volvimos al instituto porque nos llamaron para ensayar los números grupales…
- Pero si a mí y a Noah no nos dijeron nada…
- Bueno, después de la que se montó, ¿qué esperabas? Puckerman es un peligro público y Barbie Superstar no quiere verte ni en pintura… ¡pero bueno! No me interrumpáis y os lo contaré todo…
Flashback
Cuando Kurt llegó al gimnasio encontró a los chicos dispersos y ocupados con sus diversos asuntos: Mike repasaba la coreografía una y otra vez, Artie retocaba el atrezo que utilizarían durante la actuación y Sam no le quitaba los ojos de encima a su móvil.
- Menudo equipo… - Murmuró Kurt, desprendiéndose de las bolsas que lo acompañaban.
- Hey. – Le saludó Mike alzando la mano.
- Hola… ¿esto es todo lo que tenemos para trabajar? – Preguntó el divo, agitando sus dedos y observando el panorama.
- Finn decía que llegaba dentro de poco y a Puck no lo hemos llamado porque… - Comenzó a explicar Artie y miró a Sam, quien no prestaba atención a la conversación y tanteaba, de vez en cuando, sus heridas. – si juntamos a esos dos, se matarán. – Añadió en un susurro.
- Ya… pero yo estoy aquí, así que creo que debemos empezar con el ensayo, conociendo a mi hermano podemos sentarnos tranquilamente si pretendemos esperarlo. – Dijo Kurt, recordando donde se encontraba el gran muchacho.
- Está bien. – Mike se acercó a los dos. – Artie, ¿sabes cuál es tu rutina o repasamos un poco antes de empezar?
- Lo tengo controlado.
- Pues vamos a ello.
- ¡Sam, deja el aparatito y ven aquí a ensayar! – Le llamó Kurt al ver que el rubio ni siquiera había pestañeado… y siguió impasible. - ¡Sam!
- Eh… Kurt… mejor déjalo, no está muy bien. – Le advirtió Mike.
- ¿Y tengo yo la culpa? – Exclamó Kurt, ya que no le dejaban estar en el grupo de las chicas (el ganador indiscutible, a su parecer), prepararía un número en condiciones, aunque fuese con esos niños tan poco comprometidos.
- No, es… es Quinn… tienen problemas, y lo de ayer con Puckerman no ayudó… dale un respiro. – Le pidió el asiático.
- Siento ser tan insensible, pero no voy a dejar que las chicas nos ganen, quiero la recompensa que Mr. Schue ha prometido, incluso si es una cutre bolsa de pipas. – Mike y Artie lo observaron cómo si hubiese perdido la cabeza. - Llamadme materialista si os apetece, pero esto es una cuenta pendiente que tengo conmigo mismo… las veces que hemos competido con ellas nunca se ha nombrado un verdadero ganador, ahora es el momento de aplastarlas mortalmente con una performance digna… aunque el tema que tengamos esté más que obsoleto.
- Mira, ensayaremos nosotros tres y cuando Finn llegue… - Comenzó a decir Mike, pero se detuvo al ver como Sam se levantaba con decisión de las gradas y dejaba el gimnasio.
- ¿Pero adónde se cree que va? – Inquirió Kurt con molestia y los tres siguieron al chico que, caminando con paso ligero, ya había atravesado la mitad del pasillo.
No tenían ni idea de adónde se dirigía Sam, pero lo vieron detenerse de súbito en la primera intersección con otro pasillo, que aparecía por la derecha. Mientras lo alcanzaban escucharon unas risas coquetas de fondo, y al llegar a su lado vieron a Quinn y a Finn, ella frente a él, apoyada en las taquillas, teniendo al gran Quarterback muy cerca… demasiado, mirándola con picardía, jugando con uno de sus dorados mechones de pelo. Kurt tuvo sensación de deja-vu y su cerebro recreó la siguiente imagen: ambos acortando la distancia que los separaba.
- ¡Eh! – Exclamó Sam, haciendo que el par de dos se separase bruscamente.
- Sam… - Dijo Quinn con los ojos desorbitados, ¿no tendría que estar ensayando?
- Hey, tío… - Saludó Finn, metiéndose las manos en los bolsillos, pensando que disimulaba a la perfección.
- ¿Me explicas que es esto? – Preguntó Sam acercándose a la que se suponía que era su novia.
- Nada, solo hablábamos. – Respondió Quinn con aplomo.
- ¿A esa distancia? ¿En serio? – Presionó Sam y la rubia asintió. - ¿Por qué no cogías el teléfono? Te he llamado unas 10 veces.
- Está bajo de batería… - Se defendió la chica.
- ¿Y anoche también estaba bajo de batería? Porque te mandé varios mensajes para saber cómo estabas y te escribí tres e-mails, ¿tu ordenador tampoco tenía batería o es que no te funcionaba internet?
