Habitación 512… 513… 514… 515. Rachel se paró ante la puerta cerrada donde estaba la hermana de Puck. Lo había llamado a la hora de comer para saber cuándo podría verla y como estaba llevando el asunto. Él le dijo que se preparase el cuerpo para lo que le esperaba pues, Allyson no estaba pasando por su mejor momento. Debía ir a la habitación 515 a eso de las seis de la tarde, él estaría por allí, "seguramente nos veamos", le había dicho.

La morena tomó aire y abrió la puerta despacio. El interior del lugar estaba oscuro. Las persianas de las ventanas se encontraban prácticamente cerradas a cal y canto. Había una lamparita encendida sobre una mesita de noche, acompañada por una botella de agua y varios vasos, así como un jarrón lleno de flores de distintos colores, como a la pequeña le gustaban. No tenía una flor favorita, lo que le encantaba eran sus colores, no sus nombres ni sus olores, si no los distintos matices y tonalidades que respiraban en sus pétalos. Un aparato bastante complejo medía constantes vitales y un gotero dejaba escapar periódicamente una gota que descendía por un fino tubo hasta ir a parar directamente a una de las venas de Allyson.

Rachel se obligó a seguir avanzando con normalidad y su mejor cara, para que la niña no notase nada raro, el que los enfermos te vean palidecer cuando te encuentras con ellos por primera vez no les sienta nada bien.

Tenía la piel descolorida, el pelo negro, revuelto y apelmazado sobre la almohada, la nariz profanada por un par de tubos, los ojos manchados por el cansancio, entrecerrados. Le habían vestido el cuerpo con la típica bata azul de hospital y estaba tapada hasta la cintura por una sábana blanca almidonada. Los pulmones le trabajaban tranquilos y el corazón le palpitaba despacio y bajito, probando el remiendo de la arteria dañada.

La joven se sentó en la silla que había junto a la cama, a la derecha, cerca de la puerta, por si la situación se volvía demasiado dura para ella, poder escapar con rapidez. Allyson la siguió con la mirada en todo momento, feliz de verla allí.

- Así que saltándote las clases… muy mal, voy a empezar a pensar que te pareces a tu hermano. – Le dijo Rachel y vio como la pequeña le sonreía un poco, no mucho, la anestesia aun le tenía los músculos algo sedados. – Y yo teniendo que ir al colegio, con lo aburrido que es…

- ¿Qué… has… hecho…? – Le preguntó débilmente y la morena tuvo que utilizar todo su autocontrol para no derrumbarse… le costaba hasta hablar… pobre Allyson, tan pequeña y sufriendo de esa manera… le pareció terriblemente injusto.

- Nada importante… salvo buscarte un buen regalo. – Los ojos de la niña se iluminaron y se posaron sobre la bolsa que Rachel le acercó. Movió sus manitas lentamente e intentó coger la bolsa, pero las terminaciones nerviosas le fallaron y la morena tuvo que ayudarle.

Al salir de su última clase (bueno, la que ella había considerado su última clase, porque aún le quedaba la hora de Educación Física, pero gracias a Dios y a la bondad de la entrenadora Beiste pudo escaparse antes de tiempo) fue a la juguetería más cercana a buscar algo para la pequeña. Había pasado por mil estanterías. Vio multitud de muñecas, videojuegos y demás juguetes, pero ella solo se detuvo en el último pasillo, ese donde había una mezcla insana de suaves peluches, y tras media hora de búsqueda encontró uno que le agradó. Si bien era pésima eligiendo ropa, con los regalos era una máquina. Supo que había acertado con el adorable gatito de pelaje negro y ojos azules cuando vio como Allyson se aferraba a él y lo acariciaba, como si estuviese vivo.

- ¿Te gusta? – Le preguntó Rachel y la pequeña asintió. – Lo vi en la tienda, muy solo y pensé que estaría bien con una de mis mejores amigas.

- Gracias… - Parecía que con aquello la había animado, pues se removió en la cama y se enderezó todo cuanto pudo para poder verla mejor. - ¿Hoy… no… has… cantado…?

- Sí… claro que he cantado.

- Que… suerte. A… mi… no… me… dejan…

- ¿No? ¿Nunca? – Vio como negó levemente con su cabecita y no pudo contenerse y acariciarle la mejilla, estaba helada. – Tendría que haber venido aquí esta mañana. – Sabía que no tenía motivos pero, de alguna manera, se sentía culpable.

- No… pasa… nada… mi… mamá… y… Noah… han… estado… conmigo… todo… el… día. – Y eso mientras ella asistía a clases insustanciales y se peleaba con Quinn… le hubiese gustado tanto verla despertar y coger la mano de Puck cuando se la hubiese encontrado de esa manera, seguro que había sido muy difícil para él. - ¿Qué… has… cantado…?

- Una canción grupal, un tango, de una película que tú todavía no puedes ver pero que me aseguraré de que veas, junto con todos los demás musicales que existan. – No iba a dejar que Allyson fuese una inculta musical, bastante ignorancia había ya en esa familia con Puckerman.

- Rachel… ¿me… puedes… cantar… algo…?

El corazón de la morena se saltó un latido al ver esos ojos oscuros suplicando. ¿Sería cierto lo que les había dicho el médico? ¿Volvería a estar bien algún día? Directamente no había hablado con Puck sobre el tema, la conversación del medio día fue muy escasa, algo forzada y con un Puckerman muy serio al otro lado de la línea. A Rachel no le había gustado eso, el chico del mohawk siempre bromeaba con ella, siempre conseguía sacarle los colores con alguno de sus comentarios subidos de tono. Pero aquella mañana… ni un "Berry" en tono sarcástico, ningún indicio de sus sonrisas de medio lado. Le había hablado con la voz rasposa y cansada, respondiéndole con monosílabos. Pasaba algo, algo realmente grave, y tenía miedo de pensar que podía ser.


- Maldito cacharro de mierda. – Murmuró entre dientes mientras le daba un puñetazo a la máquina de bebidas y conseguía su Red Bull.

Abrió la lata de inmediato y se la bebió casi entera de un solo trago. Estaba muerto de cansancio, pero no podía dormir, cada vez que cerraba los ojos se encontraba con la imagen de Allyson tumbada en esa cama, llena de tubos e incapaz de despertar de la anestesia. Había sido una noche malísima. Cuando la pequeña salió de quirófano la metieron en observación y allí estuvo durante toda la noche, sin despertarse. Al principio no había ningún médico por los alrededores, pero poco a poco empezaron a llegar y a agruparse en torno a su hermana. Él se puso nervioso y a su madre le volvió a entrar la histeria. En aquellos momentos tan tensos, en los que no les decían nada y todo parecía a punto de derrumbarse, solo le vino una idea a la mente: la mano de Rachel sobre la suya… necesitaba a la morena.

