N/A: siento mucho la tardanza, pero me fui de viaje y me dejé el capítulo a medio terminar con lo cual no había manera de subirlo y... bueno, ahora al ponerme a escribir otra vez se me fue la cabeza e hice un capítulo inmenso (sorry por la extensión u.u).
Gracias por todos los comentarios :)
Aviso de que este será el penúltimo capítulo (creo), así que a disfrutarlo x) (no hay nada de Puckleberry en este, toca momento reflexivo para Rachel, el siguiente si que será 100% de la parejita!).
- Nosotras vamos primero. – Dijo Quinn, cruzándose de brazos.
- No, vamos nosotras… digo, nosotros. – Le respondió Kurt, con las manos en la cintura.
- ¿Y si lo echamos a suertes? – Sugirió Mike y los dos lo acribillaron con la mirada.
Eran ya las 11:15 y todavía no habían empezado con los números grupales porque eran incapaces de ponerse de acuerdo. Will lo observaba todo sentado en una butaca, con un termo repleto de café entre las manos, intentando que su cabeza siguiese sobre sus hombros y no cayese por el sueño. Había estado gran parte de la madrugada en el hospital, con la madre de Puck y esa mujer tan simpática, Karen. Una vez que Puckerman regresó, sin su ropa de actuación y bien aseado, los dos profesores volvieron a sus respectivas casas, no sin antes haber intercambiado teléfonos, como mínimo serían amigos. La mañana había transcurrido extraña para él… no solía saltarse sus horas de sueño y la noche anterior le había sentado como una patada en mitad del estómago. Kurt y Quinn llevaban un buen rato discutiendo, que si primero las chicas, que si primero los chicos… bla, bla, bla… Will estaba cansadísimo, solo quería que hiciesen los números y le dejasen ir a encerrarse en su despacho a dormir durante el resto de la mañana (ese día, la hora del Glee Club era su última hora).
- A ver… - Comenzó a decir el profesor. – Seamos un poco caballerosos… ¿las damas primero?
- Defina dama. – Exigió Kurt, agitando su flequillo y haciendo que el Sr. Schue rodara los ojos.
- Las chicas van a actuar primero, Kurt. – Sentenció el docente, arrellanándose en su asiento y rogando porque aquello fuese rápido e indoloro.
- ¿Por qué? – Presionó Kurt, poniéndose frente a Mr. Schue… aquel crío no se daba por vencido fácilmente. - ¿Dónde está la igualdad de género de la que tanto se alardea en este sitio? ¿Y la igualdad de oportunidad? Le recuerdo que son Derechos Humanos que…
- ¡Kurt! – Exclamó Will, guardándose un bostezo para más tarde. – Ellas lo harán primero porque lo digo yo, punto.
Hummel entrecerró los ojos y se giró indignado, de vuelta a la tercera fila del auditorio, donde Mike, Sam y Artie lo esperaban. Eso era lo que había quedado de la plantilla masculina de Glee para hacer el número grupal. Puckerman estaba con su hermana en el hospital por una cosa muy grave que había hecho que la llegasen a operar. Cuando Rachel lo contó todos se asustaron por la pequeña, pero la chica supo calmarlos diciendo que estaba fuera de peligro y que esa misma tarde ya podría recibir visitas. Y Finn… bueno, Finn estaba en el auditorio, pero muy lejos de los chicos, en la última fila, con la nariz vendada. Puck le había roto el tabique nasal con uno de sus golpes más certeros y ahora, el gran chico no podía participar en ningún tipo de actividad que requiriese esfuerzo físico de cualquier clase, no durante al menos tres semanas, lo cual sería horrible para su entrenamiento de fútbol y, ¿por qué negarlo?, para su imagen de "tipo duro" (esa que solo él era capaz de ver).
Detrás de la cortina del escenario las chicas terminaban de ultimar el atrezo para su actuación. Iban bastante incómodas con el vestuario, pero pretendían hacerlo lo más parecido posible a la escena original de "Chicago". Cuando se colocaron en sus posiciones se miraron entre sí para comprobar que todo estaba listo. Faltaba Lauren y parecía que solo había media Rachel en el mundo de los vivos (la otra mitad estaba aún durmiendo pues, si Will había conseguido conciliar dos o tres horas de sueño, la morena no había cerrado los ojos ni un segundo, demasiadas cosas tenía bullendo en su mente como para dejar que esta vagase plácidamente por ese bonito lugar llamado "inconsciencia").
