Ya era un nuevo día, ninguna nube en el cielo se asomaba para oscurecer los intensos rayos del sol que anunciaba que sería un día caluroso.
Ryuzaki comenzaba a despertarse con desgana, sus cortinas antiguas y desgastadas dejaban que la pequeña habitación se iluminara apenas salía el sol. Por lo que siempre se despertaba antes de que sonara el despertador.
Trató de abrir los ojos, pero la luz matutina le cegaba.
Con pereza, se sentó en la cama al tiempo que se restregaba sus ojos carmín. Bostezó ruidosamente y se puso de pie con la cabeza gacha. Estaba cansadísima después de lo mucho que le costó quedarse dormida con lo ocurrido el día anterior.
Dio unos cuantos pasos arrastrando los pies y bostezo otra vez mientras se estiraba, levantando la cabeza lo más que podía. Abrió los ojos completamente y se llevó el susto de su vida.
Hiro estaba allí. Sentado en la silla de su escritorio y le sonreía tiernamente como si fueran amigos desde siempre.
−¡Ah! −llegó a saltar del susto.
Le tomó sus buenos segundos asegurase de que lo que veía era verdad, y cuando lo hizo no lo podía creer. Estaba en completo shock.
Permaneció inmóvil por un tiempo bastante prolongado, tanto que al chico se le borro la sonrisa. ¿Acaso era normal que alguien pudiese quedar como una estatua por tanto tiempo?
Iba a levantarse de la silla para confirmar que aun respiraba. Pero Sakuno dio señales de vida. Su expresión comenzó a mostrar claramente que estaba enojada.
−¿¡Tú!? −gritó con desprecio.
Hiro reaccionó ante el elevado tono de voz.
−Shhh. No grites −susurró al tiempo que se ponía de pie.
−¿¡Qué haces aquí y cómo me encontraste!? −estaba aterrada, histérica y totalmente consumida por el pánico−. ¿!Cómo entraste a mi casa!? −comenzó a retroceder.
−Si te callaras un momento… −dio unos cuantos pasos hacia la chica con las manos en alto, tratando de hacerle entender de que no le haría daño.
−¡No te me acerques! −le advirtió Sakuno subiéndose a la cama de un salto.
−Por favor, Saku −habló con calma, procurando calmarla mientras avanzaba lentamente hacia el catre, pero sus intentos eran en vano.
La castaña pegaba su espalda lo mas que podía a la pared, puesto que la cama se encontraba en una de las esquinas de la habitación, tratando de permanecer lo mas a salvo y lejos posible de Hiro.
−¡No me llames Saku! −si seguía así despertaría a sus papas, y él no podía permitir que eso ocurriera.
No podía dejar que Ryuzaki les contase a todos sobre él, si sucedía de seguro que se metería en problemas. Dio un ágil salto a la cama, donde se encontraba Sakuno y le tapó la boca con la mano. Ella, al ver que subía a la cama con intenciones de hacer algo abrió la boca para gritar, pero la mano de Hiro actúo antes de que pudiera emitir algún chillido.
−Déjame explicarte −pidió casi rogándole.
Sakuno sujetó el brazo con el que le tapaba la boca, y con la otra mano trató de empujar su cuerpo lejos de ella, pero por más que forcejeaba no conseguía mover ni un centímetro la mano ni el cuerpo de Hiro.
−Por favor, no voy a hacerte daño −comenzó él, a ver si con esas palabras la tranquilizaba―. Necesito que no grites y que me escuches, ¿de acuerdo? −le dijo suavemente sin quitar su mano de la boca de la castaña.
Ella ya no forcejeaba, pero lo miraba con el ceño fruncido. Dejando bien claro que, aunque desde ahora guardaría silencio, estaba sumamente molesta y ofendida de que le hubieran hecho callarse como, ella suponía, se lo harían a una malcriada.
Hiro, al ver una mejoría en el comportamiento de la castaña, prosiguió con sus palabras. Las cuales debían ser lentas y suaves para que no tomaran por sorpresa a Sakuno, al menos no demasiado.
Todavía cubriéndole la boca, siguió:
−Vine aquí para ayudarte −ella iba a comenzar a alegar de nuevo, pero él la interrumpió−. Estoy aquí para ayudarte a ti y a Echizen.
La expresión de Sakuno se volvió confusa. ¿Cómo conocía a Ryoma? ¿También habría estado siguiéndolo a él?
