Hearts of Ice
Parte 5: Interludio (Interlude)
Por Krista Perry
RRR
Akane se sentó en silencio, con la espalda bien recta mientras Yuki-onna movía sus delicadas manos a pocos centímetros de su piel. Tras unos minutos, sus manos se detuvieron sobre un punto sobre la espalda de Akane, justo entre los hombros.
-Hmm,- dijo suavemente la mujer de las nieves. -Este parece un buen lugar para empezar hoy. El hechizo será más fácil de desentramar aquí.- Entonces empezó a mover los dedos como si tirase de hilos invisibles.
Akane sintió la ahora familiar sensación de la magia entre los hombros mientras Yuki-onna quitaba cuidadosamente mecha tras mecha de sangre de dragón de su Ki. Esto se había convertido en un ritual diario. Durante los últimos dos meses, desde que había llegado al plano Kami, Yuki-onna había pasado al menos una hora diaria tratando de deshacer el hechizo de Akane; pero este era fuerte y testarudo y luchaba contra los intentos de Yuki-onna de romper su control sobre ella. Cada vez que una hebra de sangre de dragón era extraída del Ki de Akane, el hechizo crecía y rellenaba el hueco.
Akane podía asegurar que era un trabajo extenuante para la mujer de la nieve, y estaba empezando a comprender por qué le iba a tomar siete años levantar completamente el hechizo. Sacudió la cabeza ligeramente confundida, preguntándose una vez más por qué su misteriosa anfitriona le estaba ayudando. Yuki-onna la había acogió a ella "una total extraña, y una mera mortal además" en su residencia y la había tratado como a una hija. Lo cual era sorprendente, ya que la Yuki-onna de la leyenda era retratada como una mujer fría y cruel; un espíritu malvado que disfrutaba congelando a los hombres hasta la muerte con su toque helado.
-Así que… Akane,- dijo la mujer de las nieves mientras seguía tirando del hechizo de sangre, -parece que los moratones de tu último combate con Masakazu están curándose bien. Pareces tener menos que de costumbre. ¿Puedo tomar eso como un signo de tus progresos?-
-Sí,- dijo Akane sonriendo. Entonces guiñó los ojos y se llevó una mano a un cardenal en su mejilla; un golpe que hacía juego con docenas de otros por todo su cuerpo. La hinchazón había bajado, pero aún dolía si lo tocaba. A pesar del dolor, estaba contenta. Por una vez en su vida, tenía un sensei que no la trataba como a una muñeca de porcelana, como si se fuera a romper con el más ligero roce. Con la ayuda de Masakazu, había mejorado lenta, pero gradualmente sus artes marciales. Estaba aún lejos de ser tan rápida o ágil como Ranma, pero por fin estaba adquiriendo velocidad suficiente para parar alguno de los ataques de su sensei. Y, aún más importante, estaba aprendiendo a confiar en sus instintos. En realidad era una necesidad. Tenía que estar siempre en guardia, ya que nunca sabía cuando Masakazu iba a lanzar otro ataque o 'sesión de entrenamiento', como decía él.
Al principio se había enfadado por lo duro que era con ella, pero rápidamente aprendió que el Tengu en realidad se había contenido mucho la primera vez que le había atacado. A partir de entonces, le había visto realizar proezas que hacían parecer a Cologne y Happosai estudiantes de primer año, sosteniendo su afirmación de que su gente había inventado las artes marciales. Aparte de eso, Masakazu no era tan solo el artista marcial más impresionante que había conocido, el Tengu era también un maestro muy paciente. Esto era bueno, ya que muy de vez en cuando, su temperamento volátil tomaba el control, especialmente cuando usaba la voz de Ranma para burlarse de ella durante sus combates. Ella odiaba que hiciera eso. Y aún así... era también agradable de algún modo, porque en el fondo le gustaba oír la voz de Ranma. Incluso si la voz decía cosas para enfadarla. Incluso si no era realmente Ranma.
Era tan extraño. A veces sentía como si este extraño lugar fuera su hogar, como si ella hubiera estado siempre allí. Otras veces sentía tanta nostalgia que le dolía.
Trataba de no pensar en Ranma, pero no tenía sentido. Siempre estaba en sus pensamientos a algún nivel. Le echaba terriblemente de menos, pero sabía que permitir que sus pensamientos giraran en torno a él tan solo la haría sentirse miserable. ¿Qué estará haciendo ahora? pensó.
Akane suspiró. Yuki-onna la había regañado muy a menudo por perder el tiempo pensando en un hombre el cual había traído tanta miseria a su vida y quien, con toda seguridad, ni siquiera estaría allí cuando pudiera regresar por fin a casa. Casi se arrepentía haberle contado a la Mujer de Nieve acerca de su complicada historia con Ranma y sus otras 'prometidas'. Yuki-onna parecía tomarse cada afrenta de Ranma como algo personal, tanto si eran intencionadas, o como era más habitual, circunstanciales. Era tan irónico. Finalmente, había una mujer comprendía perfectamente la rabia y frustración que tan a menudo había sentido por culpa de Ranma. Pero ahora Akane no se sentía de esa manera en absoluto.