- Muy bien, - Comenzó a decir Quinn, acostumbrada a dar discursos antes de cada competición de animadoras. – vamos a salir ahí y lo vamos a bordar, calentaremos el ambiente y los dejaremos con la boca abierta, ¿entendido?
Brittany y Santana afirmaron con la cabeza y se reafirmaron en sus puestos mientras que el resto de chicas se observaban entre sí, ¿de qué iba aquello? ¿Quién se creía Quinn que era? ¿La jefa fundadora del Glee Club?
- Siempre y cuando, claro está, Berry sea capaz de controlar su nariz y siga los pasos… - La rubia se puso a gesticular con aires de superioridad. - Por si acaso, estad todas atentas a ella y sus "movimientos". A su torpeza hay que añadirle lo ridículo de su estatura… - Rachel frunció el ceño y no apartó la mirada cuando Quinn la observó de refilón con la mandíbula en alto y las manos en la cintura. - Deberías colocarte un banderín rojo en eso que tienes en mitad de la cara, tal vez así sabríamos donde estás y podríamos evitarte antes de que te nos tires encima y consigas arruinarlo todo. – Dejó que su sonrisa se curvase con malicia y escuchó las risas semi-contenidas de Santana y Brittany.
No podía ser, pasaba de nuevo, Quinn Fabrey volvía a ponerla en evidencia, a insultarla, a reírse de ella en su cara… la estaba provocando y, la Rachel habitual se habría callado la boca, habría agachado la cabeza y habría contenido las lágrimas ante semejantes ofensas pero… la Rachel habitual ya no estaba presente, había una nueva Rachel Berry en la ciudad con una nueva "voz de la conciencia", un Pepito Grillo un tanto macarra y con mohawk que le susurró en su mente: "Maldita sea Berry, es ahora o nunca, plántale cara a esa hija de puta y húndela en la miseria"… "menudo vocabulario", pensó Rachel sabiendo que cierto chico judío le estaba maleducando los pensamientos. No obstante, decidió escucharlo y presentarle al resto del mundo a la mejorada, malhumorada y Puckermizada Rachel Barbra Berry.
- ¿Por qué tienes que ser tan bruja, Quinn? – Preguntó la pequeña morena, dejándolas a todas estupefactas. – En serio, ¿qué ganas metiéndote de esa manera con la gente? – Quinn la escuchaba con una ceja alzada y cara de incredulidad, ¿le estaba hablando? ¿"eso"? ¿a ella? – Tienes que estar muy amargada contigo misma como para comportarte así. Todos esos insultos, las malas caras, esa horrible tendencia tuya a reírte de las personas y sus defectos… no es más que tu maldita incapacidad para mirarte a ti misma, ver que no todo es perfección y asumirlo. – Rachel estaba soltando lo que siempre había pensado de esa desgraciada, porque era eso, una desgraciada, la maldad no viene sola, siempre hay algo detrás. - ¿De verdad tienes que estar todo el día atacando a la gente que te rodea? ¿No te das cuenta de lo que consigues con eso? Dices que nadie puede quererme porque soy horrible, ¿se te ha ocurrido pensar en cómo te ve a ti la gente? Solo son capaces de odiarte, Quinn… Dios… intenta imaginarlo por un segundo. Una persona que desprecia a quienes le rodean, que solo mira por sí misma, que jamás piensa en el resto… ¿quién puede querer a alguien así? Recibes lo mismo que das… nadie está contigo realmente, fingen que te soportan, que te "adoran", pero… en realidad… no tienes nada, no tienes a nadie… no eres nadie, Quinn. – La rubia sentía como algo le chisporroteaba en los ojos, le brillaban, humedecidos por las palabras de Rachel… aquello la estaba hiriendo… más de una vez había pensado que la gente que estaba con ella lo hacía solo porque era la chica popular que todo el mundo debía querer, aunque fuese la persona más horrible del mundo. – No eres feliz… no puedes serlo… si lo fueses no harías nada de lo que haces… piénsalo y… cambia un poco, inténtalo porque… a la larga, todo ese veneno que contienes solo puede dar una cosa: arrugas, MUCHAS arrugas… - Santana se tapó la boca con una mano y Brittany abrió la boca… ¡eso sí que sería una tortura! - y una vejez solitaria y triste… ¿Sabes qué, Quinn Fabrey? Me das pena y, ya te lo he dicho más de una vez, yo no te odio, ni te voy a odiar, solo me das lástima… mucha lástima. Estás sola, más sola que yo y todos los "marginados" del Glee Club… tú te lo has buscado, si quieres ignorarlo, ¡adelante! Pero algún día te despertarás, mirarás a tu alrededor y no encontrarás a nadie, absolutamente a nadie.
