N/A: Hola como están? He traído el siguiente capitulo bastante rápido jeje Espero lo disfruten y gracias por lo comentarios anteriores, ojala mas gente también se una a esta historia :D A leer!
Capitulo 6: El Clima es impredecible.
—Fue horrible. ¡Horrible! Jamás, ¿me oíste? ¡Jamás volveré a sentarme con él!
Las clases habían terminado por ese día. Sakuno elegía una Ponta en la máquina de refrescos de enfrente de las canchas, mientras que Hiro gritaba exaltado moviéndose para todos lados.
—¡Pasé el susto de mi vida! ¡Es un maniático y está LOCO!
—Hiro, tranquilízate.
—¡Lo hubieras visto! Quería matarme con la mirada. Y si no hubiese habido nadie en la sala, ¡seguramente lo hubiese hecho con el bisturí!
Observó a su amiga, ella apenas le prestaba atención. Contaba las monedas en su mano, parece que no le alcanzaba para su bebida.
—¿Saku?
—¿Tienes dinero que me prestes?
—¡Ni siquiera me estas escuchando!
—Ah, perdón ¿qué me decías?
Hiro la miró resignado, no pensaba repetirlo todo otra vez. Se dio media vuelta y empezó a caminar con cansancio.
—Cuando compres tu Ponta encuéntrame en los árboles, voy a descansar un rato.
Sakuno lo vio alejarse incrédula, ¿cómo se supone que compraría la bebida si no tenía suficiente dinero?
Bueno, se compraría algo más barato. Observo la maquina, solo habían Pontas y todas al mismo precio.
—¿Vas a comprar o no? —una voz la sacó de sus pensamientos, la reconoció enseguida.
¿Por qué justo cuando Hiro no está?
Ryoma, al no recibir respuesta de la chica, se limitó a robarle el puesto. El sonido de las monedas entrando a la maquina hizo que Sakuno regresara completamente a la vida real.
—Eh… ¿Me prestas… algo… de dinero?
Él sacó su bebida y le dio algunas monedas a la chica sin decir nada. Una vez tuvo el dinero suficiente trató de recordar cual sabor era el que quería comprar. Pero no podía concentrarse, Ryoma la observaba detenidamente. Apoyado en un costado de la maquina y bebiendo pequeños sorbos de la lata, miraba con detenimiento cada centímetro del rostro de la castaña.
Ella metió las monedas y eligió cualquier sabor. En ese momento no estaba consciente de lo que hacía, solo de la insistente mirada del chico. Sacó la lata de la maquina y le devolvió la mirada.
—Gracias —quería irse, esa situación era demasiado incomodad para ella. Se dio media vuelta lista para partir cuando la voz de él la detuvo.
—No vuelvas a faltar a mis prácticas.
Se quedo inmóvil, eso le había sonado a amenaza. Se volvió para preguntarle sobre su advertencia, pero él ya se había ido.
—Creí que no tenias dinero —le dijo el ángel al verla sentarse junto a él con la Ponta en mano.
—Si lo sabías ¿Por qué me dejaste sola?
El ángel volvió a cerrar los ojos y se acomodó para tratar de dormir.
—Porque necesitabas enfrentarte a él tu sola.
Ella lo miró sorprendida.
—¿Lo sabías? ¡Como se te ocurre dejarme ahí! —estaba a punto de tirarle la bebida encima—. ¿Por qué lo hiciste?
—Porque a él no le gusta acercarse a ti si yo estoy cerca, me acabo de dar cuenta de eso. Pero no te preocupes, nunca te dejé sola. Siempre estoy viéndolos para hacerles la situación mas fácil y preocupándome de que no hayan contratiempos.
Sakuno respiró hondo para controlar la idea de tirarle el líquido en la cabeza. Simplemente trató de dormir al igual que ángel, quien pensaba en sus futuros planes y en que Sakuno tendría que ir acostumbrándose, porque esto recién estaba empezando.
Era viernes, la semana llegaba a su fin y Sakuno se preparaba para salir a Seigaku. Hiro le había advertido que usara sus trenzas ese día, todavía se estaba recuperando de su encuentro con Ryoma en la última clase de Biología.
Al salir de la casa se juntó con su amigo.
—¿Por qué llevas un paraguas? —le preguntó al verlo—. Está soleado, no hay ninguna nube en el cielo.
—Tengo mis razones.
En el camino ninguno de los dos habló, Sakuno no podía dejar de pensar en lo que el ambarino le había dicho el día anterior, y Hiro pensaba en lo genial que era su plan para ese día. Era simplemente perfecto.
