Notas de la autora: Hola! Quería agradecerles por sus comentarios, hasta el mas pequeño me hace muy feliz :D espero que estén disfrutando esta historia y en verdad gracias por leerla y darme su apoyo, lo aprecio mucho ;)
Capítulo 5: Planes en acción, un mal trato.
Las clases ya habían terminado por ese día.
Aunque aun le era difícil, Sakuno ya se había resignado a la cruda verdad de que no valía la pena ir a las prácticas de tenis solo para ir a ver al capitán de ese año: Ryoma Echizen.
En vez de eso, se preparaba para marcharse, con Hiro siempre acompañándola.
—Esta vez no nos iremos a tu casa, al menos no enseguida.
—¿Qué? ¿Por qué?
—Es una sorpresa.
Sakuno le miró con desconfianza. Pero al ver la cara de inocencia de su amigo no tuvo más remedio que confiar en él. Aunque su conducta seguía siendo sospechosa. ¿Por qué estaba tan sonriente? Pero que tonta, siempre estaba así.
En efecto, el paseo fue extraño. Hiro la llevaba a tiendas, galerías, mini ferias y más; diciendo que debía comprar algunas cosas que Dios le había encargado. Sakuno no supo si creerle o no, pero era cómico verlo con tanta energía. Después de una hora parecía que había terminado de hacer sus compras. Entonces, ¿por qué seguían caminando sin rumbo?
—Hiro vayamos a la casa, ya me duelen los pies y no se a donde vamos.
—Una cosa más —dijo buscando algo o alguien con la mirada. —¡Mira! Un local de comida rápida. ¡Vamos a comer algo!
Antes de que Sakuno pudiera protestar, ya se encontraban en la entrada del local. Y casi se le sale el corazón con lo que vio.
Ryoma estaba en la caja, al parecer esperaba su pedido, el cual debía reclamar con la boleta que le habían entregado. Y también pudo divisar a Momoshiro esperando en una mesa un poco más allá.
Desde el año pasado que no veía a Momoshiro, después de que terminara la escuela y se fuera a la Universidad.
—¡Oh, vaya! Mira, está Ryoma. ¡Ja! Qué casualidad, ¿no crees?
Sakuno se sonrojó al instante.
—Muy bien —la distrajo Hiro—. Ve a la caja y pide una hamburguesa extra grande.
—Pero si no tengo hambre —alegó ella.
—¡No es para ti! Estoy hambriento.
—Por esas extrañas cosas de la vida… ¿Sabías que Ryoma iba a estar aquí?
—¿Yo? —fingiendo inocencia—. Claro que no, cómo iba a saberlo, no sé de qué me hablas —encogiéndose de hombros—. Ahora ve hasta allá y haz lo que te dije —le dio unos pequeños empujones para incitarla a avanzar.
La castaña comenzó a caminar muy lentamente, acercándose a la caja. Sentía como la sangre le subía a la cabeza. Se detuvo al lado del ambarino para que la atendieran. Pero la cajera no estaba en su puesto.
Suspiró antes su mala suerte.
Ryoma, que esperaba las innumerables hamburguesas que había pedido para él y Momo, ya se había percatado de la presencia de la chica. Comenzó a golpetear impaciente el mesón con las yemas de sus dedos, la situación le era bastante incómoda. Sakuno ya no iba a las canchas de tenis, siempre un extraño chico de cabellos blancos se la llevaba lejos. Estaba seguro de que la obligaba a que se fuera con él, ya que varias veces lo había visto llevándosela del brazo.
A unos metros de allí, Hiro observaba impaciente. La pareja ni siquiera se miraba.
—Increíble —habló por lo bajo—.Tendré que interferir.
¿Quién será ese chico?
Ryoma recordaba cada receso y siempre veía a Sakuno con aquel extraño muchacho. Seguía dando golpecitos en el mesón con los dedos, revolviendo entre su mente para encontrar alguna respuesta.
—¡Saku! —el ángel se asomó entre los dos —¿Por qué tardas tanto?
