Hearts of Ice
Parte 8: Barreras (Barriers)
Por Krista Perry
RRR
-¿Querías verme, Yuki-san?-
La mujer de la nieve levantó la vista de sus escritos, con su larga cabellera blanca fluyendo a su alrededor hasta el suelo, para ver a Akane en la puerta de sus aposentos, sonriéndole. La joven llevaba puesto el nuevo traje de seda de color zafiro y sus pantalones a juego con tiras doradas que había confeccionado para ella. El atuendo estaba ajustado por la cintura con un cinturón dorado, para dar énfasis a sus curvas femeninas. Colgada a la espalda estaba su ahora siempre presente katana; un regalo de Masakazu.
Yuki-onna le devolvió cálidamente la sonrisa y le indicó a Akane que se sentara. -Entonces, ¿te gusta?- preguntó mientras Akane se sentaba junto a ella.
Akane sonrió y acarició la seda de su chaqueta. -Oh sí, gracias. Es precioso. Y muy cómodo, no aprieta nada.- Entonces su sonrisa dejó paso a una gran gota de sudor. -Aunque no sé cuanto va a durar. Ese oni tan persistente de ayer me dejó hecho jirones el anterior.-
-Ah, bueno. Si se estropea, eso me dará una excusa para hacerte otro, como de costumbre.- Yuki-onna sonrió, pero entonces alzó una ceja preocupada. -¿Cómo está tu brazo? ¿Mejor?-
-Gracias a ti.- Akane extendió el brazo para que la mujer de la nieve lo examinara. -Difícilmente se diría que me lo quemé. Si hubiera saltado un segundo antes, no me habría alcanzado con esa llamarada.- Ella suspiró, apartándose de los ojos los mechones de pelo oscuro y jugueteó con uno que le llegaba a los hombros. -Sensei me lo va a echar en cara, estoy segura.-
La mujer de la nieve se rió. -Bueno, podrías contarle que yo he dicho que me aseguraré de que tenga un resfriado durante una semana si lo hace. Además, por lo que he oído, el oni se llevó la peor parte.-
Akane se sonrojó, complacida y se rió ligeramente. -Bueno, digamos tan solo que dudo que ese oni en particular vuelva detrás de ti en un futuro próximo.-
-Me alegro mucho de oír eso. Sabes, he estado observando tus luchas de entrenamiento con Masakazu. Te estás volviendo una experta con tu espada.-
-Bueno, aun queda mucho espacio para mejorar,- dijo Akane. -Estoy aun a años luz de derrotar a Sensei.- -Je. Aun así sería capaz de ofrecerle a Ranma una buena pelea,- pensó, sabiendo que era mejor no expresar pensamientos acerca de su prometido demasiado alto enfrente de la Mujer de las Nieves. Yuki-onna no diría nada, pero siempre que mencionaba a Ranma, Akane podía sentir que su amiga se volvía fría y enojada. Suspiró, con una triste sonrisa en el rostro. -Me pregunto qué estará haciendo. Seguro que se sorprendería si me viese ahora...-
Gracias el riguroso y despiadado entrenamiento de Masakazu-Sensei los últimos nueve meses, había desarrollado sus habilidades de combate hasta el punto de ser ahora una luchadora a tener en cuenta. Era más rápida y diestra de lo que había sido nunca – o jamás hubiera esperado ser – y su habilidad con la espada había hecho más que sobrepasar cualquier cosa que hubiera visto a Kuno hacer con su bokken.
Akane sonrió traviesamente, recordando el momento en que Masakazu-Sensei había decidido entrenarla en el uso de la espada. Ante su insistencia, ella había tratado de desarrollar un ataque de energía. Tras tres semanas, Masakazu se había llevado las manos a su emplumada cabeza en exasperación...
Recuerdo…
-Akane,- gruñó el tengu, -¿Cómo es posible que seas incapaz de captar este simple y fundamental aspecto de las artes marciales? No puedes esperar derrotar a un demonio sin aprender a enfocar tu energía. No puedes simplemente darle un puñetazo a un demonio, ¿sabes? Los habitantes de este reino deben ser derrotados con energía espiritual.-
-Lo sé, ya lo sé,- soltó Akane, con la boca torcida de frustración. -¡Es solo que no puedo! ¡No sé por qué!- Entonces la rabia se desvaneció y se dejó caer al suelo, sentándose con las piernas cruzadas. Se miró abatidamente a las manos, con su pelo corto colgando en mechones frente a sus cansados y tristes ojos.
-¿Por qué no puedo hacerlo? Ranma hacía que pareciese fácil,- dijo en voz baja. -Él se concentraba, y la energía salía de sus manos.- Recordó la descarga de energía que él lanzó contra el hechizo. Ella no le había visto usar tal cantidad de poder antes. Sí, le había dejado totalmente agotado, pero él había invocado y enfocado el poder sin esfuerzo. Otra vez, cuando se trataba de artes marciales, Ranma parecía hacer todo tan fácilmente...
-¿De vuelta a Ranma, no es así?- preguntó el tengu, y sus ojos parpadearon con una simpatía que ella no alcanzó a ver. Él suspiró y sacudió la cabeza. -Encuentro sorprendente que puedas contener tantos sentimientos entremezclados hacia ese chico en tu corazón. Un instante estás doliéndote por su falta y al siguiente estás locamente celosa por su superior habilidad como artista marcial, o por pensar que podría estar pasando el tiempo con una de sus 'otras prometidas'-
-Lo de las prometidas lo entiendo,- dijo él, cuando Akane se encogió ante su tono exasperado. -Pero ¿cómo puedes envidiarle cuando él sobresale en algo de lo que está tan orgulloso, y que le da tanta felicidad? Corrígeme si me equivoco, pero tenía la impresión de que tú estabas enamorada de Ranma.-
Akane se sonrojó tanto por la vergüenza como por la pena. Vergüenza porque, aunque ella lo había admitido, le seguía sonando extraño tener a alguien opinando de sus verdaderos sentimientos por Ranma – algo que el tengu hacía frecuentemente, a pesar de su despiadado hábito de atormentarla con la voz de Ranma durante sus combates de entrenamiento. Pena porque sabía que Masakazu-Sensei tenía razón. Si realmente quería a Ranma, no debería enfadarse con él solo porque estaba dotado para las artes marciales, cuando ella tenía que luchar y pelear por cada ápice de mejora en sus habilidades. Debería estar orgullosa de él, feliz por él.
En realidad, ella estaba orgullosa de él. Aunque nunca lo hubiese admitido unos meses antes, Ranma era fuerte y ágil y... apuesto. Y tan agradable cuando se lo proponía. Cuando ella le permitía serlo...
El recuerdo de Ranma haciendo sus katas matutinas surgió en su mente. Su fluida gracia, su intensa concentración, la forma en que sus músculos perfectamente entonados se movían mientras seguía cada complicada rutina... Ella recordaba estar observándole desde la ventana de su habitación, con su expresión sorprendentemente suave y sintiéndose orgullosa, alegre en su corazón por que él fuera su prometido. Si tan solo se lo hubiera dicho...
Ella suspiró. Lágrimas de nuevo. Se las secó enojadamente. ¿Cómo iba a pasar por seis años y medio de esto? Tenía tantos remordimientos sobre como había manejado su relación con Ranma, tanto miedo de que nunca tuviera la oportunidad de decirle lo que realmente sentía...
-Oh Ranma. Te echo de menos. Por favor, no te olvides de mí...-
-Akane. Quiero que tengas esto.-
Akane levantó la vista, secándose la humedad de sus ojos, para ver a Masakazu ofreciéndole una katana con la hoja descansando sobre sus emplumadas manos. Ella se levantó, con la confusión recorriendo su rostro mientras tomaba la espada por la empuñadura y la sostenía.
-¿Tú... quieres que aprenda kendo?- preguntó, tratando de apartar los pensamientos hacia Ranma para poder concentrarse en las enseñanzas de su Sensei. Le dio a la espada un giro circular experimental con un movimiento de su muñeca. Su peso y balance se ajustaban a ella perfectamente, y sonrió. Se había entrenado un poco en el kendo, pero sabía por propia experiencia que cualquier cosa que Masakazu le enseñase sobrepasaba siempre todo lo que ella hubiera aprendido antes de llegar al plano Kami. Era como si todo el entrenamiento que había hecho en el plano mortal hubiera sido en una habitación en penumbras, mientras que ser entrenada por el Tengu era como correr las cortinas y dejar que entrase la luz del sol.
