"Pero en algún lugar,
quizás en ningún lado,
perdimos nuestro camino en la conmoción de ahí.
…¿Por qué se desvanece tan rápido?"
[Square Rooms (versión extendida, 1984) – Al Corley]
.
Capítulo 15
.
Todo fue cuestión de tiempo. Tiempo. Parecía que todo giraba en torno al tiempo; el tiempo que pasó dormida, el tiempo con Saitama que se perdió y el tiempo que a Fubuki le quedaba para idear una estrategia rápida para desenfocar la mirada que todos tenían en ella justo en ese momento.
Fubuki trató de improvisar con voz segura y clara, fuertemente opacada por el malestar de su estómago y el nudo en su garganta. Ella trató de disimular, de idear, de crear algo factible en su mente de tal forma que fuera capaz de engañarlos, tal y como lo había hecho Saitama con ella.
Saitama. Saitama. Todo era cuestión de tiempo y de Saitama.
Nada de lo que ocurrió con Saitama fue real, pero no tenía caso que él supiera de esa mentira. ¿Por qué lo tendría? Fubuki debería ofrecerle una respuesta más alegre, más apegada a lo que ellos eran ese momento y no en lo que fueron. Fubuki le había prometido a Saitama un mundo real y eso era lo que ella le daría.
—En ese sueño, —comenzó Fubuki captando la atención de todos al instante, un silencio total en la habitación, —Saitama era un héroe que combatía monstruos al igual que aquí…
Ella tomó una pausa para mirarlos a todos, a Genos, a King, a Tatsumaki, pero no a Saitama, ella no se sentía capaz de mentirle a la cara a él.
Todos estaban expectantes, Genos no dejaba de tomar notas en su libreta. De pronto ese sueño se sentía tan lejano, tan fuera de sí misma. Ella nunca había pertenecido ahí, apenas y podía reconocerse. Quizás ese era el camino correcto después de todo, aquél que haría felices a todos, especialmente a Saitama.
Fubuki aclaró su garganta. —…Y Saitama estaba pelando con uno, un poderoso monstruo que destruía la ciudad. Yo llegué en medio de la pelea e intenté ayudar un poco. Al final Saitama pudo vencerlo, con muchos inconvenientes de por medio, fue bastante complicado. Es todo.
Hubo un silencio, nadie parpadeó, Tatsumaki entrecerró sus ojos y Genos siguió escribiendo.
King abrió sus ojos con ligera sorpresa. —¿Es todo?
Fubuki asintió. —Sí.
—¡¿Cómo que todo?! ¡¿Estás diciendo que pasaste tanto tiempo metida en su mente sólo para eso?! —Exclamó Tatsumaki con cierto desconcierto y frustración.
King dio un ligero brinco y volteó a ver a Tatsumaki. —Tranquila. No sabemos si en realidad todo fue un sueño. Pudo haber sido alguna clase de enemigo espiritual al que Saitama pudo vencer, Saitama pudo haber salvado al mundo de nuevo mientras dormía.
—¿Es eso cierto, Fubuki? —Preguntó Genos dejando de escribir y mirándola fijamente. —¿Se trataba de un enemigo espiritual?
—P-puede ser…
Genos se puso de pie. —¿Qué aspecto tenía?
—¿Cuál era su poder? —Preguntó King.
—Psíquico. —Fubuki habló sin pensar y se arrepintió al instante, pero no podía echarse atrás. —Tenía poderes psíquicos.
Esa respuesta hizo alterar más a Tatsumaki. —¡¿Qué?! —Gritó ella acercándose más a Fubuki.
King habló de nuevo. —Tiene sentido, eso explicaría por qué era tan poderoso en la mente de Saitama, seguro lo estaba controlando de alguna manera.
Genos abrió sus ojos con tenue sorpresa y una ligera sonrisa. —Nunca tuve contemplado eso. Parece que el maestro Saitama tampoco puede ser vencido en el mundo de los sueños. Interesante… —Entonces, la sonrisa de Genos cayó y sus ojos expresaron sospecha, duda y amenaza. —Pero hay algo que no tiene sentido… si tu sabías esto, ¿por qué no dejaste que lo ayudáramos?
