Corazones de Hielo

Parte 2: The Kami Plane (El plano de Kami)

Por Krista Perry

RRR

Akane se sentó a la mesa, sosteniendo a un alegre P-Chan en su regazo, acariciando suavemente el suave pelaje negro de su cabeza mientras miraba los últimos rayos de la puesta de sol desaparecer en el oscuro horizonte.

Las primeras estrellas de la noche estaban reluciendo débilmente. Ella sonrió cuando Kasumi trajo la comida y empezó a servirla en cada plato.

Soun y Genma ya estaban sentados, con la boca abierta y babeando.

Nabiki llegó un poco después, y enarcó una ceja al ver a su hermana pequeña.

-Akane- dijo, buscando ruido- No puedo creer cuanto mimas a ese cerdito tuyo. ¿Vas a darle de comer de la mesa otra vez?-

Akane frunció el ceño. -No empieces 'tú' ahora a meterte con P-Chan- le dijo.

-Ya es suficiente con que Ranma siempre este tratando de pegarle o cosas parecidas. Además, a él le gusta la comida de los humanos-

P-Chan miró a Akane en adoración.

-Hablando de Ranma- dijo Kasumi, colocando el último plato sobre la mesa y sentándose en su sitio habitual - ¿le ha visto alguien esta tarde? No es propio de él perderse la cena.-

-Al menos, no cuando eres 'tú' la que cocina- pensó Nabiki malévolamente. Le echó una mirada a Akane y observó la mueca de enfado que repentinamente recorrió el rostro de su hermana, indicando que el mismo pensamiento había pasado por su cabeza.

Genma miró el plato de Ranma avariciosamente.

-Es una pena que no esté aquí. Supongo que tendré que comerme su cena. No puedo dejar que esta comida se eche a perder, sabes-

Kasumi le dio a Genma una mirada de desaprobación que consistió en un ligero fruncir de ceño, el cual le habría apartado del plato de Ranma si la hubiera estado mirando; pero en ese momento Genma estaba tan absorto metiéndose la comida de Ranma en la boca que no se dio ni cuenta.

Akane no se perdió la mirada.

-Bueno, yo digo que se lo merece, dijo. Le está bien empleado por llegar tarde, el idiota-

P-Chan suspiró felizmente y acarició la mano de Akane afectuosamente con su morro, haciéndola sonreír. -Incluso P-Chan me da la razón-

-Bah, ¿qué sabrá ese estúpido cerdo? -dijo Ranma mientras entraba en la habitación, mirando enojado a P-Chan, quien le devolvió la mirada desagradable con intereses.

-¿Dónde has estado? -preguntó Akane enojadamente. -¿Sabes lo tarde que es?-

-¿Por qué? -intervino Nabiki. -¿Estabas preocupada por él?-

Akane se sonrojó.

-¡¿Preocupada? ¿Por este estúpido pervertido? ¡De ninguna manera!-

-¿Ah sí?- dijo Ranma a la defensiva. ¿Por qué sus insultos siempre parecían molestarle tanto? Nunca le preocupaban cuando venían de cualquier otra persona.

-Bueno, no es asunto tuyo a donde vaya. Y en cualquier caso, no he venido tan tarde. Aún tengo tiempo de cenar.-

-Eso es discutible- dijo Nabiki con una ligera sonrisa.

Ranma se dio cuenta finalmente de que Genma estaba limpiando su plato a una remarcable velocidad. Gritando de rabia, saltó sobre la mesa y aplastó la cabeza de su padre contra el suelo con un movimiento fluido. -Apártate de mi comida, Papá.-

Genma se sentó, con el rostro rojo de ira (a causa mayormente de no haber podido acabar con la cena de Ranma), cogió a su hijo por la parte delantera de su camisa China, y lo lanzó por la puerta hacia el patio. -¡Muestra más respeto por tu padre!- le gritó, mientras Ranma aterrizaba con increíble precisión en medio del estanque.

Kasumi suspiró, se levantó de la mesa, y fue a la cocina a calentar una tetera de agua.

-Así que- dijo Nabiki, apartando la vista de la familiar escena que se estaba desarrollando fuera para dirigirse a su hermana, -¿por qué han peleado hoy?

Ranma saltó fuera del estanque, con el pelo rojo goteando, la ropa pegándose a su femenina figura y gruñó. -¡De acuerdo, Papa! ¡Tú te lo has buscado! -Entonces se lanzó al ataque.

Akane refunfuñó y miró a su comida, sin encontrarse con la mirada de Nabiki.

-Oh, lo de siempre. El muy estúpido dijo que echaba de menos tener a Shampoo abrazada a él ya que no ha aparecido en toda la semana-

-Traducción:- pensó Nabiki. -Ranma abrió su gran boca y se preguntó demasiado alto por qué Shampoo no le ha atacado últimamente. Akane le entendió mal, como siempre, y le machacó hasta reducirle a pulpa-

Genma dejó de llenarse la boca para encontrarse con el ataque de Ranma, pero fue demasiado lento. Su femenino hijo le agarró por la parte de atrás de su Gi y envió volando a su padre a su peludo destino.

Nabiki oyó el chapuzón. –Genial- dijo, gruñendo con la boca llena. Nada como el olor de un panda mojado mientras estás tratando de comer.

