Hearts of Ice
Parte 4: Sombras de Revelación (Shadows of Revelation)
Por Krista Perry
RRR
-¿Así que es aquí?- preguntó Ranma impacientemente, observando la pequeña clínica, acuñada entre dos edificios comerciales más grandes, en las afueras de Tokio.
Tofu asintió afirmativamente, ya que estaba demasiado agotado como para hablar por el momento y estaba ocupado llenando de aire sus pulmones. Tenía que admirar la resistencia de Ranma; el joven apenas había sudado durante la carrera por los tejados. No era que él estuviese en baja forma. Hacía ejercicios todas las mañanas antes de abrir la clínica, pero hacía tiempo que él había enfocado su entrenamiento, prefiriendo las artes curativas sobre todo lo demás. Aún así se reconfortó, algo perversamente, viendo que Genma, e incluso Ryouga estaban jadeando un poco.
Ryouga miró enojadamente a Ranma mientras recuperaba el aliento. Estaba acostumbrado a recorrer grandes distancias, pero no en un... periodo de tiempo tan corto... y Ranma era increíblemente veloz cuando quería. -¡Ranma, idiota! ¿A quién se le ocurre venir así? Hubiésemos llegado mucho antes si hubieras ido más despacio y pidiendo direcciones.-
Ranma ni si quiera le miró. Cállate, Ryouga. Como si tú pudieras hablar de pedir direcciones.-
-Oye, yo las pido, es sólo que...- Ryouga se detuvo y refunfuñó. Odiaba admitir que no podía entender bien las direcciones, sin importar lo cuidadosamente que atendiese.
-ustedes dos, ya es suficiente.- Tofu se enderezó, recuperando el control de su respiración y tocó suavemente a la puerta. La puerta se abrió un momento después, revelando a un anciano con sabiduría en sus ojos y el pelo gris recogido en una trenza corta, muy parecida a la que tenía el doctor Tofu. Una sonrisa de sorpresa se dibujó en el rostro del viejo. -Ono-kun, ¿ya haz llegado? Vaya, eso es rapidez.-
Tofu se inclinó y devolvió la sonrisa. -Nosotros, ah... tomamos la vía alta, Kintaro-sensei-
El anciano se rió. -Ya veo.- Como para asegurarse, sus ojos escanearon al grupo con la mirada penetrante que Tofu recordaba tan bien de sus días como estudiante bajo el amable, pero cuidadoso tutelaje de Kintaro-sensei. No había detalle que se le escapase, ni síntoma que pasase por alto. El anciano sopesó rápidamente la situación, dejando caer su mirada sobre Ranma. El joven le devolvió la mirada firmemente durante unos segundos, pero empezó a sentirse incomodo bajo el intenso escrutinio.
-Este debe ser Ranma,- dijo el anciano, entrecerrando los ojos en concentración. -Si, si... veo a qué te refieres, Ono-Kun. Definitivamente hay una extraña magia afectando a su Ki.- Kintaro se detuvo de repente y se mostró contrariado. -Pero, ¿dónde están mis modales?- El doctor invitó a Ranma y a los demás a entrar en la clínica. -Pasen, por favor. Así podré examinarte en condiciones y veremos si podemos descubrir algo acerca del hechizo que han lanzado sobre ti.-
-Y Akane,- dijo Ranma. -Necesitamos descubrir en donde está Akane.- Entonces hizo una mueca, casi de dolor, cuando la voz del hechizo aumentó de volumen, insuflando desesperanza una vez más a su alma. Ranma la ignoró con esfuerzo. -Lo que sea que me atacó, la atacó a ella también.-
Kintaro asintió en simpatía. -Veré lo que puedo hacer,- le dijo, conduciéndoles a un despacho interior.
El interior de la clínica era muy parecido a la del Dr. Tofu, a excepción de que había muchos más libros y pergaminos en las estanterías, algunos tan antiguos que parecía que podrían deshacerse si se les tocaba. Kintaro invitó a Ranma a sentarse sobre la mesa de diagnósticos se dirigió a Genma y a Ryouga. -¿les importaría esperar fuera? Necesito las menos distracciones posibles para este estudio.-
Genma estaba dispuesto a protestar, pero una mirada del Dr. Tofu le detuvo. De mala gana, siguió a Ryouga por la puerta. Tofu iba a hacer lo mismo, pero Kintaro le detuvo. -Ono-Kun, me gustaría que te quedaras para asistirme. Ranma es tu paciente, y supongo que le conocerás bien. Quizás puedas explicarme por qué veo dos magias separadas y tan extremadamente diferentes unidas a su Ki, cuando tú solo mencionaste un hechizo por teléfono.-
Tofu miró a Ranma, que miraba a su regazo y flexionaba sus dedos, abochornado. Tofu carraspeó. -OH, bueno, supongo que con los nervios y la prisa por llegar aquí, olvidé mencionar la, Hem... pequeña maldición bajo la que está Ranma.-
Kintaro-sensei alzó sus grises cejas y volvió a mirar a Ranma. -¿Maldición? No, no la mencionaste. ¿Cuál es la naturaleza de la maldición?-
-¿Ha oído hablar alguna vez de Jusenkyo?-
Las cejas del anciano se alzaron aún más. -¿Las pozas malditas?- dijo, mirando intensamente el aura de Ranma. -Entonces, no era un mito después de todo. Cuéntame, chico, ¿en qué te transformas?-
Ranma sintió una extraña combinación de vergüenza aguda y alivio. Si al viejo le era familiar Jusenkyo, podría saber alguna manera de romper el hechizo que había raptado a Akane. Supuso que no debería sorprenderse ante el inusual conocimiento del anciano. Después de todo, este tipo había sido el maestro del Tofu y este le había ayudado a contrarrestar algunos de los peores potingues que Cologne y Hapossai le habían echado.
