"…Ohh, ohh, habitaciones cuadradas.
Ellas no escuchan.
A ellas no les importa
si un hombre está desesperado."
(Square Rooms – Al Corley)
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Capítulo 14
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Al contrario de lo que esperaba Fubuki, el quiebre no fue inmediato.
La casa había sido destruida, los niños habían sido destrozados hasta convertirse en dos simples manchas negras sobre el suelo, el mismo suelo donde Saitama yacía arrodillado con la mirada gacha.
¿Por qué te niegas a despertar, Saitama?
El huracán había desaparecido. El cielo se había vuelto negro y por las grietas que lo bañaban había fragmentos donde se entreveía la luz y dividían el cielo que comenzaban a caerse a pedazos, destruyendo así los restos en pie de la ciudad abandonada y oscura y rodeada por una neblina blanca que borraba todo paisaje lejano y lo convertía en una gran pared sólida, blanca, pulcra. Así era como el mundo comenzaba a derrumbarse.
Sin embargo, Saitama seguía ahí arrodillado mirando sus manos manchadas de su propia sangre roja y la sangre negra de un par de entes infantes. Puede que el contraste de ambos colores, ambas sangres, esa comparación entre lo irreal y lo real, hayan aturdido a Saitama.
Fubuki se puso de pie y se acercó a él. El cuerpo de Saitama se tensó ligeramente al escuchar sus pasos.
Él echó un vistazo tras su espalda, sobre su hombro, hacia donde estaba ella, pero sin enfocar sus ojos sobre Fubuki. —¿Era necesario…? ¿Po-por qué…? —Dijo Saitama en voz baja, las palabras apenas y salieron de su boca. Su mente estaba en shock, sus manos por fin habían dejado de temblar, incluso ahora que poco a poco estaba perdiendo el control de ese mundo. A Saitama no parecía importarle eso último.
—Te lo dije antes. —Habló Fubuki, colocada de pie a tan sólo unos pasos tras él. Cautelosamente resguardándose de lo que le rodeaba y de lo que podría pasar a continuación. —Te dije que no me iría sin ti. Ahora tienes que despe-
—Pero aquí lo tenía todo… —Interrumpió él subiendo el volumen de su voz. Fubuki se silenció y Saitama volvió su vista al suelo. —Tú y yo, lo teníamos todo, Fubuki... Entonces, ¿p-por qué?
Fubuki negó con la cabeza, ella sabía que Saitama no podía verla pero necesitaba reafirmar esa verdad para sí misma más que nunca.
—Aquí no teníamos nada porque todo este mundo es falso, una mentira. Tienes que entenderlo.
Si yo pude…
Saitama no dijo nada, él movió su vista alrededor del lugar. El humo, el polvo, las nubes desvaneciéndose, el telón de la lejanía cayendo y demostrando que todo ese mundo era tan pequeño como un pequeño cuarto en un pequeño departamento.
Nunca antes el suelo se había sentido tan frágil y la vegetación tan falsa.
Fubuki acomodó su cabello mientras daba un paso al frente, lento y silencioso, luego volvió a hablar. —Si te quedas aquí, estarás completamente solo, tal y como siempre lo estuviste… —Ella dio otro paso. —Pero allá afuera… Saitama, allá afuera tienes a personas reales que te esperan, amigos que se preocupan por ti.
Entonces Saitama volteó a verla y Fubuki se paralizó. Los ojos de Saitama volvieron a verse apagados, totalmente reconocibles para Fubuki, pero en su mirada había un atisbo de esperanza y una búsqueda insistente de una respuesta que Fubuki nunca podría darle. Ella nunca podría saber cómo es que ambos terminaron de esa forma, pero ya habría tiempo, habría un momento, una vez que Saitama estuviera sano y salvo.
El cielo negro comenzó a despejarse y a iluminarse, la luz naciente difuminaba las montañas hasta hacerlas desaparecer, dejando únicamente una pared blanca; y fue esa misma luz la que bañó a Saitama y borró las ojeras, las manchas y las arrugas de su piel.
Fubuki se preguntó si así fue como ella había rejuvenecido antes de despertar, la manera en la que la mente desaparecía la evidencia de los años inexistentes y que nunca fueron realmente vividos más allá de ese sueño.
