El telón se abrió con pesadez y Puck se encontró con sus compañeros, mirándolo fijamente. No tenía miedo escénico ni nada parecido, pero actuar y cantar a la vez era un poco complicado teniendo a una docena de personas observándote con atención. Las manos le transpiraban y los pulmones estaban algo perezosos en su pecho. Entonces se giró hacia su izquierda y se encontró con Rachel, que lo miraba a la espera de que comenzase. Ella vio pánico en sus ojos, algo no muy habitual en él y le sonrió, muy sutilmente, más con la mirada que con los labios, lo suficiente y necesario como para que el corazón de Puckerman saltara con fuerza y le devolviese su aplomo. Actuaron con complicidad y cierta picardía. Rachel no entendía lo que le pasaba. Cuando Puck le cantaba de aquella manera, con los ojos brillantes y la sonrisa imborrable, cuando la tocaba con cuidado y ternura, ella no hacía más que derretirse y querer abrazarlo, se imaginaba con él, sentada en un florido parque, envuelta en sus brazos, respirando su particular aroma (mezcla de colonia de hombre, after shave y esencia de Noah), sintiendo sus labios sobre su piel… le parecía que el chico del mohawk, el matón del instituto y su torturador por excelencia, tenía corazón y se lo mostraba casi sin darse cuenta. Por su parte, Puckerman estaba haciendo verdaderos esfuerzos por no atraerla hacia su cuerpo, refugiarla entre sus brazos y besarla hasta dejarla sin aliento, ¿qué mierda le pasaba con Berry? ¡Ella era una perdedora!... una hermosa, dulce y talentosa perdedora.

Sus compañeros veían la presentación algo extrañados, los roles habían cambiado. Era Rachel la que andaba enferma de amor a diario y mientras actuaba, no hacía más que maldecir ese horrible sentimiento. Y era Puckerman, el que solo podía encontrarle una función a las mujeres, quien, entre versos empalagosos, destilaba "amorosidad". Sin embargo, a todos, salvo a dos personas, les parecía imposible no sonreír ante la escena.

Cuando el momento del beso llegó y Puck cogió a Rachel por la cintura, ella lo miró con temor y él lo notó y supo que tenía que tomárselo con tranquilidad y no dejarse llevar (aunque fuese lo que más deseaba… joder). La chica pronunció su última frase y él la abrazó mientras posaba sus labios sobre los de ella, con mucha delicadeza, sin apenas presión. Rachel estuvo a punto de suspirar de alivio cuando alzó los brazos alrededor de su cuello y Puck no intentó intensificar el beso. Esta vez la cosa se quedó en el contacto pero, todo se complicó cuando separaron sus bocas, aun abrazados y les dio por mirarse a los ojos. Se quedaron absortos el uno en el otro, perdiéndose en pupilas ajenas, internándose en otra piel, respirando en otros labios… ¿cuándo narices había pasado eso?

- Ejem… - Tosió Will descaradamente, haciendo que ambos se sonrojaran y rompieran esa mirada tan intensa… para ellos había sido aún más perturbadora que el beso de la tarde anterior. – Por un segundo he pensado que ibas a pedirle que se casase contigo, Puckerman.

Puck se puso color escarlata y Rachel dejó que el pelo le ocultase el avergonzado y extrañamente feliz rostro. Sus compañeros no ayudaron mucho al comentario de Mr. Schue pues empezaron a aplaudir y a silbar provocadoramente… aunque había por ahí una cara alucinada y unos puños preparados.

- Rachel, has conseguido lo que te pedí, casi me creo que Puck es un buen chico, y vocalmente no ha estado nada mal, enhorabuena. – Sentenció el Sr. Schuester, tomando un par de notas. La pareja volvió a su sitio sin atreverse a mirarse, por lo que pudiese pasar. – Bien, todos habéis actuado y, aunque esto no era ningún tipo de competición voy a destacar la que para mí ha sido la mejor performance. – Repasó sus notas y miró a sus chicos uno por uno, para hacer el momento interesante pues, desde que había visto la presentación, supo que había sido la mejor de todas. – A mi parecer, el mejor trabajo de la semana ha sido el de… ¡Mike y Tina! Lo repito: IMPRESIONANTES. (*)

Todos felicitaron a la pareja, que se abrazaba fuertemente pues, por fin, habían valorado su trabajo más que positivamente. Entre estrechamientos de manos y palabras de enhorabuena, Finn se plantó frente a Puck con el ceño muy fruncido.

- Teníamos un trato. – Le reprochó al muchacho del mohawk, que lo miró sin entender.

- ¿Qué trato? ¿De qué hablas? – Preguntó Puckerman, desconcertado por el tonito de Finn.

- Creía que éramos amigos… - Lo miró con desprecio y Puck empezó a mosquearse.