-En realidad,- respondió, -quiero intentar un pequeño experimento para ver si te ayuda a enfocar tu ki. Sé que no te falta,- dijo, con sus ojos negros reluciendo. -Tu aura de combate, la cual arde con tanta frecuencia, es una prueba de ello.-
Akane contempló admirada la afilada hoja. Era un arma preciosa. -¿Pero como va a ayudarme una espada a concentrar mi ki?-
El tengu ladeó la cabeza y parpadeó, al estilo de las aves. -Creo que tu problema con el enfoque de energía es tu incapacidad de encontrar tu propio camino. Has pasado demasiado tiempo tratando de imitar los métodos de Ranma, cuando estos no se ajustan a ti. Piensa en la vez que Ranma trató de dominar el Shishi Houkodan de Ryouga. Él no pudo dominarlo porque no encajaba con su personalidad.-
Akane parpadeó, pero no dijo nada. Ella siempre encontraba enojante la forma en la que el tengu era capaz de extraer memorias de su mente y usarlas como ejemplos didácticos. Aun así, eso mantenía su honestidad, especialmente consigo misma. Sabía que nunca podría ocultarle nada a Masakazu-Sensei.
-Ranma creó un ataque de energía que funcionaba para él,- continuó. -Tú necesitas hacer lo mismo, pero tú sigues quedándote bajo la sombra de Ranma. Su ataque de ki no te funcionará.- El tengu extendió su emplumada mano y la puso sobre la de Akane. -Debes separarte de ese complejo de inferioridad que tienes, Akane. Tú no eres Ranma, ni Shampoo, ni Ukyo o Kodachi.-
-Pero tú eres Akane. Tan pronto comprendas que eso es suficiente, descubrirás tu foco.-
Masakazu señaló la katana. -Piensa en esto como una parte de ti. Algo único, algo que te distingue de los demás, que te permite salir de la sombra de los demás y brillar con tu propia luz.-
Akane contempló el brillante metal de la espada y la sostuvo por el mango con ambas manos. ¿Podría de veras pensar en ella misma siendo tan brillante y hermosa como esa katana? Cerró los ojos y trató de sentir como si la espada fuera una extensión de sí misma. La voz de Masakazu parecía salir directamente de su mente.
*Concéntrate en ella, Akane. Piensa en ella como un símbolo de la fuerza que reside en ti. Deja que tu energía fluya a través de ti y de la katana. Permítela ser un conductor de tu ki, una representación física del poder en tu interior.*
Akane trató de imaginar lo que el tengu le estaba diciendo. Sintió su aura de combate construirse a su alrededor y trató de conducirla a través de sus brazos, de sus manos, hacia la sólida y extrañamente confortable empuñadura de la espada y a lo largo de su hoja curvada.
-¡Akane!-
Los ojos de Akane se abrieron ante la exclamación de Masakazu y contempló anonadada la espada que estaba sosteniendo. Parpadeaba con energía azul. Akane dejó escapar un grito de asombro y soltó la katana. Esta chocó contra el suelo y la energía se disipó al instante.
-¡Bien hecho, Akane! Sabía que podrías hacerlo.- Los ojos de Masakazu sonrieron sobre su inexpresivo pico. -¡Eso si que es algo que puede realmente dañar a esos demonios de ahí fuera!-
-Yo...- Akane parpadeó y sintió un nudo en la garganta. Una sonrisa de incredulidad se formó en sus labios. -¿...lo hice?- -Lo conseguí,- pensó extasiada. -No me lo creo. Tengo un ataque de ki.-
-Ahora que has conseguido tanto, el resto debería ser fácil.-
La alegría de Akane se desplomó. Sabía por propia experiencia lo que eso significaba. Ella gruñó en una exhausta protesta. -¿El... resto?-
Masakazu le palmeó en el hombro. -¡Por supuesto! Ahora que has conseguido saborear como se enfoca tu energía, necesitas practicar para controlarla. Si pudieras dispararla en descargas controladas desde tu espada, eso realmente les dará una razón a esos demonios para pensárselo dos veces. Y empezaremos con tu entrenamiento en el kendo inmediatamente. Tan solo la espada, especialmente cargada con tu ki, será un arma formidable...-
Fin del recuerdo.
-¿Quieres que trabaje en el hechizo de sangre ahora, o prefieres esperar hasta después de la cena?-
Akane parpadeó, saliendo de su ensoñación. La mujer de la nieve estaba sonriendo, con sus helados ojos azules parpadeando. -¿Y bien? Siento haberte desviado de tus pensamientos. ¿Todos los mortales se quedan con la mirada perdida tan a menudo como tú?-
Akane refunfuñó. -Muy graciosa,- dijo con una fingida seriedad que se disolvió en una sonrisa. -No me importaría si trabajases con el hechizo ahora, siempre y cuando te parezca bien.-
-Muy bien.- Yuki-onna dio unas palmadas a la alfombra que había frente a ella. -Ven, siéntate.-
Akane se puso en la posición de siempre, de espaldas a la mujer de nieve. La mujer de las Nieves se concentró y empezó a remover las briznas de sangre de dragón en el ki de Akane.
Siempre trabajaba en el mismo lugar, en el punto justo entre los hombros de Akane. Cuando Akane le había preguntado por qué, la Mujer de Nieve había respondido simplemente que allí había cierto mechón de sangre de dragón, entretejido profundamente en el hechizo, que si lograba alcanzarlo y quitarlo, resolvería un montón de sus problemas.
Así que cada día, la mujer de Nieve apartaba brizna tras brizna, tratando de contener al resto del hechizo que se movía para rellenar los huecos que dejaba, mientras intentaba alcanzar el problemático trozo que ella insistía que era el núcleo del hechizo.
Akane cerró los ojos, sintiendo la peculiar sensación de la magia mientras la Mujer de la Nieve trabajaba en silencio. Pasaron los minutos.
-Akane...-
Akane miró sobre su hombro. Normalmente no hablaba cuando la Mujer de la Nieve estaba trabajando, no deseando interrumpir su concentración. Se sorprendió de que Yuki-onna se hubiera dirigido a ella. -¿Sí?- preguntó.
De repente sintió detenerse la sensación de la magia cuando las manos de la Mujer de Nieve se quedaron quietas. Akane se dio la vuelta. -¿Algo va mal?- preguntó preocupada. Yuki-onna estaba mirándola con una extraña expresión pensativa. Nunca antes había visto una expresión parecida en el suave rostro de la Mujer de Nieve. -¿Qué pasa?- preguntó, creciendo su aprehensión. Tal vez pasaba algo malo con el hechizo de sangre...
-Akane...- dijo la mujer de la Nieve, con sus ojos brillando con una emoción indescriptible. -¿Te gusta... te gusta estar aquí?-
Akane suspiró con alivio y sonrió, tomando una mano de Yuki-onna. -Por supuesto que me gusta,- le dijo. -He aprendido tanto de Masakazu-Sensei y tú... tú has sido tan amable conmigo. Casi como una madre...- Akane enmudeció cuando brotaron lágrimas de los ojos de la mujer de nieve, deslizándose por sus mejillas y enfriándose hasta convertirse en cristales helados.
Akane se asustó, con sus cejas frunciéndose sobre sus ojos marrones con preocupación. Nunca había visto llorar a la Mujer de Nieve antes. -Lo siento ¿He dicho algo malo?-
La mujer de Nieve apartó los cristales de su rostro con una mano blanca y delicada, y sonrió temblorosa. -No, cielo,- dijo, dándole una caricia a la mano de Akane. -No has dicho nada malo. Yo... me alegro de que te guste.- Entonces le indicó a Akane que se diese la vuelta para poder continuar con su trabajo. Así lo hizo Akane, con una aliviada, pero ligeramente confusa expresión en su rostro.
-No te preocupes, Akane,- dijo Yuki-onna suavemente. -Llegaré a esa obstinada brizna de sangre de dragón. Entonces, cuando la elimine, todo se arreglará.-
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Akane se despertó repentinamente, incorporándose y alcanzando con la mano la vaina de la katana a su lado como si algo... anormal... le hubiera inducido a despertarse. Se deslizó fuera de su futón, instintivamente, moviéndose sigilosamente desde su habitación a los corredores cristalinos del hogar de la Mujer de la Nieve.