Por otra parte, aunque se había ido acostumbrando a su maldición, el real, 'realmente' odiaba cuando alguien lo descubría por primera vez. Siempre le hacía sentirse humillado, aunque trataba de no mostrarlo, y le traía ineludiblemente a su mente las sensaciones de horror y angustia que sintió cuando cayó a la fuente y sintió su cuerpo encogerse al cambiar por primera vez. Ranma supo lo que ocurría inmediatamente; la sensación de cambio de su cuerpo no dejaba ninguna duda. Ranma fue consciente de ello y por un breve y desesperado momento, estuvo a punto de dejar de luchar y dejarse ahogar, creyendo que el cambio era permanente. Pero entonces su indomable instinto de supervivencia le superó, y nadó desesperadamente hacia la superficie. Recuperando el aliento, miró a través de los mechones de pelo rojizo mientras sus manos exploraban tentativamente su pecho y confirmaban las sensaciones que le habían avisado. Entonces miró hacia abajo y el horror que se había ido acumulando estalló en un grito de soprano.
Ranma se estremeció al recordarlo, entonces se dio cuenta de que Kintaro-sensei aún estaba esperando su respuesta. Ranma se retorció miserablemente sobre la mesa de examinación.
Kintaro-sensei le puso una mano sobre el hombro como gesto de simpatía. -Entiendo que te incomode, Ranma. Estoy seguro de que tu maldición no debe ser algo fácil de llevar. Aún así, voy a tener que descubrirlo de todos modos, ya que será necesario que cambies para ayudarme a diferenciar entre la magia de la maldición y la del hechizo. Probablemente sería mejor que me lo contases antes que esperar a sorprenderme.-
Ranma suspiró y miró al suelo. ¿Cómo podía siquiera preocuparse de su estúpida maldición, que sufría ya desde casi un año entero, cuando Akane estaba perdida? -Caí en la Fuente de la... la...- Ranma se detuvo y casi escupió la palabra. -...Chica ahogada.-
Kintaro mantuvo su expresión cuidadosamente neutral. -Ah,- dijo, y estuvo en silencio un largo instante. -Bueno," dijo finalmente, -podría haber sido peor, o al menos eso he oído.-
-Supongo.- murmuró Ranma. -Sin ofender, ¿Podríamos empezar con esto de una vez?-
El anciano asintió y adoptó un comportamiento clínico. -Tofu-sensei,- dijo, dirigiéndose a su pupilo en un tono más formal, -¿Podrías traerme algo de agua caliente y fría? Me gustaría saber qué parte de su aura es, antes de tratar de separar este hechizo.-
Así hizo el Dr. Tofu, y Ranma cerró los ojos cuando Kintaro-sensei vertió un vaso de agua fría sobre su cabeza. Para alivio suyo, el anciano se abstuvo de hacer ningún comentario, y en vez de eso se concentró en su aura.
Tofu miró brevemente a su sensei, y pudo ver el mismo asombro en su expresión que el que había sentido él la primera vez que había presenciado el cambio de Ranma. El brillante chisporroteo en el aura del muchacho cuando la transformación tomaba lugar era digno de ver, para aquellos que tenían ojos capaces de verlo. Aunque esta vez pudo ver como el oscuro parpadeo de la energía roja del hechizo estaba entrelazado no solo con el Ki normal de Ranma, sino con la maldición también. Parecía haber penetrado en cada parte de él. Pudo ver que su sensei llegaba a la misma conclusión, además de hacer descubrimientos que estaban fuera del alcance de su capacidad.
Ranma esperó impacientemente con los ojos cerrados, manteniéndose totalmente quieta, no queriendo interrumpir la concentración Kintaro y Tofu. Entonces sintió agua caliente sobre su cabeza y en breves instantes volvió a ser él mismo. -¿Y bien?- dijo, abriendo los ojos.
Los labios de Kintaro-sensei estaban torcidos en una expresión de preocupación. -Este hechizo es fuerte, chico. Nunca había visto nada parecido.-
-¿Sabes qué tipo de hechizo es?- preguntó Tofu.
-Tengo una sospecha, pero necesito investigar en alguno de mis libros antes de saltar a conclusiones. Puedes dejar entrar a los otros. Estaré un par de minutos en mi estudio.- Kintaro salió por una puerta en la parte de atrás de la oficina, mientras Tofu dejaba entrar de nuevo a Genma y Roiga.
-Entonces, ¿Hay algo nuevo? ¿Sabe cómo traer de vuelta a Akane?- dijo Roiga mirando impacientemente al Dr. Tofu.
Tofu sacudió la cabeza. -Aún no, pero cree que puede averiguar de qué tipo de hechizo se trata. Estoy seguro de que lo está investigando en estos momentos.-
Ranma se deslizó fuera de la mesa de examinación y comenzó a dar vueltas de un lado a otro. -Espero que no tarde mucho,- dijo irritadamente. A cada momento que pasaba, podía sentir como la voz del hechizo desgastaba su perseverancia con su insistencia en que era una causa perdida. Apretó con fuerza los puños y luchó contra esa sensación de nuevo. No se rendiría, ni en un millón de años. Akane estaba viva en algún lugar y él iba a encontrarla.
