Como se mencionó en la descripción, toda esta historia está inspirada en la canción "Square Rooms" de Al Corley y en el concepto del mundo de Mogami (Mob Psycho 100, otra obra de ONE), además de explorar más a fondo la habilidad de Fubuki de adentrarse en la mente de alguien más (webcomic).
No sé cómo fue que terminó alargándose tanto, yo tenía contemplado no pasar de los 4 capítulos jajaja.
Gracias a todos por seguir esta historia hasta el final.
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Capítulo 16
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Estando frente a frente, Saitama pareció tensarse. Él se rascó su mejilla un poco, miró al suelo, a sus pies y luego miró directamente a los ojos de Fubuki con cierta cautela y curiosidad. —¿Por qué te disculpaste antes?
Durante todo ese tiempo, Fubuki se había olvidado por completo de ese asunto de la disculpa y, justo en ese instante, deseó en el fondo de su alma que Saitama lo hubiera olvidado también. Justo como pareció haber olvidado todo lo demás...
—Porque se suponía que yo te sacaría de ahí. —Respondió ella de inmediato, sin pausas, sin dudas. Las palabras fueron totalmente sinceras. Brotaron de su boca como si hubieran estado esperando todo ese tiempo para ser dichas, para emendar el error de Fubuki.
Ella continuó. —Pero lo olvidé justo en cuanto entré. Si no fuera por mi hermana, yo seguiría vagando por tu mente como un invasor sin memoria. —Fubuki se detuvo para tomar aire con lentitud. —Fue un largo viaje ahí dentro, hay muchas cosas que no recuerdo justo ahora… pero estoy satisfecha con saber que pude lograrlo.
Los ojos de Fubuki se alzaron y se posaron sobre los de Saitama, él hizo lo mismo, ambos permanecieron en silencio.
Los ojos de Saitama seguían siendo cafés, cafés como en el sueño. Darse cuenta de eso, de alguna forma, colmó a Fubuki de un profundo alivio.
Entonces Saitama le sonrió y ella tuvo que desviar la vista al instante, su corazón se sintió intranquilo y una mezcla de melancolía y calidez la invadió repentinamente.
Saitama volvió a hablar. —Gracias. —Dijo en un soplido que sonó muy sincero, tanto como lo habían sido las palabras de Fubuki. Ligero, preciado y suave al oído.
Saitama la miraba a ella mientras se debatía entre seguir hablando o limitarse a sonreír. Era evidente que sólo estaba buscando un pretexto para seguir conversando con ella. Fubuki lo dejó hacerlo.
—¿Qué más viste? —Preguntó él finalmente. —Sobre mi sueño… Mientras yo peleaba, ¿qué hiciste tú todo ese tiempo en el que no recordabas por qué estabas ahí?
El cuerpo de Fubuki se congeló, no esperaba que Saitama fuera directamente al grano en ese asunto.
El hecho de que ella fuera la única consciente de todo lo ocurrido sólo la hería más, la melancolía la inundó por completo y tuvo ganas de huir de ahí. ¿Cómo podría ella hablar de la vida que hizo sin mencionar a Saitama? Si Saitama fue literalmente todo su mundo, todo lo que tuvo y quiso.
—Yo fui… yo era… —Fubuki titubeó su respuesta, luego se aclaró la garganta y trató de recomponerse. Tendría que improvisar y tendría que mostrarse firme a su versión de la historia. —Yo sólo fui una chica común y corriente viviendo por su cuenta, mientras tú fuiste… bueno, el héroe que salvó la tierra muchas veces, que tenía muchos fans y eso fue todo. ¡Oh! También había muchas ofertas todos los días en los supermercados, debes tener alguna obsesión con eso.
Saitama la miró con cierta sospecha, quizás tardando en entender o quizás un poco decepcionado de la respuesta tan simple y corta. Pero Fubuki no sabía qué era lo que él esperaba escuchar.
En la mente de Saitama no habían tenido el tiempo suficiente para aclarar las cosas, pero ahora sí. En el mundo real ambos tenían todo el tiempo que quisieran para evitar o afrontar el tema. Fubuki trató de convencerse a sí misma de eso para obligarse a tranquilizarse y tratar de formular una excusa para huir de la mirada de Saitama lo antes posible. Ella se sentía agotada, tanto física como emocionalmente, no sabía cuál era peor, no estaba segura de dónde venía tanto dolor. Ahora era ella la que sólo quería dormir y no despertar por un largo tiempo.