Saitama pareció sentirlo de alguna forma, sus ojos se movieron hacia Fubuki, hacia sus propias manos donde las heridas ya no estaban y las manchas negras se desvanecían. Saitama alzó una sus manos y tocó su propia cabeza. Al bajarla, encontró varios mechones de cabello entre sus dedos.
Saitama pareció entrar ligeramente en pánico otra vez. Él miró a Fubuki de forma intensa, ella le sonrió de forma tenue para tranquilizarlo. Él era calvo después de todo, era sólo que Saitama lo había olvidado. Justo como todo lo demás.
Los edificios se desmoronaban como papel en agua, marcando así el final de los tiempos. Y en medio de este apocalipsis, Fubuki alzó y ofreció su mano a Saitama. —Créeme, allá no habrá más ilusiones porque todo es y será real. —Dijo ella. —Allá sabrás lo que es la verdad.
Saitama tomó su mano y Fubuki lo ayudó a ponerse de pie.
Ambos se quedaron así durante lo que pareció un segundo, un año entero, un latido.
El mundo a su alrededor comenzó a saturarse de color, a volverse plano y blanco con demasiada rapidez. Cuadrado, pulcro, uniforme. El mundo fue sólo una gran habitación en una pequeña mente. Y ellos estaban en medio de todo eso, del todo, de la nada, como siempre lo estuvieron.
Las paredes se vislumbraron y cada vez se hicieron más pequeñas, ellas les rodearon, Saitama podía verlas, podía sentirlas.
Fubuki quería que Saitama despegara la vista de ella y mirara el increíble paisaje amorfo que se había creado, esperando que eso pudiera resolver cualquier duda que quedara en él.
—Allá no estarás solo. —Dijo ella cuando Saitama por fin pudo concentrarse en todo aquello que él alguna vez tuvo en la palma de sus manos. Fubuki trató de decirlo de una forma esperanzadora, como una promesa que sí podría cumplir, una de verdad.
Fubuki se dio la media vuelta sin tener una dirección en mente, ella sólo quería darle un tiempo a solas a Saitama.
Fubuki no pudo avanzar lo suficiente porque sintió una mano aprisionar su hombro, un toque ligero y temeroso, pero suficiente como para detenerla y hacerla encontrarse cara a cara con un Saitama intranquilo. Saitama la miraba lleno de esperanza, duda y temor.
—¿y Tú…? —Preguntó él en un susurro. Su voz sonó casi como quien pedía un deseo, quien necesitaba una respuesta, quien tenía una ilusión. Él juntó y volvió a separar sus labios, vacilando su pregunta. —¿Tú estarás allá?
Ella lo miró directo a los ojos. Fubuki mentiría si dijera que el que Saitama mostrara importancia y preocupación por ella no le hacía sentir calidez, alivio y un ligero toque de sorpresa. Fubuki le sonrió.
—Por supuesto. Después de todo, es allá donde pertenezco.
Un suspiro salió de Saitama, aire que estaba siendo retenido con puños apretados, él también estaba aliviado, Fubuki pudo verlo en la tenue sonrisa que Saitama le estaba dedicando.
Sonrisa pequeña, tímida, suave. Característica de un héroe fuerte que nunca aprendió cómo reaccionar a las muestras de afecto.
La sonrisa de Fubuki se amplió también.
Sí, esa sonrisa sí le era familiar.
El mundo se convirtió en una mancha blanca, grande y cegadora, como si estuviera hecha de luz. Todo desaparecía y las fronteras de la ciudad en conjunto tomaban la forma de una especie de cubo. Seis paredes, Fubuki y Saitama en el centro del universo. Seis paredes, una habitación cuadrada de la que habían decidido esconderse y olvidar y que ahora por fin son capaces de ver y donde ahora deciden romper y escapar.
Todo se volvió luz, pureza; el nacimiento de lo material.
Todo en cuestión de segundos.
Luego otra explosión de luz, un parpadeo y enseguida ambos estaban recostados sobre el futón, Fubuki mirando el techo del departamento de Saitama.
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Los ojos de Fubuki se sintieron pesados, pero no tanto como lo habían sido la última vez que se despertó. Los sonidos poco a poco se esparcían por su cabeza y se volvían más claros y altos, Fubuki comenzó a reconocer las voces de las personas en esa habitación.
—¿Eh? ¿Tan rápido? —Se escuchó decir a King. —¿Cuánto tiempo fue eso, Genos?
—Sólo fueron 5 segundos esta vez.