- Sam… no me montes una escenita ahora, no es el momento ni el lugar… - Le soltó Quinn, cruzándose de brazos y mirándolo con enfado. Estaban todos delante, Finn incluido, ¿cómo se atrevía a hablarle de esa manera?
- ¿Qué no…? ¿QUÉ NO TE MONTE UNA ESCENA? Pero si parece que lo estás pidiendo a gritos, Quinn.
- No sé a qué viene todo esto Sam, y te lo repito, no me pongas en evidencia delante de…
- ¿Delante de quién? ¿De él? – Preguntó señalando a Finn. – Habéis estado toda la tarde juntos, ¿verdad?
- No. – Respondió Quinn.
- Sí. – Respondió Finn y todos lo miraron sabiendo que acababa de firmar su sentencia de muerte.
- Sam… no es lo que piensas, tranquilízate… - Comenzó a decir Quinn, acercándose al rubio y colocándole las manos en el pecho, que había comenzado a ascender y descender con rapidez.
- ¿Tranquilizarme? ¿CÓMO MIERDA QUIERES QUE ME TRANQUILICE? – Gritó y Quinn se separó de él asustada, jamás lo había visto a sí. – Me estás engañando con este… con este… CON ESTE IMBÉCIL.
- ¡Eh! Que yo no te insulto… - Dijo Finn.
- HUDSON CÁLLATE LA BOCA. – Volvió a gritar el rubio, dándole una patada a la taquilla más cercana, por no partirle la cara al idiota que le sacaba una cabeza y le estaba robando la novia. – Y yo defendiéndote… PELEÁNDOME POR TI… ¿Cómo he sido tan estúpido? Quinn Fabray eres una auténtica perra y te mereces todo lo malo que te pase en la vida.
- ¡A mí no me hables así, Evans! – Le reprendió la rubia.
- No encuentro otra manera de hablarle a alguien tan despreciable como tú. Eres horrible Quinn, realmente horrible… y yo te amaba, ¿sabes? Te amaba de verdad… imbécil… IMBÉCIL. – Pateó otra taquilla y miró a la rubia con rabia y dolor. – Nunca había deseado tanto que alguien no hubiese aparecido en mi vida… ojalá sintieras lo que yo estoy sintiendo ahora mismo, ¡ojalá te vieras como yo te estoy viendo ahora mismo! Me das asco Quinn, ¡mucho asco! No quiero volver a saber nada de ti, ni verte, ni oír tu maldita voz, ¡TE ODIO, QUINN FABREY!
Gritando aquello último y golpeando por última vez otra taquilla salió de la vista de todos casi a la carrera, con la vena del cuello encendida y el corazón a punto de reventarle por la presión de los latidos, que impulsaban una sangre mancillada por el odio y la humillación, una sangre que le quemaba las venas y le hacía querer matar a alguien… sí, matar… Sam estaba fuera de sí.
Él la quería… no, era algo incluso mayor, ¡la amaba! Joder, ¡se había enamorado de ella! Le había dado todo, la había tratado como si fuese lo más valioso del mundo y ella… ella… ¡menuda perra! ¡Lo había engañado! Y CON HUDSON. Nunca se había sentido tan estúpido… creyendo todo ese tiempo que la tenía, que estaba con él, que… imbécil… todo ese tiempo… ¡todo ese jodido tiempo amándola! Y ella riéndose de él en su cara.
Se sentó en el asfalto del aparcamiento, en una esquina, cerca de su coche. Enterró la cara entre sus manos y trató de controlar la furia que lo corroía… pero su corazón no paraba de latir, enfermo de dolor, ¿cómo iba a librarse de eso? ¿Cómo narices iba a deshacerse del sentimiento de devastación que tenía encima?
Fin del Flashback.
- … y se largó dejándonos a todos con la boca abierta, no sé cómo fue capaz de contenerse y no pegarle a Finn. – Finalizó Kurt.
- Que fuerte… pobre Sam. – Dijo Mercedes. Le parecía raro no haber oído nada, pues las chicas habían estado ensayando en una clase no muy lejana al gimnasio pero… sabiendo lo que había pasado, mejor que no se hubiese enterado. En mitad de una telenovela hubiese disfrutado con una escena así, pero Sam sufriendo no era su argumento favorito, ¿cómo estaría el rubio?
- Entonces… ¿Quinn y Finn están juntos? – Preguntó Rachel con el ceño fruncido, y Kurt y Mercedes la miraron recriminatoriamente.
- Sam anda por ahí con el corazón destrozado por la zorra de Quinn y… ¿a ti solo se te ocurre pensar en que Finn y ella están juntos? – Le dijo Mercedes algo alterada, Rachel también había sido humillada por la rubia, ella, mejor que nadie, debería de comprender a Sam y preocuparse por él, ¿cómo podía ser tan insensible?