Hiro suspiró, ahora venia la bomba. Estaba listo para decirle el secreto a pesar de haber estado ocultándolo el día de ayer. Ese repentino cambio de opinión se debía a que la interacción que había tenido con Sakuno le había fascinado, por un momento había creído que pertenecía otra vez a este mundo.
Es por esa simple razón que decidió experimentar con un nuevo plan que le vino a la cabeza segundos después de que la chica se fue y desapareció entre la gente.
Tomó aire para hablar.
−Soy… un ángel −le dijo como si se sacara un gran peso de encima, y así era.
Como era de esperarse, Sakuno se alteró y de un manotazo apartó el brazo de Hiro, dejando su boca libre para protestar.
−¿¡Qué!? ¿Esperas que me crea esa estupidez? −histérica otra vez, saltó de la cama y corrió a la puerta de la pieza. Pero cuando iba a tomar el picaporte para abrirla y salir gritando, Hiro ya se encontraba allí, obstruyéndole la salida.
−Tú no sales de aquí −le dijo con un evidente tono de estrés en la voz.
Estaba allí, pegado a la puerta, con los brazos extendidos a los lados lo mas que podía, dejándole claro que no la dejaría salir, y con los ojos abiertos del espanto, aterrado por lo que pudo haber pasado si ella hubiese salido.
En ese momento Sakuno no supo si reírse o preocuparse por la evidente locura de ese sujeto. Que resultaba ser algo cómica, debía admitir. Pero la verdad es que la reacción de Hiro no era para menos. Le había contado que era un ángel y lo primero que hace es correr con claras intenciones de huir y gritar en busca de ayuda porque un maniático que dice ser ángel la esta acosando desde ayer.
Cuantas consecuencias inimaginables podrían traer eso. Le perjudicaría en su trabajo, podrían expulsarlo del cielo. O peor… no, no quería si quiera imaginar en que eso pudiese llegar a pasar algún día. Pero aparte de que acabarían con su vida, y ni siquiera estaba vivo, la misma Sakuno podía salir perjudicada. Ella… y también Ryoma. De alguna forma cambiaría pequeñas cosas que después irían provocando consecuencias en cadena y hasta podría destruir el destino de los dos. El destino que Hiro debía asegurarse se cumpliera.
−Ahora escúchame bien, porque esto no es fácil para mí, ¿de acuerdo? Estoy estresado, tengo muchas cosas en la cabeza y la verdad es que ni siquiera debería estar aquí.
−¡Pues entonces vete! −y trató de despegarlo de la puerta.
−¡No! −gritó Hiro de tal forma que Sakuno retrocedió y guardó distancia otra vez. Hiro suspiró−. ¿Jamás has querido algo con anhelo y casi desesperación?
A Sakuno casi se le escapa un gemido al pensar que por supuesto que quería algo. Con tanto anhelo y desesperación como decía él que daría cualquier cosa por conseguirlo.
−¿Jamás has deseado permanecer a ese algo… ese algo que te llena el espíritu, el alma, los pulmones, el autoestima; y que de pronto ya nada mas parece importante? Solo quieres seguir así, y no quieres que acabe nunca, como un sueño del que no quieres despertar. ¿Nunca lo has sentido?
Pero Sakuno ya no se encontraba allí. Viajaba a otro lugar, en donde todo era tal como ella soñaba. Un lugar tan lejano, tan inalcanzable que no tardó en regresar a la habitación. En donde Hiro la esperaba ofreciéndole un pañuelo. ¿De dónde lo habrá sacado?
Ella lo miró sin entender.
−Estás llorando −le aclaró él.
Entonces se tocó una mejilla con las yemas de los dedos y la sintió húmeda. Ni siquiera se había dado cuenta de que había soltado una lágrima.
−Lo siento −sin saber por que se disculpaba−. No sé ni por que estoy llorando −dijo riéndose nerviosa mientras se secaba la mejilla con la manga del pijama.
Hiro dejó caer el brazo que tenía el pañuelo y cerró la mano en un puño. Al abrirla ya no había nada en ella.
−Yo deseo algo, y tú también. Así que déjame explicarte con calma quien soy, por que estoy aquí y que es lo que quiero; porque aunque no lo creas,
me mandaron aquí con una sola misión: Hacer cumplir tu destino.
Una extraña sensación de duda, desconfianza y curiosidad… mucha curiosidad pasó por la mente de Sakuno. Expresándose en sus facciones cada una de ellas.
−¿Y cuál es mi destino? −en verdad la curiosidad era demasiado grande como para preguntarle ¿De que diablos habla este tipo?