Saitama y Fubuki despertaron al mismo tiempo. Fubuki sentía como si su cuerpo hubiera sido completamente apaleado, todo en ella se sentía adolorido y la respiración se sentía pesada. Tatsumaki se acercó a ella de inmediato y la ayudó a sentarse. Siendo consciente del sueño en el que había salido, ahora el mundo real se mostraba ante sus ojos de una forma mucho más iluminada y definida, más firme, más sólida y ruidosa.
Ella se giró lentamente y miró al rostro de Saitama, la serenidad en su rostro se esfumaba mientras él arrugaba su frente y movía su cabeza con ligereza. Estaba despertando.
—¡Maestro! —Gritó Genos, luego inmediatamente se puso de pie y corrió hacia la cocina.
Saitama soltó un quejido grave desde su garganta seca, intentó abrir sus párpados pero volvió a cerrarlos con rapidez, los talló un poco con sus manos y luego intentó abrirlos de nuevo con más lentitud y cuidado. Fubuki sabía lo que le venía encima a Saitama, sus ojos le arderían lo suficiente como para tener que esperar unos segundos para poder abrirlos por completo y probablemente su cabeza se sentiría como si todo estuviera dando vueltas, doliendo un poco, luego demasiado, confundiéndolo a más no poder.
Pero él estaría bien, Fubuki lo sabía porque ella ya había pasado por eso.
Fubuki escuchó a King suspirar aliviado de forma sonora al ver a Saitama abrir sus ojos y mirar a los alrededores. Ella sonrió sin poder evitarlo, la felicidad colmándola y apaciguando toda su preocupación, un gran peso cayendo de sus hombros.
Saitama había despertado.
Él parecía haberse tomado las cosas con más calma de lo que había hecho ella, él no decía nada, se veía demasiado cansado. Había ojeras bajo sus ojos y su cuerpo permanecía inmóvil.
Genos entonces volvió y se acercó rápidamente a él con un vaso de agua. —Debe estar sediento. —Dijo.
Los ojos de Saitama parecían ligeramente nublados, se sentó sobre el futón y miró a Genos irse, a King, a Tatsumaki y después pasó a mirar a Fubuki y se quedó ahí de forma fija, aún en silencio. Su rostro denotaba calma y cierta curiosidad.
Fubuki se sintió nerviosa bajo su vista. Los ojos de Saitama eran cafés y profundos, inexpresivos como siempre. Fubuki sintió su frente sudar porque Saitama sólo estaba ahí sin hacer nada más que respirar y contemplar, sin decir nada, sin mostrar alguna clase de reacción. De todas formas, ¿qué podría decir él? Fubuki no tenía idea de qué clase de comentario podría romper el incómodo silencio por el que Saitama y ella estaban atravesando. Habían sido quince años de relación, amistad, amor, familia, guerra; todo eso fue una vida compartida y eso fue tan íntimo y sagrado y extraordinario como para ser mencionado en voz alta.
Y Saitama lucía demasiado tranquilo ahí quieto, rompiendo el contacto visual después de unos minutos, dándose el tiempo de mirar alrededor de su habitación, tomar el vaso que le ofrecía Genos con gentileza y beberlo entero de dos tragos.
Pero Fubuki no podía permitirse estar bien con eso, ella no era así de conformista y tranquila. Ella tenía que tomar las riendas del problema y hacerse cargo de sus crímenes, se había prometido a sí misma resolverlo una vez que estuvieran afuera y eso es lo que haría.
Genos se puso de pie y se dirigió nuevamente a la cocina. Fubuki decidió aprovechar el momento para acercarse a Saitama. Sus pasos eran dubitativos pero su mirada era determinada. Ella se acercó a Saitama y se arrodilló a su lado, admirando su perfil, su respiración calmada, sus ojos nublados. Era como contemplarlo por primera vez.
Saitama volteó a verla y Fubuki no pudo evitar regalarle una sonrisa apacible con ojos amables. —…Fue un loco sueño, ¿no? —Sus palabras salieron entre suspiros, casi como un susurro para sí misma pero suficiente para ser escuchadas por Saitama.
El rostro de Saitama se mantuvo inexpresivo. Sus ojos llenos de una extraña confusión que Fubuki decidió ignorar.
—¿…Cómo te sientes? —Preguntó entonces ella, de nuevo casi en un susurro, sintiendo la necesidad de ser cautelosa y paciente con este Saitama que seguramente seguía asimilando la idea de haber vivido en un sueño.
