Cap.2 Las pelirrojas son guerreras.
Otro día más la pelirroja Takenouchi salía de su casa bien temprano dirección hacia la academia de baile, otro día más varios jóvenes la esperaban a la misma hora, exacta, provistos de varias bolsas de basura en mano para arrojárselas en cuanto pasara a su lado, otro día más la joven dio rienda suelta a sus habilidades atléticas y su mala leche para echar a correr como una condenada y dejarles atrás sin que pudieran completar la misión encomendada. Otro día más a Sora Takenouchi se le hinchaban las neuronas de odio y rencor hacia cierto rubio prepotente que había conocido hace no mucho.
Cuando entró en la sala de baile, vio que todavía no había nadie por allí, se extrañó puesto que Becky era sumamente estricta en cuanto al horario de clases, ya que aunque llegara a la hora en punto era recibida con un gruñido de desaprobación, por "no mostrar interés ni llegar antes de tiempo". Sin mayor dilación Sora se quitó las prendas deportivas que llevaba encima quedándose con la ropa que utilizaba en los entrenamientos, unas mayas negras y ajustadas que apenas le llegaban a mitad de muslo y un top ajustado que quedaba poco más arriba del ombligo, según Mimi, eran las únicas prendas que tenía en posesión que fueran mínimamente sexys, cosa que a Sora no le hacía ninguna gracia. Se encontraba realizando los estiramientos rutinarios, con la cabeza distraída, pensando en la táctica que utilizaría esta vez para llegar tras el entrenamiento a casa sana y salva.
La pelirroja suspiró resignadamente mientras la vena de la frente se hinchaba desmesuradamente, desde el día en que le había plantado cara a Mary Kate y tuvo el enfrentamiento subido de tono con Ishida, su vida había sido peor que la de un loco encerrado en una jaula con monos. Al día siguiente de la gran pelea, Sora bajó de su casa como todas las mañana para ir a la academia de baile, cual fue su sorpresa al encontrarse con un grupo de ocho personas, todos apiñados frente a la entrada del portal en forma de semicírculo, la pelirroja fue pillada por sorpresa. Montones de basura fueron derramados hacia su persona, e incluso algunas de las chicas que allí se encontraban le dieron algún manotazo o golpe, así que la joven no tuvo otro remedio que defenderse como pudo y escapar en cuanto le fue posible. Pero eso solo había sido el principio, jamás pensó que una persona de tan baja clase como Yamato pudiera controlar de una forma tan abrumadora al resto de jóvenes de Aberdeen, bueno, mejor dicho, jamás pensó que los seguidores de Yamato fueran tan estúpidos como para dejarse manipular tan abiertamente por un tipo egocéntrico y egoísta, y menos hacer semejantes cosas por él o por su novia.
Sí sí, porque eso sólo había sido el comienzo de una ardua tarea de evasión frente al resto de personas en Aberdeen, Sora, en los siguientes días que se sucedieron tras el "primer ataque" fue víctima de tiros de huevos, insultos, intentos de palizas y demás, incluso un día encontró en uno de los muros de su bloque de apartamentos una pintada que decía "Soy pelirroja, una puta zorra y encima marginal, ¿qué menos puedo pedir?". A la joven lo único que se le ocurrió hacer en ese momento fue darle un puñetazo en la pared embargada por un sentimiento entre frustración e ira que no sabía si sería capaz de controlar por mucho tiempo, lo que obtuvo como premio fue una herida en los nudillos que no dejaba de sangrar.
Pensando en todas las atrocidades de las que había sido víctima últimamente, la muchacha no escuchó el pausado paso de Becky a lo largo del pasillo, la mujer se apoyó en el marco de la puerta al ver a su "alumna" y se cruzó de brazos fijando su cansada y entristecida mirada hacia el centro de la sala.
-Qué raro que hayas llegado tan temprano – la voz de Becky sonó como la de un pajarillo indefenso.
-Ah... ¿dónde te habías metido? – preguntó la pelirroja desconcertada por el tono de voz de la mujer.
-He tenido una reunión.
Sora rió.
-Vaya, ¿qué pasa? ¿ahora tu escuela de baile se ha convertido en una multinacional y necesitas reunirte con tus subordinados o qué?.
-Algo así... – respondió en un suspiro.
Sora se levantó, nunca había visto a su "maestra" de un talante tan siniestro y entristecido.
-¿Qué pasa? – preguntó preocupada.
-He estado hablando con varias de mis alumnas.
