Cambios
Pareciera que el silencio que en aquel momento invadía el maltrecho ático formulara todas aquellas palabras que emanaban de las miradas enfrentadas de Yamato y Sora. La fuerza con la que el rubio había abierto la puerta hizo que el pomo cayera violentamente a la polvorienta madera del suelo. El pequeño objeto rodó aletargado hasta depositarse al lado del pie diestro de la pelirroja.
Tú y yo tenemos una cuenta pendiente, pequeña zorrita – la voz de Yamato sonaba inusitadamente apacible, tal era la frialdad con la que había roto el hielo que un escalofrío recorrió cada una de las vértebras de los allí presentes.
Me parece que esa cuenta ha quedado saldada – respondió la joven adelantándose un paso.
No es que Sora pretendiera hacerse la heroína en semejante situación, había notado que el rubio estaba conteniendo su furia, sus manos se contraían, fuertemente cerradas, y los nudillos se veían extremadamente blancos debido a la presión. Ishida era peligroso y su conciencia no le perdonaría jamás que en un arranque de ira alguna de sus dos amigas saliera dañada. Centraría la atención de aquel energúmeno en ella para evitarles problemas a Mimi y Miyako.
Yamato no pareció inmutarse ante la provocación de su interlocutora, recorrió el pequeño ático con su mirada y finalmente la centró de nuevo en Sora. Inesperadamente dio un puñetazo a lo que quedaba de puerta, ésta terminó por desplomarse e inevitablemente las tres chiquillas se encogieron de hombros en un acto reflejo y dieron un paso atrás. Los nudillos del muchacho sangraban.
Vaya ¿ahora no te haces tanto la chulita?
Se adelantó un par de pasos y agarró con violencia la cabellera de la pelirroja, ella no tuvo tiempo de reaccionar y debido a su aparatoso atuendo cayó al suelo sometida ante la enérgica furia del agarre.
¡Sora!
¡Espera, Yamato! – exclamó Mimi dejando entrever claramente su rostro.
Fue entonces cuando el rubio alzó la mirada, por un imperceptible momento pareció que su determinación se echaría abajo, sin embargo fue otra cosa la que le llamó la atención e hizo que deshiciera el duro amarre que había dejado completamente indefensa a la joven.
Takeru…
Hermano, hace tiempo que no nos vemos - respondió el pequeño intimidado – deberías tranquilizarte, si le haces algo a esta chica te meterás en problemas.
El mayor ignoró por completo a las tres jóvenes y se acercó con rapidez hacia Takeru, puso ambas manos sobre sus hombros y le zarandeó.
¿Dónde coño te habías metido? Esa vieja zorra se piensa que te he secuestrado o algo por el estilo y me está dando muchos problemas, joder Takeru ¡me tenías muy preocupado!
La actitud del duro e impasible rockero había cambiado por completo, su naturaleza brava e indomable había pasado a ser casi la de un padre.
Perdóname, sé que te he hecho pasar un mal trago, pero tenía que hacerlo, no aguantaba más esa maldita casa.
Las cosas no se hacen así, Takeru, no puedes irte un día por las buenas sin decir nada, eres menor de edad, la policía te está buscando, joder, esos jodidos policías me vigilan de vez en cuando para asegurarse de que no te tengo conmigo.
¿Y qué quieres que haga? No quiero escuchar tus malditos y egoístas reproches, tú hiciste lo mismo, cogiste tus cosas y te largaste de casa cuando te dio la gana, no importa que yo sea menor de edad, nos hemos ido por las mismas razones, no aguanto a ese desgraciado ¡y no voy a dejar que me joda la existencia!
Takeru gesticuló con fuerza y se apartó de su hermano, su ceño fruncido le daba un aire un tanto más maduro, pese a su corta edad se veía entre líneas que no había tenido una infancia precisamente fácil.
Yamato suspiró.
¿Dónde te estás quedando a vivir?
Aquí
¡¿Cómo? ¡¿Ese maldito viejo te ha dado hospedaje en este zulo de mierda…?