Al pasar las horas críticas y ver a Allyson despertar y al personal del hospital relajarse, a él le dio el bajón y quiso echarse un rato a dormir, pero el miedo en los ojos de su madre no había desaparecido, así que decidió que hacía mucho más despierto que dormido y trató de distraerla preguntándole por la tía Sheyla. A la media hora, la señora Puckerman descansaba plácidamente en un sillón incomodísimo mientras que su hijo paseaba arriba y abajo, sin alejarse mucho de la puerta de la habitación donde habían metido a su hermana, decían que observación estaba a rebosar, que necesitaban las camas, así que, tras una fuerte pelea (pues Allyson era tan importante como cualquiera de los otros enfermos) la pequeña acabo allí, con una enfermera apostada en la puerta como requisito indispensable por parte de Puck y menos tubos en el cuerpo.

Suspiró con fuerza al tirar la lata vacía en una papelera y comenzó a subir los escalones que le llevarían a la quinta planta, moverse le mantenía entretenido y si conseguía centrarse en sus pasos la cabeza no le dolía tanto ni el cuerpo le parecía tan pesado.

The second star to the right

Shines in the night for you

Desde el inicio del pasillo escuchó una voz suave y dulce que reconoció al instante. El cansancio se atenuó un poco en sus músculos y apretó el paso hacia la mitad del corredor.

To tell you that the dreams you plan

Really can come true

El lugar estaba desierto (esa enfermerucha se las iba a ver con él por abandonar su puesto) y la melodía resonaba con cuidado, chocando con las paredes sin hacerse daño. Se paró junto a la puerta entornada de la habitación 515 y aguzó el oído para terminar de cerciorarse de la identidad de la dueña de aquella voz, no quería que su mente, narcotizada por todo el ambiente enfermizo del hospital, le estuviese engañando y haciéndole imaginar cosas.

The second star to the right

Shines with a light that's rare

Era ella, era su voz. Empujó la puerta despacio y se atrevió a mirar dentro, sin permitirse poner un pie en la habitación.

And if it's Never Land you need

It's light will lead you there

Estaba sentada junto a la cama de su hermana. Llevaba unos botines negros, cuya parte superior aparecía cubierta por unos pantalones blancos. Había cambiado sus jerséis de animales por una camiseta de cortes originales, discreta y de color gris, algo así como plateado. Sobre el respaldo de la silla había una chaqueta negra. Apenas se había maquillado. El pelo le caía suelto sobre los hombros, sus manos envolvían una de las manitas de Allyson y sus ojos brillaban, centrados en la cara de sueño de la pequeña, que empezaba a cabecear con forme la melodía avanzaba.

Twinkle, twinkle little star

So I'll know where you are

Gleaming in the skies above

Lead me to the one who loves me

Entró en la habitación sin hacer ruido, con las manos en los bolsillos y sin poder dejar de mirarla. Estaba allí, había ido, tal y como le había dicho. No es que no esperase que viniera… bueno, tal vez lo dudase. Allyson y ella se llevaban bien, pero la morena tenía muchas cosas que hacer, musicales que memorizar y exámenes que estudiar, ¿cómo iba a ser su hermana su prioridad?... ¿o él?

And when you bring him my way

Each time we say "Goodnight"

We'll thank the little star that shines

The second from the right

- ¿Por… qué… la… miras… así? – Consiguió preguntar la pequeña cuando la última nota se evaporó en la sala. Rachel se volvió y se encontró con Puck, mirándola fijamente.

- ¿Así como? – Quiso saber el chico del mohawk.

- Como… si… fuera… lo… más… bonito… del… mundo.

A Puckerman se le sonrojó la cara y la expresión se le tensó. Rachel apartó la mirada y ocultó una sonrisa.

- Eso… es imposible… - Comenzó a decir… joder con su hermanita, hasta enferma era capaz de ponerlo en situaciones comprometidas. – porque tú eres lo más bonito del mundo.

Con pasos torpes se acercó a ella y se sentó al borde de la cama, besándole la frente y acariciándole la cara… maldición… estaba helada. La arropó con esa sábana acartonada y vio como apretaba contra su cuerpecito un gato de peluche. Se le elevó la comisura izquierda de los labios… sí que Rachel se preocupaba por ella.

- Tienes que descansar antes de que venga el médico, no quiero que piense que soy un mal tío que no deja dormir a su hermana. – Le dijo, y ella cerró los ojos y asintió con la cabeza.

- Yo… debería irme. – Rachel no quería molestar y sabía que la niña necesitaba reposo, así que se puso en pie dispuesta a salir y dejar que los dos hermanos compartiesen su momento con intimidad, como tenía que ser, pero una pequeña mano se aferró a su muñeca derecha.

- Rachel… no… te… vayas… cántame… un… poco… más… - Le pidió y la morena buscó la aprobación de su hermano. – por… favor… solo… hasta… que… me… duerma…

- Lo siento pero eso no va a ser posible. – Dijo una voz desde la puerta. – Son las 19:00, hora de tu revisión. – Era el doctor que había hablado con ellos después de la operación. Llegó hasta los pies de la cama y, mientras leía el informe, continuó hablando. – Debéis iros los dos, esta jovencita y yo tenemos que ver cómo están las cosas.

- Espero que la trate bien. – Dijo Puck con los ojos entrecerrados. El médico lo miró y sonrió.

- No te preocupes, es demasiado especial como para no cuidarla. – Le contestó y el chico judío se levantó de la cama.

- Estaré aquí dentro de nada. – Le aseguró.

- ¿Y… Rachel? – Preguntó la pequeña esperanzada.

- Me quedaré todo el tiempo que quieras. – Le dijo la morena, recogiendo su chaqueta y preparándose para salir.

- Vuelvan dentro de… unos 45 minutos. – Dijo el doctor, revisando el gotero.

- ¿Tanto tiempo? – Preguntó Puckerman.

- Sí… las pruebas que le hagamos las 72 horas después de la operación deben de ser completas, no queremos que haya ningún problema.

Puck gruñó algo, no muy de acuerdo, y salió de la habitación, seguido por Rachel, que se despidió de la pequeña con un gesto de la mano. Al salir, cerraron la puerta y se quedaron parados en el pasillo, sin mirarse. Puckerman se tocó el mohawk y decidió comenzar la conversación.

- Peter Pan, ¿eh? – Le dijo, refiriéndose a la canción. Se sabía toda la banda sonora de la película, Allyson parecía haberse viciado a Nunca Jamás y le hacía ver la película una y otra vez.

