- Voy a ir por una bebida, ¿quieres algo? – Le preguntó sin acercarse demasiado.
- No. – Respondió escuetamente, mientras continuaba observando el agua empañar el cristal.
Escuchó como los tacones de Rachel se alejaban a lo largo del pasillo y se permitió volver la vista para observar su vestido rojo desapareciendo en el ascensor. Llevaban allí unas cuatro horas y le habían parecido toda una eternidad.
Cuando el Sr. Schue apareció en el salón y le dijo que su hermana estaba en el hospital a Puck se le calló el mundo encima. Rápidamente, los tres (él, Rachel y Will) fueron al centro médico en cuestión. Se puso a temblar al llegar a la habitación en la que tenían a su hermana y verla tendida en una camilla, con los ojos fuertemente cerrados y las manos sobre el estómago.
La profesora de la niña había llamado a urgencias en el momento en el cual la pequeña comenzó a llorar por el fuerte dolor que se le había instalado en el abdomen. La ambulancia llegó rápido y la docente la acompañó, sosteniéndole su pequeña mano y diciéndole que todo iba a estar bien. Mientras le hacían mil pruebas, Ms. Karen intentó contactar con la madre de su alumna pero, al no obtener respuesta, optó por llamar a su hermano mayor (la mujer conocía la situación de la familia, con el padre desaparecido y los niños al cargo de la madre desde edad muy temprana… también sabía de Puck y su "reputación", pero necesitaba a algún familiar para que la niña mantuviese la calma). Un tal Will Schuester le respondió de malas maneras, pero se apaciguó al instante al ser consciente de la situación y le aseguró que estarían allí lo antes posible.
Media hora después, la mujer vio aparecer a los tres por el pasillo, corriendo, muertos de preocupación. No se sabía lo que la pequeña Puckerman tenía así que, para no arriesgarse y operar en vano (o incluso peor, mandarla a su casa sin ningún tipo de tratamiento), le harían todas las pruebas necesarias hasta saber que le pasaba.
Habían transcurrido cuatro horas desde ese momento, cuatro largas, incómodas y húmedas horas, porque poco después de que llegasen al hospital se desencadenó una tormenta impresionante.
Puck y Rachel se habían sentado juntos, mientras Karen ponía a Will al corriente de todo. No se hablaron, ni se miraron. Estaban tensos, asustados y algo avergonzados. ¿Por qué tenían que sentir cosas tan fuertes el uno por el otro? Y bueno, si al menos supiesen lo que todo ese cacao de emociones significaba… pero es que no tenían ni idea, porque la mezcla era tan variada y estrambótica que los confundía a más no poder. ¿Se querían? ¿Se odiaban? Estaba claro que se gustaban pero, ¿había algo más? Y encima Allyson, la pequeña, inocente, chillona y extrañamente amable en presencia de Rachel, Allyson, estaba allí dentro, en aquella sala cerrada a cal y canto que tenían en frente, rodeada de médicos y con mil aparatos enganchados a su cuerpo. Que si la presión sanguínea, que si el ritmo cardíaco, que si el nivel de azúcar, que si la velocidad de los impulsos nerviosos… cifras de datos incomprensibles para los dos. ¿Qué le pasaba a Allyson? Pero la cosa era todavía peor, la señora Puckerman andaba de viaje y aun no se había enterado de nada, ¡maldita sea! ¿Por qué tendría que ir a visitar a la tía Sheyla ese día? ¿Eh? ¿¡Por qué!
Puck se sentía encerrado entre aquellas paredes blancas que olían a desinfectante. De vez en cuando un grupito de médicos pasaba corriendo por el pasillo y hacían que se le erizase el mohawk, ¿por qué corrían esos malditos? Tal vez porque alguien estaba muriendo. No le gustaban los hospitales, nunca le había gustado, pero si además tenía que estar allí por alguien como su hermana, se ponía a sudar y se veía obligado a concentrarse en como respirar. Hubo un momento en que su agobio se exageró, porque no sabía qué hora era, porque afuera estaba teniendo lugar el segundo diluvio universal, porque Rachel estaba sentada estática junto a él y porque ya habían salido tres médicos de la habitación de su hermana y ninguno llevaba buena cara. Se levantó y recorrió el pasillo con las manos en los bolsillos hasta llegar a la ventana más próxima… y allí seguía, con la mirada perdida en el exterior, sin querer pensar demasiado en nada, mierda de vida.