Se detuvo en el pasillo principal, donde la entrada y tres pasillos separados se interceptaban. Descalza y con su pijama blanco, sosteniendo su katana y con su pelo desordenado formando un halo estático alrededor de su cabeza, escuchó cuidadosamente. Extendiendo sus sentidos en la forma única que le había enseñado Masakazu, trató de localizar de donde procedía la intrusión innatural.
Frunció el ceño. Fuera lo que fuese, no era un oni. Los Oni eran escandalosos y destruían cualquier cosa que se interpusiese entre ellos y su objetivo deseado. Por no mencionar su olor tan característico – reminiscencia del pelo quemado – que despedían en toda ocasión.
¿Será un demonio? Se preguntó, poniéndose en tensión, tratando en vano de volver a captar la sensación que había sentido al despertarse. Los demonios podían tener todo tipo de formas y tamaños, y podían ser bastante silenciosos y escurridizos - e inodoros – cuando querían. Pero no, no sentía que fuera un demonio tampoco. Siempre sabía cuando había un demonio cerca por la sensación de opresión, casi sofocante que sentía en el pecho y porque su corazón se aceleraba unas cuantas pulsaciones en respuesta física a su presencia. No se sentía así en absoluto.
Aun así, algo la había despertado de un profundo sueño. Si no era un ataque, ¿Entonces de qué se trataba?
Se dirigió a los aposentos de Yuki-onna, del modo que siempre hacía cada vez que sentía que algo iba mal. Después de todo, siempre que alguien invadía el reino de la mujer de Nieve, normalmente venía en busca de la mujer de nieve en persona.
Aunque los días anteriores, habían habido instantes en que los lujuriosos invasores, mientras luchaban contra Akane para llegar hasta la mujer de Nieve, había llegado a la conclusión de que una mujer era tan buena como otra. Cada vez más a menudo, Akane descubrió que estaba defendiéndose a sí misma casi tanto como prevenía que los carnales habitantes del plano Kami llegasen a su amiga. De algún modo, las batallas le traían recuerdos de sus mañanas en la escuela Furinkan después de que Kuno hubiera impuesto ese estúpido desafío a la población masculina del cuerpo estudiantil.
Por supuesto, los demonios y los oni eran mucho más difíciles de derrotar en combate que un puñado de escolares enloquecidos por las hormonas. Pero no eran nada que no pudiera manejar con sus nuevas habilidades.
Akane frunció el ceño mientras se aproximaba a los aposentos de Yuki-onna. La sensación de que algo no andaba bien seguía revolviéndose en el fondo de su mente, aunque no pudiera encontrar signos de las amenazas habituales a las que se enfrentaba. Ni demonios, ni un solo oni a la vista. Aun así, no podía dar por descontada la posibilidad de que se tratase de algún tipo de trampa para engañarla y hacer que bajase la guardia.
Se detuvo frente a la puerta de la Mujer de Nieve y tocó suavemente. -¿Yuki-san?- llamó. Era costumbre de la mujer de Nieve quedarse en su habitación cuando la amenaza era evidente, por que así tendría tiempo para invocar el suficiente poder para defenderse, si llegase el momento.
En el interior reinaba el silencio. La habitación estaba oscura. -¿Yuki-san? ¿Estás bien?-
No hubo respuesta. El pánico empezó a formarse en el pecho de Akane. ¿Y si un demonio la había evitado de algún modo y había conseguido raptar a Yuki-onna? Habría fallado en defender y proteger a la mujer que había confiado en ella, que se había convertido en su amiga y confidente durante los nueve meses pasados; la mujer que era su única esperanza para deshacer el hechizo de sangre que la ataba al reino Kami.
-¡¿Yuki-san? ¿Dónde estás?- Akane concentró su ki y su katana brilló con luz azulada. Entonces la sostuvo en alto, iluminando la habitación. Estaba vacía, No había ni rastro de la Mujer de Nieve. ¡Oh no! ¿Dónde...?
Vio un movimiento por el rabillo del ojo y se giró, con la espada lista, solo para ver que se trataba de su propio reflejo en el espejo oval de cuerpo entero que reposaba en una esquina de la habitación. Akane se vio a sí misma, pareciendo un fantasma con su pijama blanco, alumbrado por la luz azul de su ki, con su enredado pelo cayendo sobre sus hombros; un extraño recordatorio del tiempo que había pasado desde que había llegado al plano Kami.
Con el miedo y la preocupación aferrados a su mente, Akane se volvió hacia la puerta, preparada para correr hacia el exterior y empezar a buscar por los parajes nevados y desolados en busca de su amiga, cuando...
Se quedó helada. Ahí estaba, el sonido que la había sacado del sueño. Un suave gemido, débil y etéreo...
Akane tragó saliva, abriendo más los ojos, asustada. -¿Yuki- san?- murmuró. -Es ella... ¿Dónde está?-
Un gemido... un murmullo... sollozante cruzó la habitación en ninguna dirección.
-¡Yuki-san!- gritó Akane, con su voz resonando entre los muros de hielo.
El susurro volvió a gemir. Sonaba tan triste, tan desesperado... Akane sintió derramar por sus mejillas lágrimas de impotencia mientras se esforzaba en escuchar, tratando de localizar su origen. -¡Yuki-san, por favor, respóndeme!-
-...oh, por favor...- Una voz. La de la Mujer de la Nieve, tan débil, tan distante y tan llena de dolor. -... mis pequeñas, mis bebés... oh, mis niñas perdidas...- El desesperado llanto surgió de ninguna parte y fue menguando.
-... mis niñas perdidas...-
Akane se quedó paralizada, con su katana colgando inerte de su mano y con su rostro afligido en shock. Entonces sintió una presencia familiar tras ella y se dio la vuelta.
-Vuelve a la cama, Akane-chan,- dijo Masakazu, en pie bajo el marco de la puerta. -No hay nada que puedas hacer por ella. No esta noche.-
Akane tragó saliva. -¿Dónde está? ¿Está bien?-
-Si, está bien. No tienes que preocuparte de protegerla esta noche, o cualquier otra noche en que te despiertes sintiendo esta... incomodidad.-
-Ella...- En el rostro de Akane se dibujó dolor ante la evidencia del sufrimiento de su amiga llegando a sus oídos. -¿Ella fue... madre?-
El tengu le observó, como si considerase algo cuidadosamente. Akane sintió como si estuviese mirando directamente en su alma y se estremeció.
Al final, él asintió. -Hace tiempo. Se enamoró de un joven leñador, a quien perdonó la vida cuando él... cuando él debería haberse congelado hasta la muerte tras perderse en medio de una tormenta de nieve. Ella renunció a todo por estar con él. Vivió como una mortal a su lado y tuvieron dos hijas, a las cuales amaba más que a su propia vida. Pero el hombre... la traicionó... y al hacerlo, rompió el hechizo que le permitía vivir en el plano mortal. Fue separada tanto de él como de sus hijas. Nunca las volvió a ver. Sus hijas crecieron y murieron sin conocerla. Algunas noches...-
El tengu guardó silencio cuando otro débil gemido surgió de la habitación.
Él bajó la cabeza. -Algunas noches...- continuó débilmente, -ella regresa al plano mortal. Donde quiera que la tierra sea afiladamente fría va allí, se convierte en una con la tormenta y el viento, y llora por sus hijas perdidas. Y algunas noches, como hoy, su dolor atraviesa las barreras entre planos.-
Akane estaba enmudecida. No había nada que decir, ningunas palabras que pudieran dar consuelo al dolor que se escuchaba en la voz, ya tan familiar, pero aun así extraña. Las lágrimas se deslizaron por sus mejillas cuando, una vez más, el torturado gemido resonó lánguidamente en la habitación.
-Ve a la cama, Akane-chan. Ella volverá por la mañana. Pero no le menciones nada de esto. No es un tema que a ella le guste discutir.-
Akane tragó saliva y asintió entumecida mente. Se secó las lágrimas con la manga y llevándose la empuñadura de su katana contra el pecho, volvió en silencio a su habitación.
-Puedo impedir que los demonios lleguen a Yuki-san,- pensó con tristeza, mientras se volvía a introducir en su futón y miraba al techo, -¿Pero cómo voy a poder ayudarla con los demonios que ya tiene dentro?-
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Cologne encontró los micrófonos justo después de que Nabiki dejase el Nekohanten. El ultimátum de la joven aun resonaba en sus oídos. La anciana amazona temblaba con furia, una furia que crecía mientras iba de habitación en habitación, buscando y encontrando micrófonos en cada simple habitación tanto del restaurante como de los dormitorios. Y aun no estaba segura de haberlos encontrado todos. El hecho de que hubiera sido derrotada le irritaba más que cualquier otra cosa que hubiera jamás experimentado en su vida. Quizás si hubieran hablado en Mandarín... Pero no, esa peste de chica probablemente tendría un traductor si se hubiese dado el caso.