Tina y Mercedes habían escuchado el monólogo de Rachel a la vez que observaban la descomposición de Quinn… las dos chicas habían encontrado un nuevo ídolo al que adorar, ¿su nombre?: Rachel Barbra Berry.
- Bueno, ¿qué? ¿Esto va a empezar en algún momento? – La voz de Kurt se hizo audible tras las cortinas. – Sr. Schue, se lo dije, nosotros debíamos actuar primero… ahora tendrá que esperar hasta que esas féminas caprichosas decidan "honrarnos" con su actuación, - Will suspiró con hastío y se sirvió otra taza de café… desgraciadamente, aquella hora iba a ser MUY larga. - y que sepa que esto solo es perjudicial para usted y su salud, ¿sabe que el café en cantidades industriales puede provocar úlceras de estómago?
- ¡Kurt! – Le reprendió el profesor, sujetándose la cabeza con una mano. - ¡Chicas, haced el favor de salir ya!
Las chicas seguían en silencio, sin saber que hacer… Rachel Berry le había puesto los puntos sobre las íes a Quinn Fabrey… Rachel Berry… ¿en serio?
- ¿Estamos… estamos listas? – Preguntó Mercedes en un susurro y todas se colocaron en sus puestos, incluida una muy shockeada rubia ex-animadora que acababa de recibir un bofetón sin que ni siquiera la tocasen. – Pues… sube el telón. – Le indicó a uno de los tramoyistas, que elevó un dedo pulgar e hizo que el telón se moviese.
Las luces abandonaron el auditorio y comenzaron los ritmos introductorios del "Cell block tango". Focos azules iluminaron a las chicas tras unas rejas y el show se inició por completo. Tina fue la primera en salir a escena y contar como había matado a su marido pues, en eso consistía la actuación, mediante un tango, las presidiarias explicaban cómo y por qué habían asesinado a sus cónyuges. Junto a la chica asiática había salido un muy buen formado hombre que complementó su actuación. Después de ella apareció Santana, luego Mercedes, más tarde Brittany, le siguió Rachel y fue Quinn quien terminó el grupo. Todas con sus respectivas parejas de baile salidas de Dios sabe dónde. Hicieron una presentación soberbia, con pasos precisos y un nivel interpretativo bastante alto. Cuando la música se desvaneció tras el último choque de platillos, las luces se restablecieron y las chicas comprobaron el efecto causado. Kurt mantenía una cara de poker nada reveladora mientras que Mike, Sam y Artie estaban con la mandíbula desencajada y los ojos desorbitados. Por su parte, Will bostezaba sonoramente (lo cual no sentó bien a ninguna de las chicas) y Finn había abandonado la sala.
- Bueno… lo habéis hecho muy bien. – Dijo Mr. Schue, ganándose miradas recriminatorias, ¿Cómo que muy bien? Había sido apoteósico, espectacular, impresionante, nada de muy bien, ¿Qué clase de valoración era esa? "como no les digas algo más bonito te van a matar, son muchas y sabes cómo se ponen cuando se les toca la fibra sensible, diles algo mejor, venga, lo que sea", le contó una voz interior y se irguió en su asiento, tratando de mantener los ojos abiertos un par de segundos más. – Ha sido increíble chicas, un número de matrícula de honor, felicidades.
Ellas se observaron satisfechas y se giraron para agradecer sus esfuerzos al cuerpo de baile. Aquellos chicos musculosos y claramente mayores que ellas las abrazaron y alabaron, haciendo que se mostrasen coquetas y se permitiesen flirtear un poco (a excepción de cierta rubia que, tras finalizar el número, había desaparecido tras el escenario, saliendo del lugar y llevándose consigo a un Quarterback muy despistado).
- ¡EH! – Gritó Mike, al ver como su novia inspeccionaba los bíceps de uno de esos bailarines. - ¿Y eso?