- Somos amigos, ¿qué mierda pasa contigo, Finn?

- ¡ME DIJISTE QUE NO TE VOLVERÍAS A ACERCAR A ELLA! – Le gritó y todo el mundo calló para observar la escena.

- Solo era una estúpida actuación… pero, ¡tú ya no estás con ella!, te tendría que dar igual. La cagaste, otra vez, ¿recuerdas?

- No, la cagó ella, y la dejé por tu culpa, Puckerman.

- ¿Pero de qué vas Hudson? Fuiste tú el que le mintió y le jodió la vida, además, no eras capaz de darle lo que necesitaba, normal que acudiese a mí.

- ¿Darle lo que necesitaba? ¡Cómo si tú supieses lo que necesita!

- ¡Pues sí que lo sé! Necesita que la respeten y la cuiden, no que la traten como una mierda solo por diversión.

- ¿Diversión? JÁ, mira quien fue a hablar, ¡TÚ SOLO LA QUERÍAS PARA TIRÁRTELA!

- Se acabó.

Puck perdió todo uso de razón ante el último comentario de su "amigo" y se abalanzó sobre él para partirle la cara. ¿Cómo se atrevía a soltar esa gilipollez? ¿Qué solo la quería para tirársela? ¡Y una mierda! Él jamás la hubiese utilizado de esa manera, no a ella, ¡no a Rachel! Valiente imbécil… lo molería a golpes por decir semejante mierda.

Mientras todos intentaban separar al par de dos, Quinn miraba con malos ojos la situación, ahora Finn estaba con ella (o eso se suponía), ¿qué hacía preocupándose por Berry? ¿¡Qué narices tenía esa inútil que hacía que él estuviese pendiente de ella a cada instante!

El objeto del conflicto andaba con las manos en la cabeza, gritándoles que parasen. Puck estaba fuera de sí y Finn no daba a vasto para defenderse pero, la cosa se iba a poner peor.

- ¡EH, BERRY! – Le gritó Lauren y lanzó un puño hacia la cara de la pequeña que, por milímetros, evitó el impacto. – LA BOCA DE PUCKERMAN ES MÍA Y SOLO MÍA.

Aquello era una verdadera batalla campal, Puckerman y Finn tirados en el suelo, con Will intentando separarlos y Rachel corriendo por su vida por todo el salón, tratando de escapar de la violencia descomunal de Lauren. El resto del Glee Club se había repartido entre ambos altercados y trataba de frenarlos mientras, en el borde del escenario, Brittany estaba sentada, observándolo todo con cierta fascinación. Sin saber por qué, se le antojaron unas palomitas recién hechas y su estómago rugió.

Cuando Will consiguió separar a los dos chicos, Finn estaba cubierto de sangre y con la nariz algo desviada, Puck, sin embargo, apenas tenía ni un rasguño y seguía forcejeando con Sam y Mike para volver a saltar sobre Finn, aún no estaba muerto, no había terminado.

Lauren había acorralado a Rachel contra unos sillones y la morena se encontraba sin posibilidad de escape. Kurt, Mercedes y Tina le pedían que se detuviese, pero la gran chica echó hacia atrás su puño derecho y apuntó al rostro de la muchacha, que optó por cerrar los ojos y rezar por que esa mano gigante no se topase con su nariz… el golpe nunca llegó, pero se oyó un fuerte ¡Pam!

Rachel abrió los ojos y se encontró la espalda de Puckerman frente a ella, el chico estaba con la cara girada hacia un lado y expresión de dolor. Todo había quedado en silencio y Lauren no daba crédito a sus ojos, ¿Puck se había interpuesto entre su puño y la enana miserable de Berry? El chico del mohawk no se movió, era evidente que no le iba a pegar a una mujer, pero… realmente lo que temía era moverse y caer al suelo, toda la sala giraba ante sus ojos y el cuerpo se le había vuelto pesado e incómodo.

- MUY BIEN, SE ACABÓ. – Gritó el Sr. Schue, haciendo que todos brincaran al verlo con la vena del cuello encendida y el rostro contraído en un gesto de rabia suprema. – LAUREN ZIZES Y FINN HUDSON, A MI DESPACHO, ¡YA! – Los dos obedecieron sin pensárselo y con rapidez, Will apenas perdía los nervios, muchos pensaban que ni siquiera sabía enfadarse, pero aquel rostro endemoniado demostraba que el profesor tenía mucho, MUCHO, mal genio acumulado. – EL RESTO, ID A LA SALA DEL CORO, ENSEGUIDA. Y VOSOTROS DOS, - Continuó, señalando a Puck y Rachel. – OS VAIS A QUEDAR AQUÍ RECOGIENDO TODOS LOS MATERIALES, ¿ENTENDIDO? – Los dos asintieron levemente, aterrorizados por el docente. – LUEGO IRÉIS A MI DESPACHO Y HABLAREMOS DE LAS MEDIDAS QUE VOY A TOMAR.