Sus dones le permitían saber que pasaría ese día. Lo único que había que hacer era interferir en algunas cosas y todo saldría a la perfección.
Al llegar a Seigaku cada uno se fue por su camino. Hiro, al llegar a su sala se sentó con Eirin, quien se puso increíblemente contenta.
Ryoma llegó un poco después. Su rostro mostraba indiferencia, pero por dentro agradecía enormemente el hecho de que el fastidioso chico de cabellos blancos hubiera regresado a su puesto habitual.
El ángel también estaba agradecido. No solo porque no tuvo que volver a sentarse con el tenista, también por la iniciativa de éste al "pedirle" a Sakuno que no volviera a faltar a sus prácticas. ¡Ese era el primer paso que tanto había estado esperando! Ahora todo comenzaría a volverse un poco más fácil.
—Saku, he estado pensando —le dijo en uno de los recesos—. Creo que hoy deberías ir a las a canchas de tenis a ver a Ryoma, creo que hoy jugará un partido.
—¿En serio? ¿Quieres que vaya? —feliz de poder darse esa libertad.
—Sí, a ver qué es lo que sucede —con una sonrisa pícara en sus labios.
El resto del día pasó normal. Excepto por la irritante pregunta que todos le formulaban a Hiro:
—¿Por qué traes un paraguas? —le preguntó afuera de las canchas de tenis.
—Tengo mis razones, Momo —respondió con aire de poca paciencia. Esa sería la sexta y última vez que respondería a esa pregunta―. Espera un momento ¿que haces aquí?
―Pues hemos venido con Eiji a visitar a Ryoma, queremos molestarlo un poco mientras hace de capitán ―rió con aire travieso y se dirigió a las canchas.
No esperaba la llegada de esos dos, solo rogaba para que no interfirieran en sus planes. Se encontraba de pie al lado de la máquina de refrescos, oservando a ambos chicos que eran los protagonistas de su misión. Uno jugaba tenis, y la otra lo miraba embobada.
El ángel vio la expresión de Ryoma mientras jugaba, se notaba que se había dado cuenta de que la castaña estaba allí. Jugaba con más fuerza, y una extraña y leve sonrisa adornaba su rostro.
Y así era. Ryoma se sentía feliz, la sola presencia de Sakuno le daba ánimos para jugar en serio. Una extraña sensación lo invadía, era una sensación… de satisfacción. Se sentía completo.
Con tantas energías en su cuerpo, terminó rápidamente el juego, y para variar ganó.Salió apresuradamente de las canchas, pero la multitud que había estado observando el juego lo acorraló. Él, indiferentemente, ocultó su rostro bajo la gorra y le dedicó un frió "Mada mada dane" a todos. Sin embargo, ya estaban acostumbrados a aquella frase, y siguieron con los elogios.
Pero a Ryoma solo le interesaba las felicitaciones de cierta chica. Levantó la mirada y se dio cuenta de que ella no estaba entre esa multitud que lo rodeaba.
Hiro le había dicho que no lo hiciera, pero le resultaba muy difícil contenerse las ganas de ir donde su Príncipe y decirle lo excelente que había jugado.
El tenista, molesto por la indiferencia de la castaña, se dirigió a los vestidores y cerró la puerta de golpe. Sakuno se sentía terrible, sentía que lo perdería si seguía así. Solo una felicitación, nada más. Se acercó a los vestidores y esperó afuera.
—¡Nya! Que calor hace, ¡Voy por una Ponta! —Eiji tomó unas monedas y se dirigió a donde se encontraba Hiro—. ¡Hola!... ¿Por qué traes un paraguas? ¿Te duele la espalda y lo usas como bastón? —inocente.
—¿No tienes una Ponta que comprar? —ya había tenido que soportar varias veces la primera pregunta, pero la segunda ¡Era estúpida!
Sakuno seguía esperando afuera de los vestidores, pensaba en cómo se lo diría. Tendría que ser algo corto, porque Hiro de todos modos iba a enterarse y no quería que se enojara con ella.
En eso la puerta se abre y apareció su amado. Pero al verla allí se quedó petrificado, trató de controlar su enojo y todas las cosas que quería decirle por tenerlo tan abandonado. Sí, así se sentía, abandonado por parte de la castaña.
—¿Qué quieres? —le dijo lo mas frió que pudo.
—Ah, pues…yo —no puede ser, los nervios la traicionaban de nuevo—. Yo quería…
Hiro sonrió. De pronto, el cielo comenzó a oscurecerse, y unas grandes nubes negras cubrieron el cielo en segundos. Un estruendoso relámpago resonó en el lugar. El ángel muy relajado tomó su paraguas, lo abrió distraídamente, se cubrió la cabeza con este, y en menos de dos segundos comenzó a llover a cantaros.