También porque Fubuki en el fondo estaba preocupada por el bienestar de Saitama… y quizás estaba un poco deseosa de volver a escuchar su voz.
Saitama tragó saliva y se acomodó mejor sobre el futón. —Por alguna razón, me siento tranquilo… —Él bajó su mirada a sus manos, las observó detenidamente, las cerró y las volvió a abrir. —Sí… me siento relajado.
La sonrisa de Fubuki se amplió y no pudo evitar soltar el aire que no sabía que estaba reteniendo. Estaba completamente aliviada. Saitama no sólo había despertado, sino que también se sentía bien.
—Saitama, yo quería decirte que… —Saitama volteó a verla de nuevo y Fubuki sintió que de pronto las palabras se atoraban en su garganta. —Saitama, yo…
Él se mantuvo en silencio, expectante, aumentando el nerviosismo de Fubuki quien comenzó a horrorizarse por la idea de que Saitama le guardara alguna especie de rencor por sus acciones. Después de todo, debió ser toda una pesadilla para él presenciar cómo su esposa asesinaba de forma tan cruel y repentina a sus propios hijos frente a él, a pesar de él. Fubuki estaba segura de que, si ella estuviera en su lugar, estaría destrozada.
Pero era difícil poder interpretar con exactitud qué clase de emociones estaba experimentando Saitama en ese momento porque él siempre había tenido ese rostro inexpresivo.
—Saitama… Y-yo… —Fubuki intentó hablar de nuevo, tomándoselo con calma y juntando el coraje. Lo hecho, hecho estaba. Saitama y ella deberían entenderlo de una vez por todas. —Yo lo siento mucho.
—¿Eh? —El rostro de Saitama expresó sorpresa y confusión. —¿Por qué te disculpas?
—Maestro Saitama, probablemente sea porque ella invadió su mente sin permiso. —Interrumpió Genos llegando detrás de Fubuki con un plato de comida entre sus manos. Ella casi olvidaba que Saitama y ella no eran los únicos en la habitación.
Tatsumaki escuchó eso último y decidió intervenir también. —¿Te estás disculpando por eso, Fubuki? Eso no es nada para disculparse, al contrario, ese idiota debería agradecerte. Si no fuera por ti, él probablemente seguiría dormido.
—Es cierto, —habló King, —al final el plan de Fubuki funcionó.
Esto último pareció captar la atención de Saitama, quien tomó el plato de comida entre sus manos y miró de nuevo a Fubuki. Sus ojos mostraban un atisbo de asombro que hizo latir con fuerza el pecho de Fubuki, ella sintió su rostro calentarse.
—¿Eso es cierto? —Preguntó Saitama con honesto interés.
Fubuki asintió. —S-sí… es verdad. Pero yo no me refería a eso, me refiero al "sueño", a… a todo lo que pasó ahí…
Fubuki no pudo seguir manteniendo la mirada en Saitama, se sentía avergonzada por siquiera tratar de mencionar el tema delante de King, de Genos y de su hermana mayor; esperaba que al menos Saitama supiera entender la indirecta de no ser demasiado explícito con el tema de lo que ocurrió ahí dentro. Pero al mismo tiempo quería que lo recordara, que lo apreciara en su mente y hablaran de ello, por muy incómodo que fuera, por muy imposible que pareciera de replicar.
Habiendo dicho su respectiva disculpa, Fubuki creyó que ya no era necesario mantenerse tan cerca de Saitama, de su aroma y su respiración y su mirada. Fubuki se puso de pie y dio unos cuantos pasos atrás cruzándose de brazos.
Saitama dio un bocado a su comida sin ninguna prisa, alzando una de sus cejas y hablando con la boca llena de forma impasible. —En serio, ¿de qué estás hablando?
Fubuki volvió su vista a él y resopló, Saitama nunca entendía sus indirectas. —Del sueño, —remarcó la palabra, —tú sabes de qué hablo.
—No, no lo sé. —Saitama siguió hablando con la boca llena. —No recuerdo haber soñado nada.
Entonces hubo un silencio.
Algo dentro de Fubuki de detuvo. Su respiración, sus movimientos, su mente en blanco y el sentimiento de un balde de agua fría cayéndole encima.
—¿Eh?
Espera, espera, espera un momento...
King se acercó a Fubuki. —Así que pudiste ver los sueños de Saitama, ¿eh? De seguro fue interesante.