Al escupir la última palabra en forma de alarido se giró y, pisando fuerte, abandonó el lugar.

Se quedaron los dos solos y Puck intentó acercarse al escenario, pero al dar el segundo paso el techo decidió permutarse con el suelo y perdió el equilibrio, teniendo que ser sujetado por Rachel, que hizo que se sentara y colocase la cabeza entre las piernas, a la espera de que ese horrible mareo pasase.

Cuando Puckerman se hubo repuesto, la chica le ayudó a llegar al escenario y, entre los dos, comenzaron a ordenar todo el atrezo que sus compañeros, con la presión de realizar las actuaciones lo más rápido posible, habían dejado esparcido por la parte trasera del escenario. A media luz consiguieron colocar gran parte del jaleo de utensilios teatrales que les rodeaba. Tardaron lo suyo, porque a Rachel le costaba la vida moverse con aquel vestido y Puck aún tenía el norte atrofiado, no podía andar en línea recta más de tres pasos. Al verlo trastabillar por quinta vez, la muchacha se le acercó y le posó la mano derecha sobre su brazo izquierdo, haciendo que él la encarase. Por unos instantes la vio borrosa y se asustó pensando que caería al suelo de un momento a otro, pero se recuperó y se encontró con sus marrones ojos, preocupados y culpables.

- Gracias, seguramente me has salvado la vida. – Le dijo en un susurro y él se quiso reír, pero a su mente le costaba sobremanera pensar en responderle como para encima ocuparse de hacerle soltar una de sus carcajadas.

- Sí… y ni siquiera te cobro… haces bien en estar agradecida. – Respondió sin darle mayor importancia a lo ocurrido, para él, que ella estuviese intacta era más que suficiente.

- Créeme que lo estoy, mucho, y… no solo por lo de ahora… - Él la miró sin comprender. – Me contaron que te peleaste con Sam por defenderme frente a Quinn.

- Ah… eso… - Casi había olvidado como el maldito de Evans le había impedido acabar con la vida de Fabrey. – No fue nada… somos… somos judíos sexys, tenemos que protegernos.

- Pues… yo no lo he hecho muy bien.

- No necesito que me cuiden, pero tú… ¿qué te ha pasado? – Rachel se sorprendió ante la pregunta, no conocía la respuesta. – Antes tú misma le habrías arrancado los pelos a la zorra de Quinn y tuve que ir yo a defenderte de las gilipolleces que te dijo.

Tenía razón… había sido incapaz de defenderse, ¿acaso podía hacer algo ella para cambiar la situación, para no ser tratada como una escoria día tras día?

- ¿Y qué pasa con el capullo de Hudson?

Otra vez Finn… le dio un escalofrío al pensar en él y en cómo había vuelto a reclamarla cuando sintió la mínima amenaza de que alguien podía estar con ella.

- Te dejas dominar por todos, Berry, como si no te importase que te tratasen como una mierda.

Heridas y más heridas, por debajo de su piel, escociendo con cada una de las palabras que Puck soltaba.

- ¡Joder! Ni siquiera has sido capaz de lucirte en esta puñetera tarea, no te creas que no me he dado cuenta, hemos hecho una actuación "normal", cuando tú siempre vas a matar.

Le daba igual Glee, Broadway y todo lo demás, ¿qué importaba? Ella tampoco es que tuviese tanto talento, ¿verdad?

- ¿Y hoy con Lauren? ¿Qué coño ha sido eso? ¿Por qué has salido corriendo? Vale que es muy bestia, pero es que ni has intentado responderle.

Pensó que si Lauren hubiese conseguido alcanzarla tal vez no estaría respirando y… ¿puede que fuese lo mejor? Tantas dudas se agolpaban dentro de ella, y cada una apuñalaba su corazón con malicia.

- En serio, Berry, ¿QUÉ MIERDA PASA CONTIGO? ¿Dónde está la Berry de verdad? Esa jodidamente perfecta que no paraba de hablar y agobiaba solo con aparecer por la puerta, esa que se vendía como la mejor en todo este puto planeta, esa que se reía de aquellos que la jodían cada día, ¿DÓNDE ESTÁ?

Las lágrimas estaban a punto de precipitarse fuera de sus ojos… había perdido tanto, era tan poca cosa… no aguantaría mucho más las palabras de Puckerman, la estaban matando muy dolorosamente.

- Dios, ¡mírate!, te estoy gritando mil mierdas y solo eres capaz de bajar la cabeza. Joder, ¡HAZ ALGO, LO QUE SEA! Pero no…

Puck llevaba esperándolo un buen rato, de hecho, no hacía más que gritarle y ver como se alteraba para que de una maldita vez reaccionase y, aunque fuese, le cruzase la cara con todas sus fuerzas, que estallase y dejase de ser la víctima para convertirse en una jodida cazadora, pero… lo que pasó, no era exactamente lo que Puckerman había previsto.