-¿Y qué te han dicho para que te pongas de tan mal humor?.
-Sora... últimamente... ¿has tenido problemas con alguien?.
La joven se extrañó aún más, ¿cómo se había enterado Becky del altercado de hace una semana?.
-Más o menos...
-Eso no responde a lo que te he preguntado, no esquives el tema.
-Bueno sí, he tenido algunos problemillas, pero nada importante.
-¿De veras crees que no es nada importante el tener al 99,9 por ciento de la población juvenil de este pueblo en tu contra?.
-¿Quién te lo ha contado?.
-Joder, Sora... estamos en un buen problema...
oooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooo
-Eh, Miyako, pásame la sal, esto está muy soso.
Mimi se encontraba en la cocina, hoy le tocaba a ella hacer la comida, mientras tanto su compañera veía distraídamente la televisión.
-Cógela tú que estás más cerca.
-Oye, no me vengas con aires de princesita, no me puedo mover de aquí, tengo que seguir revolviendo el cocido para que no se pegue a la olla.
-Vaaale...
Miyako se levantó con desgana del sofá y le acercó el salero. Mimi echó un poco y cogió un poco de caldo con la cuchara.
-Dime qué te parece, ¿crees que debería de echarle más sal?.
Miyako lo probó.
-Mmm... no sé, está muy soso... además el caldo te ha quedado demasiado acuoso y no se nota el sabor a pollo... creo que deberías de practicar más en la cocina.
-¡Oye princesita, perdona pero no estás tú como para quejarte! El otro día te pedí que frieras unos filetes y voy y me encuentro con unos trozos chamuscados y tres veces más pequeños de lo que eran en un principio.
-¡Eso fue porque dejaste el fuego demasiado caliente y se hicieron mal!.
-¡Pues si tanto sabes de cocina haberlo bajado y listo!.
-¡Perdona pero mis guisos son mucho más sabrosos que los tuyos!.
-¡Si, claro! Si se lo das de comer a un león famélico, desde luego que parecerán ricos.
-¿Pero qué te has creído, cocinera de tercera?.
-¡No me llames así! – la pelirrosa golpeó fuertemente a su amiga con la cuchara de madera.
Estaban en plena pelea cuando escucharon un portazo proveniente de la entrada de la casa. Se miraron sorprendidas y se acercaron curiosas hacia el foco de ruido, Sora estaba quitándose el calzado.
-Qué pronto has llegado... – la saludó Mimi.
-Bueno... no había mucho que hacer.
-¿Qué tal el día? – preguntó esta vez Miyako para intentar destensar el ambiente.
-Podría haber sido peor.
-Bueno... no te preocupes, ya sabes que Becky es muy estricta, mañana será otro día.
Sora se rió burlonamente.
-No habrá otro día – respondió.
-¿Cómo que no habrá otro día? – preguntó preocupada Mimi.
-No voy a volver a dar clases de baile con Beck, parece ser que una de sus alumnas me vio aparecer un día por la escuela y se han reunido todas para protestar, ya que ellas tienen que pagar una cuota mensual y yo no, han dicho que como me siga dando clases, ellas no volverán a aparecer por ahí, a Becky no le ha quedado otro remedio que dejar de darme clase, la única fuente de ingresos que tiene es de la escuela...
-La han presionado... – murmuró Mimi.
-¿Cómo se atreven? ¿cómo son tan rastreras de hacer algo así? Seguro que sino hubieras intercedido por mí aquella vez en el Pumpkin, no hubiera pasado nada de esto... – dijo Miyako con un nudo en la garganta.
-No os preocupéis, ya me las apañaré de alguna forma.
-¿Estás segura de que no puedes convencer a Becky de que te de clases en algún otro sitio?.
-Ella misma me dijo que podíamos entrenar en alguna zona de las afueras, que por allí apenas pasa gente, pero me negué.
-¡Pero Sora, por qué!
-No puedo poner en peligro la estabilidad económica de Beck, no pienso dejar que se arriesgue a que la descubran de nuevo conmigo.
Mimi y Miyako se callaron.
-Pero... el baile... es una de las cosas que más te gustan – dijo Miyako casi entre lágrimas.
-Os he dicho que ya me buscaré la vida, ese maldito rubio que se cree el rey de mundo no me va a joder la vida, ahora si me disculpáis, me voy a la cama, tengo una jaqueca terrible... – la muchacha se encaminó hacia su cuarto, pero hizo un alto en el camino – por cierto... huele a quemado.
Mimi abrió los ojos como platos.