Un último golpe, más fuerte que los anteriores, confirmó la rabia de Echizen. ESE era el chico. Allí estaba otra vez, con ella.
—Eh… aún no me atienden, n-no está la cajera —la chica miraba tristemente de reojo al tenista, quien solo miraba el mesón con el ceño fruncido.
—¿Qué acaso tendré que pedir yo por ti? —Sakuno lo miró como si este hubiese dado en el blanco—. Está bien ¡Hey, por aquí! Estamos esperando ¡Atiéndanos!
—Lo siento ¿Qué pedirá? —y misteriosamente apareció la cajera.
—Quiero una hamburguesa extra grande por favor… y agréguele unas papas fritas.
—Bien —la camarera empezó a escribir en la computadora—. En total son…
—¡Espere! —interrumpió Hiro—. No había terminado, también una bebida.
—De acuerdo, entonces son…
—¡Aún no! Quiero otra hamburguesa, pero sin queso ¿Tú quieres algo, Saku?
—N-no, estoy bien —impresionada por la cantidad de comida que su amigo podía ingerir.
—Hey, Echizen —Momoshiro se acercó—. Se me había olvidado decirte que pidieras mi hamburguesa con papas fritas.
—¿Verdad que son ricas? —el de cabellos blancos se metió en la conversación.
—¡¿Quién dijo eso?! —Momo miró para todos lados buscando de donde había provenido ese comentario.
—Aquí —Hiro asomó su cabeza por delante de Ryoma antes de que Momoshiro se volviera loco pensando que escuchaba voces.
—Ah…Eh… Y tú eres…
—Soy Hiro, soy nuevo en la academia Seigaku. Sé que tú te graduaste el año pasado, he escuchado mucho sobre ti y los demás ex-titulares.
—¿En serio? ¿Qué dicen sobre mí? —con tono orgulloso.
—Momoshiro —interfirió Ryoma impaciente —¿Por qué no te vas a sentar y esperas allá?
—Espera Echizen, que no ves que estoy socializando. Así que nuevo, ¿eh? Y como… —Momo vio un par de trenzas detrás de Hiro —¡Vaya! Ryuzaki, cuánto tiempo.
—Eh… Ho-hola Momo-sempai —pero Sakuno solo estaba concentrada en el rostro de Ryoma, el cual no despegaba su vista del mesón.
—Venimos a comer… bueno al menos yo, porque Saku no quiso nada —le aclaró Hiro
—¿Vienen juntos? —preguntó Momo.
—Sí.
Ryoma se sentía un poco abandonado en esa conversación, así que tomó la bandeja con la comida, recién entregada, y se dirigió a su mesa.
—¡Perfecto! ¿Por qué no comemos todos juntos?
—Ah… —Sakuno iba a decir que no era necesario, que ellos buscarían otra mesa.
Pero Hiro hablo más rápido.
—¡Claro! —Tomó su bandeja y siguió a Momo con Sakuno pisándole los talones.
El ex-titular se sentó al lado de Ryoma, quien ya se había acomodado y estaba comiendo sus hamburguesas. Hiro con Sakuno se sentaron al frente de ellos. El ambarino se sorprendió un poco al ver que se sentarían con ellos en la misma mesa. Pero ocultó su sobresalto bajo su rostro frío y gélido.
A penas se acomodaron Momoshiro y el ángel comenzaron a hablar de quien sabe qué cosa. Porque ni Ryoma ni Sakuno prestaban atención al tema de conversación, cada uno pensaba en sus propios asuntos.
El tenista comía su hamburguesa calladamente, mientras observaba a Sakuno, que estaba en frente suyo, con disimulo. Pero con unos ojos tan penetrantes como los suyos era imposible que Sakuno no se sintiera observada. Lo veía por el rabillo del ojo y notaba que él la estaba mirando, lo que provocaba que sus nervios aumentaran y su rostro ardiera a más no poder.
Por dios, solo quería salir de allí.
—Ryoma, ¿me pasas la mayonesa? —le habló Hiro.
—¿Se conocen? —preguntó Momoshiro, puesto que él no había mencionado el nombre de Ryoma frente a Hiro.