Trató de convencerse de lo contrario. Rayos, esto debería haber sido fácil; después de todo, tenía una extensa práctica en decirse a sí misma lo insensible y estúpido que era Ranma, y como no había manera alguna en el mundo de que pudiera quererle nunca. Pero desde que había sido arrancada a la fuerza del plano mortal, se había vuelto más honesta consigo misma, y su conciencia rechazaba dejarla vivir con una mentira tan evidente.
-Sabes,- se dijo hoscamente, -eres una pésima oportunista. ¿No podías haber hecho este viaje de auto descubrimiento un poco antes? ¿Como cuándo podría haber sido realmente útil?-
Yuki-onna fruncía el ceño, arrugando ligeramente su rostro blanquecino mientras se concentraba en apartar el hechizo del Ki de Akane. Entonces se detuvo, sorprendida, cuando el Ki empezó a oscurecerse abruptamente con el humor de la chica.
-Maldición. Está pensando en su prometido otra vez.- Los helados ojos azules de Yuki-onna se entrecerraron con enojo. Después de todo lo que ese estúpido le ha hecho pasar, aún alberga sentimientos por él. -Akane, niña inconsciente, ¿Por qué no puedes ver lo fuerte que serías sin esa inútil infatuación entorpeciéndote?- La mujer de la nieve comenzó a perder concentración por culpa de su enfado y la sangre de dragón empezó a escurrirse de sus dedos, resistiendo sus intentos de aferrarla. Yuki-onna suspiró frustrada y trató de recuperar el enfoque, pero las imágenes de Ranma y su cruel trato hacia Akane le impedían...
Un resplandor rojo captó su vista.
-¿Qué...? -Yuki-onna miró fijamente el Ki de Akane. Por una décima de segundo, había visto algo en el hechizo, algo que no había visto antes. ¿En qué estaba pensando? Sabía que un pensamiento individual o una emoción podía actuar como si una persona percibiese los matices del Ki de otro, para lo cual se requería normalmente una perfecta concentración, pero esta vez...
-Ranma.- Ella estaba pensando en el horrible prometido de Akane.
Yuki-onna se concentró de nuevo en el hechizo de sangre, esta vez manteniendo a Ranma firmemente en sus pensamientos. ¡Ahí! Ahí estaba de nuevo, un resplandor rojo; una pequeña, casi invisible hebra de sangre de dragón que respondía a sus pensamientos acerca de Ranma. Estaba afianzada profundamente en el hechizo, demasiado profundamente como para tenerla a su alcance durante bastante tiempo. Aún así, se concentró en ella...
...y perdió el aliento.
Akane se dio la vuelta rápidamente. -¿Qué ocurre? ¿Estás bien?- preguntó preocupada, al ver la expresión de sorpresa en el rostro de la mujer de las nieves.
Yuki-onna se relajó y sonrió. -OH, no es nada, querida. Estoy tan solo un poco cansada, eso es todo. Este hechizo requiere mucha de mi energía para desentramarlo...- Dejó de hablar cuando vio a Akane ponerse tensa repentinamente, con su Ki cambiando de color de nuevo a un azul refulgente.
-¿Akane?- preguntó, confundida. -¿Qué...?-
Sin previo aviso, Akane saltó hacia arriba unos cinco metros desde su posición, esquivando por muy poco la sombra ámbar que pasó a través del espacio que había ocupado hace instantes. Yuki-onna jadeó cuando el Ki de la chica se escurrió de sus dedos.
Akane giró en lo más alto del arco, aterrizando suavemente en pie. Tan pronto como tocó el suelo, se agachó, bloqueando con las manos un golpe casi invisible de su sensei. Rodando, volvió a levantarse, contorsionando y girando su cuerpo mientras paraba rápidamente cada golpe que lanzaba el Tengu.
-Bien, Akane- dijo Masakazu con la voz de Ranma, -Pareces más masculina que nunca, marimacho. No sé cómo te las vas a apañar si alguna vez quieres buscar marido.-
Akane gruñó. -¡Serás...!- Y perdió el enfoque. Con un fluido movimiento, Masakazu penetró sus defensas y le dio una patada que la lanzó contra un muro y la dejó inconsciente.
-¡Ay!- Akane se frotó un feo chichón detrás de la cabeza, y siseó dolorida cuando Yuki-onna limpió cuidadosamente un desagradable corte en su hombro que había recibido debido al impacto contra la pared. Si fuera un muro normal, probablemente no se habría hecho mucho daño, pero en los dominios de Yuki-onna, alguna de las paredes eran formaciones naturales de hielo, repletas de filos cristalinos. Akane tuvo la mala suerte de golpearse con una de ellas.