- Es su película preferida…

- Sí… gracias por venir… eres… eres muy importante para ella… - Se aclaró la garganta a mitad de frase, ¿ahora le costaba hablarle? Uf… no, seguramente sería el cansancio… "si… ya… el cansancio", le reprendió sarcásticamente su voz interior.

- Y ella es muy importante para mí. – Le respondió la pequeña chica y lo miró… estaba fatal.

Se había puesto unas deportivas y un pantalón vaquero, acompañado de una camiseta blanca, algo muy cómodo para poder soportar las interminables horas allí dentro. A pesar de mostrarse tenso y nervioso, tenía los ojos maquillados con unas ojeras muy pronunciadas y el gesto abatido. "¿Qué será lo que no me ha contado?", se preguntó. Él la vio pensando y pensando y decidió que era mejor que saliesen al exterior mientras el médico estaba allí dentro… sabía que tarde o temprano tendría que contarle como de mal estaban las cosas con Allyson y no le apetecía hacerlo en ese horrible pasillo, más que nada porque el aire estaba demasiado viciado y necesitaba oxígeno fresco para no sucumbir mientras admitía la gravedad de la situación.

- ¿Qué tal Glee? – Preguntó, mientras la guiaba hacia el ascensor.

- Bueno… ha habido de todo un poco.

- ¿No os ha salido bien el tango? – Inquirió… ¿esperanzado?

- Eh… sí… sí que nos ha salido bien… ¿por qué?

- Porque si os hubiese salido mal tú habrías hecho lo imposible por repetirlo hasta que saliese perfecto y yo lo podría haber visto.

- Estás… obsesionado con eso. – Le dijo, pulsando el botón de la planta baja… ¿cómo se le había ocurrido la brillante idea de hacerle ver "Moulin Rouge"?

- Es sexy. – Se explicó escuetamente.

El diálogo se estancó incómodamente mientras el ascensor bajaba. Cuando consiguieron salir del hospital, Puck llevó sus pasos hasta la parte trasera del edificio, donde había una especie de "jardín" (era una explanada gigante muy bien cuidada, con plantas de distintos tipos, bancos de mármol y un par de fuentes. La extensión estaba limitada de tal manera que hacía las veces de mirador).

- ¿Entonces… que es lo que ha pasado? – Volvió a iniciar la conversación, él no era muy hablador pero prefería forzar el tema y centrarse en Glee antes de que ella empezase a preguntar por Allyson.

- Pues hemos actuado nosotras primero, luego Kurt y Santana se han puesto a gritarse, el Sr. Schue se ha dormido y… yo me he peleado con Quinn. – Intentó que lo último no se escuchase mucho… sin éxito.

- ¿Esa maldita zorra ha vuelto a decirte algo? – La paró en seco, cogiéndola de un brazo y obligándola a mirarle… como la desgraciada de Fabrey la hubiese vuelto a insultar la mataría, y esta vez no fallaría… ya era suficiente.

- Sí… - Fue a interrumpirla pero ella se adelantó. – y yo le contesté. – La miró con el ceño fruncido y la soltó… pero si ella no le contestaba a nadie, ¿cómo era posible que le hubiese contestado a Fabrey? – Me insultó y… recordé lo que me dijiste, eso de que ya no era yo misma, porque si fuese yo misma me defendería… eso fue lo que hice. Le contesté y… la dañé, me equivoqué.

- ¿Te equivocaste?

- Sí… Noah, ella… ha sufrido mucho, ¿sabes?

- Se quedó preñada, fue su culpa, se lo buscó. – Rachel le alzó una ceja, ella no estaba hablando de ese momento y recordarlo no le agradaba nada… más bien le molestaba. – Vale, también fue culpa mía, pero ella podría haberme… parado, lo podría haber hecho y no lo hizo… así que… es su culpa… no puede quejarse… por eso… no… no puede. – Veía la expresión en la cara de la morena, "uh… mal asunto ponerse a hablar de cuando dejaste preñada a Fabrey", le aseguró una voz en su mente, y sabía que tenía razón. No es que fuese muy lógico, la verdad. Él no tenía nada con Rachel como para que esta se molestase al hablar de ese tema pero… sabía que la había cagado al mencionarlo.

- No hablo de eso. – Le dijo con dureza y siguió caminando sin poder mirarlo… hacía tiempo que no pensaba en ese "pequeño detalle" de la vida de Puck. – Ha pasado por otras cosas y yo no tenía ningún derecho a tratarla como la traté.

- Ella te ha tratado a ti como una mierda… es justo que hagas lo mismo.

- No para mí. – Habían llegado al final de la explanada, cercada por una valla negra que se les quedaba a la altura del estómago… bueno, a ella le llegaba por ahí, a Puckerman solo le llegaba por la cintura. – Trato de ser mejor persona y… hacer daño a otros no ayuda… Solo espero que ella esté bien… ahora que tiene otra vez a Finn… espero que se recupere.

¿De nuevo Finn? ¿En serio? No era posible que siguiese pensando en ese idiota, ¡pero si era medio lerdo! Puck resopló y, con las manos en los bolsillos se concentró en las piedrecitas del suelo.

- ¿Sigues con tu locura con Hudson? – Le preguntó, sin estar seguro de si quería conocer la respuesta. ¿Y si decía que sí? ¿Y si estaba enamorada de él de por vida? Entonces… ellos dos nunca…

- Lo he querido mucho… - Empezó a decir Rachel. Finn había sido su primer amor y tenía la sensación de que todos los demás que viniesen detrás de él solo le servirían para intentar olvidarlo… "hasta que encuentres el correcto"… quiso creer a su voz interior. – Aun me cuesta verlo por los pasillos y no sentir nada… intento que no sea así, pero… se me sigue acelerando el corazón. – Puck giró la cara y apretó los dientes, jodido Hudson. – Sin embargo… - Rachel miraba la ciudad que se extendía a sus pies, pintada de naranja, el sol se estaba divirtiendo quemándola mientras se perdía en el horizonte. - ahora creo que tengo un problema más grave. – El chico la miró… aquello lo había cogido por sorpresa.

- ¿Cuál?

- Tú. – Lo había dicho sin pensar, sin considerar que debía dar esa respuesta, y mucho menos poniendo atención a sus repercusiones. Una vez le dijeron que, cuando tuviese que hacer un examen tipo test, respondiese lo primero que se le viniese a la mente, que no le diese muchas vueltas pues, el cerebro, con todas sus complejidades, es capaz de dar las respuestas más sinceras y acertadas por medio de la intuición, y eso solo necesita un segundo de trabajo mental. - Apenas hemos estado una semana juntos y… he perdido completamente la cabeza.

- ¿Por mí? – Le preguntó con tono de suficiencia. Ella agachó el rostro y suspiró, pues claro que había perdido la cabeza por él.