Aun así, había una oportunidad...
Cuando Shampoo volvió de la compra, Cologne le ordenó guardar silencio por señas. La amazona de pelo púrpura palideció al ver el rostro de su bisabuela, pero obedeció mientras seguía a la anciana fuera del restaurante. Tomaron la vía de los tejados y cruzaron medio distrito de Nerima antes de descansar sobre el tejado de una casa en medio de un barrio tranquilo. Allí Cologne, con su rabia malamente contenida, le contó a la chica lo que había sucedido.
Shampoo comenzó a llorar. -Aiya. Ahora no funcionará. Si haces hechizo de vuelta Akane ahora, cosas serán justo como antes.-
-Deja de llorar como una niña, Shampoo,- soltó Cologne. -Aun hay una esperanza de salvaguardar nuestro plan.- De su túnica, sacó una pequeña botella con la etiqueta 110.- El llanto de Shampoo cesó cuando la vio y la tomó de las manos de Cologne, con un brillo apareciendo en sus ojos.
-Esa entrometida chica Tendo volverá por nuestra respuesta en menos de una hora,- dijo Cologne. -Cuando lo haga, usa esto para borrarle de la memoria la existencia de la cinta. Si ella no lo recuerda, no podrá decirle a su gente que se la muestren a futuro yerno. Y si no le ocurre nada a ella – físicamente hablando – entonces su gente no sabrá que algo va mal.-
Shampoo asintió. -Ese buen plan,- dijo.
Nabiki, sin embargo, estaba preparada.
Cuando entró en el Nekohanten por tercera vez ese día, se encontró tanto con Cologne como Shampoo esperando por ella. Shampoo la miraba con una expresión usualmente reservada para los gatos a punto de abalanzarse sobre su presa, y en una de sus manos sostenía una pequeña botella y un peine. Se preparó para saltar hacia Nabiki cuando de repente, un sonido intermitente surgió del bolsillo de Nabiki. Nabiki alzó una mano y Shampoo se detuvo desconcertada, con los ojos abiertos, preguntándose qué extraño truco se sacaría la joven Tendo de la manga.
Nabiki sacó un pequeño teléfono celular del bolsillo de su chaqueta. -Perdonad un momento,- dijo, bajando la mano y sonriendo con dulzura de sacarina a Cologne y a Shampoo. Ella abrió el teléfono y se lo llevó al oído. -Si, estoy dentro. Todo parece estar en orden,- dijo, mirando deliberadamente a la botella en manos de Shampoo. -Pospón la entrega de la cinta por otra hora. Ya hablaremos más tarde y te daré más instrucciones. Ya sabes qué hacer si algo... extraño ocurre. De acuerdo. En una hora entonces. Adiós.-
Entonces cerró el teléfono y lo deslizó de vuelta al bolsillo. Se volvió hacia Shampoo. -¿Pretendías hacer algo con eso?- preguntó inocentemente mientras miraba la botella y el peine en manos de la Amazona.
Shampoo se sintió entumecida. Todo había acabado. Había perdido. Después de todo lo que había hecho, después del Anciano, los demonios y el precio de sangre, había perdido. Ranma nunca sería su marido por su propia voluntad si eran obligadas a traer a Akane de vuelta. -Shampoo no sabe de qué hablas,- dijo sin fuerzas. -Shampoo solo iba a tomar una ducha.-
Nabiki sonrió sarcásticamente. -Por supuesto.- Se volvió hacia Cologne. -Bien, ¿Qué va a ser, vieja bruja? ¿Traes a mi hermana de vuelta, sana y sin ningún daño físico, mental, y sin ningún otro extraño efecto secundario mágico, o Ranma consigue una confesión completa de cómo se deshicieron de ella para quedarse con él?-
Cologne hirvió de rabia. Deseaba lanzarse y romperle el cuello de la joven con un ligero movimiento de su dedo. Todas las diversas y numerosas formas de acabar con una persona, tanto indoloramente como... no tanto... aparecieron en su mente. Podía hacerlo. Podía matar a la chica, y entonces ella y Shampoo podrían huir a China para escapar de las repercusiones del acto. Quizás incluso podría hacer que pareciese como si ese estúpido de Mousse fuera el responsable.
Pero entonces no habría una vuelta al hogar. No podrían volver a la tribu, habiendo fallado en regresar con Ranma, el conocido marido por ley de Shampoo, especialmente después de recurrir a una magia tan seria... Por tal deshonor, serían desterradas, o peor.
Por otro lado...
Cologne miró intensamente a Nabiki. La chica parecía tener fijada su agenda. Solo se preocupaba de conseguir a Akane de vuelta. No parecía importarle que Ranma escuchase o no la verdad que estaba en las cintas. -Hmm. Si ella lanzase el hechizo para traer de vuelta a esa problemática chica...-
-Si traigo a Akane de vuelta,- dijo lentamente, -¿Juras que Ranma nunca sabrá acerca de la implicación de Shampoo y mía en el hechizo de sangre?-
Nabiki la observó fríamente. -Ya te he contado los términos. Tú trae a Akane y Ranma nunca descubrirá qué hay en esas cintas.-
Cologne asintió ligeramente, anotando que Nabiki no hacía estipulaciones acerca de que el futuro yerno lo descubriese por otras fuentes.
-Si existe cualquier riesgo de que descubra acerca de nuestra implicación, perderemos todo lo que hemos invertido en el chico,- respondió. -Devolverte a tu hermana nos dejaría de vuelta en la casilla uno, lo cual es un inconveniente, considerando el trabajo que hemos hecho para apartar los obstáculos hacia el corazón del futuro yerno. Pero no es algo con lo que no podamos tratar... eventualmente.-
Nabiki frunció el ceño ante la amenaza velada, pero reconoció la oferta a su vez. Ella apretó los labios pensativamente. -De acuerdo,- dijo. -prueba con esto. Tu traes de vuelta a Akane y juras que nunca harás nada que hiera, encante o desplace a ningún miembro de mi familia de nuevo, y yo usaré mis... talentos... para asegurarme de que Ranma nunca descubra que tú y Shampoo tuvieron nada que ver con el hechizo de sangre.-
Shampoo escuchó el intercambio, con una pequeña chispa de esperanza encendiéndose en su corazón.
Cologne consideró cuidadosamente. Con Akane de vuelta en escena, sabía que sería casi imposible conseguir que Ranma se casase voluntariamente con Shampoo. Ese era un sueño que no podría obtener su biznieta. Aparte de eso, los términos de Nabiki la prevenían de interferir con los Tendo; pero no decía nada que incluyera a Ranma en el trato.
Nabiki estaba dejando al futuro yerno libre como juego limpio. Y Cologne podía asegurar por la mirada de sus ojos que la chica lo sabía. Ese era el trato.
Resuelta, miró a Nabiki a los ojos. -Acepto tus términos,- dijo. -Trae a Ranma aquí esta noche y te devolveremos a tu hermana.-
Los ojos de Nabiki brillaron intensamente bajo sus párpados cerrados. -Es un placer hacer negocios contigo,- dijo sonriendo.
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Ranma se despertó sintiéndose mejor de cómo se había sentido hacía largo tiempo.
Físicamente, claro está.
La primera cosa que surgió en su mente mientras salía del sueño fue el pensamiento de que tenía que encontrar a Akane. El pensamiento penetró a través de su alma con tal intensidad que se sintió culpable por haber dormido cuando debería estar buscando una forma de traerla de vuelta.
Entonces se dio cuenta de que... algo faltaba...
-¿Qué...?- pensó. Entonces se dio cuenta. Las voces espectrales. El balbuceo constante que había apartado al fondo de su mente para poder pensar claramente, manteniéndolas allí a base de pura voluntad, se había ido.
-¿Ido... Cómo?- No sabía si alegrarse o preocuparse. ¿Significaba eso que el hechizo se había roto? Y si el hechizo estaba roto, ¿Entonces significaba que Akane podría haber vuelto...?