Todo sucedió tan rápido que nadie había tenido tiempo de reaccionar e ir a algún lugar seguro, en donde no estuvieran expuesto a la fuerte lluvia.
—¡Ah! —gritó Sakuno al sentir como todo su ropa se empapaba en segundos.
—¡Ven, entra! —Ryoma la agarró del brazo y la metió a los vestidores.
El ángel amplió su sonrisa, la puerta del vestidor se cerró bruscamente y quedó con seguro. Todo gracias a él.
Dentro, el ambarino miraba curioso a la chica que estaba con él. ¿De nuevo las trenzas? Ahora que la veía, mojada, con la ropa pegada a su cuerpo, lo único que faltaba era que su cabello mojado hubiese estado suelto. Así, sería la imagen perfecta.
Aun así quiso preguntar el porqué.
—¿Qué pasó con el cabello suelto?
—Es… una promesa que hice… con Hiro, es algo… complicado.
Él hizo caso omiso al evidente tartamudeo de ella y a sus nervios, y recordó de mala gana cuando Hiro le había hablado levemente de esa promesa, cuando dijo que la había visitado en la noche.
Rechinó lo dientes.
—¿Sabías que él me dijo que fue a tu habitación… en la noche… mientras dormías? —trataba de contener esa rabia que sentía. Su mandíbula se puso tensa y cerró los puños con tal fuerza que los nudillos se le pusieron blancos—. ¿No te das cuenta de que él puede ser peligroso?
Sakuno inmediatamente reflexionó sobre esas preguntas. Seguramente al tonto de su amigo se le había escapado, ahora tendría que ver como se lo explicaría.
−Hiro… tiene problemas, siempre dice cosas sin sentido. A veces se inventa unas historia muy locas. Es muy… imaginativo.
Ryoma no se la creyó y frunció el ceño. Se dirigió a la puerta, quería salir de allí. Obviamente ambos le estaban ocultado algo. Giró la perilla, pero no pudo abrirla.
—Maldición, creo que se atoró —no lo permitiría, en verdad quería irse y no verla.
Comenzó a darle patadas a la puerta con todas sus fuerzas.
Hiro, al escuchar los golpes, sonrió. Miró al cielo y desapareció entre la lluvia. La puerta se abrió con la siguiente patada de Ryoma, por fin. Salió a paso rápido. Sakuno, al salir, se dio cuenta de que no había nadie, todos se habían ido antes por la fuerte lluvia, ni siquiera vio a su amigo ángel.
—Te abandonó, ¿cierto?
Ella lo miró molesta. Sabía que los estaba viendo desde el cielo, no pensaba decepcionarlo mostrándose tímida e indefensa.
—Puedo llegar a mi casa sola. —se dio media vuelta y comenzó a caminar.
No sabía qué diablos iba a hacer. Si normalmente se perdía, ¿cómo no lo haría con la espesa lluvia que con suerte dejaba ver un poco más de cuatro metros delante suyo?
—No, no puedes —Ryoma la alcanzó y caminó a su lado.
A quien quería engañar, no podía enojarse con ella.
Sakuno no sabía que habría hecho si Ryoma no hubiese estado allí para guiarla. Varias veces doblaba en calles cuando tenía que seguir derecho y viceversa. Y el plan de Hiro funcionaba a la perfección, ambos estaban empapados y él sabía que Sakuno no dejaría que su Príncipe se quedara afuera mojado. Sabía que lo invitaría a pasar.
Pero ese momento nunca llegaba, el camino a la casa parecía interminable para Ryoma. Quería decir algo, pero su orgullo le detenía. Quería saber porque estaba tan rara, tan distante. Aunque ya sospechaba la respuesta.
—Hiro —susurró.
—¿Qué? —Sakuno alcanzo a escuchar el leve murmullo.
Diablos.
Le había escuchado, ahora tendría que hablar.
—Bueno. Es que he estado pensando que Hiro te sigue para todos lados.
—No me sigue, es solo que nos hemos convertido en muy bueno amigos.
Como era de esperarse, al llegar a la casa la castaña lo invito a pasar. Pero Ryoma solo aceptó para usar el teléfono para que lo fueran a buscar. Eso de que "te puedes quedar hasta que la lluvia cese" por parte de ella no le había agradado nada.
No es que ella fuese el problema, él lo era. Le gustaba estar solo, nunca antes había pasado tanto tiempo a solas con Sakuno, y se estaba poniendo nervioso.