Ryouga se apoyó contra la pared y observó como Ranma, hecho un manojo de nervios, recorría la habitación. Tras unos minutos mirándole, empezó a desear que Tofu no hubiera restaurado 'todo' el flujo de energía de Ranma. Brevemente consideró tumbarle de un puñetazo para que se estuviese quieto, ya que le estaba empezando a ponerle nervioso. Abandonó la idea tras pensar que si dejaba a Ranma inconsciente, probablemente entorpecería la búsqueda de Akane.
Justo entonces, Ryouga notó movimiento por el rabillo del ojo. Se giró para ver entrar silenciosamente a un pequeño animal a través de la puerta, ligeramente entreabierta, que conducía al estudio de Kintaro-sensei. Era un gato. Un Tabby naranja de pelo largo, para ser preciso. Ryouga supuso que el gato pertenecía a Kintaro-sensei, ya que tenía un collar, y parecía estar bastante cómodo mientras daba vueltas por la habitación.
Ryouga contuvo una sonrisa maliciosa y se preguntó tardaría Ranma en darse cuenta.
Una vez había oído que en una sala llena de gente, un gato podía detectar al que más odiase a los gatos del grupo, e iría directamente hacia él. En este caso resulto ser cierto. El gato fue directamente hacia el deambulante Ranma y se frotó cariñosamente contra sus piernas.
Ranma se quedó helado a mitad del paso. Sus ojos se pusieron como platos mientras miraba fijamente de frente.
El gato se enroscó alrededor de sus piernas, miró hacia arriba con curiosidad y maulló.
Las facciones de Ranma huyeron a los perímetros de su rostro aterrorizadas y empezó a temblar incontrolablemente. Casi en contra de su voluntad, su cabeza se inclinó y obligó a sus ojos llorosos a mirar abajo.
-¿Miaowr?-
-¡AAAAAAAAAAAAAA!- Ranma saltó directamente hacia arriba y se enganchó desesperadamente a la lámpara que colgaba del techo. Su grito de terror envió al pobre gato corriendo fuera de la habitación, arañando el suelo con sus garras. Tofu miró a Ranma asombrado. Genma se mostró disgustado y Roiga sonrió simplemente.
Un instante después, Kintaro entró de golpe en la habitación y se unió a los otros tres mirando a Ranma, que seguía colgando del techo, con los ojos velados del terror y temblando de una manera que amenazaba con aflojar las sujeciones de la lámpara y dejarle caer al suelo.
-¿Qué demonios ha ocurrido aquí?- exigió saber Kintaro.
-G-g-ga-... G-g-g-ga...!- tartamudeó Ranma incoherentemente.
-Lo que Ranma está tratando de decir…- dijo Ryouga casualmente, -es que un pequeño y precioso gatito acaba de entrar y frotarse contra sus piernas.-
Kintaro parpadeó. -¿No será cierto?- Dijo, observando penetrantemente a Ranma. -Si no lo conociese mejor, diría por sus reacciones que ha sido expuesto al entrenamiento del Neko-Ken.-
Genma carraspeó incomodado. -Bueno, Hem, lo ha sido. Yo le entrené en el Neko-Ken cuando tenía diez años.-
-¡¿Qué?- Kintaro se encaró con Genma enojadamente, con su usual comportamiento amistoso velado por la rabia. Genma se aplastó contra el muro, huyendo de la ferocidad de su mirada. -¡¿Estás loco? ¿Qué demonios te impulsó a hacerle algo como eso a tu propio hijo? ¡¿No sabías cuales serían las consecuencias?-
-Bueno,- dijo Genma, arrugándose, -No. Yo, er... no me fijé en esa pagina del manual.- Entonces se enderezó, y le devolvió la mirada a la defensiva. -Pero la técnica del Neko-Ken le ha ayudado a ganar batallas contra alguno de sus más poderosos enemigos.-
-Ya veo,- dijo Kintaro fríamente. -Es agradable saber que pienses que ganar una pelea es más importante que la cordura de tu hijo.- Genma perdió la postura. Kintaro miró a Ranma, aún temblando, y frunció el ceño. -Si tú pudieras ver lo que yo he visto,- continuó sombríamente, -tu opinión sobre el Neko-Ken cambiaría drásticamente. La técnica no fue prohibida sin razón, deberías saberlo.-
Genma frunció el ceño confundido y echó un vistazo a Ranma, preguntándose lo que había visto el viejo que él no. Todo lo que podía ver era a su hijo sollozando aterrorizado, lo cual era ya de por sí bastante vergonzoso. ¿Qué podría ser peor que eso? Observó como Tofu se subía a la mesa, suavemente soltaba los temblorosos dedos de Ranma de la lámpara, y lo bajaba entonces de nuevo a la mesa de examinación.
Ryouga miró al suelo. De algún modo, la reacción de Kintaro hacia la fobia de Ranma había echado a perder la diversión de ver a su archirival temblando de terror. ¿Y qué quiso decir con 'si tú pudieras ver lo que yo he visto'?
Ryouga le dio vueltas a la pregunta cuando el joven doctor se colocó a su lado mientras Kintaro apretaba varios puntos de presión en Ranma en un intento de ayudar al chico a relajarse. -¿Qué ha querido decir con eso?- le preguntó en voz baja a Tofu.