Rachel volvió a su sitio con una botella de agua en las manos y vio a Puckerman junto a la ventana, sin moverse, ni siquiera pestañeaba. Will y la profesora de Allyson estaban pegados a la máquina de café, exprimiendo las provisiones del aparato y haciendo buenas migas, parecía que se caían bastante bien. La morena sonrió un poco, incluso en situaciones trágicas podía haber algo bueno. Estaba asustada por la hermana de Puck, le había tomado mucho cariño a la pequeña y no quería que le pasase nada, por eso estaba ella allí, porque era incapaz de estar tumbada en el sofá de su casa mientras aquella niña sufría. "Estás mintiendo un poco, ¿no crees, guapita?", la reprendió una voz interior. Bueno, vale, no estaba allí solo por Allyson, también lo hacía por Puck, nunca se hubiese perdonado el saber que el muchacho se había visto solo en un momento como aquel, no, jamás. Justo cuando pensaba aquello, su compañero judío se sentó junto a ella. Quiso cogerle una mano, abrazarlo, decirle al oído que todo iba a estar bien, que los médicos son unos personajes muy dramáticos que tienen la manía de prolongar esa clase de escenas… pero se quedó quieta, ni siquiera lo miro, solo torció un poco la cabeza y dejó caer la cortina de su pelo, para ni siquiera poder apreciar la presencia del chico, ¿qué le estaba pasando?
- Deberías irte. – Dijo Puck, tomándola por sorpresa.
- ¿Qué? – Preguntó en un susurro.
- Que deberías irte a tu casa. – Suspiró con fuerza y miró hacia el lado contrario al que se encontraba Rachel. – No tienes nada que hacer aquí y mañana hay presentación en el Glee Club.
- … - Ella alzó el rostro para mirarlo y se topó con su nuca, ¿cómo que no hacía nada allí? – Noah, no me voy a ir.
- Berry… - Comenzó a reprocharle pero se quedó sin voz cuando un médico salió disparado de la habitación de su hermana, dejando la puerta abierta.
Lo que vieron fue traumático. Dentro de la habitación se habían disparado un sinfín de alarmas, pitidos estrambóticos que ponían los pelos de punta. Cuatro médicos movieron la camilla de Allyson hacia el exterior con una rapidez inusitada y, en segundos, se colocaron frente al ascensor. La niña estaba cubierta por una manta blanca y con demasiados tubos conectados al cuerpo… había algo de sangre sobre su almohada.
- ¡Eh! ¿Adónde se la llevan? – Preguntó Rachel agitada, siguiendo al comité.
- A quirófano. – Respondió uno de los médicos, internando, junto a sus compañeros, a la grave paciente en el ascensor.
- ¿A…? ¿¡Qué! ¿¡Por qué! – Gritó la pequeña chica, al borde de un colapso nervioso, ¿qué le iban a hacer a Allyson en un quirófano? ¿Y por qué parecían tener tanta prisa?
- Tiene una hemorragia interna, hay que operarla de urgencia. – Las puertas se cerraron mientras que el mismo médico que le había respondido antes la dejaba anonadada con sus palabras.
"Quirófano"… "Hemorragia interna"… "Operarla de urgencia"… eso era lo único que Puck había conseguido retener y entender… Iban a operar a su hermana porque, dentro de su cuerpecito, algo se había roto, y eso podía llegar a ser muy, muy grave. Su mente se anestesió y dejó de oír el teléfono de recepción, las pisadas de los transeúntes del pasillo, las palabras de consuelo de Will y el llanto de Karen. No le llegaba el aire a los pulmones y, sin embargo, el corazón le latía como un condenado.