Puck sonrió levemente, le acababa de decir algo increíble. Le había dicho que le gustaba, que le importaba, que estaba interesada en él… bueno, vale, no había utilizado tantas palabras, pero era eso. Cogió una mano de Rachel para colocarla sobre su pecho. La chica notó su corazón, latiendo fuertemente contra la palma de su mano derecha.

- Noah… ¿estás bien? Va… demasiado rápido. – Había tantísima intensidad en esos latidos… no era normal.

- Sí… y no quiero pararlo. – Él tampoco estaba pensando en lo que salía de su boca, solo sabía que su corazón se revolucionaba cada vez que la veía y que su cuerpo temblaba si la tocaba… y él no solía dejarse llevar por esas mariconadas (posiblemente porque nunca antes las había sentido), así que… si tantas cosas despertaba la morena en él, sería por algo, ¿no?

Conectaron sus miradas y sintieron eso que la gente describe tan bien en las novelas y que a los de las películas les encanta exagerar. El tiempo se detuvo a su alrededor. Las nubes dejaron de arrastrarse perezosamente por el cielo. El viento se quedó estático a medio soplido. Las hojas de los árboles pausaron su baile de choques. Los pájaros interrumpieron sus cantos alborotados y el batir de sus alas. Las sirenas de las ambulancias se apagaron y el trasiego del hospital y de la ciudad se tomó unos segundos de descanso. El mundo se detuvo para ellos, expectante, curioso ante sus movimientos.

Puckerman se acercó a ella y tomó la barbilla de la chica con su mano derecha mientras que la izquierda reposaba sobre la pequeña de la muchacha, encima de su inquieto corazón. Aproximó sus cuerpos un poco más… otro poco más… puso su cara a la altura de la de ella… y sus labios a la altura de los de ella…

Él ya la había besado por muchas razones (capricho, diversión, deseo, necesidad) y de muchas maneras (despacio, rápido, con lengua, sin lengua), pero aquel beso, en aquel instante, en aquel lugar, Rachel lo sintió como el primero. No ese que sirve para estrenar tus labios, torpe y muy por debajo de tus expectativas, si no su primer beso con él, con Noah. Fue un beso bonito, de los que aprovechan la magia del momento, esos que se limitan al roce, que no te dejan saborear, solo tocar, acariciar los labios ajenos, regalar la excitación de un cosquilleo que es capaz de maravillar los sentidos y hacerte desear más y más. La abrazó por la cintura y ella le echó los brazos al cuello. Querían sentirse, saber que estaban ahí, el uno para el otro, que no actuaban, que no era un arrebato, que estaba pasando porque querían… porque se querían… entonces Rachel rompió el beso e intentó alejarse de él, pero Puck no la soltó, ¿habría hecho algo mal?

- Noah… - Empezó a decir en un susurro tembloroso. – yo… no… no quiero esto.

Pareció que se volvía de piedra ante esas palabras. Terminó con el abrazo, miró hacia la derecha y endureció el gesto. Respiraba con fuerza, sin entender absolutamente nada. ¿A qué mierda estaba jugando Berry? ¿Y por qué cojones le dolía tanto el pecho? Maldita sea… y él pensando que ya la tenía, que quería estar con él… gilipollas, eso es lo que era, un auténtico gilipollas, por dejarse llevar y pensar que ella… que ella… putos sentimientos. "No quería eso"… ¿cómo que no quería eso? ¿eso? ¿Se refería a él? Lo iba a dejar solo, igual que el cabrón de su padre, iba a abandonarlo… otra vez… ¡Joder! Cada endemoniado momento que se le ocurría sentir algo por alguien esa persona acababa dejándolo tirado… ¿qué mierda le había hecho él a Dios para que lo tratase así? Y seguramente todo fuese por culpa del hijo de puta de Hudson… capullo…

- Jamás te va a querer… - Le dijo sin mirarla y ella no supo de que hablaba. – Nunca, y lo sabes. Sabes que solo está contigo cuando todas las demás fulanas le fallan… Sabes que te utiliza… ¡Joder! ¡LO SABES, BERRY! Y sigues detrás de ese cabrón que… ¡MIERDA! Y yo…

- ¿De… de qué hablas? – Rachel estaba muy perdida, ¿a quién estaba insultando de esa manera y… por qué?

- ¡De Finn, joder! Hablo del imbécil de Hudson, ese que te ha jodido tanto, del cabrón que no te puedes quitar de la cabeza, del hijo de puta que no te deja…

- ¡Noah! – Lo frenó, no estaba acostumbrada a tanta palabra malsonante junta. – No es por él.

Puck la miró, directamente y, joder, tenía que admitir que decía la verdad. Se le cayeron los hombros y los ojos le escocieron… pero no iba a llorar, él no era como la nenaza de Hummel, no… ni una lágrima… no por una mujer… ¿no por Rachel?

- Vete. – No quiso sonar dolido, no quiso que notase que aquello le importaba… mierda, ni siquiera quiso decirle que se marchara… pero lo hizo, y sonó terriblemente jodido.

- Noah… déjame explicarte…

- ¡No! No es necesario… solo vete y deja de fingir que todo esto te importa… mi hermana no se merece eso…

- ¡Pero es que me importa!

- Mierda, Berry… ¡no necesitas hacer esto! Estamos bien así… no es necesaria tu compasión ni… tus mentiras… ni… tus engaños… ¡JODER! ¿No decías que no querías hacer daño a la gente? ¿Qué no iba con tu puñetero carácter? – Explotó, no quería… pero explotó. - ¿Por qué me has hecho pensar que sentías algo por mí? ¿POR QUÉ? – La tomó de los hombros con fuerza y miró su rostro impactado, con furia… pero entendió que en todo aquello solo había un culpable… él. – Aunque no es tu jodido problema… soy un gilipollas… creía… yo creí… No es tu culpa… soy yo… lo sé… es imposible querer algo conmigo… está… está bien…

- ¿Qué? Noah no… no eres tú, soy yo. - ¿En serio había dicho esa frase tan manida?

- Mira Rachel… bah… da igual… vuelve a tu casa y…

- Es por Lauren. – Admitió la morena en voz baja, ¿cómo se le había ocurrido pensar que era por él?

- ¿Lauren? – El cerebro de Puck empezó a trabajar a marchas forzadas para intentar entender aquello… ¿qué mierda pintaba Lauren allí en medio? ¿con Berry? Un momento… - Espera… tú y ella…

- ¿QUÉ? – Desorbitó los ojos ante semejante sugerencia… ¿cómo podía tener la mente tan sucia? ¡Por Dios! - ¡No! ¿Estás loco? ¡No!