Ranma saltó del futón antes de terminar de pensarlo, casi tropezándose con sus sábanas enredadas, salió como una exhalación por la puerta de la habitación y bajó por las escaleras sin apenas tocar los escalones. Se detuvo en seco en el cuarto de estar, donde Nabiki, Ukyo y Ryouga estaban sentados en círculo jugando al póker. Ellos le miraron con los ojos completamente abiertos.
-¿Ella está aquí?- preguntó sin aliento.
Ukyo parpadeó. -¿Quién Ranchan?-
El corazón de Ranma se hundió y la esperanzada expresión de su rostro desapareció. Él se llevó una mano a la cabeza y suspiró. -N... No importa. Pensé que Akane podría haber vuelto, eso es todo.-
-¿Qué te hizo pensar eso?- preguntó Nabiki, observándole con curiosidad.
-Las voces del hechizo,- dijo, señalando a su cabeza. -Se han ido. No sé por qué, pero no las oigo en absoluto. Esperaba que...-
-¿Las voces se han ido?- Pensó Nabiki. -Qué extraño. Aunque tal vez Shampoo solo quisiese que fueran temporales. Supongo que se daría cuenta que un marido que escuche voces en su cabeza no es gran cosa.-
-Ya era hora de que te levantaras, Saotome,- dijo Ryouga con los brazos cruzados sobre el pecho. -Hemos estado esperándote durante horas. Nabiki,- dijo, lanzándola una malhumorada mirada, -tiene algo que decirte.-
Nabiki ignoró la mirada de Ryouga y miró a Ranma. -Así es. Fui esta tarde al Nekohanten, y descubrí que Cologne ya había encontrado un hechizo para traer a Akane de vuelta.- Sonrió inocentemente y puso su mejor expresión de Kasumi. -¡Imagínatelo!-
Ranma parpadeó. Miró por la ventana y se dio cuenta de que el sol se estaba poniéndose. Entonces se volvió hacia Nabiki. -¡¿ustedes... lo sabían desde esta tarde, y no me despertaron?-
Ryouga alzó las manos al cielo. -¡Eso es lo que yo estaba diciendo!-
-Oh, cállense los dos. Ranma, tú necesitabas dormir y recuperar tus fuerzas. Ahora que has descansado iremos todos. Juntos,- dijo Nabiki firmemente, deteniendo a Ranma cuando iba hacia la puerta. -Harías bien en quedarte cerca, porque Cologne no empezará con el hechizo hasta que yo esté presente.-
Ranma se dio la vuelta gruñendo con frustración y miró enfadado a Nabiki. -¿Y eso por qué?- preguntó mohíno.
-Oh, tan solo es un pequeño trato que hice con ella, para asegurarme de no perderme nada esta vez,- respondió ella, suavemente.
-Está bien,- dijo Ranma impacientemente. -Ya estamos todos. Vámonos de una vez.-
-Una cosa, ¿Ranma?- dijo Nabiki coquetamente.
-¿Qué pasa? ¡Estamos perdiendo tiempo aquí parados!-
Ella le señaló. -Tal vez deberías considerar vestirte primero.-
Ranma bajó la vista y se dio cuenta de que únicamente llevaba puestos su camisa y sus calzoncillos largos. Ukyo rompió a reír al verle la cara. -Oh, vaya,- murmuró y subió corriendo las escaleras para cambiarse de ropa.
Nabiki fue al teléfono, cogió el auricular y marcó un número. -¿Hola, Doctor Tofu? Sí, Ranma está despierto y ya vamos a salir hacia el Nekohanten... Genial. Te veremos allí.- Y colgó el teléfono.
-¿Por qué hace falta que esté el doctor Tofu allí?- preguntó Ukyo. -¿No pensarás que algo vaya a salir mal con el hechizo, verdad?- Había una extraña mezcla de aprehensión y... ¿esperanza? en su voz.
Nabiki le lanzó una mirada estrecha, pero Ukyo se la devolvió con firmeza. – El Doctor Tofu es familiar con el modo en que funcionan alguno de esos extraños hechizos chinos,- dijo finalmente. -Digamos que quiero que esté allí para asegurarme de que todo sale bien. Nunca sabes cuando todos esos conocimientos arcaicos suyos pueden resultar útiles.-
-Esa es una gran idea, Nabiki,- dijo Ryouga entusiasmadamente. -Después de todo no tiene sentido correr riesgos, especialmente cuando se trata de rescatar a Akane.-
-Sí,- dijo Ukyo, un poco demasiado alegremente. -Sería una pena que algo fuera a ocurrir y el hechizo no funcionase.-
Nabiki arqueó una ceja y abrió la boca para decir algo, pero en ese momento Ranma bajó corriendo por las escaleras, vistiendo su camisa roja sin mangas y sus pantalones negros. -¿Nos podemos ir ya?- preguntó impacientemente.
Nabiki sonrió dulcemente. -Por supuesto, Ranma. Después de ti. Dijo, señalando a la puerta. Entonces se dio cuenta de que Ranma la estaba mirando de forma divertida. -¿Qué?- preguntó ella.
-Tardaríamos demasiado caminando si tenemos que esperar por ti,- dijo él, y con un rápido movimiento, la tomó entre sus brazos
Nabiki dejó escapar un asustado e indecoroso chillido. -¿Qué crees que estás haciendo?- exclamó, pero Ranma no estaba escuchando.
-Adelante,- les dijo a Ryouga y a Ukyo. -Vamos, Ucchan. Sígueme, Ryouga, y no te pierdas.- Ranma corrió por el jardín llevando a Nabiki en sus brazos y saltó desde el muro a un tejado vecino.
Ryouga refunfuñó, pero a pesar de eso les siguió de cerca.
Nabiki contuvo la respiración mientras veía y sentía como el suelo se movía rápidamente a cada salto, y llevó los brazos alrededor del cuello de Ranma pasar asegurarse de que no la soltara. Tras saltar de tejado en tejado durante un momento, y dándose cuenta de lo sólido que era el abrazo de Ranma, se relajó y permitió que un poco de su indignación se disolviera. Ella miró a Ranma a la cara. Él miraba hacia delante, moviéndose con tal facilidad que era casi como si no se diese cuenta de que la estaba llevando. Y tenía esa mirada en su rostro. El peculiar brillo en sus ojos azules que decía que estaba pensando en Akane...
Nabiki suspiró y se permitió también una pequeña y auto indulgente sonrisa mientras sentía los perfectos músculos de Ranma moviéndose bajo su camisa mientras corría. -Oh, bueno,- pensó, encogiéndose de hombros mentalmente. -Hay peores formas de viajar, supongo.-
Ukyo permaneció en el jardín, contemplando unos instantes como la figura de Ranma desaparecía. La sonrisa en su rostro hacia tiempo que se había derrumbado, como si un gran peso se hubiera colocado sobre ella, aplastándola. Entonces suspiró profundamente y saltó al muro, tras el hombre a quien amaba.
-Tan cerca...- pensó.
La luz del sol poniente se reflejó en las lágrimas contenidas en sus ojos.
RRR
Ranma tragó saliva y se humedeció los labios nerviosamente mientras permanecía sentado de piernas cruzadas en el suelo del restaurante Nekohanten. Cologne estaba en el suelo junto a él, dibujando símbolos arcanos y esparciendo unos polvos de color ocre en círculo alrededor de él, consultando ocasionalmente un antiguo pergamino de cuero y murmurando en chino. Ranma se preguntaba como podía leer los extraños garabatos estando casi a oscuras. Las luces estaban apagadas y las cortinas habían sido abiertas parcialmente, permitiendo a los últimos rayos del sol alumbrar los preparativos. Las mesas y las sillas habían sido retiradas y sus amigos, Ryouga, Ukyo, Shampoo, Mousse y Nabiki, sentados en la esquina de la habitación, observaban nerviosamente los procedimientos.
Nabiki parecía estar especialmente ansiosa. No dejaba de mirar hacia la puerta como si esperara que alguien entrase en cualquier momento.
Ranma trató con fuerza permanecer quieto. ¡A duras penas podía creerlo! Iba a traer a Akane de vuelta. Sentía encogérsele el pecho mientras una plétora de emociones se agolpaban en su interior. Estaba excitado y nervioso al mismo tiempo. Estaba feliz y asustado de ver a Akane de nuevo. ¿Estaría bien? ¿Se alegraría de verle? ¿O estaría enfadada con él por no haber sido capaz de salvarla antes y le aplastaría contra el suelo?