A mitad de discurso desmoralizador con pretensiones de motivar la vena violenta de la chica, Rachel no pudo más con las palabras de aquel insensible y tomó su cara entre sus manos, callándole la boca con sus propios labios.

Puck desorbitó los ojos, estupefacto, congelado. No estaban ensayando, ni actuando frente a un público, estaban solos, en aquel mugroso sitio tan mal iluminado y ella, después de haber escuchado todas esas barbaridades solo había sido capaz de callarlo con un beso. Ni un golpe, ni un grito, ni un insulto, solo sus labios sobre los de él, con bastante presión, nada de delicadeza, joder, tenía que callarlo, ¿no?

Rachel se separó de él sintiendo que las lágrimas habían ganado la batalla contra su autocontrol y le habían humedecido las mejillas. Vio como la observaba, con el rosto algo desencajado y la mirada cargada de incomprensión. ¿Pero qué había hecho? ¿Cómo se le había ocurrido callarlo así? ¿¡Besándolo! ¿En serio? Empezó a decirse lo idiota que era cuando él se abalanzó sobre ella. La tomó de la cintura con fuerza y la besó con desesperación, a la mierda eso de pedir permiso y esperar a que ella le indicase que continuase con aquello, la devoró, en cuestión de segundos y… ella se dejó devorar.

Se besaron con furia, enfadados el uno con el otro. ¿Cómo se le ocurría al imbécil de Puckerman decirle todas esas salvajadas? ¿Cómo era posible que Berry tuviese esa jodida actitud tan derrotista? La llevó hasta la pared más cercana y acorraló su cuerpo contra la estructura, sintiendo que tenía que tenerla lo más cerca posible. Ella andaba encaramada a su cuello, besando sus labios con avidez, casi peleando con su boca. ¿Pero que se creía Puckerman? ¿Qué podía tratarla de esa manera? ¡Ni de coña! Se acabó el martirizarse y dejarse hundir metro a metro bajo el suelo. No más dolor, no más culpabilidad, solo rabia, algo de venganza y una nueva actitud aplastante y demoledora.

Con una mano perdida en su melena y la otra aferrada con fuerza a su delgada cintura, Puck solo quería más y más de Rachel pero… joder, otra vez ese puñetero límite… no pensaba hacer nada sin que ella se lo permitiese, bastante se había extralimitado tomándola de aquella manera. Rompió el beso sin ningún tipo de tacto y la miró enfebrecido por la inmensa cantidad de sentimientos que se agolpaban en su pecho.

Respiraban a bocanadas de aire mal tomadas, aun enganchados el uno al otro, preguntándose si podían volver a degustarse de esa manera tan salvaje.

- ¿Qué me estás haciendo? – Se le escapó a Puckerman, dejando a Rachel con la cara descuadrada, ¿Cómo que qué le estaba haciendo? ¡Si era él quien se le había tirado encima! Colocó la mano izquierda de la chica sobre su corazón y ella casi sintió que tocaba el propio órgano. La piel de Puck estaba al rojo vivo y los golpes eran notorios y rápidos. – Se pone así cada vez que te veo y… no sé cómo mierda pararlo.

¿Qué era aquello? Aquellas taquicardias, los pulmones colapsados, la mente nublada y los sentimientos enloquecidos, ¿¡qué demonios era todo aquel caos! Rachel sintió la confusión de él y, por encima, su propio coctel de emociones: deseo, temor, rabia, angustia, cariño y una extraña sensación que le picoteaba el cuerpo desde el inicio del esternón hasta el ombligo. ¿Cuándo había aparecido todo eso?

- Puede… puede que no tengas que pararlo. – No tenía ni la más remota idea de donde habían salido aquellas palabras, pero le parecieron adecuadas.

Se miraron, vieron las emociones, idénticamente confusas en los ojos del otro y se volvieron a acercar, para probar los labios que los tenían desquiciados una vez más.

- ¡Puck! – Se oyó una voz, fuera de donde se encontraban y, sintiendo un dolor nuevo e inquietante, se separaron. - ¡Puckerman!

Se dejaron ver, acalorados y con las ropas mal colocadas. El Sr. Schue acababa de llegar al borde del escenario, agitado y blanco como el papel, nada que ver con su cara de odio irrefrenable. Miró a Puck directamente y buscó su voz en el interior de su garganta.

- Han llamado del hospital… es tu hermana.


N/A: (*) odié que en "Duets" ganasen Sam y Quinn después de el dúo impresionante que prepararon Mike y Tina ¬¬.