El cuerpo de Fubuki se volvió más rígido, sintió su frente comenzar a sudar de nuevo. —E-eso…
Genos se puso de pie. —Si ese enemigo fue tan poderoso como para darle problemas a Saitama, debiste haberlo dicho. Al menos mencionarlo y así haber enviado a Tatsumaki en tu lugar, ella también es una esper y es mucho más fuerte que tú. Con ella hubiese bastado.
—Genos, no te lo tomes tan mal. Ella quería ayudar… —Dijo King.
—Pero estaba muy asustada. —Se escuchó decir a Tatsumaki y Fubuki volteó a verla. Tatsumaki estaba sería, quieta, sus brazos cruzados y su mirada perforante. Ella siguió hablando. —Estabas tan conmocionada que por poco y te desmayas, ¿era ese ser espiritual con lo que en verdad estabas lidiando ahí dentro?
Los pies de Fubuki avanzaron hacia atrás por instinto. Ella comenzó a sentirse acorralada, las palabras se esfumaron de su boca y su mente se quedó en blanco. —Y-yo… —Fubuki tragó saliva y enderezó más su espalda. No podía permitirse dejarse intimidar. —¿Podríamos hablar de esto después? No es el momento para es-
—No. —Le cortó Genos. —Hace un momento dijiste que una vez que despertaras nos explicarías lo que sucedió y ahora lo estás. Así que responde.
"Hace un momento…" Ese tiempo había sido un simple momento para Genos, pero para Fubuki eso fue toda una batalla de horas. Destrucción, sufrimiento, dolor.
Genos se acercó a ella de forma amenazante, la molestia incrementándose notablemente en su rostro. —Planeabas quedarte con todo el crédito de nuevo, ¿no es así? —A pesar de su interrogante, Genos sonaba como si fuera una afirmación acusatoria. King volteó a ver otro lado, incómodo. Tatsumaki pareció sentirse ofendida.
Fubuki se defendió. —¡Claro que no! ¡Trataba de ayudar a Saitama a salir de ahí!
—Pero tu ambición por ayudarlo sólo provocó más inconvenientes. De haberlo mencionado antes, hubiéramos enviado a Tatsumaki y todo esto se hubiera terminado en mucho menos tiempo. ¡No hay otra explicación del porqué te negaste a decírnoslo antes!
—No es tan simple, Genos. Sólo fueron unos segundos más lo que duré ahí dentro la segunda vez. —Fubuki hacía lo mejor que podía para mantener la calma.
El comentario no tranquilizó en lo más mínimo a Genos. —Con Tatsumaki era una victoria asegurada, contigo corrimos el riesgo de que ambos perdieran contra el enemigo.
King decidió intervenir. —Lo siento Fubuki, pero Genos tiene razón. La vida de Saitama estaba en juego, el plan era evitar la mayor cantidad de riesgos.
—A no ser que estés mintiendo. —Dijo de pronto Genos.
Entonces Fubuki sintió un escalofrío. Sus manos comenzaron a temblar. Tal y como sus recuerdos, la situación se le estaba yendo de las manos.
—¡Estoy diciendo la verdad!
—Hay algo que no entiendo de todo esto. Si Fubuki entró por segunda vez y sólo fueron 5 segundos lo que duró ahí, ¿entonces cómo fue que te dio tiempo de ayudar a Saitama a vencer al monstruo? —King miró a Fubuki con un rostro dubitativo. — ¿Es que cuando llegaste Saitama ya lo había vencido?
—¡Tatsumaki! —Le gritó Genos captando su atención. —¿El tiempo en la mente funciona de la misma forma que en el mundo real? O, para ser precisos, ¿un segundo en el mundo real es equivalente a un segundo en el mundo de los sueños?
Tatsumaki guardó silencio. Con sus brazos cruzados y su semblante serio, miró directo hacia Fubuki.
—No. —Respondió ella.
Fubuki sintió su rostro volver a palidecer, su sudor volverse frío. Ellos tenían derecho a dudar, su comportamiento fue sospechoso, fuera de sí, además de que Saitama era alguien que les importaba y Genos era curioso a más no poder. King dudaba, Tatsumaki parecía empezar a sospechar y ahora Genos la estaba acorralando.
Fubuki desvió la mirada.