-¡El cocido!.
oooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooo
-Ey Yama, levanta de una vez, que tienes que ir a trabajar... ¡uy!.
-¿Qué coño...?
El rubio Ishida abrió los ojos paulativamente, antes de que pudiera incorporarse escuchó un tremendo portazo que hizo que el dolor de cabeza que traía desde la noche anterior aumentara a la velocidad de la luz.
-Joder Ken, ¿para qué leches me despiertas si te largas como alma que lleva el diablo...?
No escuchó comentario alguno a través de la puerta, fue entonces cuando se dio cuenta de que a su lado se encontraba su novia, tumbada en una pose bastante excitante, con uno de sus senos destapado de las sábanas, así fue como recordó cómo había llegado la noche anterior a casa, totalmente borracho y con Mary Kate a cuestas en el mismo estado que él. Habían tenido un ensayo en el local que mantenían entre ellos y su grupo de amigos, y como siempre ocurría, acababan distrayéndose entre cerveza y cerveza, resultado final, una pandilla de unos 15 jóvenes borrachos riéndose como estúpidos y destrozando todo lo que se interponía en su camino, voluntaria e involuntariamente.
El muchacho se levantó dando un respingo para no quedarse rezagado entre las sábanas, cuando se hubo vestido dio un pequeño empujón a su novia por la espalda, ésta abrió los ojos perezosamente y le sonrió lujuriosa, se incorporó dejando la redondez de sus senos a la mirada felina del rubio, quien la recorrió de arriba hacia abajo.
-Levántate, tengo que irme a trabajar.
-Yama, cariño... ¿por qué no nos quedamos un poquito más...? tengo ganas de darte el desayuno... – dijo la joven pasándose una mano por el pezón.
Yamato la miró desganado, no porque no tuviera ganas de hacerlo ni nada por el estilo, ante todo él era todo un hombre, sino porque no le apetecía tratar de ser amable con ella a esas horas de la mañana, sabiendo que las próximas 6 horas iba a estar cargando las cajas de mercancías del supermercado. Se levantó de la cama reticente y comenzó a vestirse.
-Oye nena, en serio, yo me tengo que marchar, vístete cuanto antes sino quieres que entre Ken y te pille por segunda vez esta mañana, nos vemos a la tarde – dicho esto y una vez vestido, salió de la estancia sin siquiera dirigirle una sutil mirada a la muchacha que acababa de dejar en la cama.
-Sí, lo que tú digas cariño... – refunfuñó ella.
Ishida entró en el salón, Ken terminaba de tomarse una taza de café bien cargado y le miró impetuoso.
-Ya era hora, joder, avisa cuando traigas a Mary Kate, coño, no quiero encontrarme con semejante panorama todas las mañanas.
-Tranquilo, no volverá a pasar, fue la maldita borrachera de anoche...
-Yo también me emborracho y no me llevo a las chicas a mi casa.
-No Ken – dijo maliciosamente Yamato – por lo general te lo montas con ellas en los baños de los bares...
-Eh... que porque ayer estuviera un poco más bebido de la cuenta, no significa que haga esas cosas todos los días...
-Ya claro, ahora me dirás que en vez de aprovechar tu piso para pasar una buena noche te las das de galán y las llevas a una suite nupcial, ¿no?.
Ken dio un último sorbo a la taza de café y la arrojó al fregadero.
-Yama, vete de una maldita vez a trabajar y déjanos a mi vida y a mí vivir tranquilos.
-Jajaja, eso pensaba hacer, por cierto, Mary Kate sigue en mi cuarto, si ves que antes de media hora no está lista, dile "sutilmente" que se largue de aquí, hasta luego...
De este modo, Ishida abandonó su actual casa dejando a un Ken angustiado, pues su novia Mary Kate era una de esas chicas de las que uno difícilmente se quita de encima, y para colmo le había dejado el trabajo sucio a él, que no era su novio ni nada.
oooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooo
Eran ya las 12 del mediodía, aunque a Yamato le parecía que eran las 8, a pesar de ello, el sol apenas se veía, un tremendo banco de nubes se aproximaba hacia Aberdeen, pareciera que en cuestión de minutos fuera a caer un tremendo chaparrón, el joven se encendió un cigarrillo y aceleró el paso.
