N/A: Hola, les he traído un nuevo capitulo, en verdad lamento que me haya salido tan cortito, pero estoy un poco ajetreada por la u, espero lo entiendan y que les guste el capitulo :D

Muchas gracias a los leen mi historia y sobre todo a los comentaron mi capitulo anterior en verdad muchas gracias! Me entretengo leyendo sus reviews y es gracias a uds que me animé a subir este capi jiji agradezco su apoyo :)

Ojala les guste y de nuevo me disculpo por lo cortito que me salió.

Capitulo 7: Un día deprimente

Era sábado por la mañana, el reloj marcaba las doce, pero Sakuno todavía no salía de su cama. Mientras dormía, un ángel de cabellos blancos la observaba tranquilamente.

Sentado en una nube, se encontraba hundido en sus pensamientos.

Shuto apareció y se sentó a su lado.

—¿Qué piensas hacer con ellos hoy? —preguntó.

—Nada, los dejare en paz por el fin de semana.

—¿Y qué harás?

—No lo sé, quizás a Eirin le agrade verme —Shuto hizo un gesto de desaprobación.

—Siempre interactuando con los humanos, no hay caso contigo.

—Oye, tantas décadas hablando solo contigo aburre. Siempre serás mi mejor amigo, pero me gusta cambiar un poco la rutina.

—Sí, bueno. Estar contigo tampoco es algo que me reconforte —poniéndose de pie—. Iré a ver cómo anda mi pareja de novios.

Hiro se sorprendió.

—¡Ya son novios! ¿Cómo lo haces? Lo unes de inmediato y cumples tu misión en la mitad del tiempo que yo.

—Es que yo soy más creativo —sonrió con orgullo—. Pero con los años irás mejorando hasta ganarme. Es más, estoy seguro de que harás que tus dos chicos se hagan novios antes de que los míos se casen.

—No es justo. Tu pareja es de mayor edad, son más maduros. En cambio, Ryoma es muy testarudo y orgulloso. Y ella… es tan… ¡tímida!

—¡Hiro! No te reconozco. ¿Qué pasa contigo? No entiendo de que te quejas, si tu pareja solo basta con que san novios para que sigan juntos el resto de sus vidas, ya que el amor que hay entre ellos es inmenso. Yo en cambio tengo que vigilar a los míos un buen tiempo más hasta que se casen.

Hiro iba a protestar pero Shuto continuó.

―Prométeme que me ganarás, que pondrás todas tus energías e ideas y que terminaras tu misión antes que yo. ¡Prométemelo!

—¿Y si no la puedo terminar?

—La terminarás, Hiro. Tienes que prometérmelo, y que lo harás antes que yo. ¡Hazlo!

—¡Esta bien!... Lo prometo.

—Bien. —satisfecho, Shuto extendió sus grandes y blancas alas, y se elevó hasta llegar a las nubes más altas. Aun que hubiera sonado un poco duro de su parte solo lo hacia para ayudar a su amigo.

Hiro suspiró y bajó a la tierra. Como deseaba poder tener sus alas.

Se dirigió a un parque de diversiones, sabía que encontraría Eirin allí.

—¡Hiro! —pero ella lo encontró a él—. ¿Andas solo? —sorprendida de que no estuviera con la chica de las trenzas.

—¿Te molesta si te acompaño por un rato?

Eirin esbozó una gran sonrisa y sus ojos obtuvieron el pequeño brillo, reflejando su enorme felicidad.

Ahora que la veía, notaba lo linda que era. Es más, ahora que observaba cuidadosamente su rostro, se daba cuenta del increíble parecido que tenia con Akari. Su único amor mientras fue humano.

Aunque debería ser bueno encontrarte con alguien tan parecido a la única persona que amaste en el mundo, a Hiro no le agradaba para nada. Tenía muy malos recuerdos de esa chica. De su indiferencia hacia él y de su gran desilusión al no poder ser ni siquiera su amigo.

