Dicta Última
No
Os oigo decir la palabra como si estuviera en la habitación a vuestro lado. Os veo, encorvados sobre el tomo en vuestras manos con un fruncimiento en el ceño y una maldición en los labios, como si estuviera en el charco de la sombra a vuestros pies. La comprensión de que no quedan más páginas empieza a calar en vosotros. La oigo. La veo.
No, decís de nuevo.
¿Qué ocurre con Lexa y Aden? ¿Y con Azgeda? ¿Y con Gustus, Clarke y Lincoln? ¿Qué hay de los secretos de los tenebros? ¿De la Corona de la Echo?
Os prometí que ella dejaría atrás ruinas, mientras la tenue luz titilaba en las aguas que se bebieron una ciudad de puentes y huesos. Y con todas esas preguntas sin resolver, ¿aun así el libro llega a su fin?
No, decís. No puede terminar de este modo.
Mas no temáis, pequeños mortales. La canción aún no está entonada. Esto no es más que la calma antes del crescendo. Este relato es solo el segundo de tres.
Nacimiento. Y vida. Y muerte.
De modo que paciencia, gentiles amigos.
Paciencia.
Cerrad los ojos.
Tomad mi mano.
Y caminad conmigo.