Él carraspeó. -Em... ¿Cómo se supone que funciona exactamente esto?- preguntó mientras Cologne consultaba de nuevo el pergamino. Ella le miró brevemente, enojada por interrumpirla.
-La mecánica del hechizo es simple, Ranma. Todo lo que debes hacer es concentrarte en Akane. Piensa en ella con todo tu ser y cuando el incienso sea encendido y el encantamiento recitado, la traerás de donde quiera que haya sido enviada.-
Nabiki frunció el ceño. Eso parecía demasiado simple...
Shampoo y Ukyo fruncieron también el ceño, no gustándoles la idea de que Ranma pensase en Akane con todo su ser.
Justo entonces, llamaron a la puerta. La irritación de Cologne ante las interrupciones aumentó. -¿Ahora quien podrá ser? El letrero pone que hemos cerrado.-
Nabiki se levantó, sin permitir que el alivio que sentía aflorase en su rostro. -Oh, debe ser el Doctor Tofu. Le invité a venir para que te ayudara con el hechizo. Estaba segura de que no te importaría. Después de todo, estamos todos aquí para ayudar a Ranma y a Akane y darles nuestro apoyo, ¿verdad?-
Cologne lanzó a Nabiki una mirada que habría convertido a cualquiera en piedra. Nabiki devolvió firmemente la mirada.
-¿El doctor Tofu está aquí?- preguntó Ranma, mirando alrededor por hábito, para asegurarse de que Kasumi no estaba cerca. -Perfecto,- dijo. -Por si acaso Akane necesita ayuda o algo cuando regrese.-
Cologne miró a Ranma y se esforzó en relajarse. -Shampoo,- dijo al fin, -ve y deja entrar al hombre.-
Shampoo asintió y fue a abrir la puerta. Tofu entró y parpadeó un par de veces mientras sus ojos se ajustaban a la escasa luz. -Hola,- dijo, inclinándose hacia Cologne. -Gracias por permitirme venir y participar en esto. He leído acerca de la magia de las antiguas Amazonas Chinas; pero nunca había tenido la oportunidad de ver esa magia en acción. Esta es una oportunidad invaluable para mí.-
Cologne miró al joven doctor. Ambos se observaron mutuamente durante unos instantes.
Tofu la miró tranquilamente a través de sus gafas. Se había alegrado de que Nabiki le hubiera informado sobre esta pequeña reunión. Él tenía un interés personal en algunos de los trucos que la anciana Amazona había usado con Ranma, tales como infligirle la Lengua de Gato para que no pudiera tocar el agua caliente que necesitaba para volver a ser un hombre. Tofu estaba complacido de escuchar que había una oportunidad de encontrara Akane; pero no estaba seguro de si creer o no las proclamas de inocencia de la anciana en lo que se refería al hechizo de sangre, y quería asegurarse de que, en esos momentos, no trataría de usar ninguna magia negra.
-Sssi- dijo Cologne reluctante. -Bien, estamos a punto de empezar, así que si eres tan amable de ponerte allí junto a los otros...-
-Vaya, esto es impresionante,- interrumpió Tofu, mirando los símbolos dibujados con tiza en el suelo. -¿Y este es el pergamino? ¿Te importa si le echo un vistazo?-
Cologne frunció el ceño y lo apartó de su alcance. -Está en chino antiguo, jovencito, de todas formas no lo entenderías.-
-Oh, al contrario. Tengo bastante fluencia con el chino antiguo.-
Cologne palideció.
-Si me dejases leerlo un momento,- continuó, -eso me ayudaría a entender qué ocurre cuando invocas un hechizo.-
Ranma observó el intercambio con creciente impaciencia. -Oh, venga ya, déjale mirarlo, no lo va a romper ni nada parecido.-
Shampoo miró a su bisabuela, frunciendo el ceño. Ni siquiera le había permitido a ella mirar el pergamino. ¿Qué podría haber allí para que no quisiese que nadie más lo viera?
Cologne examinó a Tofu. -De acuerdo,- dijo, apagando su enojo, para la sorpresa de todos. -Confío en que cuando lo leas, comprendas exactamente lo que es necesario hacer para que el hechizo tenga éxito.-
Tofu tomó el pergamino de la anciana Amazona, con una expresión de confusión en el rostro. Entonces lo sostuvo y lo examinó. Sus ojos se abrieron completamente al leer el nombre del hechizo, y lanzó una breve mirada a Ranma, quien le observaba con curiosidad. Entonces revisó el resto, con los ojos subiendo y bajando rápidamente por su contenido. Le bastaron unos minutos para leerlo por completo. Cuando terminó, se aclaró la garganta, algo incómodo.
-Bien,- dijo. Todos se inclinaron hacia él, mirándole intensamente. -Sí. Eso es. Muy bien. Entonces, Ranma, ya sabes que todo lo que tienes que hacer es pensar en Akane mientras Cologne enciende el incienso y recita el encantamiento. Creo que ya podemos empezar.- Y con esto, fue y se sentó apoyado en el muro entre Nabiki y Ryouga. Cologne sonrió.
Nabiki se acercó al doctor. -¿De qué va todo esto?- susurró.
Tofu iba a responder, pero se dio cuenta de que Ranma le estaba mirando, con las cejas arqueadas en gesto de confusión. -No es nada, de veras,- dijo. -Te lo contaré más tarde.-
Nabiki puso una mueca de disgusto. Se moría por saber lo que decía el pergamino y por qué el Doctor Tofu era tan reluctante a decir nada. Aun así, él parecía pensar que era correcto proceder con el hechizo, así que suavizó sus miedos un poco. Se sintió mejor sabiendo que él sabía lo que pasaba y que se aseguraría de que la vieja bruja lo hiciese bien.
-¿Estás listo?- preguntó Cologne a Ranma. -Recuerda, no debes pensar en ninguna otra cosa sino en Akane. Debes concentrarte en ella totalmente y no dejar que nada te distraiga. ¿Crees que podrás hacerlo?-
Ranma refunfuñó. -Oh, vamos, ¡¿Qué te crees que he estado haciendo todos estos días?-
Cologne frunció el ceño, pero asintió. -Muy bien. Comenzaré con el hechizo.- Se acercó a Ranma y le pasó una marchitada mano sobre los ojos, haciéndole cerrarlos. Ella presionó sus dedos sobre sus párpados. -Mantén los ojos cerrados,- dijo en voz baja, -y concéntrate.-
Ranma tragó saliva y asintió en silencio.
Encendiendo una larga cerilla que brilló con intensidad en la habitación en penumbras, Cologne se acercó y prendió el círculo de incienso que rodeaba a Ranma. Este empezó a arder, enviando volutas de aromático humo por la habitación.
Ryouga sintió ganas de estornudar y se tapó la nariz y contuvo el aliento hasta que la sensación irritante pasó. Sus ojos se humedecieron, pero solo parpadeó y trató de ignorar el ardor. De ninguna manera iba a hacer algo que pudiera evitar que el hechizo trajese a Akane de vuelta...
Él vio como el humo del incienso espesaba el aire del restaurante. Ranma permanecía sentado en el círculo, con los ojos cerrados, controlando la respiración y con expresión de estar en intensa concentración.
Cologne comenzó a recitar en chino en voz baja.
Shampoo y Mousse se esforzaron en oír lo que Cologne estaba diciendo. Shampoo frunció el ceño en frustración. La voz de su bisabuela era tan baja que tan solo podía captar alguna palabra ocasional. -¿Así es la forma en la que se supone que se debe recitar el hechizo?- Pensó Shampoo. -¿O es que no quiere que Mousse y yo sepamos lo que dice el hechizo? ¿Por qué le permitió verlo al Doctor Tofu y no a mí?-
Mousse, por otra parte, con su oído excepcional, captó mucho más que tan solo palabras sueltas. Lo que escuchó le hizo abrir de par en par los ojos detrás de sus gruesas gafas. Frases como "amor verdadero", "lazos irrompibles" y "eternamente unidos, sobre todas las barreras."
Mousse sintió crecer una lenta media sonrisa en sus labios. No le extrañaba que la vieja momia hubiese sido tan reacia a contar a nadie, especialmente a Ranma, acerca de la verdadera naturaleza del hechizo. Por lo que podía recoger de los murmullos de la anciana, el poder del hechizo estaba basado en el amor verdadero; para ser más exactos, en el amor verdadero que existía entre Ranma y Akane. El poder de esa unión, combinado con la magia del hechizo, traería a Akane de donde hubiese sido enviada y la devolvería a casa
Así mismo no le extrañó tampoco que el Doctor Tofu no dijera nada cuando leyó el pergamino. Parecía que todos conocían lo que realmente sentían Ranma y Akane el uno por el otro, excepto Ranma y Akane. Si Ranma supiese la verdadera naturaleza del hechizo – que su inconfesado amor por Akane la traería de vuelta a casa – su cerebro probablemente se bloquearía, provocándole un estado de ciegas y tartamudeantes negaciones y entonces todo estaría arruinado.