Genos se acercó aún más a ella. —¿Cuánto tiempo equivale un segundo del mundo real al mundo de la mente? ¿Lo sabes, Fubuki?
—No. —Fubuki tragó en seco. —¡No lo sé! ¡¿Por qué es importante esto?! ¡Saitama está a salvo!
Genos buscó con la mirada a Tatsumaki otra vez. —¿Tú lo sabes?
Tatsumaki se alzó de hombros, sin parpadear, sin despegar su vista de cada movimiento de Fubuki. Su voz sonó firme y casi inexpresiva. —Pudieron haber sido minutos, horas, días… pero definitivamente no fue un segundo.
—Sí… —Genos continuó mirándola fijamente, su ceño frunciéndose y el sonido de sus ventiladores, los que no habían sido del todo destruidos, volviéndose más ruidoso y amenazante. —Tuvo que haber sido al menos unos cuantos años lo que ella y el maestro Saitama estuvieron ahí dentro la primera vez. ¿No es así Fubuki?
Fubuki sintió el terror y la vergüenza caer sobre ella.
—¿Estás segura que no ocurrió algo más ahí dentro, Fubuki?
Ella sintió cómo Genos escupió su nombre.
Fubuki maldijo internamente y se lamentó profundamente el no haberse prevenido para algo como esto antes, el no haber sido capaz de inventar una historia más coherente, de su mediocre habilidad para improvisar debido al nerviosismo y la confusión y el cansancio.
Genos la miraba de cerca, King también, Tatsumaki también. Estaba rodeada, no había salida, a este paso tendría que confesar toda la verdad pero sería demasiado denigrante para ella, incómodo y muy vergonzoso, pero no tenía escapatoria, todo ellos estaban esperando su versión de la historia y ella no sabía cóm-
—Yo le creo. —Dijo de pronto Saitama bajando su plato de comida ahora vacío. Todos voltearon a verlo con sorpresa, él se limitó a mirar el plato entre sus manos, pensativo y calmado. —Tuve un sueño así antes, fue bastante genial.
—Maestro… ¡Pero el tiempo d-!
—Son sueños, Genos. —Le interrumpió Saitama alzando la voz. —Pudieron haber sido unos segundos o quizás unos cuantos siglos. No lo sé, pero es bueno saber que la pelea no terminó en un solo golpe.
Ante el comentario de su maestro, Genos se tranquilizó por completo inmediatamente. Él se acercó y tomó asiento junto a Saitama. —En ese caso, tuvo que ser un enemigo poderoso. —Dijo Genos. —Debió estar disfrutando su batalla, eso explicaría por qué no podía despertar.
—Supongo.
Fubuki suspiró aliviada, pero no demasiado. Su corazón aún latía con fuerza y cierto dolor. Ella se sintió lo suficientemente incómoda como para seguir dentro de la habitación así que decidió salir en busca de aire fresco y así lo hizo. Sin decir una palabra, ignorando las moradas extrañas de King y Tatsumaki. Fubuki se dirigió a la salida lo más rápido que pudo.
Al abrir la puerta, lo primero que sintió fue la brisa refrescante de la tarde, lo primero que escuchó fue el rugido de los motores de los autos pasando por la calle y las voces de las personas lidiando con su vida cotidiana. Ella se acercó al barandal metálico y dejó caer el peso de su cuerpo ahí. Se sentía agotada, sofocada, con ganas de llorar. Sentía que le habían arrebatado algo de la forma más repentina y cruel posible. Quizás ese era su karma por lo que le había hecho a Saitama.
Pero ella no tuvo opción, tampoco fue su culpa. Ella hizo lo que tenía que hacer, cumplió con lo prometido. Por mucho que le doliera tener que fingir y mentir, estaba convencida de que no pudo haber sido de una mejor forma.
La misión había sido un éxito.
Saitama estaba despierto, sano y a salvo.
Ella estaba despierta, sana y salva. Confundida y colmada por un inexplicable vacío en su interior, pero estaba bien, ella estaría bien.
Saitama y ella estarían bien.
Fubuki se enderezó y suspiró alzando su rostro, dejando que la luz del sol la bañara y le aclarara su mente nublada, sus ojos llorosos y sus manos temblorosas.
Ella inhaló y exhaló lenta y profundamente.