Akane refunfuñó. Pensaba que ya te habrías acostumbrado a estas alturas.

Nabiki miró al patio donde una voluptuosa pelirroja y un panda con un par de gafas colgando de una oreja estaban enzarzados en un combate en medio del aire sobre el césped, y suspiró. -Hay cosas a las que 'nunca' te acostumbras, hermanita-

La pelea terminó abruptamente cuando el panda dejó una abertura, permitiendo a Ranma encajar una poderosa patada en la cara a su padre. La patada le envió inconsciente contra el muro que rodeaba la casa.

Ranma aterrizó suavemente y se sacudió las manos como limpiándose el polvo. -estúpido viejo- murmuró. -¿Qué se ha creído, robándome la comida?-

Kasumi salió de la cocina y vio que la pelea había acabado. -¿Akane?- preguntó, sonriendo. -¿Podrías llevarle esto a Ranma y a tío Saotome, por favor?-

Akane se enderezó, preparada para protestar; pero algo en la sonrisa de Kasumi la previno, y dejo caer los hombros en derrota. -De acuerdo, Kasumi,- dijo, dejando a P-Chan en el suelo y levantándose para coger la tetera. Salió fuera, con P-Chan trotando tras ella.

Ranma estaba empapada en el césped, mirando a Akane y a la tetera con una extraña expresión en el rostro; una combinación de expectación y aprehensión. Akane suspiró. Al menos estaba esperando a volver a transformarse en chico antes de quitarse la camisa y escurrirla. Ella se acercó y derramó la mitad del contenido de la tetera sobre su cabeza, entonces se dio la vuelta y se dirigió al panda inconsciente.

-Um... ¿Akane? -la voz de Ranma era vacilante. Akane se detuvo sorprendida, y se giró para mirarle. Él estaba mirando a sus pies y jugueteando nerviosamente con los índices.

-¿Qué quieres, Ranma? -Ella trató poner un tono de impaciencia, pero por alguna razón, no le salió de esa forma.

Él no levantó la vista. -Uh, bueno... Solo quería decir que, ya sabes... siento lo que pasó esta mañana.-

Akane se quedó de piedra, no terminando de creerse lo que acababa de oír. P-Chan gruñó enojadamente a sus pies.

Él levantó la vista y se puso una mano tras la cabeza. Parecía no poder mirarla a los ojos. -Ya sabes... Lo que dije sobre Shampoo... Bueno, no me salió como yo quería explicarlo. Siento que te haya hecho enfadar-

Akane parpadeó, incrédula. Él estaba sonando sincero. Era eso o... -¿Tienes fiebre, Ranma?-

Ranma dejó caer los brazos a sus lados y la miró. -¡Oye!- le dijo indignado. -¡Estoy 'tratando' de disculparme! Esto no es fácil, ¿sabes?-

Akane se sonrojó y bajó la vista, con docenas de emociones en conflicto inundándola. ¡Esto no podía estar ocurriendo! Ella no quería que Ranma se disculpase. Ella quería que fuese el estúpido de siempre. Quería estar enojada con él porque... porque estar enfadada con él era más fácil que... más fácil que...

-Oye Akane, ¿estás bien?- Ella alzó la vista para ver preocupación en el rostro de Ranma, mezclada con auto-recriminación.

-Demonios, ni siquiera puedo disculparme bien,- dijo disgustado. -Esta bien. Siento haberte molestado.- Dejó caer los hombros, y se dio la vuelta para volver a la casa.

-Ranma, espera,- dijo Akane. Se le hizo un nudo en la garganta cuando él se giró un poco para mirarla, y ella tragó saliva. -Yo lo siento también. No debería... no debería haberme enfadado. Y no debería haberte tirado el agua en la escuela. No sé por qué lo hice. Supongo que hoy he estado de mal humor.-

Ranma se giró del todo, cambiando su expresión a una asombrada media sonrisa, el tipo de sonrisa que realzaba sus ojos azules, acentuando lo atractivo que era, y hacía que todas las chicas fuesen tras él como corderitos enamorados... El hecho de pensar esto hizo enfadar un poco a Akane; pero se controló, sintiéndose un poco afectada por la sonrisa. Entonces sintió que estaba sonrojándose.

Ranma la vio sonrojarse, y sintió subirle el color a sus propias mejillas cuando se dio cuenta de lo guapa que estaba. El comentario impertinente que estaba a punto de decir - algo sobre que no había sido extraño que perdiese el temperamento, siendo una marimacho y todo eso - murió en sus labios.

-Eh, o-oye, está bien,- le dijo, tartamudeando. -Quiero decir, me estaba preguntando acerca de lo que pasó en el pasillo, porque normalmente hace falta algo más para sacarte de tus... -Ranma se calló cuando la mirada de Akane se endureció, y subió las manos en un gesto aplacador. -¡Eso no es lo que quiero decir!- dijo rápidamente. -Me refiero a que, eh, lo entiendo, porque yo me he estado sintiendo algo extraño hoy. Así que está bien.- Dijo sonriendo como un corderillo, con las manos aún alzadas esperando defenderle de la cólera de Akane.

Pero la expresión de Akane ya se había suavizado de rabia a curiosidad.