Transcurrida la pequeña avenida por la que pasaba todos los días para ir al trabajo, torció hacia la derecha, a una calle bastante ancha, con varios comercios, en el camino vio algo que le llamó la atención, un grupo de chicas que salían de vez en cuando con ellos se arremolinaban en torno a alguien, el joven alzó la vista curioso. Dentro del enorme corro consiguió distinguir una cabellera pelirroja, se fijó con mayor atención y vio a la chica con la que se había enfrentado en el Pumpkin zafándose de varias de las chicas.
-¡Suéltame payasa!
-¿Qué te pasa Takenouchi? Te veo más susceptible desde que te echaron de la escuela de baile, normal, seguro que una hortera y pordiosera como tú baila peor que un pato con las piernas atadas.
-Si en tu opinión yo bailo mal, para mí tu eres más tonta que un crucigrama para retrasados mentales, niñata, los patos no tienen piernas, tienen patas, estúpida – la pelirroja recibió un bofetón.
-¡Cállate gilipollas! ¡te vas a enterar de lo que es bueno!.
Las muchachas se juntaron más entre ellas para que Sora no encontrara un hueco por donde escurrirse y escapar, de repente el chaparrón que Yamato se temía que llegara se dio lugar, comenzó a diluviar de forma estrepitosa, pero aún así las chicas no cejaron en su empeño por darle una lección a la pelirroja, ésta a su vez se defendía con todo su esfuerzo, Yamato no le dio importancia al asunto y se dirigió hacia el supermercado, a una manzana de distancia del lugar del altercado con una sonrisa en el rostro, aquel día en el que se pelearon Yamato descubrió que no toda mujer que él conocía se postraba ante sus pies, aquella muchacha era buena prueba de ello, y eso le cabreaba, había conseguido alterarle, y eso era algo que él odiaba, tenía que tenerlo todo controlado, ser el punto de mira, el ejemplo a seguir, el mejor de todos, y una cría que ni siquiera tenía curvas que demostraran que era del sexo femenino, se había saltado por completo la regla que él mismo había impuesto simplemente con su presencia, que nadie se metiera con él o alguno de los suyos. Así que ahora que veía cómo esa chica no vivía un solo día tranquila debido al constante acoso que recibía por parte de las amigas de Mary Kate su ego recorría cada una de sus venas y un enorme sentimiento de orgullo fluyó dentro de él. La verdad es que ni siquiera había tenido que molestarse en darle una lección a aquella muchacha, su novia se había encargado de ello, si a él le sentó mal la actitud de la pelirroja, Mary Kate era un volcán en erupción tan solo al oír su nombre, él simplemente les dijo a los muchachos de su pandilla que si su novia les pedía algún favor en cuanto al tema de la pelirroja, la ayudaran en todo lo que pudieran, y eso era lo que habían hecho.
Enfrascado en sus pensamientos de victoria, no se dio cuenta de que había llegado al supermercado, para su sorpresa todavía no había abierto, el rubio se extrañó, él tenía que entrar a trabajar a las 12, pero el comercio abría a las 9, entonces se fijó en que había una nota pegada a la cristalera.
"Lo siento Yamato, me ha surgido un asunto muy importante y no me ha dado tiempo a avisarte, por favor, encárgate tú hoy del super, he dejado las llaves en la tienda de al lado, no te preocupes, la chica que trabaja allí sabe quién eres, así que no tendrás problemas para que te de las llaves, mañana te llamo."
-De puta madre... – rezongó el joven.
Así que cumplió con lo que le había mandado su jefe, entró en la tienda de al lado, parecía ser una floristería, nunca se había fijado antes en el local, pero aún así le extrañó mucho ver una tienda de ese estilo en Aberdeen.
-"¿Quién querría comprar flores en este maldito pueblo?" – pensó el joven mientras atravesaba la puerta de madera vieja.
Se escuchó un sonoro chirrido, y una mujer de unos 35 años se asomó al mostrador, al verle le repasó de arriba hacia abajo y mostró una sonrisa huraña.
-Vaya... tú debes de ser Yamato...
-Eh... sí, vengo a por las llaves, mi jefe me dijo que...
-Sí sí, toma... –dijo con tono meloso mientras le entregaba el objeto metálico.
El joven se dispuso a coger las llaves, pero la mujer apartó la mano repentinamente.
-Tú debes de ser el famoso Yamato Ishida ¿no? He oído hablar de ti, parece que eres uno de los chicos más populares entre los jóvenes de aquí, claro, eso de ser músico tiene sus ventajas... además, eres muy guapo... – dijo relamiéndose el labio superior, cosa que le dio grima al joven.
-Bueno ¿y qué quiere? Yo solo vengo a por las llaves, por sino lo sabe, tengo un local que abrir.