—¿Hiro? —Eirin lo saco de sus pensamientos—. Ya, vamos.

Lo tomó de la mano y lo dirigió hacia donde comenzaban lo juegos.

Sakuno había despertado hace media hora y no había señal del ángel.

—Qué raro.

Él siempre estaba allí cuando ella abría los ojos en la mañana. Bueno, después lo vería. Se vistió rápidamente, sin saber porque. ¿Qué haría ese día? No tenía tarea, ni planes.

—Llamaré a Tomoka —se había distanciado bastante de ella y no quería perder su valiosa amistad.

Tomó el teléfono y marcó el número. Le sorprendió que la de coletas no le regañara por su alejamiento, quizás ella también la extrañaba. Ahora se dirigía a la casa de su amiga. Hiro no se había aparecido ni una vez. ¿Dónde diablos estaba?

Era como si estuviese con Akari, en verdad Eirin se parecía. No sabía cómo no se había dado cuenta de eso la primera vez que la vio. Siempre quiso salir con Akari y ahora podía, en cierto modo. Estaban dentro de la Rueda de la Fortuna y Hiro quería averiguar que se sentiría hacer todas las cosas que había querido Akari en su vida humana. Aunque resultara doloroso, la curiosidad lo mataba.

Se acerco a Eirin que estaba sentada a su lado. Apoyó la palma de su mano en la mejilla de ella y se acercó lentamente hasta que sus labios se juntaron, besándola tiernamente. Ella le correspondió enseguida.

Todo iba bien, hasta que algo detuvo a Hiro. Se apartó bruscamente del rostro de Eirin.

—Lo siento, no debí hacerlo.

La Rueda comenzó a detenerse y el asiento en el que estaban se acercaba al suelo. Hiro abrió la puerta y saltó aun cuando el juego estaba en movimiento, dejando a Eirin pasmada.

Ese beso no había sido buena idea. En primer lugar porque fue demasiado doloroso, recordar a Akari solo le deprimía. Y pensar que era ella a quien estaba besando, solo le recordaba que jamás pudo hacerlo en realmente.

Y en segundo lugar, ¿habría roto una de las reglas? Se supone que no debía enamorar a nadie en el período en que esa persona conociera a su pareja. Pero Eirin estaba lejos de ese momento, por lo que no debería haber problema alguno.

Una vez estuvo entre las nubes, sacó una hoja de su bolsillo y leyó el siguiente plan que iba a hacer para su joven pareja. Tenía una promesa que cumplir.

Estaba muy preocupada, Hiro no había aparecido el día anterior y al parecer tampoco lo haría hoy. ¿Le habría ocurrido algo? Comenzó a imaginarse lo peor. ¿Y si había cometido el tercer pecado y Dios lo había reencarnado en un humano? ¿En verdad se había ido?

—¿Cómo se atreve a no venir a despedirse de mí?

Las horas pasaban y ella no salía de su habitación, otra vez se había vestido sin razón, no le gustaba quedarse en pijama. El día transcurría, y nada. Comenzó a asustarse, en verdad no había rastro del ángel. En eso, escuchó unos pasos que se acercaban a la puerta de su casa.

Una pequeña luz de esperanza la invadió, bajó las escaleras apresuradamente y abrió la puerta con brusquedad.

—Ryoma —en shock— ¿Qué… haces aquí?

No lo podía creer, su príncipe estaba enfrente suyo y de seguro que Hiro no estaba en el cielo vigilándolos ¿Y si algo salía mal?

Nunca antes se había sentido tan insegura y desprotegida. Es verdad que en otras ocasiones se ponía nerviosa, pero al menos sabia que todo era observado por unos amarillos ojos desde el cielo y sabía que la situación era controlada por él.

Pero ahora no tenía la menor idea de donde se encontraba su amigo, y eso la desesperaba, en verdad era preocupante no saber su paradero. Quizás en este momento ya no era un ángel, habría sido reencarnado.

¿Cuál habría sido su tercer pecado? ¿Y qué pasaría con ella y con Ryoma?