¡No joder! Él no lo sabe, me han pasado la llave y ya, no tengo por qué darte más explicaciones.
¡Qué mierda te pasa! He estado muy preocupado por ti ¿nadie sabía nada acerca de tu paradero y no me quieres decir nada? ¿¡Qué coño te piensas, que puedes vivir así para el resto de tu vida! Te voy a llevar ahora mismo a casa de la vieja…
El rubio mayor asió del brazo al pequeño y prácticamente le arrastró a la salida del ático, éste disconforme, abatía sus brazos y pataleaba impotente ante la superioridad de su hermano.
¡Para ya si no quieres que me cabree más!
¡No lo entiendes Yama! ¡Estoy haciendo lo mismo que tú, huir de la mierda de casa en la que vivimos y tratar de forjarme un futuro! ¡¿Qué crees que ocurrirá cuando vuelva a casa? Ese tío me va a hacer puré y mamá no hará nada para impedirlo porque está obsesionada con él, me pondrá a trabajar como un desgraciado y viviré el resto de mis días entre la mierda ¡no quiero eso para mí!
Yamato endureció la mirada y cesó en el empeño de llevarse a su hermano, se masajeó ambas sienes con las yemas de sus dedos, la paciencia hacía tiempo que se había esfumado de su talante y aún así mantenía una calma abrumadora.
Takeru, no lo entiendes, no puedes quedarte aquí, no tardarán en encontrarte, si no es el dueño serán los repartidores o cualquier persona que accidentalmente te vea salir de aquí durante el día, estás loco si piensas que vas a aguantar así, y yo no puedo mantenerte en mi apartamento, te lo he dicho, la policía me vigila.
Me las ingeniaré para encontrar otro lugar, dame algo de tiempo.
Estás loco si piensas que te voy a dejar aquí.
Las tres muchachas no se habían movido un solo milímetro de sus posiciones, abrumadas por la reveladora conversación de ambos jóvenes quienes habían dejado de prestar atención a su presencia. Fue entonces cuando Mimi abrió los ojos desmesuradamente, Miyako frunció el entrecejo ante la expresión de su amiga y pensó que las cosas se complicarían aún más.
Y vaya si se complicarían.
¡Stop los dos! – exclamó con evidente seguridad en sus palabras – tengo el plan perfecto, y creo que todos saldremos ganando con ello.
Nadie te ha dado vela en este entierro – musitó Yamato levemente hastiado ante la interrupción de una tercera persona, sin embargo no se mostró violento hacia la muchacha.
Déjala hablar – le suplicó su hermano pequeño.
El plan es el siguiente – continuó la chica agradeciendo con una significativa mirada la petición de Takeru – Es obvio que tu hermano está en problemas, no puede volver a casa porque el novio de vuestra madre le hará la vida imposible, pero concuerdo contigo en que es inútil que siga tratando de ocultarse aquí, lo que necesita es un refugio más seguro, y nosotras lo tenemos.
¿Cómo? – preguntó Miyako atónita.
Sí, nuestro apartamento queda en los límites de Aberdeen, es una zona poco transitada y nosotras no conocíamos de nada a Takeru, es el lugar perfecto para que él pueda llevar una vida relativamente tranquila antes de decidir qué hacer definitivamente.
Al pequeño de los Ishida se le iluminaron las facciones.
Por otro lado, si aceptáis que Takeru se venga a vivir con nosotras tendrás que prometernos algo – prosiguió señalando a Yamato.
¿Prometeros? ¿A vosotras? ¿De qué coño vas?
Es algo muy sencillo: Dejarás en paz a Sora. Simplemente te encargarás de que nadie más vuelva a provocarla, demasiado sencillo para ti. Tú eres el que controla el corralito ¿o no?
Prefiero que mi hermano viva en una cloaca antes de que se junte con vosotras – farfulló Yamato invitando a Mimi a continuar la conversación a grito pelado.