-Qué ímpetu chico... será mejor que vaya directa al grano... bueno... cómo decirlo... yo soy una mujer casada... bien se sabe que muchas veces el matrimonio no llega a buen puerto...
-¿Qué coño quiere decirme? Tengo prisa – interrumpió el rubio.
-Me pregunto si te gustaría que pasáramos una noche juntos... por supuesto adónde vayamos correría de mi cuenta.
Ishida comenzó a carcajearse y aprovechó que la mujer se había quedado sorprendida frente a su reacción para arrebatarle las tan ansiadas llaves.
-Joder... ¿montármelo con una vieja bruja? Usted está loca, váyase a un local de alterne, tal vez tenga suerte y allí le den lo que necesita, eso si alguien se atreve a hacerlo, si le soy sincero, no me extraña que esté insatisfecha, su marido no debe tener muchas ganas de tirarse a un vejestorio putrefacto como usted.
-¿Pero qué te crees, insolente? No me puedes tratar así, soy mayor que tú y me debes un respeto, creí que a una escoria como tú le gustaría probar algo nuevo, no me pongas a prueba, puedo ser muy mala...
Yamato interrumpió el discurso de la mujer con una mirada gélida.
-No no no... no empecemos con ésas... no se trata de ponerle a prueba a usted, sino a mí... y si consigue agotar la poca paciencia que me queda, de verdad que de lo único que tendrá ganas es de salir de este puto pueblo y no volver nunca más, ya se sabe... – dijo sutilmente mientras deslizaba los dedos de las manos sobre un mueble que portaba varias plantas – que si no se tiene un comercio asegurado y de repente le ocurre algo como un derrumbe... o algo parecido, adiós medio de vida.
-Maldito... ¿me estás amenazando?.
-Vaya, es usted perspicaz cuando quiere... veo que no tendré que repetírselo como a los niños pequeños... que tenga un buen día.
El joven salió dando un portazo y la mujer se recargó sobre el mostrador, carcomida por la ira y la vergüenza.
Yamato se reía por dentro, un día realmente extraño, primero le despiertan con una tremenda resaca y su novia acoplada a él como una lapa, luego le toca abrir a él solo el supermercado, y para colmo una vieja "putrefacta" como él la describiría, se le insinúa abiertamente.
-Joder... la gente está loca... – dijo para sí mismo sin darse cuenta de que la pelirroja que había dejado momentos atrás venía corriendo despavorida en la dirección en la que él se encontraba, sin remedio alguno chocó abruptamente con él, empujándole hacia atrás y cayendo ella al suelo.
-¡Mierda! ¡ahora encima tengo el culo mojado! Menos mal que conseguía dar esquinazo a ese rebaño de arpías... ¡uy! Lo siento... ¿le he hecho daño?.
Sora deseó morirse en aquel mismo momento, cualquier muerte por más lenta y dolorosa que fuera sería mejor que encontrarse en aquella situación, ella completamente embarrada y tirada en el suelo, con numerosos rasguños producto de la anterior "batalla" y frente al dictador que le había impuesto la condena.
Él sonrió mirándola con desprecio como si de un ser inferior se tratase, dio un paso al frente plantando un pie con fuerza en un charco, y haciendo que el agua marronácea salpicara más a la muchacha. Seguía lloviendo a cántaros.
oooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooo
Lauren se dirigía a casa de las chicas, desde aquel día que las vio aparecer en el Pumpkin entendió que se llevarían bien, y aunque después del altercado ellas no volvieron a aparecer por aquella zona, él seguía manteniendo el contacto. De vez en cuando quedaba con ellas e iban a tomar algo, o simplemente aparecía en su casa de improviso con algo de comida y una película para pasar la tarde, ellas le recibían con los brazos abiertos, resultaba un chico muy simpático, agradable e inteligente, tres facultades difíciles de encontrar en una persona del pueblo. Ese día se disponía a echar un vistazo para ver cómo le iban las cosas a Sora, hacía un par de días que no la veía y tenía ganas de charlar con ella, más que nada porque se había enterado de lo que le había ocurrido en la escuela de baile, las chicas que salían en el grupo de Yamato y compañía lo habían estado comentando en el bar muy contentas y orgullosas, cosa que le sacaba de sus casillas, pero al fin y al cabo estaba en su trabajo, y nada podía hacer, no se iba a arriesgar a tener bronca con el jefe.