Mousse no creía que, incluso si el regreso de Akane estaba en marcha, Ranma pudiera ser capaz de confesar sus verdaderos sentimientos. Especialmente en una habitación llena de gente; la mayoría de los cuales querrían matarle, o como mínimo, darle la paliza de su vida por tal revelación. A parte de eso, Akane había estado en serio peligro antes y aunque Ranma siempre había ido a rescatarla sin falta, él nunca admitió que le gustaba, y mucho menos que la amaba. Siempre que parecía estar a punto de decir esas tres pequeñas palabras, siempre resultaban ser "fea bestia marimacho"
Aun así, si este hechizo funcionaba, podría cambiarlo todo...
Mousse se apoyó contra el muro, cruzando los brazos sobre el pecho y sonrió. De ninguna manera iba a hacer algo que pudiera interferir con el hechizo. Con Ranma y Akane juntos de nuevo y la verdadera naturaleza del hechizo revelada, Shampoo era prácticamente suya.
Cologne continuó con su débil cántico y mientras las suaves y apenas audibles palabras llenaban el aire, el incienso comenzó a girar y arremolinarse alrededor de Ranma. Ranma, con su mente completamente concentrada en Akane, ni siquiera se dio cuenta cuando lentamente giró a su alrededor, trepando por su piel como un ser viviente. Él lo respiró a través de su nariz y cuando el humo llenó su cerebro, la imagen mental de Akane en su mente se hizo más definida que antes. Era como si ella estuviera enfrente de él, tan real, que sintió que podría abrir los ojos y ella seguiría estando allí.
Entonces frunció el ceño. Había algo diferente en ella. Parecía feliz y estaba sonriendo de esa forma que hacía que su corazón flotara dentro de su pecho, pero no se trataba de eso. Ella llevaba puestas unas ropas inusuales y su pelo parecía más largo que de costumbre. Eso era extraño, solo habían pasado tres días... ¿Algún efecto secundario del hechizo, quizás? Oh bueno, eso no tenía importancia, no tanto como traerla de vuelta con él. Ranma sintió un extraño cosquilleo en el cuerpo, especialmente en su corazón...
RRR
Akane estaba riéndose con una divertida historia que la Mujer de Nieve le había contado cuando repentinamente su risa se quebró y se encogió de dolor. Su taza cayó de sus convulsivas manos, derramando té por toda la mesa.
-¡Akane! ¿Qué te ocurre?- Yuki-onna estaba inmediatamente a su lado.
-No... No lo sé,- jadeó Akane, llorando lágrimas de dolor. Sentía como si le estuvieran arrancando el corazón a través de la espalda. Hubo un tirón súbito y Akane gritó al sentir como si estuviese siendo abierta en pedazos.
Yuki-onna agarró a Akane por los hombros y concentró toda su magia sobre la chica, colocando barreras a su alrededor, tratando de protegerla de lo que fuera que estaba tratando de tirar de ella. Se concentró en el hechizo de sangre en el ki de Akane, temiendo que esa fuera la causa del dolor, y perdió el aliento.
El hechizo de sangre estaba ardiendo con fuerza, casi cegadoramente, especialmente la brizna de sangre de dragón que servía como conexión transdimensional entre Akane y su despreciable prometido. Alguna magia en el plano mortal estaba tratando de devolverla a su casa. Pero el hechizo de sangre estaba luchando, negándose a soltar a su cautiva y en el proceso, estaba matando a Akane.
-¡Esos estúpidos!- Pensó, con el rostro marcado tanto por la rabia como por la preocupación mientras vertía su poder sobre Akane creando barreras protectoras, tratando desesperadamente bloquear la magia mortal. -¡¿No saben que un hechizo así no tiene esperanzas de contrarrestar los efectos de un hechizo lanzado con sangre de dragón?- Su boca produjo un gruñido de furia. Ese Ranma estaba detrás de esto, estaba segura. Incluso separados entre dimensiones, seguía encontrado modos de herir a Akane.
-Akane, aguanta,- dijo cuando la chica volvió a gritar. Tenía que haber una forma de detener el hechizo mortal completamente...
Los ojos de la Mujer de nieve se encendieron con una idea. Rápidamente, invocó hasta la última fibra de su poder y la vertió sobre las barreras mágicas que había colocado sobre Akane, imbuyéndolas con propiedades reflectantes, enviando el hechizo de vuelta al plano mortal...
-Je,- pensó. -Esto le dará a ese condenado chico un poco de su propia medicina.- Con su hechizo finalmente en calma, Akane se desplomó aliviada mientras el tirón sobre su cuerpo y su alma desaparecía.
Yuki-onna abrazó fuerte a Akane mientras la chica temblaba como consecuencia de ello. -¿Q-qué fue eso?- preguntó, temiendo que el dolor desgarrador de almas pudiera regresar. -¿Qué ocurre?-
La mujer de Nieve la acarició suavemente. -Ya está bien, mi niña, se ha acabado. No te preocupes por ello.-
Pero Akane no estaba de humor para que la consolaran. Temblorosa, se puso en pie. -Estoy preocupada por ello,- dijo. -¿Qué pasaría si ocurriese otra vez? ¿Qué fue eso, de todos modos? Sentía como si me desgarraran...- Entonces se detuvo cuando sintió una extraña y cálida sensación llenar su cuerpo, especialmente en su corazón. Sus ojos marrones se abrieron de par en par por la sorpresa...
RRR
Cologne frunció el ceño. Había terminado con los cánticos hacía unos instantes; pero el hechizo no parecía estar funcionando. Akane ya debería haber vuelto. Ella observó a Ranma. El chico estaba concentrándose tanto que caían gotas de sudor por su frente. Los otros, aun sentados contra el muro, estaban empezando a incomodarse y lanzarse nerviosas miradas los unos a los otros. La anciana frunció el ceño. ¿Podría ser que sobreestimase los sentimientos de Ranma por Akane? El hechizo solo funcionaría con amor verdadero...
Si ese era el caso, entonces significaba que Shampoo podría seguir teniendo una oportunidad de ganar a Ranma. Por supuesto, si el hechizo no funcionaba, entonces Nabiki le enseñaría esa condenada cinta y, amor verdadero o no, Ranma no querría tener nada que ver con Shampoo después de eso.
Cologne comenzó a sudar. La única otra forma de traer a Akane de vuelta era rompiendo el propio hechizo de sangre, y tal proeza estaba muy lejos de sus posibilidades...
Ranma seguía sentado en silencio, pensando en Akane con todo su corazón, deseando que volviera con él. Pero sabía, con una opresiva sensación en su pecho, que el hechizo no había funcionado. Tal vez era porque no se había concentrado lo suficiente. Empezaron a brotar lágrimas de sus ojos. -Akane,- pensó, luchando por contener el llanto que asomaba en su garganta, amenazando con escapar, -por favor, ¡vuelve! Te... Te necesito...-
El pensamiento fue cortado de golpe y se encogió cuando una sacudida de dolor atravesó repentinamente su cuerpo. La imagen de Akane se resquebrajó en su mente y abrió los ojos cuando se vio inundando por oleada tras oleada de desgarradora agonía. Él miró a Cologne, que le observaba sorprendida, y abrió la boca, pero el dolor era tan grande que no pudo articular palabra. Simplemente se desplomó hacia un lado y se encogió en posición fetal, temblando en dolor y tormento mientras sentía que le partían en dos, tanto en cuerpo como en alma.
-¡Ranchan!- Ukyo se puso de pie de un salto para ir hasta Ranma, pero Tofu se lo impidió.
-No interrumpas el hechizo,- dijo, conteniéndola. -¡Podrías empeorar las cosas!- Eso la detuvo, pero no borró el miedo de su rostro. Por aquel entonces, todos estaban en pie, justo a lado de los símbolos que marcaban el área del hechizo. Queriendo ayudar, pero sin saber qué hacer. Tofu examinó el ki de Ranma. -El hechizo de sangre... Oh no...-
-¿Qué está ocurriendo?- exigió saber Nabiki, mirando furiosamente a Cologne.