Yamato – pronunció Takeru serio – hazle caso por favor, es lo mejor que he escuchado durante días, es la situación perfecta para que nadie me encuentre, por favor, entra en razón, me quedaré una temporada nada más y te prometo que pondré en orden mis ideas, joder, podremos vernos con frecuencia…
Nuevamente silencio, nuevamente esa sensación de vacío e inseguridad, Sora permanecía postrada en el suelo, aún impactada ante el giro inesperado de la situación. Hacía diez minutos Yamato había estado a punto de hacerles quién sabe qué y en esos mismos instantes debatían la posibilidad de que Takeru se fuera a vivir temporalmente con ellas.
Takeru, el hermano de Yamato. Yamato, su enemigo omnipresente. No sabía qué era peor, si continuar en la situación a la que se había visto sometida o tener que relacionarse de una manera diferente con aquel sujeto, era una situación demasiado surrealista como para ser asimilada al instante.
Está bien – cedió Yamato.
Los labios de Sora temblaron ¿Era cierto? ¿Iba a aliarse con Yamato cuando hacía escasos minutos habían estado a punto de "matarse"? Aunque pensándolo fríamente era una situación ciertamente ventajosa para ella, se libraría de todos aquellos maltratos y probablemente podría volver a cursar sus clases de baile sin problemas adicionales. Mimi le había brindado la oportunidad de reanudar su vida y pese a ser una situación en exceso complicada, básicamente era lo que necesitaba para seguir viviendo con cierta tranquilidad en Aberdeen.
Sin embargo yo también pondré mis condiciones – reanudó Ishida – iré a verle todos los días y se me cederá una copia de la llave de la casa – alzó la mano antes de que Mimi lograra emitir réplica alguna – sino haré de la vida de esa zorrita un infierno. Muy bien… - prosiguió altanero mostrando una sonrisa de satisfacción – Takeru, tendrás un horario restringido a la hora de salir de casa, si yo digo que no sales, no sales, no quiero discusiones acerca de esto, la policía sigue buscándote como loca y si nos pillan nos puede caer una buena – Takeru desvió la mirada disconforme, pero ante la dura mirada de Yamato como respuesta relajó su semblante accediendo a la condición - Tercera, y no menos importante, me mantendréis informado de todas las actividades que llevéis a cabo, incluso chusma como vosotras tendrá una vida diaria que llevar a cabo, y no voy a permitir que ninguna de vuestras acciones perjudique a mi hermano – finalizó mirando significativamente a cada una de las tres jóvenes.
Creo que está todo dicho y sé que no vas a cambiar de opinión acerca de las restricciones que has impuesto, así que de momento trato hecho – concedió Mimi – hagamos las cosas a tu manera, únicamente mantén tu promesa.
Es una pena, me estaba divirtiendo viendo cómo la zorrita se venía abajo, pero ya habrá otra ocasión – dijo Yamato como si expulsara veneno de la boca, las mejillas de Sora ardieron.
Jamás llegarías a verme así Ishida, incluso si estuvieras a punto de matarme te dedicaría una sonrisa, no me afectas, gente como tú hay mucha en el mundo, basura que trata de envolverse en un envase bonito – respondió la pelirroja – sin embargo tu hermano es diferente a los demás y veo necesario prestarle mi ayuda, no te preocupes, cuando entres en casa llevaré el desinfectante a mano – se levantó y empezó a quitarse el disfraz.
Mimi suspiró, casi aburrida de la pelea interminable de ambos personajes, se quitó su disfraz, al igual que Miyako, y se dirigió a la salida.
Muy bien Takeru – le dijo tomándole de los hombres – te enseñaremos el camino a casa – finalizó en un tono casi petulante que le dio un toque kistch a la situación. Acto seguido salieron del ático.
Sora se dirigió a la salida, imitando a sus amigas, sin embargo nuevamente el agarre de Yamato impidió que sus movimientos se llevaran a cabo, en pocos segundos se vio violentamente atrapada entre la pared y el atractivo joven.