-No estoy seguro,- susurró Tofu en respuesta, con expresión seria. -Sabía que Ranma tenía fobia a los gatos, pero no me había dado cuenta de que estaba conectada con el Neko-Ken, y nunca le había visto después de que tuviera un... ataque como este. Pero he notado un extraño tono gris en su aura, especialmente alrededor de la cabeza, que apareció tan pronto como sintió al gato. A eso puede ser a lo que se refería Kintaro-sensei.-
Kintaro sonrió para dar coraje a Ranma, quien parecía estar mejor como resultado de su tratamiento. -Siento lo de mi gata, Ranma. Normalmente la dejo suelta en la clínica por la noche. Mantiene a los ratones alejados y es buena compañera. Pero no creo que vuelva esta noche,- añadió rápidamente, cuando los ojos de Ranma comenzaron a observar los alrededores furtivamente. -La última vez que la vi, pasó corriendo a mi lado y salió por la ventana como un rayo.- Ranma se relajó tan solo ligeramente.
-Tengo noticias sobre el hechizo,- continuó. Eso captó la atención de Ranma, cuyos temblores cesaron inmediatamente. Ryouga, Tofu y Genma se acercaron a su vez.
-¿Qué? ¿Qué es? ¿Puedes romperlo?- preguntó Ranma apresuradamente.
-Me temo que está por encima de mis capacidades,- dijo Kintaro. Ranma gruñó y escondió el rostro bajo sus manos.
-Lo siento, Ranma; pero todos los indicios señalan que se trata de un hechizo de sangre de algún tipo, y los hechizos invocados con sangre no son tan solo nefastos y sin escrúpulos en extremo, sino además muy difíciles de romper.-
Ranma alzó la cabeza. -¿Un hechizo de sangre? ¿Qué es eso?-
-Tal como suena. Un hechizo invocado con la sangre de una criatura viviente. Cuanto más poderosa la criatura, más poderoso el hechizo. Por lo que he visto en tu aura, diría que la sangre usada es al menos humana, o posiblemente de un animal mágico.-
Ranma se deslizó de la mesa, se dio la vuelta y la golpeó frustrado, resquebrajándola completamente. Kintaro arqueó una ceja ante la destrucción de la propiedad, pero no dijo nada. -Debe haber alguna forma de traer de vuelta a Akane,- dijo Ranma encolerizado.
-Bueno,- dijo Kintaro pensativamente, -mi sugerencia es que en primer lugar descubras quién lanzó el hechizo.-
Ranma se quedó de piedra, mirando a Kintaro. -¿Qué?- preguntó ausentemente.
-¿Qué has dicho?-
Kintaro miró a Ranma. -He dicho que deberías descubrir al que realizó el hechizo.-
Ranma abrió los ojos de par en par sin terminarse de creer y se golpeó en la frente. -¡Claro, idiota!- exclamó. Por alguna razón, no se le había ocurrido que había un invocador tras el hechizo, aunque ahora le parecía obvio. Después de todo, el hechizo no se podía haber conjurado solo. Así que ¿quién...?
Un pequeño jadeo escapó de la garganta de Ranma cuando todos los pequeños misterios que le habían rodeado todo el día encajaron con una aterradora claridad. La extraña premonición que había sentido esa misma mañana mientras corría hacia el colegio, la que se disparó cuando se dio cuenta de que Shampoo no lo había molestado en toda la semana... Su conversación con Mousse y descubrir que el joven chino había experimentado la misma sensación... La postal de China... La forma en que el resplandor rojo apareció desde el oeste...
Ranma frunció el ceño y un rugido escapó de sus labios. -¿Por qué? ¡Vieja BRUJA! ¡Voy a matarla! Si cree que se va a salir con la suya con esto...-
-Espera un momento,- dijo Ryouga, levantando las manos, con la voz acusada de un súbito nerviosismo. -Ranma. ¿Estás tratando de decir que Cologne está detrás de todo esto?-
Pero Ranma no estaba escuchando. Se volvió hacia Kintaro. -Mousse recibió hoy una postal de Shampoo. Decía que ella y Cologne estaban en China haciendo algún tipo especial de entrenamiento. ¿Es posible que hayan lanzado el hechizo en China y que haya viajado desde allí hasta Japón para dar con Akane y conmigo?-
Kintaro frunció el ceño. -No estoy realmente seguro de si existen límites espaciales para un hechizo de sangre. No lo descartaría como posibilidad, sin embargo...-
-¡Entonces han sido ellas!- Los ojos de Ranma brillaron amenazadoramente,
Y por un instante, Ryouga sintió pena por Shampoo y Cologne. Tan sólo por un instante. Después de todo, ellas eran las responsables de que Akane desapareciese. El ceño de Ryouga se arrugó con furia, con la sangre ardiendo cuando sus sentimientos se convirtieron de repente en el espejo de los de Ranma.
-La postal dijo que volverían a Japón el martes que viene,- continuó Ranma, con su aura de combate envolviendo su cuerpo. -Y cuando vuelvan, no me importará lo que haga falta, ¡voy a obligarlas a deshacer lo que le han hecho a Akane!-
Ryouga se acercó a su rival, con el rostro lleno de determinación. -Ranma, sé que hemos tenido nuestras diferencias, pero sólo por esta vez voy a luchar a tu lado. Necesitas toda la ayuda que puedas obtener si vas a ir contra Cologne y Shampoo.- No había olvidado como la vieja le había utilizado, enseñándole la técnica del punto de ruptura, haciéndole creer que podía destruir a Ranma con ella, cuando para lo único que servía era para romper rocas. Apretó los dientes y, casi contra su voluntad, extendió firmemente la mano. -¿Tregua?-
Ranma miró inexpresivamente hacia la mano extendida durante un momento. Entonces su expresión se suavizó a una irónica media sonrisa y estrechó firmemente la mano de Ryouga. -Tregua.-
-No te imagines cosas estúpidas como que soy tu amigo ni nada parecido. Hago esto por Akane, no por ti, ¿captas?-
Ranma asintió sonriente. -Por Akane.-
RRR
En el exterior de la clínica de Kintaro-sensei, una figura solitaria se ocultaba en las sombras, escuchando atentamente cada palabra hablada en el interior. Por una vez, Mousse se alegró de su defectuosa visión. Su oído era mucho más agudo a causa de esto, compensando lo que le faltaba al otro sentido.