—Está en mi misma escuela, ¿no? Supongo que es normal que me conozca—dijo Ryoma mientras tomaba un sorbo de su bebida —Aunque yo no sé cómo se llama él.
Hiro le quedó mirando un tanto ofendido.
—Estoy en tu misma clase.
Ryoma se atragantó con la bebida y tuvo que hacer un gran esfuerzo para no toser.
¿En verdad ese chico odioso estaba en su mismo curso? ¡¿Desde cuándo?!
—Es más —agregó —, me siento atrás tuyo.
¡¿Pero cómo?! ¡¿Cuándo sucedió esto?!
—¿Hace… cuanto? —habló con la voz apenas saliendo de su garganta debido a su atragantamiento.
—Llegué esta semana.
—Por dios, Ryoma como puedes ser tan despistado —le replicó Momoshiro sorprendido. —Además deberías saber su nombre igual porque lo dijo allá en la caja, cuando se presentó.
—No estaba prestando atención. —Ryoma seguía tosiendo pero esta vez pudo sacar algo más de voz.
—Nunca prestas atención, tampoco en clases. ¡Siempre te quedas dormido! —dijo Hiro—. No sé cómo pasas de curso.
A Momoshiro le hizo gracias el comentario.
—¡Ja! Ese es un misterio de la vida que jamás se podrá descubrir.
Y ambos rompieron en carcajadas.
Ryoma no podía creer que se es estuvieran riendo de él. ¿Qué se creían? Él no necesitaba prestar atención en clases para que le fuera bien. Vio a Sakuno, y se dio cuenta de que ella estaba igual o más avergonzada por la conducta de su amigo, esos dos seguían riéndose como locos.
Sakuno se acomplejó al ver el rostro de Ryoma. Lo estaban haciendo molestarse, y ella no quería eso.
Ambos suspiraron al mismo tiempo, y se miraron con sorpresa. Sakuno quiso sonreír por lo cómico de la situación, y hasta le pareció ver también un tono de humor en la mirada de él. Pero no duró ni un segundo, él desvió la mirada de inmediato. Alcanzó su bebida y comenzó a tomarla distraídamente.
Sakuno sintió su calorcillo en las mejillas otra vez al darse cuenta de que casi le había sonreído al tenista. De seguro se hubiera visto como una estúpida frente a él, quién siempre tenía esa expresión inescrutable.
Desvió la mirada hacia Hiro para que Ryoma no pudiera ver su clara expresión de decepción. El ángel lo estaba pasando muy bien al parecer. ¡Que desesperación! Si estos eran los planes de su amigo para acercarse a Ryoma no sabía si podría sobrevivir hasta que esto acabara.
Ya era otro día y a Hiro y a Ryoma les tocaba Gimnasia a primera hora.
Ahora que él sabía que el extraño joven estaba en su curso le daba batalla a cualquier cosa que se le presentara. Incluso si Hiro estaba en su mismo equipo, como ahora que practicaban basketball.
Estaban jugando un partido y Ryoma apenas dejaba que el equipo enemigo tocara la pelota, con suerte dejaba que su propio equipo lo hiciera. Ahora se encontraba acorralado, y no tenía alternativa, tenía que darle el balón a alguien.
—¡Ryoma, por aquí! —Hiro saltaba por todos lados y alzaba los brazos en todas direcciones—. ¡Aquí, aquí! Estoy libre ¡Yo, yo!
Pero el tenista le ignoró.
—¡Horio, toma!
—Pero… ¡yo estaba libre! −siendo completamente ignorado.
El juego continuaba y Ryoma de nuevo tenía la pelota, corría hacia la cesta con toda la multitud atrás suyo. Miró a su derecha y vio que Hiro se había detenido por el cansancio, apoyando sus manos en las rodillas.
Ryoma no lo pensó dos veces y le dio un pase sorpresivo.
—¡Hiro! —le lanzó el balón a tal velocidad que el nombrado ni siquiera alcanzó a reaccionar.
—¡Auch!