Esto no ha terminado, lo nuestro es una tregua, pero ten por seguro que en cuanto esta situación termine tu vida volverá a ser un infierno, jamás olvido mis deudas con mis enemigos. Por el momento aprovecha y disfruta de tu libertad temporal – le susurró al oído, su voz varonil, ronca y dura recorrió cada uno de los sentidos de la pelirroja. Un leve calambre se sucedió repentinamente.
Quién le hubiera dicho a Sora que en la situación en la que estaba iba a sentirse… excitada. Las palabras de Yamato resonaban en su mente como si restallara un campanario, sin embargo el visible e irremediable atractivo del joven, el sudor de su cuerpo, las venas levemente visibles en esos músculos denotadamente marcados, su camiseta de los Sex Pistols revuelta juguetonamente entre su bien formado tórax, sus labios finos y pálidos… y esa actitud rebelde, autoritaria y decidida hicieron que Sora deseara por una milésima de segundo de su vida que aquella tregua no finalizara jamás.
Vete a la mierda – fue lo único que pudo responder.
Se deshizo de la incómoda posición y salió a medio correr del ático.
Yamato sonrió.
La ligera brisa mañanera deslizó con sutileza las cortinas del pequeño apartamento. Lauren se revolvió entre las sábanas, como si el ligero pataleo que realizaba mecánicamente le evadiera de la responsabilidad de levantarse.
Cinco minutos más… - musitó mientras escondía la cabeza bajo la almohada.
Su pacífico paréntesis antes de salir de las cobijas se vio interrumpido por el resonar chirriante del timbre de la puerta. Una, dos, tres, cuatro, cinco… definitivamente tendría que apresurarse antes de que le fundieran los plomos. Caminó desganado hacia la puerta y abrió con desgana.
¡Lauren! ¿Qué tal estás? ¿Cómo fue ayer la noche? – el muchacho se encontró el rostro sonrojado y perlado por el sudor de Sora.
Ah Sora, pasa – le invitó a entrar, seguidamente se dirigió a la salita y se dejó caer en el sofá – estuve trabajando toda la noche porque ocurrió algo bastante inesperado.
Sora se sonrojó levemente y desvió la mirada.
No, no hace falta que digas nada, es obvio que lo hicisteis vosotras, Mimi aquel día estaba bastante nerviosa, simplemente no imaginé que hubierais sido capaces de montar todo eso.
Lauren, te lo íbamos a contar pero…
Es obvio que hubiera intentado frenaros en vuestras intenciones, pero lo hecho, hecho está. Ese viejo me tuvo toda la noche limpiando el estropicio – pronunció con molestia mientras se acariciaba los hombros con energía.
Sora se acercó a él y comenzó a darle un leve masaje.
Definitivamente no fue una buena idea, pero no te preocupes, no volveremos a las andadas – dijo ella cariñosamente.
Espero que al menos te libraras de todo el estrés que llevabas dentro, creo que la satisfacción de ver a Mary Kate embadurnada no fue sólo tuya – correspondió Lauren con una sonrisa.
Bueno… fue divertido pero…
Lauren alzó una ceja inquisitivo al ver el rostro contraído de la pelirroja. Sora suspiró y se sentó al lado suyo contándole todo lo que había ocurrido en el pequeño ático.
Vaya, sí que han cambiado los acontecimientos.
Es horrible Lauren, ese tipo horrible vino a nuestra casa y se quedó toda la maldita noche, esta mañana le he encontrado en boxers tirado en el sofá, lo primero que ha hecho nada más verme ha sido dedicarme una mirada de odio y desordenar toda la cocina para prepararse un maldito café, pensaba que podría aguantar su presencia durante algún tiempo, pero es el primer día y ya estoy pensando en mudarme de continente – se quejó ella.
Así que vienes aquí a despertar a tu querido amigo para evitar estar en casa.