Después de unos minutos de silencio entre ambos, Fubuki fue la primera en hablar. —Debo irme. —Dijo ella despidiéndose con la mano y dando media vuelta.
Saitama no se lo permitió. —Fubuki, espera. —Exclamó él tomándola del brazo.
Fubuki no tuvo más opción que detenerse. Ella sintió sus pies entumirse, su respiración congelarse, luego volteó a ver a Saitama. Los ojos de Saitama eran una extraña combinación entre curiosidad, confusión y, en una casi imperceptible parte, súplica.
—¿Eso es todo lo que recuerdas? ¿No hubo algo más?
La duda se colgó en la boca de Fubuki y ella no supo cómo responder, qué responder.
Quizás podría tentar un poco a su suerte, quizás podría abrir un paso al frente antes de echarse para atrás y huir y dar el asunto por terminado, el sueño por borrado, el mundo por desvanecido.
—De hecho, creo que recuerdo algo. —Saitama soltó la mano de Fubuki y la miró fijamente, invitándola a seguir hablando. Fubuki continuó. —Recuerdo haber visto niños.
—¿Niños? —Dijo él en un susurro, confundido.
—Creo que eran tus hijos… —La inseguridad invadió a Fubuki y de pronto sintió la necesidad de retractarse, quizás estaba yendo demasiado lejos con ese tema, quizás no era conveniente. —Ah, pero, puede que esté confundida, no tienes qu-
—¿Hijos? —Le interrumpió Saitama, esta vez su voz sonó mucho más fuerte y clara y sorprendida. Él estaba paralizado, su ceño se frunció. —¿Qué te hace pensar que yo tuve hijos en mi sueño?
Ya no había vuelta atrás, Fubuki se aclaró la garganta otra vez. —Había un niño que se parecía mucho a ti. —En realidad, Fubuki no había pensado demasiado en su respuesta, su boca parecía moverse sola cada vez que trataba de explicar algún recuerdo vívido de ese sueño. —N-no puedo recordar más. Todo fue muy rápido.
Era verdad, ahora el sueño se sentía demasiado lejano, demasiado ajeno. Probablemente ella también lo olvidaría por completo al día siguiente.
Rápidamente, Fubuki siguió hablando. —¡Podría estar equivocada! E-eso… Mmh, pudo haber sido tu hermanito o tú propia versión de cuando eras un niño, digamos que la mente sólo recicla cosas conocidas y les da forma de cosas extrañas… Ya sabes, es terrible cómo funciona nuestra imaginación, pero no vi nada más allá de lo extraño si es lo que temes…
Sus miedos, sus deseos, sus ojos enamorados, sus muestras de afecto… Todo a la vista, todo ante Fubuki. Sin duda, Saitama había sido demasiado vulnerable.
Él no dijo nada.
Fubuki suspiró con lentitud, una parte de ella resignada a la falta de respuesta, la otra agotada. —Sólo olvida eso. Los sueños son bastante extraños, ni siquiera alguien como tú puede controlarlos del todo y seguramente yo sólo me confundí. Ni siquiera sé si en verdad hubo niños en ese lugar.
—Mmh, supongo… —Saitama resopló y se cruzó de brazos, bajando su vista hacia sus pies. Su rostro se enserió. —Bueno, no me gustan los niños de todas formas, lloran mucho.
Fubuki sintió que ya había escuchado eso antes. —Sí, son molestos…
—¿Y cómo era mi esposa? —Soltó de pronto Saitama alzando su vista, mirándola, tomando por sorpresa a Fubuki.
—¿…Qué?
—Si tuve hijos, debí tener una esposa o al menos una novia. ¿Pudiste verla? ¿Era bonita?
—Ah… bueno…
Por la mente de Fubuki comenzaron a correr decenas de imágenes borrosas y vagos recuerdos, pero ninguno de ellos era suficiente para crear una respuesta convincente.
Saitama mantuvo su semblante taciturno y en ningún momento dejó de mirarla con detenimiento. —Si yo hubiera tenido una esposa bonita en mi sueño, probablemente me hubiera gustado tener una hija que se pareciera a ella.
Las palabras se clavaron dentro de Fubuki y resonaron con fuerza en su cabeza, sin tener idea del porqué. Era algo que se estaba desvaneciendo y que simplemente no era capaz de retener. ¿Por qué Saitama hablaba de tener hijos si no le gustaban los niños? ¿Por qué tenían que hablar de eso justo ahora?