El ángel ahora yacía sentado en el suelo con un gran chichón en la frente.
—¡Echizen, ten mas cuidado! —Eirin, que observaba el juego, se dispuso a defender a su ídolo.
Ryoma bufó.
—Él no estaba pendiente —miró al golpeado—, pudimos haber ganado si dejaras de estar en la luna.
—Muy bien chicos, ya basta —habló el profesor—. Vayan a cambiarse.
—¿Qué te pasó? —el receso había llegado y lo primero que Sakuno vio al ver a su amigo en el pasillo fue un enorme chichón morado en su frente.
—Tu enamorado es todo un psicópata —refregándose la zona golpeada—. No sé cómo te pudiste fijar en él.
—Bueno, así es el destino —dijo ella con tono burlón.
—Mmm… no sé si él te merezca, tú eres tan buena y él…
—Creo que ustedes dos deberían conocerse más. ¿Por qué no te sientas con él?
—Saku —le respondió poniéndole el brazo derecho en su hombro—, no tienes remedio, es obvio que estás enamorada.
Miró por encima del hombro de la chica y notó que el chico del que estaban hablando los miraba desde el otro extremo del pasillo, en la entrada de la sala. Al ángel le dio un escalofrió ante la asesina mirada de Ryoma antes de entrar al salón.
Sería suicidio si decidiera sentarse con él.
—¿Hiro? —Sakuno lo sacó de sus pensamientos—. ¿Qué es esa mancha en tu cuello?
Sacó su mano del hombro de ella para tocarse debajo de su oreja derecha, donde yacía una mancha un poco más oscura que su piel.
—¿Te refieres a esta? Es para identificar a cada ángel, todos tenemos una diferente.
Sakuno la inspeccionó con la mirada, tenía forma de espiral.
En eso tocó el timbre de vuelta a clases, sacándola de sus pensamientos.
—Sigo diciendo que deberías sentarte con Ryoma —insistió.
Hiro negó con la cabeza inmediatamente.
—¿Qué acaso me quieres ver con otro chichón en la cabeza? —Sakuno rió—. Parece que sí.
Ese día fue particularmente aburrido, por lo menos para Sakuno. Hiro estaba ocupado escribiendo planes para que la pareja por lo menos comenzara a hablarse con más que solo monosílabos.
Le dijo a su amiga que aprovechara para salir con Tomoka en los recesos porque él estaba muy ocupado. De vez en cuando se iba, desaparecía. Sakuno suponía que se iba al cielo, y así era. Se iba a pedirle consejos a Shuto, que tenía bastante experiencia. Y cuando regresaba su hoja de planes se veía más completa que antes de ir.
Acompañó a la castaña hasta su casa y luego volvió a desaparecer. Sakuno no lo vio hasta el otro día.
—Estoy lista —dijo cuando salió del baño de su casa. Hiro la estaba esperando.
—Te falta algo —le señaló su cabello suelto. Ella sonrió.
—Quiero hacer un trato contigo —él la miró sin entender—. Tú quieres que yo me deje las trenzas ¿Cierto?
—Sí —aún confundido.
—Y yo quiero que pierdas el miedo que tienes hacia Ryoma.
—¡No le tengo miedo! —el ofendido se cruzó de brazos.
—Pues entones te propongo que hagamos esto —hizo una pequeña pausa y luego continuó—. Yo me soltaré el pelo los días en que tú me prometas que te sentarás con Ryoma.
—Y como hoy no te hiciste las trenzas debo suponer que hoy tengo que… —tragó saliva.
—Exacto. —ella le sonrió con aire triunfador.
Al llegar a la Seigaku se separaron. Cuando Hiro entró a la sala vio a Ryoma en su puesto. Se notaba que estaba aburrido.
Suspiró.
—Hola. —le dijo al sentarse a su lado.
Ryoma frunció el ceño apenas le oyó, pero no dijo nada.
La primera clase fue tranquila. El ambarino trataba de dormir para no tener que ver a su compañero de puesto. Y Hiro solo miraba al profesor, tratando de evitar las insistentes miradas de Eirin. Su rostro mostraba claramente que quería saber porque no se había sentado con ella.