Subió directamente, ya que en el edificio hacía tiempo que había dejado de funcionar el contestador de abajo y la cerradura del portal estaba rota desde hace tiempos inmemorables. Mimi oyó que llamaban a la puerta, fue a abrir y se alegró mucho al encontrar a su amigo.
-¿Qué tal os va chicas? Traigo un poco de pizza...
-Ah, Lauren, eres un cielo, necesitaba algo para llenar el estómago, este mes andamos un poco justas de dinero, y no podemos gastar más que lo necesario... ¡Miyako! ¡comida a domicilio!.
La susodicha se asomó por el marco de la puerta con la baba cayéndose por la boca, su expresión hambrienta pasó a ser de alegría cuando vio al muchacho.
-¡Laureeeeeen! – dijo corriendo a abrazarlo.
-Vale vale... sé que estás contenta porque traiga comida a casa gratis... pero no hace falta que te me tires encima.
-Tonto... no es lo que pretendía... – dijo mostrando un trozo de pizza.
-¿Cómo coño lo has hecho?
-Jeje... eso es un secreto.
-Pasa anda, o sino la pizza no llegará ni al felpudo.
Entraron al salón y dejaron la comida en la mesita, el joven observó con detenimiento la sala, como si buscara algo.
-¿Y Sora? Venía a ver cómo se encontraba después de lo de la escuela de baile.
Mimi le miró extrañada.
-¿Cómo te has enterado?.
-Bueno, ya sabes que el grupito de guays se pasa muy a menudo por el bar, tarde o temprano iba a enterarme.
-Ya veo... la verdad es que Sora se marchó a dar una vuelta, últimamente está muy irritable como comprenderás, además, creo que anda buscando un sitio donde practicar a sus anchas y que nadie la vea, como imaginarás, los idiotas de los Wolvering y compañía le siguen haciendo la vida imposible, es peor que ver a una estrella de Hollywood rodeada de fans... es más... agresivo.
-Mimi... tú y tus comentarios.
-La verdad es que Sora está mucho más taciturna y pensativa – añadió Miyako cogiendo su segundo trozo de pizza – ya sólo le quedan dos semanas para volver a casa de tío Andy y tía Stephanie, y encima ha perdido sus clases de baile, debe de estar al borde de la locura.
-¿Y no la vais a ayudar?.
Mimi le dio en la cabeza con uno de los cojines del sofá.
-Idiota, eso es lo que intentamos, pero es imposible, no se deja, es tal la tensión que lleva encima que no sé si es peor dejarla que se busque la vida o ayudarla, cada vez que hablamos de ayudarla a buscar un sitio para sus entrenamientos se pone echa una furia y comienza a gritar que no nos metamos en su vida y demás... – dijo Mimi agobiada.
-Tal vez lo que necesite es cambiar de ambiente... – dijo Lauren mientras sacaba un par de entradas del bolsillo.
-¿Qué es eso? – preguntó Mimi con interés.
-Entradas.
-Eso ya lo sé idiota, digo que para qué son.
-El Pumpkin va a dar una fiesta este sábado.
-Ja, lo que nos faltaba, llevarnos a Sora al foco de sus desgracias, ¿acaso quieres que recuerde la última vez que estuvo allí y se convierta en algo peor que Godzilla?.
-No, boba, no, el caso es que hay que ir disfrazado.
-¿Disfrazado? – Mimi parecía no muy convencida.
-Sí, algo así como una fiesta de disfraces, parece ser que el jefe quiere aumentar la fama del bar y se le ha ocurrido la brillante idea... – dijo Lauren con aire cansado – claro que a mí me toca organizar toda la decoración y no me apetece nada, pero creo que si venís vosotras algo me compensará...
-Mmm... espero que a Sora le convenza... por cierto ¿se puede ir disfrazado de cualquier forma?.
-Claro, tranquila que no os tendréis que disfrazar de princesitas o hadas, jejeje.
-Muy gracioso... pero bueno, mejor, así se nos reconocerá menos.
Mimi de repente alzó la cabeza como si una brillante idea se le hubiera cruzado por la mente.
-¿Qué te pasa? – preguntó Miyako.
-Emmm... Miya, ayúdame a traer vasos y platos anda.
Las dos fueron a la cocina, bueno, más bien Miyako era arrastrada por la mano de Mimi fuertemente agarrada a su antebrazo.
-Vale, vale... ¿y a ti qué mosca te ha picado?.