Ante esa pregunta Hiro no pudo evitar sonreír.
La inmensa curiosidad de Sakuno por saber cómo conocía Hiro a Ryoma; cómo cumpliría su sueño y cual era su destino, hizo que olvidara por completo que él era un perfecto extraño en su casa, a la cual todavía no sabía como había entrado, y que la había estado siguiendo todo el día de ayer. Estaban sentados en la cama platicando cómodamente. Sakuno se sentía en confianza con él, no sabia por que, si recién lo conocía, pero de pronto eran amigos de toda la vida.
Hiro le había repetido la historia de que era un ángel, mandado del cielo para cumplir su destino, en el cual no había entrado en detalles todavía.
−Entonces, ¿por qué no hacemos un trato? −le ofreció él−. Déjame quedarme contigo, vivir tu vida, ser tu amigo e ir a tu instituto. Y yo haré realidad tu sueño.
Sakuno se le quedó mirando un rato, como si quisiera encontrar algo oculto en sus palabras.
−¿Por qué me harías ese favor? −preguntó después de un tiempo.
−Por que para eso me mandaron.
Ahora se le empezaban a cruzar los cables.
−No. Me dijiste que te mandaron para completar mi destino, ¿no es así? Que es totalmente distinto a lo que quiero.
El ángel sonrío ampliamente. Ahora venia la mejor parte.
−¿Y cómo sabes que tu destino no tiene nada que ver con ser feliz? Sakuno, piensa en eso que tanto anhelas y deseas. Piensa que ya estás allí, en ese lugar con ese algo que te falta para estar completa.
Y de inmediato comenzó a imaginarse en ese mundo, según ella tan lejano. Ese mundo… con Ryoma Echizen, en donde la amaba tanto como ella a él. Un lugar en donde estaban juntos y todos estaban felices por ellos, felices de que al fin fueran novios.
De pronto comenzó a imaginarse con Ryoma después del instituto, incluso después de la Universidad.
Hiro dejó que ella soñara y se imaginara todo lo que siempre había querido por tanto tiempo.
Claro está, que él ya sabía hasta el más mínimo detalle de esos deseos. Y desde luego que debía ser así. Debía saber como se suponía que sería todo tanto ahora como en el futuro. Así, si ocurría alguna alteración en el destino él se encargaría de arreglarlo.
Notó que Sakuno volvía a la realidad.
−Ahora, justo y exactamente todo lo que imaginaste, cada momento, cada día y cada sentimiento. Ese es el destino que está escrito para ti.
Se había vestido lo más rápido posible, pero después del shock de enterarse que su destino era estar con Ryoma, había sido bastante torpe al momento de ponerse la blusa y los calcetines. Los brazos no le achuntaban a las mangas y saltó por toda la habitación en un pie tratando de colocar el calcetín izquierdo que le estuvo prestando algunos problemas.
Con el desayuno ocurrió lo mismo. Se atragantaba con la leche y más de una vez se mordió la lengua al comerse los cereales. Pero al fin había terminado y salido de su casa, en donde se reunió con Hiro y se fueron caminando juntos. Ella iba con su uniforme de Seigaku y él… bueno, vestido con camisa y pantalón blanco… y a pie descalzo.
Caminaban en silencio, pero Sakuno pronto rompió el hielo. Habían demasiadas cosas que necesitaba saber, así que empezó con lo primero que le daba curiosidad en ese momento.
−Hiro, aun no me dices muy bien que es lo que tu quieres.
Él permaneció callado por al menos unos minutos. Su mente iba y venia en pensamientos y recuerdos no precisamente buenos.
−Bueno, yo solo quiero interactuar con otros humanos. Quiero sentir que soy de este mundo, otra vez.
¿Otra vez? ¿Acaso ya había pertenecido a ese mundo antes? ¿Había sido alguna vez humano?
Se lo iba a preguntar pero él habló primero.
−Pero eso no es lo importante. Necesito explicarte algunas cosas para dejar todo en claro. Primero, me mandaron aquí por que hay un problema. El destino tuyo y de Ryoma no se está cumpliendo.
Sakuno se paró en seco y miró a Hiro desconcertada.
−Relájate, es por eso que estoy aquí. Mira, normalmente me toca cumplir el destino de parejas un poco mayor de veinticinco años. Jamás me había tocado con alguien tan joven como ustedes. Bueno, no es que yo sea tan mayor tampoco. Tengo 19 años, al menos antes de… ser ángel.