-¡No lo sé!- Cologne estaba desconcertada y todos podían comprobarlo. -¡No sé lo que está causando esto! Akane debería haber sido traída de donde quiera que estuviera…-
-¡El hechizo de sangre!- dijo el Doctor Tofu. -¡El hechizo de sangre está resistiéndose! ¡Está tratando de mantener a Ranma y Akane separados! ¡No permitirá al hechizo del Amor Verdadero funcionar!-
-¡¿El hechizo de QUÉ?- exclamaron Ukyo, Ryouga y Shampoo simultáneamente.
Entonces Ranma empezó a desaparecer de la existencia.
-¡Bisabuela!- gritó Shampoo, -¡Haz algo!-
Cologne dudó tan solo un instante. -¡Rápido!- dijo a los otros, -¡Borren los símbolos del suelo! ¡Tú, chico perdido! ¡Abre las puertas y ventanas para limpiar el aire de incienso!- Era peligroso, demasiado peligroso desbaratar los elementos del hechizo mientras su poder seguía activo, pero no podía ver otra opción para salvar a Ranma...
Shampoo corrió hacia la cocina y volvió momentos después con servilletas. Inmediatamente, Tofu, Nabiki, Ukyo y Mousse estaban de rodillas, borrando los símbolos arcanos del hechizo. Ryouga abrió la puerta y las ventanas y Cologne hizo girar su bastón, creando una corriente de aire que eliminó el espeso humo de incienso de la habitación. Entonces se volvieron hacia la figura aun desvaneciéndose del chico que había afectado a sus vidas tan profundamente, para ver si sus esfuerzos habían ayudado.
Ranma era completamente transparente. Parecía flotar como un fantasma en el límite de la realidad, encogido sobre un costado y con los ojos cerrados por el dolor. Entonces los abrió y alzó la vista, concentrando su mirada hacia el aire a unos cuantos pasos de él. Lentamente, a pesar de la agonía que atormentaba su ser, se incorporó y extendió un brazo intangible. Abrió la boca y susurró una simple y ronca palabra.
-¿Akane...?-
RRR
La mujer de nieve miró a Akane con preocupación, cuando la joven rompió en silencio. -¿Qué pasa? ¿Te encuentras bien?-
Akane no respondió. Se miró a las manos mientras la sensación en su cuerpo se hacía más fuerte. Su corazón comenzó a latir, no dolorosamente como hacía unos instantes, cuando sintió como si la rasgasen en jirones, sino como... ¿Casi en anticipación..?
Un estallido de energía sacudió la habitación, provocando que saltase en sorpresa.
La Mujer de las Nieves dejó escapar un asustado jadeo. -¡No! No puede ser...- -¡Mi hechizo de reflexión! ¡Está trayéndole a él a través de la barrera en vez de a ella!-
-¿Qué está ocurriendo?- preguntó Akane. Había experimentado sucesos extraños desde que había llegado al plano Kami, pero nunca como este...
Algo comenzó a aparecer en el suelo a unos cuantos metros de distancia. Ella se apartó de allí alarmada. ¿Qué era eso? ¿Un espíritu? ¿Era otro ataque? En un instante, la katana estaba en su mano, reluciendo con un brillo azul y Akane se acercó a ello.
-¡Espera! ¡Akane, no!- Akane se asustó por la urgencia del tono de la mujer de nieve; pero no apartó os ojos del objeto lentamente solidificándose.
-No te preocupes, sea lo que sea, no va a ...- Entonces su voz se detuvo en su garganta. La imagen fantasmal era... un joven, encogido sobre un costado, como si sufriera una terrible cantidad de dolor. Llevaba puestos unos pantalones negros y una... camisa roja...
Akane sintió como la sangre abandonaba su rostro. La espada cayó de su mano.
... pelo oscuro, atado en una trenza...
-¿R... Ranma?- Su voz salió tan débil que pensó que tan solo había movido los labios; pero él pareció escucharla. Lentamente, abrió los ojos y la miró.
¡Sus ojos! Eran tan azules y hermosos como recordaba, a pesar del dolor que veía reflejado en ellos. Una expresión de felicidad indescriptible se vislumbró en su rostro, luchando contra el dolor y lentamente se incorporó, extendiendo una mano transparente hacia ella. -¿Akane..?-
Akane andó tambaleándose unos pasos y cayó de rodillas. -Oh Ranma,- susurró, con lágrimas bajando por sus mejillas.
No se le ocurría qué más decir. Después de todas las horas, los días y semanas que había pasado soñando lo que diría si alguna vez volvía a ver a Ranma de nuevo, no podía pensar tan siquiera en una. Había trascurrido casi dos años enteros ya y había llegado a pensar que Ranma la había olvidado hace tiempo y se había casado con una de sus otras prometidas...
-Akane...- Su voz era un gemido de dolor y Ranma como Akane se encogieron ante su agonía. -Lo... Lo siento...-
Akane empezó a llorar. -R-Ranma, yo lo s-siento...-
De repente ella recordó lo más importante que quería decirle. -Lo siento... Nunca te dije que yo t-te quiero...-
Ella contempló la silueta espectral ansiosamente, esperando algún tipo de respuesta burlona; pero fue sorprendida al ver a Ranma mirarla asombrado, olvidando su dolor aunque aun seguía atrapado entre dos planos de existencia.
-¿De veras?- susurró él.
La garganta de Akane se obstruyó con un sollozo. Ella asintió vehementemente.
Su expresión se suavizó y sus ojos se encendieron con luz propia. -Akane, Yo…-
Hubo un estallido de energía, y las palabras de Ranma se quebraron en un grito cuando el tirón dimensional sobre su cuerpo se invirtió repentinamente. Empezó a desaparecer de la vista de Akane del mismo modo en que había aparecido.
-¡Ranma!- gritó. ¡Lo estaba volviendo a perder! ¡No podía ser...! Él había venido por ella ¡¿Cómo podía estar ocurriendo esto?
Ranma alzó la vista, con lágrimas de agonía y desesperación brotando de sus ojos mientras sentía como era arrastrado de vuelta al Nekohanten. -Akane,- articuló a pesar del dolor. -¿D-donde estás?-
-¡Estoy en el plano Kami, Ranma!- Ella esperaba que pudiera entenderla, gritando con todas sus fuerzas. -¡Estoy con Yuki-onna, la mujer de las Nieves!-
Ella apenas podía distinguir la silueta de su figura. -T-te encontraré.- Su voz temblorosa llegó a ella como si estuviera a una gran distancia. -Akane...-
Y se fue.
Pasaron unos instantes y Akane escuchó pasos tras ella cuando la mujer de las nieves se marchó. Lenta y deliberadamente.
Akane se sentó con los brazos alrededor de las rodillas y se estremeció con sollozos silenciosos.
RRR
Fin de la parte 8
Hola que tal?
Se preguntaran porque tanta la espera verdad?
Pues como ya había mencionado, los capítulos ya traducidos que tenia se me borraron u_u y como no me gusta estar presionado, no he actualizado hasta tener por lo menos 3 ;D así que por el momento ya no deben preocuparse por retrasos de actualización puesto que ya tengo respaldo, los hubiera terminado antes si no es porque en mi trabajo me mandaron al turno nocturno y pues tenia muy poco tiempo libre, bueno, ya me dejo de palabrería y les agradezco a los que dejaron reviews hasta ahora ;D
ar30982
rusa-ranmayakane
thelmin
alix
Kara
Akane
Akai27
Flor440
viry chan
Akima-06
Belli
Iron Lad
.Ro0w'z.
Un review sin nombre u.u
Diana Tendo
PFCP
Barbara23
Crocodine
Pam
Pacita
juana Vargas y sus tres amigas ;D
GRACIAS a todas estas personitas (la mayoria señoritas ;D) que se tomaron la molestia de escribir unas palabras, recuerden que esta historia NO ES MIA la traduzco bajo permiso de la Srta. Krista Perry y para que me dejara traducirla le dije que tendría éxito y que se lo demostraría con los reviews, (lamentablemente recibo muy pocos T-T) POR FAVOR manden muchos reviews no son por mi sino para demostrar que las traducciones son aclamadas por las personas de habla hispana y asi poder pedir a los autores permiso para traducirlas
Hasta dentro de 15 días ;D
PD. si desean ula traduccion de una historia en especial haganmelo saber para ir pidiendo permiso :D