Alguien lo llevó a otro sitio, otra planta, otro pasillo. Las paredes tenían otros colores, tonos amarillos nada tranquilizadores, y el lugar estaba cargado de rostros envejecidos por la situación, quebrados por la pena, disueltos en lágrimas. No le gustaba aquel sitio, ¿por qué mierda lo habían llevado allí? Cerca de él estaban los dos profesores y Rachel, apoyados en esas paredes tan feas, sin hablar, con los dientes apretados y la expresión contraída.
Estuvieron cerca de una hora viendo entrar y salir gente sudorosa y devastada, envuelta en batas verdes. Se acercaban a aquellos familiares tan demacrados y les decían que algo había salido mal, la anestesia, los órganos, el tiempo… Dios y sus extrañas decisiones.
Cuando otro de esos malos mensajeros salió e hizo que una mujer entrada en años se desmallara, Puckerman decidió que no podía seguir allí. Le ordenó a sus pies que diesen grandes zancadas y lo llevasen a la ventana más cercana, que estaba en el rellano de las escaleras, fuera de ese condenado pasillo. Necesitaba ver que en el mundo había algo más que la muerte que se respiraba en ese horrible sitio. Apoyó la frente en el cristal y tomó sendas bocanadas de aire, intentando respirar el limpio oxígeno del exterior. ¿Por qué estaba tardando tanto Allyson? ¿Y por qué esa jodida gente no hacía nada más que decir esa mierda de frase: "hemos hecho todo cuanto hemos podido"? Puto hospital. Algo se estaba removiendo dentro de él, lo notaba, en sus venas, con rapidez, queriendo hacerle estallar… era ese típico mal presentimiento, la sensación de que algo terrible estaba a punto de pasar. Le picaba la piel, le escocían los ojos y le dolían los músculos. A su corazón se le empezaron a escapar los latidos, uno, dos, tres, cuatro… ¿Y si su hermana no salía de allí? ¿Y si esos capullos venían y le decían que "no habían podido hacer nada por ella"? ¿Y si la perdía? Tendría que haber estado con ella aquel día, haberla llevado él mismo al hospital, rápidamente, sin perder los segundos de mierda que los inútiles de la ambulancia habían perdido… ¡maldita sea!
- Noah… - Sintió una mano en su espalda y se giró, sabiendo quien estaba tras él.
A Rachel se le cortó la respiración cuando vio lo que vio. Noah Puckerman, deshecho frente a ella, con el rostro bañado en lágrimas y consumido por el miedo. Le echó los brazos al cuello y lo abrazó con fuerza, cerrando los ojos y mordiéndose el labio inferior para no llorar, porque tener a ese chico encaramado a tu cuerpo, temblando y gimoteando era capaz de romperte desde dentro, desde el mismísimo corazón.
Se quedaron así un buen rato, consolándose con la presencia del otro, abrazándose, queriendo fundirse y desaparecer de ese escenario de película de terror.
Cuando Puck dejó de sacudirse entre sus brazos, Rachel entrelazó los dedos de su mano derecha con los de la izquierda de él y lo condujo a la puerta del pasillo de los quirófanos. No entraron. Will los vio desde dentro y les indicó con un gesto que no se sabía nada… "mejor", pensaron los dos.
No sabían si las horas pasaban, si los minutos se consumían o si los segundos cambiaban, pero estaban agotados de esperar.
Al rato, un hombre salió del quirófano más lejano, atravesó todo el pasillo y al llegar a la zona de los familiares preguntó por la familia de Allyson Puckerman. Puck miró a Rachel con angustia, ella afianzó el agarre de sus manos, intentando infundirle algo de fuerza y tiró de él para obligarle a que entrase en el pasillo. Los cuatro implicados se acercaron al médico y el especialista sacó un pañuelo para limpiar un poco del sudor que le bañaba la frente.
- Ha sido una operación larga y complicada… - Los miró de uno en uno, alargando la agonía, ¿por qué no decía de una puñetera vez lo que tenía que decir? – pero todo ha salido bien.
Suspiraron tremendamente aliviados y mientras Will y Karen se abrazaban, Puck se aferraba a Rachel y le agradecía al señor doctor que hubiese salvado la preciada vida de su hermana.