¿Vendría otro ángel a reemplazar a Hiro? De seguro el ángel que fuera, no se aparecería frente a ella. Incluso, podría ser que el nuevo ángel para reemplazar a su mejor amigo ya hubiese sido elegido, y los estaba vigilando ahora mismo.

—Pues… vine a hablar contigo ¿Tienes un minuto? —la voz del ambarino la regresó a la realidad.

—Eh… yo… —no podía hacerlo. Su mente no la dejaba responder en esos momentos, era tanta la preocupación por Hiro que no podía pensar en otra cosa por ahora.

—Yo —volvió a tratar de hablar— …lo siento, no puedo ahora, mejor mañana.

Ryoma torció el labio, tendría que esperar.

—Oye —dijo ella—, de casualidad… ¿Has visto a Hiro?

La decepción del tenista se transformo en enojo. ¿A qué venía esa pregunta?

—No —dijo cortante. Le enfermaba que siempre hablara de él— ¿Cómo está tu gato?

—¿Eh? —ahora que lo recordaba, Ryoma no había creído la historia del gato, ni una palabra. ¿Seria sobre eso de lo que quería hablarle?— Está… muy bien.

—¿Cómo era que se llamaba? —quería ver hasta donde era capaz de llegar con esa mentira.

—Eh… se llama —pensó rápidamente en un nombre adecuado para un gato, y dijo el primero que se le vino a la mente—… Micifuz.

—Que se molestó. ¿Por qué cada vez que mencionaba a Hiro, Ryoma se comportaba tan frió con ella? Bueno, más frió de lo normal.

—Bueno, ya me voy. Quiero hablar contigo mañana en el primer receso, a solas, no quiero a Hiro persiguiéndote —dicho esto último se dio media vuelta y se marchó.

Sakuno no podía respirar ¿Había dicho… a solas? Y eso de que no quería que Hiro estuviera con ella no creía que fuera un problema. De seguro que tampoco aparecería mañana. Volvió a subir a su habitación, se dirigió a la cama para tumbarse y vio algo que le llamó la atención: Un pequeño papel se encontraba sobre su almohada y tenía algo escrito.

"Lamento haberme desaparecido. No te preocupes, mañana volveré"

Aliviada, suspiró. Entonces no le había sucedido nada malo, ahora sí que se sentía tranquila. Recordó lo que le había dicho a Ryoma de que no podía hablar con él en ese momento, era porque estaba preocupada por Hiro…

—¡Me hubieras mandado la nota antes, Hiro! −le gritó al techo− Ahora tendré que esperar hasta mañana para hablar con Ryoma −susurrando lo último.

No le importaba si el tenista la regañaba, o comenzara a pedirle explicaciones de sus mentiras, ahí ella se inventaría algo. Lo único en que pensaba era que otra vez tendría la oportunidad de estar con su príncipe a solas. Y esta vez estaba segura que Hiro no sería tan estúpido como otras veces, solo serian ellos dos. La azotea parecía un buen lugar, no era muy romántica pero por lo menos nadie los interrumpiría, ni siquiera un ángel.

¿Por qué lo hiciste? Sabes los problemas que esto les puede traer, ¿no es así?

Si, lo se.

El ángel mayor lo miró con autoridad. Se pasó una mano por sus cabellos de color gris claro, casi parecían blancos como los de su acompañante.

Será mejor que te alejes de esa niña, no queremos que algo malo le suceda a tu pareja… y a ti tampoco −el joven reaccionó antes esas palabras−. Hiro, no vayas a hacer algo de lo que te puedas arrepentir después. No nos obligues a reencarnarte… por que sé que no quieres eso, ¿verdad?

Una lágrima cayó de sus orbes amarillos.

No… no quiero.

N/A: Gracias por leer y por comentar, me alegra que les guste mi historia y que me lo hagan saber, me anima a seguir escribiendo. Hasta la próxima!

Y de nuevo perdón por lo corto del capi u.u