La mujer de la nieve tocó la piel alrededor del corte con la punta del dedo y adormeció la herida con su toque helado. Akane se estremeció, poniéndosele la carne de gallina por todo el brazo. -Oooh, eso está frío,- se quejó.
Yuki-onna se echó hacia atrás y arqueó una de sus delicadas cejas. -¿Qué prefieres tener, Akane, dolor o un poco de frío?- preguntó tranquilamente.
-En estos momentos, no quiero ninguno de los dos,- soltó Akane irritadamente, mirando enojada a Masakazu, el cual estaba tranquilamente a su lado. -Ni más dolor, ni más frío. De hecho, me gustaría pasar un agradable día caluroso en la playa ahora mismo. ¿No te cansas nunca de todo este hielo y nieve?-
-La verdad es que no.- Yuki-onna sonrió complacida y se atusó su larga cabellera blanca.
-Ya, ya. Akane,- le consoló Masakazu. -Estás siendo una mala perdedora.-
-Con énfasis en la palabra 'mala',- refunfuñó Akane.
-No hubiese podido romper tus defensas si hubieras sido capaz de controlar tu temperamento,- le regañó el Tengu. -Pierdes el enfoque, pierdes el combate. Aún así, debo felicitarte por haber esquivado mi ataque inicial. Tu salto fue impresionante. Te habrás dado cuenta, espero, de que has avanzado mucho desde que empezamos tu entrenamiento hace apenas dos meses.-
El temperamento de Akane se calmó con el cumplido, y su expresión se encendió con una sonrisa. -¿De veras? ¿Lo crees así?-
-Por supuesto. Pero bueno, ¿Qué esperabas conmigo como tu sensei? Ningún mortal ordinario podría enseñarte lo que yo te he enseñado.-
-Hmph. Menos mal que no confío en que me enseñes humildad,- respondió Akane sarcásticamente.
Yuki-onna se rió. -Yo también estoy impresionada, Akane. Esta es la primera vez en casi una semana que los he visto entrenar, y en tan poco tiempo, has mejorado drásticamente. Estarás lista para defender mi residencia dentro de nada.-
Akane se volvió hacia la mujer de la nieve, algo seria y un poco nerviosa. -Um, ahora que lo mencionas, he estado intentando preguntar... He estado aquí desde hace dos meses ya, y los únicos ataques que he visto han venido de Masakazu-sensei. Sigues diciendo que necesito defender tu casa y que tú necesitas un guardaespaldas; pero hasta ahora no he visto nada ni nadie por los alrededores de lo que pudieras necesitar que te defendiese.- Akane tragó saliva y miró al suelo. -¿Estás... estás segura de que me necesitas?-
La mujer de nieve sonrió dulcemente. -Akane, la razón por la que nadie ha sido capaz de invadir mi hogar es porque estoy usando una porción sustancial de mi magia para mantener una barrera continuamente entre mis dominios y el resto del plano Kami. Esto supone un gran drenaje de mis energías.-
Akane parpadeó. -OH... No tenía ni idea,- dijo, sonrojándose avergonzada. -No me extraña que estés tan cansada después de tratar de desentramar el hechizo de sangre todos los días. Yo... siento causarte tantos problemas.-
-No importa en absoluto,- dijo Yuki-onna firmemente. -Es parte de nuestro trato. Tú me sirves como guardaespaldas, y yo te libero del hechizo. Una vez que seas completamente capaz de defender mi residencia, podré bajar la barrera mágica y tendré de nuevo todos mis poderes a mi servicio.-
Los ojos de Akane se abrieron de par en par. -¿Todos tus poderes? Eso significa...-
-Eso significa,- interrumpió Masakazu, -que cuanto antes seas capaz de defender la residencia, antes podrá Yuki-onna tener acceso al poder necesario para liberarte de la influencia del hechizo bajo el que estás sometida.-
-He estado haciendo lo poco que he podido bajo las circunstancias,- añadió la mujer de la nieve. -Pero una vez tomes tu lugar como mi guardaespaldas, y tenga total acceso a mi magia, podré acelerar el proceso sustancialmente. Debes saber,- continuó, viendo la esperanza florecer en el rostro de Akane, -que tuve esto en cuenta cuando te di la estimación del tiempo. Sigo creyendo que me tomará cerca de siete años romper el hechizo, quita o añade un par de meses, dependiendo de cuan rápidamente aprendas las habilidades necesarias para derrotar a los intrusos."
La expresión de Akane cayó. -OH,- dijo débilmente. Por un breve y maravilloso momento, pensó que podría volver a casa antes.
-Ranma...-
Las lágrimas, que había evitado durante semanas, amenazaron con volver de nuevo, y Akane les dio la espalda al Tengu y la mujer de nieve, no quería que la viesen llorar. -Lo siento,- dijo con un nudo en la garganta. -Yo... Creo que me iré a mi habitación. Tengo que arreglarme para la cena.- Entonces se marchó rápidamente.
