Sólo habían pasado unos días desde el final del Carnaval de las HiME y poco a poco la vida volvía a la normalidad. La de la joven Mai Tokiha seguía siendo bastante frenética, ya que su hermano pequeño se marchaba finalmente a Estados Unidos para operarse.

Takumi había reiterado que quería ir solo y Mai no se había opuesto, sin embargo el chico sentía mucha ansiedad, no por la operación, no por el viaje, ni siquiera por su hermana sino…

—Takumi, tu ausencia a clases está justificada a partir de hoy ¿Cierto? Me voy entonces, nos vemos más tarde —dijo el «chico» de pelo verde aparentemente sin mucho entusiasmo.

Pero Takumi sabía que su compañero de habitación era en realidad una chica, una de las que, hasta hace un tiempo, era HiME.

Y eso no era todo lo que ella era para él.

Takumi miró con tristeza a la chica que se echaba el maletín al hombro.

—¿Qué ocurre? —preguntó Okuzaki notando la mirada afligida del otro.

—No es nada. ¿Sigues fingiendo ser un chico, Akira-kun?

—¿Hm? Sí… sería extraño que de repente fuera al colegio con falda ¿No crees?

—Supongo…

—Tal vez cuando termine la secundaria. No puedo fingir para siempre. Especialmente ahora que las batallas han terminado. Bueno ya me voy. Cuídate quieres.

—Si. Tu igual. —respondió.

En cuanto se cerró la puerta, el chico frunció el ceño.

Tendría que empacar sus cosas, ya que pronto partirá.

Pero algo le preocupaba. Más concretamente su compañera de piso.

Desde que había vuelto a la vida no habían hablado de ello, pero antes de que Gennai fuera derrotado, él y Akira prácticamente se habían declarado su amor.

En cuanto había regresado, Akira se había echado a llorar, pero en ese momento no había tiempo, e incluso después le había dejado a las atenciones de su hermana. Atenciones que luego se trasladaron a Tate, por supuesto.

Takumi iba a marcharse pronto, pero Akira aún no había dicho nada al respecto y, en general, se mostraba muy distante. (Como en los viejos tiempos) pensó el chico.

Pero no quería marcharse sin aclarar las cosas antes, por no mencionar que sin ella probablemente se sentiría solo.

Estaba muy agradecido, ella le había devuelto la esperanza de vivir y, si había aceptado su destino como MIP, era sólo porque Akira estaba con él.

Se sentía feliz y honrado de ser la persona más importante para ella.

Nada podía haber cambiado en unos días, así que se preguntó por qué la chica actuaba con tanta frialdad. ¿Quizás para acostumbrarse a la separación?

Apretó la manta con los puños. En realidad, no quería alejarse de Akira en absoluto.

No podía imaginarse estar tanto tiempo en Estados Unidos sin ella.

Estaría fuera mucho tiempo, volvería en meses y Akira ya estaría empezando su segundo año, quizás con otro compañero de habitación.

Este pensamiento le molestó. Era como si, en su interior, no quisiera que Akira compartiera habitación con otra persona, estaba… celoso. ¡Sí, por supuesto que lo estaba!

Por otro lado sería peor si Akira dejara de fingir ser un chico, cuando volviera quién sabe cuántos chicos estarían detrás de ella.

La sola idea le resultaba insoportable. Pero no sabía qué hacer…

Takumi había decidido empezar a hacer su equipaje y estaba ordenando sus cosas cuando su atención se desvió hacia el reloj.

Akira llegaba muy tarde y cuando comenzaba a preguntarse qué la habría retenido, la puerta se abrió.

Akira levantó la vista y miró a Takumi por un momento antes de dirigirse a su cama.

—Bienvenida de nuevo. —le dijo

—He vuelto. —respondió en un tono extraño que preocupó a Takumi.

—Llegas tarde. ¿Ha pasado algo?

—N-no, nada. —respondió moviendo la cortina que separaba su espacio del de Takumi.

Takumi se quedó mirando la cortina que aún se movía ligeramente.

¿Qué ha cambiado? ¿Por qué estaba tan fría y distante?

—¿Has empezado a hacer tu equipaje? —escuchó la voz de Akira preguntar desde el otro lado de la cortina.

—¿Eh? Sí. —contestó sin recibir más respuesta.

Se armó de valor y movió la cortina.

Akira se cubrió con su camisa.

—¡O-Oye! ¡Te he dicho mil veces que avises cuando vayas a atravesar! —gritó avergonzada.

Normalmente cuando ocurría –y ocurría a menudo, incluso después de que el chico descubriera el secreto de Akira– se avergonzaba y disculpándose, se alejaba.

Esta vez sin embargo, Takumi se quedó allí, mirándola seriamente sin decir nada.

