—Suéltate el pelo.
—No.
—Suéltate el pelo —insistió.
—No.
—¿Por favor?
—Dije que no.
—Tú eres la que se perjudica.
Hiro y Sakuno iban llegando a la academia Seigaku, y el ángel había estado insistiendo todo el camino para que ella se soltara las trenzas. Pero Sakuno se negaba rotundamente, eran sus queridísimas trenzas, a las que tanto cariño les tenía. Además sin sus trenzas, ¡no era ella! Simplemente no se imaginaba sin ellas.
Llegaron a la academia, por lo que les tocaba separarse, ya que cada uno debía ir a su respectiva sala de clase.
Sakuno se dirigió a la suya dejando a Hiro atrás.
—¡Hey, Saku! —le susurró Hiro. Ella se dio vuelta— ¡Sueltooo! —volvió a susurrar revolviéndose los cabellos fuertemente con las manos.
—Estás loco —le dijo ella mientras soltaba una risita.
El ángel se despidió con la mano y se volvió para tomar rumbo a su salón.
Al llegar se sentó al lado de Eirin, e intentó prestar atención al profesor. Lo cual le era un poco difícil a veces puesto que tenía que asegurarse de Ryoma no se durmiera. Sin contar que Eirin le hablaba muy animadamente y él no podía ser grosero y no contestarle. Por lo que tuvo que dividir su atención en esas tres cosas durante toda la primera clase.
Mientras tanto, en otro salón, Sakuno no paraba de pensar en todo lo que comenzaría a pasar. Ya se imaginaba su vida perfecta con Ryoma.
De seguro que Hiro sabía perfectamente lo que hacía. Solo esperaba que no ocurrieran cosas que pudieran cambiar su destino. Hasta el momento, por suerte, todavía no había pasado nada.
Bueno… quizás algo.
Después de todo Hiro se había infiltrado en su vida, algo que nunca debió haber pasado. Pero en realidad había resultado algo bueno. Después de todo lo único que había provocado era que ella, al estar consiente de todo, ayudaría y pondría mas de su parte para que la "misión" se cumpliera los antes posible. Beneficiándola a ella, a Ryoma y a Hiro.
De pronto un pensamiento le vino a la mente, ¿Y si el destino de alguien más se alteraba por conocer a su amigo? Eso podía pasar, y no ser muy bueno.
Era preocupante en verdad, Hiro podía hacerlo infiltrándose en la vida de esas personas. ¿Podría ser posible que el hecho de conocer a alguien, que supuestamente jamás debiste conocer, sea algo tan grave que altere por completo tu destino? Se quedó pensativa toda la clase.
Finalmente tocó el timbre para el primer receso. Sakuno salió a paso rápido en dirección al salón del ángel. Tenía que hablar con él, preguntarle sobre sus dudas.
Él iba justo saliendo de su sala, cuando Sakuno casi choca con él en la puerta.
—Hiro —dijo sobresaltada—, necesito hablar contigo.
—¿Qué ocurre?
—¿Será muy grave que otras personas te conozcan? ¿No alterarás el destino de alguien si te haces su amigo?
Hiro lo pensó por un momento. Su mirada se fijaba en un punto invisible sobre la cabeza de Sakuno.
Se encogió de hombros.
—No en realidad. Todos a los que voy a conocer —porque ya sabía a quien conocería a lo largo de las semanas. Estaba totalmente informado— van a encontrarse con su pareja definitiva en la Universidad o después. Ni siquiera tienen ángeles vigilándoles todavía por que aun no lo necesitan.
Por lo que si me conocen ahora, no les afectara en nada.
Sakuno se le quedó mirando por un momento, procesando lo recién dicho por su amigo.
—Por eso te dije que ustedes eran un caso especial, nunca antes me había tocado una pareja tan joven, además yo…
La castaña se quedó esperando a que él continuara, pero ya no hablaba. Sino que miraba con asombro hacia su derecha. Había levantado la vista hacia su hombro derecho y hablo como si se dirigiera a alguien.
—¡Shuto! —exclamó extrañado, ¿le hablaba a alguien?—. ¿Qué haces aquí? No deberías estar… ¡Auch!
Salió repentinamente de la sala, casi trotando con el brazo derecho extendido hacia adelante, como si alguien le estuviese tirando de este.
—¡Hiro! ¿A dónde vas? —Sakuno lo siguió sin entender.
—Es Shuto —le dijo él mientras era arrastrado por una fuerza invisible—. No lo puedes ver porque está siendo invisible para los humanos, él es el amigo del que te hablé, él que tiene las alas, ¿recuerdas? Por eso no lo puedes ver.
—¡Hiro, espera! Estaba hablando contigo.
—Es que Shuto quiere hablar conmigo en privado —dijo mientras seguía siendo arrastrado por el otro ángel.
—Yo soy la que quiere hablar contigo ¡No te vayas! —lo siguió hasta que su amigo fue arrastrado hasta el baño de hombres.
Maldición. Solo hasta ahí podía llegar, así que esperó en la puerta.