Cuando su pulso se tranquilizó, Fubuki pudo escuchar las voces de Saitama, Genos y King charlar de forma casual dentro del departamento. Ellos estaban hablando de cosas banales sobre sueños extraños, de lo mucho que duró dormido Saitama, de lo preocupados que estuvieron, de lo aliviados que estaban, luego King mencionó algo sobre una batalla pendiente con un ninja.
Después de varios minutos, Fubuki escuchó a King decir que regresaría a su casa a tomar un baño y alimentar a su pez, con la promesa de regresar después para cenar. Genos se ofreció a hacer las compras para la cena con un poco de duda, debatiéndose si sería conveniente dejar solo a Saitama, con el temor de que su maestro pudiera perder la consciencia de nuevo.
—Yo puedo hacer las compras, no me molestaría. —Se ofreció King.
—Nah, Genos puede hacerlo, él ya sabe cazar buenas ofertas. —Dijo Saitama. —Yo puedo cuidarme solo, ya no tengo sueño pero sí tengo bastante hambre así que dense prisa y váyanse.
Fubuki dio un pequeño brinco cuando escuchó la puerta metálica tras ella abrirse. De ahí salió King, quien se despidió de ella con un saludo amigable y una sonrisa nerviosa, y después Genos, quien la miró con recelo.
Genos se puso de pie frente a Fubuki con sus brazos a los costados y su espalda recta, sus ojos filosos y encendidos, su rostro contraído en una notable molestia. Fubuki sintió su cuerpo comenzar a tensarse de nuevo.
Entonces Genos cerró sus ojos con fuerza e hizo una reverencia ante Fubuki.
—Muchas gracias. —Dijo él con voz firme, la forzada serenidad con la que lo dijo dejó atónita a Fubuki. Genos hizo una pausa, luego suavizó su tono un poco más. —A pesar de todos los inconvenientes que pudiste causarle a mi maestro, tu plan funcionó, cumpliste tu palabra y lo trajiste de vuelta sano y salvo. Te… Te lo agradezco.
Él apretó sus labios y se levantó con lentitud. Su mirada ya no era tan perforante, pero definitivamente aún quedaba algo de rencor ahí. Fubuki sintió su corazón estrujarse y abrió su boca con lentitud, sin saber realmente cómo responder ante ese repentino gento amable de parte de Genos, especialmente de Genos.
—No… no fue nada. —Susurró ella intentando sonreír de forma natural.
No lo consiguió, Genos pareció notar su nerviosismo pero no dijo nada. Él asintió en silencio y se alejó de ahí con rapidez.
Fubuki lo vio a ambos alejarse y dar vuelta en el pasillo hacia las escaleras. Una vez que Genos y King se perdieron de su vista, ella sintió su boca curvarse en una sonrisa.
Sí, el plan funcionó, Saitama ahora está bien, yo estoy bien, todos lo estamos.
Fubuki se cruzó de brazos y recargó su espalda en el barandal, sintiendo la paz posarse en ella, el cálido viento mover sus cabellos, el cielo despejado brindarle claridad.
Ella había hecho un buen trabajo, incluso un clase S como Demon Cyborg se lo había dicho. Ese había sido un logro más para el Grupo Fubuki.
La puerta metálica se abrió enseguida, era Tatsumaki.
Fubuki no estaba segura de cómo debía dirigirse a su hermana, ya que ella había sido una parte indispensable en el éxito de su plan. Si Tatsumaki no hubiera sido su ancla, si ella se hubiera mantenido al margen, si ella no la hubiera forzado a salir de ahí… Fubuki no podía imaginarse cuál hubiera sido el resultado.
Probablemente Fubuki se hubiera dado cuenta tarde o temprano, desde un principio nunca se sintió del todo parte de ese lugar. Pero eso ya no le importaba, en ese momento, la mayoría de recuerdos de ese mundo se habían convertido en vagas imágenes y sensaciones dentro de su memoria, como si todo hubiera sido cualquier otro sueño común y corriente. Nada especial, nada duradero.
—¿No vamos, Fubuki? —Preguntó Tatsumaki.
—Ah, sí, hermana.
Fubuki se enderezó y acomodó un poco su vestido, dándose cuenta que la tela estaba bastante arrugada.