- Es nuestro trabajo, joven. – Respondió el médico sonriendo, habían tenido un día horrible, con demasiadas defunciones, por suerte, a aquella niñita aun le quedaban años y años por delante. – Aunque la vida de Allyson va a cambiar un poco.
- ¿Qué quiere decir? – Preguntó la profesora de la pequeña.
- Ha tenido un desgarro en la arteria aorta. – Todos desorbitaron los ojos ante esa revelación, aquello sonaba fatal. – Es la arteria principal que permite la salida de la sangre oxigenada del corazón. Por alguna razón, Allyson ha sufrido un desgarro de tres milímetros que le ha hecho perder grandes cantidades de sangre. Tuvo una parada cardio-respiratoria y la intervenimos lo más rápido que pudimos. - Los presentes se ponían verdes y arrugaban la expresión conforme el médico avanzaba en la explicación. - No presentaba los síntomas de esta afección, por eso tardamos tanto en reaccionar. La operación ha sido lenta y, no les voy a engañar, peligrosa. Pero hemos conseguido reparar la arteria y dentro de poco Allyson podrá volver a su vida habitual, solo que tendrá que tener cuidado con los excesos físicos y la dieta, por el resto, no habrá ningún tipo de problema.
- Eso es… bueno. – Dijo Will y el resto asintió lentamente, a excepción de Puck.
- Solo es una niña… ¿cómo es posible…? - Susurró Puckerman.
- Esto le puede pasar a cualquiera y, sinceramente, ella ha salido muy bien parada. – Comentó el sanitario. – Ahora tengo que irme, Allyson estará en observación toda la noche.
- ¿Puedo verla? – Preguntó Puck, deteniendo al doctor.
- No hasta mañana, hay que vigilarla y ver cómo está cuando despierte de la anestesia. Descansen, la peor parte ya ha pasado. – Les recomendó y se fue de vuelta al infierno de los bisturís.
La sala de observación se le antojó muy extraña a Puck porque, a pesar de tener ese nombre, era raro ver a alguien allí metido observando lo que fuese que tenían que observar. Will y Karen estaban en el restaurante del hospital mientras que él y Rachel habían preferido quedarse en la sala de espera. La morena no había soltado su mano ni un instante y ahora tenía la cabeza apoyada en su hombro izquierdo, los ojos cerrados y la respiración sosegada. La pobre había vivido un día muy movido.
Sonrió sin querer mientras la observaba dormir, estaba tan tranquila… quería abrazarla, agradecerle el que se hubiese quedado con él. Había sido bastante estúpido al decirle que se fuera, que allí no hacía nada, pero es que tenía miedo de tenerla cerca y a la vez la necesitaba tanto… Le acarició la mejilla con la mano libre y aspiró su perfume, el mismo que se había puesto la tarde anterior… parecía que había pasado una eternidad desde entonces, desde que la había besado de aquella manera y se le había revolucionado el organismo. Era tan frágil, tan pequeña… tenía que protegerla, por encima de todo tenía que estar con ella para que ningún capullo le hiciese daño, para que nadie volviese a insultarla o herirla… y pensar que él mismo la había tratado así de mal… gilipollas.
- ¿DÓNDE ESTÁ? – Se escuchó un grito en mitad del lugar y Rachel se despertó de súbito. – QUIERO SABER DONDE ESTÁ.
- ¡Señora, cálmese! – En la sala apareció una enfermera detrás de una mujer desquiciada que gritaba y gritaba.
- ES MI HIJA, TENGO QUE SABER DONDE… - Se quedó helada al ver a Puckerman.
- ¿Mamá? – Preguntó el chico, poniéndose en pie y acercándose a esa mujer tan loca que él había reconocido como su madre.
- ¿Y TU HERMANA? ¿DÓNDE ESTÁ TU HERMANA? – Volvió a gritar.
- ¡Quieres no gritar! Estás asustando a todo el mundo… - Le pidió, mirando incómodamente al resto de los ocupantes de la sala, que los veían de mala manera. – Ella está bien, no podemos verla, pero está bien.