- Entonces… ¿Qué mierda intentas decirme? Porque me estoy poniendo nervioso, no hay manera de entenderte…

- Estás con ella, Noah… y yo… no quiero volver a ser la otra, con Finn tuve suficiente… no creo que pudiese soportarlo… no contigo. – Rachel suspiró y se apoyó sobre la valla, mirando hacia la ciudad, que empezaba a encender las farolas de sus calles. El tráfico se había intensificado, la gente regresaba a sus hogares tras un duro día de trabajo, felices de que fuese viernes y de que el fin de semana estuviese cerca… había sido una semana difícil. – No quiero entrometerme… se os ve muy bien y… ella no se lo merece… yo… yo no…

- He cortado con ella. – Le dijo, acercándosele. Así que era solo eso… gracias a Dios… menudo dramón que había montado en dos segundos… malditos impulsos.

- ¿Qué? – Rachel se volvió y se lo encontró a escasos centímetros de su cuerpo… ¿le estaría mintiendo? - ¿Cuándo?... ¿Por qué?

- Anoche y… el por qué creo que es evidente. – Le acarició la mejilla y la abrazó, colocando su cabeza en su pecho… no iba a dejarla escapar.

- Pero… ¿cómo…? Noah, ¿qué pasó?

- Pues…

Flashback

Había dejado a Berry en su casa y se sentía bastante pleno. Lo había acompañado en el que había sido su momento más difícil hasta la fecha y… eso significaba mucho para él. La chica había cambiado, tenía que reconocerlo, ya no era tan egoísta y parecía que hasta sentía algo por él. Con el cielo negro sobre la brillante carrocería de su coche a su mente le dio por pensar que, después de todo, no había sido una noche tan mala. Vale, su hermana había pasado por algo terrible y se consideraba un hombre miserable por no haber estado con ella en todo momento pero… maldita sea, aun sentía las suaves manos de Berry sobre las suyas y el calor del pequeño cuerpo de la morena se… un segundo, ¿era Lauren Zizes esa que estaba enfrente de su casa?

Dejó el coche frente a la cochera y salió al exterior. Sí, bajo la farola de la entrada de su casa estaba Lauren Zizes, en persona, ya sin ese traje tan estrafalario que se había puesto, y con su habitual cara de mala leche… definitivamente ya no se sentía igual con ella.

- Lauren… ¿qué haces aquí? – Le preguntó aproximándose a la chica.

- Tenemos que hablar, Puckerman. – Lauren se cruzó de brazos frente a él y entrecerró los ojos. - ¿Qué mierda está pasando contigo y con Berry?

- Oye… solo ha sido un beso, ni siquiera le he metido la lengua… era parte de la actuación y…

- No me refiero a eso. Me refiero a como la mirabas y por qué le has roto la cara al subnormal de Hudson cuando ha hablado de ella… por cierto, también me he enterado de lo que le hiciste a Fabrey… Evans te plantó cara y no te paraste… ¿qué está pasando?

- Yo… ¿sabes que los dos somos judíos, no? Pues… los judíos… nos protegemos los unos a los otros y…

- Ve con esa mierda a otra porque yo no me la trago. ¿Me estás engañando? – Dio un paso hacia él y tensó sus puños.

- No… - Técnicamente no la había engañado… todo había sido parte del espectáculo… a excepción de cuando arrinconó a Rachel contra la pared y casi la… "¡No! Puckerman, céntrate en la mujer que tienes delante, sí, esa que parece estar a punto de castrarte".

- Puckerman no me mientas.

- ¡No te miento! No he hecho nada con Berry…

- Pero quieres.

- Es una judía muy sexy… eso no lo puede negar nadie y yo… nena, soy un hombre… tengo mis necesidades y…

- ¿ACASO NO CUBRO YO CORRECTAMENTE ESAS NECESIDADES? – Le gritó, tomándolo por el cuello de la camiseta y dejando su cara a dos escasos centímetros de la de él. Sintió la respiración enfurecida de la chica sobre su rostro.

- Claro que sí, pero…

- Puckerman… piensa muy bien en lo que vas a decir porque te aseguro que no vas a encontrar a una mujer como yo en años y a ESTA MUJER no le gustan los juegos. No soy como las otras zorras con las que has estado, no voy a permitir que estés con alguna cualquiera mientras se supone que estás conmigo… la gente no se ríe de mí, Puckerman, todos lloran cuando me ven porque hago que defequen en sus pantalones con mi sola presencia. – Se estaba poniendo agresiva, MUY agresiva… y estaba seguro de que lo tiraría al suelo de un momento a otro y empezaría a pegarle hasta que lo hubiese reducido a abono para el jardín de su madre.

- Yo no te he engañado Lauren, pero… las cosas están… cambiando… - Ay Dios, estaba poniendo su vida en un grave peligro.

- ¿Qué cosas y por qué cambian?

- Yo… joder… - Se tocó el mohawk y suspiró con fuerza. – creo que… nosotros… no terminamos de encajar y…

- ¿Qué mierda quieres decir? – Sujetó con más fuerza la camiseta del chico y volvió a entrecerrar los ojos… sabía lo que estaba haciendo y, si era sincera consigo misma, no quería que pasase. Si existía algún tipo que pudiese con ella (que aguantase sus arranques de ira y sus golpes e, incluso, que disfrutase de todo eso) era Puckerman, no quería perderlo, no por una mindundi como Berry.

- Pienso que… tendríamos que… ¿tomarnos un tiempo? – No solía cortar con nadie porque no solía tener relaciones de verdad con nadie. Con Lauren llevaba unos meses, y todo había sido pasión, violencia y desenfreno… al principio le había gustado, maldita sea, ¡se había vuelto loco por ella! Pero… con Rachel tan cerca… tan distinta… todo se había puesto patas arriba dentro de él.

- ¿En serio es eso lo que piensas? – Hizo que sus caras se tocasen, no de modo romántico y mucho menos de modo pasional… más bien fue de modo intimidatorio. Sí, Puckerman la iba a dejar, y por la canija insufrible con nariz descomunal de Berry… jodida criaja del demonio… sería un bonito adorno para su jardín, como gnoma quedaría de muerte…

- Sí. – No vaciló al decirlo, si quería pegarle que lo hiciese, realmente se lo merecía, pero no iba a volver a aguantar sus abusos, ni sus gritos, ni sus horribles peticiones… joder, lo había convertido en su esclavo personal, ¿no se suponía que en las parejas los dos se cuidaban y todo era de color de rosa?

Lauren lo miró con intensidad, preparó sus puños para darle la paliza de su vida. Lo empujó, haciéndole caer al suelo. Lo miró con la mandíbula fuertemente apretada y… se giró y se marchó.