Esa mirada hizo que la joven kunoichi se sonrojara.

—¿T-Takumi?

— ¿Por qué? ¿Por qué estás tan fría conmigo? ¿Acaso he hecho algo que te molestara? —preguntó con tristeza.

Akira miró hacia otro lado.

—No se de que estás hablando.

El chico se acercó, apoyando las manos en sus hombros, olvidando toda la vergüenza.

—¡No me mientas! ¡Estás muy distante conmigo y quiero saber por qué!

La mirada decidida de Takumi convenció a la chica para que hablara.

Suspiró y estuvo tentada de bajar los brazos cuando recordó que estaba sin camiseta, sólo con una venda.

—Bien, pero déjame vestirme primero. —exclamó con la cara roja.

Poco después, Akira se sentó en la mesa mientras Takumi esperaba una explicación.

¿Cómo podría explicarlo? ¿Cómo podía decirle lo que sentía? No era propio de ella dudar, no era como la habían educado.

Pero cuando Takumi estaba involucrado, se sentía diferente. Se sentía. Como una chica.

Tras dudar un poco, Akira respiró profundamente, incapaz de mirar al chico a la cara.

—También me iré. —dijo en un suspiro.

—¿Qué?

—Vino mi padre. Ahora que el Carnaval ha terminado, quiere que vuelva a casa. —explicó.

Takumi jadeó. Eso empeoró aún más la situación.

Bajó la cabeza, después de todo no tenía derecho a interponerse entre Akira y su padre, pero realmente se sentía muy triste.

—Así que… ¿También te vas?

En realidad, su padre le había pedido que eligiera si quería quedarse allí como un chico o volver a casa.

Se lo había dicho a Takumi de esa manera porque estaba avergonzada. Estaba avergonzada de sí misma.

Porque Akira había dejado morir a Takumi una vez. Y creía que ya no era digna de estar a su lado. Que volver a casa era la opción correcta. Que actuar con frialdad era lo mejor que podía hacer.

Sin embargo, todavía no había dado una respuesta a su padre.

(¿Qué más da? Después de todo Takumi también se va, incluso si me quedo, él no estará más…) pensó. De repente le entraron ganas de llorar, pero se contuvo.

—Así que… cuando vuelva ¿No estarás aquí? — preguntó el chico.

Akira levantó la cabeza al ver la mirada triste de su amigo, casi llorando.

Se sintió avergonzada de sí misma. No estaba bien actuar así, aunque se sintiera culpable de lo que había pasado, Takumi estaba sufriendo por su culpa, ahora, en ese momento.

Volvió a bajar la mirada.

—No lo sé. Yo… no lo sé.

Takumi se sintió de repente perdido. No imaginaba que dolería tanto.

O quizás si lo sabía, después de todo, sabía que estaba enamorado de ella.

Entonces sintió una punzada en el corazón, que le obligó a arrodillarse.

Otro ataque más.

—¡Takumi!

Casi instintivamente, Akira se levantó para socorrer a su amigo, entregándole la medicina que había dejado apoyada en un mueble cercano.

Ambos respiraron aliviados cuando el ataque pasó y se aferró a Akira.

—T-Takumi

—Yo… no quiero alejarme de ti, Akira-kun…—susurró tratando de recuperarse.

No, Takumi no merecía sufrir más de lo que ya estaba sufriendo, no había estado nada bien intentar apartarlo tratándolo con indiferencia, Akira era la que lo había hecho todo mal otra vez.

Lo abrazó.

—Me quedaré aquí. ¡Me quedaré aquí y te esperaré, Takumi! Siento haber actuado así, después de todo lo que pasó, después de que desapareciste, pensé que no merecía tu cercanía, tu amabilidad. ¡Te involucré por culpa de mi debilidad y ni siquiera pude protegerte! ¡Soy un fracaso!

Takumi sonrió, porque Akira por fin había vuelto a confiar en él.

Devolvió el abrazo.

—Amar no es una debilidad, Akira-kun. Ya ha pasado todo, no tenemos que pensar más en ello.

—Pero…

—Eres demasiado orgullosa, Akira.

—Lo siento, Takumi. En serio lo siento.

—Akira… Ven conmigo.

—¿C-Como? —Akira apenas se apartó del chico que le sonreía dulcemente. Como siempre.

—Ven a América conmigo. Si te tengo a mi lado estoy seguro de que todo irá bien. Quiero tenerte cerca de mí porque te amo.

No pudo contener las lágrimas por más tiempo, pero aunque se sorprendió se alegró, tal vez en eso consistía ser una chica.

Akira sonrió. Y Takumi se acercó hacia ella, uniendo sus labios en un beso.