Al toque de timbre Ryoma se levantó rápidamente. Quería ir a dormir a la azotea, ir a practicar tenis, cualquier cosa con tal de alejarse de Hiro y evitar verlo con Sakuno. Pero al salir por la puerta del salón se encontró con ella, quedó embobado. El cabello de la chica caía por lo hombros y espalda hasta un poco antes de la cintura y estaba ligeramente ondulado.
—Guau… te ves… bien —completamente hipnotizado.
Tanto Sakuno como Hiro… y como todo el curso, se quedaron boquiabiertos.
—Eh… gracias —trató de pronunciar ella.
Ante esa respuesta el tenista se dio cuenta de lo que había dicho y sintió como un calorcillo recorría sus mejillas. Salió disparado de la sala puesto que no tenía su gorra para cubrirse y no podía permitir que alguien lo viera en esa condición: Rojo. Rojo como un tomate.
En la sala todos seguían anonadados por lo recién ocurrido. ¿Desde cuándo el tenista decía ese tipo de comentarios? Y más de una chica miró a Sakuno con envidia.
—¿Qué pasa? —preguntó Hiro una vez que la chica llegó a su puesto.
—Nada. Solo quería saber si habías cumplido con tu parte del trato. Ya veo que si. —miró la mesa de al lado, donde estaba la mochila de su príncipe.
—Soy un hombre de palabra, como podrás ver. Además, siempre se queda dormido, es como si no estuviera allí —la miró y recordó lo que había pasado—. ¿Ves? Te dije que venir con el cabello suelto era buena idea.
—Sí, pero me molesta mucho. Extraño mis trenzas.
Él rió divertido.
La siguiente hora también fue tranquila. No había pasado nada sino hasta que llegó la clase de Biología. Hoy les tocaba laboratorio.
—Es en pareja —anunció el profesor—. Trabajarán con su compañero de puesto.
Hiro se aterrorizó. ¡No se hubiera sentado con Ryoma si hubiese sabido esto!
El tenista se frotó las sienes y suspiró en señal de impaciencia.
No puede ser.
Estaban en el laboratorio. Había dos filas de grandes mesones blancos. En la derecha, en el último mesón, se encontraban los dos.
Pasaban "El sistema circulatorio" y tenían que abrir un corazón —en este caso, el de una vaca— para observarlo e identificar sus partes.
Hiro miraba con asco el órgano. Con los ojos entrecerrados veía, medio mareado, como Ryoma tomaba el bisturí para comenzar a cortar.
—Si quieres puedes ayudarme —dijo él, irritado—. Necesito que me lo sujetes mientras lo corto.
El ángel lo miró con una cara que expresaba claramente las palabras "¿Lo dices en serio?", la asesina mirada de Ryoma le respondió enseguida. Se puso unos guantes blancos de hule y sujetó el enorme corazón.
¡Puaj! Era tan blando y resbaloso.
Cerró los ojos para pensar en otra cosa y se acordó de lo sucedido en el primer receso, abrió sus orbes amarillos dispuesto a entablar una conversación. Y obviamente que el tema tenía que ser Sakuno, debía ser ella.
—Se veía muy linda hoy ¿verdad? —comenzó.
—¿Ah? —Ryoma apenas escuchaba, estaba muy concentrado en su meticulosa operación.
—Sakuno, se veía muy linda con el cabello suelto.
—Ah —dejó de cortar y se quedó pensativo por un tiempo—... le queda bien —encogiéndose de hombros y volviendo a su trabajo.
Hiro frunció el ceño ¿Cómo podía ser así? Como si no le importara nada.
—Debería soltárselo más seguido, ¿no crees? —insistió, mientras seguía sujetando el corazón.
Ryoma asintió con la cabeza levemente, sus ojos se centraban en el órgano y en el bisturí. Pero Hiro sabía lo que realmente pasaba por la mente del ambarino, lo que faltaba era que lo expresara. No le quedaba otra que seguir hablando.