-Se me ha ocurrido algo... – comentó Mimi en tono bajo para que Lauren no las escuchara – tal vez a Sora no la convenzamos únicamente diciéndole que la fiesta es de disfraces, pero hay que tener en cuenta un factor, si estás disfrazado, puedes hacer lo que quieras sin que nadie te reconozca...
-Mimi... ¿adónde quieres llegar?.
-Lo que quiero decir... es que ésta es la oportunidad para Sora de "vengarse"...
-Oh, no... me parece que eso nos traerá problemas...
-Jejeje, si sabemos actuar discretamente créeme que nadie se dará cuenta... ya tengo ganas de que ese saco de malas pulgas llegue a casa...
Miyako miró cabizbaja los platos que acababa de coger, sabía de sobras que se iban a meter en un buen lío, pero todo fuera porque su prima pudiera liberar un poco de tensión y hacerles pagar a esa panda de egocéntricos unas cuantas.
oooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooo
Sora se levantó del suelo con la cabeza bien alta, sabía que tenía muchas razones para salir huyendo de ese lugar de inmediato, pero el orgullo predominaba frente a su sentido común y sus ojos mostraban un brillo desafiante al muchacho que se alzaba frente a ella.
-Parece que últimamente andas más pordiosera de lo que eres...
-Cállate estúpido, todo esto es por tu culpa, tú has sido quien les ha dicho a esa panda de ineptos descerebrados que me hicieran la vida imposible.
Yamato se rió sarcásticamente.
-No bonita, yo no me tomo la molestia de hacerle la vida imposible a un gusano como tú, simplemente he dejado hacer a Mary Kate, al fin y al cabo es a quién ofendiste... por ello te está dando tu merecido "castigo", para que aprendas a ser más educada... míralo por el lado bueno, al menos ella se molesta en que una homoerectus como tú desarrolle un poco su sentido de la sociedad, mientras que yo ya lo doy por imposible...
-Perdona, pero si yo soy homoerectus, has de saber que tu queridísimo polvo diario a la que tu llamas novia, debe de ser entonces un orangután, porque si no te es muy difícil, consigues utilizar el 10 por ciento de una de tus dos neuronas y haces memoria, insultó a mi amiga sin ninguna razón y derecho para ello, yo lo único que hice fue defenderla.
-¿Te crees que me importan tus razones? Alguien tan vulgar como tú no tiene derecho a hablar a ninguno de mis camaradas de esa forma, y menos a mi novia.
-¿Te crees tú que a mí me importa una mierda tu estúpida filosofía de la vida? Andáis por las calles como si fuerais los amos del mundo, cuando en realidad no sois más que unos pobres muchachos ignorantes que para hacerse notar y engañarse a sí mismos fingiendo que hacen algo importante, se dedican a mortificar al resto, con eso lo único que demostráis es que no valéis nada, y aunque lo sepáis os escudáis en la mentira de fingir ser los más guays.
El rubio empujó a la pelirroja haciéndola caer de nuevo al suelo, ella ahogó un grito, intentando aparentar que no se había asustado, la cogió de ambos brazos, aprentándola sobremanera, la pelirroja entrecerró los ojos intentando aguantar la presión.
-No vuelvas a cabrearme, la última vez te libraste por los pelos, sin embargo hoy nos encontramos solos en un callejón, y por mucho que grites nadie vendrá a ayudarte, ya te has ganado la fama de prostituta barata...
La joven entrecerraba cada vez más los ojos, la presión era cada vez mayor, tenía que reconocer que cuando Yamato Ishida se enfadaba con alguien, era realmente temerario, ella misma estaba temblando sin poder evitarlo. Sin embargo alzó la vista manteniendo el desafío en ella, la ira era presa del color rojizo de su rostro, Yamató se sorprendió, jamás había visto a una chica con una expresión tan decidida en su mirada, esa sensación que emanaba de ella le excitó, por lo que le descolocó. Ella se aprovechó de que el joven no apretaba sus brazos con tanta intensidad y se zafó de él, acto seguido le dio un tortazo en la mejilla izquierda.
-¡Mírame Yamato Ishida! – dijo ella irguiéndose orgullosa frente a él – por mucho que puedas amenazarme, por mucho que tu novia, tus amigos, tu perro, tu sartén..., o cualquier cosa que te rodee trate de hacerme la vida imposible... ¡NADIE absolutamente NADIE va a hacer que me someta de ninguna manera! ¡Yo soy libre de actuar y pensar como me de la gana, y un gilipollas como tú que no entiende lo que es vivir honradamente no va a amargar mi existencia solo porque no tenga otra cosa más interesante que sentirse mejor con las desgracias de los demás! – Sora aspiró el aire del ambiente, sus discurso había sido tan largo que ni siquiera había recordado que sus pulmones necesitaban oxígeno, acto seguido salió corriendo del lugar.