-Hmm, eso es extraño,- dijo suavemente, pensando en sus propias sensaciones. -Me pregunto... -Sus ojos se abrieron como platos cuando miró detrás de él.

-¿Te preguntas qué? -preguntó Ranma.

-¿Qué demonios es eso?- preguntó, apuntando detrás de él.

Ranma se volvió. Había un resplandor rojo oscuro apareciendo por el horizonte por el cual había desaparecido el sol minutos antes.

La extraña sensación que le había estado acosando todo el día estalló de repente, y Ranma pudo sentir como se le aceleraba el pulso. Sin pensárselo dos veces, cogió a Akane del brazo, casi haciéndole caer la tetera.

-Oye, ¿qué estas haciendo? -protestó ella; pero él no la estaba mirando.

Sus ojos estaban fijos en el extraño resplandor. Ranma empezó a tirar de ella hacia la casa. -¡Oye!- protestó Akane de nuevo, enfadándose mientras trataba de soltarse.

-Vamos Akane,- le dijo. Había un tono de preocupación en su voz que hizo que Akane se detuviese. -Creo que deberíamos entrar en casa.-

-¿Por qué?- preguntó, empezando a preocuparse. -¿Qué crees que es?-

-No lo sé; pero se dirige hacia aquí.-

-¡¿Qué?- Akane miró de nuevo al resplandor. Era cierto, estaba cruzando el cielo, dirigiéndose directamente hacia ellos como un misil teledirigido -un misil envuelto en una energía oscura y antinatural. La inquietante visión atrajo la atención del resto de la familia Tendo. Kasumi, Nabiki y Soun lo observaban desde las puertas del patio.

-Puede que no haya de que preocuparse, -dijo Soun, tratando de mostrarse despreocupado y fallando. -No sabemos lo que es. Podría ser un fenómeno natural.-

Nabiki refunfuñó. -Claro. Un fenómeno natural que viene directo a nosotros. Considerando todo lo que le ha pasado a esta familia, no creo que sea una posibilidad.-

Akane sintió un nudo en la garganta. -No viene a por nosotros, ¿verdad?- preguntó dubitativa, sabiendo la respuesta tan pronto como había terminado la pregunta.

Ella lo miró asustada. -Ranma, ¿qué puede ser eso?-

-No lo sé,- le dijo de nuevo, gruñendo en frustración mientras la llevaba a la casa, -pero no parece amistoso, ¡así que venga!-

P-Chan gruñó ansiosamente a los pies de Akane, y ella se agachó y le cogió con su brazo libre. -¡Ranma!,- dijo recordando, -¡tu padre!-

Ranma miró al panda inconsciente. -Maldición.- dijo soltando el brazo de Akane, cogiéndole la tetera y empujándola dentro de la casa. -Vete dentro, Akane,- le dijo, corriendo entonces hacia su padre y vertiendo el resto del agua caliente sobre él. Genma aún estaba fuera de combate, así que Ranma se agachó, le apoyó sobre su hombro y le arrastró de vuelta a la casa.

-Toma, cógele -dijo, dejando a su padre en manos de un pálido Soun, volviendo entonces al exterior.

-¡Ranma! -gritó Akane, -¿Qué estás haciendo?-

-¿Qué te parece, estúpida? -le respondió, con su aura de combate reluciendo, iluminando el jardín mientras formaba una bola de energía vital en sus manos. -¡Voy a parar esa cosa!-

Akane reaccionó instintivamente. -¿A quién estás llamando estúpida...? -Pero Ranma no estaba escuchando.

En un espacio inferior a un minuto, el inquietante misil de energía maléfica había surcado el horizonte y estaba ahora a mitad de camino hacia ellos. Ranma extendió las manos y dirigió sus palmas hacia el extraño objeto reluciente.-¡Mouko Takabishya!- Un brillante resplandor de poder vital salió de las manos de Ranma y fue enviado silbando a través de la atmósfera hacia el brillo rojizo. Impactó con un ensordecedor rugido…

… y se disipó sin causar el menor efecto.

-¡Qué demonios...!- Ranma observaba sin dar crédito a sus ojos.

-Ni siquiera lo ha ralentizado,- escuchó murmurar a Nabiki en algún lugar detrás de él.

Ranma rechinó los dientes en determinación. -De acuerdo,- gritó. -¡Esta vez en va serio!- De ninguna manera iba a dejar que esa cosa tocase a Akane... o a ninguno de los otros. Ranma buscó en su interior y sacó toda la confianza y energía vital que pudo conseguir de las profundidades de su alma. Esto 'tenía' que funcionar; este disparo iba a dejarle totalmente drenado. Podía sentir como la superficie de su piel comenzaba a chisporrotear con el poder que estaba acumulando. En el interior de la casa, los Tendo se cubrieron los ojos por la intensidad del brillo del aura de Ranma.

-¡MOUKO TAKABISHYA! -Toda la luz y energía rodeando a Ranma le abandonó con un gran rugido incandescente, y él jadeó ante la sensación de oscuridad y vacío que quedó detrás. -¡Guau! Tal vez me he pasado, - pensó mientras se tambaleaba y caía de rodillas. -¡Pero esto va a funcionar!-

La masa de aura oscura con forma de misil se detuvo cuando el Ki de Ranma la golpeó con una fuerza tremenda. Hubo un momento de completo silencio y entonces la masa estalló en cientos de pedazos en todas direcciones. -¡SÍ!- gritó Ranma. O al menos quiso gritar, pero todo lo que consiguió articular fue un ronco y agotado suspiro.