La mujer de nieve y el Tengu observaron su marcha.
*Deberías decírselo, ¿no lo has hecho?* Yuki-onna se asustó un poco cuando la voz mental de Masakazu penetró en su cabeza.
-No tienes por qué hacer eso,- le dijo enojada. -Se ha ido, no puede oírnos. Y respondiendo a tu pregunta, no. No se lo he dicho. No tengo intención de ello. Y tampoco se lo digas tú.-
Masakazu suspiró. -Yuki-Chan, sé lo que estás pensando. Y te equivocas. ¿No crees que sería mejor para Akane si le dieses alguna esperanza? ¿Si le hicieses saber que aún puede recuperar todo lo que ha perdido?-
Yuki-onna se volvió hacia el Tengu, con los ojos encendidos. -¿Y tú qué sabes lo que es mejor para ella? ¿Sabes algo sobre ese chico al cual cree que ama? ¿Sabes qué tipo de vida la espera si vuelve al plano mortal y él sigue allí, esperando a atormentarla como de costumbre?-
Masakazu parpadeó, con sus ojos negros inhumanamente tranquilos. -Sé más de lo que puedes imaginar, Yuki-Chan. No tengo derecho a decirte lo que debes hacer en tu propio dominio, pero te pido que reconsideres el curso de acción que estás tomando. Recuerda, tu experiencia no es el prototipo de la vida de Akane, o de cualquier vida mortal en ese sentido.-
Yuki-onna miró al Tengu con una fría rabia cruzando sus facciones. Finalmente habló. -Debo ir a ver a mis sirvientes,- dijo en un tono neutral, -y asegurarme de que preparan la cena correctamente.-
El Tengu mantuvo la mirada firmemente. -Entiendo,- dijo simplemente. Y en un abrir y cerrar de ojos, se había ido, dejando a la mujer de nieve mirando al vacío.
La mujer de nieve se colocó frente a su espejo. Masakazu no lo entendía. Tenía que proteger a Akane; protegerla tanto de su arrogante, bruto y mujeriego prometido como de su propia ignorancia. Pero no era por eso para lo que estaba aquí, en pie delante del espejo. No, simplemente necesitaba confirmar el descubrimiento que había hecho mientras trataba de deshacer el hechizo de sangre.
Inclinándose hacia delante, sopló al espejo. Este se congeló y comenzó a resplandecer mágicamente. -Muéstrame al chico,- le susurró.
La imagen se aclaró para mostrar a Ranma dando vueltas en un confortable salón, con frustración evidente en su rostro. De vez en cuando se echaba al suelo y hacía un par de flexiones o unas abdominales para romper la monotonía.
Sentada encogida en una silla, observándole ir de un lado a otro, había una chica atractiva de pelo corto y marrón claro. En sus manos sostenía un libro, aparentemente olvidado mientras parecía estar completamente absorta mirando al muchacho. La frustración era también evidente en su rostro. Yuki-onna contempló divertida como el nivel de enfado de la chica se elevaba hasta el punto de ebullición.
Finalmente estalló. -¡Ranma!- le gritó, haciendo que el chico se asustara y la mirase. -Serías tan amable de ¡ESTARTE QUIETO! ¡Me estás VOLVIENDO LOCA!- La chica pareció calmarse al ver la expresión de asombro en el rostro del chico. -Si necesitas moverte incontrolablemente,- continuó en un tono más suave, -por favor. Hazlo fuera.-
Ranma la observó apesadumbrado. -Lo siento, Nabiki. No me di cuenta... Tengo un montón de cosas en la cabeza.-
-Entiendo, Ranma. Pero dar vueltas por la casa no va a hacer que Cologne y Shampoo lleguen antes. No volverán de China hasta dentro de dos días.-
La mirada de Ranma se endureció repentinamente. -Suerte para ellas,- dijo él. -Cuando les ponga las manos encima, voy a hacerlas arrepentirse de haberle hecho eso a Akane.-
-Sí, por supuesto,- replicó Nabiki. Había escuchado esto durante los últimos dos días enteros, y por mucho que estuviese de acuerdo, se estaba haciendo un poco monótono. -Tan solo asegúrate de que deshacen el hechizo antes de acabar con ellas, Ranma,- le dijo fríamente. -Y si yo fuera tú,- continuó, -Dormiría un poco. Podrás derribar muros ahora mismo, pero no hace falta ser médico para ver que si no dejas de moverte ni un segundo, te desmayarás de cansancio. No sé como esperas derrotar a Cologne en tal estado.-
Ranma miró a Nabiki, y dejó caer los hombros, como si se diera cuenta por primera vez de lo cansado que estaba en realidad. -Tienes razón, Nabiki,- le dijo. -Trataré de descansar un poco.- Se dio la vuelta y salió de la habitación.