De forma repentina, una voz reconocible, fuerte y clara, retumbó dentro de su mente. Tatsumaki estaba intentando comunicarse telepáticamente con ella.
—¿Qué ocurre, Fubuki?
La aludida sintió un escalofrío. Tatsumaki era bastante astuta cuando se lo proponía y nadie más que ella sabía cómo acorralar a Fubuki para sacarle la verdad por la fuerza. —No es nada. —Fubuki le respondió dando todo de sí para concentrarse únicamente en su respuesta y no dejarse llevar por recuerdos borrosos y dilemas internos, Tatsumaki no tenía por qué descubrir sus secretos.
—Sé que mientes, así que habla, ¿por qué estás tan nerviosa?
Fubuki respiró hondo. —Es por el sueño…
Tatsumaki afiló su mirada. —Nada de lo que dijiste tuvo mucho sentido. Ellos serán idiotas pero yo no te creo, yo también soy una esper.
—Mierda…
—¿Por qué maldices, hermanita?
Fubuki contrajo sus manos en puños y se aferró a la tela de su vestido, había maldecido en su interior por accidente. Un descuido que puso más en alerta a Tatsumaki. Fubuki trató de remediarlo rápidamente. —Me hicieron muchas preguntas sobre un sueño del que casi no recuerdo nada, es normal el haberme equivocado en algunas cosas o el no mencionar los detalles. Aún estoy confundida…
El silencio llegó en el ambiente y en sus mentes, los ojos verdes de Tatsumaki se mantuvieron analizando a los de Fubuki por lo que pareció una interminable cantidad de tiempo. Tatsumaki sabía que Fubuki ocultaba algo, pero no sabía qué y tampoco sabía si valía la pena forzarla a descubrirlo. Fubuki mantuvo la calma, mantuvo su pulso tranquilo y su mente despejada.
Fubuki trató se sonreír de la forma más genuina y serena posible. —Puedo irme a casa yo sola, no te preocupes por mí, en verdad estoy bien.
Pasaron unos segundos más en los que Tatsumaki estuvo en silencio, flotando frente a Fubuki, inspeccionando, buscando.
Finalmente pareció rendirse.
Tatsumaki suspiró y asintió. —Regresa a casa, Fubuki.
Una vez que el aura de su hermana mayor estuvo lo suficientemente lejos, Fubuki se permitió relajarse por completo y dejar sus hombros caer. Ella suspiró pesadamente. Se sentía aliviada… aún vacía y confundida por dentro, pero aliviada.
El plan había funcionado, todo está bien ahora.
Todo estará bien.
Fubuki comenzó a alejarse de ahí en dirección a las escaleras tratando de buscar consuelo en sus propios pensamientos, en el agradecimiento de Genos y en la esperanza de llegar a su casa a descansar. Sus pasos eran lentos y pequeños, sus tacones resonaban sobre el suelo al caminar. Sus piernas, sus hombros y su espalda se sentían aún adoloridas, probablemente ese era el precio de haber estado en una misma posición durante tanto tiempo. Aunque estaba segura que podría solucionarse con un largo baño en tina con agua caliente y largas horas de descanso. También tendría que llamar a la Asociación de Héroes y al Grupo Fubuki lo antes posible, ellos debieron estar preocupados a causa de su ausencia. No traía su celular consigo pero ya podría imaginarse la cantidad de mensajes y llamadas perdidas que encontraría al llegar. También tenía trabajo por hacer, ni hablar de todos los puntos que no consiguió al haber estado ausente en el llamado de las amenazas. Fubuki esperaba que eso no le costara un descenso en su puesto de heroína.
Sus pies estaban a punto de bajar por el primer escalón cuando escuchó a alguien llamarla.
—¡Fubuki!
Al voltear, se encontró con Saitama de pie junto a la puerta de su departamento. Ella no podía ver con claridad qué clase de expresión tenía él.
—¿Qué sucede? —Preguntó Fubuki de la forma más natural posible, sin dejar que sus emociones salieran a flote. No frente a Saitama, no cuando la atmósfera ya era más que incómoda y tensa entre ellos dos.
Saitama se quedó mirándola fijamente durante varios segundos sin decir nada.
Ante la falta de respuesta, Fubuki decidió acercarse a él.
.
Fin del capítulo 15.
Continuará…