Un momento más tarde, su júbilo se torno en horror cuando todos los trozos brillantes se volvieron a unir en forma de misil, y continuaron su trayectoria de colisión.

-No,- gritó en silencio. -No, no, esto no puede estar ocurriendo.-

Ranma sintió como unas fuertes manos le cogían de los brazos y le ayudaban a ponerse en pie. Genma, quien había recuperado la conciencia a tiempo de ver como su hijo soltaba su última descarga de energía, le cogió y le llevó a la casa a pesar de sus débiles protestas.

Una vez dentro, se mantuvo en pie a duras penas y se unió al resto de la familia Tendo mientras miraban en silencio la corriente de energía rojo-sangre acercándose rápidamente.

Estaba casi sobre ellos. No había ningún sitio a donde poder escapar por muy rápido que corrieran, y ellos lo sabían. La energía bajó describiendo un arco cerrado sobre la casa.

Akane se puso al lado de Ranma, con los ojos llenos de miedo. -De alguna manera,- dijo en voz baja, -tengo la sensación de que estar al otro lado de este muro no va a ayudarnos mucho.-

Kasumi se puso una mano sobre la boca.

-Creo que le has hecho algo,- dijo Nabiki mirando a Ranma, quien estaba temblando del cansancio. -Parece... más débil de algún modo. No es tan grande como antes.-

Las manos de Akane se estiraron bruscamente a sus lados, cuando de repente sintió las yemas de los dedos de Ranma tocar los suyos. Ella casi se apartó, pero en vez de eso, se quedó helada cuando sintió que le rodeaba tentativamente la mano con la suya en un intento de confortarla. Ella casi dejó de respirar. -¿Ranma...?- Entonces tragó saliva.

-¡Su mano es tan grande!- pensó, dándole una caricia en agradecimiento y preguntándose como podía pensar en una cosa así cuando la muerte estaba dirigiéndose hacia ellos.

-¡Su mano es tan pequeña!- pensó él, con una gota de sudor formándose en su mejilla mientras se preguntaba como podía pensar en una cosa así cuando la muerte se dirigía hacia ellos. Se sorprendió al descubrir que el vacío dejado por su descarga de se rellenó un poco cuando tomó su mano, tranquilizándole y dándole fuerza. -Guau, no sabía que ella pudiera hacer eso,- pensó, mirándola con los ojos abiertos.

Ella tuvo que sentirlo también, porque giró la cabeza y se encontró con su mirada, con sus ojos marrones extrañamente tranquilos.

-Ranma... - susurró...

... y entonces la violenta tormenta de magia atravesó el techo de la casa. El hechizo de sangre se detuvo, casi como un ser con inteligencia propia, contemplando, mientras las personas en el cuarto lo miraban aterrorizadas. Cambió de forma, estirándose y ensanchándose como una ameba. Entonces, sin aviso previo, se lanzó y engulló a Ranma y Akane completamente.

Ante la sorpresa de Akane, no fue doloroso. En realidad fue totalmente opuesto, ya que se sentía adormecida. Ranma, por otro lado, estaba retorciéndose de dolor, y ella podía ver como parte de la luz roja se introducía en su piel. -Ranma!- gritó, y se sorprendió cuando ningún sonido salió de su boca. El entumecimiento estaba arrastrándose más profundamente dentro de su cuerpo. Ella miró a su mano, todavía asida por Ranma, y vio horrorizada que estaba volviéndose transparente. Ella podría oír su padre gritando su nombre a través del rugido del ciclón mágico.

Ranma pensó que iba a morir. El dolor era insufrible, como si cada célula en su cuerpo estuviera siendo invadida por un virus. Lágrimas de agonía brotaron de sus ojos cerrados, pero él luchó contra la oscuridad de la inconsciencia con todas sus fuerzas y sostuvo firmemente la mano de Akane... ¡Su mano! No podía sentirla. Abrió los ojos de par en par y vio a Akane, marchitándose como una fantasma al alba, con su cara convertida en una máscara blanca de terror, con sus manos extendidas hacia él y su boca gritando su nombre silenciosamente -¡Akane!- Desesperadamente, extendió las manos hacia ella, pero estas pasaron a través de ella, y entonces ella desapareció. Como si nunca hubiera existido.

El hechizo de sangre desapareció silenciosamente.

Ranma cayó de rodillas, temblando, con las manos aun extendidas. -Akane...- Él sentía el olvido de inconsciencia rompiendo sobre él como una ola, pero ya no le importaba. Ella se había ido. Él no había podido salvarla, y ella se había ido...

Nabiki observó, con los ojos totalmente abiertos por el miedo como Ranma se derrumbaba. Ella estaba sorprendida seguir viva, ya que había esperado que esa cosa les incinerase o algo peor. En cambio, le había hecho algo muy raro a Ranma y había raptado a Akane. Estaba completamente segura de que era todo culpa de Ranma. Nunca había pasado nada parecido antes de que él y su padre se presentaran.