Se sentó en el sofá de la sala principal y esperó.
—Eh… ¿no quieres algo? —le preguntó nerviosa y entrelazando sus dedos.
—No… gracias.
Si la caminata fue incómoda, no se comparaba con esta situación. Sakuno se preguntaba si Hiro pensaba hacer algo para mejorar el momento o simplemente estaba esperando a que ella tomara la iniciativa y perdiera su timidez.
—¿Dónde estará?
—¿Quién?
¿Lo había dicho en voz alta? Maldición. Ahora tendría que volver a tocar el tema de Hiro que, por aluna razón desconocida para ella, siempre ponía de mal humor a Ryoma.
—Eh... mi… mamá, normalmente está en la casa.
Y ahora que lo pensaba, era cierto. Su mamá no estaba, ¿Sería parte del plan del ángel?
Un extraño sonido se escuchó desde el segundo piso.
—¿Qué fue eso? —preguntó Ryoma.
—Yo no escuché nada. —estaba segura de que es lo que había sido ese ruido, y no quería que el tenista se enojara nuevamente.
Pero qué demonios hacía Hiro aquí.
—Pues yo escuché algo —dijo él—, vino de arriba. Podría ser un ladrón. —se levantó del sofá y subió las escaleras.
—¡Espera! Seguramente es mi gato.
—¿Tienes gato? —se detuvo para lanzarle una mirada de desconfianza.
—Así parece.
Otro ruido se volvió a escuchar, provenía de la habitación de Sakuno. Él frunció el ceño, y siguió subiendo los escalones.
—¿Dónde estará?
Hiro había vuelto a la tierra y buscaba entre las cosas de Sakuno, revolviendo y escarbando entre los cajones y la ropa de ella.
Se le había perdido su hoja de planes.
—Rayos —se rascó la cabeza, pensativo—. ¿Dónde lo habré dejado?
—¡Ryoma, no puedes entrar a mi habitación así como así! —se escuchó del otro lado de la puerta.
—Mierda.
Ryoma no escuchaba las advertencias de Sakuno, simplemente giró la perilla y abrió la puerta fuertemente. Observó cada rincón de la sala, no había nadie. Ni siquiera el supuesto gato.
Bufó.
—¿Dónde está tu gato?
—De seguro que salió por la ventana —pensó en Hiro al verla abierta, pero luego se acordó de la excusa del gato—. ¿Ves? Lo asustaste.
Ryoma hizo un gesto de desaprobación, la bocina de un auto sonó desde la calle.
—Debe ser mi papá.
El ambarino bajó rápidamente, agarró su mochila y se dirigió a la puerta. Cuando la abrió agradeció haber llamado a su padre. Si se hubiera quedado hasta que la lluvia cesara quien sabe cuando tiempo hubiese tenido que estar allí. Se dio media vuelta para encontrarse con el rostro de Sakuno, se quedaron mirando un buen rato. Miles de confusos pensamientos pasaban por sus mentes ahora. Ryoma observó sus trenzas, acercó su mano para tocar una de ellas, pero la insistente bocina volvió a sonar.
—Espero que tu gato esté bien —Sakuno alcanzó a entender el sarcasmo, entonces él no le había creído. Conociéndolo, le volvería a preguntar sobre esos ruidos otro día, o quizás no.
Ryoma cerró la puerta tras de si y se subió al auto.
—¿Por qué tardaste tanto? −le preguntó Nanjiro.
—No molestes, viejo. Arranca.
—Ya nadie respeta a los mayores—se quejó y pisó el acelerador.
Pero antes de que Ryoma perdiera de vista la casa de la chica, pudo ver claramente algo entre la lluvia. Una persona, sentada en una rama de un árbol muy alto, el que se encontraba al lado de la ventana de la habitación de la castaña. Vio su cabello blanco y unos ponentes ojos amarillos que lo miraban inexpresivo.
Nanjiro aceleró y la casa se perdió entre la lluvia. Ryoma volvió su mirada al frente.
—Lo sabía. —dijo por lo bajo.
—¿Dijiste algo?
—Nada.
¿Por qué Sakuno le mentía sobre Hiro? ¿Qué es lo que tanto le estaba ocultando? ¿Qué su amigo no la visitaba en la noche? ¿Un gato nuevo? Todo era mentira.
Siempre lo había sabido.
N/A: Ese fue el final de este capitulo ojala les haya gustado. Gracias por leer y dejen sus reviews para que me animen a seguir con el siguiente capitulo.
Adiós y cuídense!