Fubuki no respondió, Saitama siguió insistiendo.
—Dijiste que la mente usa cosas que ya conozca, ¿no? O sea que mi esposa pudo haber sido alguien que ya conociera en la vida real, ¿es así?
¿De qué era de lo que estaban hablando ahora? Fubuki ya no lo sabía. La confusión la invadió y de nuevo comenzaba a sentirse acorralada, pero ya no por el temor a ser descubierta en su mentira, sino por el temor a estar comenzando a olvidar algo que no debería. ¿Qué era eso?
Niños, cierto, estamos hablando de niños…
—¿Fubuki? ¿Está todo bien? —Preguntó Saitama dando un paso al frente, mirándola con cierto recelo.
Fubuki dio un paso atrás y trató de recomponerse lo más rápido que pudo, sintiéndose de pronto extraña. —Sí, estoy bien, e-estoy bien. Es sólo que todo fue muy confuso. —Ella luchó por retener su mirada sobre la de Saitama. —Lo lamento, pero no pude verla, ni a tu esposa ni a tu probable hija, no la recuerdo. S-sólo recuerdo al niño…
De nuevo llegó el silencio. Fubuki sintió su frente sudar. Saitama se limitó a bajar su vista otra vez hacia el suelo, sus brazos cayendo de pronto a sus costados, sus puños apretándose, sus ojos perdidos en sus pensamientos.
Después de varios eternos minutos, Fubuki decidió dar por terminada la conversación. —Bien, si recuerdo algo más te lo diré. Pero si tú recuerdas algo más, tienes que decírmelo, ¿me escuchaste?
Saitama asintió en silencio, con lentitud y duda.
Fubuki también asintió, suspirando aliviada para sus adentros. —Entonces me voy.
Ella comenzó a alejarse. Un paso, dos pasos, ni siquiera dio el tercero cuando escuchó que Saitama la volvió a llamar.
—¡Fu..Fubuki!
La aludida se giró con lentitud, topándose con un Saitama de expresión nerviosa y ojos dubitativos.
"¿Acaso recuerda algo?" Se preguntó Fubuki. Rápidamente desistió de la idea y se obligó a sí misma a guardar la calma.
—¿Qué ocurre? —Preguntó ella.
Saitama abrió de pronto su boca, luego la volvió a cerrar, como si no pudiera encontrar las palabras correctas. Esto hizo sentir confundida a Fubuki, también un poco impaciente.
Finalmente, Saitama inhaló y exhaló de forma sonora.
—Genos y King llegarán en cualquier momento, probablemente se quedarán a cenar, ¿quieres…? —Él se rascó la nuca y desvió la mirada, miró sus pies a modo de distracción. Después miró a Fubuki, aunque fue incapaz de hacerlo durante mucho tiempo, él en verdad estaba nervioso. —¿Quieres quedarte tú también?
Los ojos de Fubuki se abrieron en señal de sorpresa, sus hombros se alzaron ligeramente. Era la primera vez que Saitama la invitaba a quedarse en su departamento.
—¿Hablas en serio?
Saitama asintió levemente. —Me ayudaste a despertar, considera esta invitación como un agradecimiento. No quiero deberte un favor, ¿sabes?
Ante ese comentario, Fubuki no pudo evitar sentirse ofendida. En un ademán que denotaba inconformidad, Fubuki alzó una ceja y se cruzó de brazos. —Preferiría que te unieras al grupo Fubuki como compensación. —Soltó ella.
Contrario a lo que generalmente sucedía, Saitama no se molestó en lo más mínimo. Sino que pareció de alguna forma divertido al ver cómo Fubuki nunca desperdiciaba oportunidad alguna para hacerle dicha oferta.
Saitama suspiró, negó con la cabeza, se cruzó de brazos también, de forma más relajada, y finalmente la miró mientras le sonreía ligeramente, mostrando aquella misma sonrisa que a Fubuki le resultaba familiar, demasiado familiar, ¿Saitama ya le había sonreído así antes? Ella no podía recordarlo.
—No me uniré a tu grupo, esa es mi respuesta, —dijo Saitama manteniendo su semblante sereno, su tono voz más suave de lo normal, — ¿cuál es la tuya?
Fubuki suspiró y no pudo evitar imitar el gesto amable de Saitama, de alguna forma era contagioso, así que ella también le sonrió. —Si tanto insistes, acepto.
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Fin del capítulo 16.
Fin.