Nabiki miró a la figura retirándose asombrada. ¿Le había hecho caso? ¿E iba a seguir su consejo? ¡Si que debe estar cansado!
Yuki-onna escuchó la conversación entera con interés. La dilatación del tiempo entre planos era siempre un poco confusa; pero parecía que solo había pasado un día en el plano mortal desde que el hechizo fue lanzado. Los pobres mortales estaban aún pensando cómo podrían romper el hechizo.
La mujer de nieve frunció el ceño. Si Akane supiera acerca de la dilatación temporal... Si ella supiera que una vez el hechizo de sangre fuera roto, podría volver al plano mortal habiendo pasado tan solo unos meses en contra de los siete años que habría pasado en el plano Kami...
Seguramente se marcharía. Se iría y volvería a vivir bajo el abusivo y desesperanzador dominio del hombre cuya imagen aparecía en su espejo.
Yuki-onna cerró una de sus delicadas manos en un puño.
No podía dejar que eso ocurriese.
Ella contempló fríamente como Ranma salía de la casa. Su expresión cambió a una de asombro cuando le vio llegar al tejado con un simple salto. Akane estaba en lo cierto. Era un artista marcial formidable.
Ranma se acostó sobre el tejado, con las manos detrás de la cabeza y miró a las estrellas, con el rostro marcado con una mezcla de frustración y tristeza.
-Más cerca,- susurró la mujer de las nieves.
La imagen giró y cambió. Ahora estaba lo suficientemente cerca como para ver su Ki. Como era de esperar, el hechizo de sangre estaba enlazado con su energía vital. Fugazmente, se preguntó lo que le habría hecho, entonces se olvidó de ello al carecer de importancia.
Ella se concentró en su Ki, con su mente enfocada hacia Akane...
Ahí estaba. Una pequeña, casi microscópica hebra de sangre de dragón, idéntica a la del Ki de Akane. Un extremo de la hebra estaba firmemente enraizado en el hechizo, y el otro extremo... simplemente se desvanecía, aparentemente sin estar unido a nada en absoluto. Lo cual estaba lejos de ser cierto.
-Maldita sea, están conectados,- gruñó la mujer de nieve. -Me lo temía. No me extraña que Akane no pueda desembarazarse de su prometido. Mientras hubiese una conexión entre las dos mitades del hechizo, lo mismo que le había separado de Ranma al mismo tiempo la mantenía en contacto con él-
Tenía que romper el enlace de algún modo. Pero la única manera de romper el enlace era quitando la hebra de sangre de dragón que servía de conexión entre el plano mortal y el plano Kami, y esa hebra en particular estaba arraigada profundamente en el hechizo. No tenía ni tiempo ni deseo de romper el hechizo sobre Ranma.
La mujer de la nieve esbozó una perversa sonrisa. -Está bien,- susurró. -Hay más de una manera de romper el poder de un hechizo sobre alguien. Y de este modo, mataré dos pájaros de un tiro.-
Examinando el Ki de Ranma, supo que sería cosa de minutos antes de que cayese dormido. El chico estaba exhausto, así que esperó pacientemente.
Ranma miró al cielo nocturno, sintiendo los párpados cada vez más pesados. Alguna parte de su instinto le advertía que tenía que permanecer despierto, que tenía que luchar contra el cansancio que recubría su cuerpo; pero no podía imaginarse por qué. Y estaba tan cansado... Llevaba casi 56 horas sin dormir, incapaz de pensar en otra cosa a excepción de rescatar a Akane de donde estuviera. Pero Nabiki tenía razón. Tenía que dormir algo, de lo contrario estaría demasiado agotado como para enfrentarse a Cologne y Shampoo y obligarlas a deshacer el hechizo cuando volvieran de China.
Sus ojos se humedecieron cuando se preguntó por enésima vez qué estaría haciendo Akane en esos momentos. Se preguntaba si estaría asustada, o si estaría enfadada con él por no ser capaz de salvarla. Sabía que estaba viva. Las voces del hechizo que se habían convertido en un murmullo constante en el fondo de su cabeza insistían en ello. ¿Pero estaría a salvo? ¿Estaría herida? ¿Estaba sola o con otras personas?
Suspiró profundamente mientras el sueño le embargaba lentamente. -Por favor, que estés bien Akane,- susurró. -Prometo que te encontraré.- Incapaz de resistir el cansancio por más tiempo, cerró los ojos entrando en un profundo sueño.
Yuki-onna sonrió ferozmente y apoyó las manos contra el espejo. Invocando todo fragmento de magia que pudiera utilizar, empujó. La superficie del espejo se hizo líquida y la mujer de las nieves pasó a través de ella.
Pudo comprobar inmediatamente que era primavera. La fría brisa que acarició su pálida piel hablaba de cosas más cálidas por venir.
-Definitivamente no es mi estación,- murmuró. Sería un poco más difícil acceder a sus poderes, pero no demasiado. Observó desapasionadamente al joven durmiente a sus pies. Hacía tiempo desde que le había hecho algo como esto a nadie. Pero también, hacia tiempo que nadie le había dado tantas razones para ello.