Puck no daba crédito a lo que acababa de pasar, porque no era normal. Hasta cuando estaba contenta, Lauren expresaba sus emociones a través de los golpes. Pero el que se hubiese ido así solo quería decir una cosa… él le importaba y aquello le había dolido. Después de perderla de vista se levantó y fue hacia la puerta de su casa, la abrió y entró dentro, de camino a la ducha. Estaba libre, totalmente libre… pero no se sentía del todo bien… tal vez al día siguiente, cuando viese a Berry y sintiese eso que llevaba sintiendo toda la semana cada vez que se topaba con ella pudiera decirse a sí mismo que lo que acababa de hacer había merecido la pena porque… en ese momento… no estaba seguro de haber hecho lo correcto.

Fin del Flashback.

- Entonces fue por mi culpa. – Dijo Rachel, separándose un poco de él para poder mirarlo a la cara. – Lo… lo siento…

- Deja de disculparte. No fue culpa tuya. – Le aseguró Puck, entrelazando sus manos con las de ella. – No del todo… Lauren es mucha mujer y hay que saber cómo tratarla. Es muy parecida a mí, por eso la medio entendía, pero… al parecerse tanto a mí, pues… puede llegar a ser tan violenta como yo, e incluso más. Ya no me excitaban sus golpes y me estaba quedando pelado de dinero con sus puñeteros caprichos… además… - La miró a los ojos. – ahora quiero estar contigo. No puedo pensar en otra cosa que no sea pasar todos los malditos segundos del día contigo entre mis brazos. – La atrajo un poco más hacia sí y le dio un pequeño beso en los labios.

La morena se quedó mirándolo, buscando en sus ojos algún indicio de mentira, de juego, de… "algo". La habían estado engañando durante demasiado tiempo, no sabía si su corazón aguantaría más golpes y… Puckerman siempre iba a ser Puckerman… tenía miedo de convertirse en otra de sus chicas recurrentes, como Santana… que horror.

- Creo que… necesito un poco de tranquilidad en mi vida… no tantos gritos ni peleas… necesito a alguien que… no sé… - Eso de expresar los sentimientos con palabras no era lo suyo, pero conociéndose como se conocía a sí mismo, Puck casi se da una palmadita en la espalda, no lo estaba haciendo del todo mal… así que… ¿por qué narices Berry no decía nada y solo lo miraba con desconfianza? – Rachel… te necesito.

- Noah, yo… - Aquellas palabras eran grandísimas. Ella le daba mucha importancia a las palabras, siempre se la había dado, y escucharlo decir que la necesitaba, a ella, hizo que le temblasen las piernas. – Quiero estar contigo…

- ¿De… de verdad? – Al chico del mohawk se le iluminó la cara, ni ojeras, ni cansancio, ni nada, solo una sonrisa en mitad del rostro y unas ganas inmensas de besarla.

- Sí, pero… - Maldita sea, ¿cómo era posible que en cada puñetera frase que decía fuese capaz de poner uno de esos peros? – Si vamos a estar juntos, solo seremos tú y yo, ni Finn, ni Lauren, ni Quinn, ni Santana, ni ninguna otra chica que haya pasado por tu cama…

- ¿Solo tú y yo? – Le preguntó y ella asintió con la cabeza sin atreverse a mirarlo, sabía que a él, eso de la monogamia, como que no le hacía mucha gracia, pero no estaba dispuesta a compartirlo, no estaba dispuesta a sentirse utilizada otra vez. Le puso un mechón de pelo tras la oreja izquierda y dejó su mano en su mejilla, obligándola a levantar la cara para poder ver sus ojos, con un cariño infinito. – Eso es todo lo que quiero.

Y era verdad, solo quería a Rachel Barbra Berry, 24 horas al día, 7 días a la semana, 12 meses al año, durante todos los largos años que le quedasen por vivir, en exclusividad para él, no necesitaba ninguna otra cosa. Una vez más la besó, con intensidad, saboreando su boca por completo (esa boca que ya le pertenecía), estrechando su pequeño cuerpo contra su torso (ese cuerpo que también le pertenecía), alzándola y haciéndola reír entre sus labios… deleitándose con esa risa que, definitivamente, le pertenecía. Cuando sus bocas se dieron un respiro, juntó su frente con la de ella, para tenerla lo más cerca posible.

- Llevo desde el martes queriendo hacerte esto en mitad del pasillo del colegio… ya no me voy a tener que aguantar más y cada vez que te vea… - Volvió a atrapar sus labios. – te voy a comer entera, Rachel Berry.

- Vale… - Le dijo con una sonrisa y dejó que la besase todo cuanto quisiese. Necesitaba una relación estable, alguien que se preocupase por ella, que la mimase y no le hiciese daño… quería que ese alguien fuese Noah, su Noah. Aunque sabía que aquello no iba a sentarle bien a todo el mundo… incluso había una persona en especial que posiblemente sufriese. – Pero… - Consiguió decir, escuchando como él gruñía por haber cortado su juego de labios. – tal vez debamos esperar un poco para hacerlo público…

- ¿Qué? ¿Por qué? ¿Sabes lo que me ha costado decirte esto? No quiero que tengamos que ir escondiéndonos por ahí ni mierdas…

- Es por Lauren. – Él la miró extrañado, ¿otra vez Lauren?

- ¿Seguro que tú y ella no…?

- ¡Que no! Es que… sé lo que es terminar con alguien y verlo salir con otra al día siguiente… no es nada agradable. – Era una putada, eso tenía que admitirlo hasta él pero, agggg, iba a ser desesperante tenerla delante y no poder tocarla…

- Ella nunca ha hecho nada por ti, ¿por qué ibas a hacer algo tú por ella? – Vale que la actitud de Rachel ahora era mejor pero, joder, tampoco era cuestión de que se volviese una hermanita de la caridad.

- ¿Y por qué no? – Lo dejó callado con eso. – Para recibir hay que dar algo de vez en cuando.

- … - Suspiró con fuerza… tendría que esperar. – Una semana. – Vio como le sonreía mientras se mordía el labio.

- Dos. – Regateó Rachel.

- ¡Ah, no! Ni de coña, ¿dos semanas? ¿se te ha ido la olla? ¿Tú te crees que yo, YO, voy a aguantar dos semanas a pan y agua? ¡Me moriré!