- Son amigos de Brittany. – Aclaró Mercedes, muy sonriente junto a su cubano bien estructurado.
- ¿Ah, sí? – Preguntó Artie con una cara nada agradable.
- Sí, están en mi academia de danza. Cuando San me enseñó la película vi a todos esos bailarines y pensé en ellos. – Los chicos de Glee la miraron impresionados, ¿Brittany estaba en una academia de danza? ¿Desde cuándo y por qué nadie sabía nada?
- ¡TRAICIÓN! – Gritó Kurt dramáticamente, haciendo que todos los presentes se sobresaltaran. - ¡ESO ES TRAMPA! ¡SR. SCHUE! ¡No puede permitir semejante desfachatez! ¡HAN ACTUADO CON BAILARINES PROFESIONALES! ¡DESCALIFÍQUELAS AHORA MISMO!
- ¿Cómo que nos descalifique? – Se quejó Santana, dando un paso al frente. – Si no eres capaz de afrontar una derrota entonces no te presentes a este tipo de competiciones, pequeña locuela.
- ¿QUÉ ME HAS LLAMADO PEDAZO DE ARPÍA? – Le respondió Kurt elevando el tono y acercándose a la latina, que puso sus ojos en modo "Lucifer" y se preparó para la lucha.
- ¿ARPÍA? JÁ, ¡vas a ver lo que es una arpía, Hummel!
Y el conflicto comenzó. Will se desentendió del asunto y enterró la cara entre sus manos mientras los chicos intentaban retener a Kurt y las chicas a Santana, que exhibía su manicura francesa como un arma mortal que rasgaba el aire en busca de la fina cara del chico. Durante todo el forcejeo Rachel notó como se le rasgaba la media a la altura del muslo derecho, mal lugar. La pequeña chica se alejó del jaleo y aprovechó que nadie la veía para coger ropa normal de su taquilla y meterse en el cuarto de baño más cercano…
- ¡HOMBRE! ¡UN HOMBRE! ¡HAY UN HOMBRE EN EL BAÑO DE LAS CHICAS! – Gritó una voz con histerismo tras la puerta frente a la que Rachel se encontraba.
- ¡No! No grites… esto… esto no es lo que parece… - Intentó explicarse una voz masculina un tanto tomada.
- ¿¡Cómo que no! ¡Eres un hombre! ¡Estás en un baño de chicas! ES EXACTAMENTE LO QUE PARECE.
- ¿Quieres no gritar?
- ¡AHHHHH! ABUSAN DE MÍ, ABUSAN DE MÍ.
Ante ese último grito, Rachel se preocupó y abrió la puerta de golpe, encontrándose a Finn con las manos puestas sobre los hombros de una chica morena, intentando acallarla. La muchacha tenía la cara muy roja y mantenía los brazos fuertemente aferrados sobre su propio cuerpo, en un abrazo protector. Cuando la chica vio la puerta abierta y a Rachel allí parada, aprovechó para salir corriendo, gritando que su tío trabajaba de recadero de la policía local e iba a meter entre rejas a ese depravado que había intentado pervertirla. El Quarterback salió tras ella con preocupación de que sus gritos fuesen escuchados por algún profesor y las cosas se terminasen de confundir, él solo había sido arrastrado allí por Quinn y se había encontrado con aquella cría del demonio que no hacía nada más que gritar y gritar, ¡maldita sea!, todo le estaba saliendo tan mal. Cuando llegó a la altura de Rachel se quedó parado mirándola de arriba abajo. Aquel traje o lo que fuese que llevaba puesto dejaba al descubierto gran parte de su cuerpo y cuando su vista alcanzó la rotura de la media no la pudo apartar de allí.
- Ra… Rachel… - Tartamudeó tontamente. La morena puso los ojos en blanco y se cubrió el desgarro con la ropa que llevaba en sus manos, mirándolo con dureza e internándose en el aseo.
- Finn. – Dijo ella a modo de "saludo" y le cerró la puerta en las narices, asegurando el pestillo para que no se le ocurriese ni pensar en entrar de nuevo.