Ella examinó a su padre y su hermana mayor. Soun estaba llorando por Akane, y Kasumi estaba mirando fijamente Ranma, con el rostro pálido. Genma también estaba mirando a su hijo, sin saber lo que hacer.

Nabiki miró Ranma, dudando en acercarse. Ella había visto cómo el aura roja se había metido en su cuerpo. Él podría estar poseído o hipnotizado. Ella tenía la impresión de que saltaría con los ojos encendidos y les atacaría, pero pasó el tiempo, y Ranma no se movía.

Nabiki caminó despacio hacia él, entonces se arrodilló a su lado. Tomándolo por el hombro, le incorporó suavemente hacia atrás. Hmm. No parecía que fuera a despertarse de un momento a otro. Su piel estaba de un color gris enfermizo, y, tomando su mano flácida, vio que sus uñas estaban teñidas de azul, emparejando a las uñas de sus propias manos.

-Oh cielos, esta en shock,- se dio cuenta Nabiki. Se volvió hacia Kasumi. La figura maternal, la que siempre sabía como manejar cualquier crisis, sin importar lo extraña que fuera. Casi sonrió cuando vio que su hermana mayor ganaba control físico y mental para poder tomar control sobre la situación. -Necesitamos algo de atención medica, oneechan,- le dijo con voz sorprendentemente tranquila.

Kasumi asintió. - Llamaré al Doctor Tofu,- respondió y fue hacia el teléfono.

RRR

Blanco.

Una vasta extensión de color blanco. Fue lo primero que llegó un sus sentidos tras el sentimiento de vacío que la había atacado. -¿Estoy muerta?- pensó. Entonces los sentidos regresaron lentamente a su cuerpo, y con ellos vino un frío intenso y lacerante. Akane se estremeció convulsivamente y se miró. Era sólida. Ni transparente, ni adormecida. Estaba en carne y hueso, vistiendo su uniforme de la escuela de costumbre… y metida hasta las rodillas en una nieve pesada y húmeda. Una nieve que estaba espesándose mientras la nevada en medio de la que estaba continuaba enviando afilados copos de nieve sobre ella. De hecho, podía sentir trozos de hielo y nieve pegados a su pelo y su ropa. Ella miró a su alrededor confundida, pero no podía ver nada más allá de un par de pasos en cualquier dirección por culpa de la tormenta.

-¿Dónde estoy?- gritó, más que para recibir una respuesta, para asegurarse de que todavía podía hacerlo. Ella recordaba como había intentado gritar el nombre de Ranma y no ser capaz de articular ningún sonido mientras desaparecía. Sabía que había sido transportada a alguna parte... ¿Pero dónde? ¿Siberia? ¿El polo Norte?-Bueno,- dijo en voz alta. Su voz le proporcionó una extraña sensación de confort, incluso aunque el sonido fuese tragado por el viento. -Si aún no estoy m-muerta, lo estaré p-pronto si no salgo de e-esta t-tormenta.- Sus dientes castañeteaban incontrolablemente. Sin saber que otra cosa hacer, metió sus manos bajo los brazos en un vano intento de mantener el calor y comenzó a avanzar hacia delante; esperando que fuera lo que fuese que la depositó allí al menos la hubiese colocado mirando en dirección a donde conseguir ayudar. Ella refunfuñó. -"Sería m-mucho pedir,"- murmuró con ironía. Pero no tenía intención de rendirse. No sin pelear.

Tras avanzar torpemente a través de las dunas de nieve por lo que le pareció una eternidad, Akane finalmente admitió que tenía un gran problema. Un tipo diferente de terrorífico adormecimiento había trepado por su piel, y su rostro daba la sensación de ser una placa de hielo. Sentía que si tropezaba con una piedra podría caer y partirse en pedazos como una estatua de hielo. Le vino a la mente una historia de una clase de literatura americana. La historia se titulaba "Como encender un fuego" de Jack London. No podía recordar los detalles, pero era acerca de un hombre inconsciente que fue a excavar al Yukón sin suficiente preparación y se congeló hasta morir antes de que pudiera conseguir materiales suficientes para encender un fuego. Le había llegado arrastrándose, de la forma en que llega la muerte tan sutil y rápidamente, apagando su cuerpo hasta que ni siquiera pudo sostener una cerilla en sus dedos para encender el fuego. Murió con la cerilla en su mano.-Oh, perfecto, "eso" es algo genial en lo que pensar en un momento como este,- pensó irónicamente yforzó a sus piernas moverse a través de la nieve. Había dejado de sentirlashace tiempo, y no le quedaba duda de que estaba sufriendo congelación en lamayor parte de su cuerpo. Estaba dolorida por el cansancio, y la desesperaciónempezó a anidar en su mente, pero ella la apartó con fuerza fuera de sí. -¡Nihablar! ¡No voy a rendirme! ¡No, NO NO...!- Pero su cuerpo pensaba lo contrarioy cayó de bruces sobre la nieve. Su primer pensamiento fue lo increíblemente cálida que parecía. Tal vez no fuese tan malo si descansaba allí un momento. Al menos hasta que se calentase un poco. Entonces podría seguir un poco más.