Dentro del baño Shuto metió a Hiro en una de las cabinas para poder conversar…
—¡¿Como se te ocurre hacer esto?! —o quizás discutir—. ¡Eres un idiota! ¡Perderás tu alma! O lo que te queda de ella.
Shuto se hizo visible. Era un más alto que Hiro, cualquier persona que lo viera podría decir que tenía unos veinticinco años aproximadamente. Vestía de blanco y andaba descalzo. Tenía el cabello de un color dorado claro y poseía unos ojos oscuros, casi negros.
—Tranquilízate —respondió el menor—, Dios no puede ser tan malo —dijo con tono cómico.
—Tú… ¡Tú me sacas de mis casillas!— cerró los ojos y suspiro fuertemente, tratando de controlar su furia—. Dios me mandó para decirte esto y también que te avise que quiere hablar contigo ¡¿Sabes lo que eso significa?!
—¿Ahora? —tomado por sorpresa.
—¡Si, ahora!
—Pero no puedo, estoy en clases.
—Ah, verdad que estas en clases —Hiro asintió—. Ahora vámonos.
—¿Qué? Pero si te dije que no… —alegó a su amigo antes de partir.
Afuera del baño Sakuno se estaba impacientando. Tardaban demasiado. ¿Qué estaría pasando allí dentro? ¿Sería algo grave? ¿Tendría que ver con ella? ¿O con Ryoma?
—Suficiente, voy a entrar —decidió—. No me importa, necesito saber qué es lo que sucede —iba a empujar la puerta, pero esta se abrió antes. Dejando ver quién iba a salir.
—Ryo… Ryoma —sintió como la sangre hervía en sus mejillas.
—Hum— un tanto extrañado —el baño de chicas es por allá, Ryuzaki —le señaló con el dedo pulgar.
—Yo…Yo… —los nervios se apoderaron de ella—. Yo… espero a… alguien.
El frunció el ceño.
—¿A quién?— no pudo evitar sentir curiosidad.
—Un amigo —el timbre de vuelta a clases sonó.
—Pues ya no puedes seguir esperando, tienes que ir a clases.
—Pe…pero es que…
—Llegarás tarde. —le cortó él.
Sakuno dudó un momento, volvió su mirada a la puerta del baño deseando que Hiro apareciera por ella. Pero no pasó nada, al parecer iba a estar ahí dentro un buen rato.
—Si… t-tienes razón —y se fue junto con Ryoma, aunque él actuó como si ella no estuviera allí durante todo el trayecto.
De vez en cuando, sin que ella se diera cuenta, la miraba e inspeccionaba de reojo. ¿Por qué siempre se sentía así cuando estaba con ella? Sentía la necesidad de hablarle, acercársele; pero su orgullo no lo dejaba.
Sakuno caminaba tratando de seguirle el paso. Si realmente él estaba interesado en ella ¿Por qué tenía que ser tan frío? Justo ahora que necesitaba a Hiro este estaba cotorreando con su amigo en el baño, igual que un par de chicas. Pero ella no sabía que su amigo había abandonado la tierra hace varios minutos, nunca se imaginaría que en este momento el ángel estaba pasando por un mal momento.
Estaba un poco molesta puesto que Hiro no volvió a aparecer en todo el día. ¿Qué es lo que querría ese tal Shuto? Ahora iba de regreso a su casa y en verdad esperaba encontrarlo allá. Cuando llegó se dio cuenta de que no había nadie, ni siquiera sus padres. Subió a su habitación rezando por que Hiro estuviese allí, grande fue su decepción al no encontrarlo.
—¡¿Hiro, donde estás?! —lo llamó esperando que pudiera escucharla donde fuera que estuviese.
Pero no había rastro del ángel. Estaba preocupada, ¿y si le había pasado algo? ¿Qué cosas malas podrían pasarle a un ángel?
Se sentó en su cama pensativa, preguntándose un sinfín de cosas a las cuales no les encontraban respuestas claras.
Ese otro ángel que no podía ver la dejó intrigada. Se supone que estaba con sus alas. ¿Cómo serian? Se las empezó a imaginar grandes y majestuosas, tratando de atribuirles todo lo que Hiro decía sobre ellas. ¿Cómo se vería él con ellas?
—Hola.
—¡Ah! —totalmente sobresaltada, vio a Hiro apoyado en la pared de al frente —Me asustaste, Hiro. No vuelvas a hacer eso.
—Lo siento —se disculpó casi en un susurro.
Sakuno se fijó en la expresión desaliñada del joven. Parecía agotado y no mostraba ninguna emoción aparente.
—¿Estás bien? —preocupada de no ver esa permanente sonrisa en su rostro.
—Bueno, tuve una conversación con Dios, eso es todo.
—¿Una… conversación? —él asintió— ¿Y de que hablaron?
Hiro suspiro con resignación. Se dirigió a la cama y se sentó junto a Sakuno.
—A ver, por donde empiezo —la chica percibió un poco de ánimo en sus palabras, pero su semblante seguía serio—. Hay ciertas reglas que nosotros debemos cumplir, como por ejemplo no hacerse visible frente a un humano y jamás revelar nuestra identidad de ángel.