¡Habrase visto semejante animal! Mira que meterse en el servicio de las chicas… ojala aquella pequeña hablase con el director o algo, sería divertido ver a Hudson intentando explicarle al súperconservador de Figgins que hacía allí. Por cierto… ¿qué podía hacer allí? Tal vez el beso con Kurt le hubiese descubierto nuevos mundos. Rachel fue a reírse de sus locas conjeturas cuando escuchó un pequeño sollozo. Todas las puertas de los retretes estaban abiertas de par en par… a excepción de la última, que estaba entornada y mal acoplada al marco de madera… conocía aquella puerta, Puckerman la había destrozado aquel día que ella entró en crisis.
Se acercó lentamente y empujó un poco para que la puerta terminase de abrirse… se encontró con una rubia encogida en el suelo, temblando, con el rostro oculto… más pequeña de lo habitual…
- ¿Quinn? – Preguntó Rachel en un susurro agachándose para ponerse a su altura.
- ¡Lárgate! – Le gritó con la voz rota.
Rachel quiso que la tierra se la tragase para siempre. Había hecho llorar a una persona, la había humillado y puesto en evidencia… había quebrado a Quinn Fabrey y… se sentía lo más miserable de este mundo.
- Yo… Quinn… oye, no… no era mi intención… - Intentó explicarse, pero sabía que, con suerte, solo conseguiría mentir, porque no había nada que explicar. Le dijo todo aquello con intención de ofenderla, de dañarla, de hacerle probar un poco de su mortal medicina y… sí, había tenido efecto, y esa rubia se lo merecía. Cada una de sus palabras había sido cierta y era justo que Quinn las escuchase y se sintiese de aquella manera, entonces… ¿por qué la morena se sentía tan mal? "Porque tú no eres así, Rachel… ¿qué has hecho?", su voz interior tenía razón, por eso suspiró y dijo lo único que podía hacerla sentir un poco mejor, un poco más ella. – Lo siento.
Quinn alzó la cara y la miró, con expresión de extrañeza. Todo el maquillaje le surcaba el rostro, diluido en carriles negros que partían desde sus ojos y desembocaban a la altura de su barbilla. Su peinado se había deshecho y el cuerpo le daba pequeñas sacudidas.
- Lo siento… lo siento muchísimo, de verdad. – Repitió Rachel, mirándola con arrepentimiento.
"Lo siento"… "lo siento muchísimo"… "¿Lo sientes? ¿En serio, Berry?", se preguntó Quinn mentalmente, incapaz de pronunciar palabra. Le estaba pidiendo perdón cuando solo había dicho una verdad detrás de otra. Sí, le había sentado fatal y solo quería morirse porque, bueno, sospechar algo siempre es mejor que oírlo de una boca ajena, y más si esa boca es de la chica a la que llevaba boicoteando desde que la vio por primera vez, pero… no se había inventado nada, ni nombres crueles, ni comentarios sarcásticos… si lo pensaba, ni tan si quiera la había insultado (porque para ella eso de "bruja" no era un insulto de verdad), solo había dicho la cruda realidad.
- Quería hacerte daño con mis palabras y… eso no está bien… no debí hacerlo.
¿Cuántas veces la había dañado ella? ¿CUÁNTAS?
- No tenía ningún derecho a decirte todo eso y… humillarte.
La había criticado a diario, se había reído hasta de su forma de respirar, le había puesto la zancadilla una y otra vez, la había molestado, insultado, gritado, despreciado…
- Dios, me siento fatal…
Maldita sea, le había hecho la vida imposible y… para una vez, una puñetera vez que se le ocurría levantarle la voz, aquella estúpida enana se plantaba delante de ella y le pedía perdón… joder, ¡LE ESTABA PIDIENDO PERDÓN!
- Yo…
- ¡Basta! – Le gritó la rubia, incorporándose de golpe. - ¡Déjalo ya!
- Pero…
- ¡No! Maldita sea, ¡NO! – Se sujetó la cabeza con las manos, frustrada… ¿por qué no la dejaba sufrir? ¿Por qué se empeñaba en no devolverle los golpes? ¿Por qué tenía que ser tan jodidamente buena? – Vete, Berry, aléjate de mí y…
- Quinn… no voy a dejarte así, esto es mi culpa y no voy a estar tranquila hasta que…
- ¡Te perdono! ¿Vale? Te perdono… no importa... – Hablaba a la desesperada, moviéndose arriba y abajo, intentando no mirar a la estupefacta morena que no entendía nada de lo que pasaba, ella solo quería que la perdonara. - ¿Por qué eres así, Berry? – Se apoyó en la pared y miró al suelo.