Ranma había confirmado sus peores miedos. Bueno, tal vez no los peores. Tan pronto como la niebla roja cruzó el cielo en dirección al Dojo Tendo, Mousse supo que fuera lo que fuera que Shampoo y Cologne habían hecho en China, había dado fruto. Él siguió rápidamente a la niebla, llegando al Dojo Tendo justo después de que el hechizo hubiese hecho su trabajo y desaparecido. Entonces espió y escuchó desde el tejado de los Tendo todo lo que siguió. Estaba convencido de que Ranma recuperaría la consciencia con el cerebro completamente trastocado por el hechizo, un hechizo que haría olvidar a Ranma a la ahora ausente Akane y enamorarse de Shampoo.
Pero eso no era todo. Mousse estaba completamente confundido, y aún así extrañamente aliviado. Si Shampoo 'estaba' tras el hechizo, ¿Por qué no había hecho que Ranma se enamorase de ella? ¿No sabía que llevándose a Akane, tan solo avivaría su cólera? Ranma podía ser un imbecil mujeriego, pero era obvio para todos los observadores – incluida Shampoo - que, de todas sus prometidas, los sentimientos de Ranma (si los tuviera) eran más fuertes hacia Akane.
Y ahora sabía que el hechizo lanzado sobre Ranma y Akane era de sangre. Mousse se estremeció. Seguramente Shampoo nunca usaría una magia tan siniestra. La vieja momia, por otra parte... Ella no dudaría en lanzar un hechizo de sangre, siempre y cuando le beneficiase, y Mousse era dolorosamente consciente de cómo Cologne podía convencer fácilmente a Shampoo de llevar a cabo sus inescrupulosos planes, especialmente si Ranma era el premio a conseguir.
Pero tanto si Shampoo era realmente responsable del hechizo como si no, Ranma ahora creía que lo era. Habría una batalla, y a pesar de lo buena luchadora que era, Shampoo no tenía esperanza de derrotar a Ranma. Podría salir herida; seriamente si la rabia de Ranma era lo suficientemente grande.
Mousse no podía permitir que eso ocurriera.
Él se levantó y se retiró cuidadosamente de la ventana. Tenía planes que hacer antes del martes.
RRR
Akane se sentó a la mesa y acometió sin ganas al arroz con sus palillos. Yuki-onna había salido hacia varias horas, diciendo que tenía que atender a unos asuntos personales. A las órdenes de la Mujer de la nieve, los sirvientes de la residencia habían atendido todas sus necesidades, incluso el pomposo Kazuo le había servido la cena, muy a su pesar. El pequeño hombre de nieve no le había dirigido la palabra en lo más mínimo. En realidad no podía culparle, ya que casi le había pegado cuando se lo encontró por primera vez.
Aunque, ahora, los sirvientes no estaban por ninguna parte. Era extraño. Akane dejó descansar la barbilla sobre su mano con el codo apoyado sobre la mesa y suspiró, jugueteando con los palillos. Se sentía aún un poco afectada de llorar tanto hacía varias horas, cuando finalmente había admitido que quería a Ranma. No le hacía sentirse mejor ahora que iba a estar fuera de su alcance por lo menos durante siete años. Siete años durante los cuales probablemente se casaría con alguna de sus prometidas.
Sintió humedecérsele los ojos ante la imagen, pero tragó saliva y enojadamente se secó los ojos con el dorso de la mano. Lo que estaba hecho, estaba hecho, y no había nada que pudiera hacer contra ello. El hechizo de sangre la retendría en el plano Kami, y a la mujer de la nieve le llevaría al menos siete años romper su control sobre ella. Pero al menos podía ser roto. Sería capaz de volver a casa, algún día. Pero volver a casa para qué tipo de vida, sin Ranma...
Akane cortó el pensamiento. Se volvería loca si le seguía dando vueltas. Sería mejor seguir el consejo de la mujer de las nieves y dejar a un lado...
Akane se detuvo cuando de repente sintió otra presencia en la habitación. Se giró rápidamente... pero la habitación estaba vacía.
Ella se puso en tensión. La sensación de otra presencia aún parpadeaba en el fondo de su mente. Sus ojos recorrieron cuidadosamente la habitación, tratando de localizar algo sospechoso. Entonces deseó haber puesto más atención a sus alrededores, ya que se dio cuenta de que no estaba segura de qué podía estar fuera de lugar. Cautelosamente, se levantó y volvió su espalda contra la mesa, levantando instintivamente sus manos en una postura defensiva.
-¿Quién está ahí?- preguntó, vacilante, pero enfadada porque alguien estuviese tratando de acecharla. -¿Kazuo? Esto no tiene gracia...-
Un cambio en la corriente de aire tras ella fue la única advertencia que recibió; pero antes de que pudiera girarse, algo la golpeó con fuerza en la cabeza y la envió de frente contra la pared. El impacto le sacó el aire de sus pulmones con un 'hump' y Akane gimió, deslizándose abajo por la pared. Mientras intentaba recuperar el aliento, podía sentir un chichón creciéndole en la base de la cabeza. *¿Q-Qué me ha golpeado?*
Sus pies tocaron el suelo y se dio la vuelta, luchando contra el mareo, para observar la habitación. Ella se apretó contra la pared, alegrándose de tener algo sólido tras ella.