- Rachel, perdona que te lo diga así pero, ¡tienes un problema! – Le soltó Kurt. – Un GRAN problema llamado "Finn Hudson". ¡Estás obsesionada con él! Y ya te lo dije… no es sano, cariño, solo vas a conseguir hacerte más daño y…
- Lo sé. – Reconoció Rachel agachando la cabeza… realmente solo había preguntado por la pareja para cerciorarse de lo obvio y poder asegurarle a su corazón que no había nada más que hacer por el gran chico. – Sé que entre Finn y yo no hay nada y que… no lo habrá nunca. – Suspiró y decidió poner en palabras aquello que llevaba presintiendo hacía tanto tiempo. No se había atrevido a decirlo en voz alta por temor a que fuese cierto pero… no había manera de salvar lo insalvable, y era evidente que su relación con Finn estaba completamente terminada. – Aun lo quiero, lo sé y es lo que me hace más daño… todavía estoy enamorada de él. Lo veo por los pasillos, lo escucho cantar en Glee y lo imagino conmigo a cada segundo… pero para él yo ya soy historia. A veces me preguntó si llegué a importarle… es el único chico con el que he salido, a Jesse y a Noah no los cuento porque los usé para intentar olvidarme de él… no, ¿a quién quiero engañar? Los usé para darle celos, para que se interesase por mí y… funcionaba, de alguna extraña manera ¡funcionaba! Cada vez que me veía con otro venía por mí, a recuperarme, a arreglar lo nuestro… durante un tiempo, cada vez más escaso. Me ha vuelto débil, lo sé… me ha hecho tanto daño… pensar que… - Se cortó intentando retener las lágrimas, decir todo aquello era tan difícil.
- ¿Qué? – Le apremiaron Kurt y Mercedes, cogiéndole cada uno una mano, parecía que se estaba dando cuenta de lo que todo el mundo llevaba viendo desde hacía tiempo: Finn solo sabía jugar con ella.
- … es la única persona que me ha tratado más o menos bien desde el principio. Creí que lo hacía por amor pero… ahora estoy casi segura de que todo era mentira, un engaño para sentirse… no sé, superior… y si eso es así entonces… significaría que nadie me ha querido nunca, no realmente. Yo siempre estaba detrás de él, esperando por él. Ni siquiera me importaba que estuviese con Quinn o con quien fuese, si me miraba, si me hablaba, yo ya era feliz. Hubo un momento en el que hubiese sido capaz de estar con él aunque… saliese oficialmente con otra, aunque… solo me utilizase. – Por Dios, que mal sonaba eso, ¿tanto había dejado que la degradaran? – Ahora pienso que todo el tiempo me estuvo utilizando, como un sustituyente, un descanso de Quinn, para despejarse y no agobiarse con ella… solo fui un chiste para él, la tonta que le servía de escape, la estúpida que siempre estaría por y para él… Rachel Berry, la muñeca gratuita de Finn Hudson…
- No, Rachel, no… no digas eso. – Le dijo Mercedes, realmente Finn la había roto.
- Mercedes tiene razón, no se te ocurra pensar ni por un instante eso de ti misma… que te humillen los demás es una cosa, pero humillarte tú… ¡jamás! – Kurt hizo que la mirara y se le quebró el corazón al ver lágrimas rodando por el rostro de la morena… con lo bien que la había visto al inicio del día… - Rachel, Finn es un crío que no sabe lo que quiere en la vida, solo se limita a hacer lo que le viene en gana porque se le permite. No es tu culpa el haberte enamorado de él… yo también lo quise, ¿recuerdas? Y me ilusioné con que algo podría llegar a pasar entre nosotros y… me sentí lo más miserable de este mundo cuando comprendí que no tenía nada que hacer con él. Dolió, mucho, y quise morirme al darme cuenta del ridículo que había hecho, no frente a nadie, si no frente a mí. Deja de herirte a ti misma y no te culpes por lo que sientes, solo… afróntalo, y por favor, sé consciente de la realidad y acéptala, porque soñar puede dañarte seriamente y yo no quiero que te pase nada. – Le limpió las lágrimas con el dorso de la mano y ella le sonrió levemente como muestra de agradecimiento.
- Ni yo… no nos hemos portado como "amigos" contigo durante mucho tiempo… ya es hora de que te tratemos mejor. – Le dijo Mercedes apretándole la mano que aun sostenía. – Además, somos divas, ¡las divas del Glee Club! Y tenemos que apoyarnos en lo bueno y en lo malo.
- ¡Di que sí hermana! – Exclamó Kurt, chocando la mano con su amiga y haciendo que los tres se echasen a reír. – No estás sola Rachel, ya no.