- ¿Así como? – Preguntó Rachel, sin obtener respuesta. - ¿Insufrible, entrometida, agobiante…?
- Buena. – Escupió la palabra como si le quemase en la boca. - ¿Por qué eres tan buena?
- Quinn te he puesto en evidencia, no soy buena, soy horrible…
- ¡No! Es decir… sí, me has ofendido pero… ahora… aquí… vienes y me pides perdón… ¿por qué?
- No me siento bien con lo que te he hecho.
- ¡Pero yo te lo he hecho a ti muchas veces! Deberías… deberías incluso haberme… no sé… pegado o algo pero… solo has dicho lo que todo el mundo piensa y nadie se atreve a decir y luego… luego me has pedido perdón y…
- No me gusta hacer daño. – Cuando Rachel confesó aquello Quinn bajó el rostro y dejó que las lágrimas fluyeran en silencio… había destrozado a una buena persona que, sí, vale, podía llegar a ser desesperante pero… era completamente incapaz de dañar a nadie, ni siquiera a ella… Dios, era horrible. – Yo… no soy así…
- Pero yo sí… y siento que no puedo evitarlo y que…
- Quinn no te mortifiques, tú no eres tan…
- ¿Mala? Lo soy Berry. Soy muy, muy mala… me gusta atacar a los demás, hacer que se sientan inferiores, destruirlos… soy terrible… - La voz le falló y se tapó la boca con una mano para no emitir ningún tipo de gemido lastimero, bastante era que se había derrumbado ante Berry y estaba diciendo todo aquello. Ojalá no se le ocurriera contar nada de lo que estaba pasando porque si no… "¿Si no que, Quinn? ¿La matarás? Porque es lo único que te queda por hacerle", al decirle su voz interior eso, supo que no tenía remedio.
- No… no eres… bueno, sí que lo eres y… lo peor es que lo eres porque quieres… ¿Quinn que… qué te pasó para llegar a ser así? – Rachel quería entenderla, de verdad que quería, siempre se había preguntado porque la gente como Quinn actuaba de esa manera tan despectiva con el resto del mundo, porque se creían con poder suficiente como para menospreciar y machacar al prójimo.
- … - La rubia intentó reponerse para contestarle, nunca le habían preguntado eso, nadie se había preocupado por saber porque hacía las cosas que hacía y… de entre todas las personas que había a su alrededor… iba a contárselo a Berry… se arrepentiría de aquello… seguro. – Era como tú.
- ¿Qué?
- Era… exactamente como tú. – Rachel se quedó con la boca abierta y Quinn decidió que si iba a contar eso lo contaría bien, así que la miró a los ojos y empezó a hablar. – Yo no siempre he sido popular… cuando era pequeña yo… bueno, no era gran cosa. La gente no me miraba, no de la manera en la que se mira a la gente normal porque… en realidad… no era normal. No siempre he tenido este aspecto, no siempre he sido tan… perfecta. Era una más del montón y no del montón común, y mucho menos del montón bueno… era de ese montón que el mundo entero evita porque le es indiferente, porque no significa nada… no era nadie. En el colegio no tenía amigos, por las tardes nunca salía a jugar con mis vecinos… acabé estudiando en casa, sola y deprimida. – Las imágenes acudían a su mente en tropel, una tras otra, tanto había pasado… - Eso último no es una forma de hablar, me tuve que medicar, tomar antidepresivos, ansiolíticos y toda esa porquería… me odiaba… no me gustaba mi cuerpo, ni mi personalidad… quería desaparecer, total, tampoco se hubiese notado el que no estuviese… - Hizo una pausa y tomó aire… aquello le estaba costando horrores. Rachel había adoptado una expresión neutral en su rostro, solo escuchaba, ya opinaría más tarde. - Un día, mi padre me dijo que nos mudábamos a Ohio, que le habían ascendido en el trabajo y que teníamos que empezar a buscar una nueva casa. Dentro de cuatro meses teníamos que estar en otro sitio, muy lejos de todo aquello… Al principio pasé… ¿qué podía cambiar? Pero… poco a poco… empecé a pensar que, tal vez, al ir a otra ciudad y dejar atrás todo, podía empezar de cero y que… si conseguía una buena imagen y una buena actitud, la gente me respetaría e incluso llegaría a quererme… Trabajé