Sakuno lo miró con insistencia y el tosió incomodo.
—Bueno, supongo que ya te habrás dado cuenta de que yo he roto esas dos reglas —soltó una risita nerviosa—. Pero tranquila, porque soy uno de los mejores ángeles de Dios. El ya me perdonó mi primera falta hace años, el problema fue ahora que me presente frente a ti y te conté todos esos... —buscó la palabra apropiada—…secretos.
—Ah —un poco confundida.
—Es por eso que hemos conversado y Él decidió darme otra oportunidad, por que en verdad soy muy bueno en lo que hago −dijo con tono orgulloso−. Pero no debo desobedecer ni una sola regla más.
Sakuno se quedó pensando en la situación. Jamás pensó que los ángeles tuvieran normas que cumplir tan estrictamente.
—¿Y qué sucederá si rompes otra regla?
Hiro suspiró. Sus ojos parecieron viajar a un lugar muy lejano de allí por unos segundos. Luego la miró a ella.
—¿Has oído hablar de la reencarnación?
—Eh… —se quedo sin habla por un momento —. S-sí, pero no creí que fuera verdad.
—Pues con nosotros al menos lo es. Si cometemos una falta Dios no encontrará que seamos lo suficientemente buenos para ser ángeles, entonces…
De pronto ya no hablo más. Su respiración se volvió mas agitada y le temblaban las manos.
—¿Hiro?
—Entonces… —Sakuno pudo notar el vacío en sus palabras—. Te reencarnas en un humano.
Lo dijo casi con terror. Y Sakuno no podía entender por qué era algo tan terrible para él.
—¿No te gustaría volver a ser humano?
—¡NO! —se levantó de la cama bruscamente, asustándola—. Como podría querer volver a ser humano si mi vida anterior era tan miserable y jamás fui feliz. ¡Amo ser ángel y amo lo que hago porque me encargo de que la gente encuentre al amor de su vida, para que puedan ser felices por siempre y no les pase lo que me paso a mí!
Se quedo de pie sin mover un músculo, mirando el suelo. Sakuno se levantó y fue a su lado para calmarlo.
—Está bien Hiro, está bien. —y lo abrazó fuertemente.
Él la abrazo también con fuerza para desahogar y liberar todos esos sentimientos que habían estado guardados dentro de sus ser por más de cincuenta años.
Sakuno no entendía muy bien: no quería volver a ser humano, pero le encantaba compartir con ellos y vivir su vida. Le resultaba muy confusa la forma de pensar del ángel.
—No volverás a ser humano. Porque no volverás a ser tan tonto como para romper otra regla, ¿verdad? —le dijo, separándose.
Hiro soltó una risita.
—Sí, tienes razón. No volverá a pasar. ¡Y no soy tonto! Solo un poco descuidado.
Ambos rieron.
—Bueno, y cuáles son las reglas para ustedes. Ya sabes, para asegurarme de que no volverás a desobedecerlas.
—No me las sé todas, pero… bueno, obviamente nadie más puede saber que soy un ángel.
—Esa es fácil ―Sakuno se encogió de hombros.
—Otra sería, en mi caso que interactuó con los humanos, que ninguna chica se enamore de mí en la etapa en donde conocerá a su media naranja destinada, porque eso podría provocar serias alteraciones. Pero no hay problema con esa regla por que ninguna chica que me vaya a conocer está en esa etapa.
Sakuno tomó un cuadernillo que tenía en su mesita de noche y comenzó a tomar nota.
—Ah bueno y tampoco debo enamorarse yo de ninguna humana, porque no se trata de ella, sino de mí. De lo que puedo hacer por celos quizá o para conseguir que esté conmigo. Puedo herir a otras personas y esa es otra regla también, ahora que lo recuerdo. Está prohibido hacerles daño a los humanos.
—Muy bien —dijo Sakuno leyendo de su cuadernillo —.No enamorar a nadie, no enamorarse de nadie y no hacerle daño a nadie. Estamos bien —le animó sonriente— ¿Eso es todo?
—No —se rió—, pero casi todas las otras son tontas, estas son las más difíciles podría decirse porque estoy en la tierra. Las otras son para cumplirlas allá arriba. Y la verdad es que se me han hecho muy fáciles de cumplir estos últimos cincuenta años.
—De acuerdo, entones…
—¡Muy bien! —le interrumpió él con ganas—. Tengo muchas cosas que hacer. Tendrás que prepararte para mañana porque empezaré a poner en acción mis planes.
Sakuno lo miro interrogativa.
—¿Planes?
—Ya sabes, para que tú y Ryoma se vuelvan mas… cercanos— eso último lo dijo con tono pícaro, provocando que Sakuno se sonrojara. —¡Adiós! —y salió de la habitación.
—Pero Hiro…—Sakuno lo siguió, pero al salir no había nadie—. ¿Qué planes tendrá? —se preguntó pensativa, y regresó a su cuarto.