Sora hizo un mohín, pero no replicó porque Lauren había dado en el blanco. Se sentía muy mal consigo misma, odiaba la presencia de Yamato, tener a una persona que le había hecho tanto daño dentro de su casa era casi como traicionarse a sí misma y a su orgullo, pero ya nada podía hacer, evaluando la situación, no sólo por ella misma, sino por todos, era lo mejor. Lauren advirtió que el semblante de su amiga se entristecía por momentos, le pasó un brazo por los hombros y acto seguido le dio una palmadita mientras se levantaba.
Bueno, salgamos a tomar algo, seguro que eso te ayuda a olvidar tu malestar y a mí me ayuda a despertarme un poco.
La pelirroja sonrió, Lauren era muy atento con ellas, incluso habiendo sido las artífices del desastre en el bar en el que trabajaba no se le veía enfadado ni mucho menos.
No, iremos a casa – dijo ella – te invito a comer, Miyako prepara unas hamburguesas deliciosas.
Miyako se iba a poner manos a la obra con la comida, Sora le había pedido encarecidamente que hiciera una montaña de hamburguesas. Obviaba su mal humor, pues su encuentro mañanero con Ishida no había sido precisamente agradable, y Sora se desestresaba comiendo, comiendo enormes cantidades de lo que hubiera en casa, en esta ocasión había hamburguesas de sobra. Se paró en seco frente al armario, no sabía si hacer comida también para Yamato, el joven había salido sin dar explicación alguna y no sabría si volvería a casa o no, Takeru permanecía en su habitación, leyendo un libro y Mimi igualmente no había salido de la suya, algo bastante extraño teniendo en cuenta el carácter extrovertido y entusiasta de la joven.
Mejor que sobre a que falte – dijo mientras sacaba otro par de hamburguesas.
La puerta del apartamento se abrió, Miyako se asomó a través del estrecho pasillo. Yamato enfundado en una cazadora de cuero estaba cerrando con brusquedad. Alzó la vista y la miró desafiante, Miyako se escondió entre los fuegos de la cocina, él simplemente pasó de largo y se metió en la habitación de Takeru. Inmediatamente la puerta se abrió de nuevo, bajo el umbral aparecieron Sora y Lauren.
Vaya cara traes Miya – le dijo la pelirroja con un gesto de preocupación.
Acaba de llegar Yamato, parece que no anda de buen humor.
Oh ¿en serio? ¿ese tío tiene buen humor? – ironizó en respuesta la pelirroja.
De verdad, su mirada…
La puerta de la habitación de Takeru se abrió abruptamente, el chiquillo salió con el semblante muy serio, Yamato justo detrás, se apoyó en el marco de la puerta.
Tenemos problemas.
¿Qué clase de problemas? – preguntó Miyako.
Es… Yamato… mi madre le ha puesto una denuncia, está convencida de que me tiene retenido, la policía le está buscando para interrogarle.
Bueno, no se alejaría mucho de lo que en realidad…
Sora, basta – le interrumpió Lauren – será mejor que te quedes aquí unos cuantos días – le dijo al rubio – por lo menos hasta que las cosas se calmen.
Lo que voy a hacer es llevarme a Takeru conmigo, nos largamos de esta mierda de ciudad, si tanto cree esa vieja zorra que le tengo secuestrado le daré motivos verdaderos para que así lo piense – mencionó él, furioso.
Yamato, sabes que esa no es la solución – Mimi entró inesperadamente en escena, saliendo de su cuarto – hablaré con Ken y le explicaré la situación, él y los demás se encargarán de vigilar los movimientos de la policía, quédate aquí, es lo mejor, estás sin blanca, ir a otra ciudad no supondría más que un problema mayor.
Él la observó detenidamente y ella le correspondió a la mirada con una leve sonrisa y el semblante entristecido. Sora se fijó en aquel diminuto detalle, aunándolo al comentario que la chica había hecho sobre Ken la pelirroja se extrañó ¿acaso Mimi conocería a Yamato de antes? Lo veía casi imposible, nunca la había oído hablar de Yamato, ni de ninguno de sus amigos, sin embargo ese cruce de miradas…
Yamato caminó hasta la cocina y tomó una hamburguesa entre sus manos, le dio un bocado y acto seguido la tiró al suelo.