- Tranquilo, está todo pensado. Tendremos el auditorio para nosotros solos, sabes que allí solo va el Glee Club una vez a la semana…

- Hay mucho polvo y no se ve una mierda, quiero besarte cuando me dé la gana… además, si la gente no ve que estamos juntos algún capullo puede intentar acercarse a ti y eso me obligaría a hacer cosas que harían que volviera a terminar en el reformatorio y…

- Mis padres van a estar de viaje… – Lo miró de forma traviesa, contenta de haber conseguido que alzase las cejas y olvidase sus quejas. – durante dos semanas completas… no habrá nadie en mi casa… estaré yo sola… todo el día…

- Interesante… - Murmuró tras unos segundos de reflexión, acercándose a sus labios juguetonamente. El tiempo que perdiese en el instituto fingiendo que no tenía nada con ella lo recuperaría con intereses por las tardes… en una casa vacía… equipada con varias camas… ¿qué demonios? Equipada con cualquier miserable rincón en el que cupiesen dos cuerpos muy, muy juntos. - ¿Dos semanas? – Ella afirmó. – Puede que lo considere… - Ya lo tenía. Lo abrazó con fuerza y él dejó que su perfume se colase en su interior… esa mujer sabía cómo dominarlo, a la larga tal vez fuese un problema… o puede que no, puede que fuese justo lo que necesitaba, un poco de control, límites y, de vez en cuando, un sitio en condiciones donde retozar con su chica, además, eso de estar escondiéndose le iba a poner bastante, Berry podía llegar a tener muy buenas ideas…

- Sé que voy a arruinar el momento, pero tengo que preguntártelo. – Se separó de él, cogió aire y se preparó para volver a la realidad. - ¿Qué le pasa a Allyson? Dime la verdad, por favor… necesito saberlo.

- Uf… eso ha sido un golpe bajo… - Apartó sus manos de ella y metió una en el bolsillo de su pantalón y la otra la paseó por su mohawk, intentando encontrar una manera de decirle aquello. – Está… está muy grave, Rachel… - La morena sintió que el corazón se le terminaba de acelerar y puso una cara de preocupación que a Puck no le gustó para nada. – Verás… se suponía que no tenía que tardar mucho en despertar de la anestesia pero… estuvo toda la noche inconsciente y… cuando la examinaron dijeron que… bueno… que el corazón le iba muy lento… y eso… eso es bastante malo…

- ¿Cómo de lento? – Ya que se estaba enterando de la verdad, quería saberla con todo lujo de detalles, por muy dura que fuese.

- Dicen que le late a un 20%... es muy poco… demasiado poco…

- Dios mío… - Sí que era malo… un 20%... oh Dios, Allyson… - ¿Y no pueden hacerle nada?

- Esperar… y revisarla cada tres horas. Por cierto… - Miró su reloj y luego las puertas del hospital. – Creo que el médico ya habrá terminado.

- Vamos a verla.

Los dos caminaron en silencio, pensando en Allyson y… bueno, en ellos. Ya estaban juntos, no sabían cuánto durarían, ni si les iría bien o mal, solo sabían que se tenían el uno al otro y que no se iban a dejar escapar fácilmente. No podían decir que se querían… eso de quererse en el sentido de amarse era algo demasiado inmenso como para saber de su existencia en tan poco tiempo, el amor no es un plato precocinado listo para calentar y servir… el amor se cocina a fuego lento, día a día, y después hay que servirlo con una buena presentación y degustarlo durante años. Si está bien hecho, sabrá como la más delicada de las ambrosías, si no… bueno, habrá que empezar de cero e intentar que salga mejor o… abandonar, tampoco es necesario forzar las cosas, cuando los ingredientes no combinan bien, son incomibles.

Al llegar a la puerta de Allyson la vieron cerrada, lo cual quería decir que el médico seguía dentro. Se apoyaron con resignación en la pared y miraron al techo. Unos segundos después el pomo de la puerta comenzó a girar y Puck se echó a temblar. Rachel lo miró, estaba asustado y tenso, y le cogió la mano, estaría con él, en lo bueno y en lo malo. Puckerman sintió la cálida mano de la chica entrelazándose con la suya y quiso creer lo que su corazón le decía latido a latido: que ya no iba a estar solo y que Rachel no iba a abandonarlo, nunca. Besó la mano de la muchacha y la apretó levemente mientras el doctor salía de la habitación. No sabía lo que ese hombre iba a decirle, ni si su hermana llegaría a recuperarse… ni siquiera sabía si él estaría vivo cuando el día siguiente amaneciese pero… lo que sí sabía, es que tenía a la morena, y ella lo tenía a él… y en ese momento, sintió que era todo lo que debía de saber.

Fin

¿?

Una semana después.

- ¿Puedo besarte? – Le preguntó, ansioso por probar sus labios.

- Tal vez no sepa hacerlo. – Le dijo ella algo preocupada, nunca había besado, ¿y si lo hacía mal?

- Eso es imposible. – Le aseguró, acercándose a ella muy despacio, sujetando su mejilla izquierda con su mano derecha.

Tocó sus labios, los acarició y el momento fue tremendamente mágico. No duró mucho, apenas un suspiro de ambos en la boca del otro, pero les hizo estremecerse de arriba abajo. Él se separó de ella y le cogió las manos, mientras la joven apartaba la vista, sonrojada y emocionada… pensó que no podía haber tenido un mejor primer beso.

- Jamie… - Susurró intentando mantener la compostura. – Te quiero. – Le confesó, esperando una respuesta… que estaba tardando una eternidad en llegar… ella parecía a punto de llorar, ¿qué habría hecho mal? – Ahora… sería un buen momento para decir algo.

- Te dije que no te enamoraras de mí. – Le reprendió con la voz débil y él, aun no entendiendo porque le había dicho aquello, volvió a besarla… y ella dejó que la besara.

Puck estrechó entre sus brazos a Rachel, que descansaba tumbada sobre su cuerpo, abrazándolo, con la cabeza encima de su pecho. En esa posición podía sentir toda la figura de la morena, la textura de su pelo y sus suaves respiraciones. Estaban en el sofá de la casa de los Berry, haciendo tiempo para ir a ver a Allyson al hospital. Con forme los días habían ido avanzando la pequeña había ido mejorando, y ya la tenían en otra planta, comiendo ella solita, sin necesidad de ningún líquido con contenido alimenticio. Las constantes vitales se las median los médicos dos veces al día, por lo que ya no estaba conectada a máquinas, y las horas de visita eran las estipuladas para todos los pacientes: de 12 a 13 por la mañana y de 19 a 20 por la tarde. Aun eran las 18 y Rachel y Puck veían una película con la que la morena estaba encaprichada: "Un paseo para recordar". Era un dramón, de esos que les encantan a las mujeres, por lo que, evidentemente, Puckerman no la había visto, así que estaba bastante pendiente de lo que sucedía en la pantalla. La chica, que prácticamente se conocía de memoria los diálogos del filme, disfrutaba de tener a su novio para ella solita durante esas horas por la tarde, ahora le parecía una suerte no tener a sus padres por allí.