- ¿QUÉ ESTÁ BIEN? ¿CÓMO QUE ESTÁ BIEN? ¡SI LA HAN OPERADO! – Siguió la Sra. Puckerman, sin atender a razones.
- Mire, como siga gritando llamaré a seguridad. – La amenazó la enfermera.
- Marie Anne, Allyson está bien. – Le aseguró Rachel, y cuando la mujer vio a la chica, se lanzó a sus brazos con lágrimas en los ojos.
- ¡Oh, Rachel! Que mal lo he pasado, cuando me han llamado y me han dicho… me han dicho… - Se le quebró la voz y Rachel le dio unas palmaditas en la espalda mientras intentaba no reír ante la cara de estupefacción de Puck.
- Tranquila… - Hizo que se separase un poco de ella y le limpió las lágrimas, sonriéndole. – Todo está bien, no hay nada de lo que preocuparse. – Mamá Puckerman afirmó y se sosegó poco a poco.
- Señora Puckerman. – La saludó Will, apareciendo con Karen junto a él. – Venga y le explicaremos todo lo ocurrido.
La mujer se fue un poco confusa, siendo conducida por los dos profesores a un lugar seguro en el que sus gritos no fuesen motivo de un llamamiento a las fuerzas armadas.
- Está pirada… - Dijo Puck, viendo como se la llevaban.
- No, se preocupa por su hija. – Le respondió Rachel y él la miró con el ceño fruncido.
- No entiendo por qué a ti te abraza y a mí solo me grita. – Reconoció y la chica se echó a reír.
No dijeron nada más y se volvieron a sentar, esta vez fue Puck quien le cogió la mano a Rachel.
A los 20 minutos la madre de Puckerman entró en la sala, más calmada, con algo de preocupación en el rostro y unas ojeras impresionantes, pero más calmada.
- Noah, hijo, ¿por qué no llevas a Rachel a su casa? Y de paso acércate a la nuestra y cámbiate, ¿quieres? – Le sugirió en un susurro.
- Oh, no… yo no quiero irme. – Dijo Rachel, aferrándose a su asiento.
- Querida, estás cansadísima y ese vestido tan bonito se va a echar a perder en este sitio, además… mi hijo necesita una ducha. – Le dijo la mujer, Puck la miró mal y ella posó una mano en uno de los brazos de la muchacha, un gesto muy maternal al que Rachel no estaba acostumbrada.
- ¿En serio? – Inquirió Puckerman echándose un vistazo… tampoco estaba tan mal, ¿no?
- Sí. – Respondió tajante su madre.
- Pero… - Comenzó a replicar la joven.
- Tiene razón. – Dijo Puck. – Te llevaré a tu casa, mañana tienes una presentación que hacer.
- No me importa, quiero quedarme aquí conti… - Se detuvo antes de terminar, ¿con él? ¿quería quedarse con él? "Vamos Rachel, disimula un poquito", se reprochó. – Con Allyson… me gustaría estar aquí cuando despierte.
- No, te estás cayendo de sueño y luego no quiero que te quejes de que has hecho una mala presentación, te llevo ahora mismo. – Puckerman se levantó e hizo que ella se alzase, sacándola rápidamente del lugar.
- Si no quieres llevarme yo… puedo coger el autobús… - Propuso, mientras se acercaban a la salida.
- A estas horas no hay autobuses, Berry. – Le contestó abriendo la puerta de salida. Había dejado de llover, pero era de noche, ¿qué hora sería? Tenía toda la pinta de ser más de las doce.
- Noah, no sabes qué hora es… puedo coger un taxi. – Intentó por última vez y él se paró junto a su coche (el que habían cogido para llegar hasta allí… Will tendría que buscarse la vida si pensaba volver a casa).
- Te voy a llevar, quieras o no… ya has oído lo que ha dicho mi madre, yo tengo que ir a mi casa y la tuya está muy cerca así que… - Le dijo, abriendo la puerta del copiloto y haciéndola entrar. A los dos segundos él estaba en el asiento del conductor, con el motor en marcha y el acelerador recién pisado.