Entonces no siempre había sido un ser divino. Estaba casi segura de que él había sido humano antes, pero ¿Qué habrá pasado con su vida? ¿Cómo había llegado a ser lo que era ahora?
Observó a Hiro y percibió algo de tristeza en sus ojos de color amarillo, por lo que intentó distraerlo.
−¿Y cuál es la razón por la que te fuimos asignados tan jóvenes?
−Pues, primero por el simple hecho de que se conocieron a una temprana edad. No son muchos los casos en donde las parejas que están destinadas a estar juntas se conocen tan jóvenes.
Y la segunda razón es la que ya te mencioné antes −y retomaron el paso−. Su destino no se está cumpliendo. Según lo que esta escrito, tú y Ryoma ya deberían ser novios.
−¿En serio? −Sakuno no podía estar mas sorprendida, ¿ellos novios? Lo veía tan lejano.
−Dime, ¿Por qué no fuiste al cumpleaños de Oishi?
¿Y qué tenia que ver eso? No había ido porque se sentía mal ese día y simplemente no quiso ir. Aunque debía admitir que andaba un poco deprimida esa semana y no le apetecía ver a Ryoma ese día.
−En fin, por esa decisión que tomaste es que ahora estoy aquí. Se suponía que irías al cumpleaños de Oishi en el restaurante de sushi de Kawamura, y ahí seria cuando… bueno, te lo dejo a tu imaginación.
Sakuno se quedó sin habla. Esa celebración había sido hace solo dos meses. ¿Tan cerca había estado de tener algo con Ryoma? Y al final nada había pasado porque ella tan estúpida no quiso asistir. Le dieron ganas de tirarse las trenzas hasta arrancárselas.
−Asi que, como no fuiste ese día, resulta que ya estamos en Junio y aun no son novios, y el año se pasará muy rápido, por lo que vine aquí para solucionar las cosas. ¡Voy a juntarlos y me encargaré de hasta el último detalle para que salgan de la Seigaku juntos, como pareja!
El repentino entusiasmo de Hiro la animó y de pronto sintió esperanza de que en realidad lo que el ángel decía se podía cumplir.
Entonces, comenzó a analizar y llegó a una conclusión imposible para ella.
−Eso quiere decir que Ryoma, ¿siente algo por mí? −lo pregunto más para si misma que para Hiro.
−¿Y por qué no? Que sea demasiado orgullosos, egocéntrico, frió e indiferente no significa que no tenga corazón.
−Pero si él nunca ha mostrado algún interés en mí y apenas me habla. −la castaña comenzó a recordar esos frustrantes momentos, en donde ella se esforzaba por formar una frase sin tartamudear y él le respondía "Si" o "No o "No se".
−Saku, debes entender que a pesar de todas las terribles cualidades que dije de él, también tiene su lado bueno. El problema es que lo tiene escondido, muy adentro. Por ejemplo, que es un poco tímido cuando se trata de ti, por eso no se te acerca mucho.
¿Ryoma tímido? Si, claro.
−¿Y como vas a juntarnos si él lo pone tan difícil?
−Tengo mis dones. Tú no te preocupes, te daré algunos consejos, pero aparte de eso yo me encargaré de todo. Además, para facilitar las opciones me haré pasar por un alumno nuevo y no iré a tu misma sala de clase, sino que seré compañero de clase de Ryoma. Así podré acercarme a él y me será más fácil cumplir la misión. Por supuesto que no le diré mi secreto y tú tampoco debes decírselo a nadie −una vez creyó haberlo dicho todo anunció−. ¡Esto será emocionante! Siempre quise volver a ser estudiante.
En definitiva eso confirmaba las dudas de Sakuno. Si había sido humano antes. Estuvo un buen rato pensando en como preguntarle algo que seguramente seria delicado para el de cabellos blancos.
Pero sin darse cuenta, ya habían llegado a la entrada de la Seigaku.
Sakuno miro al ángel y quedo estupefacta al ver que tenia puesto el uniforme del instituto. ¿En qué momento se había cambiado?
−Bueno, será mejor que vayas a tu sala de clase, yo ya tengo todo listo. Ayer arreglé todo y ahora soy un alumno nuevo que fue asignado casualmente a la sala de Ryoma −rió con aire travieso.
−¿Desde ayer? ¿Y como sabias…?
−Saku −le interrumpió−, tengo que advertirte que conmigo te llevarás varias sorpresas.