¡Esto es una mierda! – exclamó rojo de la ira mientras golpeaba la mesa, que retumbó.
¿Quieres calmarte? Ya te han dicho que te quedes aquí mientras… - le replicó la pelirroja.
¡Tú cállate maldita zorra!
¡Ya está bien, si tanto quieres largarte hazlo, le harías un enorme favor a este pueblo! ¡Pero no metas a tu hermano en tus desvaríos mentales! – gritó ella, furiosa también.
Yamato se acercó a la velocidad de la luz y la cogió del cuello de la camiseta, zarandeándola con fiereza.
¡Te voy a dar tu jodido merecido! – exclamó preso de la rabia.
Ella vio las venas del rubio más marcadas de lo normal, estaba medio drogado.
¡Quítame las manos de encima!
Él hizo caso omiso y la arrastró al otro lado del salón, Lauren corrió en ayuda de su amiga, sin embargo Sora estaba tan cegada por la rabia que no fue capaz de escuchar los gritos de Miyako y Mimi ni de ver a su amigo correr en pos de su ayuda, alargó sus brazos en señal de defensa y le arañó la cara. Él se enfureció más, en un arranque de ira desgarró la camiseta que Sora llevaba puesta y le agarró del cuello.
¡Ya está bien! – gritó Lauren atrapando los hombros de Yamato, presionándolos con brusquedad, y el agarre de él cesó por unos segundos.
Sora no se alejó de Yamato, le miró con odio y repulsión, su vientre desnudo se hinchaba y contraía con rapidez debido al nerviosismo del momento. Él la miro con unos ojos cargados de rencor, esa mirada realmente no iba dirigida a ella, esos brutales movimientos no habían sido en su contra, en aquel instante vio en Yamato un personaje ajeno a su entorno, pareciera que hubiera estado peleando con un demonio interno en vez de con ella ¿las drogas? Probablemente, pero podía ver un poco más allá, Yamato luchaba contra su pasado, sus ojos viajaban a través de sus recuerdos, unos recuerdos muy dolorosos. Se levantó, su ira se había transformado en calma, curiosamente se sintió identificada con ese sentimiento. La mirada de Yamato cambió, observó a Sora, esa chiquilla bajita y pelirroja, escondida bajo una camiseta tres tallas más grandes que la suya propia, una camiseta que ahora colgaba a la altura de sus caderas y dejaba ver una piel nívea y aterciopelada, que dejaba ver con claridad un vientre plano, bien formado, una cintura esbelta y femenina. De repente aquellas caderas y aquella cintura se le antojaron apetecibles.
Emitió un bufido y se encerró en el cuarto cedido a Takeru, Mimi le siguió y cerró la puerta tras de sí.
¿Estás bien Sora? – le preguntó Miyako acercándose con cautela.
S… sí, supongo.
¿En qué pensará Mimi? Meterse en la habitación con ese energúmeno – masculló la joven de lentes mientras apreciaba con desagrado el desgarrón de la ropa de Sora.
Bueno, es normal ¿no? – dijo Takeru.
¿Normal? – preguntó Miyako – está muy alterado, me preocupa que…
No sabía por qué me recordaba de algo el rostro de Mimi, y ahora me di cuenta de que fue una de las exnovias de mi hermano, se llevaban muy bien, siempre logró calmar el temperamento de mi hermano, pero bueno, eso es algo que supongo ya sabréis, no entiendo por qué os preocupa que… oye, vaya cara habéis puesto – cortó el pequeño en seco, curioso por el semblante lívido de los otros tres.
Mimi… ¿había estado saliendo con Yamato? ¿Cúando? ¿Cómo? ¡¿Por qué? Sora jamás creyó que lo que pensaba era una paranoia suya fuera verdad, y que fuera una verdad de semejante magnitud.
¿Cómo has dicho? – preguntó Miyako aún atónita.