en eso durante el poco tiempo que tuve. Hice ejercicio físico a todas horas, leí mil libros de autoayuda y me creé una nueva personalidad. Sería ambiciosa, inteligente, guapa… perfecta. Todo el mundo me adoraría… El primer día de clase tuve miedo. Pensé que me volverían a mirar de esa manera, ¿sabes?, como si… como si no mereciese estar viva… Eso no pasó, la gente me miraba de arriba abajo y me sonreía, pasaba cada uno de los exámenes que me hacían, no había insultos, ni malas caras… solo querían estar conmigo. Cuando las pruebas de las animadoras empezaron me presenté y le gusté a la entrenadora, así que entré. Ese fue el punto clave de todo. Seguí ascendiendo en popularidad y empecé a permitirme mirar al resto por encima del hombro… tú no sabes lo que es eso pero… es… es como una droga, te crees que solo va a ser una persona, de esas a la que todos desprecian, por lo que es lógico que tú también la desprecies pero luego… hasta la gente normal te parece estúpida y te sientes por encima de todo y de todos… puedes hacer lo que te dé la gana, la gente te adora, no importa a quien insultes o de quien te rías, ellos te quieren. Entonces te conviertes en un modelo a seguir, porque eres importante y te dices una y otra vez que no puedes seguir haciendo lo que haces, sabes que en el fondo está mal, que no deberían de admirarte por eso pero… el poder… ese poder que te da estar en la cima es tal que… asusta perderlo… si ahora la gente dejase de respetarme, de mirarme como me mira… de adorarme… no lo soportaría… por… por eso soy así… no puedo perder lo que tengo… no puedo… - Quinn se quedó en silencio, agotada y sin lágrimas. Rachel seguía con esa expresión indescifrable y la rubia sintió que debía continuar. – Tú… me sacas de quicio. Te insulto, te humillo, te molesto y… no haces nada, lo soportas todo y… sigues sonriendo… no… no lo entiendo. Cada día entras por la puerta del instituto con buena cara, temprano, vas a todas las clases, sacas notas increíbles y tienes una voz… pero…
- La gente suele odiarme. – Dijo la morena, sin mudar la expresión, tenía ante sí a la verdadera Quinn Fabrey, endurecida por las circunstancias pero débil, muy débil. Creía que ella también debía mostrarse tal y como era. – Has pasado por mucho y entiendo porque haces lo que haces… lo cual no quiere decir que sea justo ni que esté bien pero… lo entiendo. Yo nunca voy a cambiar Quinn, lo tengo muy claro, soy así, si no gusto pues… lo siento, no voy a ser diferente. A mí me gusta como soy y… aunque a veces me caigo y pienso que nada de lo que hago merece la pena, a los dos segundos me pongo en pie y sigo persiguiendo mi sueño, ese que está por encima de todo y de todos. Voy a triunfar, voy a ser alguien importante, no por mi físico o mi personalidad o ninguna de esas cosas tan superficiales, voy a ser alguien importante porque… puedo serlo, tengo talento y puedo serlo.
- Tienes suerte… - Susurró la rubia, ella no tenía ningún tipo de característica en especial, a parte de esa facilidad para hundir a los demás no contaba con nada más que la hiciese destacar.
- No… he trabajado mucho en ello. ¿Crees que los tonos altos salen solos? ¿O que la intensidad de mi voz siempre ha sido así? Siendo muy pequeña mis padres me enseñaron el mundo del espectáculo: baile, música, actuación… todo… es un mundo aparte, maravilloso, no hay nada igual a eso. Yo quiero formar parte de ese mundo, llegar a lo más alto y sentir que, sí, soy alguien en el mundo… si lo piensas, las dos queremos lo mismo, la diferencia está en cómo pretendemos conseguirlo. – Rachel había vuelto a ser ella, con un poquito más de madurez después de todos los golpes que le habían dado, pero volvía a ser ella.
- Pero tú tienes el talento… con eso se nace o no se nace… yo soy tan vulgar… y lo poco que tengo es todo… inventado. – Otra lágrima rodó por la mejilla de la rubia y Rachel casi se la limpia, pero tampoco había tanta confianza entre ellas.