La habitación estaba vacía.
El miedo aprisionó su corazón. Había algo allí; podía sentirlo... y no sólo por la dolorosa evidencia en la base de su cabeza. Se agachó defensivamente, tratando de ver en todas las direcciones a la vez y luchando contra el pánico que crecía en su pecho. *¡¿Cómo puedo luchar contra algo que no puedo ver?* pensó. *Parece que la casa será atacada antes de que tenga oportunidad de aprender cómo defenderla. No tengo ni idea de cómo luchar contra un espíritu...*
Por el rabillo del ojo, vio un destello castaño-rojizo, y tuvo la impresión de unos ojos negros relucientes dirigirse directamente hacia ella. Su instinto de artes marciales se activó, Akane giró rápidamente para enfrentarse al ataque, alzando las manos para bloquear. Pero esa cosa atravesó sus defensas y conectó numerosos golpes contra su cara, pecho y estómago, enviándola deslizándose a lo largo de varios metros.
Ella se tambaleó, con el cuerpo ardiendo de dolor. La oscuridad parpadeó en los límites de su visión cuando la inconsciencia trató de apoderarse de ella. Podía sentir el sabor la sangre en su boca y uno de sus ojos estaba hinchado. *¡¿Siete años?* pensó amargamente. *¡Tendré suerte si sobrevivo a los próximos siete minutos!* Miró a su alrededor, pero como esperaba, no había señal de su atacante. La injusticia de la situación completa la arrolló como un tsunami, la rabia la colmó. Perder a Ranma, a su familia y ahora posiblemente su vida a manos de algún demonio invisible era demasiado para una noche.
-¡Muéstrate, cobarde!- gritó en frustración. -¡¿Por qué no peleas limpio?-
-Vaya, Akane.- Akane palideció cuando la voz de Ranma surgió de ninguna parte. -No veo cual es tu problema. Siempre te quejas de que me contengo mucho durante nuestros entrenamientos. Bien, ahora no me estoy conteniendo. Era eso lo que querías, ¿Verdad? ¿Tener una pelea de verdad? ¿No ser tratada como a una niña pequeña? Si quieres una pelea 'justa', no deberías enfrentarte a alguien que es mejor que tú. Lo cual en tu caso es con todo el mundo.-
-¿R-Ranma?- Akane susurró a través de sus labios hinchados y sangrantes. La voz era suya; alguna de las palabras también, pero su tono estaba lleno de burla despectiva. Incluso cuando Ranma más se había metido con ella, nunca había escuchado 'eso' en su voz. Y por encima de todo, Ranma 'nunca' la pegaría, ni siquiera en sus combates de entrenamiento. No, por supuesto que no era Ranma. Era algún tipo de truco. El depredador está jugando con su presa. *Esto es el plano Kami, ¿Recuerdas?* pensó para sí misma. *¿Quién sabe de lo que son capaces sus habitantes?*
Una mancha rojiza apareció en su visión periférica. Akane se movió para bloquear, pero fue golpeada en la sien, lo que la hizo tambalearse y acabó cayendo de culo.
-Je. Tortuga.- Siguió la voz de Ranma.
Akane apretó los puños y volvió a ponerse en pie. -¡Cállate!-
-Deberías admitirlo, Akane. Tan solo eres una chica. Nunca serás tan buena como yo.-
Un velo rojo nubló la visión de Akane, una combinación de dolor y furia, sobrepasando la parte de ella que sabía que la voz no era realmente de Ranma. -¿Ah sí?- gritó. -¿Quién te crees para hablar así? ¡Eres una chica la mitad del tiempo, estúpido pervertido!-
-¿Eh, qué..?-
Akane se dio cuenta de que la mancha rojiza estaba acercándose a ella por la espalda, pero que se había detenido sorprendida ante su última exclamación. Se lanzó hacia atrás rodando por el suelo y lanzando una patada instintivamente con la pierna derecha. Para su satisfacción, sintió que el pie golpeó un cuerpo sólido y escuchó un -¡oof!- ¡Había marcado un tanto! Sonriendo doloridamente a través de sus labios heridos, ante la pequeña victoria; se dio la vuelta y se levantó de un salto para enfrentarse a su oponente.
Su boca se abrió de para en par.
-¡Muy bien!- dijo una voz de tenor y acartonada a la vez, nada parecida a la de Ranma. -No está mal para una novata torpe y desentrenada.- La criatura que estaba frente a ella tapándose el vientre, se inclinó brevemente y entonces alzó sus rojizos y emplumados brazos en un extraño gesto de saludo. Sus negros ojos de pájaro parpadearon maliciosamente sobre un gran pico afilado en un rostro emplumado que no guardaba ni un solo rastro de humanidad. La criatura estaba cubierta, de la cabeza hasta la base de los tobillos, de finas plumas de color rojo ardiente. Bajo la capa de plumas a la altura de sus tobillos, tenía unas garras rojizas de depredador. Vestía una capa sobre sus hombros de ramas verdes de pino fuertemente entretejidas y aun así flexibles.
Akane estaba demasiado atónita para reaccionar a lo de 'torpe y desentrenada'. -¿Qu... qué... Q-Quién eres..?- tartamudeó.