-Vaya, ¡estoy impresionado! Ha conseguido llegar más lejos que nadie. ¿Qué opinas? ¿Valdrá como guardián?-

-Yo diría que sí. Es fuerte para ser mortal. Por no mencionar bastante atractiva. Será un buen sirviente para la señora.-

Akane oyó voces justo encima de ella. -Estoy alucinando,- pensó mareadamente. Entonces sintió como levantaban delicadamente su cuerpo congelado. -Oh, me han rescatado. ¡Mucho mejor!- pensó, justo antes de ser arropada por una cálida oleada de sueño. Ella despertó sin tener idea de cuánto tiempo había pasado, y se encontró mirando un techo que parecía estar hecho de cristal. La luz bailaba a través de su superficie, reflejando los colores del arco iris que brillaban débilmente en el deslumbrante blanco de las paredes. Ella parpadeó. -¿Qué...? ¿Dónde..?-

-Ah, estás despierta,- dijo una voz recia. -Bien, bien.- Akane volvió la cabeza y se asustó al encontrarse mirando fijamente la cara de un extraño hombrecillo que se encontraba a su lado, frunciendo el ceño. Parecía haber sido esculpido en hielo. Su rostro estaba completamente lleno de las aristas, su piel y su pelo eran un color blanco azulado. Sus ojos eran del color de los copos de nieve.

-¿Quién eres tu?- exigió saber, levantándose repentinamente. Se encontraba de pie sobre un suave futón en medio de una habitación pequeña y escasamente decorada. Lo último que recordaba era estar muriéndose de frío... Ella se echó un vistazo. Todavía tenía puesto su uniforme de la escuela, y ella parecía estar perfectas condiciones. -¿Qué está pasando aquí? ¿Dónde estoy?-

-Mi nombre es Kazuo,- respondió el hombre altivamente. -Usted ha sido transportada al reino de nuestra señora, y yo estoy aquí para entrenarla en sus deberes como sirviente de su residencia.-

-¿Eh?- Akane parpadeó, y sintió que estaba empezando a enfadarse. -¿De qué está hablando? Yo no soy la sirviente de nadie. ¿Y dónde estoy exactamente?-

-Kazuo sonrió con desprecio. -Arrogante mortal, no puede negarse. Está atrapada en el plano Kami, y como tal deberá servir a la señora por toda la eternidad.-

Akane le miró fijamente. -¡¿Arrogante mortal? ¿Plano Kami? Oh no, ¿En qué lío me he metido esta vez?- Ella miró al extraño hombre de hielo que, aunque más pequeño, estabahaciendo un esfuerzo extraordinario para mirarla desde arriba. No parecía eltipo de persona de le daría rápidamente la información que necesitaba para salirde ese lugar. -¿Quién es esa "señora" de la que sigues hablando?- le preguntó.

-Nuestra señora es Yuki-onna.-

Un sentimiento firme de aprehensión empezó a formarse en su pecho. -Pero... ¡pero eso es imposible!- -¿La Mujer de la Nieve?- preguntó. -Pero si sólo es un cuento dehadas... ¿verdad?- Entonces miró detenidamente al pequeño hombre de hieloque hacía llamar Kazuo, y tragó saliva. Y si fuera verdad que estaba en elplano Kami... Ella había oído cuentos sobre Yuki-onna cuando era pequeña; acerca de que era un espíritu maléfico al que le encantaba coger a hombresdesprevenidos y congelarles hasta la muerte. Ella contuvo un escalofrío. ¿Sesuponía que iba a pasar el resto de eternidad como sirviente de un espíritumalvado?

-¿Y si yo no quisiera ser sirviente de Yuki-onna?- dijo a la defensiva.

El hombre arqueó una ceja. -Usted no tiene opción.-

Akane le devolvió fríamente la mirada.- ¿Ah, sí?- El fuego azulado del aura de combate de Akane comenzó a parpadear alrededor de su cuerpo. -¡Ya lo veremos!- Tenía que salir de allí, debía encontrar una forma de volver a casa.

Los ojos del hombrecillo se abrieron como platos cuando Akane resplandeció y tomó una postura de combate. -¡Ahh, espera, no hay necesidad de hacer eso¡- dijo, con su conducta orgullosa pasando rápidamente a nerviosismo mientras ponía una postura defensiva.

-¿Vas a mostrarme como salir de aquí y volver a casa?-

-Bueno, no...-

-Entonces lucha conmigo, o apártate de mi camino.- Akane cambió su posición y se preparó para atacar.

-Kazuo no quiere decir que no 'quiera' mostrarte como marcharte,- dijo una voz de mujer. -Él quiere decir que no 'puede'.-

Rápidamente, y sin bajar la guardia, Akane apartó la vista de Kazuo para ver a una mujer alta en la entrada. El rostro de la mujer era inhumanamente pálido, y aun así hermoso; con una figura delgada y esbelta envuelta en una larga y helada túnica azul que hacía juego con sus ojos. Su pelo, largo, blanco y reluciente, que parecía brillar con todos los colores del arco iris, caía en ondas hasta sus tobillos.

Kazuo relajó su postura defensiva y se inclinó profundamente. -Señora, permítame presentarle a Akane Tendo. Akane Tendo, mi señora Yuki-onna.-

Akane se quedó sin palabras. Aun así, no bajó la guardia, incluso cuando la Mujer de la Nieve sonrió.