Se arrodilló al lado del chico. Parecía tan pacifico mientras dormía, casi inocente. Pero las apariencias engañan. Sus ojos resplandecieron fríamente cuando pensó en el dolor que este muchacho le había causado a Akane. Con una dulzura que falseaba sus intenciones, alzó una de sus mortalmente pálidas manos y le acarició el pelo moreno del flequillo.
Sí, era guapo. Más incluso en persona que cuando le miraba a través del espejo. Casi podía entender porqué Akane había quedado prendada de él...
La mujer de la nieve se inclinó sobre el chico, con su largo y reluciente cabello cayendo suelto alrededor de su rostro, hasta que sus labios casi tocaron los de Ranma. Ella cerró los ojos y separó ligeramente los labios.
Y entonces sopló.
La escarcha comenzó a cubrir la cara de Ranma. Esta lentamente se extendió cubriendo su pelo, su cuello y sus hombros, viajando sobre sus brazos y su pecho y finalmente sus piernas hasta que su cuerpo entero estuvo cubierto con una perfecta capa cristalina.
Ranma comenzó a estremecerse. La mujer de las nieves le tocó en la frente y dejó de temblar. -No puedo dejar que te despiertes, cariño,- dijo suavemente. Con su habilidad, podría escapar de ella fácilmente.
Segura de que el hechizo de sueño envolvía firmemente la mente del joven, puso sus blancos dedos sobre su pecho y dejó al frío escapar de ella, permitiéndole entrar en el cuerpo de Ranma; congelando lenta y cuidadosamente la sangre que corría por sus venas.
Pasaron los minutos y Ranma descansaba inmóvil mientras la Mujer de la Nieve le congelaba lentamente hasta la muerte. Su piel tomó un mortecino tono azulado. Yuki-onna se estremeció de sádico placer mientras sentía como la vida del joven se escapaba bajo sus helados dedos. Ya no quedaba mucho...
-A... Ak-kane...-
La mujer de la nieve levantó la vista, asustada por el casi inaudible susurro. El chico había hablado. Pero eso era imposible. Estaba muriéndose entre sus manos en ese mismo instante. Podía sentir como se ralentizaba su corazón, incapaz de resistir el frío helado que le introducía. Podía ver su Ki parpadeando débilmente, sin embargo, el hechizo de sangre que lo infectaba se aferraba tenazmente incluso aunque su vida se apagase, negándose a soltar su presa hasta que la última chispa de vida del joven fuera extinguida.
Ella le miró a la cara. Él tenía la piel azul y seguía cubierta de escarcha.
Entonces Yuki-onna abrió los ojos de par en par cuando vio las lágrimas.
Cálidas lágrimas surgieron de los ojos cerrados del joven, bajando por sus mejillas y fundiendo la escarcha a su paso. Sus labios congelados volvieron a tratar de formar palabras.
-A-kane... Te quier...-
No. Las manos de Yuki-onna se apartaron del pecho de Ranma y ella le miró conmocionada. Él no... No podía... No era posible...
Entonces sintió una presencia familiar tras ella.
-Masakazu-san,- susurró.
-Yuki-Chan.- El Tengu no hizo ningún movimiento. -¿Vas a deshacer lo que le has hecho a este chico, o debo intervenir? No tengo porqué recordarte que ya no estamos en tus dominios.-
-Yo...- Yuki-onna tragó saliva y miró al muchacho; a los rastros de lágrimas bajando por sus carrillos incluso tan cerca de la muerte. Sus susurrantes palabras hacían eco en su cabeza. Era casi como si él supiese...
-Le... Levantaré mi hechizo sobre él,- susurró derrotada, sabiendo que aunque ella no lo hiciese, lo haría Masakazu. Ella colocó sus manos sobre el pecho de Ranma otra vez, esta vez absorbiendo la amarga frialdad a su interior, permitiendo licuarse a su sangre y a su corazón latir libremente de nuevo.
Cuando hubo acabado, se dio la vuelta para mirar al Tengu. Este pasó a su lado y se arrodilló junto a Ranma, presionando varios puntos de shiatshu para asegurarse de que el joven se recuperaba completamente. Entonces se volvió hacia la mujer de nieve. Sus ojos negros relucían ferozmente, y sus plumas rojizas brillaron con la luz de las estrellas.
-Estuviste a punto de cometer un gran error, Yuki-onna.- Yuki-onna. No Yuki-Chan. Estaba enfadado. Masakazu rara vez se enfadaba. -Trataste de tomar una vida que no te pertenecía, completamente fuera del dominio de tu jurisdicción. Tu rabia fuera de lugar por lo que sucedió hace siglos te ha hecho odiosa. ¿Estás segura que lo que tienes para ofrecerle a Akane es mejor que lo que le ofrece este chico? Oíste las palabras de sus propios labios cuando intentabas acabar con su vida.-
La mujer de las nieves luchó consigo misma, entonces apretó los dientes. Alzó la vista y mantuvo la mirada con el Tengu, con sus ojos cargados de resignación. -Quizás... quizás me equivocase con él. Él parece... quererla.- Le dijo, como si aún lo encontrara difícil de creer.