El extraño hombre pájaro hizo una reverencia. -Soy Masakazu, el Tengu. Y tú, querida, harías bien en irte acostumbrando a ver aparecer de cuando en cuando criaturas extrañas, o nunca serás capaz de defender la residencia de Yuki-onna. La mayor parte de los habitantes del plano Kami son mucho menos atractivos que yo, y por la forma en que estás tartamudeando, con tus defensas completamente abiertas, podría haberte derrotado ya diez veces.-
Akane parpadeó y trató de volver a poner su cerebro en marcha. -¿Eres un Tengu?- Akane recordó haber leído acerca de la misteriosa raza de hombres pájaro, los cuales eran grandes guerreros, así como incorregiblemente tramposos. *Más mitología vuelve a la vida,* pensó confundida. *Lo próximo será que un Kappa venga llamando a la puerta pidiendo pepinillos.*
El inexpresivo rostro de pájaro del Tengu no cambió, pero sus ojos negros centellearon. -Sí, creo que fue eso lo que dije. He venido a entrenarte en las artes marciales para que puedas ser una guardaespaldas capacitada para nuestra mutua amiga, la adorable Yuki-onna.-
-¿Tú... sabes artes marciales?- *¡Idiota! ¿Qué clase de pregunta es esa? ¡Acaba de darte una buena paliza!*
Masakazu se rió, emitiendo trino. -¿Qué si sé artes marciales? Querida, mi gente 'inventó' las artes marciales. ¿Quién crees que enseñó a los humanos a dominarlas por primera vez?-
Akane le miró confundida. -Hem, la verdad es que nunca lo había pensado.-
La mirada del Tengu se puso seria. -Bien. Porque las artes marciales no tratan acerca del pensamiento consciente. Tratan sobre el instinto.- Hubo un destello de movimiento y Akane se encontró de repente cara a... pico... con el Tengu. Ella dio un grito y retrocedió unos pasos.
-Tratan acerca de velocidad,- continuó Masakazu, con el brillo travieso de vuelta en sus ojos. -Algo de lo que careces seriamente, querida. Pero intentaré arreglar eso. Así como tu agilidad y destreza. Tienes fuerza, determinación y resistencia; pero poco más.-
-¡Oye!-
-OH, y debemos trabajar también en tu enfoque y concentración. Aparentemente yo debería trabajar un poco en eso mismo. Realmente me descolocaste con ese último comentario tuyo. Así que…- los ojos de Masakazu relucieron con una risa malamente reprimida, -¿tu prometido cayó en la fuente de la Chica Ahogada? Pobrecillo. Eso debe haberla hecho una relación interesante.-
Akane parpadeó. -¿Cómo sabes acerca de...?-
-No hay muchos secretos que se puedan ocultar de mí, pronto lo descubrirás. Es un pequeño talento que poseo. Pero no te preocupes, yo divulgo chismes sólo cuando es absolutamente necesario.- El Tengu le guiñó un ojo conspiradoramente. -Entonces, ¿Empezamos tu entrenamiento? ¿O necesitas algo de tiempo para recuperarte de mi pequeño ataque sorpresa?-
Akane se encogió al serle recordado el dolor de su cuerpo tras la paliza recibida. -Eso no fue justo,- dijo gruñendo.
-¿Justo? ¿Quién ha dicho nada sobre justicia?- El Tengu entrecerró sus ojos negros. -No esperes combates formales en este nivel de existencia, querida. Las criaturas a las que te enfrentarás usarán todo tipo de tácticas engañosas y antiéticas para derrotarte. Todo vale. Ese 'es' tu estilo de lucha ¿No es cierto?-
Akane apretó los labios y frunció el ceño al darse cuenta de que estaba quejándose como una chiquilla y asintió. 'Debería' estar preparada para cualquier cosa. Pero, por mucho que odiase admitirlo, no lo estaba. Ahora estaba segura de que no tendría oportunidad de victoria contra los habitantes del plano Kami.
-Empecemos a entrenar ahora,- dijo y parpadeó sorprendida. El Tengu había desaparecido. -Oye, ¿a dónde has ido? Pensé que íbamos a...-
De repente fue agarrada por la espalda y lanzada con fuerza por los aires. Aterrizó sobre la espalda, dándose un golpe seco contra el suelo. El aire se escapó de sus pulmones y se encontró mirando a los burlones ojos del Tengu.
-Primera lección. Estar 'siempre' en guardia. No creas que porque estés teniendo una charla amistosa con alguien, los habitantes de los siete niveles del infierno van a esperar hasta que hayas acabado para atacarte cuando te convenga.-
Akane exhaló un suspiro y miró con dagas en los ojos a su nuevo sensei mientras trataba de incorporarse. Iban a ser unos 'largos' siete años.
RRR
El Nekohanten estaba oscuro. Shampoo suspiró de alivio y cansancio. No deseaba tener que tratar con Mousse en este momento. El vertiginoso viaje de vuelta a Japón la había dejado exhausta, mayormente porque aun seguía sintiendo los efectos de su batalla contra los demonios guardianes, su encuentro con el Anciano y la agotadora tarea de lanzar el hechizo de sangre. Aún así, como Bisabuela le había dicho, incluso esto podría jugar a su favor.