-Bienvenida a mi residencia, Akane Tendo. Temo que Kazuo ha fallado al intentar aclarar mis intenciones. Por el momento, eres una invitada, no una prisionera.-

Akane no se perdió las palabras 'por el momento'. De repente recuperó la voz. -Si no soy una prisionera,- preguntó abiertamente, -¿Entonces por qué no me dejas volver a casa?-

-No soy yo quien te retiene aquí,- respondió dulcemente la Mujer de la Nieve, -sino el hechizo que te trajo a este reino.-

-Así que eso es lo que era.- Akane sintió que se le hundía el corazón. -¿Hay alguna forma de romperlo para que pueda volvera casa?-

Yuki-onna cerró los ojos e inclinó la cabeza ligeramente. -Puedo sentir la mancha de sangre del dragón sobre ti,- dijo tras un instante,-y un hechizo tan poderoso no se rompe fácilmente.-

Akane sintió una chispa de esperanza encenderse en su pecho. -¿Pero no es imposible?-

Yuki-onna asintió ligeramente. -Debo discutir esto contigo. ¿Me acompañas a tomar té?-

Akane se sintió aliviada. Todo estaba ocurriendo tan deprisa. Esta ciertamente no era la malvada y despiadada Mujer de la Nieve de los cuentos que había oído de pequeña. De repente se dio cuenta que aun estaba en posición de combate ante su sorprendentemente amable anfitriona. Se relajó e hizo una reverencia. -Se-será un honor…-

…El té estaba frío. -Como si fuera una sorpresa,- pensó Akane, mientras miraba su taza. Todo en la residencia deYuki-onna estaba helado, aunque no muy resultaba muy inconfortable, y Akane sesorprendió de que no pareciese molestarle en absoluto. Aun así, hubiese preferidouna taza de té agradable y 'calentita'.

-El hechizo que te trajo aquí…- dijo la Mujer de la Nieve, tomando su té delicadamente. -Deberías saber que estuvo a punto de fallar.-

Akane, sorprendida, cambió su mirada desde su té hacia la hermosa aparición blanca sentada frente a ella. -¿Qué?-

-Sí. No estoy segura si se suponía que debías ser transportada a algún lugar específico del plano Kami; pero por alguna razón el hechizo era más débil de lo que debería haber sido, y estuviste a punto de perderte. Yo sentí la magia y te puse a salvo en mis dominios.-

-Fue debilitado- pensó Akane tristemente. -La descarga de Ki de Ranma 'casi' funcionó.- Entoncesse dio cuenta de lo que había dicho Yuki-onna. -Espera un minuto,-dijo, enfadándose. -¿Me pusiste a "salvo"? Cuando desperté del… hechizo,estaba en medio de una nevada, ¡y casi me congelo!-

-Estabas segura.- Yuki-onna se encontró con la mirada de Akane lentamente. -Te puse en la tormenta como un test de tus fuerzas físicas y espirituales. Lo hiciste bastante bien. Pero nunca estuviste en peligro.-

-Vaya,- soltó Akane, -¡hubiese sido agradable saberlo desde un principio!-

-¿Sabes quien te lanzó ese hechizo?- preguntó la mujer de la nieve.

La pregunta sacó a Akane de su enfado. -Eh, la verdad es que no. No me lo había preguntado.-

Quien quiera que fuese debía ser un guerrero y hechicero poderoso. La sangre de dragón, especialmente de uno tan antiguo, no es fácil de conseguir.

Akane hizo una mueca, y empezó a contra con los dedos. -Happosai, Cologne y/o Shampoo... Sé que me estoy olvidando de alguien...

Yuki-onna abrió los ojos sorprendida. -¿Tantos? ¿Cómo es posible que tengas tantos enemigos?-

Ella suspiró. -Bueno, la mayoría de ellos no son realmente 'mis' enemigos. Son enemigos de Ranma. El hechizo le cogió a él también...- Akane dejó de hablar al recordar a Ranma, retorciéndose de agonía mientras el aura roja se introducía en su piel, su mirada de angustia cuando intentó alcanzarla y sus manos pasaron a través de su cuerpo insustancial...

¿Qué le ocurrió a él? ¿Estaría bien? Ella se miró los dedos, recordando la sensación de su cálida mano aferrando la suya, y sintió que le brotaban las lágrimas. Parpadeó para apartarlas, sorprendida de sí misma.

Sus lágrimas no pasaron desapercibidas. -¿Y quién es Ranma?- preguntó la Mujer de la Nieve suavemente.

-Él es mi… mi prometido.-

Los ojos de Yuki-onna se nublaron. -¿Prometido?- preguntó, como un tono un poco más frío en su voz. -Y tu lo quieres, ¿Verdad?-

Akane no se dio cuenta del tono cuando instintivamente reaccionó a la pregunta. -¡¿Qué? Yo, ¿querer a ese estúpido pervertido?- Entonces la torpe, pero sincera disculpa de Ranma vino a su mente. -Yo… no, quiero decir… ¡Fue todo idea de nuestros padres!- exclamó insegura.