La dura mirada del Tengu se suavizó ligeramente, y asintió. -Tanto que el último deseo de su alma agonizante era expresar ese amor,- dijo. -¿Qué vas a contarle a Akane?-
Yuki-onna guardó silencio para considerarlo detenidamente. -Nada,- respondió al fin.
-¿Nada?- Masakazu frunció el ceño.
Yuki-onna suspiró fuertemente. -No podemos asegurar que la dilatación temporal sea constante desde ahora hasta que termine de romper el hechizo. No interferiré en su... relación con este joven,- dijo reluctantemente, señalando a Ranma con una de sus esbeltas manos. -Pero tampoco le daré esperanzas de que volverá al mismo mundo que dejó. Siete años en el plano Kami la harán cambiar. Incluso si nada cambia aquí, se sentirá como una extraña entre sus amigos cuando regrese. Es mejor prepararla para lo mejor y permitirla llevarse una grata sorpresa, antes que levantar sus esperanzas y ser arrollada por acontecimientos fuera de su control.-
El Tengu guardó silencio un momento y asintió. -Eso es sabio, Yuki-Chan. No esperaba encontrar tal sabiduría momentos después de encontrar tanta estupidez.- Sus ojos negros sonrieron sobre su inexpresivo rostro de ave. -Volvamos a donde pertenecemos.-
Ranma parpadeó despertándose mareadamente para encontrase a Nabiki arrodillada sobre él, agitándole de los hombros y gritando su nombre. En cuanto ella le vio abrir los ojos, le soltó, dejándole caer sin ceremonias contra el tejado con un doloroso Pum.
-Ya era hora de que te despertaras, Saotome,- le dijo enojadamente mientras Ranma se sentaba frotándose la cabeza y frunciendo el ceño. -Duermes como los muertos.-
Ranma, aún medio dormido, no le respondió mientras sus pensamientos debatían sobre los extraños y perturbadores sueños que habían plagado su sueño. Normalmente no recordaba sus sueños, excepto ciertas pesadillas recurrentes en las que se involucraban o gatos, o fuentes con cañas de bambú clavadas en ellos. Pero él recordaba este, aunque...
Él soñó que se había quedado dormido en el tejado, pero que entonces se despertó y vio a Akane en pie junto a él. Se había alegrado tanto de verla, tan contento de que estuviese bien que había deseado abrazarla de un salto, sin preocuparle siquiera qué hubiera ocurrido si alguien le veía.
Pero no podía moverse. Estaba congelado en el sitio, incapaz de articular palabra. Fue entonces cuando se dio cuenta de lo extraña que parecía Akane. Su piel era blanca y sin vida, sus ojos brillaban con rabia y desprecio. La expresión en el rostro de Akane envió una punzante angustia a su corazón. -¿Akane?- pensó. -¿Q-Qué...?-
Ella se arrodilló junto a él, y Ranma tragó saliva nerviosamente ante lo hermosa que estaba, a pesar en odio que ardía en sus ojos. Él quería abrir la boca, disculparse, decir cualquier cosa; pero estaba completamente inmóvil. Esperó a que le aplastase de un puñetazo contra el tejado, o que al menos le pusiese en orbita de una patada. Pero en vez de eso, para su sorpresa, escuchó su voz en su mente.
*Esto,* le dijo, *es por todas las veces que me has herido, por todas las veces que me has decepcionado. Esto es por ser un pervertido egoísta e insensible. Y esto es por todas las veces que te has acobardado y nos has querido expresar tus verdaderos sentimientos por mí.*
Ranma miró a Akane, aturdido. La agonía producida por sus palabras fue peor que cualquier dolor físico que jamás hubiera experimentado. -¡Espera, Akane!- Pensó desesperadamente, luchando por mover su cuerpo inerte de algún modo. -¡Por favor! Lo siento, siempre quise decírtelo, yo...-
Sus pensamientos fueron cortados abruptamente cuando ella le besó ligeramente en la boca, congelando su mente por el shock. El susurrante toque de sus labios envió fuego helado a través de la piel de su rostro, y habría gemido de dolor si fuera capaz de moverse. En vez de eso, el se quedó tumbado e indefenso mientras el ardiente hielo se extendía desde su cara al resto de su cuerpo, penetrando en su piel. Entonces, Ella colocó sus blancos dedos sobre su pecho y comenzó a extraerle la vida.