- Vas a hacer que piense que me envidias, lo cual es… - Quinn la miró y la morena supo que había dado en el clavo, pero, ¿cómo era eso posible? ¿Quinn Fabrey envidiándola a ella? Jamás, eso no era posible… ¿no? – Antes he dicho lo que he dicho para hacerte daño, pero la verdad es que la gente mataría por ser tu amiga y conocerte y…
- No, te equivocas, eso es lo que puede parecer pero… sé que no es así, tú lo has dicho antes muy bien, no me soportan, soy horrible…
- No. – La miró con determinación. – Quinn, no. Te lo he dicho para que te sintieras mal, ¿alguna vez Santana o Brittany te han mirado mal? ¿Han intentado alejarse de ti? ¿Te han insultado o algo parecido?
- No… pero ellas son… bueno ellas, ya sabes.
- Sí, ya sé. Tus amigas. Mira, habrá gente que no te soporte, gente que finja que te soporta y gente que te quiera de verdad. Le pasa a todo el mundo, es habitual… no tienes que caerle bien a todos.
- Pero…
- Es lo que quieres, lo sé, yo también lo quiero… es decir, ¿quién no lo querría? ¿Caerle bien a todos? Siempre se quiere eso pero… hace mucho tiempo me di cuenta de que esforzarse tanto solo consigue que nadie te soporte, porque te ven tan tensa, preocupada por hacerlo todo bien, que… asustas, les das miedo porque no eres tú misma, por eso… a no ser que seas alguien como tú, que está en lo más alto de la popularidad… fingir la perfección no lleva a ningún lado.
- Sabes que… en el mundo de la popularidad… todo es falso.
- Lo sé, no existe la perfección. Por experiencia sé que es agotador tratar de ser perfecta, más aun cuando no eres nadie pero… aun siendo popular…
- Cansa mucho. – La rubia dejó que se le escapase una pequeña risa que la morena acompañó. No eran tan diferentes la una de la otra.
- Entonces relájate, Quinn… limítate a ser así, como eres ahora… creo que nunca te había visto reír de verdad, es una pena que la gente se pierda esa sonrisa, ¿no crees?
- ¿Y si… y si no gusto?
- Gustarás, créeme, aunque sea a una sola persona y será tan verdadero que merecerá la pena, mucho más que todas esas amistades falsas que tienes solo por conveniencia.
Se quedaron en silencio durante un momento, calmadas, sin mirarse. Tal vez Rachel tuviese razón, tal vez debiese simplemente ser ella misma, relajarse y dejar que su verdadera personalidad hiciese acto de presencia. Llevaba mucho tiempo fingiendo, buscando la perfección y creyendo tenerla, creyendo estar bien. Ahora que lo pensaba estaba cansadísima, agotada de tanto esforzarse, como bien había dicho la morena. Realmente… ¿qué necesidad tenía de estar así? Vale, había conseguido mucho desde que había cambiado, desde que había empezado a ser así de "genial"… pero esa no era ella, no del todo. Y ahora, exteriormente se gustaba… ¿por qué tenía que odiarse interiormente? No, no tenía por qué hacerlo, no tenía por qué ser así… no más.
Rachel la dejó cavilando y se cambió en el retrete más próximo. ¿Habría hecho bien al hablar así con Quinn? Siempre la había tratado mal y resultaba que era porque le tenía envidia por ser capaz de ser ella misma en todo momento, sin importar el qué dirán. Luchaba por su sueño y eso era lo único importante para ella. La mayoría de la gente no la soportaba pero, ¿y qué?, ella se quería así, eso era lo que debía de tener en cuenta, cambiar para los demás solo hubiese hecho que terminase por odiarse a sí misma, y eso nunca lo permitiría, pasase lo que pasase. Era cierto que las cosas eran diferentes en su vida, ya no era tan caprichosa y creída (bueno, intentaba no serlo), pero seguía siendo Rachel Barbra Berry, una diva en potencia, y sería así hasta el fin de sus días, lo tenía más que decidido.
Cuando la morena abrió la puerta vio que Quinn se había limpiado el maquillaje corrido y que estaba tranquila, más tranquila que nunca.
La rubia la miró a través del espejo, no se dijeron nada. Rachel avanzó hacia la puerta de salida y liberó el cerrojo. Abrió la puerta y se dispuso a salir.
- Berry. – La llamó Quinn. – Gracias. – Rachel sonrió y asintió con la cabeza, aceptando el agradecimiento, acababa de salvar al mundo del monstruo Fabrey.