Yuki-onna la miró fríamente. -Pareces confundida. ¿Le quieres, o no?-

Akane miró su té sintiéndose miserable. -No… no lo sé.-

Una media sonrisa se formó en el rostro frío rostro de la mujer. -Entonces déjame darte un consejo, pequeña. Hombres,- su voz se llenó de desprecio, -no merecen la pena. Olvídate de él.-

Akane la miró, con los ojos húmedos, parpadeando. -¿Q-Qué?-

Los hombres son infieles desde lo más profundo de sus almas. Si les ofreces tu confianza, inevitablemente te traicionarán.- Su penetrante mirada azul hizo estremecerse a Akane. -¿Aún no te has dado cuenta?-

Akane miró a sus manos mientras pensaba en Ranma y sus otras 'prometidas'. –S…sí,- susurró.

-Te propongo algo, Akane Tendo. Como mencioné, pasaste la prueba de la tormenta remarcablemente bien... Mejor que cualquier otro mortal antes que tú. Estas en posesión de una gran fuerza física y espiritual. Con el entrenamiento propio, tus servicios podrían serme de gran utilidad.-

Akane levantó la vista, preocupada, pero decidida. -Mira, Hem, no quiero ser descortés; pero de verdad que no quiero quedarme aquí. ¿Dijiste que podrías ser capaz de romper este hechizo y enviarme a casa?-

La Mujer de la Nieve suspiró, enviando con su aliento una brisa helada por la habitación. -Seré honesta contigo, Akane Tendo. El hechizo, aunque debilitado, sigue siendo aun muy poderoso. Me hará falta mucho tiempo y un gran esfuerzo estudiarlo hasta que pueda entenderlo lo suficiente como para anular sus efectos.-

Akane sintió desmoronarse su mundo. -¿Tiempo?- preguntó. No podía evitar que le temblase la voz. -¿Cuánto tiempo?-

-Considerando que el hechizo se suponía que tenía que mantenerte aquí para la eternidad, no es muy largo en comparación.-

-¿Cuánto?-

La mirada normalmente fría de Yuki-onna se tornó en cálida de compasión hacia su huésped. -A juzgar por la fuerza del hechizo... Cerca de siete años.-

Akane se quedó inmóvil del shock. -¡¿Siete años? ¡En siete años tendré veinticuatro años! ¿Quién sabe lo que puede ocurrir en casa sin mí en siete años?- El rostro de Ranma apareció en su mente, y su cabeza se llenó de imágenes de él vistiendo un traje de boda junto a... Ukyo... o Shampoo... o... no, tal vez Kodashi no. Ni siquiera Ranma está tan enfermo.

Akane sacudió la cabeza, tratando de apartar las imágenes de su mente. Pero no había forma de evitarlo. Las oportunidades de que Ranma estuviese allí... siendo su prometido... tras siete años eran prácticamente nulas.

-¿Por qué estoy pensando en Ranma?- gritó en silencio. -No es que yo pueda... o que él...-

-No puedes...- Akane miró a Yuki-onna, con las lágrimas volviendo de Nuevo a sus ojos. -¿No puedes llevarme a casa en menos tiempo?-

Yuki-onna sacudió la cabeza. -Hay otros espíritus, dioses y demonios que pueblan el plano Kami quienes podrían ser capaces de conseguirlo antes. Pero muchos de ellos no estarán tan dispuestos a ayudarte como yo.- La mujer de la nieve sonrió tristemente. -Debo confesarlo, una de las razones por las que te rescaté del olvido fue porque sentí en ti un espíritu afín. Tú y yo nos parecemos en varios aspectos.- Ella extendió el brazo y tocó la mano de Akane con sus fríos dedos. -Quédate conmigo por un tiempo. Necesito un guardaespaldas, por razones que pronto serán aparentes. Conozco tus habilidades como artista marcial; te sirvieron bien durante tu prueba. Y durante el tiempo en que me sirvas, seré capaz de romper el hechizo que te ata a este reino.-

Akane no podía pensar en otra alternativa Yuki-onna era su única esperanza. ¡Pero siete años...! -Me... quedaré.- Dijo débilmente, y trató de ignorar la desesperación que se estableció en su corazón.

La Mujer de la Nieve sonrió.

RRR

Continuara…

Fin de la segunda parte

Hola que tal, desaparecido, mmm...… si, pero aquí esta la continuación ñ.ñ

Como "justificación" les puedo decir que la parranda, juerga, rumba, party, o como quiera que se le llame en su país me gano xp. Sip lo que pasa es que aquí donde vivo hubo una celebración espectacular que se hace cada año, la cual dura 22 días y pues…

Bueno, ahora si, cada 15 días estaré actualizando (por si les interesa) les agradezco a las personas que me mandaron reviews y me agregaron en alertas y favoritos en verdad se les agradece ;D

y por ultimo contestando una pregunta que me hicieron: la respuesta en no, yo no soy la persona que empezó a traducir esta historia, originalmente yo la leí en ingles y después me encontré la traducción pero estaba incompleta y sigue así, es por eso que me di a la tarea de traducir hasta que escriba "fin de corazones de hielo" (o dios en que me he metido) ufff..., bueno la historia cuenta con 24 partes mas un epilogo y 2 fools, así que me tendrán por aquí por muuuuuucho tiempo XP

Nos vemos dentro de 15 días

Atte: su amigo Drakkar