-Ella... me está matando,- se dio cuenta Ranma. Todos los sentimientos de pánico fueron extraídos de él, dejando sólo una profunda tristeza mientras el negro frío helado devoraba lentamente su consciencia. -Le he hecho tanto daño, me odia tanto, que está matándome. OH, Akane, Lo siento tanto, ¿Qué te he hecho para obligarte a esto? Desearía poder decirte...-
Tenía que decírselo. No era capaz ni quería luchar contra ella; pero no podía morir sin hacérselo saber. Enfocaría toda su fuerza y voluntad en un último acto. Su mente luchó, apartando a la muerte helada que estaba apoderándose lentamente de él, y obligó a sus pulmones incrustados de hielo a expandirse,...
-A... Ak-kane...-
Dolía. Sintió como si sus congeladas entrañas se fragmentaran con el esfuerzo. EL oscuro vacío de la muerte ahora estaba engullendo rápidamente sus últimos pedazos de vida. Tenía que apresurarse, antes de que fuera demasiado tarde...
-A-kane... Te quiero...-
De repente Akane ya no estaba arrodillada a su lado, sino una extraña mujer con la misma piel blanca y un pelo largo y blanco. Ella le miraba, con una expresión de shock en sus ojos azul hielo.
-¿Dónde ha ido Akane?- Ranma sintió como si resbalase, la oscuridad se hizo completa. -Espero que me haya oído,- pensó.
Y después no sintió nada.
Nada hasta que Nabiki le despertó.
-Oye, Ranma, ¿Estás bien?- El enfado de Nabiki había cambiado a preocupación mientras miraba al prometido de su hermana. Parecía estar realmente ausente.
Ranma la miró como si acabara de darse cuenta de que estaba allí. -¿Nabiki?- preguntó, mientras se le aclaraba un poco la vista. Mirando alrededor descubrió que todavía estaba sobre el tejado y que todavía estaba oscuro. -OH Dios,- gruñó, sosteniéndose la cabeza. -Acabo de tener la pesadilla más extraña de mi vida.-
-Ya me la contarás más tarde,- respondió Nabiki, gateando hacia la escalera que había colocado pegada al borde del tejado. -Ahora tenemos asuntos urgentes que atender.-
Ranma sacudió la cabeza, tratando de apartar de sí los restos del sueño fuera de su cerebro. -¿Qué asuntos?- preguntó, algo confuso.
Nabiki se detuvo mientras descendía por la escalera y miró a Ranma llanamente. -Puse a alguien a vigilar el Nekohanten,- le dijo. -Acabo de recibir su palabra de que hace un par de minutos que Shampoo y Cologne han regresado de China.-
La noticia golpeó a Ranma como un rayo, y de repente se encontró completamente despierto. Despierto y furioso. -¡¿Han vuelto?- Olvida los sueños, olvida las voces del hechizo. Esto era algo que podía comprender; algo con lo que podía tratar. Su aura de combate cobró vida, y sus ojos azules se entrecerraron en anticipación. Saltó por encima de Nabiki y aterrizó en el césped. -¡Me voy!- gritó, corriendo hacia el muro que rodeaba la casa y saltando a un tejado vecino.
-¡Ranma, espera!- gritó Nabiki tras él. -¡Vamos contigo!- Pero era demasiado tarde. Ya estaba fuera de radio de escucha. -Idiota,- murmuró, bajando por la escalera.
Ryouga salía por la puerta del patio cuando ella llegó a al suelo. -Bueno, ¿Ya lo despertaste?- le preguntó.
-Está despierto, Hem, y se ha ido,- le dijo. -Ni siquiera esperó a que le dijese que Ukyo quería ir allí también. Ella está bastante afectada por lo que Shampoo le hizo a Ranma.-
Ryouga apretó los puños. -¡Ese estúpido!- rugió. -¿Cómo te atreves a marcharte sin mí? ¡Ranma!- Y con un grito de guerra, Ryouga saltó sobre el muro y a un tejado vecino.
-¡Ryouga, espera!- gritó Nabiki. -Vas en dirección...- Pero ya era demasiado tarde. Se había ido. Nabiki lanzó un gemido de exasperación. -¡Idiota!- exclamó. Entonces suspiró. Quería a su hermana de vuelta, y quería estar allí para asegurarse de que Cologne o Shampoo no trataban de jugar sucio. -Bueno, creo que llamaré a Ukyo y le pediré que nos encontremos allí,- se dijo. -Parece que va a ser una noche muy larga.-
Fin del capitulo cinco
RRR
¿Hola? … mmm ¿todavía alguien lee esto?
Bueno, no me puedo quejar ya que esto no es mío, pero sus reseñas en verdad me dan ánimo de continuar n.n
Gracias .Ro0w'z. por tus comentarios y por tomarte la molestia de comentar cada capitulo fuiste la/él única/o u.u (no se si eres ella o él)
De todas formas les agradezco a todos el tiempo que dedican en leer esta humilde traducción y… ¿Qué creen que pase?
Nos leemos en 15 días…
Gracias y hasta pronto…