En el colegio las cosas les iban bastante bien, eso de verse a escondidas en el auditorio los tenía revolucionados, y se divertían de lo lindo coqueteando delante de los miembros de Glee, que observaban extrañados como Rachel movía las pestañas con ligereza ante el chico del mohawk, haciéndole tomar fuertes bocanadas de aire para no perder el control.

Lauren había vuelto a sus horarios habituales, de 12 a 14, con su régimen de intimidación estándar, recorriendo los pasillos del instituto como si fuese la reina del lugar.

Finn seguía sin poder hacer nada, con la nariz vendada y una Quinn muy protectora que se pasaba el día detrás de él. Antes se hubiese quejado de tanta atención pero, a pesar de no separarse de su lado casi ni un segundo, al gran chico no le molestaba la rubia, le gustaba que se preocupase por él y la veía… distinta, más relajada, e incluso… más feliz.

Sam se había centrado en sus estudios y en el deporte, estaba decidido a hacerse con un mejor puesto en el campo. No le faltaban pretendientas, todo había que decirlo, el muchacho estaba que se salía en el sector femenino, pero prefería enfocarse en sí mismo durante un tiempo, además… le había echado el ojo a cierta diva color chocolate…

El resto del Glee Club seguía igual, peleándose, preparando canciones, peleándose, buscando un buen repertorio para su siguiente competición, peleándose, ensayando nuevas coreografías, peleándose, sacando a Will de quicio, PELEÁNDOSE.

Hablando de Schuester… el profesor había quedado un par de veces con Karen y parecía que las cosas iban viento en popa, lo cual no le había hecho mucha gracia a Emma.

Pero, dejando todo eso a un lado, absortos en un tiempo para ellos solos, dos judíos muy sexys seguían viendo esa película tan trágica.

- Estoy enferma. – Le confesó con un nudo en la garganta.

- Entonces… te llevaré a casa y… - Comenzó él, entendiendo por qué había estado tan rara toda la noche.

- No, no, no… - Le cortó ella. – Landon… estoy enferma… tengo leucemia. – Acabó por explicarle, con las lágrimas resbalando por sus pestañas, incapaces de permanecer en sus ojos.

- No… - Dijo él con una pequeña carcajada, ¿leucemia? ¿Jamie?... tenía que ser una broma, una muy pesada broma de malísimo gusto. – Ti… tienes 18 años… estás perfecta…

- No, no, no… - Repitió, negando, con las mejillas empapadas. – me lo dijeron hace dos años, mi cuerpo ya no responde a los tratamientos. – Se encogió de hombros, inútil ante la expresión de él, una mezcla entre asombro, incomprensión, dolor y rabia.

- ¿Y por qué no me lo dijiste? – Le exigió.

- El médico dijo que llevara una vida normal, la mejor que pudiera y… yo no quería que nadie me… tratara de un modo diferente…

- ¿Incluido yo?

- ¡Especialmente tú!... Lo llevaba bien, incluso lo había aceptado y entonces apareciste tú… No necesito un motivo para estar furiosa con Dios…

Se fue corriendo, envuelta en lágrimas, lejos de él. No quería que la viera tan débil ni que la mirase como la enferma que era… no quería su compasión. Él se quedó allí parado, solo, intentando procesar lo que le acababa de decir… se moría… cada segundo que pasaba era un segundo menos para ella… para el amor de su vida… Jamie… la iba a perder y no podía hacer nada por impedirlo.

Notó como su pecho temblaba y sus brazos la sujetaban con más fuerza, alzó la cabeza y vio las lágrimas rodando por sus mejillas, los ojos puestos en el televisor y la mandíbula apretada a más no poder, tratando de retener un sollozo. Rachel alzó las cejas impresionada, Puckerman volvía a emocionarse ante una escena dramática, por segunda vez, en su casa, delante de ella. Sonrió sabiendo que el chico, en el fondo, era un sentimental… y eso era adorable… le encantaba. Se incorporó un poco para poder limpiar su rostro con el dorso de su mano derecha y morderse el labio mientras él la miraba a los ojos.

- Es… muy… muy triste. – Le dijo con la voz rasposa.

- Sí que lo es…

- Si… si a ti te pasase algo… si tú… me lo dirías… ¿verdad? – Le preguntó, acariciándole la mejilla. Ella le sonrió y besó la mano que había sobre su piel.

- Siempre. – Él afirmó con la cabeza y trago saliva, aun consternado, no soportaría perderla.

- Porque… ahora… no te pasa nada… ¿no? – Quiso saber, temiendo inconscientemente la respuesta. Por Dios, claro que no le pasaba nada pero esa dichosa película le había puesto los pelos de punta.

- Creo que vamos a tener que dejar de ver dramas. – Dijo Rachel, riéndose levemente. Él la miraba, impaciente… con un suspiro la chica dijo adiós a las tardes de tragedias románticas. - Noah, estoy bien.

- ¿Solo bien? Igual tendrías que hacerte un chequeo o algo… por si acaso… yo no sé cómo van esas cosas pero… - Lo detuvo con sus labios, tenía que distraerlo antes de que la llevase a urgencias exigiendo un examen completo de su sistema inmunitario.

- ¿Sabes? Tienes razón, podría estar mejor… ¿quieres que te diga cómo? – Le preguntó, y él esperó la respuesta. – Subiendo a mi habitación… contigo… ahora mismo. – Se lo dijo al oído, en susurros cortos, besándole el cuello.

Puckerman abrió los ojos de par en par y dejó que una sonrisa traviesa se instalase en sus labios. Se incorporó y la tomó en sus brazos, olvidando esa película tan triste que seguía reproduciéndose y llevándola escaleras arriba lo más deprisa posible, disfrutando de su risa… nunca se cansaría de esa risa. Estaba pervirtiendo a Berry, lo sabía y… estaba orgullosísimo de eso. Al llegar a la habitación de la joven cerró la puerta con el pie, muy consciente de que tenían que ir a ver a su hermana en menos de una hora pero que tenían el tiempo suficiente para devorarse el uno al otro, sin reservas y con toda la picardía del mundo.


N/A: ¡se acabó lo que se daba! xD Pido disculpas una vez más por la tardanza del capítulo, pero era el último y quería hacerlo en condiciones... espero que haya gustado ;)

Quiero daros las gracias por cada comentario, en serio, GRACIAS xD, animan una barbaridad y, siendo este mi primer Fanfic, no pensé que fuese a tener tantos :)

¿Qué más? Bueno, solo decir que mi mente trabaja en nuevas (y muy locas) ideas así que... puede que me leaís más adelante.

Una vez más, gracias por vuestro apoyo y... ¡hasta la próxima! :)

PD: siento en el alma haber puesto a Lauren tan "salvaje" (u.u) pero es que no me gusta con Puck, el personaje es genial pero... con Puck... como que no.