—Traté muchas veces de convencerla de que dejara las trenzas, pero ella no quería, así que hicimos un trato.
Ryoma no hablaba, fingía que estaba muy ocupado en su operación, pero en realidad escuchaba atentamente lo que el ángel decía.
—Supe que le vendría bien sacarse las trenzas cuando la fui a ver una noche, estaba durmiendo y la vi con el cabello suelto, la verdad es que…— se detuvo al darse cuenta de lo que estaba diciendo.
Ryoma lo miró con los ojos muy abiertos, el bisturí dejó de cortar el órgano. Estaba inmóvil.
—¿Que… Que tú qué? —preguntó sin quitar la expresión de su rostro. Mostraba sorpresa, confusión y horror.
Hiro no dijo nada.
—¿Cómo… que fuiste a verla…? ¡¿EN LA NOCHE?! —al pronunciar esas últimas tres palabras sacó violentamente el bisturí que estaba enterrado en el corazón.
El ángel no sabía que decir, había hablado sin pensar. Solo esperaba que esto no le trajera problemas. La expresión del tenista cambió. Ahora lo miraba con odio, como si quisiera asesinarlo con la mirada, y en verdad quería hacerlo.
Ambos se levantaron de sus sillas al mismo tiempo, sin dejar de mirarse. El chillido de las sillas al pararse llamaron la atención de algunos compañeros.
—Estás loco. —pronunció el tenista lentamente mientras se acercaba a Hiro con el bisturí en mano—. Aléjate de ella.
El ángel, mientras retrocedía lentamente, miraba nervioso la mano que sostenía el chuchillo, que por pequeño que fuera podía ser muy filoso.
—Chicos, ¿qué sucede? —el profesor apareció con unos cuantos compañeros detrás de él—. ¿Todo está bien?
Ambos chicos se quedaron mirando por otro segundo.
—Sí, profesor —dijo finalmente Ryoma—. Todo está bien —sentándose de nuevo.
Hiro trató de salir de su trance y sin decir nada se fue a sentar también. Los demás hicieron lo mismo. El tenista miraba el mesón muy, muy enojado. Apretaba lo dientes hasta el punto que rechinaban.
Permanecieron en silencio. El ambarino había tirado fuertemente el bisturí sobre el mesón y se quedó inmóvil, quien sabe que cosas pasaban por su mente ahora. Silenciosamente, Hiro tomó el cuchillo y lo alejó de Ryoma, no quería verlo con el instrumento en sus manos otra vez. Tenía que dejar que el chico se tranquilizara.
—Solo digo estupideces —le dijo el ángel—, simplemente no me escuches.
Ryoma no dijo nada. Hiro se asustó al ver que se levantaba de la silla otra vez. Pero se calmó al darse cuenta que solo le fue a pedir si podía ir al baño al profesor, el cual accedió.
Cuando salió del laboratorio, el de cabellos blancos supuso que él tendría que seguir con la operación. Tomó lentamente el bisturí, mientras observaba el corazón de vaca a medio abrir. Cerró los ojos fuertemente y comenzó a cortar con cuidado.
—Qué asco.
Una vez llegado al baño se lavó el rostro para tranquilizarse, ese chico lo ponía nervioso. Su preocupación aumentaba al recordar que acompañaba a Sakuno para todos lados, y al parecer nada hacía que se despegara de ella. Pero él haría el intento, no sabía cómo pero conseguiría que Hiro se alejara de la castaña.
Además, estaba seguro de que ángel estaba envenenando la mente de la chica ¿Por qué ya no iba a sus prácticas? Y no había recibido ninguna comida por parte de ella en toda la semana, solo los bocadillos de Tomoka, los cuales no tenía la mínima intención de probar.
Le costaba admitirlo, pero la comida de Sakuno era la que realmente le gustaba. Sintió algo raro en su pecho, podría decirse que comenzaba a extrañarla y por muy raro que le pareciera la quería de vuelta.
—Y esto —dijo con tono firme—, empieza hoy.
N/A: Espero les haya gustado, nos vemos!