Pero Fubuki no le hizo caso, ella sentía que había algo que definitivamente no estaba del todo claro.
Fubuki se acercó de nuevo a Saitama, alzando su voz, su respiración agitándose, comenzando a mover sus manos de forma recta para dejar en claro sus palabras. —Un momento, Saitama, ¿qué es exactamente lo que recuerdas que pasó mientras dormías?
Saitama habló de forma simple, despreocupado y corto de palabra. —Nada.
Genos se acercó de nuevo a él con más platos de comida. Fubuki estaba paralizada, sus pies empezaron a perder fuerza.
—Estás… ¡¿Estás seguro?! —Soltó ella casi en un grito exasperado.
El repentino cambio en su tono de voz pareció desconcertar a Saitama, quien dejó de masticar su comida por un momento y se dedicó a mirarla con lo mismo de siempre: sorpresa y confusión. —Ya te dije que sí. Creo que tuve ganas de tomar una siesta, cerré los ojos y cuando los abrí ya estaban todos aquí en mi casa. —Saitama tragó su comida y no perdió tiempo en volver a tomar otro bocado. —Por cierto, ¿cuánto tiempo duré dormido?
—Aproximadamente veintinueve horas, diez minutos y cinco segundos. —Se escuchó decir a Genos.
"15 años…" Pensó Fubuki.
—¡¿Eh?! —Saitama casi se atragantó con la comida. —¡Eso es demasiado tiempo! ¡¿Cómo es posible que me dejaran dormir tanto tiempo en primer lugar?!
—Hicimos todo lo que estuvo en nuestras manos para despertarlo, maestro.
Fubuki sintió la sangre bajar a sus pies, al mismo tiempo, la histeria correr por sus venas.
Tiene que ser una broma…
De forma repentina, el cuerpo de Fubuki se posó frente a Saitama y se dejó caer de rodillas mientras sus manos lo sujetaban de los hombros con fuerza. Saitama tragó su comida. —¿Qué ocurr-?
—¡Mírame a los ojos y dime que no recuerdas nada de lo que pasó mientras dormías!
El grito repentino de Fubuki hizo que todos guardaran silencio. Ella se sintió de pronto observada pero no le importó en lo más mínimo. Toda su atención estaba en Saitama. Fubuki lo observaba como si su vida dependiera de ello, no podía evitarlo, ahora era ella la que rogaba por una respuesta o una explicación que no sabía si él podría darle, pero estaba dispuesta a buscarla inspeccionando cada expresión, cada cambio y movimiento de Saitama.
No está fingiendo.
—Ya te dije que no recuerdo nada. —Saitama parecía estar perdiendo la paciencia al igual que Fubuki. —¿Por qué es tan importante que lo recuerde? Sólo fue un sueño y ya.
No está mintiendo.
Una vez comprobado eso, Fubuki no supo qué es lo que se suponía que debía hacer, cómo se suponía que debería de sentirse. Ella soltó a Saitama y se puso de pie con lentitud sintiendo su cuerpo rígido, su boca ligeramente abierta, sintiéndose mareada de súbito. Helada, sí, ella estaba helada, hacía frío, su rostro estaba pálido, sus ojos se nublaban.
—¿Fubuki? —Había sido la voz de Tatsumaki, apacible y con una notable preocupación por detrás.
Fubuki volteó a verla en busca de consuelo. —Hermana…
Tatsumaki se acercó flotando hacia ella con sus brazos cruzados y su mirada estupefacta. —¿Ahora qué sucedió ahí? —Preguntó ella con voz demandante y molesta, pero aún con ese aire de preocupación que sólo Fubuki sabría identificar por experiencia.
—¿Qué ocurrió en la cabeza de Saitama como para que no pudiera despertar? —La voz de King sonó mucho más serena que la de Tatsumaki, pero Fubuki no pudo evitar sentirse intimidada por ella. —Prometiste decirlo.
—Así es, dinos todo lo que hayas visto, Fubuki. —Genos apreció de pronto frente a ella con una libreta y un bolígrafo entre sus manos. Fubuki no sabía en qué momento él había conseguido esas cosas, tampoco estaba segura de para qué las necesitaba en ese momento. Seguramente para tomar nota de todo lo que ella dijera, pensó. Genos la miraba fijamente, listo para escribir en cualquier momento. —Quiero escucharlo todo. —Sentenció.
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Fin del capítulo 14.
Continuará…