Ishida notó que la sensación de excitación permanecía en su piel, pues notaba el vello erizado, sin saber por qué se le escapó una sonrisa.
-Menuda forma más estúpida de desafiarme... si lo que quieres es que te ponga a prueba, ya puedes ir ahorrando energías...
oooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooo
Sora subió las escaleras que llevaban a su casa como alma que lleva el diablo, entró dando un portazo, el corazón todavía le latía a 1000 por hora, no sabía cómo había sido capaz de decirle toda aquella sarta de insultos al chico más popular de Aberdeen, ella misma se estaba cavando su propia tumba, pero la rabia que había mantenido todos aquellos días de acoso se descargó en el momento en el que volvió a ser presente de la prepotencia del rubio.
-¡LE ODIO, LE ODIO, LE ODIO, LE ODIOOOOOOOO!
-¡Sora!
La joven vio a Mimi a su lado con expresión asustada.
-Ah... Mimi... siento llegar de estas maneras... – dijo mirándose a sí misma, toda mojada.
-Sí... bueno, dejémoslo... creo que no te has dado cuenta de que te has puesto a gritar como una loca y el edificio ha estado a punto de derrumbarse por culpa de tus cuerdas vocales...
-Tenía mis motivos para hacerlo... – refunfuñó la pelirroja.
-A ver... – dijo escéptica la pelirrosa - ¿qué ha pasado esta vez?.
Sora se lo contó todo a sus dos amigas con pelos y señales, haciendo mayor énfasis en el tono de voz de Yamato, y haciendo descripciones horrendas sobre él.
-Bueno... era obvio que os tendrías que encontrar alguna vez por la calle... – suspiró Mimi – de todas formas tenemos buenas noticias para ti.
-¿De qué se trata?.
-Lauren se ha pasado esta tarde por casa y nos ha traído unas entradas para la fiesta que hay en el Pumpkin este sábado, hemos planeado algo que te interesará...
CONTINUARÁ...
Notas de autoraHola holaaaaaaa, cuánto tiempo sin escribir por aquí, bueno, deciros que nos os puedo responder a los reviews que me dejasteis ya que ahora no dispongo de internet, de hecho ni siquiera sé cómo voy a subir este capítulo, jajaja! Pues eso, que no tengo internet en casa, problemas con el ordenador, ya no sé qué hacer con él, porque no hago más que llevar a arreglarlo...
En fin, ¿qué os ha parecido este capítulo, aquí Sora descarga toda su ira y rabia contra Yamato, y no es para menos, he de decir que en este fic Sora es una chica muy nerviosa, de hecho, sus razones tiene para serlo, pero bueno, ya se irán desvelando cosas a medida que vaya subiendo capítulos. Quiero aclarar que cuando Yamato se excita respecto a la reacción que tiene Sora frente a él, no me refería a excitación sexual, simplemente que le sorprende mucho, ya que nunca ha tenido problemas para controlar al resto de los jóvenes de Aberdeen, y ahora se encuentra con una rebelde, lo que le descoloca bastante.
La que van a montar estas tres va a ser tremenda, nos espera una fiesta llena de sorpresas, jeje! También haceros saber que irán apareciendo nuevos personajes de Digimon, dentro de un par de capítulos más o menos.
Y bueno, terminar con que trataré de actualizar TODOS mis fics, me quedan apenas 15 días para marcharme a Londres, me voy de prácticas de mi grado superior, 3 meses a una empresa de allí, madre mía, qué miedo, hablando inglés todo el día, no sé si sabré defenderme como es debido, pero hay que pensar que es una experiencia única en la vida. Pues bueno, cuando me vaya a Londres, no sé cuándo podré actualizar, ni siquiera sé si lo podré hacer, por eso quiero dejaros con los fics actualizados, para que no os olvidéis de mí. En cuanto al grupo SoratoLoving, os digo que cuando me marche lo dejo todo en manos de las administradoras adjuntas, intentaré conectarme en cuanto pueda, pero no os puedo asegurar nada.
Bueno, pues muchas gracias a todas las que me habéis dejado reviews en el capítulo anterior, y a las que simplemente lo leísteis también, espero vuestros comentarios con muchísimas ganas, muchos saludos a todas.
sakurahop