Una vez dentro, Shampoo bostezó fuertemente. -Aiya,- dijo suavemente, como para no despertar a Mousse, donde quiera que estuviese, -Voy a la cama ahora, bisabuela.-
Cologne asintió. -Buena idea, chiquilla. Mañana va a ser un día ocupado, y necesitarás estar descansada.-
Shampoo entró en el baño y abrió el agua caliente. A pesar de la fría noche de primavera, se sentía acalorada y pegajosa del viaje. Le habría encantado echarse agua fría por la cara, pero con su maldición no merecería la pena el disgusto, así que se quitó la mayor parte de la suciedad de la cara con una desagradable toalla con agua caliente. Entonces quitó el vendaje de cuero del brazo y limpió con cuidado la herida dejada por la garra del Anciano cuando le había pinchado para que pagase el precio de la sangre. La herida estaba curándose bien, gracias a los cuidados de Cologne, y cuando estuvo suficientemente limpia, la cubrió con hierbas curativas y cambió el vendaje de cuero por una venda limpia de tela. Entonces se dirigió a su habitación y a la promesa de sueño le ofrecía.
No fue hasta que no cerró la puerta cuando se dio cuenta de que Mousse estaba sentado sobre su cama.
-Llegas temprano,- le dijo. -No te esperábamos hasta dentro de dos días.-
Ella le miró con sorpresa, que rápidamente se tornó en enfado. -¡Mousse! ¿Qué haces en habitación de Shampoo? ¡Vete ahora! Sólo marido permitido en cama de Shampoo.- Estaba desconcertada por su osadía. Aún tratándose de Mousse, que continuamente la perseguía, nunca se le había ocurrido sentarse en su cama sin invitación.
-Está bien. Me levantaré,- dijo lentamente Mousse, y se incorporó. Fue entonces cuando Shampoo se dio cuenta de que la actitud de Mousse era profundamente diferente a la que estaba acostumbrada. En primer lugar, no parecía estar ilusionado de verla, como solía hacer, y no estaba balbuceando ni exclamando su "Querida Shampoo." De hecho, parecía casi... enojado. Tenía el ceño fruncido y sus brazos cruzados con seriedad sobre el pecho.
-Pero,- continuó con voz firme, -No voy a marcharme hasta que me expliques por qué lanzaste un hechizo de sangre sobre Ranma y Akane.-
Shampoo palideció y retrocedió un paso. ¿Cómo lo había averiguado? Y si él lo sabía, ¡eso podría significar que Ranma también!
La mente en pánico de Shampoo recordó las palabras que su bisabuela le había repetido tantas veces durante su viaje a China. -Hay una posibilidad,- había dicho Cologne, -de que Ranma y los otros puedan intuir lo que ha pasado antes de que regresemos. Si ese es el caso, recuerda, 'nuestro plan no cambia en lo más mínimo'. Tan solo mantén el juego y todo saldrá bien.- Shampoo confiaba en su plan. Tenía que funcionar. Iba a funcionar, siempre y cuando ella recordase hacer bien su parte.
Sus ojos se llenaron de lágrimas y cayó al suelo, esperando que su reacción de sorpresa inicial encajara con su actuación. -¡OH, Mousse!- dijo, con voz temblorosa. -Cuéntame, ¿Qué ocurrirle a Ranma?-
Mousse fue cogido por sorpresa y pareció casi aliviado. -¿Estás... diciendo en serio que no lo sabes?-
-¡Por favor, Mousse! ¡Cuenta a Shampoo qué ocurrió!- Ella dejó caer un par de lágrimas por las mejillas. Era más fácil de lo que había pensado en un principio, simular esta reacción de angustia. Pero era debido al sentimiento de dolor que tenía en su interior. *Ayia,* pensó, con lágrimas aflorando cada vez más fuerte y sinceramente, *Esta mentira es tan despreciable. Desearía no tener que hacer esto, Ranma. Pero no hay otro modo.*
Las lágrimas de Shampoo estaban teniendo el efecto deseado en Mousse.
Su enojada frialdad se había resquebrajado en preocupación, y se arrodilló frente a ella. -N-no llores, Shampoo- dijo, extendiendo una vacilante mano confortadora. -Te lo contaré. ¡Te lo contaré todo!- Y así hizo, comenzando con la visita de Ranma al Nekohanten y terminando con lo que había escuchado en la clínica de Kintaro-sensei.
Durante toda la historia, una parte de la mente de Shampoo escuchó analíticamente, descubriendo exactamente lo que Ranma y los otros sabían y lo que no. La otra parte se concentró en reaccionar con angustia, aunque no 'completamente' sorprendida, ante la noticia de la desaparición de Akane, y las voces mágicas de Ranma. Se preocupó un poco cuando escuchó que Ranma había conseguido fragmentar el hechizo con una de sus bolas de Ki. Aún así el hechizo se había vuelto a unir y parecía haber hecho adecuadamente su trabajo, así que apartó esas molestas dudas del fondo de su mente.
Cuando Mousse iba por la mitad de la historia, Shampoo se estremeció entre sollozos. -OH, Mousse. Es todo culpa mía.- La verdad. No se sentía tan mal...
Mousse miró a Shampoo, desconcertado. -¿Cómo? ¿Por qué es culpa tuya? ¿Qué ha ocurrido en China, Shampoo?-
Shampoo se estremeció. Esta vez de verdad. Y mintió.
RRR
Fin de la cuarta parte
Bueno, hasta aquí otro capitulo de esta interesantísima historia, espero que les haya gustado, ya se que es un poco tediosa y no pasa nada realmente interesante, pero es vital para entender la trama y algunos detalles que se darán a conocer mas adelante :D
Gracias a todos por seguir leyendo y también gracias por los que dejan reviews e insisto si alguien detecta alguna incoherencia o error por favor háganmelo saber y con mucho gusto lo modifico (aunque ténganme paciencia solo tengo un año hablando el español n.n)
No vemos en 15 días, hasta prontoooo
Drakkar