- No quiero molestarte… - Se defendió Rachel.
- No me molestas, tu casa está de camino a la mía. – Le respondió, encendiendo el equipo de música y dando por zanjada la discusión. Aunque Rachel viviese en la otra punta del mundo él la hubiera llevado a su casa igualmente.
Durante el trayecto no pronunciaron palabra, Puck condujo centrado en la carretera y Rachel prefirió centrarse en lo que la ventanilla le ofrecía (más o menos nada, porque la noche estaba bien cerrada y solo se veían trazos oscuros a través del cristal). Puckerman ralentizó la velocidad al entrar en la calle de la chica y detuvo el vehículo frente a su casa. Rachel comenzó a desabrocharse el cinturón, trabajosamente debido al vestido y, cuando fue a abrir la puerta se encontró con la mano de Puck, que la invitaba a salir del coche. La acompañó hasta la puerta del hogar y, cuando hubieron subido los tres escalones se quedaron uno frente al otro, evitando mirarse, incómodos.
- Gracias por traerme. – Decidió decir Rachel, muy bajito, jugueteando con las llaves de su casa.
- No ha sido nada. – Le contestó y la miró de refilón, con una mano en el mohawk, preguntándose que debía de hacer… joder, ya había estado con ella antes, ¿qué problema tenía? – Ha… ha estado bien que te quedases y eso.
- No ha sido nada. – Le copió ella y ambos se rieron nerviosamente.
Puck tomó aire, lo expulsó lentamente y abrazó a Rachel. Ella se sorprendió por el gesto pero no tardó en responderle. Se había portado bien con ella porque ella había estado allí con él, no es que fuese algo más… "profundo". Puckerman no tenía sentimientos, debía recordarlo para no cometer el error garrafal de enamorarse de él, porque, muy a su pesar, sentía que iba camino de eso y no tenía ganas de encontrarse con otra relación enfermiza como la de Finn… o incluso peor. Él adoraba la sensación de aquel cuerpo entre sus brazos, la textura de su pelo en su barbilla, la manera en que ella le correspondía… no quería alejarse de ella ni un centímetro, quería que le invitase a pasar a su casa, que le dejase dormir con ella en su cama, para poder despertarse y encontrarse con sus ojos como primera imagen del día, nada más, solo eso…
- ¿Irás mañana al instituto? – Le preguntó la morena, sin intención de romper el abrazo.
- No, quiero estar con mi hermana cuando despierte. – Le respondió, pensando que se perdería las presentaciones de Glee. – Lo cual es una mierda porque no podré veros bailar ese tango…
- Noah… - Le reprendió ella y él se dio cuenta de que ese nombre que su santa madre le había puesto sonaba de maravilla. – Yo iré por la tarde.
- ¿Adónde?
- Al hospital.
- Ah… le has… le has cogido mucho cariño a mi hermana, ¿verdad? – "No es eso lo que quieres saber, Puckerman", se dijo mentalmente.
- Demasiado. – Contestó Rachel y se mordió el labio pensando que aquella pregunta tenía un doble significado… igual que su respuesta.
Estuvieron unos segundos más abrazados y ella fue la que se empezó a separar, pues se estaba quedando medio dormida allí de pie, con la brisa nocturna y los brazos de Puck rodeándole el cuerpo.
- ¿Nos veremos por la tarde? – Le preguntó mirándolo y él le sonrió.
- Seguro. – Afirmó e hizo algo completamente impulsivo, porque era lo que le pedía el cuerpo.
Dejó que sus manos se deslizasen por su cara, asegurándose de que la caricia hacía que se estremeciera y se acercó a ella para besarla en la mejilla, muy cerca de la comisura de sus labios. Rachel se quedó estática, con el pulso inutilizado durante unos segundos. El que la chica tuviese los labios entreabiertos por la sorpresa no ayudaba a Puckerman, pero se las arregló para separarse de ella, regalarle una sonrisa de medio lado y volver a su coche, deseando que las horas se consumiesen con rapidez y la tarde del día siguiente llegase cuanto antes, solo para poder ver una vez más a Rachel.
